Historias de los Compañeros del Profeta ()

 

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Historias de los Compañeros del Profeta

 Abu Bakr As-Siddiq

(Allah se complazca con él)

“…Cuando ambos estaban en la cueva, dijo a su Compañero: no te entristezcas, ciertamente Allah está con nosotros.” (9:40)

Esta aleya, se refiere al momento de haberse refugiado el Profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y su Compañero Abu Bakr, en la cueva del monte Zaur, en su emigración a Medina, perseguidos por los idólatras.

 SU VIDA

Su nombre era Abdullah Abu Bakr Ibn ‘Uzmán Abi Quhafa.

Llamado Al-Atiq y también As-Siddiq: El veraz, pues fue quien se apresuró en creer en el Profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), en todo lo que le había sido revelado, en su profecía, en su viaje nocturno y en el ascenso a los cielos.

Nació en la Ciudad de La Meca dos años después del nacimiento del Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), y murió dos años después, a la edad de 63 años.

Fue sepultado junto al Profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) en la habitación de su hija Aisha (Allah se complazca con ella).

 “SI ASI LO DIJO, HA DICHO LA VERDAD”

Se dirigió, Abu Bakr (Allah se complazca con él) al Enviado de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) estableciéndose entre ambos el siguiente diálogo:

-Abu Bakr- ¿Es cierto lo que me han informado?

-Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él): ¿Qué te han informado?

-Abu Bakr: Que Allah te ha enviado a nosotros para que le adoremos a El, sin asociarle nada.

-Muhammad: ¿Y cuál fue tu respuesta a ellos?

-Abu Bakr: Les dije, si así lo dijo Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), ha dicho la verdad.

Se llenaron los ojos del Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) de lágrimas, abrazó a su amigo de la infancia por haber creído en su mensaje, luego comenzó a relatarle cómo había llegado la primera revelación en la cueva de Hirá y cómo descendió la palabra de Allah, El Altísimo:

“Lee en el nombre de Tu Señor que todo lo creó. Creó al ser humano, a partir de un coágulo. Lee, que Tu Señor es el más Generoso. Que ha enseñado el uso del cálamo. Ha enseñado al ser humano lo que no sabía”.

Escuchó Abu Bakr (Allah se complazca con él) con atención la palabra de Allah, dichas por el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), levantó su cabeza y le dijo:

Atestiguo que tú dices la verdad y que eres El leal, atestiguo que no hay otra divinidad salvo Allah y que tú eres el Mensajero de Allah.

Sin duda alguna, Abu Bakr (Allah se complazca con él) fue una de las figuras más importantes y relevantes en los primeros tiempos del Islam. Era ciertamente el amigo más cercano del Profeta, y suficientemente conocido en toda La Meca por su probada sabiduría y madurez.

El entusiasmo con que abrazó el Islam lo llevó muy pronto a divulgar entre sus más cercanos amigos y allegados la esencia de esta fe: la creencia en Allah, y en Su Profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Muchos de los que le oían hablar, con tan firme convicción, le pidieron entrevistarse con el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). De este modo, el número de musulmanes iba creciendo, aunque guardando todavía una natural discreción en mostrar abiertamente su nueva fe.

Entre este grupo de primeros musulmanes, podemos destacar hombres como Uzman Ibn Affan, Abdel Rahman Ibn Auf, Talha Ibn Ubaidulah, Sa'ad Ibn Abu Uaqas y Alzubair Ibn Awan, todos ellos personajes jóvenes y de gran importancia en la vida social de La Meca.

Durante esta primera época, los versículos coránicos revelados se caracterizaban por poseer un texto breve, con un contenido en el que afirmaban constantemente el concepto de la Unicidad de Allah, Su Suprema Majestuosidad, Su Infinita Misericordia, la importancia de la moral en el ser humano, y la descripción detallada tanto del Paraíso como del Infierno.

 “CREO EN LO QUE LE LLEGA DEL CIELO”

Al pasar frente a la Kaabah, Abu Yahl vio al Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) solo y pensativo, quiso de alguna manera dañarlo, acercándose a él, le preguntó burlonamente:

¿Acaso no te ha llegado algo nuevo por la noche?

-El Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) levantó su cabeza y dijo:

¡Sí! Fui transportado durante la noche hasta Baitul Maqdis (la mezquita de Jerusalén).

Abu Yahl volvió a preguntarle irónicamente: ¿Y amaneciste luego entre nosotros?

Al contestar el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) afirmativamente, se apresuró Abu Yahl a gritar: ¡Hijos de Kaab Ibn Lua (gente de Qureish)! ¡Venid! ¡Venid! Comenzaron a reunirse ante la Kaaba, y Abu Yahl les narró lo que había escuchado de boca del Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), con la única intención de desmentirlo y sembrar dudas en el corazón de los musulmanes.

De inmediato, algunos incrédulos de Qureish se dirigieron hacia la casa de Abu Bakr As-Siddiq (Allah se complazca con él) felices de transmitirle una noticia que le haría dudar del mensaje de Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y así renegar de su religión.

Dijo uno de ellos a Abu Bakr (Allah se complazca con él):

- Ciertamente, tu compañero frente a la Kaaba, cuenta a la gente que su Señor lo transportó durante la noche hasta la Casa Sagrada de Jerusalén. Viajó a ella durante una noche y amaneció luego entre nosotros.

-Les contestó Abu Bakr (Allah se complazca con él): ¿Solo eso? Yo le creo y mucho más aún, creo en lo que le llega del cielo por la mañana y por la tarde, y replicó:

“si así lo dijo, ha dicho la verdad”.

Se dirigió velozmente hacia la Kaaba y abrazando al Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) le dijo:

-Por Allah que tú dices la verdad!.

 EL MÁS AMADO POR EL MENSAJERO DE ALLAH

Fue preguntado cierto día el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él):

-¡Profeta de Allah! ¿Quién es el más amado para ti?:

- Respondió, Aisha (Allah se complazca con ella).

- le dijeron: ¿y de entre los hombres?

- Les dijo (la paz y las bendiciones de Allah sean con él): Su padre.

Solía decir el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él):

“No hay entre nosotros una mano benevolente sin que le hayamos retribuido su esfuerzo, excepto la de Abu Bakr, pues a él Allah le retribuirá en el día del juicio”. Esto es interpretado por otro dicho del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) que dice:

“No hay otra mano más grande para mí que la de Abu Bakr, quién me ayudó personalmente, con sus bienes y me casó con su hija”.

Acostumbraba decir Omar Ibn Al-Jattab (Allah se complazca con él):

- “Abu Bakr es nuestra autoridad, el mejor de nosotros y el más amado por el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él).

 “ORDENADLE A ABU BAKR QUE DIRIJA LA ORACION”

Cuando enfermó el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) designó a Abu Bakr (Allah se complazca con él) para dirigir la oración comunitaria diciendo:

-¡Ordenadle a Abu Bakr que dirija la oración!

-Aisha sugirió: “Ciertamente, Abu Bakr es un hombre de corazón tierno, si toma tu lugar lo vencerá el llanto, sería mejor ordenarle a Omar (Allah se complazca con él) que lo hiciera.” Pero el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) repitió:

¡Ordenadle a Abu Bakr que dirija la oración!

Recurrió entonces Aisha (Allah se complazca con ella) a Hafsa (Allah se complazca con ella) y le encomendó:

-Dile al Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) que Abu Bakr (Allah se complazca con él) es un hombre apocado y emotivo, cuando tome su lugar, no se escuchará su oración; sería conveniente ordenadle a Omar (Allah se complazca con él).

Repitió Hafsa (Allah se complazca con ella) tal lo pedido por Aisha (Allah se complazca con ella) frente al Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) quién, disgustado por la intromisión e insistencia, exclamó:

-”Ciertamente vosotras sois como las compañeras del Profeta José”. (Alusión a las mujeres que se complotaron para tentarlo).

 -Y repitió por tercera vez:

¡Ordenadle a Abu Bakr que dirija la oración!

 “QUIEN ADORABA A MUHAMMAD, CIERTAMENTE MUHAMMAD HA MUERTO''

Llegó Abu Bakr (Allah se complazca con él) a la mezquita del Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y supo de la triste noticia: acababa de morir quien era la luz que colmaba la vida de los musulmanes; hasta Omar Ibn Al-Jattab (Allah se complazca con él) el fuerte, el duro, erguido entre la gente con su sable en mano proclamaba:

-Hombres: Entre los hipócritas hay quienes pretenden afirmar que el Mensajero de Allah ha muerto, ¡por Allah, que no es así! Se ha dirigido a su Señor como lo hizo Musa Ibn Imrán (el Profeta Moisés, quien se ausentó de su pueblo cuarenta días y luego regresó tras hablar con su Señor). Por Allah que regresará, y cortará las manos de quienes dicen que ha muerto.

