El Origen del Corán

Un estudio crítico de las teorías sobre la autoría del Corán

En el Nombre de Allah, El Clemente, El Misericordioso

Alabado sea Allah, Señor del universo, no hay más dios que Él, el Más Misericordioso. Creó al hombre de arcilla, y le dotó de la inteligencia para que pueda transitar por el sendero recto y distinguir entre el bien y el mal. Que La Paz y Bendiciones de Allah sean con Muhámmad, Su siervo y mensajero; cumplió su misión e hizo llegar El Mensaje, y sean con toda su familia, compañeros y seguidores hasta el Día del Juicio Final. Amén.

Desde que el profeta Muhámmad se presentó ante sus compatriotas recitando el Corán con el mensaje de la Unicidad de Dios (Allah)[1] hace catorce siglos, se han levantado miles de personas en contra de este mensaje; unos usando la fuerza y otros tratando de apoyar su rechazo con argumentos científicos. Es de estos últimos que trata este magnífico libro, conciso, revelador y abrumador en sus conclusiones.

El autor analiza, una por una, todas las diferentes teorías que han sido sugeridas en torno al tema del origen del Corán, con la sinceridad y objetividad que deberían caracterizar a todo aquel que quiere llegar a la verdad. El Sr. Njozi presenta ante el lector catorce siglos de teorías y explicaciones sobre el origen de este libro que cambió el curso de la historia universal.

Y es que la gravedad e importancia del contenido del Corán, no amerita menos que una concienzuda investigación sobre su origen. Muchas personas alegaron haberlo hecho y recibieron grandes lauros entre su gente por las teorías que resultaron de su trabajo. Armados de esa maquinaria que llamamos ciencia, escudriñaron la vida y obra de Muhámmad hasta los más ínfimos detalles, para luego presentar alguna teoría que con el pasar del tiempo se convirtió, en la mayoría de los casos, en una excusa para rechazar al Corán y, claro está, al Islam.

Dentro de la serie de libros traducidos y editados en castellano por el Centro Islámico Boliviano para la divulgación del Islam, destaca este libro dirigido a un selecto grupo de lectores, aquéllos que recibieron el don del conocimiento y del estudio, que capacita al ser humano para distinguir lo correcto de lo errado, y que tal vez ayude a quitar ese prejuicio, muy común en nuestro medio, de que el Islam está en contra del desarrollo y la ciencia, y que, al igual que otras religiones, saldría perdiendo ante los argumentos científicos. Nada más lejos de la verdad; pero dejemos que el lector lo juzgue por sí mismo.

Hay algunas consideraciones necesarias al empezar a leer este libro:

·         Se hace casi imprescindible tener a la mano una traducción del significado del Corán, para constatar la veracidad de los diferentes argumentos del autor. Tal vez sea esta una oportunidad para que conozcamos el Corán y nos formemos una opinión sobre él, basada en nuestra propia experiencia, y no en lo que otros nos puedan contar.

·         Debe considerarse, en las citas bíblicas, las diferencias que existen entre una versión y otra de La Biblia, pues ésta fue revelada originalmente en lenguas semitas y no contamos con los originales. En el caso del Corán, el original es único y universal, sin embargo, a veces las diferencias se hacen grandes entre las distintas traducciones y debemos esforzarnos para llegar a la más aproximada, así como a la mejor comprensión de la palabra divina. Pero el fin de conocer la verdad sobre nosotros y nuestro mundo justifica todo esfuerzo.

·         La traducción coránica que usamos es la del Filólogo Abdelghani Melara Navio (Editorial Kutubia, Granada), aunque ocasionalmente preferimos otras, como la de Maurice Bucaille.

·         Sería de gran ayuda disponer de alguna biografía de Muhámmad, como apoyo para comprender las circunstancias de la revelación del Corán y el ambiente que rodeaba a los personajes. De igual forma, sería necesario que la biografía no sea de autores que tendrían algún interés en desprestigiar a Muhámmad y a su mensaje.

·         Debemos ponernos al nivel del tema y tratar, dejando los prejuicios de lado, de llegar a una conclusión imparcial y justa ante los argumentos presentados en este libro.

Esperamos que este ejemplar sea de utilidad para musulmanes y no musulmanes en busca de la verdad, y Dios es la verdad. Por cierto que Allah no deja sin recompensa el esfuerzo de los que obran.

Agradecemos a todos los que colaboraron en la traducción y edición de este libro, en nombre del traductor y toda la directiva del Centro Islámico Boliviano... muchas gracias y que Dios les recompense por sus obras de bien. Amén.

Lic. Isa Amer Quevedo

Jefe del Departamento de Traducciones del Centro Islámico Boliviano

Santa Cruz de la Sierra, Junio de 1997

Lic. Muhámmad isa García

Departamento español de www.islamhouse.com

Warrenton, EEUU, Febrero de 2008


 INTRODUCCIÓN

 ¿Quién es el autor del Corán?

Sobre este tema se contradicen flagrantemente los estudiosos. Este trabajo trata de hacer una revisión crítica sobre las principales teorías que abordan la autoría del Corán; usando para ello argumentos lógicos, evidencia histórica, análisis textuales y datos científicos.

Probablemente el único punto de consenso acerca del Corán, es que éste fue recitado por primera vez por un hombre con el nombre de Muhámmad, nacido en La Meca, una ciudad de Arabia, en el siglo séptimo después de Cristo.

En cuanto a las fuentes del Corán, los eruditos están divididos en tres grupos principales:

 Aquellos que creen que Muhámmad fue el autor del Corán.

1.       Aquellos que creen que Muhámmad no fue el autor sino que le fue “inculcado” por alguien más o por varios otros autores.

 Aquellos que creen que el Corán no tiene autor humano sino que es una revelación, palabra por palabra, de Dios.


 CAPÍTULO I

 MUHAMMAD COMO AUTOR

Comenzaremos examinando los argumentos de los estudiosos que consideran a Muhámmad el autor del Corán. Para apreciar su posición es importante tener en cuenta lo que este libro tiene que decir acerca de su origen; el Corán declara contundentemente:

 “Éste es el Corán Sagrado...Y ciertamente es una revelación procedente del Señor del universo[2]”.

Una afirmación similar aparece en muchos otros lugares[3]. Más aún, su forma de dirigirse al oyente da la impresión de que emana del Creador hacia la criatura. Todos los capítulos, excepto el número nueve, comienzan con las siguientes palabras:

En el nombre de Dios, El Clemente, El Misericordioso.

El discurso es en primera persona; y en numerosos puntos Dios manda a Muhámmad dirigirse a la gente, diciendo: ‘Dí’ (¨Qul¨ en árabe); de hecho, esta orden aparece más de 332 veces en el Corán[4]. Otros imperativos como: “Proclama”, “Recita”, “Glorifica a tu Señor”, “Póstrate”, han sido también usados[5] en este libro. Aunque ya es una negación de cualquier autoría humana afirmar que es una revelación divina, el Corán también hace la declaración categórica que ningún ser humano o genio pudo haberlo producido[6]:

 “Diles: Si los hombres y los genios se unieran para hacer un Corán similar, no podrían lograrlo aunque se ayudaran mutuamente”.

Además de esta afirmación de la revelación divina, más la enfática negación de un origen humano, el Corán mismo proporciona el método que serviría para probar su falsedad y refutarlo[7]:

“Si dudáis de lo que le hemos revelado a Nuestro siervo [Muhámmad] traed una sura similar, y recurrid para ello a quienes tomáis por socorredores en lugar de Allah, si es que decís la verdad. Si no lo hacéis, y por cierto que no podréis hacerlo, guardaos del fuego que ha sido preparado para los infieles y cuyo combustible serán hombres y piedras”. Y en respuesta a la acusación acerca de que Muhámmad era el autor del Corán, se le mandó decir[8] al Mensajero:

“Diles [¡Oh, Muhámmad!]: No me es permitido modificarlo, sólo sigo lo que me ha sido revelado. Por cierto que temo que si desobedezco a mi Señor me azote el castigo de un día terrible”.

También se les dice a los que criticaban a Muhámmad, que reflexionasen sobre el hecho de que él había vivido entre ellos por 40 años, sin haber mostrado ninguna señal de grandes conocimientos, ni siquiera alguna inclinación por la poesía. Él era de hecho analfabeto, entonces ¿cómo podrían explicar que ahora él recitaba el Corán, que es incomparable en sublimidad? El mismo Corán dirigiéndose a Muhámmad dice[9]:

“Y tú no sabías leer ningún tipo de escritura, antes de que te fuera revelado [el Corán], ni tampoco trascribirla con tu diestra; porque de haber sido así hubieran podido sembrar dudas [acerca de ti] los que inventan mentiras”.

Aparte de estas citas, Muhámmad declaró en muchas ocasiones que él no era el autor del Corán[10] y a pesar de esto, cierto número de eruditos está convencido de que él lo hizo, implicando con ello que Muhámmad mintió deliberadamente cuando atribuyó el Corán a Dios. Estos eruditos han atribuido diferentes motivos para este aparente engaño:

Charles Hamilton, traductor de “La Hidaya: Un comentario sobre leyes islámicas” dice en el prefacio de su traducción:

“¿Quién fue el autor de esta extraordinaria combinación de declamación y preceptos? Esto deberá mantenerse siempre como una incertidumbre. Sobre este punto hubo mucha controversia, incluso desde los tiempos de los primeros oponentes de Muhámmad y su misión; a pesar de esto, el hecho de que él fue el principal autor está fuera de duda, aunque es probable que haya recibido mucha asistencia de otros en su composición[11]”.

Hamilton acaba diciendo que Muhámmad era un impostor; pero no indica ningún motivo en su teoría. La misma posición es adoptada por Richard Bell, quien escribe en el prefacio de su traducción “El Corán traducido con un reordenamiento crítico de las suras”, que Muhámmad mismo escribió el Corán[12].

Por su parte, en su libro “Weber y el Islam: Un estudio crítico”, Bryan S. Turner dice que Max Weber consideraba a Muhámmad como un oportunista y que sus seguidores estaban motivados solamente por las perspectivas de botín y ganancias económicas[13]. Según Weber, Muhámmad se habría dado cuenta que apelar a la piedad y la rectitud moral no lo ayudaba a alcanzar sus ambiciones de poder político, gloria y ganancias económicas; por lo tanto movilizó guerreros para conseguir su objetivo.

Weber va más lejos aún al decir que el Profeta “más y más claramente” se daba cuenta que su posición dependía de la exitosa movilización de tropas, a quienes Weber identificó como los transportadores de la nueva religión.

Hay varias ideas que resaltan del argumento de Weber: Habiendo fallado Muhámmad en afianzarse dentro de La Meca, de las piadosas reuniones secretas pasó a apelar a los guerreros (los creyentes). Su mensaje monoteísta fue moldeado incisivamente, en términos de dinamismo militar, hacia una casta de guerreros y la doctrina social fue orientada casi totalmente a la meta de preparar psicológicamente a los creyentes para la batalla, a fin de mantener el mayor número de fieles disponibles en nombre de la fe. Tales guerreros no estarían motivados por pura devoción al carisma del Profeta sino por las perspectivas de tierra y poder. Por lo tanto, la guerra religiosa en el Islam sería simplemente una empresa dirigida hacia la adquisición de extensos territorios, pues estaría orientada al interés feudal por la tierra[14].

Kenneth Cragg en “El llamado del Minarete”, argumenta que el texto coránico estaría probablemente basado en tradiciones orales, pero que Muhámmad lo atribuyó a Dios porque quería salvar a su gente de la insensatez criminal de la idolatría. El Corán, según Cragg, es una expresión de la profunda observación de Muhámmad sobre el mundo que le rodeaba:

“Tal fue el origen y el significado de la llamada de Muhámmad, desarrollada en un ambiente “tosco” donde las conclusiones de una concienzuda observación de la escena contemporánea, se articularon en una llamada personal a la prédica y la amonestación en la ciudad[15]”.

Por su parte, Arthur J. Arberry en su prefacio de “El Corán interpretado”, sostiene una opinión parecida:

“La evidencia más bien nos muestra, que en todo lo que hizo y escribió Muhámmad actuó por un deseo sincero de liberar a sus compatriotas de la estupidez de sus degradantes idolatrías, que estaba urgido por un intenso deseo de proclamar la gran verdad de la unicidad de la Deidad, la cual, había tomado total posesión de su propia alma, que el fin a ser alcanzado justificaba, en su mente, los medios que adoptó en la creación de sus suras, que el se sugestionó a sí mismo hasta alcanzar la creencia de que había recibido una llamada divina; que por fuerza de las circunstancias, por su éxito gradualmente alcanzado llegó a creerse el acreditado mensajero del cielo[16]”.

Según M.M. Mulokozi fue el bien arraigado deseo de liberar a su tierra natal, Arabia, de la dominación imperialista, lo que llevó a Muhámmad a adoptar la profecía como medio para unificar a su gente con el fin de combatir a los opresores:

“Políticamente, el Islam emergió de una situación colonial y de opresión. El movimiento islámico fue hasta cierto punto, un intento de parte de los árabes de liberarse de la opresión de esos tres poderes imperialistas. El rol del Islam sería, según lo dicho, el de fomentar un espíritu de nacionalismo entre los árabes y conducirlos a luchar contra sus opresores. El medio empleado para conseguir aquella unidad fue el de la profecía, un tema muy adecuado para las extensamente vigentes experiencias de siglos de antigüedad entre la gente del Medio Oriente[17]”.

La “Nueva Enciclopedia Católica¨ también sugiere que la llamada profética de Muhámmad, fue tan sólo un medio para la unificación:

“Alrededor de los cuarenta años recibió su “llamada profética” para unir a los árabes bajo el monoteísmo[18]”.

Resumiendo, la atribución de una fuente divina al Corán por parte de Muhámmad, habría sido motivada, según estos autores, por el beneficio económico, la búsqueda de poder, la reforma moral o la liberación política de su gente. Sin embargo, las mencionadas teorías presentan numerosos problemas en sus propias justificaciones; empezaremos con la teoría del beneficio personal.


 CAPÍTULO II

 EL BENEFICIO MATERIAL COMO MOTIVO

Por más argumentos que se usen, la forma más fácil no es siempre la mejor. Muchos dirán: “Tal vez Muhámmad estaba tras el premio mayor; por eso atribuyó el Corán a Dios para poder enriquecerse aún más”. Esta hipótesis va en contra de toda verdad histórica. La situación económica de Muhámmad era mejor antes de la profecía que después de ésta. A sus 25 años (15 años antes de proclamar su profecía) se casó con Jadiya, quien era una rica comerciante. En cambio, después de la profecía, su nivel de vida y su posición financiera no eran nada envidiables.

En una compilación de hadices (dichos y hechos de Muhámmad) realizada por Alnawawí, una de las esposas de Muhámmad, Aisha, relata que a veces pasaban uno o dos meses sin que se encendiera fuego en su casa porque no tenían nada que cocinar. Sobrevivieron sólo con dátiles y agua. Algunas veces, esta dieta era complementada con leche de cabra que proveía la gente de Medina[19]. Martin Lings dice en su libro “Muhámmad: Su vida basada en las fuentes más antiguas”:

“El Profeta y su familia vivieron una vida en la más extrema sobriedad. Aisha dijo que antes de la conquista de Jaibar, ella no conocía lo que era comer hasta llenarse de dátiles. Tal era la pobreza de sus siempre en aumento dependientes, que las esposas del Profeta sólo le pedían lo necesario, y a veces ni eso[20]”.

Esto no fue sólo un sacrificio temporal, sino que era su forma de vida y ocurrió en una época en que Muhámmad podía vivir como rey, si así lo deseara. De hecho, hubo un tipo de protesta de parte de sus esposas porque debían seguir viviendo en pobres condiciones cuando lo podían hacer lujosamente[21]. Muhámmad se vio perturbado por este descontento, entonces una revelación vino ordenándole decir a sus esposas que eligieran a Dios y a Su mensajero, o que escogieran el brillo pasajero de este mundo:

“¡Oh, Profeta! Dile a tus mujeres: Si preferís la vida mundanal y sus placeres transitorios, venid que os dejaré en libertad [divorciándoos] de buena forma. Pero si preferís a Allah y a Su Mensajero, y la morada que os aguarda en la otra vida, ciertamente, Allah tiene una magnífica recompensa para quienes de ellas obren el bien.[22]”.

Dice Omar bin Al-jattab al describir la habitación de Muhámmad:

“Noté que todo cuanto tenía en su cuarto eran tan sólo tres piezas de cuero curtido y en una esquina un puñado de cebada en el suelo. Miré alrededor pero no pude encontrar nada más y comencé a sollozar; él (Muhámmad) dijo ¿Por qué estás sollozando? Yo respondí: ¡Oh Profeta de Allah! ¿Por qué no debería sollozar? Puedo ver las marcas que deja la estera (debido a su dureza) en tu cuerpo y también contemplo todo lo que posees en este cuarto; ¡Oh Profeta de Allah! Ruega para que Allah nos dé amplias provisiones. ¡Los persas y los romanos que no tienen fe verdadera y que no adoran a Allah sino a sus reyes - El César y Cosroes - quienes viven en (palacios con) jardines atravesados por arroyos, pero el Profeta escogido y reconocido siervo de Allah debe vivir en tan terrible pobreza! El Profeta estaba recostado descansando contra su almohada; pero cuando me oyó hablar así se sentó y dijo: ´¡Oh Omar! ¿Aún dudas en cuanto a este asunto? El lujo y la comodidad en el Más Allá son mucho mejores que el lujo y la comodidad en este mundo. Los incrédulos están disfrutando su parte de las cosas buenas de esta vida mientras nosotros tenemos esas cosas esperándonos en la próxima´. Le imploré: ¡Oh Profeta de Allah! pide perdón para mí, fue realmente mi error[23]”.

Alguien había preguntado también a Aisha sobre el lecho del Profeta en su casa; su respuesta fue:

“Está compuesto por cuero rellenado con tallos de palmera datilera[24]”.

Como vemos, las privaciones que pasaba Muhámmad se las imponía él mismo; cuando recibía un regalo (en una ocasión recibió cuatro camellos con sus cargas del Jefe de Fidak) él mismo lo distribuía entre los pobres y rechazaba quedarse con algo de él[25]. Al morir, Muhámmad no tenía un centavo. Tuvo siete dinares en su posesión, pero días antes de fallecer los hizo distribuir entre los pobres temiendo que fuera a olvidarlos[26].

También se transmitió que en el momento de su muerte, y a pesar de todas sus victorias y logros, Muhámmad estaba endeudado, ¡y su escudo estaba en manos de un ciudadano judío de Medina como garantía por su deuda[27]!

Hay muchas otras citas que muestran que Muhámmad vivió una vida extremadamente sobria desde el inicio de su apostolado hasta su muerte[28]. Por lo tanto, la teoría de que de Muhámmad perseguía algún beneficio material está en contra de la evidencia histórica. Como observa la “Nueva Enciclopedia Católica” al decir:

“Se ha dicho que la mera ganancia económica fue la inspiración para la revolución religiosa de Muhámmad. Tal opinión no guarda relación alguna con los hechos tal como se los conoce[29]”.


 CAPÍTULO III

 EL DESEO DE PODER Y GLORIA

La teoría de que Muhámmad estaría motivado por el deseo de poder y gloria es también difícil de sostener. Para empezar, Muhámmad ha sido reconocido como uno de los líderes más exitosos de la historia humana. Un hombre con sus cualidades podría reclamar el liderazgo y asumir el poder sin necesidad de pretender ser profeta. De hecho, habría sido más fácil sin la profecía.

Segundo, el Corán declara muy explícitamente que nadie, incluyendo a Muhámmad mismo, puede producir algo similar al Corán. Si él hubiera estado tras el poder y la gloria habría reclamado para sí la autoría del Corán, cuya belleza y sublimidad empequeñecieron a los demás libros.

