Al-Jutut Al-‘Arídah Nociones Generales Exposición y refutación de las fuentes sobre las que está basada la religión chiita ()

 

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 Al-Jutut Al-‘Arídah Nociones Generales Exposición y refutación de las fuentes sobre las que está basada la religión chiita

 INTRODUCCIÓN

En el nombre de Al‑lah, el Clemente, el Misericordioso. Todas las alabanzas pertenecen a Dios Todopoderoso, Al‑lah. Lo alabamos y buscamos Su ayuda y Su perdón.

Buscamos refugio en Al‑lah de la maldad de nosotros mismo y de nuestras malas acciones. A todo aquel a quien Al‑lah ha guiado, no hay nadie que pueda desviarlo. Y a todo aquel que Al‑lah ha desviado, no hay nadie que pueda guiarlo. Y soy testigo de que no hay más Dios excepto Al‑lah, solo, sin compañeros ni asociados. Y atestiguo que Mujámmad es Su siervo y mensajero. Que Al‑lah el Exaltado conceda Su paz y bendiciones al Profeta Mujámmad, a su familia buena y pura, así como a sus nobles compañeros y a todos aquellos que los siguieron en justicia hasta el Día del Juicio.

A través de esta traducción de Nociones Generales (Al Jutut Al Arídah) se espera presentar a los lectores de español, tanto musulmanes como no musulmanes, información precisa acerca de la fe y los principios de la secta Chía conocida como chiismo duodecimano o de los doce imames.[1]

Es esencial para el musulmán sunita (suní) conocer el chiismo y saber que está desviado del camino recto del Islam enseñado por el Profeta Mujámmad (que Dios le dé bendiciones y paz) y sus nobles compañeros (que Dios esté complacido con ellos). Nociones Generales presenta de manera clara y sucinta las enseñanzas reales de los chiís en general, y de los duodecimanos en particular. El lector obtendrá del texto un entendimiento inequívoco de la secta chía (Chiismo) y se distanciará de ella y de sus creencias. Se dará cuenta de que no hay reconciliación ni reunificación posibles de los sunitas con los chiís cismáticos hasta y a menos que estos últimos renuncien a sus principios. Ellos deben regresar a las enseñanzas puras e inalteradas del Islam sostenidas y mantenidas por Ajlus Súnah wal Yamah (los sunitas).

Lamentablemente, es una opinión común en occidente que los chiís (chiitas) iraníes y su revolución supuestamente “islámica” con todas sus consecuentes agitación, injusticia y barbarie, son representativos del Islam. Esperamos que el lector no musulmán perciba a través de este trabajo el abismo que separa a los chiís de la gran mayoría musulmana, y que ya no condene más a los musulmanes por las actividades de una secta desviada.

 LA PREDICCIÓN DEL SECTARISMO

La existencia de numerosas sectas, la mayoría de las cuales están desviadas, es un hecho que fue predicho en el Glorioso Corán: “Si tu Señor hubiera querido, habría hecho de todos los seres humanos una sola nación [de creyentes], [pero por Su sabiduría divina concedió al ser humano libre albedrío] y ellos no dejarán de discrepar [unos con otros], excepto aquellos de quienes tu Señor tuvo misericordia [porque siguieron la guía], y con ese objetivo Dios los creó. Pero ha de cumplirse la palabra de tu Señor: Llenaré el Infierno de yinnes y de seres humanos [que rechacen a los Profetas]. (Sura 11:118-119)

Por otra parte, el Profeta de Al‑lah (que Dios le dé bendiciones y paz) dijo: “En verdad esta nación [de musulmanes] se dividirá en setenta y tres sectas”, y en otra narración: “Todas ellas [estas sectas] estarán en el fuego excepto una”. Cuando le preguntaron cuál sería esa, el Profeta respondió: “Aquella que se adhiere a mi Súnah (forma de vida) y a la Súnah de mis compañeros.”[2]

Por lo tanto, nos corresponde a nosotros traer a la luz las enormes diferencias entre las sectas, de modo que quede perfectamente claro lo que cada secta cree, y se establezca así la prueba de Al‑lah hacia Sus siervos: “Para que Dios llevara a cabo algo [que Él había dispuesto] que ocurriera, y para que quien hubiera de perecer, pereciera ante una prueba clara de la verdad; y quien hubiera de sobrevivir, sobreviviera ante una prueba clara de la verdad. Dios todo lo oye, todo lo sabe.” (Surah 8:42)

El Chiismo se originó en el primer siglo del Islam como un afecto exagerado por el partidismo de Ahlul Bait (la familia y los descendientes del Profeta Mujámmad [que Dios le dé bendiciones y paz]). Luego se desarrolló en una serie de creencias falsas y conceptos erróneos que, finalmente, se constituyó en una religión nueva, distinta a la que fue enseñada por el Profeta Mujámmad (que Dios le dé bendiciones y paz), y sus compañeros después de él.

Los chiís afirman tener un Corán distinto al que es reconocido unánimemente por todos los musulmanes a través de la historia del Islam. Además, rechazan las compilaciones auténticas de las tradiciones, como aquellas de los dos grandes imames, Al Bujari y Múslim. Ellos consideran que todos los compañeros del Profeta Mujámmad, con excepción de unos pocos, fueron apóstatas, mientras que elevan a sus imames a la posición comparable a la de los dioses de la mitología antigua.

Desafortunadamente, algunos musulmanes se inclinan a creer que los chiís de hoy día han abandonado sus principios desviados y han regresado al camino correcto. Las bases de tal creencia aún no han sido halladas.

Una exposición detallada de las distorsiones y conceptos de los chiís se hará en este texto, pero en este punto, voy a referirme brevemente a algunas de las opiniones de la élite religiosa chiita, los ayatolás y mulás cuyas órdenes son obedecidas y adheridas servilmente por el chií común y corriente.

En un tratado titulado Tuhfatul Awam Macbul, publicado recientemente, apareció una invocación[3] respaldada por seis de los más respetados imames chiís contemporáneos, incluyendo a Jomeini y a Shariatmadari. En esa invocación, Abu Báker y Úmar, que Al‑lah esté complacido con ellos, son acusados de alterar el Corán. Estos dos ilustres califas, junto con sus dos hijas, quienes fueron esposas nobles y puras del Profeta (que Dios le dé bendiciones y paz) fueron malditas y vilipendiadas por los chiíes de hoy día.

Jomeini, en su libro Al Hukumat ul lslamiyah (el gobierno islámico), afirma que los doce imames eran infalibles, y los eleva a un nivel por encima de los ángeles celestiales y de los Profetas comisionados por Al‑lah. Él subraya: “Ciertamente, el Imam dirige una nación noble y una elevada posición, una regencia creativa para aquel cuyo gobierno y poder someten a los mismos átomos de toda la creación. [¡!] Y un principio esencial de nuestra secta Chía es que los imames tienen una posición que no es alcanzada por los ángeles [en el cielo superior] ni por ningún mensajero enviado por Dios.”[4] Declara además: “Las enseñanzas y directivas de los imames son como los del Corán, por lo que es obligatorio para nosotros seguirlas y llevarlas a cabo.”[5]

En resumen, Jomeini y sus compañeros sacerdotes se adhieren a todos los principios perversos de la fe chií como están establecidos en detalle en Al Kafi. Jomeini admite claramente en su libro Al Hukumat ul Islamiyah: “¿Crees que es suficiente para nosotros, con respecto a nuestra religión, recopilar sus normas y directivas en Al Kafi, para luego ponerlas en un estante y abandonarlas?”

Nociones Generales proporciona algunos detalles de Al Kafi, una piedra angular de la religión chií, para que los musulmanes ingenuos de buen corazón lo piensen dos veces antes de acariciar la idea de que los chiíes de la actualidad son diferentes de los del pasado.

Abu Bilal Mustafa Al-Kanadi, La Meca y Vancouver,

Ramadán - Dhul-Kadah 1403 d. H. / 1983 d. C.

 EL LLAMADO A LA RECONCILIACIÓN DE LAS DIFERENTES SECTAS Y ESCUELAS DEL PENSAMIENTO

Acercar a los musulmanes en sus pensamientos, convicciones y objetivos, es uno de los mayores objetivos del Islam, y uno de los medios más importantes de alcanzar la unidad, el poder, la recuperación y la reconstrucción musulmanes. Cuando el llamado a tal propósito está libre de segundas intenciones, y es probable que produzca más beneficios que perjuicios (y el llamado a la unidad es a llevar a la gente al mismo entendimiento de aquídah y manhay), se convierte en obligatorio para todos los musulmanes responder al llamado y colaborar entre ellos para que sea un éxito.

La discusión de este llamado ha aumentado en los últimos años, y ha tenido un efecto tan pronunciado que llamó la atención de la Universidad de Al Azhar, una de las instituciones religiosas de aquellos que se adhieren a las cuatro escuelas de jurisprudencia de los Ajlus Súnah (musulmanes sunitas).[6] Al Azhar ha adoptado plenamente la idea de reunir a los grupos de musulmanes y lo ha perseguido más allá de los límites de su autoridad, que fue establecida en la época de Saladino y que se ha mantenido hasta la actualidad. Al Azhar ha sobrepasado sus límites en su deseo de explorar y dar cabida a las diferentes escuelas del pensamiento, la principal de las cuales es la escuela de los chiíes duodecimanos.

Al Azhar está, en este momento, en las primeras etapas de esta misión.[7] Por lo tanto, este tema es oportuno y digno de investigación, estudio y exposición por parte de todo musulmán que tenga conocimiento del mismo, en todos sus detalles y con todas sus ramificaciones. Ya que las cuestiones religiosas tienden a ser polémicas por naturaleza, deben ser manejadas con sabiduría, inteligencia y sencillez. El investigador también debe ser iluminado por la guía de Dios y debe ser imparcial en su juicio a fin de que su investigación pueda alcanzar sus objetivos propuestos y producir resultados satisfactorios, si Dios quiere.

Debe señalarse que como con cualquier tema polémico que involucra más de una parte, las posibilidades de éxito para su resolución están relacionadas con la receptividad de las partes involucradas. Con respecto a la cuestión de acercar a los Ajlus Súnah con los Chiíes, se ha establecido un centro con dicho propósito en Egipto, con la financiación del gobierno de un país chií. Este amable gobierno chií nos ha honrado con su generosidad, mientras que se ha privado a sí mismo y a los seguidores de su propia escuela de pensamiento de la generosidad gubernamental. Resulta interesante anotar que no se ha construido ningún establecimiento similar para la llamada “reconciliación” en Teherán, Kum, Nayaf, Yabal Amal o cualquier otro centro conocido por su propagación de la escuela chií del pensamiento.

Estos centros de propaganda chií publicaron durante los últimos años, libros que erizaban la piel y le hacían temblar el cuerpo por la conmoción producida por lo que hay escrito en ellos. Leerlos completamente destruye cualquier idea que uno haya tenido de desarrollar la comprensión mutua con sus autores chiíes y con quienes son como ellos. Entre estas publicaciones se encuentra un libro titulado Az Zahra, escrito por los eruditos chiíes de Nayaf, en el que aseguran que Amirul Muminín Úmar ibnul Jatab, el segundo califa, se vio afligido por una enfermedad que solo se curaba con el agua de los hombres (es decir, ¡el semen!) Esta sucia calumnia fue señalada por el erudito Al Bashir Al Ibrahimi, el chaij de los ulamá de Argelia, durante su primera visita a Irak.

La diferencia fundamental entre ellos y nosotros está arraigada en su afirmación de que ellos son más leales a Ahlul Bait, y en el hecho de que ellos nos ocultan su malicia y su rencor hacia los compañeros del Profeta, en cuyos hombros fue establecido el Islam. Su odio llega a tal punto que pueden pronunciar las sucias palabras en contra de Úmar ibnul Jatab que ya hemos citado.

¿No es justo decir que ellos deberían haber restringido su malicia y su odio en contra de los primeros imames del Islam, y que deberían haber apreciado la noble postura de Ajlus Súnah hacia Ahlul Bait, postura que nunca se quedó corta en ofrecer el debido homenaje y la reverencia a la familia del Profeta? ¿O deben considerarnos ellos como negligentes por no elevar a la familia del Profeta al nivel de dioses a ser adorados junto con Al‑lah, como hacen ellos?

Sin duda, la receptividad mutua es esencial para que las dos partes puedan alcanzar el “caminar juntos”, la reconciliación y el entendimiento. Esta receptividad mutua solo puede lograrse si se realizan esfuerzos sinceros por ambas partes en ese sentido.

Como ya se mencionó, hay un centro de “reconciliación” en Egipto, un país sunita, y hay también oficinas de propaganda que lanzan campañas hostiles en contra de quienes no están a favor de este tipo de centros. Uno podría cuestionar la ausencia de tales centros o de sus similares en cualquier país chií. Uno también podría cuestionar por qué la Universidad Al Azhar ha incluido la enseñanza de la escuela chií del pensamiento, mientras que las escuelas sunitas del pensamiento permanecen excluidas de las instituciones educativas chiíes. Si el llamado a la reconciliación se limita a una de las partes interesadas, entonces los esfuerzos invertidos en tal llamada serán inútiles.