Abu Bakr (Allah se complazca con él), sufrió el dolor y la tristeza por el fallecimiento, pues se trataba de su amigo de la infancia, su compañero desde los primeros días de la revelación. Ingresó a la mezquita y escuchó a Omar (Allah se complazca con él) dirigirse a la gente. Con pasos decididos entró a la casa del Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y lo vio, cubierto con un manto, descubrió su rostro, lo besó y le dijo:

¡Tú! Por quien habría ofrecido como pago para rescatarte, a mi padre y a mi madre, fuiste bueno en la vida y también en la muerte. Por cierto que la muerte que Allah había escrito para ti, se ha cumplido.

Luego cubrió con el manto el rostro del Mensajero y salió hacia la mezquita.

Omar (Allah se complazca con él), continuaba hablando a la gente. Pidió Abu Bakr (Allah se complazca con él) que guardara silencio pero éste se negó e intentó continuar, se adelantó Abu Bakr (Allah se complazca con él), glorificó a Allah, lo enalteció y luego exclamó:

-Si habéis estado adorando a Muhammad, sabed entonces que Muhammad ha muerto. Pero si, por el contrario, habéis estado adorando a Allah, tened la certeza de que Allah es El Viviente y no morirá jamás.

Recitando a continuación el siguiente versículo:

“Y no es Muhammad sino un Mensajero, antes del cual han pasado otros Mensajeros. ¿Si muriera o le mataran, ibais a volver atrás? Quien se vuelva atrás no causará ningún daño a Allah y El retribuirá a los agradecidos”. (3:114)

El escuchar estas aleyas, comenzaron los musulmanes a retirarse del lugar, convencidos de que las palabras de Abu Bakr encerraban la inequívoca realidad.

 EL DIA DE SAQIFA

Tras la muerte del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), tuvo Abu Bakr (Allah se complazca con él) que atravesar situaciones que jamás hubiere imaginado; se congregaron un grupo de Sahaba de Medina (Ansar) en un lugar llamado Saqifa Bani Saada, proponiendo como candidato para asumir el Califato a un miembro de su tribu: Saad Ibn Ubada, jefe de Jazray (tribu de Medina).

Al enterarse Abu Bakr (Allah se complazca con él) se dirigió hacia Saqifa junto con Omar Ibn Al-Jattab y Abu Ubeida Ibn Al-Yarrah (Allah se complazca con él). No era intención dirigirse para ser proclamado Califa, sino para detener la sedición y unificar a los musulmanes.

Demostró frente a la asamblea, basándose en una aleya del Sagrado Corán, que el Califato correspondía a la gente de Qureish y a los Emigrados de otros lugares. (No porque ellos eran de Qureish y Emigrados, sino porque la emigración tenía un lugar primordial en el Islam.)

Allah dice en el Corán:

“Allah quedó satisfecho de los primeros (musulmanes) de los Emigrados y luego de los socorredores (Ansar). (9:100)

Luego, Abu Bakr (Allah se complazca con él) elogió a los Ansar, explicando su importancia en la expansión del Islam y agregó:

-¡Ansar! Vosotros no podéis recordar virtud alguna sin que seáis quien la posea

Inmediatamente propuso como Califa a Omar Ibn Al-Jattab o a Abu Obeida Ibn Al-Yarrah (Allah se complazca con él) diciendo:

- Por cierto que me complazco con cualquiera de estos dos hombres.

Pero Omar (Allah se complazca con él) exclamó:

¡Por Allah! Hubiera preferido que mi cuello fuese cortado siendo inocente, a ser elegido Califa de un pueblo en el que se encuentra Abu Bakr (Allah se complazca con él). - De inmediato se apresuró, juró fidelidad a Abu Bakr (Allah se complazca con él) y así lo hicieron el resto de los musulmanes.

 EL JURAMENTO DE FIDELIDAD Y LA DECLARACION DE LOS PRINCIPIOS BÁSICOS PARA LA NACIÓN ISLÁMICA

Después del acontecimiento de Saqifa, se dirigió Abu Bakr (Allah se complazca con él) al mimbar del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), subió solamente dos escalones y se sentó, no toleraría el mismo subir aún más y sentarse en el lugar donde lo hacía el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él).

Dirigiéndose a la multitud, proclamó su pacto de compromiso, considerado el sistema básico para el establecimiento de la nación islámica, y pronunció su primer sermón (jutba) repleto de sabiduría, justicia y grandeza:

¡Oh, gentes! : Se me ha concedido la autoridad, pero no soy el mejor de vosotros. Si obro bien ayudadme y si obro mal corregidme.

Sabed, que el débil entre vosotros es considerado por mí poderoso, y sabed, también que el poderoso entre vosotros será considerado por mí débil, hasta garantizarle a ambos sus derechos.

Obedecedme en todo aquello que obedezca a Allah y a su Mensajero, pero sí les desobedezco, no me debéis obediencia alguna.

Aceptó Abu Bakr (Allah se complazca con él) el Califato sin desearlo, ni codiciarlo y fue veraz cuando exclamó:

¡Por Allah! No ambicioné el poder ni un solo día, ni noche, como tampoco le pedí a Allah, en público ni en secreto por ello.

 CON LOS RENEGADOS

Imaginaron muchos, cuyos corazones estaban enfermos de hipocresía, que al morir el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) moriría con él el Islam. Renegaron de la fe e incitaron a la sedición interna en los albores del gobierno de Abu Bakr (Allah se complazca con él).

Estos renegados se dividían en dos grupos: unos, que rechazaban el Islam en su totalidad y otros, que renegaban del tercer pilar del Islam: el “Zakat”.

Consultó Abu Bakr (Allah se complazca con él) a los Sahaba sobre este asunto.

Era la opinión de Omar Ibn Al-Jattab (Allah se complazca con él) y de algunos otros, en aplicar la tolerancia y la conciliación con el segundo grupo, a fin de acabar con la sedición. Pero Abu Bakr (Allah se complazca con él) insistió en combatir a la totalidad de los apóstatas expresando estas célebres palabras haciendo referencia a los que entregaban su Zakat en épocas del Profeta, y durante su Califato se negaban a hacerlo:

¡Por Allah! Si entregasen (por ejemplo), un trozo de una cuerda, por ínfimo que sea al Profeta, y a mí me la negasen, los combatiría por ello.

 Finalmente los combatió Abu Bakr (Allah se complazca con él) venciéndolos.

Al frente de este ejército victorioso se encontraba Jaled Ibn Al-Ualid (Allah se complazca con él), uno de los más valerosos estrategas entre los musulmanes.

 EL EJÉRCITO DE USAMA

El Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), había preparado en sus últimos días un ejército bajo las órdenes de Usama Ibn Zaid (Allah se complazca con él) para enviarlo a Siria.

El día que falleció el Enviado (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), se encontraba éste ejército acampando a tres millas de Medina, listos para partir, suscitándose entre ellos el siguiente dilema:

Opinaba un grupo encabezado por Omar Ibn Al-Jattab (Allah se complazca con él) que enviar al ejército de Usama constituía un gran peligro, porque también se encontraba la ciudad de Medina amenazada de guerra por los renegados.

Usama compartía dicha opinión.

Pero Abu Bakr (Allah se complazca con él) apoyó esta decisión con su enorme fe y no dio lugar a reflexión alguna sobre un asunto el cual había ya resuelto previamente el Enviado de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y dijo:

- Que el ejército sea enviado, tal lo ordenado por el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y aunque corriera el riesgo de ser devorado por los lobos, jamás discutiría una decisión tomada por él.

Luego de esta resolución, Omar (Allah se complazca con él) y un grupo de musulmanes, solicitaron a Abu Bakr (Allah se complazca con él) que escogiese otro jefe para este ejército, ya que Usama era demasiado joven y de limitada experiencia, estando estas tropas formadas por grandes Sahaba y expertos en combate.

Al escuchar esto, Abu Bakr (Allah se complazca con él) se incorporó inmediatamente de su lugar y dirigiéndose a Omar (Allah se complazca con él) le dijo:

¡Ay de ti, Ibn Al-Jattab! ¡El Profeta de Allah lo eligió, y tú me pides que lo destituya!

Después de esto, se dirigió el Califa junto a Omar (Allah se complazca con él) al lugar donde se encontraba el ejército, y les ordenó partir bajo la protección de Allah.

Abu Bakr (Allah se complazca con él) partió junto a ellos para despedirles.

Se encontraba caminando junto a Usama (Allah se complazca con él), quien iba montado sobre su caballo, al percatarse este, sintió vergüenza, e intentó descender del animal para que el Califa lo montase, pero éste le dijo:

¡Por Allah! ¡Tú no desmontarás ni yo lo montaré! Qué hay de malo en que ensucie mis pies con el polvo, transitado por la causa de Allah.