Más aún; su carácter sugiere que no era un cazador de poder ni un buscador de gloria; el deseo de gloria normalmente encuentra su expresión en las residencias magnificentes, las ropas extravagantes, los vehículos lujosos, la adicción a los elogios exagerados, la servil zalamería y otras cosas similares. Muhámmad, a su vez, era un ejemplo de humildad. A pesar de su dignidad social como profeta y sus pesadas responsabilidades como hombre de estado, Muhámmad solía ayudar con las tareas domésticas. Él mismo remendaba sus vestimentas, reparaba sus zapatos y ordeñaba su cabra.

Hablaba y escuchaba pacientemente a cualquiera que se le acercase, tanto que el Corán nos cuenta que sus detractores se quejaban diciendo:

“…y dicen: ¡Es todo oídos![30]”.

En cierta época, los musulmanes solían ponerse de pie cuando querían saludarlo como señal de respeto, pero él se los prohibió diciendo: “No os pongáis de pie tal como lo hacen los persas honrándose unos a otros[31]”. Otros ejemplos de su humildad incluyen los citados por Gamal Badawi, quien escribe:

“En una ocasión se encontraba viajando con algunos de sus discípulos y estos se prepararon para cocinar dividiéndose el trabajo entre ellos. Muhámmad quiso encargarse de recoger algo de leña; sus discípulos le dijeron que ellos lo podían hacer por él. Muhámmad les respondió: “Yo sé que podríais hacerlo por mí, pero odio tener algún privilegio sobre vosotros”. En una ocasión un extraño se presentó ante él casi temblando de respeto; Muhámmad le pidió que se acercase más y con una compasiva palmada en el hombro le dijo: “Tranquilízate hermano, yo soy tan sólo el hijo de una mujer que solía comer pan seco[32]”.

También fue transmitido, que en una ocasión algunas personas se presentaron ante el Profeta y se dirigieron a él con las siguientes palabras:

“¡Oh mensajero de Allah! ¡El mejor de nosotros e hijo del mejor de nosotros! ¡Nuestro líder e hijo de nuestro líder!”.

Su respuesta fue:

“¡Oh gentes! Decid lo que dijisteis (es decir, mensajero de Allah) antes, o parte de ello, y no dejéis que Satán os engañe. Yo soy Muhámmad, un siervo de Allah y Su mensajero. No me gusta que me elevéis por encima de la posición que Allah, El Más Poderoso y Glorioso, me ha otorgado[33]”.

La muerte del hijo más querido de Muhámmad, Ibrahim, coincidió con un eclipse y la gente lo consideró como un milagro de Dios, que los cielos y la tierra estaban lamentándose por la muerte de Ibrahim. Muhámmad se disgustó mucho con ellos y dijo:

“El sol y la luna son maravillas de entre las maravillas de Dios. No se eclipsan por la muerte o el nacimiento de ningún ser humano[34]”.

La inmensa magnitud de su humildad se puede apreciar en la forma en la cual ejercía su autoridad. Sus seguidores estaban siempre preparados para obedecerle, sin embargo, siempre insistía que la obediencia debía ser dirigida a Dios y no a él personalmente. Hizo una clara distinción entre las revelaciones que recibía de Dios y otras áreas a merced del juicio humano. Muhámmad consultaba sobre los asuntos que caían en la última categoría y respetaba la opinión de los demás. En la batalla de Badr, por ejemplo, el consejo de Habib bin Múndhir fue aceptado por el Profeta aún contra su propia decisión[35].

De la misma manera, en la batalla de Uhud, el plan inicial de Muhámmad era el de no salir de la ciudad y resistir el sitio dentro de sus propias defensas. Él consultó si debían luchar fuera o no[36], ya que la mayoría estaba en contra de permanecer detrás de los muros de la ciudad y él aceptó la decisión de la mayoría. En la batalla del foso aceptó la propuesta emitida por Salmán de cavar un foso alrededor de la ciudad de Medina[37].

Muhámmad prohibió hacer de su tumba un lugar de adoración diciendo: “No hagáis de mi tumba un lugar de celebraciones.” Y oró a su Señor: “Oh Señor mío; no dejes que mi tumba se convierta en un ídolo a ser adorado”, y advirtió categóricamente a los musulmanes que no le glorificaran exageradamente: “No me glorifiquéis de la misma manera que los cristianos glorifican a Jesús, hijo de María, más bien decid: El (Muhámmad) es un siervo de Allah y Su mensajero[38]”.

Hasta el Corán advierte a las personas que no exageren al honrarse unos a otros[39].

Aún más, hay muchas otras razones que complican la teoría de que Muhámmad escribió el Corán para satisfacer sus “ambiciones de poder” y sus “aspiraciones megalómanas”, entre ellas tenemos:

PRIMERO: Muhámmad hubiera naturalmente omitido del Corán aquellos versos que pudiesen perjudicar sus ambiciones; pero no lo hizo así. ¿Por qué debe ser él el autor de un libro que le ordenaba declarar a la gente que él no tenía ningún poder, que no tenía conocimiento de lo oculto y que si él hubiese tenido tal poder hubiera multiplicado sus bienes y ningún perjuicio le hubiera tocado?[40], o ¿Por qué debe ser él el autor de un libro que le ordenaba decir que ‘no había venido con una doctrina nueva’ y que “él ni siquiera esperaba que tal libro le fuera revelado” y que ‘debía por tanto anunciar a la gente que él es tan sólo un ser humano’ como cualquier otro?[41]. Si el “deseo de poder” hubiera motivado a Muhámmad a componer intencionalmente el Corán; entonces se hace muy difícil explicar la existencia de los anteriores versos en este libro.

SEGUNDO: La reacción de Muhámmad después de recibir la primera revelación, indica que él no tenía ninguna aspiración secreta de poder. Después de sus experiencias en la cueva de Hirá él se apresuró en llegar donde estaba su esposa lleno de miedo y temblando como si tuviese fiebre y pidió que lo cubriera con una manta. Después de que el miedo había pasado, él le relató todo lo acontecido y dijo: “¡Jadiya! ¿Qué es lo que me sucede[42]?”.

Si la revelación hubiera sido parte de su plan secreto para conseguir el poder, Muhámmad no habría tenido nada que temer, y aunque no hubiera planeado la revelación sino que simplemente albergaba un intenso deseo de ser profeta, sus primeras experiencias con la revelación hubieran llenado su corazón con felicidad, pues finalmente estaría consiguiendo lo que siempre deseó. La evidencia disponible nos muestra que la revelación no fue planeada ni esperada, lo tomó por sorpresa. Sobre esto dice el Corán:

“Tú no esperabas recibir ninguna revelación, pero por misericordia, tu Señor te reveló el Corán… [43]”.

TERCERO: En numerosas ocasiones recibió la revelación en presencia de sus compañeros y éstos notaban claros cambios en su semblante; aún en un día muy frío solía sudar mucho y sus extremidades solían ponerse muy tensas. Si Muhámmad hubiese sido un buscador de poder que simplemente utilizó el Corán para proyectar su ego, habría tratado de aparentar tranquilidad y un completo dominio de sus facultades. El mostrar nerviosismo en público es normalmente considerado como una debilidad. Aún en los momentos más críticos de su carrera, los líderes políticos se toman grandes molestias para aparentar calma o, al menos, proyectar esa imagen.

CUARTO: Durante el más difícil periodo de la vida profética de Muhámmad, el de la tortura, la persecución y el sufrimiento, se le hizo una tentadora oferta por parte de los jefes de La Meca. Muhámmad debería poner fin a lo que ellos consideraban división de la gente y renunciar a su pretensión de que había un solo Dios Universal. Fue Utbah bin Rabi’a quien presentó la propuesta a Muhámmad en los siguientes términos:

“Hijo de mi hermano... tú eres, como sabes, un noble de la tribu y tu linaje te ha asegurado un lugar de honor. Ahora bien... has traído sobre tu gente un asunto de gran consternación, el cual ha enfrentado a la comunidad unos contra otros; y has declarado que su estilo de vida es estúpido, has hablado vergonzosamente de sus dioses y de su adoración, y has llamado a sus antepasados incrédulos. Escucha pues lo que te propongo y ve si te parece aceptable: Si es riqueza lo que buscas; juntaremos entre nosotros una fortuna para ti de entre nuestros muchos bienes, para que seas el más rico de nosotros. Si es honor lo que buscas, te haremos nuestro soberano y no tomaremos ninguna decisión sin tu consentimiento. Y si lo que quieres es ser rey, te haremos nuestro rey. Y si no puedes deshacerte por ti mismo del espíritu que se te apareció, buscaremos alguien que te cure y gastaremos nuestra fortuna hasta que se complete tu cura[44]”.

Es interesante notar que de la anterior propuesta, se hace claro que los Curaishíes (la tribu de Muhámmad) habían especulado también sobre todos los motivos que los estudiosos modernos están imputando a Muhámmad. En respuesta a esta proposición Muhámmad recitó los versos entre las aleyas uno y 38 de la sura 41, que le habían sido recientemente reveladas. He aquí los primeros cuatro versos y los últimos dos de la recitación:

 “Ha. Mim. Ésta es la revelación del Clemente, Misericordioso. Es un Libro cuyos preceptos fueron detallados precisamente; [fue revelado] el Corán en idioma árabe para que lo entiendan, que albricia [a los creyentes que serán recompensados] y advierte [del castigo a los pecadores]; pero la mayoría de los hombres se apartó [de la guía], y no quieren oír. Entre Sus signos están la noche y el día, el sol y la luna; si realmente es a Él a Quien adoráis entonces no adoréis al sol ni a la luna prosternándote ante ellos, sino adorad y prosternaos ante Allah [solamente] pues es Quien os ha creado. Pero si se ensoberbecen [rechazan adorar a Allah] sabed que los [Ángeles] que están próximos a su Señor Le glorifican por la noche y el día, y no se cansan de ello.[45]”.

Utbah quedó convencido de que Muhámmad era un profeta de Dios. Sus amigos paganos le ridiculizaron por haber sido “embrujado” con la recitación de Muhámmad. El punto aquí es que si Muhámmad “compuso el Corán para conseguir riquezas y poder”...no pudo haber recibido una mejor oferta... ¿Por qué la rechazó?


 CAPÍTULO IV

 UNIDAD Y LIBERACIÓN DE LOS ARABES

La teoría de que Muhámmad habría escrito el Corán para unir y liberar a los árabes es muy difícil de sostener por las siguientes razones:

PRIMERO: De ser este el caso, el Corán debería haber enfatizado más sobre el tema de la unidad y liberación de los árabes; es más, no hay un sólo verso en el Corán llamando a la unidad o la liberación de la nación árabe. Si asumimos que Muhámmad era el autor del Corán, entonces debemos reconocer que su motivo no era el de unir a los árabes o, por lo menos, que este motivo no se refleja en el Corán.

SEGUNDO: El concepto coránico de la Ummah (Nación) es ideológico y es contrario a cualquier manifestación de tendencias nacionalistas. Este concepto está basado en la separación entre la Verdad (Al Haqq) y la Falsedad (Al Bâtil)[46]. Cualquiera que acepte esta diferenciación es miembro de la Ummah sin importar su nación, raza, color o lazos sanguíneos. En la práctica esto a veces significa el distanciamiento entre padres e hijos[47]. Fue por causa de la marcada división, que esta ideología causó en la nación árabe que Utbah bin Rabí’a presentara a Muhámmad la propuesta mencionada en el capítulo anterior[48]. La unidad que prevaleció en Arabia después del triunfo del Islam era puramente ideológica y este tipo de unidad es fuertemente alentada por el Corán[49].

 TERCERO: Si la unidad de los árabes era el motivo más fuerte para hacer el Corán, Muhámmad hubiera aceptado de buena gana la oferta de ser el rey de Arabia, y habría usado su poder e influencia para construir una Arabia unida.

CUARTO: Hay algunos versos en el Corán que evidentemente contradicen la teoría del nacionalismo árabe como motivo de Muhámmad para escribir el Corán. En una aleya del Corán dice:

“Y cuando los Ángeles dijeron: ¡Oh, María! Allah te ha elegido y purificado. Te ha elegido entre todas las mujeres del universo”[50].

El verso anterior se refiere a María la madre de Jesús, “Te ha escogido entre todas las mujeres del universo.” ¡Tal honor nunca le fue dado a María, ni siquiera en La Biblia cristiana![51]. Muhámmad era un árabe que inicialmente se dirigía a otros árabes. Sin importarle que les agradara o no les dijo, en el más sublime lenguaje del Corán, que María, la madre de Jesús, - una judía israelita - fue escogida por sobre todas las mujeres de todas las naciones, y ¡no su madre ni ninguna otra mujer árabe! ¿Por qué honraría Muhámmad, que “quería fomentar el nacionalismo árabe”, con tan nobles títulos a una mujer de entre sus opositores, en vez de predicar la superioridad de la nación árabe? ¿Por qué a una judía que pertenecía a una raza hostil que desprecia a los árabes considerándolos una raza inferior?

Otra prueba que la teoría de la unidad de los árabes en el Corán es incapaz de explicar satisfactoriamente, se encuentra en el siguiente verso:

“¡Oh, hijos de Israel! Recordad las mercedes con las que os agracié y cómo os distinguí entre vuestros contemporáneos”[52].

Con esta prueba vemos que es inconcebible, por ejemplo, que un recalcitrante extremista negro deba recurrir a alabar a los blancos para avivar el orgullo de la gente negra por su raza.


 CAPÍTULO V

 LA REFORMA MORAL

En vista de las anteriores dificultades, algunos estudiosos han propuesto la reforma moral como el motivo probable por el cual Muhámmad habría compuesto el Corán. Pero también, la teoría de la reforma moral presenta serios problemas.

PRIMERO: Una reforma moral es un noble objetivo que puede ser alcanzado sin necesidad de recurrir a lo inmoral, como son el engaño y las mentiras. La razón por la cual Muhámmad elegiría medios inmorales para construir una sociedad con valores morales, no es aclarada ni explicada por los proponentes de esta teoría.

SEGUNDO: El otro punto es que el Corán mismo aclara que mentir acerca de Dios es uno de los pecados más abominables:

“No hay nadie más inicuo que quien inventa mentiras acerca de Allah o dice: He recibido una revelación, cuando en realidad no se le ha revelado nada…” [53].

El verso citado dicta el más humillante castigo para los mentirosos, por ello y sabiendo “que él era el autor del Corán” y que también estaba “engañosamente atribuyéndoselo a Dios”, es de lo más improbable que Muhámmad se hubiera descrito a sí mismo como el más perverso de los hombres. El temor a que su falsificación pudiera ser descubierta algún día lo habría inducido a modificar el verso anterior hacia algo como: “No hay culpa en aquellos que, si es necesario, mienten por la causa de Dios”; de hecho, San Pablo, por ejemplo, dice en Romanos 3:7:

“Pero, si por mi mentira la verdad de Dios abundó para Su gloria, ¿Por qué aún soy juzgado como pecador?”.

TERCERO: Muhámmad no presentó todo el Corán de una sola vez, sino que lo recitó en partes durante 23 años, y en aquel periodo había hecho una abierta y específica promesa de responder preguntas con relación a cualquier tema:

“Pero si preguntáis sobre ellos cuando hayan sido revelados en el Corán, se os explicará…”[54].

La gente aprovechó esta oportunidad para hacer una variada cantidad de preguntas que cubrían temas como por ejemplo, el vino, los juegos de azar, la menstruación, los botines de guerra, el alma, o sobre las figuras históricas como Dhul-Carnain. Fue en respuesta a estas preguntas que el Corán menciona en por lo menos 15 sitios: “Ellos te preguntan (Oh Muhámmad) acerca de” tales y tales asuntos; “di”: son así y así[55].

La dificultad que se da aquí, estriba en que no había manera en que Muhámmad supiera de antemano que las preguntas que había invitado a formular coincidirían perfectamente con sus motivos reformistas que “lo llevaron a escribir el Corán”. Sería difícilmente recomendable para un presidente que quiere hablar de la situación alimenticia de su país, que llame a una conferencia de prensa e invite a los periodistas a formularle cualquier tipo de pregunta; ¡Podrían escoger preguntar sobre prisioneros políticos!

CUARTO: Otra dificultad que se presenta contra la teoría de la reforma moral, es el hecho de que Muhámmad mismo es corregido por el Corán en varios puntos. Citaremos sólo un ejemplo: Hamza, el tío del Profeta, fue muerto en la batalla de Uhud por instigación de Hind, esposa de Abu Sufián; su cuerpo fue abierto y violentamente mutilado. Cuando el Profeta vio lo que le hicieron dijo: “Nunca antes había sentido tanta ira como la que siento ahora; cuando Dios me dé próximamente la victoria sobre Curaish mutilaré a treinta de sus muertos”. Pero poco después de esto vino la revelación:

“Si os agreden responded del mismo modo que se os ha agredido [y no os excedáis]. Pero si sois pacientes [y perdonáis] será lo mejor para vosotros”[56].

Muhámmad no sólo no cumplió con su amenaza, sino que prohibió expresamente la mutilación tras las batallas[57].

QUINTO: Hasta la simple suposición de que la reforma moral es el tema central del Corán, es en sí incorrecta; los principios morales son sólo una parte del mensaje. Hay numerosos versos en el Corán que invitan al hombre a estudiar e investigar el universo:

“Diles [¡Oh, Muhámmad! A quienes niegan la Resurrección]: Transitad por la tierra y observad cómo [Allah] originó la creación [58]”.

La importancia que el Corán otorga al estudio del universo puede ser estimada por el siguiente hecho: Los versos de creencia y preceptos (Moral) son 150; mientras que los versos sobre fenómenos naturales son 756[59].

FINALMENTE: La simple sugerencia de que Muhámmad había inventado conscientemente el Corán, se torna inconsistente ante los registros disponibles acerca de su carácter.

Aún antes de anunciar la profecía, Muhámmad era conocido como “El fiel”, “El confiable”[60], no se le conocía que haya dicho una sola mentira, y este hecho ha sido reconocido por sus propios enemigos. Por ejemplo, en los principios de su misión él llamó a todo Curaish al monte Safa; la gente se reunió allí y le preguntaron: “¿Qué es lo que pasa? Él dijo: “Tan sólo considerad esto; si yo os dijera que hay un ejército acechando detrás de esta colina, ¿me creeríais? Dijeron: Sí. Tú eres “El Intachable” y nunca te conocimos que hayas dicho alguna mentira[61].

Su confiabilidad se demuestra también en el hecho de que en la noche de su emigración a Medina, mientras los conspiradores rodeaban su casa y antes de marcharse, Muhámmad instruyó a Alí para que devolviera a los incrédulos los bienes que éstos le habían dado a guardar. Esto significa que, pese a que lo acusaban en público, sus enemigos le tenían tanta confianza dentro de sus corazones que le confiaban sus cosas de valor[62].

En vista de las mencionadas evidencias, en especial su impecable sinceridad, algunos estudiosos rechazan la idea de que Muhámmad había inventado el Corán conscientemente y, en vez de eso, postulan la teoría de que Muhámmad produjo el Corán “inconscientemente”.


 CAPÍTULO VI

 LA FABRICACIÓN INCONCIENTE

Esta teoría está probablemente basada en los siguientes dos Hadices (dichos y hechos de Muhámmad) que describen el estado en que el Profeta se ponía en el momento de recibir la revelación y cómo empezó la inspiración divina. Estos dos hadices fueron narrados por su esposa Aisha:

Narró Aisha, Madre de los creyentes: “Alháriz bin Hisham preguntó al Mensajero de Allah: ¡Oh Mensajero de Allah! ¿Cómo se te revela la Inspiración Divina? El Mensajero de Allah respondió: “Algunas veces es como el tintineo de una campana, esta forma de inspiración es la más dura de todas, que pasa después de que he asimilado la Revelación. Algunas veces, el ángel viene a mí con forma de hombre y me habla; y yo asimilo cualquier cosa que él me dice“.

Aisha añadió: “Ciertamente que vi al Profeta mientras le descendía la revelación divina en un día muy frío; noté el sudor bajando por su frente (cuando la inspiración terminaba)[63]”.