Finalmente, uno podría cuestionar el valor de comenzar un proceso de reconciliación basado en diferencias de naturaleza menor o secundaria, mientras que las diferencias fundamentales aún no han sido abordadas.[8]

 JURISPRUDENCIA ISLÁMICA

La jurisprudencia de los sunitas difiere de la de los chiíes incluso en los fundamentos en los que se basa la ley. Sin embargo, y a menos que los fundamentos sean entendidos y refrendados por ambas partes, y hasta que haya una respuesta favorable a ello por parte de las instituciones religiosas de ambas partes, sería una pérdida de tiempo tratar con asuntos de naturaleza menor o secundaria.

De hecho, no es solo en los fundamentos de la jurisprudencia que hay diferencias, sino también y aún más importante, en los artículos fundamentales de la fe de cada parte, incluso en sus raíces y orígenes más profundos.

 EL ASUNTO DE TAQUIYA

Uno de los principales obstáculos para que ellos reciban una respuesta positiva de parte nuestra, es su principio de taquiya (engaño), por cuya aplicación, no nos revelan lo que realmente hay en sus corazones. El sunita simplista es engañado por su supuesta muestra del ‘deseo de superar nuestras diferencias y alcanzar un entendimiento común entre nosotros.’ De hecho, eso no es lo que ellos quieren ni lo aprueban. No luchan por ello, sino que dejan que la otra parte recorra toda la distancia hacia su posición, sin un mínimo esfuerzo de hacer un movimiento por su lado. Incluso si aquellos chiíes que practican taquiya lograran convencernos de que han dado algunos pasos en nuestra dirección, entonces la multitud de chiíes, sean la gente del común o la élite académica, se mantendrán aparte de quienes adopten el ardid de objetividad hacia nosotros, y no los reconocerán como sus representantes; esto debido a que su verdadera creencia no les permite reconciliarse con nosotros.

 EL ATAQUE CHIÍ AL NOBLE CORÁN

El Corán debe ser la referencia completa tanto para sunitas como para chiíes, y un medio de lograr la unidad y el entendimiento mutuo, pero ha sido malinterpretado por los chiíes que le han dado un significado distinto al entendimiento de él que los nobles compañeros recibieron directamente del Profeta, y distinto del entendimiento de los imames del Islam, que lo recibieron de la propia generación entre la que fue descendido el Corán por Revelación Divina.

Uno de los eruditos chiíes más famosos y respetados, Mirza Husain bin Mujámmad Taqui An Nawari At Tabarsi, de Nayaf, escribió en 1292 d. H. el libro Faslul Jitab fi Izbati Tahrifi Kitab Rabil Arbab (La última palabra en evidencia de la alteración del Libro del Señor de los Señores). Este libro compila cientos de textos escritos por los eruditos chiíes en las diferentes épocas, alegando que el Corán ha sido manipulado, recibiendo tanto adiciones como omisiones.

El libro de At Tabarsi fue impreso en Irán, en 1298 d. H., y su aparición atrajo mucho la atención, lo que frustró la intención de ciertos chiíes respecto a que sus dudas acerca de la autenticidad del Corán debían ser restringidas a la élite de eruditos y personalidades religiosos. Ellos prefieren que estos alegatos no sean reunidos en un solo volumen, ni que sean ampliamente divulgados, pues sus opositores pueden utilizarlos como prueba en su contra.

Cuando los eruditos hicieron pública su crítica, At Tabarsi respondió con otro libro titulado Radu badush Shubahati an Faslil Jitabi fi Izbati Tahrifi Kitabi Rabil Arbab (Refutación de algunos argumentos engañosos con respecto a la última palabra en evidencia de la alteración del Libro del Señor de los Señores). Escribió esta defensa de su libro original dos años antes de su muerte. A fin de mostrar su agradecimiento por su contribución al intento de probar que el Corán había sido alterado, los chiíes lo enterraron en uno de sus santuarios religiosos más importantes en Nayaf.

Entre las pruebas ofrecidas por At Tabarsi en su intento por mostrar que el Corán había sido alterado, estaba una cita de la que los chiíes consideran es una parte faltante del Corán, llamada por ellos Suratul Wilayah. Allí se menciona la concesión de wilayah (soberanía) a Ali de esta forma: “¡Oh, creyentes!, crean en el Profeta y en el walí, los dos que enviamos para que los guíen por el camino recto…”[9]

Fotocopia de la llamada Suratul Wilayah que los chiíes acusan a los sunitas de haber borrado junto con otros suras del texto original del Sagrado Corán. Dice:


Fotocopia de la fatua (veredicto religioso) original que alienta a las masas de chiíes a maldecir a los dos califas, Abu Báker y Úmar, firmada por seis eruditos y clérigos chiíes contemporáneos, entre ellos Jomeini y Shariat Adari.

El confiable erudito Muhammad Ali Saudi, consultor en jefe del Ministerio de Justicia de Egipto, y uno de los estudiantes especiales del Chaij Muhammad Abduh, logró examinar una copia manuscrita iraní del Corán, propiedad del orientalista Brown. Pudo fotocopiar Suratul Wilayah con su traducción al persa. Su existencia fue confirmada por At Tabarsi en su libro faslul Jitab, y por Muhsin Fani Al Ashmiri en su libro Dabisan Madhahib. Este libro, escrito en persa, fue impreso muchas veces en Irán. El capítulo (Suratul Wilayah), que es falsamente atribuido a la revelación de Al‑lah, también fue citado por el famoso orientalista Noeldeke en su libro Historia de las copias del Corán.[10] También apareció en el periódico asiático francés en 1842 d. C.

At Tabarsi citó también una tradición de Al Kafi, que es para los chiíes lo que Sahih al Bujari es para los musulmanes sunitas. Dice:

Un número de nuestros asociados narró a través de Sahl bin Ziyad a través de Mujámmad bin Sulaimán que algunos de sus amigos reportaron que le preguntaron a Abul Hasan Az Zani Ali bin Musa Ar Rida: ‘¡Sea yo tu rescate![11] Escuchamos versículos del Corán diferentes a los que tenemos con nosotros y no somos capaces de leerlos de acuerdo a tu lectura, que ha llegado a nosotros. ¿Cometemos pecado?” Él contestó: “No, lean el Corán como lo han aprendido, alguien vendrá a enseñarles.”

Sin lugar a dudas, esta conversación fue inventada por los chiíes y se le atribuye falsamente al Imam Ali bin Musa Ar Rida; sin embargo, esta declaración es tomada por los chiíes como norma legal en este asunto. Su implicación es que aunque uno de ellos no comete pecado al recitar el Corán del modo en que los musulmanes han aprendido de acuerdo al texto anónimamente aceptado de Uzmán, la clase privilegiada del clero chií y sus eruditos enseñarán otra versión, diferente a la aceptada, una versión que según ellos afirman, proviene de sus imames de Ahlul Bait.

Fue el deseo de lograr una comparación entre el “Corán” chií (que ellos se confían entre sí en secreto, mientras lo ocultan del público en general en un acto de taquiya) y la edición uzmaní oficialmente aceptada del Corán, lo que motivó a At Tabarsi a escribir su libro Faslul Kitab. Aunque los chiíes fingen desconocer el libro de At Tabarsi en otro acto de taquiya, el hecho evidente de que este incluye cientos de citas de trabajos reconocidos de sus eruditos, confirma claramente su adhesión al principio de la alteración del Corán. Por supuesto, ellos no quieren que se levante un clamor sobre este perverso artículo de fe suyo.

Lo que buscan con su afirmación es dejarnos con la impresión de que existen dos coranes: Uno, la versión uzmaní aceptada por los musulmanes sunitas, y otra, la supuesta versión oculta de los chiíes, parte de la cual es Suratul Wilayah. Ellos saben muy bien que inventaron la declaración que le atribuyen al Imam Ali bin Musa Ar Rida: “... lean [el Corán] como lo han aprendido, alguien vendrá a enseñarles.” Los chiíes afirman también que fue borrado un versículo del Corán, de Suratul Inshiraj. La supuesta eliminación es: “E hicimos a Ali su yerno.”

No les da vergüenza hacer semejante aseveración, cuando es un hecho reconocido que este sura en particular fue revelado en La Meca en una época en la que Ali aún no era el yerno del Profeta, que Dios le dé bendiciones y paz. Su único yerno en aquel momento era Al As Ibnur Rabi al Umawi. En cuanto al hecho de que Ali era yerno del Profeta, debe señalarse que Dios hizo también a Uaman bin Affán yerno del Profeta a través de su matrimonio con dos de las hijas del Profeta. Tras la muerte de la segunda de las esposas de Uzmán (la segunda de las dos hijas) el Profeta le dijo: “Si tuviéramos una tercera, te la habríamos dado en matrimonio.”

Otro erudito chií, Abu Mansur Ahmad bin Ali At Tabarsi, en su libro Al Ihtiyay ala Ahlil Layay (Debate con los polemizadores) afirmó que Ali dijo a uno de los zanadicah,[12] cuyo nombre At Tabarsi no menciona: “En cuanto a su desacuerdo beligerante conmigo, este muestra su fingida ignorancia de la declaración de Al‑lah: ‘No se casen con las huérfanas que han criado si temen no ser equitativos [con sus dotes], mejor cásense con otras mujeres que les gusten…’”[13] At Tabarsi pasa luego a decir, como explicación de por qué este versículo fue citado por Ali en su discusión con sus opositores:

“Ahora bien, hacerle justicia a los huérfanos no se parece a casarse con una mujer, y no todas las mujeres son huérfanas, por lo que este versículo es un ejemplo de lo que he presentado en el libro Al Ihtiyay con respecto a la eliminación de partes del Corán por los hipócritas,[14] ya que hubo eliminación entre la declaración sobre la justicia a los huérfanos, y aquella que le sigue, acerca de casar a las mujeres. Esta supresión se compone de directrices e historias, y asciende a más de un tercio del Corán.

 LOS CHIÍES MIENTEN, INCLUSO CONTRA ALI

El siguiente es un ejemplo de las mentiras de los chiíes que son atribuidas a Ali (que Al‑lah esté complacido con él), es una invención calumniosa que queda probada por el hecho de que Ali jamás afirmó, durante todo el periodo de su califato, que faltara un tercio del Corán a partir de la sección ya mencionada. Él no le ordenó a los musulmanes registrar esta porción “perdida” ni buscó guía de ella, tampoco aplicó ninguna resolución jurídica derivada de ella.

 EL REGOCIJO DE MISIONEROS Y ORIENTALISTAS

Tras la publicación del libro Faslul Kitab hace unos ochenta años, hubo gran alegría entre los enemigos del Islam, en particular, los misioneros y los orientalistas. Les gustó tanto el libro, que decidieron traducirlo a sus propios idiomas. Esto no es de sorprender, ya que el libro contiene cientos de mentiras como las ya mencionadas, junto con invenciones calumniosas contra Al‑lah y el elegido de Su creación, el Profeta del Islam (la paz sea con él), y contra los nobles compañeros (que Al‑lah esté complacido con todos ellos).[15]

Hay dos textos claros de Al Kafi de Al Kulaini, que muestran la posición perversa de los chiíes con respecto al Corán. El primero dice: “Escuché a Abu Yafar (la paz sea con él) decir: “Ninguna persona ha afirmado que recopiló el Corán completamente tal como fue revelado, excepto un mentiroso. Nadie recopiló ni memorizó el Corán como fue revelado sino solo Ali bin Abi Talib y los imames después de él’.”[16]

Todo chií está obligado a creer este texto de Al Kafi como un artículo de su fe.

En cuanto a nosotros, Ajlus Súnah, decimos que de hecho los chiíes han atribuido falsamente el anterior texto a Al Baquir Abu Yafar. La prueba de nuestra posición es que Ali, durante el período de su califato en Kufa, jamás recurrió a ni aplicó ninguna versión del Corán distinta a aquella con la que Al‑lah favoreció al califa Uzmán en distinción de su compilación, publicación y divulgación, y por su aplicación legal en todas las tierras islámicas en todas las épocas hasta el Día del Juicio. Si fuera cierto que Ali tuvo una versión distinta del Corán, él seguramente la habría aplicado en la toma de decisiones judiciales, y había ordenado a los musulmanes que cumplieran sus mandatos y orientaciones. Es evidente, ya que él era el líder supremo, que nadie habría desafiado su autoridad para hacer eso.