Luego aconsejó a Usama y a su ejército (siendo estas palabras consideradas el ejemplo más alto de educación islámica y de conducción militar) diciéndoles:

No traicionéis ni engañéis, no cometáis actos reprobables, ni mutiléis, no matéis niños, ancianos ni mujeres; no destruyáis ni dañéis las palmeras y tampoco las queméis. No cortéis árboles frutales, no degolléis corderos, vacas ni camellos. Pasaréis por pueblos que acostumbran recluirse en sus conventos, invitadlos al Islam, pero no los obliguéis a retirarse de allí.

¡Partid! En el nombre de Allah.

La misericordia y complacencia de Allah sea con Abu Bakr.

 Omar Ibn Al-Jattab

(Allah se complazca con él)

 “Allah ha puesto la verdad en laS PALABRAS y el corazón de Omar” Hadiz

Su nombre era Omar Ibn Al-Jattab Ibn Nafil Ibn Abdul-Uzza, estaba emparentado con el Profeta de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) a través de Kaab Ibn Lua. Pertenecía a la tribu de Qureish llamada Bani 'Ada.

Cuando Omar (Allah se complazca con él) abrazó al Islam, el Enviado de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) lo apodó: “Al-Faruq” (quien distingue el bien del mal, y la verdad, de la mentira) y el día de la batalla de Badr lo apodó: Abu Hafs (hijo del león)-

Nació Omar Ibn Al-Jattab (Allah se complazca con él) trece años después del Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y vivió también trece años después de la muerte del Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), murió (como mártir) a los sesenta y tres años, la misma edad del Enviado (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) a su muerte y la de su compañero Abu Bakr (Allah se complazca con él), siendo sepultado junto a ellos.

Desde pequeño le inculcaron la valentía, la pujanza, y la audacia. Fue un hombre fuerte que jamás temió de nadie, tal como lo describieron:

Si habla se hace escuchar, si camina lo hace rápidamente, y si golpea lastima.

Omar (Allah se complazca con él) fue arrogante durante su incredulidad y hombre prominente en el Islam.

 LA ISLAMIZACIÓN DE OMAR

Conocía el Enviado de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) la personalidad de Omar (Allah se complazca con él) y la magnitud de su fuerza, como también, el prestigio y la influencia que gozaba Abu Yahl (Amru Ibn Hisham). Por esto pidió a Allah, glorificado sea, que fortaleciera al Islam con quién más amara de estos dos hombres: Omar Ibn Al-Jattab o Amru Ibn Hisham. Y quiso Allah socorrer al Islam con el más amado para Él: Omar Ibn Al-Jattab (Allah se complazca con él).

En una ocasión, salió Omar de su casa con su espada (siendo hasta entonces, uno de los enemigos más acérrimos del Islam), en dirección de Dar Al-Arqam - casa, sobre la colina de Safa, en las inmediaciones de la Kaaba- donde se encontraba el Enviado (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y un grupo de sus compañeros, entre ellos: Hamsa, Alí y Abu Bakr, recordando y adorando a su Señor en secreto, temerosos del daño que pudieran causarles los incrédulos. En su camino encontró a Na'im Ibn Abdullah, quien observando la furia en su rostro, se acercó temeroso y le preguntó:

¿Hacia dónde te diriges Omar?

En busca de aquel renegado que dividió a los Qureishíes e insultó a sus dioses, lo mataré

Na'ím: ¡Qué mísera será la obra que realizarás, Omar! –

Omar: ¿Acaso has renegado tú también? Si lo has hecho, juro por Al-lat y Al-Uzza (dos divinidades árabes pre-islámicas) que empezaré por ti –

Na'ím: Házlo Omar, pero debes saber que tu hermana Fátima Bint Al-Jattab y su esposo Sa'id Ibn Zeid han abrazado al Islam, abandonando tu religión.

Acrecentó esto, aún más su furia, y de inmediato cambió de dirección. Al llegar, a casa de su hermana, esta se encontraba con su esposo y con Jabbab Ibn Al-Arat. Tenían en sus manos un pliego con aleyas del Corán, que recitaban y estudiaban. Al advertir su presencia, Jabbab se ocultó temeroso, mientras Fátima y su esposo lo recibían en la puerta, ocultando ella, los pliegos con las aleyas.-

Dijo Omar: ¿Qué es aquello que escuché?

Nada, solo una íntima discusión.

Omar: escuché que habéis renegado de nuestra religión…

Dijo Sa'id: - ¿Acaso no pensaste, que la verdad puede estar fuera de tu religión?

Sin dejarlo concluir, Omar se abalanzó sobre él, derribándolo y sentándose sobre su pecho; intentó su hermana acercarse para defenderlo, recibiendo un golpe que hizo sangrar su rostro y sollozando gritó:

¡Enemigo de Allah! Me golpeas por mi fe en Allah, el Único; lo que no había hecho hasta ahora lo haré en este momento, atestiguo que no hay otra divinidad salvo Allah y atestiguo que Muhammad es su Mensajero.

Impresionaron intensamente estas palabras, llenas de luz y de fe, en el corazón de Omar (Allah se complazca con él). Cambió incluso con ella su tono de voz, liberando súbitamente a Sa'id de su incomoda posición y extendiendo su mano hacia su hermana le dijo:

Acércame ese pliego para ver qué hay en él. Esta respondió:

¡No! ¡No pueden tocar al Corán sino los purificados! Higienízate y purifícate -. Omar así lo hizo, regresó junto a su hermana y comenzó a leer el pliego que decía:

“En el nombre de Allah, el Clemente, el Misericordioso. Tâ' - Hâ'. No te hemos revelado el Corán para que te agobies [y sufras por la incredulidad de tu pueblo ¡Oh, Muhammad!], sino para que reflexionen con él aquellos que temen a Allah. Esta revelación procede de Quien creó la Tierra y los altos cielos; El Clemente que se ha establecido sobre el Trono. A Él pertenece cuanto hay en los cielos y en la Tierra, lo que existe entre ellos y lo que hay bajo la tierra. [Sabe ¡Oh, Muhammad! que] No es necesario que levantes la voz cuando Le invocas, pues Él conoce los secretos y las intenciones más ocultas. ¡Allah! No hay más divinidad que Él. A Él pertenecen los nombres [y los atributos] más sublimes”. (20:1- 8)

Al concluir su lectura, tomó Omar el pliego y lo besó. Se incorporó y dijo:

Cuanta belleza hay en estas palabras y cuán sublime es su mensaje. No es pertinente que, a quien correspondan estas aleyas, le sea asociado en su adoración.... ¡Guiadme ante Muhammad!

Al escuchar estas palabras, Jabbab Ibn Al-Arat (Allah se complazca con él) salió de su escondite y dirigiéndose a él, exclamó:

Alégrate Omar, pues el ruego del Enviado de Allah por ti, fue respondido.

Esto ocurrió en el quinto año de la revelación.

Tomó Omar (Allah se complazca con él) el camino hacia la colina de Safa donde se encontraba Dar Al-Arqam y allí, frente al Enviado de Allah atestiguó:

“No hay más divinidad que Allah y que Muhammad es su Mensajero”.

Omar el enemigo acérrimo, se convirtió en Omar Al-Faruq, ingresando a la religión del Islam. Los allí presentes exclamaron al unísono: Allahu Akbar (Allah es el más grande), hasta escucharse esta invocación en toda La Meca.

 EL CALIFATO DE OMAR

Abu Bakr (Allah se complazca con él), el día de Saqifa, en que asumió el Califato, extendió su mano derecha a Omar (Allah se complazca con él) diciéndole:

¡Dame tu mano Omar (Allah se complazca con él) para jurarte fidelidad!

Él contestó: A ti te juraremos fidelidad, pues eres mejor que yo.

Abu Bakr (Allah se complazca con él) respondió: Tú eres más fuerte que yo.

Omar (Allah se complazca con él) contestó: Por cierto que mi fortaleza es para ayudarte.

Al contraer Abu Bakr (Allah se complazca con él) la enfermedad que posteriormente lo llevaría a la muerte, reunió a algunos de los Sahaba más importantes y les consultó sobre el posible nombramiento de Omar (Allah se complazca con él) como Califa de los musulmanes. Todos aceptaron, razón que lo alegró enormemente.

Abu Bakr (Allah se complazca con él) comprometió a Omar (Allah se complazca con él) haciéndole firmar un pacto por el que asumiría el Califato luego de su muerte.

Así, asumió Omar Ibn Al-Jattab (Allah se complazca con él) sin desearlo, de no haber sido por su temor a Allah y a ser preguntado el Día del Juicio (por haberse rehusado a aceptar el Califato), Omar lo hubiese rechazado y huido de él.