En otro Hadiz dice:

Narró Aisha, Madre de los creyentes: “El comienzo de la inspiración divina al Mensajero de Allah, fue en la forma de sueños agradables que se hacían realidad como la luz de un día brillante, después le fue otorgado el amor a la reclusión. Solía ir a recluirse en la cueva de Hirâ donde adoraba (sólo a Allah) continuamente por varios días antes de desear volver junto a su familia. Solía llevar con él la merienda de viaje para su estadía y después volvía a (su esposa) Jadiya para llevar su merienda nuevamente; hasta que de repente la verdad descendió sobre él mientras estaba en Hirâ. El ángel vino a él y le pidió que leyera; el Profeta respondió: No sé leer...[64].

Philip K. Hitti, en su libro: “Islam and the West: A Historical Survey”, dice:

“El Profeta experimentó arrebatos de éxtasis mientras recibía las revelaciones, dando lugar a la acusación de que era epiléptico[65]”.

En “Islam and the West: The Making of an Image” Normann Daniel escribe:

“En algunas versiones Muhámmad ya había convencido a Jadiya de su “latente divinidad” mediante las artes mágicas; en otras, él solamente pretendió la revelación después (a manera de explicación) de su primer ataque epiléptico que el designio de Dios le preparó. Resumiendo, la historia omitió la parte de Jadiya, no eran más que ataques epilépticos explicados como visitaciones angelicales[66]”.

Describiendo la posición de Mark (de Toledo), Norman Daniel dice:

“Mark de Toledo habló más prudentemente de Muhámmad actuando como si tuviese epilepsia... igualmente habló de su recuperación tras los ataques y de cómo se volteaban sus ojos. Sea lo que fuere que Mark haya aportado a la teoría epiléptica; éste se rehusó a comprometerse con ella o con la de la posesión demoníaca[67]”.

Aparte de la teoría epiléptica, existe también una “Teoría de la ilusión religiosa”. De acuerdo a esta teoría, un hombre que es profundamente religioso puede tener visiones que lo pueden llevar a pensar que lo que se imagina viene de Dios, cuando ese no es el caso.

El reverendo J.M. Rocwell fue citado diciendo:

“Él (Muhámmad) fue probablemente, más o menos a lo largo de toda su carrera, victima de una cierta dosis de autodecepción. Un sujeto cataléptico desde temprana edad, nacido - de acuerdo con las tradiciones - de una madre altamente nerviosa y excitable; era particularmente presto a tener mórbidas y fantásticas alucinaciones. Excitación y depresión se alternaban en él; esto le hacía acreedor, a los ojos de sus ignorantes compatriotas, del crédito de estar inspirado...[68]”.

R. A. Nicholson es otro estudioso que parece proponer la teoría de la ilusión religiosa. Nicholson dice:

“Ya sea que lo consideremos como un caso patológico o un gran ejemplo de éxtasis místico, el tema principal de su misión, el motivo dominante, puede ser discernido de su convicción de que el Juicio Final estaba cerca y de que él debía, a todo costo, advertir a sus compatriotas del inminente juicio[69]”.

A pesar de sostener que el Corán no era inspirado, Nicholson dice que Muhámmad no era consciente de su invención:

“Decir que...el Corán es, en su totalidad, inventado y no inspirado; no quiere decir que su autor estaba consiente del fraude cuando dictó toda clase de instrucciones y regulaciones en el nombre del Corán[70]”.

Nicholson sugiere que una explicación puede ser hallada en la adicción de Muhámmad a la reclusión, especialmente durante la noche:

“Él era adicto a la práctica de la oración solitaria, especialmente durante la noche, y pudo haberla cultivado para inducir los anormales estados que motivaron a sus enemigos a describirlo como poseído por los genios[71]”.

Por su parte Bryan S. Turner dice:

“Los tradicionales biógrafos europeos del Profeta, han tomado dos posiciones:

  1. Que Muhámmad era psicológicamente normal, pero insincero acerca de su supuesto mensaje de Alá.
  2. Que estaba loco y creía en la autenticidad de su visión profética[72]”.

Sea como fuera, Rodinson, un ateo declarado, llegó con una teoría que pensó podría salvar a Muhámmad de las acusaciones de hipocresía y locura.

Su teoría consiste en que el Corán es el producto del inconsciente de Muhámmad. No es una revelación divina, sino que es una recreación inconsciente de experiencias pasadas y conocimientos de los que Muhámmad se había apropiado equivocadamente[73].

En resumen, hay tres variaciones principales en esta teoría. Su denominador común es que Muhámmad escribió el Corán inconscientemente (sin querer). Las tres variaciones son:

  1. La teoría de la epilepsia.
  2. La teoría de la ilusión religiosa.

3.       La teoría del subconsciente[74].


 CAPÍTULO VII

 LA TEORíA DE LA EPILEPSIA

Esta teoría es tal vez la que tiene más problemas. En la Nueva Enciclopedia Británica se ha definido la epilepsia con los siguientes términos:

“Repentinos y periódicos desórdenes en el funcionamiento mental, estado de conciencia, actividad sensitiva o movimiento del cuerpo, causados por el mal funcionamiento paroximal de las células nerviosas del cerebro[75]”.

Bajo “Tipos de ataques” se mencionan cuatro categorías: Mal Mayor, Mal Menor, Espasmos Psicomotores y Espasmos Infantiles.

EL MAL MAYOR: “Incluye convulsiones generalizadas en las cuales sobreviene inconsciencia repentina con caídas y temblores en los miembros[76]”. Estas caídas al suelo se ven precedidas a veces por un grito muy fuerte. Después de que el cuerpo cae al suelo se entumece y, en ocasiones, la respiración se detiene, esto es seguido por movimientos repentinos y bruscos en las piernas y manos. En algunos momentos el que sufre los ataques se muerde la lengua debido a las contracciones involuntarias de los músculos de la mandíbula. A medida que la persona sale de esto experimenta jaqueca y no recordará nada de lo que pasó. Es obvio que estos síntomas no son aplicables a Muhámmad[77].

EL MAL MENOR: Incluye lapsos momentáneos de conciencia y más del 70% de los pacientes tienen los primeros ataques antes de cumplidos los veinte años. En esta “epilepsia menor” no hay movimientos involuntarios y puede por lo tanto ocurrir muchas veces en un sólo día sin interrupción de la conciencia. Es bastante difícil que el Mal Menor pueda ser relacionado con las revelaciones de Muhámmad. La revelación le llegó a los cuarenta años y duraba varios minutos, a diferencia de los lapsos momentáneos del Mal Menor. Peor aún; la revelación nunca pasaría desapercibida.

Los ataques Psicomotor y Focal (también “Epilepsia Jacksoniana”) suelen involucrar convulsiones generalizadas:

“El primer arrebato focal se manifiesta mediante movimientos localizados o sensaciones de una parte del cuerpo, o por advertencias subjetivamente experimentadas llamadas auras, que suelen durar desde una fracción de segundo hasta pocos segundos. Auras que se dan en zonas específicas del cerebro incluyen sensaciones de que el ambiente es extrañamente familiar, alucinaciones auditivas o visuales, un zumbido en los oídos, además de olores y sabores desagradables[78]”.

Nuevamente, estos ataques psicomotores no tienen nada en común con la revelación de Muhámmad. Más aún, el Corán recitado por Muhámmad se encuentra a mano hoy en día y, tras examinarlo, no parece los extraños gritos y balbuceos de un epiléptico.

Puede que haya otras formas de epilepsia aún no conocidas por la ciencia, pero aún en ese caso, se tratarían de una enfermedad y afectarían por lo tanto sus facultades mentales, dejándole incapaz de controlar sus pensamientos. Pero cada vez que Muhámmad recibía una revelación se encontraba en completo control de sí mismo y era totalmente capaz de recordar todo posteriormente y de hacerlo registrar respectivamente. Él estaba tan seguro, que incluso, fue mencionado en el Corán en 75:16-19. De hecho, el Corán es tan fácil de recordar que si se reúne un grupo cualquiera de musulmanes sinceros, les es posible repetir lo que han memorizado del Corán y recopilarlo. El Corán lo confirma en 54:17, y esto, sin importar si estas personas hablan o no árabe.


 CAPÍTULO VIII

 LA TEORíA DE LA “ILUSIóN RELIGIOSA”

Ya que los problemas en la teoría de la "Ilusión religiosa" coinciden perfectamente con los presentados por la "Teoría subconsciente", debemos tratar ambas teorías juntas.

Las dos asumen que el Corán había emanado del conocimiento, imaginación, experiencias y medio ambiente de Muhámmad, a pesar de que él mismo no estaba consciente de ello. La dificultad que se antepone a la aceptación de estas teorías consiste en el hecho de que hay numerosos pasajes del Corán que no pueden haber emanado de su conciencia o inconsciencia. Citaremos ejemplos que tienen que ver con eventos históricos, eventos futuros y algunas consideraciones psicológicas.

Una muestra  es el capítulo 18 del Corán, que fue revelado a manera de respuesta a las tres preguntas que los idólatras de La Meca, en consulta con la Gente del Libro (judíos y cristianos), habían hecho al noble Profeta para probarlo; estas fueron:

  1. ¿Quiénes fueron "Los durmientes de la caverna”?
  2. ¿Cuál es la historia real del Aljidr?
  3. ¿Qué es lo que sabes acerca de Dhul Carnáin?

Siendo que estas tres preguntas concernían a la historia de los judíos y los cristianos,  y eran desconocidas en el Hiyaz (La Meca, Medina y Jeddah), fueron seleccionadas para comprobar si es que el noble Profeta poseía una fuente de conocimiento de las cosas invisibles y ocultas[79].

Cuando las tres preguntas le fueron hechas dijo: "Mañana os diré", pero no dijo: "Si Dios quiere". Cuando los incrédulos vinieron por las respuestas él tuvo que posponerlas (porque no se le habían revelado); y así pasó día tras día hasta que pasaron 15 noches y él aún no recibía revelación alguna... La gente de La Meca se burlaba de él y se encontraba sufriendo por lo que le decían, a la vez que grandemente entristecido por no haber recibido la ayuda que esperaba. Fue entonces que el Arcángel Gabriel le trajo una revelación reprochándole por su desespero a causa de lo que su gente decía y, diciéndole las respuestas a sus preguntas, la larga espera que soportó fue explicada en las siguientes palabras:

“Y no digas respecto a algo: Lo haré mañana, a menos que añadas: Si Allah quiere[80].

Discutiendo la importancia de esta larga espera Martin Lings dice:

"Pero el retraso de esta revelación, a pesar de ser doloroso para el Profeta y sus seguidores, fue en realidad un aumento de su fuerza.

Sus peores enemigos rechazaron sacar conclusiones de ello. Pero para aquellos Curaishíes que se encontraban en duda fue una poderosa corroboración de su anuncio de que la revelación le venía del cielo; y de que él no tenía parte en ella ni control sobre la misma. ¿Era concebible que, habiendo "inventado" las primeras revelaciones, Muhámmad tardase tanto en "inventar" estas últimas, especialmente cuando tanto parecía estar en juego[81]?”. Es digno de considerar aquí, que Muhámmad fue cuestionado acerca de eventos específicos. Es difícil de entender cómo "ilusiones religiosas" podrían haberle ayudado a dar las respuestas correctas que silenciaron completamente a sus detractores. Lo que es aún más impactante es que mientras relata la duración del sueño de los durmientes en la caverna, el Corán dice:

“Habían estado en su caverna trescientos años y nueve más[82]”.

Las palabras usadas en la aleya son bastante significativas. El verso no dice "trescientos nueve años" sino que utiliza la aparentemente extraña fraseología de "Trescientos años y nueve más". ¿Por qué "Y nueve más?”. Esto es porque su estadía fue de 300 años si uno cuenta en el calendario solar; y 309 años en el calendario lunar. El año lunar es once días más corto; ahora once días por 300 años dividido entre 365 días da 9 años. El argumento de que tales sorprendentemente precisos cálculos brotaron del "subconsciente", o de que son "meras alucinaciones", no parece ser una explicación satisfactoria.

Otro ejemplo puede ser encontrado en el capítulo 89 del Corán, que tiene un verso que menciona una antigua ciudad llamada Iram:

“¿No has visto cómo tu Señor castigó al pueblo de ‘Âd? Y al de Iram, el de las [construcciones con fuertes] columnas, Al que no se le asemejó pueblo alguno [83]?”

Aparte de esta mención coránica, no había ningún registro histórico acerca de esta ciudad; el nombre mismo era obscuro, aún en el tiempo del Profeta; esto condujo a un sinnúmero de explicaciones sobre su posible posición geográfica. Algunos comentaristas del Corán llegaron incluso a sugerir que "Iram" era probablemente el nombre de un héroe hepónimo (personaje que da nombre a una ciudad) de los adíes[84].

Los hallazgos de la investigación publicada por la revista oficial de la "Sociedad Geográfica Nacional" americana en diciembre de 1978, han demostrado definitivamente que Iram era una ciudad. En 1975 el Doctor Paolo Mathiae de la Universidad de Roma, director de la Misión Arqueológica Italiana en Siria, descubrió un tesoro arqueológico. En las ruinas de un palacio, aparentemente destruido en el siglo XXIII antes de Cristo, descubrió el más grande archivo ya desenterrado del tercer milenio A.C.. Más de 15.000 tablas cuneiformes fueron descubiertas. Entre los valiosos detalles revelados por las tablas estaba el hecho de que Ebla solía tener relaciones comerciales con Iram:

"También está incluida Iram, una oscura ciudad a la que hace referencia la sura 89 del Corán[85]”.

¡Es inconcebible que el subconsciente o las ilusiones religiosas puedan haber sido la guía que ayudó a Muhámmad a describir tan detalladamente en el Corán las características físicas y el nivel arquitectónico de gentes que vivieron en una ciudad antigua que fue destruida 3.000 años antes de que naciera![86].

Más aún, el Corán mismo afirma en varios puntos que ni Muhámmad ni su gente sabían acerca de alguna de esas historias antes de la revelación:

“Éstas son historias que no conocías, y te las revelamos [¡Oh, Muhámmad!]; ni tú ni tu pueblo las sabían. Ten paciencia, que ciertamente el éxito [en esta vida y la otra] es para los piadosos [87]”.

Es significativo que nadie se haya detenido para decir: "Tu estás tremendamente equivocado ¡Oh Muhámmad! Yo soy un árabe como tú, y ya sabía acerca de estas historias aún antes de esta revelación".

También parecería que Muhámmad estaba tomando un riesgo innecesario y suicida al recitar el verso anterior. Aún asumiendo que él conocía estas historias con anterioridad, y que estaba simplemente fingiendo ignorancia; en ese caso, él no sería el único en conocerlas. ¿Cómo podía estar tan intrépidamente seguro de la ignorancia de los demás? Y aunque lo relatado de las historias fuera verdad, sus enemigos podían haber aprovechado fácilmente la situación para desmentirle, ya que la anterior declaración (Los versos citados recientemente), vino después de que él les recitó la historia. ¡Y a pesar de eso nadie aprovechó la oportunidad! Según el "Longman Dictíonary of Contemporary English" el subconsciente es:

"El nivel oculto de la mente y los pensamientos que ocurren en ella, que van más allá del conocimiento consiente".

La declaración coránica anterior es consiente, intrépida y precisa. ¿Cómo pudo Muhámmad saber con tanta precisión y de antemano que, aunque hiciera tan intrépida declaración, nadie, incluyendo sus enemigos, podría pensar alguna vez en usarla contra él?

Una segunda dificultad en esta teoría, es el hecho de que el Corán contiene declaraciones específicas sobre eventos futuros, todos los cuales se cumplieron. Esto debilita aún más la idea de que el Corán es el producto de los conocimientos de Muhámmad. A manera de ejemplo tenemos el siguiente suceso:

En el capítulo treinta del Corán, versos del uno al siete (1-7) (Revelados en el año 613 D.C.), se anuncia claramente que el Imperio Romano de Oriente fue derrotado por los persas y que sería victorioso en unos pocos años. La palabra árabe utilizada para describir "unos pocos años" es " bid’i ", que significa: "Entre tres y nueve años" (3-9). Y así sucedió; siete años después de esta profecía, los romanos derrotaron a los persas. Lo que es igualmente importante es que la profecía también dice: "En aquel día los creyentes también serán victoriosos"; y simultáneamente los musulmanes celebraban su victoria sobre Curaish en la batalla de Badr; como lo dice Hingora:

" Cabalmente, esta profecía se cumplió al pie de la letra cuando Heracleo derrotó a los persas en la decisiva batalla de Issos en el año 622 D.C. y los romanos entraban victoriosamente en el corazón de Persia el año 624 D.C. Exactamente en el mismo año los musulmanes obtuvieron la victoria sobre los paganos de Meca en Badr y los creyentes "se regocijaron aquel día", tal y como fue profetizado en el Corán[88]”.

Otro ejemplo, aparece en el capítulo 111, versos del uno a cuatro (1-4), donde el Corán declara explícitamente que Abu Lahab, tío del Profeta, moriría como un incrédulo. En lo concerniente a Abu Lahab, Thomas Patrick Hughes dice:

"Él era uno de los más acérrimos enemigos del Profeta y se opuso a la difusión del Islam con todo su poder... cuando Muhámmad recibió la orden de amonestar a sus familiares, los reunió a todos y les dijo que él era un advertidor enviado a ellos antes de un castigo severo. Abu Lahab rechazó su misión y clamó: ¡Que perezcas! ¿Nos has reunido a todos para esto?, y tomó una piedra para arrojársela; fue entonces que la sexta sura del Corán fue revelada[89]”.

Abu Lahab murió siendo incrédulo once años después de aquella revelación coránica. Tomando en cuenta que él era el peor enemigo de Muhámmad, la lógica y la experiencia nos sugieren que - suponiendo que Muhámmad fuese el autor - fue poco inteligente hacer tal declaración, porque Abu Lahab podría haber desmentido al Corán pretendiendo creer en él. ¿Por qué desperdició Abu Lahab esta dorada oportunidad? ¿Qué dejó a Muhámmad tan seguro de que, aún en once años, Abu Lahab no aprovecharía esta tentadora oportunidad? De ninguna manera la experiencia incluye el conocimiento del futuro.

También hay consideraciones psicológicas que debilitan aún más, la teoría del subconsciente. Es tendencia del subconsciente suprimir o atribuir a otros ciertos sentimientos incriminantes o inaceptables. Si el Corán fuese el producto del subconsciente no hubiera contenido censuras y reproches contra Muhámmad mismo. Los primeros diez versos del capítulo 80 de Corán, por ejemplo, reprochan al Profeta su actitud para con Ibn Umm Maktum. Describiendo el incidente, Sayyed Qutub dice:

"El Profeta - La Paz y Bendiciones de Allah sean con él - estaba ocupado con unos dignatarios de la tribu de Curaish, explicándoles el mensaje del Islam, cuando Ibn Umm Maktum, un pobre ciego, lo interrumpió. Sin darse cuenta que el Profeta estaba ocupado con esas personas, el ciego le pidió repetidas veces que le enseñe algunos versos del Corán. El Profeta - La Paz y Bendiciones de Allah sean con él - no estuvo muy complacido por esta interrupción; frunció el ceño y dio la espalda a Ibn Umm Maktum. Esta sura se inicia criticando el comportamiento del Profeta en aquel incidente[90]”.

En el capítulo ocho, versos 67 y 68, el Corán también reprocha al Profeta por la decisión tomada con respecto a los setenta prisioneros de guerra después de la batalla de Badr[91]. Estos no son los únicos ejemplos. Es inconcebible que tales reproches sean el producto del propio subconsciente de Muhámmad.

Otros aspectos psicológicos muy difíciles de explicar, incluyen el hecho de que, normalmente, cuando la persona se disgusta, le toma algún tiempo calmarse. A pesar de esto encontramos en el Corán que el reproche y el perdón están en la misma frase. Aparte de las anteriores referencias, otro ejemplo aparece en el capítulo nueve, verso 43, donde el reproche está precedido por el perdón:

“Allah te disculpó [¡Oh, Muhámmad!] por haberles eximido sin antes corroborar quiénes eran veraces y quiénes mentirosos”.