Por otra parte, si Ali hubiera tenido una versión distinta del Corán y la hubiera ocultado de los musulmanes, entonces habría traicionado a Dios, a Su Mensajero y a la religión del Islam al hacerlo. En cuanto a Yabir Al Yufi, quien afirma que escuchó esta conversación blasfema de labios del Imam Abi Yafar Mujámmad Al Baquir, cabe señalar que aunque los chiíes lo consideran un narrador confiable de tradiciones, el hecho es que él es reconocido en las escuelas de teología sunitas como un mentiroso y un falsificador de tradiciones. Abu Yahia Al Hamani reportó que escuchó al Imam Abu Hanifa decir: “Ataá es el mejor, es decir, el más confiable y preciso en informar de entre aquellos que he encontrado en el campo de la transmisión de tradiciones, mientras que Yabir Al Yufi es el mentiroso más grande que he encontrado entre ellos.”[17]

El segundo de los dos textos de Al Kafi mencionados, es atribuido al hijo de Yafar As Sadik. Dice: “Se dice que Abu Baser dijo: ‘Llegué donde Abu Abdulah [Yafar As Sadik]... [quien] dijo: «Tenemos con nosotros el Corán de Fátima (la paz sea con ella).» Dije: «¿Qué es el Corán de Fátima?» Respondió: «Contiene por lo menos tres veces más que el Corán de ustedes. ¡Por Al‑lah, que no contiene una sola letra de su Corán!»’.”[18]

Estos textos chiíes inventados, que son falsamente atribuidos a los imames de Ahlul Bait, son de fecha temprana. Fueron registrados por Mujámad bin Yacub Al Kulaini Ar Razi en el libro Al Kafi hace unos mil años, y provienen de antes de esa época, porque fueron narrados en la autoridad de sus ancestros, los maestros fabricantes de los falsos fundamentos del Chiismo. Durante la época en que España estaba bajo el reino de los árabes musulmanes, el Imam Abu Mujámmad bin Hazam solía debatir con los sacerdotes españoles con respecto a los textos de sus libros sagrados. Él solía presentar pruebas que establecían que estos habían sido manipulados y alterados a tal punto, que sus orígenes auténticos se habían perdido. Aquellos sacerdotes solían discutir con Ibn Hazam que los chiíes habían afirmado que el Corán también había sido alterado. Ibn Hazam refutó tal argumento respondiendo que el alegato de los chiíes no es una prueba en contra del Corán ni en contra de los musulmanes, puesto que los chiíes no son musulmanes.[19]

 OPINIONES DE LOS CHIÍES SOBRE LOS GOBERNANTES MUSULMANES

Debe llamarse la atención de los gobiernos de todas las naciones musulmanas sobre las opiniones peligrosas y distorsionadas de los chiíes duodecimanos o secta Yafarí. Es su opinión que todos los gobiernos, desde la muerte del Profeta hasta la actualidad, son ilegítimos, con excepción del de Ali bin Abi Talib. Por lo tanto, no le está permitido a ningún chií que le sea leal a dichos gobiernos ni que sea sincero cuando trata con ellos. De hecho, ellos deben hacerlo con adulación e hipocresía, de acuerdo con su principio de taquiya. Ellos consideran a todos los gobiernos pasados, presentes y futuros en el mundo musulmán, como establecidos por la fuerza y, por tanto, ilegales. Según ellos, los únicos gobernantes legítimos son los doce imames, ya sea que gobiernen directa o indirectamente, y todos los demás gobernantes, desde la época de Abu Báker y Úmar hasta hoy día, son considerados usurpadores y opresores del pueblo. Los chiíes sostienen tenazmente esta visión de los gobernantes musulmanes a pesar de los grandes servicios que ellos le han prestado a la noble causa del Islam, y a la humanidad en general.

 MALICIA CONTRA ABU BÁKER Y ÚMAR

Los chiíes maldicen a Abu Báker, Úmar y Uzmán (que Al‑lah esté complacido con ellos), junto con todos los gobernantes de la nación islámica, con excepción de Ali. Han inventado una mentira y la han atribuido al Imam Abul Hasan Ali bin Mujámmad bin Ali bin Musa, afirmando que él aprobaba que sus seguidores llamaran a Abu Báker y a Úmar “Al Yibt wat Tagut”.[20] Esta afirmación fue hecha en una de sus obras más extensas sobre la ciencia de establecer la veracidad y competencia de los narradores de las tradiciones proféticas, Tanquihul Macal fi Ahwalir Riyal, por un chaij de la secta Yafarí, Alama Az Zani Ayatulah Al Mamcani.[21]

Al Mamcani menciona el libro del erudito Mujámmad bin Idris Al Hili, As Sarair, en el que Al Hili cita la obra Masailur aiyal wa Mukatabatihim ila Maulana Abil Hasan Ali bin Mujámmad bin Ali bin Musa, cuyo tema son preguntas y cartas dirigidas a Abil Hasan Ali bin Mujámmad. Entre ellas hay una pregunta de Mujámmad bin Ali, quien es citado diciendo:

“Le escribí preguntándole sobre ‘an nasib’ [aquel que es hostil hacia Ahlul Bait]. Le pregunté si necesitaba una prueba de su hostilidad hacia Ahlul Bait más allá de su reconocimiento de Al Yibt wat Tagut, es decir, Abu Báker y Úmar, como titulares legítimos del cargo de imam [líder de la comunidad musulmana]. Su respuesta es que a cualquier persona cuya situación sea la descrita, es correcto mostrarla como nasib.”

Por lo tanto, cualquier persona sería considerada como enemigo de la familia del Profeta, simplemente por darle precedencia al rango de Abu Báker As Sidik y de Úmar Al Faruk, y por su reconocimiento de sus posiciones como imames.

La expresión “Al Yibt wat Tagut” es utilizada por los chiíes en la oración de imprecación que ellos llaman “Duá sanamai kuraish” (imprecación contra los dos ídolos de kuraish). Con esta expresión, ellos se refieren a los dos califas Abu Báker y Úmar (que Al‑lah esté complacido con ellos). Esta viciosa oración de imprecación es mencionada en su libro Miftahul Yinán; dice: “¡Oh, Al‑lah!, otorga Tus bendiciones sobre el Santo Profeta Mujámmad y sobre su familia, y maldice a los dos ídolos de kuraish, su Al Yibt wat Tagut, así como a sus dos hijas...”

Ellos se refieren a las dos Madres de los Creyentes, Aisha y Jafsah, las puras y nobles esposas del Profeta (que Al‑lah esté complacido con ellas).

 LOS CHIÍES EXALTAN AL ASESINO DEL CALIFA ÚMAR

El odio que los chiíes le tienen al califa Úmar ha llegado a tal extremo, que ellos le dan a su asesino Abu Luluah Al Mayusi el título de “Baba Shuyaud Din” (aquel que es valiente en la causa de la religión).

Ali bin Mazahir, un narrador chií de tradiciones, reportó que Ahmad bin Ishak Al Kumi Al Ahwas, un chaij de los chiíes, dijo: “En verdad que el día en que Úmar fue asesinado es el mayor día de celebración, el día del orgullo y del honor, el día de la gran purificación y el día de las bendiciones y el consuelo.”

En la historia del Islam ha habido grandes personalidades, hombres como los dos califas Abu Báker y Úmar, y el gran guerrero Saladino (Salajudín Al Ayubi, quien gobernó por la causa del Islam, y conquistó varias tierras y pueblos y los incorporó al Islam). Sin embargo, estos grandes hombres, y de hecho todos los grandes gobernantes del Islam en el pasado y el presente, son considerados por los chiíes como tiranos absolutos y gobernantes ilegales, y en consecuencia, son considerados como habitantes del infierno.

Entre los principios más importantes para los chiíes está la creencia de que cuando su duodécimo imam, el esperado Mahdi, se levante y surja después de su dilatada ausencia por más de once siglos, y traiga consigo su revolución, entonces Dios resucitará para él y sus antepasados, a los gobernantes musulmanes pasados y presentes, incluyendo a los dos nobles califas Abu Báker y Úmar. Esos gobernantes musulmanes serán entonces juzgados por haber tomado ilegalmente las riendas del gobierno del Mahdi y sus ancestros, los primeros once imames de la religión Chía. Esto, en su creencia, es debido a que el gobierno es un derecho exclusivo dado por Dios solo a los chiíes, desde el momento de la muerte del Profeta Mujámmad hasta la última hora.

Después del juicio de estos “tiranos usurpadores”, su esperado Mahdi se despertará ordenando su ejecución. Quinientos de ellos morirán cada vez hasta que su número llegue a tres mil. Este sería el total de todos los que gobernaron las diferentes épocas de la historia del Islam.

¡Todo esto se supone que ocurrirá justo antes de la resurrección de la humanidad en el Día de la Resurrección! Es un preludio, por así decirlo, de la gran reunión final y resurrección, el resultado de la cual es el paraíso o el infierno, ¡el paraíso para Ahlul Bait y los chiíes, y el infierno para todo aquel que no sea chií!

Los chiíes llaman a esta resurrección de los gobernantes musulmanes y al juicio y ejecución subsecuentes, “Ar Rayah” (el retorno). Esta creencia es uno de los principios fundamentales de su fe, por lo que no es puesto en duda por ningún chií común.

He conocido a algunas personas ingenuas y simplistas que afirman que los chiíes se han apartado de principios como este en los últimos tiempos. Sin embargo, este es un error craso de su parte, y ello es evidente por la situación actual.

 DESEO DE VENGANZA Y DESTRUCCIÓN

En Al Irshad fi Tariji Huyayilahi alal Ibad (Instrucción en la historia de las pruebas de Dios en contra de sus esclavos), Abu Abdulah Mujámmad An Numan, conocido por los chiíes con el título de “Ash Shaijul Mufid”, citó varias de sus “tradiciones” con respecto a “Ar Rayah”:

Al Fadl bin Shazán reportó que Mujámmad bin Ali Al Kufi relató que Wahab bin Hafs narrató a través de Abi Basir que Abu Abdulah [Yafar As Sadik] dijo: “El Mahdi será llamado en la vigésimo tercera noche por el nombre ‘El Resucitado’. Se levantará, y su levantamiento será en el día de Ashura…[22] Es como si estuviera allí con él en aquel décimo día del mes de Mujárram. Él está de pie entre la esquina de la Kaabah que contiene la piedra negra, y el makan [lugar de oración] del Profeta Abraham. En ángel Gabriel está de pie a su derecha, diciendo en voz alta: ‘El juramento de lealtad al Mahdi es por la causa de Al‑lah!’ A continuación, los chiíes marcharán hacia el Mahdi para ofrecerle su lealtad, desde todos los rincones de la Tierra, cosa que les resultará fácil de lograr. Nos ha llegado el reporte de que el Mahdi viajará desde La Meca hasta llegar a Al Kuta y se instalará en nuestra ciudad sagrada [Chií] de Nayaf. Entonces, enviará ejércitos desde allí a diversas tierras.”

También se reportó, por Al Hayal de Zalaha via Abu Báker Al Hadrami, que Abu Yafar [Mujámmad Al Baquir] dijo: “Es como si estuviera con El Resucitado en la ciudad de Nayaf, en Al Kufa, a donde ha marchado desde La Meca, en compañía de cinco mil ángeles, con Gabriel a su derecha y Miguel a su izquierda, y los creyentes frente a él, mientras envía ejércitos a los distintos países.”

Así también, se narró que Abdul Karim Al Jufi reportó: “Le pregunté a Abu Abdulah [Yafar As Sadik]: ‘¿Cuánto tiempo durará el reinado del Resucitado?’ ‘Siete años’, contestó. Y continuó: ‘Los días se harán más largos, hasta que un año de su reinado sea igual a diez de tus años. Su reino durará setenta años de los tuyos.’ Tras esto, Abu Basir le dijo [a Yafar As Sadik]: ‘¡Sea yo tu rescate! ¿Cómo hará más largos los días Al‑lah?’ La respuesta fue: ‘Al‑lah les ordenará a las esferas celestes que disminuyan su velocidad de movimiento, y los días y los años serán, en consecuencia, más largos. Cuando llegue el momento de su levantamiento, lloverá durante el último mes de Yumada y durante diez días de Rayab, una lluvia que el mundo no ha visto antes. Al‑lah hará que la carne de los creyentes y sus cuerpos vuelvan a la vida en sus tumbas. Es como si estuviera viendo a los resucitados avanzando, sacudiendo la tierra de su cabello.”

Abdulah bin Al Muguira narró que Abu Abdulah [Yafar As Sadik] dijo: “Si el Mahdi esperado de la familia de Mujámmad se levanta, hará que se levanten quinientos miembros de kuraish, y sus cuellos serán golpeados por la espada. Esos serán seguidos por otro grupo de quinientos, y luego por otro, hasta que se repitan seis veces.” “¿Llegarán a un número tan grande?”, pregunté. [Su asombro al enterarse de ese gran número se debió al hecho de que los califas bien guiados, los gobernantes omeyas y los de la época abasí, junto con todos los gobernantes musulmanes hasta la época de Yafar As Sadik, equivalían a menos de una centésima de ese número.] Yafar As Sadik contestó: “Sí, incluye a los gobernantes y a sus partidarios.”

Y en otra narración: “Nuestro estado es el último de los estados. No habrá dinastía más que la que tuvo su turno antes de nosotros, así que no puede haber nadie que atestigüe nuestro reino y diga: ‘Si nosotros gobernáramos, seguiríamos su camino.”