 INDICIOS ACERCA DE LA GRANDEZA DE OMAR

Omar Ibn Al-Jattab (Allah se complazca con él), el Emir de los creyentes, luego del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y de Abu Bakr (Allah se complazca con él) fue un personaje relevante por su conducta y personalidad.

Omar “Al-Faruq” se educó bajo las enseñanzas del Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Cuando creyó en Allah y en su Mensajero lo hizo con la fe de los sabios piadosos.

Era temido hasta por el más fuerte, mostraba firmeza, audacia y severidad. En una ocasión, al encontrarse frente a la muerte, pidió a su hijo:

¡Abdallah! Retira mi cabeza de la almohada y apóyala sobre la tierra, quizás así Allah, El Altísimo, se digne mirarme y tenga compasión por mí.

Y le encomendó:

Dirígete a Aisha (Allah se complazca con ella) madre de los creyentes, y preséntale los saludos en nombre de Omar (Allah se complazca con él), no menciones “El emir de los creyentes”, pues a partir de hoy ya no lo soy. Dile que Omar Ibn Al-Jattab pide su permiso para ser sepultado junto a sus dos compañeros, el Profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y Abu Bakr (Allah se complazca con él).

Transmitió Abdallah (Allah se complazca con él) el pedido de su padre a Aisha (Allah se complazca con ella), ella contestó:

Había reservado este lugar para mí, pero hoy prefiero que Omar (Allah se complazca con él) lo ocupe.

Al regresar ante su padre, Abdallah (Allah se complazca con él) manifestó lo dicho por Aisha (Allah se complazca con ella) diciéndole:

¡Emir de los creyentes!, será como tú lo deseas, ella otorga su permiso.

Exclamó Omar (Allah se complazca con él):

¡Glorificado sea Allah! No deseaba nada más que eso.

Luego, indicó a su hijo que tras su muerte, volviera a asegurarse del consentimiento de Aisha (Allah se complazca con ella).

Abdallah (Allah se complazca con él) así lo hizo, y el Califa Omar Ibn Al-Jattab (Allah se complazca con él) fue sepultado junto a ellos dos.

Al encontrarse con algún niño en las calles de Medina, tomando sus manos les decía:

Ruega a Allah por mí, pues tú, todavía no tienes pecados.

Decía esto, pues según la fe islámica, todos los niños nacen en estado de pureza (Fitra), y no tienen pecados heredados de sus antepasados.

Por esto Omar (Allah se complazca con él), quien se consideraba a sí mismo una persona con gran cantidad de faltas, debido a su responsabilidad por conducir la nación islámica, pedía a los niños que rogasen a Allah por él.

 NO POSEO MAS QUE ESTA CAMISA…

Se retrasó Omar Ibn Al-Jattab (Allah se complazca con él) un día viernes al sermón (jutba) que debía pronunciar ante los creyentes. Al llegar, lo hizo apresurado vistiendo una capa con muchos remiendos, llevando debajo, una túnica todavía húmeda. Al subir al mimbar, se disculpó diciendo:

Me retuvo esta camisa, pues debí aguardar que se secara, ya que no poseo otra.

 OMAR CUIDA DE LOS HUESPEDES DE MEDINA Y SE CONMUEVE POR EL LLANTO DE UN NIÑO

Arribaron a Medina, comerciantes que acamparon en las inmediaciones de la ciudad. Al saber de su presencia, salió Omar Ibn Al-Jattab y Abdur Rahman Ibn Auf (Allah se complazca con él) a recibirlos. Al llegar muy tarde, observaron a sus integrantes dormidos, por lo que escogieron un lugar para descansar.

Dijo Omar (Allah se complazca con él):

Pasaremos el resto de la noche aquí, velando por nuestros huéspedes.

Al escuchar el llanto de un niño, Omar (Allah se complazca con él) se dirigió presuroso, temeroso que su llanto despertase a los huéspedes. Al acercarse le dijo a su madre:

Teme a Allah, y amamanta a tu niño.

Regresó a su lugar, pero nuevamente el pequeño comenzó a llorar, retornó y dijo otra vez a su madre:

Te dije que temas a Allah y amamantes a tu niño.

Una vez más retornó a su sitio y, sin siquiera acomodarse, el llanto del niño volvió a estremecerlo. Se dirigió Omar (Allah se complazca con él) entonces hacia la madre y le dijo:

¡Ay de ti! No veo, sino una pésima madre. ¿Qué tiene tu hijo?

Dijo ella, sin saber que hablaba con el Califa:

¡Siervo de Allah! Me has ofendido. Yo trato de destetar a mi hijo, pero él se niega.

Omar: ¿Y porqué lo destetas?

Ella contestó: El Califa no subvenciona sino a niños destetados. (En aquella época los Califas asignaban una cantidad de alimentos en forma mensual o semanal a cada familia humilde, según el número de niños destetados que tuviesen). Estos bienes eran tomados del Tesoro Común de los musulmanes (Baitul Mal) originados por la contribución social, -el Zakat-, y de donaciones voluntarias -

Omar respondió - ¿Y cuál es su edad?

Solo tiene algunos meses.

¡No lo hagas!, clamó Omar.

Relató Abdur Rahman Ibn Auf (Allah se complazca con él) que Omar dirigió la oración del alba, no pudiendo, quienes orábamos detrás de él, entender que recitaba debido a su llanto. Al culminar les dijo:

¡Que desgracia la mía! Cuántos niños musulmanes habrán muerto.

Inmediatamente ordenó que se informase por las calles de Medina:

“No destetéis a vuestros niños, pues subvencionaremos con los bienes del Tesoro Común a todo hijo de musulmán”.

Y ordenó la misma proclama, para todas las provincias de la nación Islámica

 EJEMPLO DEL RESPETO POR LA LIBRE EXPRESIÓN

En una ocasión el Califa, subió al mimbar para dirigirse a los musulmanes, e informarles sobre un asunto de suma importancia. Comenzó su sermón (jutba) diciendo: Alabado sea Allah, la paz y las bendiciones de Allah sean con su siervo y Mensajero. ¡Escuchad!, Allah sea misericordioso con vosotros.

Uno de los musulmanes presentes interrumpió sus palabras diciendo:

¡Por Allah que no escucharemos nada de ti!

Entonces Omar (Allah se complazca con él) preguntó: ¿Por qué no me escucharán?

Respondió el hombre:

Porque te has otorgado privilegios por sobre nosotros en esta vida. Nos diste a cada uno una capa, y en cambio tú tomaste dos.

Mirando Omar (Allah se complazca con él) a los musulmanes, dijo:

¿Dónde se encuentra mi hijo Abdallah?

Este, se puso de pie y respondió: ¡Aquí estoy! Emir de los creyentes.

Omar: ¿Quién ha tomado la segunda capa?

Abdallah: ¡Yo! Emir de los creyentes.

Dirigiéndose Omar (Allah se complazca con él) al hombre disconforme y a los musulmanes, les dijo:

Saben ustedes que soy un hombre alto y de talla grande, sin embargo me ha tocado una capa corta, por lo que mi hijo Abdallah, me ha dado la suya y con ella, alargué la mía.

Entonces el hombre dijo:

¡Alabado sea Allah, ahora te escuchamos Emir de los creyentes!

 UN EJEMPLO DE LA VERDAD Y LA JUSTICIA

Cierta vez, Omar dijo a Al-Abbas (Allah se complazca con él), tío del Profeta: Escuché decir al enviado de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) antes de su muerte, que deseaba ampliar la mezquita, y por cierto que tu casa está muy próxima a ella. Entréganos tu casa y con ella ampliaremos la mezquita; te daremos a cambio, otra más amplia.

Al-Abbas (Allah se complazca con él) contestó: No lo haré.

Entonces la expropiaré, dijo Omar.

Al-Abbas (Allah se complazca con él): No tienes ese derecho, nombra a alguien que arbitre entre nosotros con la verdad.

Omar: ¿A quien eliges?

Respondió Al-Abbas: A Hudeifa Ibn Al-Iamán (Allah se complazca con él) (conocido sabio entre los Sahaba).

Ambos se dirigieron hacia Hudeifa (Allah se complazca con él), y relataron la discrepancia que existía entre ambos. Luego de escuchar atentamente sus alegatos dijo:

Escuché que el Profeta David quiso ampliar la mezquita de Jerusalén (Baitul Maqdis), encontrando cerca de ella una casa que pertenecía a un huérfano. Al solicitársela, éste se negó, por lo que David decidió tomarla por la fuerza, entonces Allah El Altísimo, le reveló:

“Por cierto que la casa más distanciada de la injusticia, debe ser la casa de Allah”...

David devolvió la casa a su dueño.

Dirigió Al-Abbas (Allah se complazca con él) su mirada hacia Omar (Allah se complazca con él) y dijo:

¿Todavía quieres tomar mi casa por la fuerza?