Nuevamente fueron los hipócritas quienes esta vez difundieron un maligno rumor contra la castidad y la integridad moral de la esposa del Profeta, Aisha. El Profeta estaba muy consternado por el rumor, pero lo ocultó por un mes sin decir palabra, eventualmente, la revelación vino y expuso las malvadas intenciones de los hipócritas y absolvió a Aisha[92].

Aquella revelación coránica no podría acabar con la consternación del Profeta si él mismo hubiese sido el autor; y si el Corán hubiese sido un producto de su subconsciente no habría tardado tanto en llegar.

Es también significativo que el Profeta no haya podido defender la razón de firmar el Tratado de Alhudaibía hasta que su coherencia fuese revelada más tarde[93].

Otra dificultad, que no podría ser resuelta según la teoría del subconsciente, es que Muhámmad haya hecho muchas otras afirmaciones y que estas no forman parte del Corán. Y, muy significativamente, hay mucha diferencia entre estas y las que sí forman parte de este libro, es más, no existe comparación. Mientras que el Corán lanza desafíos a la humanidad para que ésta produzca algo parecido a él; los dichos del Profeta no lo hacen. A pesar de ser altamente elocuentes, los Hadices no son inimitables. Sobre este hecho nos dice A.A.R. Gibbs, en su libro "Mohammedanism: A Historical Survey".

"Un ejemplo aún más impactante nos lo da su discurso en "La peregrinación de despedida", cuando visitó La Meca por última vez. Pues este tampoco está en el Corán, a pesar de su contenido religioso y la solemnidad de la ocasión... cualquiera que sea la explicación estaba limitada a aquellas palabras que no eran emitidas conscientemente ni controladas por el Profeta y que parecieran haber sido puestas en su boca por un agente externo[94]”.

Hemos intentado demostrar, por lo menos hasta aquí, que la primera posibilidad lógica formulada en lo concerniente a la autoría del Corán - que Muhámmad fue, consciente o inconscientemente, el autor del Corán - es racionalmente insostenible. Debemos examinar ahora la segunda posibilidad lógica en la que Muhámmad no sería el autor del Corán, sino que simplemente lo copió de otros autores o fuentes.


 CAPÍTULO IX

 FUENTES JUDíAS Y CRISTIANAS

En su libro "Islam and the West: A Historical Survey", Philip K. Hitti dice:

“Las fuentes del Corán son inequívocamente: judías, cristianas y árabes paganas[95]”.

Hitti sustenta esta afirmación indicando que en el tiempo del Profeta, había pinturas de Jesús y María en el interior de la Caaba y que el material coránico había sido tomado de transmisiones de segunda mano. Esto sería demostrado por la afirmación coránica de que Jesús habló a la humanidad estando aún en la cuna y de que dio vida a un pájaro de arcilla con permiso de Dios. Estos relatos tienen sus paralelos en el apócrifo “Evangelio de la Infancia”. María, la madre de Jesús, es confundida con María, hermana de Aarón y Hamán, favorito de Abusuerus (Ester 3:2) y que sería equivocadamente hecho ministro del Faraón (Sura 40:36). Además dice que la historia coránica del “Bicorne” se debe haber originado en el romance de Alejandro el Grande que estaba de moda en ese entonces entre los cristianos sirios[96].

Sin embargo, según Richard Bell, a pesar de las tradiciones concernientes al hecho de que un retrato de Jesús fue encontrado sobre uno de los pilares de la Caaba, no hay ninguna buena evidencia de asentamientos cristianos en el Hiyaz, ni cerca de Meca o aún de Medina[97]. El argumento de Hitti es que, a pesar de ciertos pasajes coránicos que tienen cierto parecido con episodios bíblicos, no hay prueba de que estos pasajes fueron copiados. Los pasajes comparables citados incluyen: Corán 21:104 con Isaías; Corán 53:39-42 con Ezequiel 18:20; Corán 53:44 con 1 Samuel 2:6; Corán 1:5 “Guíanos por el sendero recto” con Salmos 27:11 “... y guíame por senda de rectitud...”. Los anteriores pasajes, dice Hitti: “Pueden ser explicados en otros términos fuera de la idea de la dependencia directa[98]”, su explicación es: “Lejos de ser un simple imitador; Muhámmad islamizó, arabizó y nacionalizó el material[99]”.

Sobre las fuentes del Corán, J. Christy Wilson escribe en “Introducing Islam”: “Los eruditos mantienen que cierto número de relatos coránicos pueden ser encontrados en fuentes talmúdicas judías y evangelios apócrifos en vez del Antiguo y Nuevo Testamento[100]”. Wilson también menciona la aparente confusión acerca de Hamán y María. Por su parte, Richard Bell argumenta en su libro “The Origin of Islam in its Christian Environment” que:

“Gran parte del Corán es directamente dependiente de La Biblia y de historias asociadas con La Biblia[101]”.

Según lo anterior, Muhámmad habría adquirido su conocimiento sobre La Biblia gradualmente:

“La clave para gran parte de lo que se halla en el Corán y la misión de Muhámmad, se encuentra en su gradual adquisición del conocimiento contenido en La Biblia y de lo que cristianos y judíos creían... le veremos copiar concientemente - Él es bien franco al respecto-...[102]”.

Las referencias coránicas acerca de la gente de la caverna, Moisés, Aljidr y Alejandro Magno, que nunca fueron asociadas con La Biblia, son citadas como prueba de que Muhámmad no se basaba en ningún tipo de conocimiento real de La Biblia misma, sino que dependía de fuentes orales de tercera mano. Bell también menciona la aparente confusión de Muhámmad sobre María, la madre de Jesús y María, la hermana de Moisés. Kenneth Cragg dice en “The Call of the Minaret”:

“Las narrativas bíblicas reproducidas en el Corán difieren considerablemente y sugieren un tipo de conocimiento transmitido de forma oral y no textual. Existe una ausencia casi total de lo que podría reconocerse como una citación directa de ambos testamentos[103]”.

Cragg está convencido de que las aparentes concepciones erróneas sobre la trinidad y Jesús indican que la cantidad y la calidad de los contactos orales de Muhámmad, fueron insuficientes para permitirle comprender correctamente el cristianismo[104].

H.A.R. Gibb, en “Mohammedanism: An Historical Survey”, presenta otra posibilidad con respecto a las fuentes del Corán:

“En vista de la estrecha relación comercial entre la Meca y Yemen, sería natural que algunas ideas religiosas fueran llevadas a la Meca con las caravanas de especias y tejidos. Hay detalles en el Corán que dan vigor a esta suposición[105]”.

Lindon P. Harries escribe en su libro “Islam in East Africa”: “Muhámmad mismo copió de La Biblia y los musulmanes hoy en día, conscientemente o no, se prestan mucho de la ideología cristiana, aún en asuntos que el Corán no apoya[106]”.

Según R.A. Nicholson, el origen del Corán puede ser trazado hasta las fuentes hanifes o judeo-cristianas:

“Oímos mucho acerca de ermitaños cristianos y también acerca de unas cuantas personas conocidas como “Hanifes”; quienes habían rechazado la idolatría por una religión propia de ellos, ascética y monoteísta. Muhámmad parece haber estado en contacto con algunos de ellos antes de su llamado... sus viajes con las caravanas comerciales de la Meca proveyeron oportunidades para el diálogo con judíos y cristianos, del cual el Corán conserva los resultados[107]”.

Nicholson añade:

“Muhámmad recolectó todo su conocimiento de este tipo de transmisiones y hace una demostración de audacia al basarse en tales copias, consistentes en su mayoría, en leyendas del Haggada y los apócrifos[108]”.

Con respecto a la influencia judía y cristiana en el Corán, la Nueva Enciclopedia Católica dice:

“Los eruditos no musulmanes han sostenido casi siempre, que las influencias fundamentales de Muhámmad deben haber sido principalmente - y no exclusivamente - judías y cristianas , y que aquellas influencias fueron coloridas por el carácter de Muhámmad y cambiadas para encajar con los aspectos y necesidades de la mente árabe pre-islámica[109]”.

Y añade a continuación:

“Es muy probable que Muhámmad haya oído traducciones improvisadas de las escrituras judías y cristianas[110]”.

A primera vista se ve que esta teoría está errada por lo que comparte con la anterior tesis; la suposición de que Muhámmad mintió fraudulentamente o de que estaba desquiciadamente equivocado cuando atribuyó el Corán a una fuente divina. Ya demostramos lo débil que son estas suposiciones. Otra dificultad consiste en que Muhámmad fue analfabeto toda su vida, pues tal como lo sugiere el Corán, si Muhámmad hubiese sido letrado muchos de sus críticos hubieran dudado de su misión[111]. Sin embargo, siendo él analfabeto, es inconcebible que haya podido reunir todo el material de los hanifes, de los judíos, los cristianos y otras fuentes paganas, para después recitarlo todo oralmente por 23 años en el sublime lenguaje del Corán sin ayuda de una pluma.

La tercera dificultad está en que Muhámmad creció en un ambiente predominantemente idólatra y que el Corán es, a su vez, incondicionalmente monoteísta.

Ciertamente, hubo un puñado de no-paganos en la Meca que solían llamarse a sí mismos “Hanifes”, y que no participaban del culto a los ídolos. Pero estos no tuvieron ningún templo ni escrituras, no existen ni siquiera registros de sus creencias. De la misma forma, deben haber existido algunos cristianos en la Meca pero su porcentaje era ciertamente ínfimo. De hecho, los detractores de Muhámmad nunca pensaron en inculparlo de haber aprendido el Corán de los hanifes o los cristianos (árabes), sino que lo acusaron de haberlo aprendido de un herrero bizantino en las afueras de la Meca, a quien Muhámmad solía ir a observar su trabajo. El Corán refutó esta suposición indicando que el herrero en cuestión hablaba una lengua extranjera y que el Corán era de lengua árabe pura:

“Por cierto que sabemos que dicen: En verdad es un hombre quien se lo transmite [al Corán]. Pero bien saben que el idioma de quien ellos aluden no es árabe, mientras que éste [el del Corán] es árabe puro[112]”.

Y a propósito... ¿A qué grupo deberíamos atribuir el anterior verso? ¿Podrían ser los judíos o los cristianos que defienden el Corán en este verso? Los contactos de Muhámmad con sabios judíos o cristianos fueron en extremo limitados. Se encontró con Wáraqa bin Naufal dos veces; Wáraqa era un anciano que sufría de ceguera los últimos años de su vida y también era pariente de Jadiya, esposa del Profeta. A pesar de ser de ascendencia árabe, Wáraqa se convirtió al cristianismo y tenía algún conocimiento del Nuevo Testamento. Su primer encuentro se dio cuando Wáraqa se encontraba dando vueltas a la Caaba y vio a Muhámmad. Wáraqa afectivamente besó su cabeza. El segundo encuentro fue después de que Muhámmad recibiera la primera revelación[113]. Wáraqa murió tres años después y la revelación continuó por veintitrés años[114].

También había cristianos viviendo en Nayrán, Yemen - Al sur de la Meca - y hacia el norte vivían algunos judíos en Yatrib, que se conocería después como Medina. Sea como fuere; no existen registros de que Muhámmad haya viajado alguna vez a Nayrán, ni antes ni después de su profecía. Muhámmad nunca estuvo en Medina antes de la profecía excepto una ocasión cuando tenía seis años y acompañó a su madre para visitar a un pariente de Bani Nayyar, y para dejar que Muhámmad visitara la tumba de su padre, que había muerto mientras Muhámmad estaba aún en el vientre materno[115].

Nuevamente, sería muy osado especular que, a la edad de seis años y en el transcurso de un día o dos, Muhámmad haya podido aprender los 66 o 73 libros de La Biblia. Por otro lado, la distancia entre Medina y la Meca es de cientos de kilómetros, y en esa época no existían el avión ni el automóvil y se llegaba por camello, lo que tomaba semanas de viaje. Muhámmad no pudo haber viajado entre las dos ciudades sin que nadie lo notara. Parece que la existencia de tales comunidades no fue la fuente del Corán.

Algunos estudiosos han mencionado también que Muhámmad solía tener debates con judíos y cristianos, pero sin especificar cuando se llevaban a cabo, dando - aún así - la impresión de que el Corán es el resultado de aquellas discusiones. Esos debates ciertamente tuvieron lugar, pero mucho después de que el Corán empezara a ser revelado. De hecho, todos se llevaron a cabo en Medina, mientras que Muhámmad empezó a recibir la revelación en la Meca y permaneció allí trece años, donde dos tercios del Corán fueron revelados antes de emigrar a Medina. Los versos desde el 33 hasta el 63 de la tercera sura, por ejemplo, fueron revelados en el noveno año después de la emigración a Medina, en ocasión de la visita de un grupo de cristianos de Nayrán.

En segundo lugar, el contexto de tales reuniones es frecuentemente ignorado. Muhámmad no se encontró con ellos como un alumno sino como un maestro, y usó la oportunidad para corregirles sus dogmas, la trinidad.

Todos los registros históricos disponibles muestran que Muhámmad hizo tres viajes fuera de la Meca antes de la profecía: a los seis años acompañó a su madre a Medina, entre los nueve y doce años acompañó a su tío Abu Táleb a Siria en viaje de negocios, y en su último viaje Muhámmad tenía veinticinco años y dirigió la caravana de Jadiya, nuevamente, a Siria[116]. Como lo dice Gamal Badawi:

“Sería excesivamente imaginativo decir que a través de sus ocasionales conversaciones con judíos y cristianos, mientras se ocupaba de su caravana, Muhámmad había aprendido lo suficiente de ambas religiones como para formar una nueva, poderosa y viable religión; una tarea que desafía el esfuerzo conjunto de los sabios por siglos[117]”.

Además, la mencionada afirmación suscita un sinnúmero de preguntas. Gamal Badawi presenta seis de ellas:

1.       ¿Por qué es que, a pesar de la abundancia de material histórico sobre la vida de Muhámmad y a pesar de las exhaustivas investigaciones sobre su vida que por siglos llevaron a cabo severos críticos, no ha sido posible descubrir aquel misterioso maestro o maestros de los cuales Muhámmad pudo haber aprendido todo eso?

2.       Es conocido que Muhámmad tuvo mucha oposición, fue ridiculizado y perseguido por cerca de trece años a manos de sus contemporáneos. Con esta magnitud de severos enemigos, ¿no les habría sido posible probar ante las masas que la pretensión de Muhámmad sobre la revelación era un vil engaño? ¿No les fue posible revelar y nombrar a lo que ellos consideraban la fuente humana o humanas de sus enseñanzas?, incluso, algunos de sus adversarios que hicieron esta acusación, cambiaron sus ideas después para acusarlo de magia, posesión demoníaca entre otras.

3.       Muhámmad se crió entre su gente, y cada aspecto de su vida les fue expuesto, en especial, por la sinceridad que caracteriza a la vida tribal en el desierto. ¿Cómo pudieron miles de sus contemporáneos, incluyendo muchos de sus más cercanos parientes que le conocían tan bien, creer en su veracidad si es que tenían alguna sospecha de que estaba reclamando el crédito de ideas que le fueron inculcadas por otros maestros, sin molestarse siquiera en darles crédito?

4.       ¿Qué clase de maestro pudo haber enseñado a Muhámmad una completa y coherente religión que cambió el curso de la historia? ¿Por qué no hablaron, él o ellos - si es que los hubo -, contra el susodicho alumno que continuó aprendiendo de ellos mientras, que los ignoraba y alegaba una fuente divina para sus enseñanzas?

5.       ¿Cómo fue que muchos judíos y cristianos contemporáneos a Muhámmad abrazaron el Islam y creyeron en la veracidad de Muhámmad si sabían que él estaba copiando sus escrituras o aprendiendo de sus sacerdotes y rabinos?

6.       Es conocido que algunas de las revelaciones coránicas le llegaron a Muhámmad en presencia de gente. El Corán fue revelado en un lapso de veintitrés años, ¿ dónde estaba el misterioso - tal vez invisible - maestro humano de Muhámmad? ¿Cómo pudo haberse escondido por tanto tiempo? ¿Cómo pudo Muhámmad, rodeado constantemente de seguidores, hacer frecuentes visitas secretas a aquél misterioso maestro o maestros durante veintitrés años sin haber sido descubierto ni siquiera una vez?[118].


 CAPÍTULO X

 EL PROBLEMA DEL PARALELISMO

Con la intención de mostrar la influencia de las tradiciones judeo-cristianas en el Corán, algunos estudiosos han indicado algunos paralelos entre La Biblia y el Corán, implicando que Muhámmad había estudiado cuidadosamente las escrituras anteriores y luego selecciono o “tomó” las partes que le parecieron consistentes. Esta teoría es bastante débil por las siguientes razones:

PRIMERO: Muhámmad dijo que el Corán venía de Dios; y ya demostramos que por cuestiones históricas, psicológicas y lógicas Muhámmad no estaba en condiciones de crear el Corán.

SEGUNDO: Muhámmad era analfabeto. No pudo haber estudiado y seleccionado de las escrituras anteriores sin la habilidad de leer y escribir.

TERCERO: La primera versión en árabe del Antiguo Testamento apareció 200 años después de la muerte de Muhámmad y la más antigua versión del Nuevo Testamento en árabe apareció mil años después de su muerte[119].

CUARTO: La similitud entre dos composiciones o libros no constituye, por sí misma, suficiente evidencia de que una es copia de la otra o la posterior de la anterior. Ambas pueden estar basadas en una tercera fuente común para las dos, este es precisamente el argumento del Corán: Hay ciertas porciones de La Biblia que pueden haber quedado intactas y si Dios es la fuente de ambas revelaciones eso explica la existencia de paralelos.

QUINTO: Un conciso examen de ambos textos puede demostrar claramente que la idea del plagio es inconsistente.

Empecemos por las diferencias básicas entre ambos libros.

Primero: La Biblia no es un solo libro, sino la reunión de por lo menos 66 libros, según la versión protestante, o 75, según la versión católica romana, escrita por cuarenta autores como mínimo.

Segundo: La Biblia es una mezcla de prescripciones divinas y comentarios humanos de seguidores posteriores a los profetas. (Ver por ejemplo Jeremías 8:8, Lucas 1:1-4 y I Corintios 7:25). El Corán no tiene tales comentarios, hasta las palabras del mismo Profeta Muhámmad no forman parte del Corán.

Tercero: En el Nuevo Testamento los cuatro evangelios nos enseñan acerca de Jesús, su vida y su misión. El Corán no es la biografía de Muhámmad escrita por sus seguidores.

Cuarto: La Biblia tiene varios libros escritos muchos años después de la muerte de los profetas, a veces ni siquiera están en el lenguaje hablado por ellos, dando así lugar a innumerables dificultades en el análisis. Todo el Corán fue escrito en vida de Muhámmad y fue además memorizado por cientos de personas en su lengua original.

Quinto: Los cuatro evangelios canónicos no eran los únicos existentes; la decisión de lo que debía y lo que no debía estar en La Biblia fue dejada a merced del juicio humano (con todas sus limitaciones, intereses y errores). En el Islam no hubo conferencias ni concilios para determinar qué capítulo debía o no estar en el Corán.

La teoría de que el Corán fue tomado de La Biblia se tambalea ante la existencia de diferencias de credo y dogmas de fe entre ambos textos.

·         El concepto bíblico de Dios es muy diferente al coránico: En La Biblia Dios es descrito con una forma humana[120], es presentado como alguien que se cansa y necesita descanso[121]. Dios entra en el jardín y un hombre puede esconderse de Él; y para hallar su escondite Dios debe buscarlo[122]. Tal como un ser humano, Dios es retratado en La Biblia sintiéndose arrepentido por algunas de sus decisiones, implicando que Él ignoraba las consecuencias de las mismas o que Dios está sujeto a caprichosos estados de humor[123]. No es solamente celoso sino que frecuentemente es llamado “El Dios de Israel”[124]. Como un ser humano, Dios tiene fosas nasales, boca y habita en una espesa oscuridad[125]. A veces hasta necesita de alguna señal de los seres humanos para no equivocarse[126]. Está también asustado de la unidad y poder de los hombres[127].