Yabir Al Jufi reportó que Abu Abdulah [Yafar As Sadik] dijo: “Cuando el Mahdi levantado de la familia de Mujámmad llegue, levantará pabellones para enseñar en ellos el Corán tal y como fue revelado.[23]

Será más difícil entonces para quien haya memorizado [lo que se memoriza] hoy día.” [Es decir, será difícil para quien ha memorizado la edición oficial uzmaní, que existía en la época de Yafar As Sadik, debido a que será distinta de la versión que se supone que el Mahdi traerá.] Al Mufadal bin Úmar narró que Abu Abdulah dijo: “Junto con el Resucitado vendrán veintisiete hombres del pueblo del Profeta Moisés, siete del pueblo de la cueva, y Josué, Salomón Abu Duyanal Al Ansari, Al Micdad y Málik Al Ashtar. Ellos serán la compañía del Mahdi como ayudantes y jueces a su servicio.”

Estas “tradiciones” inventadas, tomadas del libro de “Ash Shaijul Mufid”, han sido citadas meticulosamente, con sus cadenas inventadas de transmisión. Han sido falsamente atribuidas a la familia del Profeta, cuya mayor desgracia es tener a esos mentirosos fingiendo ser sus únicos partidarios.

Por supuesto, ya que la creencia en Ar Rayah y en el juicio a los gobernantes musulmanes es una parte importante de la doctrina chií, se le menciona a menudo en las obras de los eruditos y los clérigos chiíes. Un ejemplo es Al Masail An Nasiriya, de As Sawid Al Murtada, libro en el que encontramos lo siguiente: “Abu Báker y Úmar serán crucificados en un árbol en la época de Al Mahdi... Será un árbol verde y tierno antes de la crucifixión, y se resecará después de ella.”

 LA FORMA DE PENSAR DE LOS CHIÍES NO HA CAMBIADO

Los eruditos y clérigos chiíes a lo largo de toda la historia islámica han tomado una posición vergonzosa en contra de dos compañeros y ministros nombrados del Profeta de Dios, Abu Báker y Úmar, y en contra de otras grandes personalidades islámicas como los califas, gobernadores, generales y guerreros en la causa sagrada del Islam.

Ahora hemos escuchado al responsable de Darut Tacrib (el centro de promoción de la “reconciliación” y el “acercamiento” entre sunitas y chiíes), alegando ante quienes no pudieron estudiar críticamente estos temas por sí mismos, que dichas creencias fueron sostenidas antaño, pero que la situación actual es distinta. Esta afirmación es completamente falsa y engañosa, puesto que los libros que se enseñan en todos sus instituciones educativas contienen todos estos principios y los sostienen como elementos esenciales y rudimentarios de su fe. Más aún, los libros que son publicados hoy día por parte de los eruditos de Irán, Nayaf y Mount Amil son aún peores que las publicaciones chiíes antiguas, y más perjudiciales para la causa de la reconciliación y del mutuo entendimiento.

Para aclarar aún más esto, mencionamos como ejemplo a una persona entre ellos que nunca deja de anunciar día y noche que es un defensor de la unidad y de la reconciliación, Mujámmad bin Mujámmad Mahdi Al Jalisi. Él es conocido por tener muchos amigos en Egipto y en otros lugares, quienes transmiten el mismo llamado al tacrib, y que trabajan por ello entre los Ajlus Súnah. Este supuesto defensor de la “unidad y el entendimiento” llega incluso a negar que Abu Báker y Úmar hubieran tenido la gracia del imáan (fe). En su libro Ihyaush Sharia fi Madhabish Chíah (Renacimiento de la ley de la escuela chií del pensamiento), dice: “Incluso si ellos [los sunitas] argumentan que Abu Báker y Úmar estaban entre la gente de Baiatur Riduán[24] con la que Al‑lah estaba complacido, como se muestra en la referencia hecha a ellos en el Corán: “Dios quedó complacido con los creyentes cuando te juraron fidelidad bajo el árbol,”[25] decimos que si Al‑lah hubiera dicho: “Al‑lah quedó complacido con aquellos que te juraron fidelidad bajo el árbol,” entonces este versículo indicaría que la complacencia de Al‑lah incluye a todo aquel que hizo el juramento de lealtad. Pero ya que el versículo dice “Dios quedó complacido con los creyentes cuando te juraron fidelidad…”, no hay prueba en este versículo de que Al‑lah esté complacido con nadie sino solo con aquellos que habían adquirido un imáan puro.”

Al Jalisi insinúa con esto que Abu Báker y Úmar eran de los que no habían adquirido imáan y que por ello quedaron excluidos de la complacencia de Dios.[26]

 DISTORSIÓN DE HECHOS HISTÓRICOS

Al Murtadá y Al Jalisi son eruditos chiíes modernos que afirman con audacia pertenecer a la cúpula de los que son celosos en la lucha por la causa del Islam y los musulmanes, y que tienen el mayor interés en la defensa de los derechos de los musulmanes y en mantener su bienestar. Sin embargo, después de haber visto lo que han escrito sobre Abu Báker y Úmar, que están entre los mejores musulmanes cercanos al Profeta, la gente común y corriente como nosotros debe preguntarse qué esperanza puede haber de llegar a un entendimiento común y a una reconciliación con personas como ellos.

Mientras por una parte los chiíes difaman vergonzosamente a los compañeros del Mensajero de Al‑lah y aquellos que los siguieron en piedad, y a los que los sucedieron como gobernantes, por otra parte nos encontramos con que ellos les atribuyen a sus imames unos atributos tan extravagantes, que los mismísimos imames desearían declarar su inocencia ante ellos.

Al Kulaini registró en su libro Al Kafi atributos y descripciones de los doce imames que implicarían su elevación del nivel humano al de los dioses de los antiguos griegos paganos. Citar todas esas fábulas de Al Kafi y otros libros requeriría un volumen enorme. A modo de ejemplo, será suficiente enumerar algunos de los títulos de los capítulos de Al Kafi:

·         “Los imames poseen todo el conocimiento otorgado a los ángeles, los Profeta s y los mensajeros.”[27]

·         “Los imames saben cuándo van a morir, y no mueren sino por su propia elección.”[28]

·         “Los imames tienen el conocimiento de lo ocurrido en el pasado y de lo que ocurrirá en el futuro, y nada se les escapa.”[29]

·         “Los imames tienen conocimiento de todos los libros revelados, sin importar el idioma en el que fueron revelados.”[30]

·         “Nadie compiló completamente el Corán sino solo los imames, y ellos abarcan todo su conocimiento.”[31]

·         “Los imames poseen los signos de los Profetas.”[32]

·         “Cuando llegue el momento de los imames, gobernarán de acuerdo con el gobierno del Profeta David y su dinastía. Estos imames no necesitan pedir la presentación de evidencias antes de emitir sus juicios.”[33]

·         “No existe una sola verdad que tenga un pueblo sino solo las que se originaron con los imames, y todo lo que no procede de ellos es falso.”[34]

·         “La Tierra entera les pertenece a los imames.”[35]

 LOS CHIÍES PONEN A SUS IMAMES POR ENCIMA DEL MENSAJERO

Los chiíes, a la vez que afirman que los doce imames tienen el poder sobrehumano del conocimiento que abarca el ámbito de lo invisible, niegan que el Profeta tenga conocimiento de cosas invisibles que le fue conferido a él por Dios, cosas como la creación de los cielos y de la Tierra, y la descripción del paraíso y del infierno.

Esta blasfemia apareció en la revista Risalatul Islam (El mensaje del Islam), publicada por Darut Tacrib. En un artículo titulado Min Iytihadati Chía Al Imamia (Algunas opiniones chiíes independientes), el jefe de la Suprema Corte Chií en el Líbano citó al erudito Muytahid Mujámmad Hasan Al Ishtiani:

“Si el Profeta estipuló algo con respecto a las normas legales divinas sobre lo que invalida la ablución, o las normas respecto a la menstruación y el puerperio, es imperativo creerle, y la aplicación de esas normas es obligatoria para nosotros. Pero si el Profeta hizo una afirmación con respecto a lo invisible, por ejemplo la creación de los cielos y de la Tierra, o las vírgenes del paraíso y sus palacios, entonces esto no nos incumbe ni es vinculante para nosotros, aún si es sabido con certeza que la declaración ha procedido del Profeta.”

Qué extraño, ellos deben atribuirles falsamente a sus imames el conocimiento de lo invisible, y deben apegarse a esa mentira aunque no tienen una sola prueba que establezca su veracidad. Entretanto, consideran que no es obligatorio aceptar las revelaciones de lo invisible mencionadas en versículos del Corán y en tradiciones auténticas, y que por lo tanto están comprobadas de manera concluyente. Añadamos a esto que todo lo que ha sido verificado como proveniente del Profeta no es otra cosa que “revelación revelada” a él, y en verdad el Profeta no habla por interés propio.

Aquel que compara entre lo que los chiíes les atribuyen a sus imames y lo que le es auténticamente atribuido al Profeta con respecto a lo invisible, llega a la conclusión de que lo que puede ser verificado como emitido por el Profeta respecto a lo invisible, como se menciona en el Corán y en las tradiciones auténticas y de autoridad, no constituye ni siquiera una fracción de la multitud de reportes inventados sobre el conocimiento de lo invisible que le es atribuido a los doce imames, y ello a pesar del hecho indiscutible de que la revelación divina había cesado por completo a la muerte del Profeta.

En cuanto a quienes le atribuyen este conocimiento de lo invisible a los doce imames, es suficiente decir que son reconocidos por los eruditos sunitas del hadiz (tradiciones del Profeta) como mentirosos y falsificadores de literatura del hadiz. Los chiíes partidarios de esos narradores son indiferentes a ello, a pesar de todo, y aceptan ciegamente los relatos de lo invisible que se le imputan a sus imames. También aceptan con gusto la idea de que lo que le había sido atribuido auténticamente al Profeta con respecto a lo invisible, no es vinculante para ellos. De hecho, a ellos les agrada limitar el alcance de la misión del Mensajero de Dios a asuntos de naturaleza jurídica secundaria, como los mencionados por Al Ishtiani (véase arriba).

Dado que ellos elevan el estatus de sus imames con respecto al conocimiento de lo invisible, por encima del conocimiento del Mensajero de Dios (a pesar de que fue él quien recibió la revelación y que sus imames no reclamaron esto para sí mismos), no sabemos cómo podríamos desarrollar, después de semejante blasfemia, cualquier reconciliación entre ellos y nosotros.


 LA TRAICIÓN DE LOS CHIÍES HACIA LOS GOBIERNOS               ISLÁMICOS

La postura de la mayoría de los chiíes, tanto eruditos como laicos, hacia los gobiernos islámicos a lo largo de la historia, ha sido: si el gobierno era fuerte y estaba bien establecido, honrar a sus líderes en consonancia con su principio de taquiya, con el propósito de obtener beneficios materiales. Si, en cambio, el gobierno era débil o estaba bajo el ataque de enemigos, ellos se aliaban con sus enemigos en contra suya. Esto es precisamente lo que hicieron durante los últimos días de la dinastía omeya, cuando los abasíes se rebelaron bajo la instigación de los chiíes de aquella época. Posteriormente, ellos tomaron la misma postura criminal en contra de los abasíes, quienes fueron traicionados por los ataques de Hulago y sus seguidores paganos mongoles en contra del califato del Islam y su gloriosa capital de ciencia y civilización.

Un ejemplo de esto se ve en el comportamiento del filósofo y erudito chií An Nasir At Tusi. Él compuso poemas de alabanza a Al Mustasim, el califa abasí, y luego en 65 d. H., dio un giro completo, instigando la revolución en contra de su patrón, acelerando así la catástrofe que se abatió sobre el Islam en Bagdad, donde él encabezó la sangrienta procesión del carnicero Hulago. De hecho, él supervisó personalmente la masacre de musulmanes, de la que no salvó ni siquiera a las mujeres, los niños ni los ancianos. Este mismo At Tusi aprobó también el lanzamiento de valiosos textos de literatura islámica al río Tigris, cuyas aguas se tornaron negras durante días por la tinta de los innumerables manuscritos. Fue así como desapareció un gran tesoro del patrimonio islámico, consistente de obras de historia, literatura, idioma y poesía, sin mencionar aquellos de ciencias religiosas islámicas, que habían pasado desde los piadosos de la primera generación de musulmanes, y que podían hallarse en abundancia hasta esa época, cuando fueron destruidos en un holocausto cultural como nunca se había visto antes.

 LA TRAICIÓN DE AL ALCAMI Y DE IBN ABIL HADID

Este chaij de los chiíes, An Nasir At Tusi, fue apoyado en esta gran traición por dos de sus secuaces, Mujámmad bin Ahmad Al Alcami, un ministro chií de estado, y Abdul Hamid bin Abil Hadid, un autor mutazilí[36] y extremista chií. Él fue la mano derecha de Al Alcami y resultó ser enemigo acérrimo de los compañeros del Mensajero de Dios, como resulta evidente de sus comentarios maliciosos en el libro Nahyul Balaha, que él llenó de mentiras a fin de distorsionar la historia islámica.

Por desgracia, algunos de nuestros personajes y autores ilustres continúan siendo engañados por esas mentiras, debido a su ignorancia de los hechos esenciales de la historia islámica.