Dijo Omar: ¡No!

Contestó Al-Abbas: Entonces, te daré mi casa para que amplíes la mezquita del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él).

Con este ejemplo y con su actitud, quiso Al-Abbas (Allah se complazca con él) demostrar al Califa Omar (Allah se complazca con él) sus límites como gobernante.

 ¿por que esclavizáis a los hombres, siendo que sus madres les han parido libres?

Preguntó un joven egipcio a Omar (Allah se complazca con él):

¡Emir de los creyentes! ¿Es este un buen sitio para buscar tu amparo?

De inmediato Omar (Allah se complazca con él) lo interrogó acerca de su inquietud. Supo que Muhammad Ibn Amer Ibn Al-As (hijo del libertador y gobernador de Egipto) después de haber perdido una competencia frente a él, al castigarlo le dijo:

 ¡Toma! Pues soy el hijo del hombre más respetado.

Al oír esto, Omar (Allah se complazca con él) ordenó a un emisario llamar a Amer Ibn Al-As y a su hijo Muhammad.

Frente a ellos exclamó:

¿Dónde está el joven egipcio?

¡Estoy aquí! Emir de los creyentes, respondió.

Dijo Omar: Toma esta vara y golpea al hijo del hombre más respetado.

Golpeó el egipcio a Muhammad, hasta hacerlo sangrar.

Repitió Omar (Allah se complazca con él):

Pégale al hijo del hombre más respetado, y agregó:

¡Golpea también la cabeza calva de Amer, pues, por Allah! Te golpeó valiéndose de la autoridad de él.

Contestó el joven:

¡Por Allah! Emir de los creyentes, ya obtuve mi derecho, golpeé a quien me había golpeado.

Dijo Omar: Si le golpearas más, nadie te lo impediría, hasta que fueras tú el que dejara de hacerlo.

Dirigiéndose a Amer Ibn Al-As, le dijo:

No esclavicéis a los hombres, sus madres los han parido libres.

 LOS PECADOS DE NUESTRO EJÉRCITO SON MAS PELIGROSOS QUE EL ENEMIGOS

Escribió Omar (Allah se complazca con él) a su Compañero, Sa'ad Ibn Abi Uaqqas (Allah se complazca con él) y a quienes se encontraban con él formando parte del ejército que luchaba en Irak - Por cierto que ordeno a tus soldados y a ti, ser temerosos de Allah, por encima de cualquier situación, pues el temor a Allah es la mejor arma contra los enemigos y la estrategia más poderosa. Les ordeno, el cuidado extremo de no cometer pecados, y de estar prevenidos de vuestros enemigos. Por cierto que los pecados del ejército son más peligrosos para vosotros que el enemigo (pues estos pecados los llevan a perder el favor y protección de Allah, Todopoderoso).

Ciertamente los musulmanes vencen, por la desobediencia a Allah que cometen sus enemigos, de no ser por esto, no seríamos superiores a ellos, pues nuestras fuerzas son menores.

Y si nos igualamos en la desobediencia a Allah, ellos nos superan en número de combatientes y variedad de armamentos.

Si no vencemos por la ayuda y protección divina, no lograremos vencerlos con nuestro poderío.

Sabed que, junto a vosotros se encuentran los ángeles de Allah que registran cuánto hagáis, tened vergüenza de ellos y no desobedezcáis a Allah, pues estáis en Su causa-

Compartió con el Mensajero de Allah muchas batallas, como las de Badr, Uhud y Hunein. En Badr, tras una victoria contundente; el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) le consultó que hacer con los prisioneros, Omar (Allah se complazca con él) contestó:

‘Te han combatido y te han expulsado, debes deshacerte de ellos'.

Contestó el Mensajero, tú eres como el Profeta Noé quién dijo:

“¡Oh, Señor mío! No dejes en la Tierra a ningún incrédulo con vida. Si les dejaras, extraviarían a Tus siervos y no engendrarían sino a pecadores e incrédulos”. (71:26-27)

Combatió Omar (Allah se complazca con él) hombro con hombro en la batalla de Uhud junto al Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), protegiéndolo en una ocasión con su cuerpo y escudo ante un ataque enemigo.

Estableció la “era de la Hégira” (considerado este calendario, uno de los mayores acontecimientos islámicos, pues indica el comienzo de la emigración del Mensajero a Medina)

Fueron muchas las concordancias entre las revelaciones del Sagrado Corán y las inquietudes de Omar (Allah se complazca con él), por ejemplo: la prohibición de bebidas alcohólicas, la de los prisioneros de guerra, etc.

¡Que la misericordia de Allah sea con Omar!

 ‘Uzmán Ibn Affán

(Allah se complazca de él)

 “‘Uzmán, es quién más pudor tiene en toda mi nación”. Hadiz

Su nombre era ‘Uzmán Ibn Affan Ibn Abi Al-As Ibn Umaia.

Estaba emparentado con el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) por su abuelo paterno Abdu Manaf.

Nació ‘Uzmán (Allah se complazca con él) en Taif, ciudad ubicada sobre las montañas, cercana a La Meca, cinco años después del nacimiento del Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Por haber sido su padre un importante comerciante de Qureish, heredó de él una enorme fortuna, con la que inició sus propios negocios, hasta llegar a convertirse en uno de los comerciantes más ricos, antes y después de aceptar el Islam.

Conoció ‘Uzmán (Allah se complazca con él) el Islam a través de su amigo Abu Bakr (Allah se complazca con él) y se contó entre los primeros en abrazar su fe.

Fue muy apreciado por el Enviado de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él).

 Se casó con la hija del Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) llamada Ruqaia (Allah se complazca con ella) y al fallecer ésta, se casó con su otra hija Um Kulzum (Allah se complazca con ella). Tras el fallecimiento de esta última, se disculpó el Profeta de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) con él, por no tener otra hija con quien casarlo, diciendo:

“Si tuviese una tercera la casaría inmediatamente contigo”.

 Y en otra oportunidad dijo (la paz y las bendiciones de Allah sean con él):

“Si tuviese cuarenta hijas las casaría, una tras otra, con ‘Uzmán”.

Fue muy apreciado por el Enviado de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), y fue llamado a causa de este parentesco “El de las dos luces” (Dun-Nurein).

 Un hombre ante el cual los ángeles se avergüenzan

Fue ‘Uzmán (Allah se complazca con él), afable y de buenos principios, extremo en la tolerancia, de mucho pudor, siendo este pudor lo que prevalecía sobre todos los aspectos de su personalidad.

Llegó ‘Uzmán (Allah se complazca con él) a tal grado en su recato, que fue elogiado por el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) de esta manera:

 “‘Uzmán, es quien más pudor tiene en toda mi nación”.

Entre las historias que revelan el gran recato de ‘Uzmán (Allah se complazca con él) está el relato de la Madre de los creyentes Aisha (Allah se complazca con ella):

Solicitó un día Abu Bakr (Allah se complazca con él) permiso para ingresar y ver al Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) quien, se hallaba recostado.

Al ser autorizado, entró, conversó con él unos instantes, y luego se retiró. Sin que transcurriera mucho tiempo llegó Omar (Allah se complazca con él), quien al solicitar permiso para entrar y serle concedido, se sentó junto al Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y más tarde se marchó. Coincidió que luego de ellos, llegó ‘Uzmán (Allah se complazca con él), quien solicitó permiso para entrar, al escuchar su voz el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), se sentó luego de haber estado recostado.

 Permaneció ‘Uzmán (Allah se complazca con él) junto al el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) un rato y luego se retiró. Al marcharse, Aisha (Allah se complazca con ella) comentó:

 ¡Mensajero de Allah! No vi que te alistases para recibir a Abu Bakr ni a Omar, como te alistaste para recibir a ‘Uzmán -

-Dijo el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él):

 “Ciertamente ‘Uzmán tiene mucho pudor, y si al autorizarle el ingreso hubiese estado recostado, se hubiese avergonzado al entrar y se habría marchado sin haber satisfecho la necesidad por la que vino. ¡Aisha! ¿Acaso no he de tener vergüenza ante quien los ángeles sienten vergüenza?”

Así era el recato de ‘Uzmán (Allah se complazca con él) innato en él, sin dejar de serlo un solo instante. Solía ser elogiado por el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) quien decía:

· El más misericordioso de mi nación: Abu Bakr.

· El más estricto en la religión de Allah: Omar.

· El de mayor pudor: ‘Uzmán.

 El primero en emigrar por la causa de Allah

Al intensificarse la persecución y el maltrato que ejercía Qureish sobre el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y sus compañeros, soportó ‘Uzmán (Allah se complazca con él) el castigo y el odio, por ser uno de los primeros en creer en el Islam.