Tales descripciones no sólo no se encuentran en el Corán, sino que son consideradas como sacrílegas para con la majestad de Dios.

·         El concepto bíblico de los profetas es también radicalmente diferente al presentado en el Corán. Mientras el Corán presenta a los profetas como el mejor ejemplo de piedad y rectitud moral (Ver en el Corán 21:27 y 22:52), en la versión bíblica casi todos los profetas parecen cometer grandes pecados contra la fe y la moral. Algunos de los vergonzosos actos atribuidos a los profetas en La Biblia incluyen la idolatría a Aarón[128] , la inclinación de Salomón hacia la idolatría[129] y los engañosos trucos de Jacob para con su padre Isaac[130]. Abraham contrajo un incestuoso matrimonio con Sara o era simplemente un innoble mentiroso[131].

El ebrio profeta Lot comete incesto con sus dos hijas y también se nos relata cómo las entregó a los degenerados y lujuriosos hombres de Gomorra, e invitó a éstos a hacer con ellas lo que quisieran[132]. El profeta David no sólo sería un voyeur sino que de hecho, cometió adulterio con la esposa de Urías y luego mandó matar al mismo[133]. Judas (hijo de Jacob el profeta) cometió incesto con su nuera; Pherez y Sarah, fruto del este acto, son honrados como tatarabuelos de Jesús[134]. Parecería que Dios bendice a Judas por su incestuoso crimen. También se menciona que Jesús niega a su madre cuando le dijo: “¿Qué tienes conmigo mujer?[135]. El Corán no acusa a ninguno de los profetas de alguno de los mencionados crímenes.

·         Existen también diferencias en el credo concernientes a la creencia en el Más Allá, el concepto de la salvación y la orientación sobre la vida[136].

Además de las diferencias doctrinales, existen también grandes discrepancias aún en historias comunes a ambos libros. A manera de ejemplo, mostraremos la historia de Adán y Eva. Las similitudes entre ambas versiones son que los dos libros dicen que Adán y Eva fueron los primeros seres humanos en ser creados. Ambos vivieron en un jardín y se les permitió comer de cualquier árbol menos uno. Los dos sucumbieron ante las tentaciones de Satán y comieron del árbol, siendo enviados a vivir a la tierra.

Las diferencias entre ambas versiones del relato son las siguientes:

  1. La Biblia dice que se trataba del árbol del conocimiento; el Corán no hace tal comentario. Según el Corán, el hombre es inspirado inherentemente en el conocimiento  del  bien y del mal y Adán fue enseñado acerca de la naturaleza de las cosas antes de su desobediencia[137].
  2. En la narración bíblica la mujer carga con la culpa del error y, como castigo, Dios multiplica su agonía en el parto. No hay un sólo verso en el Corán que sugiera o implique de forma alguna que la mujer carga con más responsabilidad por aquella equivocación. El embarazo es descrito en el Corán como noble y loable[138].
  3. En La Biblia Eva es tentada por Satán quien toma la forma de una serpiente. El Corán dice que Satán tentó a ambos y no existe mención alguna sobre una serpiente o víbora[139].
  4. La Biblia no menciona el arrepentimiento de Adán y Eva después de su desobediencia, mientras que el Corán enfatizó este punto. Según el Corán, ambos se arrepintieron y Dios los perdonó[140].
  5. La Biblia sugiere que la venida a la tierra para vivir en ella fue una especie de castigo, mientras el Corán dice que ése era el plan de Dios aún antes de haberlos creado[141].

Las anteriores diferencias tienen muy serias implicaciones dogmáticas. La idea del bíblico árbol del conocimiento supone que Adán era perfecto antes de comer del árbol, pero que su naturaleza cambió después de comer de él. Según el Corán, el hombre es una mezcla de arcilla (fuente de su debilidad) con alma y ha sido siempre una criatura imperfecta.

Para los cristianos, el problema es ganar nuevamente esa perfección previa para conseguir la salvación y volver al Paraíso; el Corán a su vez, espera que el hombre tenga algún desliz, pero el objetivo principal es tratar, sinceramente con lo mejor de cada uno, de cumplir con los mandamientos de Dios. Mientras que la fe cristiana acepta la doctrina del Pecado Original, el Corán dice que cada niño nace puro y es responsable sólo por sus propios actos.

Como resultado de aceptar el Pecado Original, en La Biblia debe derramarse sangre para reconciliar al hombre con Dios, mientras que el Corán dice que Dios no necesita un derramamiento de sangre para perdonar (por lo tanto la crucifixión es innecesaria).

La idea de que la mujer es responsable por la caída del hombre, tiene una repercusión negativa en cuanto a la posición de la mujer en la sociedad y su status.

Existen también muchas variaciones en las historias de Abraham, Ismael, Isaac, Lot, Moisés y Jesús[142]. Por eso, ciertamente está errada la idea de que el Corán fue copiado extensamente de La Biblia. De hecho, hasta los eruditos que postulan la teoría del “préstamo” de textos, como Philip Hitti, se apresuran a agregar que “Los parecidos no garantizan la conclusión de la copia o citación” y que Muhámmad no era un imitador[143], pero que había profundizado en La Biblia y la comprendiéndola completamente para luego cambiarla extensamente y moldearla según sus propias palabras. No obstante, Richard Bell, que pasa muchos apuros tratando de probar que Muhámmad dependía directamente de La Biblia, insiste en que el Profeta “no estaba trabajando sobre un conocimiento real de La Biblia misma[144]”. Kenneth Cragg también dice que “Muhámmad no tuvo ningún contacto personal con escrituras de otras creencias... existe una ausencia casi total de lo que podría ser llamado una citación directa de ambos testamentos[145]”.

La teoría del copiado de textos se derrumba aún más, por el hecho de que en el Corán hay historias y detalles que no se encuentran en La Biblia, como las de Ad y Zamud y de sus profetas, y  de Hud y Sáleh que no están en La Biblia. Algunos de los detalles que no se encuentran en el texto bíblico incluyen los diálogos de Noé con su hijo antes del Diluvio, el de Abraham con su padre y con el tirano Nemrod. El milagroso escape de Abraham de las llamas, la milagrosa resurrección mostrada por Dios a Abraham al devolver unos pájaros a la vida. Están también ausentes de La Biblia el sacrificio de una vaca por Moisés para resucitar a un hombre asesinado, a fin de que nombrara a su asesino, así como el largo diálogo entre Moisés y los israelitas sobre qué animal debía ser sacrificado. Tampoco se encuentran en La Biblia las milagrosas palabras de Jesús en su cuna, el de dar vida a pájaros de barro moldeados por él mismo, ni el sustento milagroso de Dios a María[146].

¿Dónde consiguió Muhámmad tantos detalles ausentes en La Biblia si el Corán era “principal, pero no exclusivamente, un derivado dependiente de tradiciones judías y cristianas?”.

Bajo “El cristianismo en Arabia”, la Nueva Enciclopedia Católica dice que durante el tiempo del Profeta, “el Hiyaz no había sido tocado por la prédica cristiana, por ende, no se debe esperar ningún tipo de organización eclesiástica cristiana[147]”.

Algunos eruditos sugieren que Muhámmad dependía de fuentes orales, y citan como prueba la aparente “confusión” de personajes en el Corán, “entre María la madre de Jesús y Miriam la hermana de Aarón”. El origen de esta acusación, es el verso coránico con respecto a la madre de Jesús:

“¡Oh, hermana de Aarón! Tu padre no era un hombre de mal, ni tu madre una indecente[148]”.

Primero: La citada acusación está errada, porque no toma en cuenta la naturaleza de la lengua árabe ni el contexto del verso. En árabe, las palabras “ajun” y “ujtun” tienen dos significados: a) Hermano y hermana de sangre. b) La hermandad del clan o la fe compartida. El verso mencionado es del uso de la palabra “ujtun” en el segundo significado; esto no es inusual pues el Corán utiliza la misma expresión idiomática en muchos versos anteriores.

En la sura 11:78, Lot se refiere a las mujeres de su comunidad como “mis hijas”. En la sura siete entre los versos 65 y 73, y 83, los profetas Hud, Sáleh y Shu’aib son mencionados como hermanos de sus respectivas comunidades. La gente de Lot es también mencionada en la sura 50 verso 13, como “los hermanos de Lot”. Exceptuando la palabra “banati”, que significa “mis hijas” en 11:78, todas las anteriores referencias presentan la palabra “ajun” que significa “hermano”. La expresión “¡Oh hermana de Aarón!” fue usada también idiomáticamente en el sentido del linaje familiar y no en el de un verdadero y cercano parentesco. En el evangelio de Lucas, por ejemplo, Elizabeth esposa de Zacarías es llamada “de las hijas de Aarón”[149] con el mismo sentido de linaje.

Segundo: El contexto del verso aclara toda duda sobre el significado de “¡Oh hermana de Aarón!”, esta exclamación fue hecha cuando María volvió a su gente cargando al bebé Jesús en brazos:

“El asombro de la gente no tuvo límites. De todas formas ya estaban preparados para creer lo peor de ella, pues había desaparecido de entre sus familiares por un tiempo; ¡Pero ahora venía exhibiendo sin vergüenza alguna un bebé en sus brazos! ¡Cómo había deshonrado la Casa de Aarón! ¡La fuente de la profecía! Hermana de Aarón, le es recordado a María su noble linaje y la excelente moral de su padre y madre, ¡cómo!, dijeron, ¡había caído y deshonrado el nombre de sus progenitores![150]”.

Esto nos demuestra que la expresión “¡Oh hermana de Aarón!” no puede tomarse como prueba de la existencia de fuentes orales judeocristianas en los orígenes del Corán, ni la supuesta confusión[151] acerca del nombre de Hammán[152].

Tercero: El Corán se basta a sí mismo como defensa. Las fuentes judías, cristianas o paganas hubieran sido “de otro que no es Dios”. El Corán dice en 4:82 que no existen inconsistencias o contradicciones en él, mientras que no se compruebe que esta afirmación es incorrecta todas las alegaciones de ese tipo tendrán poco valor. Al final, no importa cuáles sean las imputaciones, ni si están o no relacionadas con la persona, carácter o intenciones del Profeta. La verdad y autenticidad de su mensaje sólo podrán ser refutadas si se comprueba que son erróneas en cualquiera de sus declaraciones, dada la naturaleza de la revelación. El desafío, hecho por el mensaje al respecto, es abierto y eterno. Cualquier ataque contra la persona del Profeta es superficial y significa un desvío del tema principal. Un crítico serio del Corán debe encontrar el error y después exponer las razones de esa equivocación. Cualquier otro tipo de intento sería solo especular sobre “posibles” errores.

Hemos examinado hasta ahora las dos primeras posibilidades lógicas en lo que concierne a la autoría del Corán. Hemos demostrado lo difícil que es rechazar la afirmación de que el Corán es revelación divina. Esta dificultad no prueba por sí misma que el Corán sea palabra de Dios, simplemente prueba que Muhámmad no fue el autor del Corán, y que este libro no es una combinación de fuentes orales judeocristianas.

Examinaremos a continuación la afirmación de que el Corán es una Revelación Divina.

  CAPÍTULO XI

 LA TEORÍA DE LA REVELACIóN DIVINA

Hemos visto anteriormente la afirmación coránica que dice que aún con los esfuerzos mancomunados de toda la humanidad, es imposible producir algo como el Corán. Un conciso examen de este libro a la luz de la ciencia moderna, tiende a sustentar la anterior declaración, como lo demostró en su obra “La Biblia, el Corán y la Ciencia” el científico francés católico, el Dr. Maurice Bucaille. Algo que refuerza mucho más esta afirmación es el increíble formato del Corán, como comenta G. Miller:

“En cuanto a las maravillas numéricas y los sorprendentes aspectos de la construcción del Corán, estos son abundantes y, lo más importante, necesarios. Es decir, la disposición de las palabras en el Corán es necesaria, de otra forma contendría errores[153]”.

Las áreas de posible comparación entre el Corán y La Biblia a la luz de la ciencia moderna incluyen: La creación del mundo y sus etapas, la fecha de creación de la Tierra, la aparición del hombre en ella y la descripción del Diluvio y el Éxodo.

1.       La Biblia dice, en Génesis 1:3-5, que el día y la noche fueron creados en el primer día. La luz que circula por el universo es el resultado de complejas reacciones en las estrellas. Es ilógico citar el efecto producido (la luz) en el primer día de la creación, situando el medio para producirla (las luminarias) tres días más tarde. Además, situar en el primer día la existencia de una “tarde” es puramente alegórico. ¡La tarde y la mañana, como elementos de un día, no son concebibles sino después de existir la Tierra y su rotación bajo la iluminación de su propia estrella, el Sol![154]. El Corán no presenta la esta secuencia.

2.       En Génesis 1:9-13 leemos que “...pasto y hierbas que den semilla y árboles frutales que den sobre la tierra fruto con su semilla adentro” fueron creados en el tercer día. “...que un muy organizado reino vegetal y con una reproducción por semillas apareciese antes de existir un sol (Éste aparecerá, dice el Génesis, el cuarto día) y que se establezca la alternancia de los días y las noches es por completo insostenible[155]”. Nuevamente, el Corán no hace tal afirmación.

3.       En Génesis 1:14-19, en el cuarto día fueron creados el Sol, la Luna y las estrellas. “La Tierra y la Luna emanaron, como sabemos, de su estrella original, el Sol. Situar la creación del Sol y la Luna antes de la creación de la Tierra es completamente contrario a las nociones más sólidamente establecidas sobre la formación de los elementos del sistema solar[156]”. Bucaille continúa enumerando muchas otras inconsistencias secuenciales. La creación del universo, según La Biblia, tomó seis días. La duración de un día es aparentemente de 24 horas, pues Dios descansó en el Sabbath. El Corán también mencionó seis días  pero la palabra usada es “Ayamu”, plural de “yaum”. Esta palabra puede significar dos cosas: Un día de veinticuatro horas o un muy largo periodo de tiempo. El Corán dice en 32:4 que Dios creó los cielos y la Tierra en seis días y en el siguiente verso dice que la duración de un día es igual a mil años de los nuestros. El Corán también rechaza la idea de Dios descansando en el Sabbath[157]. Entre los versos coránicos que hablan de la creación de los cielos y la Tierra tenemos: 79:27-35, 21:11, 2:29, 23:17, 71:15-16, 78:12-13, 32:4, 50:38 y 25:59. En cuanto al proceso básico de la formación del universo, el Corán dice en 21:30:

“¿Es que no ven los que se niegan a creer que los cielos y la Tierra estaban juntos y los separamos? ¿Y que hemos hecho a partir del agua toda cosa viviente? ¿No van a creer?”.

En la sura 41, aleya (verso) 11, el Corán dice:

“Luego dirigió (Su voluntad) al cielo, que era humo, y le dijo junto con la Tierra...”.


 CAPÍTULO XII

 DATOS CIENTÍFICOS

Cuando se comparan los datos en el Corán con los conocimientos científicos modernos, destacan claramente los siguientes puntos:

1. - “Hay que señalar que, para que los cuerpos celestes y la Tierra se formaran, tal como lo explican los versículos 9 al 12 de la sura 41, han sido necesarias dos fases. Sin embargo, la ciencia nos enseña que si tomamos como ejemplo (y único ejemplo accesible) la formación del Sol y su subproducto, la Tierra, el proceso se desarrolla por condensación de la nebulosa primitiva. Esto es precisamente lo que el Corán expresa de forma explícita mediante la mención de los procesos que produjeron, a partir del “humo” celeste, una fusión y después una separación. Aquí se observa una identidad perfecta entre el dato coránico y el dato científico.

2. - La ciencia ha demostrado la estrecha relación de los dos acontecimientos para la formación de una estrella (como el Sol) y de su satélite o satélites (como la Tierra). ¿Acaso no aparece esta estrecha relación en el texto coránico?

3. - La existencia de una etapa primitiva del universo, del ‘humo’ al que se hace referencia en el Corán, es decir, el predominante estado gaseoso de la materia que lo compone, corresponde obviamente al concepto de la “Nebulosa Original” presentado por la ciencia.

4. - La pluralidad de los cielos expresada en el Corán por el número siete, y cuyo significado hemos discutido, es confirmada por la ciencia moderna gracias a las observaciones hechas por los expertos en astrofísica sobre los sistemas galácticos y su extenso número.

5. - La existencia de una creación intermedia entre “los cielos y la tierra” mencionada en el Corán, puede ser identificada con el descubrimiento de “puentes” de materia presentes en las afueras de los sistemas astronómicos organizados[158].

La pregunta que debemos hacernos aquí es ¿cómo pudo Muhámmad, viviendo en el desierto de Arabia mil cuatrocientos años atrás, haber modificado la versión bíblica a tal punto que logró eliminar los datos científicamente erróneos y, por iniciativa propia, aumentar otros datos que sólo la ciencia ha podido verificar recientemente?

Otra área de comparación es la fecha de aparición del hombre sobre la Tierra.

Usando los datos genealógicos en los capítulos 4, 5, 11, 21 y 25 del texto sacerdotal de Génesis, se puede deducir que Abraham nació 1948 años después de Adán. El tiempo que separa a Abraham de Jesús es casi 1800 años y el tiempo separando a Jesús de Adán es de 5800 años. Esta estimación es innegablemente errada, los orígenes de esta equivocación se deben a los errores en La Biblia sobre el periodo de tiempo entre Adán y Abraham[159]. Gracias a las excavaciones y estudios de antropología y arqueología existe suficiente evidencia hoy en día, que sitúa la aparición del hombre sobre la Tierra en decenas de miles de años de anterioridad. Los datos numéricos del Génesis son, por lo tanto, incompatibles con los firmemente establecidos datos de la ciencia moderna. El Corán no menciona tales fechas y por lo tanto, el problema de las anteriores inexactitudes no se da de ninguna manera.

La descripción bíblica del Diluvio (en los capítulos 6, 7 y 8 del Génesis) indica que este hecho fue universal y destruyó toda la vida en la Tierra. El relato sugiere que el evento tuvo lugar 1656 años después de la creación de Adán o 292 años antes del nacimiento de Abraham. Esta descripción es incompatible con el conocimiento moderno, pues si el Diluvio destruyó a toda la humanidad, no puede ser posible que Abraham, quien vino sólo tres siglos después, encontrara a una humanidad reagrupada en comunidades separadas, especialmente si esa humanidad fue reconstruida por los tres hijos de Noé y sus esposas.

Más aún, “se sitúa a Abraham en los años 1800-1850 antes de Cristo. Si el Diluvio hubiese tenido lugar, tal como lo sugiere el Génesis en sus genealogías, alrededor de tres siglos antes de Abraham, habría que situarlo hacia el siglo XXI o XXII antes de Cristo, esta es la época en que - según los conocimientos históricos modernos permiten afirmar - han florecido ya, en varios puntos de la Tierra, civilizaciones cuyos vestigios pasaron a la posteridad.

Es, en el caso de Egipto por ejemplo, el periodo que precede al Imperio Medio (2100 años antes de Cristo), aproximadamente la fecha del primer periodo intermedio antes de la undécima dinastía que corresponde en Babilonia, a la tercera dinastía de Ur. Sin embargo, sabemos perfectamente que no hubo interrupción en estas civilizaciones ni aniquilación alguna que afectase a toda la humanidad como La Biblia pretende[160].

La versión coránica del Diluvio no da ninguna fecha, además, el Corán indica que había otras personas aparte de Noé en el arca. De hecho, el hijo de Noé ni siquiera entró en el Arca[161]. El Corán no dice que el Diluvio fuera universal, al contrario, existen claros indicios de que este fue local[162]. Lo que debemos notar aquí es que el único documento disponible (en la época de Muhámmad) sobre el Diluvio era La Biblia. Si Muhámmad hubiese tomado la historia de La Biblia habría copiado los errores también. El Corán corrigió la historia bíblica mucho antes de haberse efectuado cualquier descubrimiento científico.

Un punto de comparación de sumo interés concerniente al éxodo, es el total silencio de La Biblia sobre el rescate del cuerpo del Faraón después de su muerte[163]. El Corán, a su vez, ha registrado explícitamente qué fue de su cuerpo:

“Pero hoy salvamos tan sólo tu cuerpo para que sirvas de ejemplo para la posteridad, porque hay muchos humanos que están desatentos a nuestras leyes[164]”.