Al Alcami respondió la amabilidad y generosidad que tuvo el califa Al Mustasim al hacerlo su ministro, con el engaño y la traición. Los chiíes se alegran maliciosamente en la actualidad de la malvada campaña de masacre y destrucción de Hulago, debido a su hostilidad hacia el Islam. Cualquier persona que lo desee, puede leer sobre la vida de An Nasir At Tusi en cualquier libro chií de biografías, el último de los cuales es Rudatul lanat, de Al Juwansari, está lleno de elogios hacia los asesinos traidores y refleja el regocijo malicioso de los chiíes con la masacre de hombres, mujeres y niños musulmanes. Fue un acto tan monstruoso, que hasta el peor de los enemigos y las bestias de corazón más duro se avergonzarían de mostrarse complacidos con él.

 UN IMPEDIMENTO PARA LA RECONCILIACIÓN

Esta exposición ya se ha extendido mucho, a pesar del cuidado que se ha tomado en restringir el tema solo a citas seleccionadas de las publicaciones chiíes más auténticas y confiables. Nos gustaría concluir con una cita relacionada con el tema de at tacrib (la reconciliación de los seguidores de las diferentes escuelas y sectas), a fin de aclararles a todos los musulmanes las posibilidades reales de éxito respecto a tal esfuerzo, especialmente en lo tocante a los chiíes que han expresado su franco reconocimiento de la imposibilidad de semejante intento de reconciliación.

En su libro Rudatul lanat, el historiador chií Al Juwansari escribió sobre las “expresiones elegantes y veraces” de An Nasir At Tusi, “esta fuente de verdad y verificación,” y citó su declaración identificando a la única secta de las setenta y tres sectas musulmanas que, según la profecía, alcanzará la salvación:[37]

“He considerado todas las sectas y las he examinado detenidamente, solo para hallar que todas ellas, con excepción de los imamitas [el chiismo duodecimano], se suscriben a las mismas condiciones generales del imáan, mientras que difieren sólo en algunos temas relacionados. Descubrí que la secta imamita difiere y se opone a todas las demás. Si cualquier secta distinta a la imamita es considerada ‘salva’, entonces todas ellas deberán ser consideradas así también. Esto me indica que la única secta que va a lograr la salvación, no puede ser otra que la imamita.”

 LA SALVACIÓN NO SE PUEDE ALCANZAR SIN JURAR LEALTAD Y CONCEDERLE SOBERANÍA A AHLUL BAIT

Al Juwansari relató también que As Sayid Nimatulah Al Musawi dijo: “Todas las sectas acuerdan unánimemente que dar testimonio de la fe de uno recitando los dos artículos de fe, es el único camino hacia la salvación, como lo demuestra la declaración del Mensajero de Dios: ‘El que da testimonio de que no hay divinidad sino solo Dios, entrará al paraíso.’ Pero la secta imamita acuerda unánimemente que la salvación se logra solo jurándole lealtad y confiándole el gobierno a Ahlul Bait, el último de los cuales es el duodécimo imam, y renegando de sus enemigos [es decir, Abu Báker, Úmar y todos los no chiíes, ya sean gobernantes o sujetos].” De este modo, los chiíes difieren por completo de todas las demás sectas con respecto a la naturaleza y los prerrequisitos del imáan, sobre los que recae el tema de la salvación.

 LOS CHIÍES DIFIEREN DE LOS MUSULMANES EN LOS FUNDAMENTOS, NO SOLO EN CUESTIONES SECUNDARIAS

At Tusi, Al Musa y Al Juwansari han dicho la verdad y han mentido. Es cierto que muchas sectas musulmanas están cercanas unas de otras en sus fundamentos, mientras que difieren en asuntos secundarios. Pero por otro lado, resulta imposible llegar a un entendimiento mutuo con los chiíes duodecimanos debido a que contradicen los fundamentos de todos los musulmanes. Ellos nunca estarán satisfechos con los musulmanes a menos que estos maldigan a “Al Yibt wat Tagut'” (Abu Báker y Úmar) y a aquellos que vinieron después de ellos hasta la actualidad.

Otra condición que ellos les imponen a los musulmanes es que repudian a todos los no chiíes, incluso a aquellos miembros de la familia del Profeta que les fueron dados en matrimonio a ellos, como las dos hijas del Profeta que se casaron con el califa Uzmán bin Affán.

Ellos estipulan además que los musulmanes deben repudiar también al Imam Zaid, hijo de Ali Zain ul Abidín (el hijo de Al Jusain, hijo de Ali bin Abi Talib), junto con el resto de la familia del Profeta que no ingresó a las filas del bando de los rafiditas,[38] y que no aceptaron sus principios desviados. Entre estos principios perversos está su afirmación de que el Corán ha sido alterado, una doctrina fanática respetada por todas las clases de la sociedad chií a través de los tiempos, como su propio erudito astuto At Tabirsi ha registrado con tanta audacia en su libro Faslul Jitab fi Izbati Tahrifi Kitab Rabil Arbab.

Los chiíes quieren imponernos como condición previa para llegar a un entendimiento mutuo con ellos, y para agradarlos con el fin de “acercarnos” a ellos, que maldigamos junto con ellos a los compañeros del Mensajero de Dios, y que repudiemos a todo aquel que no adhiera a las doctrinas de la fe chií. Ellos esperan incluso que desconozcamos a las hijas del Mensajero de Dios y a sus benditos descendientes, en especial a Zaid bin Zain ul Abidín, junto con cualquiera que haya seguido sus pasos al rechazar las abominaciones de los rafiditas.

Lo anterior es la parte veraz de lo que dijo el vocero chií, y ningún chií lo negaría, ya sea que practique abiertamente la taquiya o que lo oculte.

En cuanto a la parte falsa de lo que dicen, es que los musulmanes no chiíes están de acuerdo en que la salvación en el más allá reposa sobre la simple expresión de las dos shahadas.[39] Si los chiíes tuvieran el menor sentido o conocimiento, habrían sabido que las dos shahadas son para los musulmanes sunitas la mera señal de entrada al Islam. Si uno pronuncia estas dos shahadas, aun si está en las filas enemigas combatiendo a los musulmanes en plena batalla, su vida y propiedades se convierten en inviolables. En cuanto a la salvación en el más allá, esta solo se alcanza acompañando la expresión de estos testimonios de fe con imáan, y el imáan, de acuerdo con el gran y piadoso califa Úmar bin Abdul Aziz, consiste en tareas obligatorias y en rituales, ordenanzas y prácticas religiosas. Quien cumple estos prerrequisitos completa su imáan y quien no, no lo hace.

En cuanto a la creencia de los chiíes en la existencia de su duodécimo imam, esto no es un prerrequisito del imáan en modo alguno. De hecho, este duodécimo imam es un personaje ficticio falsamente identificado como el hijo de Al Hasan Al Askari (que murió sin dejar descendencia). Su hermano Yafar estableció y distribuyó la herencia dejada por Al Hasan Al Askari en base a que no dejó hijos que le heredaran.

La verdad del asunto es que cuando los chiíes supieron que Al Hasan Al Askari murió sin dejar sucesor varón, y vieron que eso significaba el fin de la cadena de la sucesión del Imamato, se dieron cuenta de que su escuela sectaria dejaría de existir con la muerte de Al Hasan Al Askari. No serían imamitas, porque no habría imam que sucediera a Al Askari en el Imamato.

 EL CUENTO DE LA PUERTA Y EL TÚNEL

Tras esto, uno de ellos, Mujámmad bin Nusair, un protegido de la tribu de Numair, inventó la idea de que Al Hasan tuvo un hijo que estaba oculto en los túneles de la residencia de su padre. El impulso para tal invención provino de su deseo, y del de sus cómplices, por engañar al público chií, en especial a los más ricos entre ellos, para recoger el zakat[40] de ellos en nombre de un imam existente. Ellos deseaban también continuar afirmando que eran imamitas sinceros. Este Mujámmad bin Nusair quería ser él mismo la “puerta” al túnel imaginario entre el imam inventado y sus seguidores, a fin de hacerse cargo de todos los fondos del zakat. Sus cómplices no estuvieron de acuerdo con él en este asunto e insistieron en designar como la “puerta” una tienda de comestibles adyacente a la entrada de la casa de Al Hasan Al Askari. El padre de Hasan y su familia solían comprar sus provisiones en esta tienda.

Después de esto, Mujámmad Nusair se separó de sus antiguos compañeros y estableció la secta Nusairiya, que toma su nombre y su impulso de él.[41] Entretanto, sus antiguos compañeros fueron ideando una estratagema mediante la cual podrían traer a su supuesto imam; ellos querían que él se casara y tuviera hijos que lo sucedieran en el cargo en el Imamato. Esto aseguraría a su vez que su secta imamita sobreviviría.

Se hizo evidente, sin embargo, que los líderes de los clanes de Alaui así como sus seguidores y sus primos, los gobernantes abasíes y la realeza, negarían su aparición. Por lo tanto, alegaron que el duodécimo imam permaneció en el túnel, y que su ausencia menor fue seguida por una mayor. Fue así como inventaron fábulas que nunca habían sido escuchadas, ni siquiera entre los griegos antiguos.

Ellos esperan que todos los musulmanes, a quienes Dios bendijo con la gracia de una razón sana, creyeran en esas mentiras flagrantes, a fin de que pueda haber reconciliación entre ellos y los chiíes. Esta idea absurda solo podría realizarse si todo el mundo islámico se convirtiera en un manicomio. Las alabanzas son para Dios por el don de la razón, pues de hecho es la facultad de la que depende la responsabilidad por los actos propios. Es la gracia más preciosa y sublime después de un imáan correcto.

 EL CONCEPTO DE JURAR LEALTAD SEGÚN LOS MUSULMANES

Los musulmanes le confían la posición de liderazgo y el gobierno a cualquier mumín (creyente) con imáan correcto. Por lo tanto, jurarían lealtad a todos los miembros de Ahlul Bait, sin restricción alguna de su número o personas. Entre los primeros creyentes a los que ellos confiaron las riendas del liderazgo, estuvieron los diez compañeros a quienes se les dio la buena nueva de su morada en el paraíso. Si no hubiera ningún otro factor en razón del cual los chiíes adquirieron la designación de kafires (incrédulos), entonces su contradicción y negación de la designación del Profeta de aquellos diez compañeros como habitantes del paraíso habría sido suficiente.[42]

Los musulmanes también confiarían el liderazgo al resto de los compañeros, y les brindarían apoyo y lealtad completos, ya que fueron esos nobles personajes en cuyos hombros fue erigido el Islam y el mundo islámico, y la verdad y la bondad brotaron del suelo de la nación islámica, que había sido nutrido con su preciosa sangre.

Estos son los compañeros que los chiíes dicen que eran enemigos de Ali y sus hijos, cuando la verdad es que vivieron con Ali como hermanos amorosos y cooperativos, y murieron como tales. ¿Qué podría ser mayor prueba de esto que la descripción que Dios hace de ellos en Suratul Fatj, de Su libro al que la falsedad no puede acercársele por delante ni por detrás? Él, el Todopoderoso, dijo respecto a los compañeros, que son “severos con los que se niegan a creer, pero misericordiosos entre ellos.”[43] Dios dice también sobre ellos en Suratul Jadid: “Los cielos y la Tierra Le pertenecen a Él. No son iguales quienes hayan aportado y combatido antes de la liberación [de La Meca]. Ellos tendrán un rango mayor que quienes hayan aportado y combatido después de la liberación. Pero a todos les ha prometido Dios una hermosa recompensa.”[44]

¿Acaso Dios alguna vez ha roto Su promesa? En Suratu Aal Imrán, Dios el Exaltado se refiere a los compañeros como “la mejor nación que haya surgido de la humanidad,”[45] es decir, como un ejemplo a seguir.

 AMISTAD Y AFECTO ENTRE LOS CALIFAS BIEN GUIADOS

Debido al amor y al respeto que el comandante de los creyentes Ali bin Abi Talib mantuvo por sus tres hermanos califas, él nombró a tres de sus hijos por los nombres de ellos. También dio a su hija mayor Um Kulzum en matrimonio a Úmar Ibnul Jatab. Además, vemos que Abdulah bin Iahr bin Abi Talib (sobrino de Ali) nombró a uno de sus hijos Abu Báker, y al otro Muawiyah. Muawiyah bin Abdulah nombró a su hijo por Yazid bin Muawiyah bin Abu Sufián, quien fue considerado de buena reputación, de acuerdo con el testimonio de Mujámmad bin Al Hanafiyah bin Ali bin Abu Talib.

 ¿POR QUÉ DEBEMOS ALEJARNOS DE CUALQUIER RELACIÓN CON LOS CHIÍES?

Si el repudio y la denuncia que los chiíes están pidiendo de nosotros es el precio de la reconciliación entre ellos y nosotros, incluyendo a quienes Abu Báker, Úmar, etc., entonces aquel a quien ellos consideran su primer imam, Ali bin Abi Talib, debería ser considerado por ellos culpable por haber puesto a sus hijos los nombres de Abu Báker, Úmar y Uzmán, y por haber entregado a sus hijas en matrimonio a Úmar y a Uzmán.