Se encargó de castigarlo su tío Al-Hakam Ibn Abi Al-As, quien amarrándolo le gritaba:

¿Acaso abandonas la religión de tus padres por una innovadora?

¡Por Allah que jamás aflojaré tus ataduras hasta que abandones esa religión en la que crees!

Pero ‘Uzmán soportando el castigo que le infligía su tío, contestaba con fe y firmeza:

 ¡No abandonaré jamás la religión de Allah y no me apartaré de ella!

Al incrementarse el número de musulmanes y volverse esta persecución cada vez más hostil, ordenó el Enviado de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) a sus Compañeros que emigrasen a Abisinia diciéndoles:

“Dirigíos a la tierra de Abisinia, ella es gobernada por un rey justo y la verdad prevalece en su reino, hasta que Allah les otorgue un lugar donde podáis adorarlo con tranquilidad y establecer una comunidad islámica”.

Fue ‘Uzmán (Allah se complazca con él) el primero en emigrar a Abisinia, y con él su esposa Ruqaia, hija del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él).

Quién al despedirlos, dijo:

“Por cierto que ellos dos, son los primeros que emigran por la causa de Allah, después de haberlo hecho el Profeta Lot”.

 Historias sobre su altruismo y generosidad

Al emigrar el Enviado de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y sus compañeros a Medina, fueron sorprendidos por la escasez de agua. Se dirigieron a un pozo perteneciente a un judío que vendía la cantimplora al precio de un “mud” (medida equivalente a 2,5 Kg. aprox. de trigo).

Expresó el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) su deseo de que, alguno de los musulmanes lo comprase y lo destinase a sus hermanos en la fe. Al escuchar esto ‘Uzmán (Allah se complazca con él) se apresuró y compró el pozo a veinte mil dirham, donándolo para que los musulmanes bebieran de su agua libremente.

Cuando dispuso el Enviado de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) ampliar su mezquita con la compra de una parcela colindante a ella, ‘Uzmán (Allah se complazca con él) se dirigió hacia sus dueños y la compró, pagando por ella veinticinco mil dirham.

Entre sus destacadas actuaciones como Califa, cabe mencionar que ‘Uzmán (Allah se complazca con él) tuvo a su cargo una de las más importantes ampliaciones de la mezquita del Profeta, embelleciéndola y equipándola con lo mejor de la época.

Al decidir el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) combatir a los bizantinos, las fuerzas musulmanas se encontraban en una difícil y estrecha situación económica, además por ser verano, una estación extremadamente calurosa, estas fuerzas fueron llamadas “el ejército de la dificultad”.

 Contempló el Enviado de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) las filas y dijo:

 “Quien dé provisiones a este ejército, Allah le perdonará sus pecados”.

Fue ‘Uzmán (Allah se complazca con él) el primero en responder a esta convocatoria, aprovisionó a todo el ejército, entregando novecientos cuarenta camellos y sesenta caballos.

En una oportunidad, una terrible sequía azotó a los musulmanes, durante el Califato de Abu Bakr As Siddiq (Allah se complazca con él) quien dijo:

Si Allah quiere, mañana antes del ocaso El Altísimo nos dará una salida.

Al amanecer del día siguiente arribó a Medina la caravana perteneciente a ‘Uzmán (Allah se complazca con él) proveniente de Siria, con mil camellos cargados de trigo, aceite, pasas de uva, deteniéndose frente a la casa de ‘Uzmán (Allah se complazca con él). Se congregaron los comerciantes pidiéndole que les vendiese sus mercancías.

Preguntó ‘Uzmán (Allah se complazca con él): - ¿Cuánto me ofrecéis de ganancia?

Dijeron: El veinte por ciento.

Dijo: Me fue ofrecido más.

Dijeron: El cincuenta por ciento.

‘Uzmán: Me fue ofrecido más aún.

Dijeron: ¿Y quien es el que te ha ofrecido más? ¿Si somos nosotros los comerciantes de la ciudad?

Dijo: Ciertamente Allah me ha ofrecido el mil por ciento. ¿Acaso hay entre vosotros quienes me ofrezcan más?

Desencantados, los comerciantes comenzaron a alejarse, entonces dijo:

¡Señor mío! La entrego a los pobres y necesitados de Medina sin esperar otra cosa a cambio, que Tu recompensa.

 Embajador del Mensajero de Allah

En el año de Hudeibía el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) decidió enviar a Omar Ibn Al-Jattab (Allah se complazca con él) a La Meca para que informase a los jefes de Qureish sobre su llegada; Omar (Allah se complazca con él) objetó diciendo:

 ¡Mensajero de Allah! Temo por mi seguridad, no hay nadie de mi tribu en La Meca que pueda protegerme, por cierto que los de Qureish bien conocen mi enemistad con ellos. Puedo indicarte un hombre más apreciado por ellos para esta misión: ‘Uzmán Ibn Affan.

Convocó el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) a ‘Uzmán (Allah se complazca con él) y lo envió para comunicar a los jefes de Qureish que él, no iría para combatirlos, sino para visitar la Casa Sagrada y realizar “al- Umra” ó peregrinación menor.

Después de aceptar la proposición del Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), ‘Uzmán partió hacia La Meca, encontrando en las afueras de la cuidad a Abán, el hijo de Sa'id Ibn Al-As, quién le brindó ayuda y protección durante su misión.

 Se reunió ‘Uzmán (Allah se complazca con él) con los jefes de Qureish, les transmitió su mensaje, y obtuvo como respuesta:

Si deseas circunvalar alrededor de la Kaaba, hazlo.

‘Uzmán les respondió:

Hemos venido todos para honrar la antigua casa de Allah y sacrificar el ganado que hemos traído como ofrenda. No quisiera circunvalarla antes de que lo haga el propio Enviado de Allah- No lo haré hasta que lo haga el Mensajero.

Debido a esta actitud fue hecho prisionero.

Al demorar más de lo previsto las conversaciones, comenzaron los musulmanes a mostrar inquietud pensando en la suerte corrida por ‘Uzmán, sobre todo después de que se extendiera el rumor que había sido asesinado. Esto hizo entristecer enormemente a todos los musulmanes, percatándose de la traición de Qureish con un hombre, que llegó a ellos en misión de paz, además de ocurrir en un mes y lugar, considerados sagrados.

Al escuchar el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) la noticia exclamó:

No abandonaremos nuestra posición, sino luego de combatirlos.

Congregó bajo la sombra de un árbol de aquel valle a sus compañeros, todos juraron fidelidad y luchar hasta la muerte. Esto se denominó:

“El juramento de la complacencia” (Baiatu Riduán).

 Por este motivo reveló el Altísimo:

“Allah ha estado satisfecho de los creyentes cuando estos te juraron fidelidad al pie del árbol. Él sabía lo que sus corazones encerraban e hizo descender sobre ellos el sosiego, prometiéndoles como recompensa, un éxito cercano”. (48:18)

Más tarde, descubrieron la mentira sobre la noticia de su muerte. Retornando ‘Uzmán (Allah se complazca con él), luego de un tiempo al campamento de los creyentes, quienes habían demostrado su fortaleza, sacrificio y amor por el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y su noble causa. A pesar de este feliz desenlace, el compromiso de Al-Riduan ha constituido, desde entonces, una fehaciente prueba histórica de los sólidos lazos fraternales que unen a todos los musulmanes con su Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él).

 El Califato de ‘Uzmán

Omar Ibn Al-Jattab (Allah se complazca con él) ordenó que luego de su muerte, decidieran quien asumiría el Califato.

 En una asamblea compuesta por:

‘Uzmán Ibn Affan, Ali Ibn Abi Taleb, Talha Ibn Ubaidullah, AzZubeir Ibn Al-Auam, Saad Ibn Abi Uaqqas y Abdurrahman Ibn Auf (Allah se complazca con él). (Seis de los compañeros, a quienes el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) les había albriciado con el Paraíso en vida.

Sin embargo, algunos de los Sahaba insistieron en que Omar (Allah se complazca con él) eligiese él mismo al próximo Califa, pero éste se negó, diciendo:

¿Acaso he de cargar vuestros asuntos estando vivo y también después de la muerte?

Podría nombrar un sucesor, como lo hizo quién era mejor que yo (Abu Bakr), y también podría, dejar el asunto en manos de los musulmanes como lo dejó quien fuera mejor que yo, el Mensajero de Allah

 Luego dirigió estas palabras, a quienes participaban en la asamblea (Shura):

Cuando muera consúltense mutuamente durante tres días, pero que no os sobrevenga el cuarto, sin que hayan elegido el Califa de entre vosotros.

Por temor a Allah y por su piedad, Omar (Allah se complazca con él) no nombró como participante de la asamblea a su primo Said Ibn Zaid Ibn Amr Ibn Nafil (Allah se complazca con él). Omar temía que éste fuese elegido por el respeto y consideración que tenían por el Califa. Por esto no lo nombró como integrante, a pesar de ser uno los que se le habría albriciado con el paraíso en vida.