Los cuerpos de todos los faraones, a quienes con razón o no, los hombres de esta época han pretendido involucrar en el Éxodo, se hallaban en sus tumbas en Tebas, al otro lado del Nilo con relación a Luxor, en el  tiempo en que el Corán era comunicado a los hombres por boca del Profeta, Sin embargo, en la época del Profeta, se ignoraba por completo este hecho y no sería hasta finales del siglo XIX que se descubriría. Como dice el Corán, el cuerpo del Faraón del Éxodo fue efectivamente salvado. Quienquiera que sea este faraón, se encuentra en la sala de momias reales del Museo Egipcio del Cairo, a la vista de los visitantes[165].

El punto final de comparación está en la genealogía de Jesús:

“Las dos genealogías contenidas en los evangelios de Mateo y Lucas plantean problemas de verosimilitud y conformidad con los datos científicos y, con ello, de autenticidad... conviene señalar de entrada que estas genealogías masculinas no tienen ningún sentido en el caso de Jesús. ¡Si hubiese que dar a Jesús, hijo exclusivo de María, una genealogía, esta debería ser la de María, su madre![166]”.

Esto es precisamente lo que el Corán hace. Jesús es denominado a través de todo este libro “Hijo de María”. En el Corán, Jesús es colocado de acuerdo a su genealogía materna, en la línea de Noé, Abraham y el padre de María, Imran:

“Allah eligió a Adán y a Noé y a la familia de Abraham y a la familia de Imrán por encima de los mundos. (Los eligió) generación tras generación[167]”.

“Así, Jesús desciende de Noé y de Abraham por línea de su madre, María, y el padre de ésta, Imrán. Los errores nominales de los evangelios concernientes a la ascendencia de Jesús... no se encuentran en el Corán. Una vez más, la objetividad impone señalar el hecho, ya que este cobra toda su importancia ante las afirmaciones sin fundamento de aquéllos que pretenden que Muhámmad... habría copiado ampliamente de La Biblia. De ser así nos preguntamos ¿qué - o qué argumento - habría podido disuadirle de copiarla en lo que respecta a la ascendencia de Jesús y llevarle a insertar aquí, en el Corán, el correctivo que pone su texto fuera de toda crítica suscitada por los conocimientos modernos...?[168]”.

Además de los citados ejemplos comparativos, el Corán contiene mucha información científica que no tiene paralelo en La Biblia. El Corán contiene cientos de datos, los cuales pueden ser verdaderos o falsos. Es realmente impresionante que nada haya podido, por lo menos hasta ahora, señalar un simple concepto falso en todo el Corán. Debemos aclarar que no argumentamos aquí que una colección ordenada de exactos datos científicos e históricos en un libro cualquiera implica una revelación divina; estamos simplemente sacando a la luz los siguientes puntos interrelacionados:

Primero: con respecto al Corán, no es tan sólo una cuidadosa selección de varios conceptos de aquí y allá, sino que ¡no hay un sólo concepto que, hasta ahora, haya sido probado como falso!

Segundo: tales conceptos coránicos no son simples observaciones banales, sino que fueron hechos de tal manera, que no se certifica su auténtica exactitud hasta después de arduas investigaciones científicas.

Tercero: la historia nos demuestra que no existían tales conocimientos en la época de Muhámmad.

Cuarto: existían explicaciones erróneas ampliamente difundidas con relación a los mismos temas y, aún así, Muhámmad aparentemente las evitó todas.

Finalmente: Muhámmad no sabía leer ni escribir.

Otro aspecto impresionante es la amplia posibilidad de error. Habíamos mencionado que el Corán contiene datos que pueden ser verdaderos o falsos. Un dato puede tener cuatro posibles combinaciones con otro: Ambos datos pueden ser correctos o el primero ser verdadero y el segundo falso, o el primero ser falso y el segundo verdadero, o ambos datos pueden ser falsos. Tres de tales datos coránicos tendrían ocho posibles combinaciones. Si F es igual a falso y V a verdadero, las combinaciones serían: VVV, VVF, VFV, FVV, VFF, FVF, FFV y FFF. Cuatro de tales conceptos coránicos tendrían 16 posibles combinaciones y sólo una estaría totalmente libre de algún concepto falso (y conforme aumenta el número de conceptos - datos -, aumentan las posibilidades de error).

La siguiente, es una breve compilación de tales conceptos coránicos, tomada extensamente del trabajo de Maurice Bucaille, “The Biblie, the Koran and the Science”, sin los detallados análisis que los acompañan.

1.       La expansión del universo es el más grande descubrimiento de la ciencia moderna. Hoy en día es un concepto firmemente establecido y el único debate gira en torno a la forma en que ésta se lleva a cabo... El siguiente verso del Corán (Sura 51: verso 47) puede tal vez ser comparado con los conceptos modernos, dice Dios:

“El cielo, Nos lo hemos construido reforzado; por cierto Nos lo expandimos[169]”.

2.       Es conocido que el Sol es una estrella que genera un intenso calor y luz debido a sus combustiones internas, y que la Luna, la cual no da luz por sí misma, refleja la recibida del Sol. El Corán dice (Sura 25, verso 61):

“¡Bendito Sea Aquél que puso en el cielo constelaciones y puso una lámpara y una luna luminosa!”.

Aquí la Luna es definida como “un cuerpo que ilumina” -, en árabe “munir”, de la misma raíz que “nur”, la luz aplicada a la Luna -, mientras que el Sol es comparado con una antorcha “siráyy” o con una lámpara ardiente “Wahháyy”[170].

3.       Existen dos versos muy importantes sobre las órbitas del Sol y la Luna (Sura 21 verso 33):

“Él Fue Quien creó la noche y el día, el Sol y la Luna, cada cual gravita en su propia órbita”.

Y la sura 36, verso 40, dice:

“No le es dado al Sol alcanzar a la Luna ni a la noche adelantarse al día; cada cual gira en su órbita”.

“Aquí se evoca claramente un hecho esencial, la existencia de órbitas para el Sol y la Luna, y se hace alusión al desplazamiento de estos cuerpos en el espacio con movimiento propio.”

“Un hecho de orden negativo aparece en la lectura de estos versos: Se indica que el Sol se desplaza en una órbita, pero sin precisar de forma alguna lo que esta órbita sería con relación a la Tierra. Pero en la época de la revelación coránica se creía que el Sol se desplazaba y la Tierra era un punto fijo. Esta era la visión geocentrista que regía desde Ptolomeo, en el siglo II A.C., y que estaría en vigor hasta Copérnico en el siglo XVI D.C. Esta concepción, a la que se adherían en la época de Muhámmad, no aparece en el Corán en ningún lugar, ni aquí ni en ninguna otra parte[171]”.

4.       “En una época en que se consideraba a la Tierra como el centro del universo y que el Sol era móvil con relación a ella, ¿qué ser humano no habría evocado el movimiento del Sol a propósito de la sucesión de los días y las noches? Sin embargo, no aparece ninguna evocación semejante en el Corán, y aborda este tema de la siguiente manera en la sura 7, verso 54:

“La noche cubre al día y le sigue rápidamente”.

Y en la sura 39 verso 5:

“Hace que la noche se enrolle en el día y que el día se enrolle en la noche”.

“Enrollar” parece ser, como en la traducción de R. Blachére, la mejor manera de traducir el verbo árabe “Kawwara”. El significado primitivo de este verbo es enrollar en espirales un turbante sobre la cabeza; en todas las demás acepciones se conserva la noción de enrollar.”

“Ahora bien, ¿qué sucede realmente en el espacio? Tal como los astronautas estadounidenses han visto y fotografiado con claridad desde sus vehículos espaciales, particularmente a gran distancia de la Tierra, desde la Luna por ejemplo, el Sol ilumina permanentemente - salvo en los eclipses - la esfera terrestre colocada de cara a él, mientras que la otra mitad de la esfera permanece en oscuridad. Como la Tierra gira sobre sí misma, mientras la iluminación permanece fija, una zona iluminada con forma de semiesfera hace en 24 horas su rotación alrededor de la Tierra, en tanto que la semiesfera que queda en la oscuridad hace la misma rotación en el mismo tiempo. Esta interesante ronda del día y de la noche está perfectamente descrita en el Corán. Esto es fácilmente accesible en nuestros días para el conocimiento humano, dado que poseemos la noción de que el Sol está estático, relativamente, y de la rotación de la Tierra. Este proceso de “Enrollamiento” permanente con penetración continua de un sector en el otro, viene expresado en el Corán como si en esa época ya se hubiese concebido la redondez de la Tierra, lo que evidentemente no era el caso[172]”.

5.       “Cuando en nuestros días leemos unos tras otros los versos coránicos relativos al papel del agua en la vida del hombre, todos nos parecen expresar ideas completamente evidentes. La razón de esto es simple. En nuestra época todos conocemos, de forma más o menos precisa, el ciclo del agua en la Naturaleza”.

“Pero si consideramos los diversos conceptos que existían antiguamente sobre este tema, percibiremos que el Corán no contiene las ideas “Míticas” que estaban en vigor durante la (época de su) revelación.”

“Tales de Mileto, en el siglo VII A.C., sostenía la teoría del empuje de las aguas hacia el interior de los continentes bajo el efecto de los vientos, la caída de ésta sobre la tierra y su penetración a través del suelo. Platón compartía esta idea y pensaba que el retorno se efectuaba a través de un gran abismo, el Tártaro”.

“Esta teoría tendría numerosos adeptos, incluso Descartes en el siglo XVIII. Aristóteles, por su parte, suponía que el vapor de agua del suelo se condensaba en unas cavidades frías de las montañas y formaba lagos subterráneos que alimentaban los manantiales. Esta opinión es también la de Seneca (Siglo I A.C.), y tendría numerosos partidarios, incluso O. Volger en 1877... La primera concepción clara del ciclo de agua corresponderá, en 1580, a Bernard Palissy... quien afirma que las aguas subterráneas provienen de las infiltraciones de agua de lluvia en el suelo. Esta teoría sería confirmada por E. Mariotte y P. Perrautt en el siglo XVII”.

De estos conceptos erróneos que circulaban en la época de Muhámmad, no se encuentra eco alguno en los pasajes del Corán, que aquí presentamos: (Sura 23 verso 18)

“Y hacemos descender, prudentemente, agua del cielo y la almacenamos en la Tierra”.

Otros versos incluyen 50:9 -11, 23:18-19, 15:22, 35:9, 30:48, 7:57, 25:48-49 y 39:21, que dice:

“¿No has visto que Dios Ha hecho descender del cielo una agua que Él encamina hacia una fuente en la tierra[173]?”

“Los geólogos modernos describen los plegamientos del suelo que hacen sentar base a las montañas, y que son de dimensiones variables, llegando a medir un kilómetro y a veces hasta diez kilómetros. De este fenómeno de plegamiento resulta la estabilidad de la corteza terrestre”.

Tampoco nos sorprende leer en ciertos pasajes del Corán, algunas reflexiones sobre las montañas, como en la Sura 79 verso 32:

“Y fijó firmemente las montañas”.

Y la sura 31 verso 10:

“Plantó en la tierra firmes montañas para que no oscilara con vosotros[174]”.

6.       La electricidad atmosférica y sus consecuencias, el relámpago y el granizo, dan lugar a los pasajes siguientes: sura 13 versos 12 y 13, y sura 24 verso 43  que dice:

“¿No has visto que Dios empuja suavemente las nubes, las reúne y después hace montones con ellas? Entonces ves salir la fina lluvia de su interior. Él Hace descender del cielo montañas de granizo, con ellas alcanza a quien quiere y las desvía de quien quiere; poco falta para que el destello del relámpago (que le acompaña) se lleve la vista”.

“Tenemos en estos dos versos la expresión de una correlación manifiesta entre la formación de nubes cargadas de lluvia o de granizo y la producción del rayo; la primera es motivo de ansia por el beneficio que representa; la segunda, motivo de temor, ya que su caída está sometida a los designios del Todopoderoso. La estrecha relación entre ambos fenómenos está de acuerdo con el conocimiento de nuestros días sobre electricidad atmosférica[175]”.

7.       “Lo que se expresa en el verso 125 de la sura 6 es, en honor a la verdad, una reflexión bien común sobre la molestia experimentada en las alturas, cada vez más notoria a medida que la persona se eleva:

“A quien Allah quiere guiar, le abre el pecho al Islam, pero a quien quiere extraviar hace que su pecho se haga estrecho y apretado como si estuviera ascendiendo al cielo[176]”.

8.       Explicando el fenómeno de la sombra, el Corán dice en la sura 16 verso 48:

“¿No reparan acaso en cuanto Dios Ha creado, entre las cosas inanimadas cuya sombra se proyecta de derecha a izquierda prosternándose sumiso ante Él?”.

“El texto coránico hace alusión a las relaciones de la sombra con el Sol. Conviene recordar a este respecto que en la época de Muhámmad, se creía que el desplazamiento de la sombra estaba condicionado por el movimiento del Sol de este a oeste. La aplicación de esto fue el reloj de sol para medir el tiempo entre la salida y la puesta del sol. Aquí, el Corán habla del fenómeno sin mencionar el concepto en boga durante la época de la revelación, esta explicación fue bien acogida por la gente aún siglos después de la época de Muhámmad, pero a fin de cuentas terminaría reconociéndose como errada[177]”.

9.       “Si bien contempla el origen de la vida sobre un plano muy general, el Corán evoca este tema de forma extremadamente concisa, en un verso que concierne igualmente al ya citado y comentado proceso de formación del universo (Sura 21 verso 30):

“¡¿Es que no ven los que se niegan a creer que los cielos y la tierra estaban juntos y los separamos?! ¡Y que hemos hecho a partir del agua toda cosa viviente! ¿No van a creer?”.

“...la vida tiene un origen acuático y el agua es el origen de toda célula viva. Sin agua no es posible vida alguna... los datos nos permiten pensar que los seres vivos más antiguos debieron pertenecer al reino vegetal: Se han encontrado algas en el periodo Precámbrico, es decir, en las tierras más antiguas que se conoce. Organismos del reino animal debieron aparecer un poco más tarde: ¡estos también vinieron de los océanos![178]”. 

10.   En lo concerniente a la reproducción vegetal, “conviene recordar que la reproducción en el orden vegetal se efectúa de dos maneras: sexual y asexual. A decir verdad, sólo la primera merece el nombre de reproducción, ya que define un proceso biológico que tiene por objeto la aparición de un nuevo individuo idéntico al que le dio nacimiento”.

La reproducción asexual es una simple multiplicación... la reproducción sexual de los vegetales se lleva a cabo por acoplamiento de elementos masculinos y elementos femeninos pertenecientes a unas formaciones generatrices que están juntas en la misma planta o separadas. Sólo la reproducción sexual se contempla en el Corán, sura 20 verso 53:

(Dios Es el que) hizo descender del cielo una agua mediante la cual hicimos salir del suelo elementos de pareja de diversas plantas”.

 “Elemento de pareja”, esta traducción de la palabra árabe “zauyy” (plural Azuayy), cuya acepción primitiva es “lo que junto con otro hace el par”, aplicándose la palabra a los esposos tanto como a un par de calcetines[179].

Con respecto a las abejas, el Corán dice en la sura 16 versos 68 y 69:

“Tu señor Ha inspirado a la abeja: toma morada en las montañas y en los árboles y en lo que (los hombres) construyen (para sí). Come de todos los frutos y sigue humildemente los caminos de tu Señor. Del interior de su cuerpo sale un licor de color diferente donde (se encuentra) un remedio para los hombres”.

Estos versículos nos traen tres conceptos fundamentales:

a) El comportamiento de las abejas es dirigido por Dios:

“... una extraordinaria organización nerviosa es el sostén de dicho comportamiento. Es sabido que mediante su danza, las abejas se comunican entre ellas; de esta manera son capaces de dar a conocer a sus congéneres en que dirección y a qué distancia se encuentran las flores a libar. Los famosos experimentos de Von Frish demostraron el significado del bailoteo de este insecto, destinado a transmitir información entre las abejas obreras[180]”.

b) Está comprobado que la miel puede ser usada como remedio para ciertas enfermedades.” La “Islamic Horizons” de noviembre de 1987 añade:

“Investigadores de “La Florida Akbar Clinic” en Ciudad de Panamá... han estado estudiando desde la primavera de 1986 las facultades del ajo, la semilla negra y la miel para aumentar las funciones inmunológicas del cuerpo[181]”.

c) Que las abejas obreras, las cuales buscan la comida, son hembras:

“¡Los verbos utilizados en árabe se refieren a abejas hembras! esto es muy sorprendente. Por mucho tiempo, y hasta tiempos recientes, la gente imaginaba que las abejas guerreras eran machos. Aparentemente estaban bien difundidas hasta en época de Shakespeare, pues lo asume así en su poema “La violación de Lucrecia[182]”.

Con respecto a las abejas obreras, la Enciclopedia Británica dice:

“La casta más numerosa de abejas es la de las obreras, las cuales tienen en su totalidad órganos femeninos... las obreras alimentan a las crías, limpian las celdas, montan guardia contra los intrusos, construyen el panal, recolectan el polen y el néctar...[183]”.

El origen de los constituyentes de la leche animal es definido en el Corán en estricta concordancia con la ciencia moderna:

“Y que tenéis un ejemplo en los animales. Os damos a beber lo que hay en sus entrañas, sale de entre lo que está en el intestino y la sangre, leche pura y sabrosa para quienes la beben”.

“Los constituyentes de la leche son segregados por las glándulas mamarías. Estas se alimentan, por así decirlo, de los productos de la digestión de los nutrientes que la sangre circulante lleva hasta ellas. La sangre desempeña, por lo tanto, un papel de recolector y transportador de materiales extraídos de los alimentos para nutrir las glándulas mamarías productoras de leche, lo mismo que a cualquier otro órgano.”

“Todo el proceso principia con el encuentro y combinación del contenido intestinal con la sangre al nivel mismo de la pared intestinal. Estos datos precisos derivan de los descubrimientos de la química y la fisiología de la digestión, y eran totalmente desconocidos en los tiempos del profeta Muhámmad, esto sólo se conoció en tiempos modernos. En cuanto al descubrimiento de la circulación sanguínea, este fue obra de Harvey y se sitúa aproximadamente diez siglos después de la revelación coránica.”

“Pienso que la existencia en el Corán de versículos que hacen alusión a estas nociones, no puede tener explicación humana alguna en razón de la época en que fueron formuladas[184]”.

11.   Con respecto a la reproducción humana, el Corán contiene muchos detalles valiosos. Aquí sólo mencionaremos cuatro puntos básicos:

a)    La fertilización es realizada por tan sólo un pequeño volumen de líquido. “El Corán menciona este concepto once veces con las siguientes palabras: (Sura 16 verso 4)

“Creó al hombre de (una gota de) semen, a pesar de lo cual es un impugnador declarado”.

“Estamos obligados a traducir como gota (de semen) la palabra ‘nutfah’ a falta de un término equivalente en nuestra lengua. Hay que decir que esta palabra proviene de un verbo que significa derramarse, rezumar, y sirve para indicar lo que queda en un cubo una vez que se ha vaciado su contenido. Designa por lo tanto, una cantidad muy pequeña de líquido[185]”.

b)    “El líquido espermático está formado por  secreciones diversas que proceden de las siguientes glándulas:

·      Los testículos: La secreción de esta glándula genital masculina contiene los espermatozoides. (Células alargadas provistas de un flagelo bañado en un líquido ceroso).

·      Las vesículas seminales: Estos órganos, depósitos de espermatozoides, están dispuestos cerca de la próstata y poseen una secreción propia desprovista de elementos fecundadores.

·      La próstata: Ésta segrega un líquido que da al esperma su consistencia cremosa y su olor particular.

·      Las glándulas anexas de las vías urinarias: Las glándulas de Cooper, o de Mery, secretan un líquido fluente; las glándulas de Littré secretan una mucosidad.