Además, deben considerar a Mujámmad bin Al Hanafiyah un mentiroso cuanto atestiguó el buen carácter de Yazid, si aceptan la afirmación de Abdulah bin Muti, partidario de Ibnuz Zubair, de que Yazid bebía licor y dejaba de lado la oración, y que excedía los límites establecidos por el Libro de Dios. Mujámmad bin Al Hanafiyyah defendió a Yazid diciendo: “No he visto nada de lo que mencionan. Lo visité y me quedé con él. Era regular en observar las oraciones y realizar buenas obras, buscaba el conocimiento religioso y se apegaba a la Súnah.”

Ibn Muti y quienes lo acompañaban contestaron que el comportamiento de Yazid era una simulación en su presencia. Mujámmad bin Al Hanafiyah replicó: “¿Qué era lo que temía o esperaba de mí para que debiera aparecer frente a mí en un estado tan grande de piedad y humildad?” Y continuó: “Si les confió aquello que mencionan respecto a que bebe vino, entonces ustedes son sus cómplices. Y si no, entonces es ilícito que ustedes den testimonio de aquello que no saben.” Ellos respondieron que si bien nunca lo habían visto beber, “creían que eso era cierto.” Mujámmad les dijo entonces que Dios rechaza ese tipo de testimonio por parte de los musulmanes, pues Él dice en Su libro: “quienes atestiguan la Verdad y tienen conocimiento.”[46] Mujámmad concluyó: “Por lo tanto, no tenemos nada que ver con este asunto...”[47]

Dado lo anterior, es que el hijo de Ali bin Abi Talib ha testificado a favor de Yazid bin Muawiyah, entonces ¿cómo encaja él en relación a la posición que los chiíes quieren que adoptemos en contra del padre de Yazid, Muawiyah, y en contra de quienes fueron mejores que él y mejores que toda la creación,[48] es decir, Abu Báker, Úmar, Uzmán, Talha, Az Zubair, Amrubnul Aus, junto con los demás grandes compañeros que memorizaron y preservaron el Libro de Dios y la Súnah de Su Mensajero para nosotros, y quienes fueron los arquitectos del mundo islámico?

El precio que nos exigen los chiíes para la reconciliación con ellos es exorbitante. Perdemos todo si lo aceptamos, sin ganar nada a cambio. ¡Solo un tonto negociaría con alguien que él sabe que espera que acepte un trato que le es perjudicial! Los conceptos de walayah (concesión de lealtad) y bara (repudio y denuncia) sobre los que está basada la religión Chiita, según lo que ha sido afirmado por An Nasir At Tusi y confirmado por Nimatulah Al Musawi y Al Juwansari, no significan otra cosa que la alteración total de la religión del Islam. Este cambio completo requerirá que nos enemistemos con aquellos sobre cuyos hombros se erigió la estructura misma del Islam.

Los chiíes han mentido al decir que su secta es la única a la que se le concederá la salvación, la única cuya condición y estado difiere de todas las demás, en virtud de lo cual solo ellos se salvarán.    

La contradicción de los chiíes con los mismísimos fundamentos de la fe musulmana, hace que el chiismo sea una religión diferenciada.

 LOS CHIÍES PREFIEREN DIFUNDIR SUS PRINCIPIOS SECTARIOS Y NO EL TACRIB

No hay duda de que los chiíes duodecimanos no quieren el tacrib, y es por ello que han hecho tantos sacrificios y sufrido tantos problemas propagando el llamado a la reconciliación y la eliminación de las diferencias en nuestros países sunitas, mientras que han prohibido que se haga el mismo llamado, o que se proceda en consecuencia de cualquier modo, en los países chiíes.

Tampoco vemos un indicio de la influencia de ese llamado en sus instituciones educativas. En otras palabras, el llamado a la reconciliación se ha restringido a un solo lado, y como resultado, todo esfuerzo en esa causa será inútil, apenas una burla frívola, a menos y hasta que los chiíes dejen categóricamente de maldecir y ultrajar a Abu Báker y Úmar, a menos que cese el repudio y la denuncia de todo aquel que no fue o no es partidario de los chiíes, y a menos que ellos se libren totalmente de su concepto perverso de elevar a los imames piadosos de la familia del Profeta del nivel de los seres humanos al de los dioses paganos.

Todo esto no es nada menos que una injusticia escandalosa en contra del Islam y un desvío de él del camino y el objetivo hacia el que fue dirigido por el Profeta, a quien le fue confiada la sharia islámica (la ley revelada divinamente), y por sus nobles compañeros, entre quienes estaban Ali bin Abi Talib y sus descendientes. Si los chiíes no abandonan por completo semejante atropello contra el Islam, sus artículos de fe y su historia, entonces están condenados a permanecer aislados y rechazados por parte de todos los musulmanes.[49]

 LA INTRIGA DEL BABISMO Y EL BAHAÍSMO Y LA AGITACIÓN POSTERIOR EN IRÁN

La conmoción del Babismo y su vástago, el Bahaísmo, golpeó a Irán hace unos cien años. Mujámmad Ali Ash Shiraazi había comenzado a afirmar que él era el Baab (precursor) del esperado Mahdi. Luego proclamó que él mismo era el Mahdi, y en su momento se ganó un considerable grupo de seguidores. El gobierno iraní decidió exiliarlo a Azerbaiyán, hogar de los sunitas de la escuela Hanafi de jurisprudencia.

Siendo sunitas estrictos, fueron considerados inmunes a la influencia de semejante sinsentido fabuloso. Sin embargo, resultó lógico temer que los chiíes aceptarían el llamado de Ash Shirazi, que desde su invención se derivó del Chiismo. Por esa razón, no fue exiliado a un área de chiíes, cuyos habitantes habrían estado dispuestos a aceptar sus fábulas. A pesar de tales precauciones, un gran número de chiíes se convirtieron en seguidores de Ash Shirazi, y así desarrollaron y ampliaron el círculo de conmoción y desorden.

 DEL CHIISMO AL COMUNISMO

Así como las fábulas y mitos de los chiíes fueron un factor para la aparición y propagación del Babismo y del Bahaísmo en el siglo pasado, podemos ver que ahora son la causa de que muchos jóvenes chiíes educados rechacen el chiismo a favor del comunismo. Ellos se han dado cuenta de que las creencias chiíes son demasiado confusas para ser creíbles, y como resultado las han rechazado por completo. Muchos se sintieron atraídos a diferentes organizaciones comunistas, con sus divulgadores enérgicos, sus libros en varios idiomas y la ejecución eficiente de sus centros.

Si hubieran conocido la religión del Islam en su estado puro original, y hubieran adquirido conocimiento apropiado de ella, habrían estado protegidos de tal destino. En su lugar, nos encontramos con que el comunismo ha prosperado, especialmente en Irán y en las zonas chiíes de Irak. Más comunistas se encuentran en estas comunidades de los que pueden ser hallados en cualquier otra comunidad musulmana.

Esto concluye las circunstancias que he podido presentar a modo de cumplir el pacto que Al‑lah ha tomado de los musulmanes, por el cual nos comprometemos a dar buen consejo y advertir a todos los musulmanes, solo por la causa de Al‑lah.

Al‑lah protege y preserva Su religión, Su nación de creyentes, y nuestra gran identidad y existencia islámicas.


 RESUMEN DE LAS DIFERENCIAS ENTRE LOS SUNITAS Y LOS CHIÍES, EN ASUNTOS DE FE Y DE DOCTRINA

 EL GLORIOSO CORÁN

Sunitas

Hay acuerdo unánime entre ellos con respecto a su autenticidad, y a que su texto ha sido salvaguardado de cualquier adición o supresión. El Corán ha de ser entendido en consonancia con las normas y bases de la lengua árabe. Ellos creen que cada letra en él es la palabra de Al‑lah el Exaltado. El Corán no es temporal ni de nueva creación, sino eterno. La falsedad no se le acerca por delante ni por detrás. Es la fuente principal de todos los principios de fe de los musulmanes, sus rituales y sus normas de conducta.

Chiíes

Para algunos de ellos, la autenticidad del Corán es dudosa, y si parece contradecir algunas de sus creencias o doctrinas sectarias, entonces le dan al texto coránico interpretaciones extrañas y descabelladas, que coinciden con sus puntos de vista sectarios. Por esa razón se les dice Al Mutawilah (los que dan sus propias interpretaciones a los textos revelados).

Les encanta llamar la atención sobre la discordia que se produjo cuando el Corán se compiló por primera vez. Las opiniones y puntos de vista de sus imames son la fuente principal de su jurisprudencia.

 AHADIZ (LAS TRADICIONES PROFÉTICAS)

Sunitas

Para los sunitas, es la segunda fuente de ley revelada, complementaria al Noble Corán. No se permite contradecir ni rechazar las normas y directrices contenidas en aquellos ahadiz (hadices) que se atribuyen confiablemente al Profeta (que Dios le dé bendiciones y paz).

La metodología aplicada para determinar la autenticidad de estas tradiciones, utiliza un conjunto de reglas estrictas acordadas por los eruditos que se han especializado en este campo, e involucra un análisis detallado de la cadena de transmisores de cualquier tradición dada. No se hace distinción entre narradores masculinos y femeninos, se juzga solo con base en la confiabilidad individual y la habilidad técnica para relatar tradiciones, y se registra la historia de todo narrador.

No se acepta tradición alguna de un mentiroso reconocido, o de alguien cuya moral o capacidad intelectual no fuera corroborada, o de cualquier persona solo con base en su relación familiar o su linaje. La compilación de las tradiciones proféticas es tomada como un deber sagrado, cuyo cumplimiento anula todas las demás consideraciones.

Chiíes

Los chiíes rechazan todas las tradiciones proféticas que no se relacionan con algún miembro de Ahlul Bait o sus descendientes. La única excepción a esta regla es su aceptación de unos pocos ahadiz narrados por quienes se aliaron con Ali (que Dios esté complacido con él) en sus guerras políticas.

No se preocupan por la autenticidad ni la fiabilidad de la cadena de narradores, ni se acercan a las tradiciones proféticas con una actitud científica crítica. Sus narraciones aparecen a menudo de forma similar a este ejemplo: “Se reportó respecto a Mujámmad bin Ismail a través de alguno de sus amigos, a través de un hombre que lo transmitió de él [Ali] que dijo...”

Sus libros están llenos de cientos de miles de tradiciones cuya autenticidad no puede ser confirmada.

Han construido su religión específicamente sobre estos textos espurios, mientras rechazan de forma absoluta más de tres cuartos de las tradiciones proféticas auténticas. Esta es una de las principales diferencias entre los chiíes y los sunitas.


 LOS COMPAÑEROS DEL PROFETA

Sunitas

Ellos acuerdan unánimemente que los nobles compañeros merecen todo nuestro respeto, y que son absolutamente confiables.

En cuanto a la discordia que hubo entre ellos, se le considera una consecuencia del ejercicio sincero de la convicción y la opinión personales. La discordia se resolvió y es cosa del pasado.

No nos es permitido, con base en diferencias pasadas entre los compañeros, mantener rencores o animadversión que continúen por generaciones.

Los compañeros son aquellos a quienes Al‑lah ha descrito en la mejor de las formas; Él los ha elogiado en muchas ocasiones.

No es lícito para nadie hacer cualquier acusación en contra de ellos ni lanzar sospechas sobre ellos, y no hay beneficio que derive de ello.

Chiíes

Sostienen que todos los compañeros, excepto unos pocos, apostataron tras la muerte del Profeta (que la paz sea con él).

Por otra parte, le otorgan al compañero Ali bin Abi Talib un estatus muy especial, algunos de ellos lo consideran regente y otros lo ven como profeta, ¡mientras que otros lo toman por divinidad!

Los chiíes juzgan a los musulmanes de acuerdo a su posición con respecto a Ali. Cualquiera que haya sido electo califa antes de Ali es tenido por ellos como tirano, apóstata o pecador.

Juzgan igual a todo gobernante musulmán que no renunció por alguno de los descendientes de Ali y su esposa Fátima (que Al‑lah esté complacido con ambos).

Los chiíes han creado así una atmósfera de animosidad a lo largo de toda la historia del Islam, y el asunto del partidismo de Ahlul Bait se convirtió en una escuela de pensamiento que predica y perpetúa estas enseñanzas perjudiciales a través de generaciones.


 LA CREENCIA EN LA UNICIDAD DE DIOS

Sunitas

Los sunitas creen que Al‑lah es el Uno, el Único Dios, el Subyugador Todopoderoso. No tiene socios ni rivales, y no tiene igual. No hay intermediario entre Él y Sus fieles.

Creen en Sus atributos tal como están revelados en los versículos coránicos, y no oscurecen sus significados obvios con interpretaciones inverosímiles.

No fuerzan ninguna comparación entre los atributos divinos y otras cosas, puesto que Al‑lah dice en Su Libro: “No hay nada semejante a Él.” Creen que Al‑lah envió Profetas y les encargó transmitirle a la humanidad Su Mensaje y Guía. Ellos transmitieron el Mensaje de Al‑lah y no ocultaron ninguna parte del mismo. Creen que el conocimiento de lo invisible pertenece solo a Al‑lah.