También aconsejó Omar (Allah se complazca con él) a los miembros de la Shura diciéndoles:

 Os dejo a mi hijo Abdullah para que lo consultéis en caso de necesidad, pero no para ser elegido.

Así, se reunieron luego de la muerte de Omar siendo elegido ‘Uzmán Ibn Affan (Allah se complazca con él) como tercer Califa. Se aprestaron los musulmanes a jurarle fidelidad, siendo el primero en hacerlo de ellos, Ali Ibn Abi Talib (Allah se complazca con él).

 ‘Uzmán, recopila el Corán

Durante el Califato de Abu Bakr, y por consejo de Omar Ibn Al-Jattab (Allah se complazca con él) estableció el Califa que se recopilara el Corán en un solo libro; y confió la supervisión de esta obra majestuosa al ilustre Sahabi, Zaid Ibn Zabit (Allah se complazca con él).

Este era sin duda, el más indicado para hacerlo, por ser quien memorizaba el Corán en su totalidad y por ser uno de los escribas que más tiempo había permanecido junto al Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) cuando recibía la revelación.

Cooperaron con Zaid Ibn Zabit (Allah se complazca con él) durante la recopilación, un gran número de memorizadores del Corán, y también quienes lo escribían al ser revelado. Fue tan cauto y minucioso en su recopilación, que no caben dudas de su certificación.

De esta manera, las aleyas que se encontraban en el corazón de los memorizadores, o las que estaban escritas sobre pieles, se condensaron en un solo libro, ordenándose las Suras y aleyas.

Este ejemplar fue guardado por Abu Bakr (Allah se complazca con él) y luego de su muerte lo custodió Omar (Allah se complazca con él).

Durante el Califato de Omar Ibn Al-Jattab (Allah se complazca con él) y posteriormente en el de ‘Uzmán (Allah se complazca con él) la nación islámica comenzó a expandirse, por lo que el Sagrado Corán se convirtió en la legislación de una gran nación, que abarcaba un extenso territorio formado por numerosos pueblos, quienes poseían cada uno de ellos, un idioma y un coloquio particular, evidenciándose un peligro por las diferencias en su lectura, (presentando consigo discrepancias en su interpretación y aplicación).

Quien descubrió este peligro fue el Sahabi, Hudeifa Ibn Al-Iaman (Allah se complazca con él) durante una batalla, por lo que prestamente se dirigió al Califa y le dijo:

¡Emir de los creyentes! Advierte a esta nación antes que discrepen con su Libro, como lo hicieron quienes nos precedieron.

De inmediato ordenó ‘Uzmán (Allah se complazca con él) a los Sahaba reunirse y les consultó sobre este importante tema. Ordenó que se escribiera el Corán en una sola tipografía para que coincidieran los musulmanes de esa época y para siempre, en una única forma de lectura. Le solicitó esto a Zaid Ibn Zabit (Allah se complazca con él), quien era uno de los escribas de la revelación y recopilador del Mensaje en épocas de Abu Bakr.

Al completar esta magnífica labor, ordenó el Califa realizar varias copias y envió a cada provincia un ejemplar; convirtiéndose y conociéndose desde aquella época hasta nuestros días como “La copia de ‘Uzmán”. Fue ese primer Corán la base fundamental.-

Destacando ‘Uzmán (Allah se complazca con él), por ser uno de los escribas durante la revelación del Sagrado Corán.-

Es importante mencionar aquí, que la expansión del Islam desde el Califato de Abu Bakr y el de Omar (Allah se complazca con él) se extendió con ‘Uzmán (Allah se complazca con él) hasta abarcar gran parte de Asia y África.-

 descontento entre los musulmanes

Con las conquistas, comenzaron a incrementarse los bienes de algunos musulmanes, creándose dos grupos:

• El de los terratenientes, quienes compraban grandes extensiones de tierra y construían palacios, y

• El de gente humilde y disconforme con estos últimos, incluso expresando su desacuerdo con los gobernantes.

Fue Abu Dhar Al-Ghifari (Allah se complazca con él) quien inició una protesta contra estos ricos e invitó a apiadarse de los pobres, comenzando así las primeras reacciones populares en el Califato de ‘Uzmán.

Abdallah Ibn Saba' quien abrazó al Islam de palabra pero no de corazón, comenzó con una difamación sistemática contra el Islam y su gobierno, encontrando en muchas provincias eco a su convocatoria, logrando crear un malestar generalizado, a expensas de la tolerancia del Califa ‘Uzmán y su avanzada edad.

Coincidiendo con la peregrinación a la Kaaba, ‘Uzmán (Allah se complazca con él) reunió a los responsables de las provincias analizando junto a ellos la situación por el malestar que reinaba, expresándole éstos, que no existían acusaciones y que eran absurdas las convocatorias.-

A la sombra de estos acontecimientos, los disidentes se trasladaron a Medina para entrevistarse con el Califa, discutiendo enérgicamente la política trazada. Posteriormente, asediaron su casa y lo atacaron, hasta darle muerte, a pesar de los intentos de defensa por parte de Al-Hasan, Al-Hussein y Abdullah Ibn Az-Zubeir (Allah se complazca con ellos).

Es de destacar que, cuando fue asesinado el Califa ‘Uzmán (Allah se complazca con él), se encontraba leyendo el Sagrado Corán.-

 El legado de ‘Uzmán

Al morir, como mártir, fueron resguardadas las pertenencias de ‘Uzmán (Allah se complazca con él), encontrándose un cofre que contenía un pliego en forma de testamento, que decía:

“En el nombre de Allah, Clemente, Misericordioso. ‘Uzmán Ibn Affan, atestigua que no hay más divinidad salvo Allah, quien no tiene asociados, y atestigua que Muhammad es su Siervo y Mensajero. Que el paraíso es verdadero. Que Allah, resucitará a quienes están en las tumbas en un día innegable (el día del Juicio) Y que Allah no falta a su promesa. Según esta fe; he vivido y he muerto y, según esta fe seré resucitado, si Allah así lo desea”.

¡Que Allah se complazca de ‘Uzmán!

 Ali Ibn Abi Talib

(Allah se complazca de él)

 “Tú eres mi hermano, en este mundo y en el otro”

Así le dijo el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) a Alí Ibn Abi Talib (Allah se complazca con él), cuando hermanó a los Emigrados de La Meca (Muhayirún) y los Socorredores de Medina (Ansar).

Su nombre era Ali Ibn Abi Talib Ibn Abdul Muttalib Ibn Hashim, estaba vinculado al Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) por su abuelo Abdul Muttalib, por lo tanto, era primo del Profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él).

Además Alí, estaba emparentado con el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) a través de su madre Fátima Bint Asad Ibn Hashim.

Fue conocido como “Abul Hasan” y también fue apodado por el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) como “Abu Turab” (padre de la tierra) luego de hallarlo dormido en la mezquita, con su ropa cubierta de polvo. Se sentó el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) junto a él, lo despertó al tiempo que quitaba el polvo de su espalda y le dijo:

“Siéntate, por cierto tú eres a partir de ahora Abu Turab”.

Por esto gustaba Ali (Allah se complazca con él) que le llamaran con ese apodo.

Nació Ali (Allah se complazca con él) en la ciudad de La Meca, y abrazó el Islam a los diez años, (cuando comenzó la revelación) emigrando a Medina a los veintitrés; contaba con treinta y tres años al fallecer el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y sesenta y tres cuando murió mártir. Tenía la misma edad al morir, que el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y sus dos compañeros Abu Bakr y Omar (Allah se complazca con él).

Su padre Abu Talib era uno de los jefes más prestigiosos de Qureish. Cuidó de Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) cuando este quedó huérfano, llegando a quererlo como a sus propios hijos. Tuvo el mérito de haber defendido al Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) de los ataques de Qureish al comenzar la revelación.

Fue Abu Talib un hombre humilde y con muchos hijos, por lo que el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) decidió ayudarlo, eligiendo a Ali (Allah se complazca con él) para criarlo.

Creció Ali (Allah se complazca con él) en casa del Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) adquiriendo allí gran sabiduría, nobleza de carácter, enriqueciéndose con un vocabulario virtuoso, destacándose por sus claras ideas. No se vinculó con las costumbres pre-islámica (yahilía), al no prosternarse jamás ante un ídolo.

 Su conversión al Islam

Al iniciar el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) su misión, fue Ali (Allah se complazca con él) el primer niño en islamizarse, a pesar de no contar con más de diez años. Al día siguiente de su islamización, su padre lo vio orando junto al Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y le preguntó:

-¡Hijo mío! ¿Qué religión es esa, a la que te has convertido?