“Estos son los orígenes de esas “mezclas” de las que parece, en efecto, hablar el Corán:

“Por cierto que creamos al hombre de una pequeña cantidad de líquidos mezclados[186]”.

c)         El asentamiento del óvulo en el aparato genital femenino. “Una vez fecundado en la trompa, el óvulo pasa a fijarse en el interior de la cavidad uterina, esto se llama “anidamiento del óvulo”. El Corán nombra al útero donde el óvulo fecundado se aposenta:

“Y afianzamos en el seno materno lo que queremos hasta un periodo determinado. (22:5)

La fijación del huevo en el útero se produce gracias a unas vellosidades, verdaderas prolongaciones del óvulo, que, cual raíces en el suelo, toman el alimento necesario para el crecimiento del óvulo en su parte gruesa. Estas formaciones sujetan (hacen colgar) literalmente el óvulo en el útero. Este hecho se menciona en el Corán cinco veces:

“¿No fue en su origen una gota de esperma eyaculada? que luego se convirtió en algo colgante del cual Dios le creó y le perfecciono”. (75:37-38).

d) La descripción coránica de ciertas etapas en el desarrollo del embrión, corresponde exactamente con lo que sabemos hoy en día. Después de “lo que se cuelga” el Corán nos informa que el embrión pasa por el estado de carne “como carne masticada” y después aparece el tejido óseo revestido de carne:

“Transformamos lo que cuelga en un pedazo de carne masticada y convertimos el pedazo de carne masticada en huesos, luego, revestimos los huesos de carne. (23:14)

“Un pedazo de carne masticada” es la traducción de la palabra árabe “mudgha”. “Carne” (como la carne fresca) es la traducción de la palabra árabe “lahm”, esta distinción merece ser subrayada. El embrión es inicialmente una pequeña masa que a simple vista, en cierto estado de su desarrollo, tiene aspecto de carne masticada. El sistema óseo se desarrolla dentro de esta masa, en lo que se llama “mesinquima”. Los huesos formados se cubren de masas musculares y son  a las que se refiere la palabra “lahm”.

Es sabido que en el transcurso de este desarrollo embrionario ciertas partes aparecen completamente desproporcionadas con relación a lo que será más tarde el individuo y otras partes guardan proporción.

¿No es este el sentido que tiene la palabra “mujallak”, que significa “formado con proporciones” y que se emplea en el verso 5 del capítulo 22 para evocar este fenómeno?

Y será sólo en el siglo XIX que se viene a tener una idea más clara de estos asuntos.

Durante toda la Edad Media, una diversidad de mitos y especulaciones sin fundamento, eran el origen de las más diversas doctrinas que se mantuvieron por muchos siglos después de este periodo. Ha de saberse que la etapa fundamental de la historia de la embriología fue marcada por la declaración de Harvey en 1651 que dice:

“Todo ser viviente procede inicialmente de un huevo”.

En esta época aún vemos, a pesar que la ciencia naciente ya había comenzado a beneficiarse grandemente del microscopio (en el campo que nos ocupa), gente que debate acerca de los roles del óvulo y el espermatozoide. Buffon era de los que apoyaban la “teoría del huevo”, pero Bonnett sostenía la teoría del encajonamiento de los gérmenes, según la cual, el ovario de Eva, madre de la especie humana, habría contenido los gérmenes de toda la especie humana, encajonados uno dentro del otro. Esta última hipótesis era favorecida en el siglo XVIII.

Fue mil años antes de nuestra época, donde doctrinas fantasiosas todavía tenían curso, que los hombres tuvieron conocimiento del Corán. Los enunciados de este libro sobre la reproducción humana señalaban en términos sencillos, verdades primordiales que la humanidad tardó tanto en descubrir[187].

En la lista anterior hemos dado, a manera de ejemplo, cerca de veinte conceptos coránicos que pueden ser verdaderos o falsos. La combinación “verdadero-falso” para veinte conceptos es de 1.048.580 probables combinaciones.

Esto significa que todas las probabilidades tendrán un concepto falso en cualquier punto, menos una. Considerando la naturaleza de tales preceptos coránicos, la complicada investigación que demandan el periodo histórico en que fueron vertidos y su impecable exactitud, da como resultado que la explicación del supuesto origen humano sea bastante insatisfactoria.  Además, ¡el Corán contiene cientos de tales conceptos! ¡La combinación de “verdadero-falso” para tan sólo cien de tales conceptos juntos es de 12.677 x 10!!!

¡¿Es realmente concebible que Muhámmad - o cualquier otro ser humano sin importar qué tan genial sea - haya podido describir, de la nada, el origen de la vida en la Tierra, la expansión del universo, los constituyentes de la leche y como se forman, el desarrollo del embrión humano y muchas otras verdades científicas sin equivocarse ni una sola vez?!

En su disertación titulada “El sorprendente Corán”, Gary Miller trata muchos otros aspectos del Corán, de los que sólo mencionaremos tres de ellos:

·         El primer aspecto es la sorprendente relación entre palabras y números. Tenemos por ejemplo la palabra “qalu” que significa “ellos dicen” o “dicen”, que se repite 332 veces en el Corán; y el imperativo “qul” que significa “di” y se repite 332 veces. ¡Exacto para refutar lo que “ellos dicen! La frase “siete cielos” aparece siete veces en el Corán. ¡Hay doce meses en el año y la palabra “shahr”, que significa ‘mes’, aparece doce veces en el Corán! ¡La palabra “iaum”, que significa “día”, aparece 365 veces en el Corán!

·         Otro aspecto importante de los mencionados por Miller, es el concerniente a la diferencia entre el uso de una palabra y la simple mención de la misma. Cuando utilizamos una palabra, es su significado el que tomamos en cuenta, y cuando se menciona una palabra, es la palabra misma lo que se toma en cuenta. Por ejemplo, si digo: “Bagamoyo es una ciudad pequeña” es el significado de Bagamoyo lo que se está tomando en cuenta; pero si digo: “Bagamoyo tiene dos “A” y dos “O”, es la palabra en sí lo que se está tomando en cuenta. Consideremos la siguiente afirmación: “La juventud viene antes de la edad adulta, excepto en el diccionario”, si uno no tiene en cuenta la mencionada diferencia es muy probable que caiga en confusión.

Miller dice:

“Si alguien dice: No hay en La Biblia equivocaciones. Alguien podría refutarle fácilmente si le muestra el pasaje bíblico donde se lee que “David cometió una equivocación”. Pero este sería un truco, porque La Biblia no dice que “equivocación” - la palabra - no se encuentra en sus páginas. En la sura 4 verso 82, el Corán dice:

“¿Es que no han reparado en el Corán?, si procediera de otro que no sea Allah, hallarían en él muchas contradicciones”. La palabra árabe traducida como “contradicciones” es “ijtilafan”. Ahora bien, si repitiéramos el truco anterior - el caso de la palabra “equivocación” en La Biblia - y lo aplicamos al Corán buscando esta vez la palabra “contradicción”, no obtendríamos el mismo resultado. Si alguien buscase en el Corán otra mención de la palabra ‘ijtilafan’ - para decir “¡Aquí hay otra ‘ijtilafan’ mencionada!, por lo tanto ¡el Corán no es divino!” y esta persona se sorprendería al ver que - además de que en el Corán no hay contradicciones según el significado de la palabra, - la misma palabra “ijtilafan” aparece una sola vez en todo el Corán, en el verso mencionado 4:82[188]. Este mismo tipo de problema fue también evitado en 2:2.

·         Otro impresionante punto mencionado por Miller es el hecho de que cuando el Corán dice: “La similitud entre esto (X) con esto (Y) es como la de...”, la cantidad de veces que las cosas comparadas - X o Y - aparecen en el Corán es siempre la misma. Algo más impresionante aún, es que hasta en el verso donde se comenta la similitud, las cosas comparadas han sido mencionadas un número igual de veces si contamos desde el primer capítulo del Corán. Aquí presentamos dos de estos ejemplos:

En su capítulo 3 verso 59, el Corán dice:

“Por cierto que el ejemplo de Jesús, ante Allah es semejante al de Adán, a quien creó de barro y luego le dijo: ¡Sé! Y fue”.

Adán fue mencionado 25 veces en el Corán, Jesús ha sido mencionado también 25 veces. Lo que es más increíble, en el capítulo y verso anteriormente citado Adán está siendo mencionado por séptima vez si contamos desde el primer capítulo del Corán. Al mismo tiempo, Jesús está siendo citado por séptima vez - en el mismo verso -, siempre contando desde el primer capítulo.

Adán fue mencionado en los siguientes versos: 2:31, 2:33, 2:34, 2:35, 2:37, 3:33, 3:59 - por séptima vez -, 5:27, 7:11, 7:19, 7:26, 7:27, 7:31, 7:35, 7:172, 17:61, 17:70, 18:50, 19:58, 20:115, 20:116, 20:117, 20:120, 20:121, 36:60 = 25 veces.

Jesús fue mencionado en los siguientes versos: 2:87, 2:136, 2:253, 3:45, 3:52, 3:55, 3:59 - por séptima vez -, 3:84, 4:157, 4:163, 4:161, 5:46, 5:78, 5:110, 5:112, 5:114, 5:116, 6:85, 19:34, 33:7, 42:13, 43:63, 57:27, 61:6 y 6:14 = 25 veces.

Algo para tener presente es que la cronología de la revelación coránica es muy diferente al presente orden del Corán. El capítulo dos, por ejemplo, fue revelado en partes durante nueve años y habla acerca de setenta diferentes situaciones[189].

En el capítulo siete verso 176, el Corán compara a la gente que sigue sus vanos deseos y rechazan los signos de Dios con un perro:

“Se comportó como el perro que si le llamas jadea y si le dejas también jadea. Este es el ejemplo de quienes desmienten nuestros signos”.

La frase “quienes desmienten nuestros signos” - “alladhina kadhabu biayatina” - aparece cinco veces en el Corán; la palabra “perro” - kalb – se cita también cinco veces. Ambos aparecen por primera vez en el verso 7:176.

La frase “quienes desmienten nuestros signos” aparece en la siguiente secuencia: 7:176 - primera vez -, 7:177, 21:77, 25:36 y 62:5= cinco veces.

La palabra “perro” aparece en esta secuencia: 7:176 - primera vez -, 18:18, 18:22, 18:22, 18:22=cinco veces[190].

Y cuando el Corán dice: “Esto no es igual que aquello...” el número de menciones totales de ambas cosas también es diferente[191].

Si reflexionamos acerca del primer ejemplo citado veremos, que en el momento en que Jesús es citado por primera vez (2:87) Adán ya había sido mencionado cinco veces, faltando solamente dos veces más para completar las siete. Aún así, el Corán reduce esta diferencia y en el momento en que los dos nombres son citados en 3:59 ya están igualados.

Sin lugar a dudas, el Corán ha desafiado a aquellos que dudan de sus fuentes al producir un libro similar a él.

La evidencia disponible muestra que lo más razonable es creer que el Corán es una revelación de Dios[192].

Ante la evidencia existente se nos hace claro que una persona puede rechazar o ignorar al Corán, pero no puede refutarlo ni desaprobarlo por ser falso.


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[1] El nombre de Dios en árabe, no está sujeto a género ni números. La forma de pronunciarlo es la siguiente: “Al-laj”, con la “jota andaluza” suave y aspirada, o la hache inglesa, enfatizando en la pronunciación de la “L”. Probablemente de la misma raíz que “Eloh”, “El” y “Allaha” en La Biblia.

[2] El Corán sura 56 aleyas 77 y 80.

[3] El Corán dice por ejemplo en 26:192-193: ¨ Este Corán es una revelación del Señor del universo. El Espíritu Leal [el Ángel Gabriel] descendió con él, y lo grabó en tu corazón [¡Oh, Muhammad!], para que seas uno de los Mensajeros [y adviertas con él a los hombres].¨. Otras referencias incluyen: 25:1, 3:3, 4:105, 16:44 y 15:9.

[4] Se discutirá el significado de este número después.

[5] Corán 15:49, 76: 24-26 y 18:27-28.

[6] Ibid 17:88. Un desafío similar aparece en 2:23, 10:38 y 11:13.

[7] Ibid 2:23-24.

[8] Ibid 10:15-16.

[9] Ibid 29:48. Su analfabetismo también se menciona en 7:158.

[10] El ejemplo más famoso es la historia de su primera revelación en la cueva de Hirá. Ver Muhammad Muhsin Khan. The translation of the meanings of Sahih-Al-Bukhari. Arabe-inglés. Lahore. Kazi Publications. Vol. 1 hadiz número 3, páginas 2-4.

[11] Charles Hamilton. The Hidaya: Commentary on the Islamic Laws. Pág. 8

[12] Richard Bell. The Qurán: translated with a critical re-arrengement of the surahs. Pág. 8.

[13] Bryan S. Turner. Weber and Islam: A critical study. Pág. 23.

[14] Ibid Pág. 34.

[15] Kenneth Cragg. The Call of the Minaret. Pág. 76-77.

[16] Arthur J. Arberry. The Koran interpreted. Pág. 15.

[17] M.M. Mulokozi. Utenzi Wa Rosil’Ghul. Pág. 4.

[18] New Catholic Encyclopedia. Pág. 715.

[19] Abdur Rahman Shad. Riyadh-As-Salihin. Hadiz números 494 y 495. Pág. 323 y 324.

[20] Martin Lings. Muhammad: His life based on the earliest sources. Pág. 276.

[21] Ver por ejemplo: Martin Lings, Ibíd. Pág. 274, 279.

[22] Corán 33:28-29.

[23] H. Nizamuddin. The teachings of Islam. Pág. 49-50. Este episodio fue mencionado en Martin Lings, Op. cit., Pág. 279.

[24] Ibíd. Pág. 50. Cuando una pregunta similar le fue hecha a Hafsah ella dijo: “Estaba compuesto por un pedazo de lienzo que yo extendí doblándolo en dos debajo suyo. En una ocasión lo doblé en cuatro tratando de hacerlo más confortable para él. La mañana siguiente me preguntó “¿Qué fue lo que extendiste debajo mío anoche?” le respondí: “el mismo lienzo, sólo lo doblé en cuatro, en vez de hacerlo en dos como acostumbro”, él dijo: “Déjalo como estaba, la comodidad adicional se interpone entre mi y el Tahayyud (oración nocturna).

[25] Ibíd. Pág. 55-57. Ver la narración de Bilal.

[26] Hafiz G. Sarwar. Muhammad: The Holy Prophet. Pág. 367.

[27] Gamal Badawi. Muhammad´s Prophethood: An Analytical View. Pág. 8.

[28] Ver por ejemplo Abdur Rahman Shad, Op. cit. Hadices números 474, 475, 476, 477, 478, Pág. 315 -317.

[29] New Catholic Encyclopedia, Vol. IX, Pág. 1001.

[30] Para más detalles sobre su simplicidad ver Ismail Kashmiri. Prophet of Islam: Muhammad and some of his traditions. El Cairo, Consejo Superior de Asuntos Islámicos. Pág. 16-17. Ver el Corán 9:61. (O cualquier biografía de Muhammad.)

[31] Yusuf Al-Qaradawi. The Lawful and the Prohibited in Islam. Pág. 103. Sin mencionar la práctica de pararse y aplaudir mientras gritan el nombre de la persona importante.

[32] Gamal A. Badawi. Op. cit. Pág. 9-10.

[33] Yusuf Al-Qaradawi. Op. cit. Pág. 103. En la colección de hadices hecha por Albujarí se reporta que el Profeta un día pasó cerca de un grupo de muchachas que estaban reunidas cantando por alguna razón. Una de ellas compuso un poema que decía: “Entre nosotros hay un profeta que sabe lo que pasará en el futuro”; el Profeta reprendió a la muchacha diciéndole: “no digas eso de mí, haz cualquier otro poema”.

[34] Hafiz G. Sarwar. Op. cit. Pág. 337.

[35] Para más detalles ver el capítulo XLII del libro de Martin Lings. Op. cit, en particular la Pág.143.

[36] Martin Lings. Op. cit. Pág. 174. Ver también el libro de Hafiz G. Sarwar. Op. cit. Pág. 2.

[37] Ibíd. Pág. 217. Él estaba de hecho cumpliendo con el mandamiento coránico de que los musulmanes deben consultarse mutuamente al realizar sus asuntos. Ver Corán 42:38.

[38] Ambos Hadices fueron mencionados en el libro de Yususf Al-Qaradawi. Op. cit. Pág. 103.

[39] Corán 53:32.

[40] Ibid 7:188.

[41] Ibid 46:9, 28:86, 6:50 y 18:110.

[42] El relato de la primera revelación a Muhammad aparece en casi todas sus biografías. Ver por ejemplo en el libro de Martin Lings. Op. cit. Capítulo XV, Pág. 43-44; o el de H. Sarwar. Op. cit. Pág.65-67.

[43] Corán 28:86.

[44] En Martin Lings. Op. cit. Pág. 60-61 y en el libro de Hafiz Sarwar. Op. cit. Pág. 91. Cuando Curaish lo amenazó anteriormente con persecución o muerte si no renunciaba a su nueva fe, la respuesta de Muhammad a su tío Abu Taleb fue: “¡Oh tío mío! Por Dios que si ellos me pusieran el sol en mi diestra y la luna a mi izquierda para que renuncie a mi tarea, no lo haría. Continuaré hasta donde Dios me ayude o moriré en el intento”. Ver el libro de H. Sarwar. Op. cit. Pág. 88.

[45] Corán 41:1-4 y 37-38.

[46] Para más detalles en la información, ver el artículo de Sayed M. Sayed. Concepto del Estado Islámico y la Ummah. En “Islamic Training Program Manual”, Dubai: MYM de Sudáfrica, 1981, Pág. 5-7. En español ver Los derechos del hombre en el Islam, Centro Islámico Boliviano, Santa Cruz, 1990 y Abdel Karim Zidan. El individuo y el estado en el Islam, I.I.F.S.O., Stuttgart, Ernst Klett Printers, 1984. (Traducción de Ahmed K. Helmi), Pág. 14.

[47] El Corán afirma que la hermandad de la fe es más importante que los lazos familiares. Ver por ejemplo 9:23, 11:45-46, 2:124 y 66:10-11.

[48] Su preocupación se agravó cuando el tío del Profeta, Hamza, aceptó el Islam. Ver Martin Lings. Op. cit. Pág. 60-61.

[49] Ver por ejemplo Corán 61:4 y 3:103.

[50] Corán 3:42.

[51] Ahmad Deedat. Cristo en el Islam. Pág. 8.

[52] Corán 2:47

[53] Ibíd. 6:93, otras referencias incluyen 69:44-45, que dice: “Si él lo hubiera inventado y Nos hubiera atribuido parte de lo que dice Le habríamos agarrado con fuerza.”  Ver también 42:22 y 16:105.

[54] Ibíd. 5:101

[55] Algunos de los pasajes donde aparece la frase “Te preguntan acerca de...diles”, incluyen: 2:189, 2:215, 2:217, 2:219, 2:220, 5:4, 7:187, 8:1, 17:85, 18:83, 20:105 y 79:42. Debe tomarse en cuenta que el Corán ha respondido algunas de estas preguntas sin usar la frase anterior; la historia de la gente de la caverna que aparece en 18:9-26 es un ejemplo.

[56] Corán 16:126. De igual manera, cuando el Profeta fue herido en la batalla de Uhud, invocó el mal sobre sus enemigos y dijo: “¿Cómo puede prosperar una comunidad que hiere a su Profeta?”. En respuesta a la maldición fueron revelados los versos 3:128-129. Ver A.A. Maududi. The Meaning of the Corán. Nairobi.

[57] Martin Lings. Op. cit. Pág. 191. Para más detalles de la mutilación y de cómo Hind masticó el hígado de Hamza, ver Pág. 189. Hind vengaba así a su padre Utbah y a sus hermanos Walid y Shaibah, muertos en la batalla de Badr. Ver también Hafiz G. Sarwar. Op. cit. Pág. 192.

[58] Corán 29:20. Otras referencias incluyen: 12:105, 2:29, 38:27 y 7:185.