La intercesión está confinada solo al Más Allá y nadie puede interceder sino con el permiso de Al‑lah.  Todas las súplicas, los votos, las ofrendas de sacrificios y las solicitudes por necesidades deben ser dirigidos solo a Al‑lah, y no a ningún otro fuera de Él. 

Solo Al‑lah controla el bien y el mal. No hay nadie, vivo o muerto, en Su autoridad ni en Su administración de los asuntos.

Todos los seres dependen de él y necesitan Su favor y misericordia.

El conocimiento de Al‑lah se logra a través del conocimiento de su ley divinamente revelada, y ello tiene precedencia sobre el ejercicio de la razón, que nunca puede guiarlo a uno por sí sola hacia la verdad, aunque puede proporcionar seguridad al creyente y ayudarle a lograr tranquilidad.

Chiíes

Los Chiíes también creen en Al‑lah el Exaltado y en Su Unicidad, excepto que adulteran esta creencia con rituales y observancias politeístas.

Ellos imploran y hacen súplicas a los siervos y fieles de Al‑lah en lugar de hacerlo solo a Él, diciendo “¡Oh, Ali!”, “¡Oh,  Jusain!” y “¡Oh, Fátima!” Del mismo modo, hacen votos y sacrifican animales en nombre de otros además de Al‑lah.

Les piden a los muertos que satisfagan sus necesidades, como lo demuestran sus oraciones y poemas.

Consideran que sus imames son infalibles, que tienen conocimiento de lo invisible, y que participan en la administración del universo.

Fueron los chiíes los que inventaron el “misticismo islámico” para consagrar sus principios desviados y darles así un aire de legitimidad. Afirman que sus “auliya” (santos místicos) están investidos de un poder y una autoridad especiales, así como los “actab” (que consideran se han convertido en los ejes espirituales del universo debido a su estatus elevado) y Ahlul Bait.

Los eruditos y clérigos chiíes impusieron a sus seguidores el concepto de una clase privilegiada hereditaria como asunto religioso privilegiado, a pesar de que esto no tiene base alguna en el Islam. Según ellos, el conocimiento de Al‑lah se logra a través del ejercicio de la razón, no por el conocimiento de la ley divinamente revelada. Lo que llegó a nosotros a través de la revelación en el Corán solo representa una afirmación del juicio de la razón, no es considerado como una fuente independiente y más allá de los límites de la razón.

 VER A AL‑LAH

Sunitas

Los sunitas creen que los creyentes serán bendecidos con la visión de Al‑lah en el Más Allá, como se menciona en el Corán: “Ese día, los rostros de los creyentes estarán resplandecientes mirando hacia su Señor.”

Chiíes

Los chiíes creen que ver a Al‑lah no es posible en este mundo ni en el Más Allá.

 LO INVISIBLE

Sunitas

Al‑lah el Exaltado ha reservado el conocimiento de lo invisible para Sí mismo; sin embargo, le ha revelado a Sus profetas algunos de los asuntos y de las condiciones de lo invisible, por razones particulares. El Corán dice: “Y ellos no abarcan nada del conocimiento de Dios, excepto lo que Él quiere revelarles.”

Chiíes

Afirman que el conocimiento de lo invisible le pertenece solo a sus imames, y no está en manos del Profeta informarnos sobre lo invisible. Algunos chiíes han ido tan lejos como para reclamar divinidad (para estos imames).

 AALUR RASUL (LA FAMILIA DEL MENSAJERO) (Que Dios esté complacido con todos ellos)

Sunitas

Aalur Rasul, según los sunitas, tiene varios significados. La mejor definición de este término es “los seguidores del Profeta Mujámmad en la fe del Islam.”

También se define como “el pueblo piadoso y temeroso de Dios de la úmah del Profeta (la nación de creyentes).” También se dice que el término se refiere a los parientes creyentes de Mujámmad, de las tribus de Hashim y Abdul Mutalib.

Chiíes

Según los chiíes, el término Aalur Rasul solo se refiere a Ali bin Abi Talib, a algunos de sus hijos, y a los descendientes de esos hijos.

Sunitas

En opinión de los sunitas, la sharia (la ley divinamente revelada) es en sí misma la jaquícah (el conocimiento esencial, la realidad).

Sostienen que Mujámmad, el Mensajero de Al‑lah, no ocultó a su nación de creyentes parte alguna de ese conocimiento, contenido en la ley revelada. No hubo cosa buena a lguna hacia la que él no nos guiara, ni cosa mala alguna sobre la cual no nos advirtiera. Al‑lah ha dicho: ‘En este día he completado su religión.’

Por lo tanto, las fuentes de la fe islámica son el Libro de Al‑lah y la Súnah (práctica) del Profeta, y no hay necesidad de agregarles nada.

La relación del creyente con Al‑lah, y el camino hacia el logro de las buenas obras y la adoración, son claros y directos. El único que conoce la condición real de los creyentes es Al‑lah, así que no se deben hacer juicios sobre cuán elogiable o puro es alguien, para no sobrepasar nuestros límites. Las opiniones y puntos de vista de una persona deben ser aceptados o rechazados, excepto aquellos del Profeta de Al‑lah, sobre quien están las bendiciones y la paz de Al‑lah.

Chiíes

Los chiíes ven la sharia como un mero conjunto de normas y directivas establecidas por el Profeta, dirigidas solo a la gente común y superficial.

En cuanto a la jaquícah, nadie la conoce sino solo los imames de Ahlul Bait. Estos imames adquirieron las ciencias de la jaquícah a través de la herencia, generación tras generación. Sigue siendo un poder secreto entre ellos.

Por otra parte, los chiíes consideran infalibles a sus imames; se supone que sus seguidores deben apegarse a su obra y su práctica.

Ellos creen que uno solo puede comunicarse con Dios a través de intermediarios, y es por esa razón que sus líderes religiosos tienen una opinión tan exagerada de sí mismos, lo que se evidencia en los títulos exagerados que toman para sí, como por ejemplo Babul‑lah (la puerta hacia Al‑lah), Waliyul‑lah (el amigo de Al‑lah), Huyatul‑lah, (la prueba de Al‑lah), Ayatul‑lah (la señal de Al‑lah), Al Masum (el infalible), etc.


 EL SIGNIFICADO DE SHARIA Y JAQUÍCAH

 JURISPRUDENCIA ISLÁMICA

Sunitas

Ajlus Súnah se apega estrictamente a las normas y directivas legales del Noble Corán, según están aclaradas por los dichos y las prácticas del Mensajero.

También dependen de los dichos de los compañeros y de la generación de eruditos confiables que los sucedieron. Ellos fueron los más cercanos a la época del Profeta y los más sinceros en apoyar su misión, a través de pruebas que tuvieron que soportar en el transcurso del establecimiento del Islam.

Ya que la religión ha sido completada, nadie tiene derecho a formular nueva legislación o directivas; sin embargo, a fin de entender apropiadamente los detalles de la ley revelada y de aplicarla de acuerdo a las nuevas situaciones y circunstancias, teniendo en cuenta el bienestar general de la gente, hay que referirse a los eruditos musulmanes calificados, que deben trabajar exclusivamente dentro de los límites establecidos por el Libro de Al lah y por la Súnah del Profeta (que Al lah lo bendiga y le dé paz).

Chiíes

Dependen únicamente de las fuentes exclusivas que reclaman para sus imames: sus interpretaciones inverosímiles del Corán, y su actitud contraria que los pone en conflicto con la mayoría de los pueblos musulmanes.

Los chiíes consideran a sus imames infalibles y con el derecho de crear nuevas normas y directivas, en contravención de la ley revelada.

Por ejemplo, han alterado:

·         El llamado a la oración y las horas y posturas de las oraciones.

·         Los rituales del Jayy (peregrinación) y la visita a los lugares sagrados.

·         Los tiempos indicados para iniciar y romper el ayuno.

·         Las normas respecto del zakat (caridad obligatoria) y su distribución.

·         Las leyes de la herencia.

·         Los chiíes son muy particulares para tomar posiciones en oposición a Ajlus Súnah, ampliando así la brecha entre ellos y nosotros.


 AL WALÁ (OBEDIENCIA Y DEVOCIÓN)

Sunitas

Al walá significa “adherencia, obediencia y devoción totales.” Los sunitas creen que solo es debida al Mensajero de Al lah, pues dice Al lah en Su Libro: “Quien obedece al Mensajero obedece a Al lah.” Ninguna otra persona merece nuestra adhesión estricta ni nuestra obediencia y devoción.

Nuestras responsabilidades para con los demás están definidas en principios legales conocidos, y no hay obediencia debida a ningún ser humano si ello implica desobedecer al Creador.

Chiíes

Ellos ven al walá como uno de los pilares del imáan. La definen como la firme creencia en los Doce Imames (incluyendo al imam “oculto”). Consideran que aquel que no tiene devoción estricta por Aalul Bait no tiene fe. Ellos no rezan detrás de esa persona, ni le dan el zakat aunque lo merezca. Tratan a esa persona como kafir.


 TAQUIYA (ENGAÑO CALCULADO)

Sunitas

Se define como la presentación de un aspecto exterior que contrasta con lo que uno oculta en el interior, para protegerse de cualquier daño. Se considera inadmisible que un musulmán engañe a otros musulmanes, debido al dicho del Profeta: “Quien engaña no es de los nuestros.”

Recurrir a la taquiya solo está permitido en una situación: durante una guerra contra los incrédulos que son enemigos del Islam. Forma parte de la etiqueta de la guerra. Corresponde al musulmán ser veraz y valiente en la defensa de la verdad, y no ser ostentoso, falso ni traicionero. Debe dar consejo sincero, ordenar lo que es bueno y prohibir lo que es malo.

Chiíes

A pesar de las diferencias entre las diversas sectas chiíes, todas concuerdan en que la taquiya es un deber prescrito y un pilar de su fe. Sus escuelas de pensamiento no podrían subsistir sin ella.

Aprenden sus principios y métodos y la ponen en práctica, sobre todo si se encuentran en circunstancias extremas.

Alaban y halagan exageradamente a quienes consideran incrédulos y a quienes consideran que son merecedores de masacre y destrucción.

Dan el veredicto de kufr a todo aquel que no sea de su escuela, y para ellos “el fin justifica los medios.” Su ética permite toda clase de mentiras, astucias y engaños.

 GOBERNAR EL ESTADO ISLÁMICO

Sunitas

El estado es gobernado por un califa elegido para esta posición de entre el pueblo musulmán. Para ser líder, un hombre debe estar sano, bien guiado y tener conocimiento. Debe ser conocido por su piedad y honradez, y debe ser capaz de lidiar con tal responsabilidad.

Los musulmanes dotados de conocimiento y experiencia, nominan al califa para su posición de liderazgo. Si no se mantiene firme en su deber y se desvía de las directrices del Corán, ellos pueden removerlo de su posición y despojarlo de toda autoridad. De lo contrario, merece la obediencia y la cooperación de todos los musulmanes. El papel del califato es, para los sunitas, una gran carga y responsabilidad, no un mero honor ni una oportunidad para la explotación.

Chiíes

Hablando de modo general, el derecho a gobernar según los chiíes es hereditario, y restringido a Ali, y a sus descendientes a través de Fátima (la hija del Profeta). Sin embargo, existen diferencias entre ellos con respecto al asunto de a quién pertenece el derecho hereditario.

Debido a este punto de vista, los chiíes nunca son leales a ningún gobernante a menos que sea uno de los descendientes de Ali bin Abi Talib. Cuando la práctica del liderazgo hereditario recae en los descendientes de Ali y Fátima ya no podía mantenerse debido a que la línea había llegado a su fin, los chiíes inventaron la doctrina de Ar Rayah, según la cual el último Imam no está muerto sino “oculto”.

Se espera que él se levante y regrese al final de los tiempos, cuando masacrará a todos sus opositores políticos y a los de sus ancestros, y restaurará a los chiíes sus derechos, que fueron “saqueados” por las demás sectas a lo largo de los siglos.

  



[1] El Chiismo está dividido en una gran cantidad de sectas (algunos autores reportan más de 70), de las cuales, los imamitas (el chiismo duodecimano, la religión oficial de Irán) son la secta mayoritaria, a la que pertenece más del 80% de los chiís. [Nota del traductor].

[2] Relatado por Abu Dawud y otros con una cadena auténtica de narradores.

[3] La invocación es llamada Duá sanamai kuraish, la invocación en contra de los dos ídolos de los kuraish, que para los chiís significa los dos califas del Mensajero de Al‑lah, Abu Báker y Úmar.

[4] Jomeini, Al Hukumat ul lslamiyah, pp. 52-53.

[5] Lo que Jomeini quiere decir aquí, es que él no solo afirma y cree todo lo que está en el libro chií Al Kafi, sino que también ve como obligatorio apegarse a él y poner en efecto sus normas y directivas en el estado chií.