[59] Ver el apéndice en el libro de Ali Musa Reza Muhayir. Islam in Practical Life. Lahore, Sh. Muhammad Ashraf. 1968.

[60] En el incidente de la reconstrucción de la Caaba por ejemplo, Abu Umaiah bin Almughirah dijo: “Haced del primero que entre por Bab Alsafa vuestro árbitro”. Cuando vieron que el primero en entrar fue Muhammad gritaron: ”He aquí Alamín (El confiable), acataremos lo que juzgue”. Muhammad tenía entonces 23 años. Ver Hafiz G. Sarwar. Op. cit. Pág. 56-57. (Traductor, en español ver: N. Dinet & S. Ben Ibrahim, Yusuf Calvo, Traducción. La vida de Muhammad), Asociación Musulmana de España, 1993, Pág. 45-46.

[61] Hafiz G. Sarwar. Op. cit. Pág. 80. Cuando Abu Sufián, archienemigo de Muhammad, fue preguntado por Heraclio (emperador romano de Oriente): “¿Le habéis acusado alguna vez de decir mentiras antes de que proclame esto (La profecía)?”. Su respuesta fue negativa. Entonces Heraclio preguntó: “¿Qué es lo que os ordena que hagáis?”, Abu Sufián respondió: “Nos dice que adoremos a Dios y tan sólo a Dios y que no adoremos a nadie con Él; y a renunciar a todo lo que nuestros ancestros habían dicho. Nos ordena rezar, decir la verdad, ser castos y mantener buenas relaciones con nuestros parientes y semejantes”. Para mayor información sobre la entrevista ver Muhammad Muhsin Khan. Op. cit. Hadiz No. 6, Pág. 7-14.

[62] Hafiz G. Sarwar. Op. cit. Pág. 147. Abdallah también fue citado diciendo: “Mucho antes de que Muhammad proclamara su misión, yo tuve unos negocios con él. Las transacciones no se habían completado aún cuando yo le dije que volvería más tarde; pero olvidé el asunto por completo. Tres días después, cuando pasé por el mismo lugar de la cita, encontré que aún seguía allí esperándome. No estaba enojado conmigo en lo más mínimo por mi desconsideración, lo único que me dijo fue: “Me pusiste en la situación de tener que esperarte aquí tres días”. Ver Hafiz G. Sarwar. Muhammad el Santo Profeta. Pág. 55-56.

[63] Muhammad Muhsin Khan, Op. cit. Vol. 1, Hadiz No. 2. Pág.2.

[64] Ibíd. Vol. 2, Hadiz No. 3, pPág. 2-4, se citó sólo en parte.

[65] Philip K. Hitti. Islam and the West: A Historical-Cultural Survey. Pág.14.

[66] Norman Daniel. Islam and the West: The Making of an Image. Pág. 27-28.

[67] Ídem

[68] He citado las palabras del reverendo, presentes en el prefacio de A.J. Arbery Op. cit. Pág.15.

[69] R.A. Nicholson, en su introducción a la traducción de E.H. Palmer. The Korán. Pág. IX y X.

[70] Ibíd. Pág. X.

[71] Ibíd. Pág. XI. Algunas veces la historia de Juana de Arco es citada como un ejemplo práctico de la “Ilusión religiosa”. Para más detalles de sus “visiones” y “voces”, ver la Nueva Enciclopedia Católica. Vol. VII, Pág. 992.

[72] Bryan S. Turner. Op. cit. Pág. 36. (Levemente modificado.)

[73] Ibíd. Pág. 37.

[74] O de la Fabricación inconsciente.

[75] The New Encyclopedia Britannica. Vol. IV. Pág. 525.

[76] Ídem. (Más detalles en español en Marcus A. Krupp y Milton J. Chatton. Diagnostico Clínico y Tratamiento. México D.F., Editorial “El Manual Moderno”, 1981. Pág. 667-674).

[77] Para una descripción más detallada, ver The New Encyclopedia Britannica. Vol. VII, bajo “Epilepsy” y “Epileptic” Fit. Pág. 654.

[78] Ibíd. Vol. IV. Pág. 525.

[79] S.A.A. Maududi. The Meaning of the Qurán. Parte 7. Pág. 4.

[80] Martin Lings. Op. cit. caPág. XXVI. Pág. 77. Los versos coránicos aparecen en la sura 18:23-24. Es de estos versos que los musulmanes aprendieron a decir "In Sha Allah" siempre que prometen algo para el futuro. (T. Que después enseñaron a otros pueblos; en la Andalucía musulmana aparecen: "Oxalá" en portugués y "Ojalá" en español; ambos significando: "Y quiera Allah...").

[81] Ídem. Para más detalles acerca de las tres preguntas ver páginas 77 y 78.

[82] Corán 18:25.

[83] Ibíd. 89:6-8.

[84] Ver Abdullah Yususf Ali, (Trad.) The Holy Quran: Text, Translation and Commentary. Jeddah, Islamic Education Centre, 1946. Notas de pie, No. 6114, Pág. 1732.

[85] Howard La Fay. Ebla: Splendor of an Unknown Empire. Dec. 1978, Vol. 154, No. 6, Pág. 737-759. La cita mencionada está en la página. 737. Los hallazgos confirmaron también la posición tomada por los estudios musulmanes de que el épico viaje de Abraham ocurrió cerca del año 2300 A.C., a diferencia de la fecha de 1800 A.C. mantenida por los estudiosos bíblicos. Interrogado acerca de la importancia de las tablas de Ebla, el Dr. Giovanni Pettinato, anterior epigrafista de la Misión Arqueológica Italiana, dijo: "Tengan presente esto: Todos los otros textos de este periodo recuperados hasta hoy no son ni un cuarto de los encontrados en Ebla". Pág. 735.

[86] Nota del Traductor: El Corán también hace referencia a un hecho asombroso de esta misma naturaleza. El soberano de Egipto es llamado “Rey” (Malik en árabe) cuando el Corán menciona la historia de José (Corán 12:43), mientras que al relatar la historia de Moisés (Corán 7:104), el mismo es llamado Faraón (Fir’aun). Según la Enciclopedia Británica (bajo el titulo Faraón) la palabra Faraón solo comenzó a ser utilizada con referencia al rey de Egipto durante el Nuevo Reino (1539-1292 AC) y entre el 945 y el 730 AC la palabra ya había sido aceptada formalmente. Como es sabido José entro en Egipto en la época anterior al Nuevo Reino, y Moisés lo hizo después de esta época. Es digno de mencionar que el relato bíblico utiliza la anacronía de llamar Faraón al gobernante de Egipto, al relatar la historia de Abraham, José y Moisés, contradiciendo así la evidencia histórica y arqueológica. Ambas teorías, la de la fabricación inconsciente y la del plagio de material bíblico se ven nuevamente incapaces de responder a esta evidencia. Para leer más acerca de la exactitud de las afirmaciones históricas del Corán ver: Pueblos desaparecidos de Harun Yahya.

[87] Corán 11:49.

[88] Q.I: Hingora. The Prophecies of the Holy Quran. Pág. 48. Para más detalles, ver la traducción de Abdullah Yusuf Ali del Sagrado Corán al inglés. Apéndice X. Pág. 1069-1076. Otras profecías incluyen aquellas en 54:45 sobre Badr, las de 44:10-16 sobre la hambruna, en 68:15-16 sobre Walid bin Mughirah siendo golpeado en la boca y varias otras.

[89] Thomas Patrick Hughes. A Dictionary of Islam. Pág. 8. Otra muestra de enemistad se vio en el caso de la lealtad tribal, que bajo el mando de Abu Táleb protegió al Profeta, a pesar del rechazo de la tribu hacia la religión que predicaba. Abu Lahab fue el único del clan Háshim (Traductor, el clan del Profeta) que se negó y se alió a los clanes enemigos. También ordenó a sus dos hijos romper con las dos hijas de Muhammad, con las que se habían comprometido antes que Muhammad anunciase la profecía; todo para ejercer sobre él una presión psicológica. Ver la traducción del libro de Sayyid Qutub. In the Shades of the Quran. London, MWH Publishers,1979, Vol. 30, Pág. 344-345.

[90] Sayyid Qutub. Op. cit. (Trad.) Vol. 30, Pág. 39.

[91] Para un relato más detallado ver S.A.A. Maududi. Op. cit. Parte IV, Nota explanatoria 49, Pág. 150-151.

[92] Para detalles adicionales ver el libro de Martin Lings. Op. cit. Pág. 240-241. Ver también El Corán, 48:1-6. (Traductor o cualquier biografía completa de Muhammad).

[93] Para más detalles acerca del acuerdo, ver Martin Lings. Op. cit. Pág. 252-255.

[94] H.A.R. Gibbs. Mohammedanism: A Historical Survey. Pág. 43-44.

[95] Philip K. Hitti. Op. cit. Pág. 15.

[96] Ibíd. Pág. 16-17.

[97] Richard Bell. The Origin of Islam in its Christian Environment: The Gunning Lectures Edimburg University, 1925. Pág. 42.

[98] Philip Hitti. Op. cit. Pág.17.

[99] Ibíd. Pág. 18.

[100] J. Christy Wilson. Introducing Islam. Pág.30-31.

[101] Richard Bell. Op. cit. .100.

[102] Ibíd. Pág. 68-69.

[103] Kenneth Cragg. Op. cit. Pág. 74.

[104] Ibíd. Pág. 263.

[105] H.A.R. Gibb. Op. cit. Pág. 37-38.

[106] Lyndon Pág. Harries. Islam in East Africa. Pág. 57.

[107] Introducción de R.A. Nicholson para E. H. Palmer. The Koran.  (Traducción). Pág. IX.

[108] Ibíd. Pág. XVIII.

[109] La Nueva Enciclopedia Católica. Vol. VII. Pág. 677.

[110] Ídem

[111] Corán 29:48.

[112] Ibid 16:103.

[113] Nota del Traductor: Es digno de notar que en esta segunda ocasión Waraqah se ofreció para defender la causa de Muhammad; si su salud y avanzada edad se lo permitían, y en ningún momento llamo al Profeta a seguir su religión (el Cristianismo).

[114] Hafiz G. Sarwar. Op. cit. Pág. 70-72. (Traductor, ver N. Dinet-S. Ben Ibrahim. Op. cit. Pág.55).

[115] S.A.A. Maududi. Op. cit. Parte II. Pág. 207. (Traductor, ver N. Dinet-S. Ben Ibrahim. Op. cit. Pág. 23).

[116] Hafiz G. Sarwar. Op. cit. Pág. 51-59.

[117] Gamal A. Badawi. Op. cit. Pág. 17-19.

[118] Ídem.

[119] Bajo el titulo de Fuentes del Corán, Thomas Patrick Hughes escribe en su obra citada: “No tenemos evidencias de que Muhammad haya tenido acceso a las escrituras cristianas... debe también tomarse en cuenta que no tenemos evidencias claras de la existencia de versiones árabes del Antiguo o Nuevo Testamento anteriores a Muhammad. La más remota versión en árabe del Antiguo Testamento de la que tengamos conocimiento es la de R. Saadías Gaón del año 900 D.C. y la más antigua versión de árabe del Nuevo Testamento es la publicada por Erpenius en 1616”, Pág. 515-516.

[120] Génesis 1:26: “Dios Dijo: Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza...” y Génesis 9:6:”...porque Dios creó al hombre a imagen suya”. Compárese estos versos con los del Corán que dice: “Di: El Es Allah, Único. Allah El Señor Absoluto; no Ha engendrado ni Ha Sido engendrado. Y no hay nadie que Se Le parezca.” Corán 112:1 - 4; o con: “No hay nada como Él...” Corán 42:11.

[121] Génesis 2:1; Génesis 2:2; Génesis 2:3; Éxodo 20:11. En cuanto a su tendencia a olvidar, ver Génesis 8:1 y Ex. 2:24. Comparar con el Corán 2:255.

[122] Génesis 3:8 - 11. Comparar con el Corán 2:115 y 6:3.

[123] Génesis 6:6, Jueces 2:18 y Ex. 32:14. Comparar con el Corán 2:255 y 6:59.

[124] Éxodo 34:14 y 20:5. En ninguna parte del Corán Dios es descrito como el ‘Dios de los Curaishíes’, el ‘Dios de los árabes’ o el ‘Dios de los musulmanes’. Ver el Corán 1:1 y 4:79.

[125] II Samuel 22:9 - 15, 1 Reyes 8:12 y Números 11:25. Comparar con el Corán, 42:11.

[126] Éxodo 12:13.

[127] Génesis 11:5 - 9, Génesis 3:22 - 24. De hecho, según La Biblia, Jacob ganó la lucha. Ver Génesis 32:24 - 29.

[128] Éxodo 32:1 - 20.

[129] 1 Reyes 11:4.

[130] Génesis 27:16.

[131] Génesis 12:10 - 20 y Gen. 20:2 - 18.

[132] Génesis 19:30 - 38 y Gen. 19: 8.

[133] II Samuel 11: 2 - 5, 11:15 - 18.

[134] Génesis 38:16 - 18 y Mateo 1:3.

[135] Juan 2:4.La mayoría de las diferentes versiones bíblicas denotan lo mencionado, pero en la “Biblia Latinoamericana” encontramos que se traduce: “Mujer, ¿Cómo se te ocurre?”. “La Biblia Latinoamericana”, Ediciones Paulinas, Madrid, 1989.

[136] Para una más detallada discusión de estos temas ver G. Miller. Missionary Christianity.  Sin lugar  fecha ni editorial. Pág. 1 - 38.

[137] Ver Génesis 2:16 - 17 y el Corán, 91:7 - 8 y 2:31 - 33.

[138] Génesis 3:12-17 y el Corán 29:8 y 46:15.

[139] Génesis 3:1-7 y el Corán, 2:36 y 7:20.

[140] El Corán 2:37 y 7:23.

[141] Génesis 3:17-19 y el Corán, 2:30.

[142] Para un estudio más detallado de las similitudes y variaciones mayores en las dos versiones, ver Ali M.R.Muhajir. Lessons from the stories of the Qur’an. Lahore, Sh. Muhammad Ashraf, 1968.

[143] Philip Hitti. Op. cit. Pág. 17-18.

[144] Richard Bell. Op. cit. Pág. 112.

[145] Kenneth Cragg. Op. cit. Pág. 74.

[146] El Corán, 11:32, 21:57, 2:258, 21:69, 2:260, 3:46, 3:49 y 3:37.

[147] La Nueva Enciclopedia Católica. Vol. 1. Pág. 721-722.

[148] El Corán 19:28.

[149] Lucas 1:5.

[150] Abdullah Y. Ali. The Holy Qur’an. Nota 2480 y 2481. Ver también el Corán, 19:27-30.

[151] Nota del Traductor: Esta supuesta contradicción esta basada en el concepto erróneo de la veracidad histórica del recuento bíblico de la “historia” de Ester (el libro de Ester). Los proponentes de este “error” suponen que si un dato o personaje histórico es mencionado en La Biblia se convierte automáticamente en una verdad histórica; y si algún otro recuento histórico (como el Corán) lo contradice debe ser por lo tanto falso. El libro de Ester (en el que se menciona que Haman era el favorito de Abusuerus) no es considerado nisiquiera un libro inspirado, y mucho menos un libro histórico confiable (ver The Jewish Encyclopaedia: 1905, Volumen V, Funk & Wagnalls Company, pPág. 235-236, y Encyclopaedia Biblica: 1901, Volumen II, The Macmillan Company, New York, Columnas 1400-1402). Por lo tanto, la mención de alguien llamado Haman en la corte del Faraón de Egipto (como en el Corán), no es una “confusión”; ni mucho menos un dato que contradice los registros históricos confiables.  

[152] Ibíd. Nota explicatoria 3331. Para una detallada refutación sobre Aljidr y Dulcarnein, ver S.A.A. Maududi. Op. cit. Vol. 7, Pág. 35-49.

[153] G. Miller. Op. cit. Pág. 30.

[154] Maurice Bucaille. The Bible, the Quran and Science: The Holy Scriptures Examined in the Light of Science. Pág. 43. (Traductor, existe una traducción al castellano de esta obra, titulada La Biblia, el Corán y la Ciencia de Ramón M. Castellote, Madrid, Arias Montano, 1991),

[155] Ídem.

[156] Ídem.

[157] ‘Sabbath’ en hebreo significa descanso. Ver El Corán 50:38.

[158] Maurice Bucaille. Op. cit. Pág. 153.

[159] Ibíd. Pág.49.

[160] Ibíd. Pág. 52.

[161] Ver Corán 11:40 y 11:42.

[162] El Corán en 25:37 se refiere a la destrucción de ‘la gente de Noé’.

[163] La muerte del Faraón es referida en Éxodo 14:23 14:28-29. Este detalle se repite en Salmos 106:10. El Corán 10:92.

[164] El Corán 10:92.

[165] Maurice Bucaille. Op. cit. Pág. 254.

[166] Ibíd. Pág. 60.

[167] El Corán, 3:33-34.

[168] Maurice Bucaille. Op. cit. Pág. 288.

[169] Ibíd. Pág. 193.

[170] Ibíd. Pág. 162.

[171] Ibíd. Pág. 165-166.

[172] Ibíd. Pág. 169-171.

[173] Ibíd. Pág. 180-184.

[174] Ibíd. Pág. 191-192.

[175] Ibíd. Pág. 193-194.

[176] Ídem

[177] Maurice Bucaille. Op. cit. Pág. 194-195.

[178] Ibíd. Pág. 198.

[179] Ibíd. Pág. 201-202.

[180] Ibíd. Pág. 207.

[181] Revista Islamic Horizons. Pág. 10. Vol. 16, No. 11 y 12, Nov. 1987.

[182] Este poema aparece en varias antologías, lo hemos tomado de: William Shakespeare. The Poems. Cambridge, Cambridge University Press, 1966, “The Rape of Lucrete”, líneas 834-840, Pág.75.

[183] Enciclopedia Británica. Vol. III, Pág. 304.

[184] Maurice Bucaille. Op. cit. Pág. 209-210.

[185] Ibíd. Pág. 213-214.

[186] Ibíd. Pág. 215.

[187] Ibíd. Pág. 218-219.

[188] Nota del traductor: La palabra “ijtilafan” aparece una sola vez en el Corán, y la única vez  que lo hace ¡es para negar la posibilidad que haya contradicciones en el Corán!

[189] Ver o escuchar la serie de entrevistas con el Dr. Gamal Badawi acerca de “Las fuentes del Islam, el Corán: El más grande milagro”. El video y las cintas de audio son distribuidas por la Fundación Islámica de Información, Halifax, Canadá. En estas cintas Badawi también discute el milagro lingüístico del Corán y muchos otros aspectos.

[190] En su capítulo 14, verso 26, el Corán dice: “Compara una palabra vil con un árbol innoble que...”. En el Corán hay once referencias al “árbol” en asociación al mal y once referencias a la “palabra” en asociación al mal. Ambas palabras aparecen en el verso anterior por sexta vez. (14:26)

[191] Para más detalles ver o escuchar la disertación de Gary Miller sobre “The Amazing Qur’an” llevada a cabo en Dubai en 1983.

[192] Algunos estudiosos han sugerido que Satán fue probablemente el autor del Corán. Ver Normann Daniel. Op. cit. Pág. 83 - 94. El Dr. Martin Lutero (Fundador de la Iglesia Luterana) tenía el mismo punto de vista. Ver el artículo de Siguard Von Sicard, “Lutero y los Musulmanes” en el Africa Theological Journal, Vol. 9, No. 2, Julio de 1980, Pág. 22-38. La debilidad de esta afirmación se evidencia fácilmente por el hecho de que el Corán no sólo ha maldecido a Satán y lo ha declarado el peor enemigo del hombre, sino que también ordena en 16:98 que antes de leer el Corán se debe buscar refugio en Dios, “de Satanás el maldito”. “Satanás se ha hecho un gran daño aquí si es que es el autor”. Y, como dice La Biblia: “Y si Satanás se levanta contra sí mismo, y se divide, no puede permanecer, sino que ha llegado a su fin” Marcos 3:26