[6] Ambos términos, ‘Ajlus Súnah’ (sunis) y ‘Chía’ (chiís) deben ser definidos en este punto. Ajlus Súnah significa literalmente “la gente del camino o ruta establecidos.” Se refiere a los musulmanes que siguen la Súnah (camino) de Mujámmad, el mensajero de Al‑lah, según el entendimiento de los compañeros. El término Chía proviene de la frase Chiatul Ali (adherentes a o compañía de Ali), por la que es conocida esta secta, debido a su apego a la idea de la preminencia de Ali ibnu Abi Talib y sus descendientes.

[7] La referencia que hace el autor de la Universidad Al Azhar diciendo que se encuentra en la etapa inicial de su “misión” necesita aclaración, ya que este tratado fue escrito hace más de treinta años. Desde entonces, Al Azhar ha incorporado el estudio de la escuela chií duodecimana como requisito dentro de su currículo en Estudios Islámicos. Esto, junto con su llamamiento a la reconciliación de las diversas sectas y escuelas del pensamiento, podría crear la impresión de aceptación de las sectas desviadas como la de los imamitas (chiíes duodecimanos) y la de los ismaelíes (chiíes septimanos). De hecho, la única razón legítima de estudiar tales sectas y movimientos es la esperanza de que dicho estudio saque a la luz sus verdaderas naturalezas, y que consecuentemente, sus doctrinas falsas y su ideología perversa puedan ser refutadas a través de las fuentes auténticas del Islam, el Sagrado Corán, la Súnah auténtica y el ejemplo de los compañeros del Profeta (que Dios le dé bendiciones y paz).

[8] Este tipo de “favoritismo” se ha repetido en diferentes épocas. Fue debido al envío de propagandistas declarando los nobles objetivos de la reconciliación, que Irak pasó de ser un país sunita con una minoría chií, a ser un estado predominantemente chií.

[9] “Walí” tiene múltiples significados, siendo el relevante en este contexto: “el amigo y socio más cercano” y “aquel a quien se le ha conferido autoridad legal para gobernar; regente.” La persona a la que hace alusión el pasaje citado es obviamente Ali (que Al‑lah esté complacido con él), primo del Profeta y cuarto califa. Al inventar este versículo, los chiíes intentan darle crédito a su opinión perversa de que el único califa legal fue Ali y que el derecho al califato le pertenece a Ahlul Bait (los miembros de la familia del Profeta) únicamente. Ellos tratan de hacer esto afirmando que la revelación divina es la fuente de su creencia, por lo que les resultaba conveniente crear un versículo coránico, a fin de apoyar su falsa posición.

[10] Noeldeke, Historia de las copias del Corán, Vol. 2, p. 102.

[11] Expresión de sorpresa e incredulidad. [Nota del traductor].

[12] Zanadik es el plural de zindik, una palabra persa que significa hereje, o alguien que se ha desviado de la verdad. También se aplica a incrédulos, ateos o librepensadores. (Cf., Lisanul-Arab Vol. 10. p. 147).

[13] El significado de esta declaración, supuestamente hecha por Ali durante una discusión con un zindik anónimo, es oscuro, por decir lo menos. Por el contexto se puede asumir que hubo una discusión entre ellos, al haber sido atacado Ali en rechazo de su supuesta insistencia en que él tenía el tercio perdido del Corán, que según con la creencia chií fue borrado por los compañeros del Profeta. Se trata de una mezcolanza de los chiíes falsamente atribuida a Ali (que Al‑lah esté complacido con él), con el fin de reforzar su intento de probar que el Corán ha sido alterado. En cuanto al versículo citado como prueba de la supresión hecha al Corán, hay un acuerdo unánime entre los comentaristas sunitas del Corán de que, después de un análisis cuidadoso de la estructura del versículo y de su contexto, puede ser parafraseado así: “Si alguno de ustedes tiene una niña huérfana bajo su tutela y teme que no pueda hacerle justicia dándole una dote adecuada si fuera a casarse con ella, entonces que se case con otra mujer de su elección.” Para más detalles, véase Ibn Kazir Tafsirul Corán al Adim. Vol. 1, p. 449.

[14] Por los ‘hipócritas’, Abu Mansur At Tabarsi se refiere a los compañeros del Mensajero de Dios (que Dios le dé bendiciones y paz), porque fueron ellos quienes compilaron el Corán, la versión uzmaní que fue respetada y aplicada por Ali durante el período de su califato. Si la declaración atribuida a Ali en el libro de At Tabarsi realmente proviniera de él, habría sido una gran traición de su parte contra el Islam el poseer y ocultar una parte faltante del Corán y no hacerla pública, ni aplicar sus principios, ni distribuirla entre sus súbditos durante el período de su califato. Es evidente que At Tabarsi ha insultado y difamado a Ali, ya que lo que ha escrito en realidad implica engaño y traición de parte de Ali.

[15] Muhammad Mahdi Al Asfahani Al-Kaathini, Ahsanul Wadíah, Vol 2, p. 90.

[16] Al Kulaini, Al Kafi, 1278 d. H., p. 54.

[17] Al Azhar Magazine, 1372 d. H., p. 307.

[18] Al Kulaini, Al Kafi, 1278 d. H., p. 75.

[19] Al Hazarn, Al Fisal fil Milal wan Nihal, Vol. 2, p. 78 y Vol. 4, p. 182.

[20] Yibt significa un ídolo o un brujo, o alguien que afirma ver el futuro. Tagut es el nombre aplicado a cualquier objeto o persona adorado aparte del único Dios, Al‑lah.

[21] Al Mamcani, Tanquihul Macal fi Ahwalir Riyal, 1352 d. H., Vol. 1, p207.

[22] El día de Ashura es el décimo día de mes de Mujárram del calendario lunar musulmán, y tiene gran significado para los chiíes. Es la culminación de largos días de duelo amargo y de cruel dolor autoinfligido que observan cada año en conmemoración de la muerte del Imam Jusain, el nieto del Profeta (que Dios le dé bendiciones y paz), que fue martirizado en Karbala en Irak.

[23] Uno naturalmente se pregunta aquí por qué su abuelo Ali bin Abi Talib no hizo eso precisamente durante el período de su mandato. ¿Es el descendiente de doceava generación más sincero que Ali en su servicio del Corán y del Islam?

[24] Baiatur Riduán es el juramento de lealtad y apoyo hecho por los compañeros del Profeta, con el cual Al‑lah estaba complacido, como está claramente indicado en el versículo revelado al respecto. El juramento fue hecho al Profeta por un grupo de aproximadamente mil cuatrocientos compañeros (entre ellos Abu Báker y Úmar) que habían enfilado con él hacia la ciudad sagrada de La Meca, desarmados, con la intención de realizar los rituales del peregrinaje menor a la casa sagrada de Dios, la Kaabah, en el año sexto de la Hégira (la emigración del Profeta y sus compañeros de La Meca hacia Medina). Cuando llegaron a Hudaibia, un pueblito cerca de La Meca, la tribu de kuraish les prohibió la entrada a la ciudad y se difundió la noticia de que había sido asesinado el emisario que el sagrado Profeta les había enviado. Ante esto, el Profeta (que Dios le dé bendiciones y paz) tomó el juramento de lealtad a su causa y a la defensa del Islam contra los incrédulos en caso de tener que recurrir a la guerra. Véase Tarijur Rasul wal Muluk, de at Tabari, Vol. 4, pp. 72-81.

[25] Corán 48:18.

[26] Al Jalisi razonó de algún modo que al utilizar la palabra “creyentes” en este versículo, Dios está dando a entender que algunos de quienes juraron lealtad no eran creyentes. Al Jalisi concluye entonces que los sunitas se equivocan al utilizar este versículo para probar que todos los que hicieron el juramento eran creyentes, y que Dios estaba complacido con ellos. De hecho, la única forma en que la interpretación de Al Jalisi sería creíble es si el texto dijera: “...Dios quedó complacido con los creyentes de entre aquellos que te juraron fidelidad...”

[27] Al Kulaini, Al Kafi.

[28] Ídem.

[29] Ibíd.

[30] Ibíd.

[31] Ibíd.

[32] Ibíd.

[33] Ibíd.

[34] Ibíd.

[35] Ibíd.

[36] La secta mutazila introdujo el dogmatismo especulativo en el Islam.

[37] El concepto de la nación musulmana separándose en setenta y tres sectas se toma de tradiciones auténticas como la siguiente, relatada por Abu Huraira (que Al‑lah esté complacido con él): “El Mensajero de Al‑lah dijo: ‘Los judíos se separarán en setenta y un sectas, y los cristianos en setenta y dos, y mi nación se dividirá en setenta y tres sectas’.” Esto fue registrado en las compilaciones de Abu Dawud, At Tirmidi, Ibn Máyah y otros, con una cadena auténtica de transmisores. También se narró, en las compilaciones de Abu Dawud, Ad Darimi, Áhmad y otros, la afirmación: “Setenta y dos [de las setenta y tres sectas de la nación musulmana] irán al infierno, y solo una irá al paraíso; esta es la Yamah [es decir, Ajlus Súnah wal Yamah].” Y en otra narración, la declaración final es: “Todas estas [sectas] estarán en el fuego excepto una, y esa es la Yamah.” Finalmente, hay otra narración que afirma: “Los compañeros preguntaron: ‘¿Cuál secta triunfará? [es decir, logrará la salvación]?’ El Profeta contestó: ‘La secta que se apegue a lo que [es el conjunto de creencias y prácticas al que] mis compañeros y yo nos apegamos’.” Debe quedar claro a partir de estas tradiciones, que la única secta de entre las setenta y tres que ganará la salvación, es Ajlus Súnah, el único segmento de la comunidad musulmana que se apega estrictamente a lo que el Sagrado Profeta y sus nobles compañeros se apegaron.

[38] El nombre “rawáfid” (rafiditas, rafida) se aplica en general a todas las diferentes sectas del chiismo, la primera de las cuales apareció durante la época de Ali. Entre ellos están los As Sabaiah que le dijeron a Ali que él era Dios, por lo que él los sentenció a muerte. Otros les siguieron, entre ellos los zaidíes, los imamitas, y los kisaniah. Estas sectas difieren mucho unas de otras y a menudo encontramos que unas niegan el imáan de las otras. El término rawáfid significa literalmente “los que rechazan”, y fue utilizado por primera vez cuando los seguidores de Zaid hijo de Ali Zain ul Abidín, el hijo de Al Husain hijo de Ali bin Abi Talib, le exigieron que renegara de los califas Abu Báker y Úmar. Al escuchar su demanda, Zaid les dijo: “Ambos fueron ministros de mi abuelo [el primo del Profeta Mujámmad], por lo tanto, no voy a renegar de ellos.” Al escuchar esto, los seguidores de Zaid lo rechazaron y se separaron de él, de ahí el nombre rawáfid (que rechazan). Más tarde vino a denotar a todos los chiíes, que se decían partidarios de la familia del Profeta Mujámmad (que Dios le dé bendiciones y paz).

[39] Las dos shahadas son los dos testimonios de fe, que son: “Atestiguo que no hay divinidad merecedora de adoración sino solo Al‑lah, y atestiguo que Mujámmad es el Mensajero de Al‑lah.”

[40] Zakat es la caridad obligatoria evaluada sobre la riqueza acumulada anualmente, y se distribuye entre los pobres.

[41] Los Nusairís (conocidos también como alauitas) son una secta chií que tiene una devoción particularmente fanática por Ali (que Dios esté complacido con él). Ellos sostienen que Dios se aparece en la forma de ciertas personas en la Tierra, y que ya que no hubo personas mejores después del Profeta de Dios que Ali y sus hijos, Dios se manifestó Él mismo en ellos y habló con sus lenguas.

[42] Abdul Cahir Al Bagdadí expone la posición sunita en Al Farcu bainal Firak: “Están unánimemente de acuerdo en que el veredicto de incrédulo debe aplicarse a toda persona que ha llamado kafir a cualquiera de los diez compañeros a quienes el Profeta (que Dios le dé bendiciones y paz) testificó que estarían entre los habitantes del paraíso.” También dijo que es wayib (obligatorio) dar veredicto de kufr (incredulidad herética) en el caso de todo aquel que considere incrédulo a cualquiera de los compañeros.

[43] Corán 48:29.

[44] Corán 57:10.

[45] Corán 3:110.

[46] Corán 43:86.

[47] Ibn Kazir, Al Bidayah wan Nihayah, Vol. 8. p. 233.

[48] Los compañeros de Mujámmad son considerados lo mejor de la creación después de los profetas y de los mensajeros de Dios.

[49] Es una tradición chií que “la Taquiya es mi fe y la fe de mis antepasados.” También dicen que quien no practica la taquiya no tiene fe. Además, se menciona en Al Islamu Sabiolus saadah was salam: “Si una persona espera un daño a sí misma o a su patrimonio en el orden público en general, le corresponde abandonar la orden de ordenar el bien y prohibir el mal. Esta norma es una de las particularidades específicas de los chiíes, y se le denomina at taquiya.” Es evidente que si esto se siguiera al pie de la letra, incluso la Yihad (la lucha sagrada por la causa de Dios) podría ser abandonada, y esto iría sin duda en contravía de la orden de Dios el Exaltado.