-Ali (Allah se complazca con él) contestó:

¡Padre! He creído en el Mensajero de Allah, en lo que le ha sido revelado y he rezado junto a él, siguiendo su ejemplo.

 Respondió su padre:

“Por cierto que no te guiará sino al bien, aférrate a él”.

 Demostración de fidelidad y sacrificio, en la noche de la emigración

Se alistaba el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), a emigrar hacia Medina, coincidiendo esa noche, con una conspiración preparada por los incrédulos de La Meca para asesinarlo.

Esta conspiración consistía en que participaran para matarlo, once jefes de las tribus más importantes de La Meca y sus alrededores. De esta forma, los Compañeros del Profeta no se atreverían a declarar la guerra a tantas tribus.

El plan criminal estaba ya trazado. Los ejecutores elegidos. La metodología también, y con el mejor aliado, la noche.

Sin embargo una vez más; la providencia de Allah iba a intervenir salvando la vida del Profeta.-

Eligió el Enviado de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) quien de entre sus Compañeros ocupara su lugar en su cama, como parte de un plan para burlar a los incrédulos de Qureish y así ganar algo de tiempo.

Recayó este desafío, en Alí Ibn Abi Talib (Allah se complazca con él), hombre valiente que amaba al Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) con todo su corazón y que a su vez era amado por él. Sabía de la conspiración y el peligro al que sería expuesto quién durmiese en esa cama, sin embargo la importancia de la misión de Ali (Allah se complazca con él), no era que durmiese en el lugar del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) sino la total confianza depositada por el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) en él.

Además fue el encargado de devolver algunas pertenencias que habían sido confiadas al Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), por la gente de La Meca.

Cumplió Ali (Allah se complazca con él) la importante misión que le fue encomendada; y después de tres días emigró solo hacia Medina. Arribó a Qubá (lugar ubicado en las periferias de la ciudad, a pocos kilómetros de la mezquita del Profeta), y desde allí, tuvo oportunidad de acompañar al Enviado de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) en su emigración hacia Medina.

 “El mejor juez de mi nación: Ali”. hadiz

El basto conocimiento, la opinión certera y la precisión de su criterio, se consideran las facetas más sobresalientes de la gran personalidad de Ali (Allah se complazca con él), por lo que fue considerado uno de los mas reconocidos juristas entre los Sahaba. Recurrían a él cada vez que se presentaba un problema o una pregunta sobre los asuntos de jurisprudencia islámica.

Lo envió el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) a Yemen como juez, y de entre los conflictos que resolvió se destaca el siguiente:

Cayeron a un foso destinado a la caza de leones, cuatro personas; al caer el primero intentó tomarse del segundo, quien cayó también, éste en su caída intentó tomarse de un tercero y éste a su vez del último, hasta que cayeron los cuatro. Un león en el interior del foso los mató.

Litigaron por esto sus parientes a punto de combatirse.

 Ali (Allah se complazca con él) les dijo:

- ¡Yo juzgaré entre vosotros! Si os complace el veredicto, entonces ese será el fallo a ejecutar, si no, conteneos de combatir los unos a los otros, hasta que os presentéis ante el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y él os juzgue.-

Aceptaron la propuesta, y Ali (Allah se complazca con él) les indicó:

 Reunid de las tribus que cavaron dicho foso, un cuarto de la indemnización (valor a estipular), un tercio, una mitad, y una indemnización completa.

 Al primero en caer al foso, le corresponde un cuarto, puesto que fue el causante de la muerte de los otros tres.

A quien siguió en la caída un tercio, porque fue el causante de la muerte de los otros dos, y al tercero, solo la mitad por haber sido el causante de la muerte de quien cayó luego de él, y para el cuarto una indemnización completa, porque él murió por causa de los que cayeron antes, no siendo el causante de la muerte de ninguno -

Pero las partes se negaron a aceptar este veredicto, por lo que se dirigieron al Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y le expusieron lo acontecido, quien inmediatamente aprobó el fallo de Ali (Allah se complazca con él) y agregó:

“El mejor juez de mi nación es Ali”.

Fue Ali (Allah se complazca con él) una guía en temas de jurisprudencia islámica y una autoridad suficiente como para emitir dictámenes legales (fatwa); la prueba de ello es que Omar Ibn Al-Jattab (Allah se complazca con él) lo consultaba en muchos casos que sucedían, expresando en más de una oportunidad:

“De no haber sido por Ali, Omar estaría perdido” -

Dijo también:

“Que nadie se atribuya emitir un fallo, estando Ali presente” -

En una ocasión, un hombre fue llevado ante Omar Ibn Al-Jattab (Allah se complazca con él) por haber contestado a un grupo de personas quienes le habían preguntado: ¡Cómo había amanecido!

Respondió: - Amanecí amando la tentación y despreciando la verdad, dándole la razón a los judíos y a los cristianos, creyendo en lo que no veo y reconociendo lo que aún no fue creado -

Omar (Allah se complazca con él) informó a Alí (Allah se complazca con él) lo dicho por el hombre, y este contestó:

- Ha dicho la verdad, amando la tentación, ya que Allah en su Libro menciona:

“Vuestra hacienda y vuestros hijos no son más que tentación…” (64:15)

Despreciando la verdad, es decir la muerte, puesto que Allah, Enaltecido sea, expresa:

“Vendrá la agonía de la muerte con la verdad”. (50:19)

Dándole la razón a los judíos y a los cristianos, por lo dicho en el Corán:

“Los judíos dicen que los cristianos no tienen en qué apoyarse. Y los cristianos dicen que los judíos no tienen en qué apoyarse”. (2:113)

Creyendo en lo que no veo, es decir, creyendo en Allah exaltado sea. Reconociendo lo que no ha sido creado, es decir, en el día del juicio final

Dijo Omar (Allah se complazca con él) al escuchar su respuesta:

 - Me refugio en Allah de enfrentar un problema y que Ali (Allah se complazca con él) no se encuentre disponible para dictaminar sobre él -

 su fortaleza y valentía

En la batalla de Badr, fue designado por el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) para enfrentarse con uno de los más valientes y aguerridos de entre los incrédulos: Al-Ualid Ibn Utbah, venciéndolo y dándole muerte.

El día de la batalla de Uhud Ali (Allah se complazca con él), acabó con la vida de Talha Ibn Abi Talha, quien portaba el estandarte de los idólatras e incentivaba a su ejército a marchar contra los musulmanes.-

En esa misma batalla, Ali (Allah se complazca con él) se encontraba entre quienes se mantuvieron junto al Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) cuando este fue herido, y también cuando Fátima (Allah se complazca con ella) hija del Mensajero y esposa de Ali (Allah se complazca con él), curaba las heridas en el rostro del Profeta y Alí (Allah se complazca con él) quien la secundaba, vertía agua sobre él.

En Al-Jandaq, la llamada “batalla de la trinchera”, Ali (Allah se complazca con él), tuvo un papel sorprendente y memorable. Se adelantó entre las filas de los incrédulos, Amru Ibn Abdu Uid, quien dirigiéndose a los musulmanes les dijo:

¡Quién ha de enfrentarme!- Se adelantó Ali (Allah se complazca con él) hasta quedar frente a él.

Dijo Amru:

-¡No!, por Al-Lat (ídolo preislámico), a ti no deseo matarte-

 Ali (Allah se complazca con él) contestó:

 Pero yo por Allah, ¡Sí quiero!-.

Esto hizo encolerizar a Amru quien lo atacó, Ali (Allah se complazca con él) empuñando su espada, lo venció dándole muerte.

En la batalla de Jaibar, al dificultárseles la conquista a los musulmanes, debido a la muralla que la rodeaba, dijo el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él):

“Entregaré mañana el estandarte a un hombre que es amado por Allah y por su Mensajero, otorgándonos el Todopoderoso a través de el, la victoria”.

Al escuchar esto, Omar Ibn Al-Jattab (Allah se complazca con él) expresó:

 - No deseé el liderazgo jamás, salvo ese día, esperando ser el amado por Allah y su Mensajero -.

Al día siguiente al formarse los musulmanes, cada uno de ellos esperaba ansioso saber quién sería el elegido.

Entonces la voz del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) resonó:

 “Dónde está Ali Ibn Abi Talib?”.

Aquí estoy Mensajero de Allah! - respondió.

Dijo el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él):

 “Toma este estandarte y marcha con él hasta que Allah te conceda la victoria”.

Portó Ali (Allah se complazca con él) el estandarte y adelantándose a su escuadrón con paso acelerado llegó a la entrada de la fortaleza y gritó:

-Yo soy Ali Ibn Abi Talib!-

De inmediato, soportó un duro golpe propinado por la espada de un enemigo, haciéndole caer el escudo de su mano. Se dirigió entonces, a otra de las puertas y gritó:

- Allah es el más grande (Allahu Akbar) - Tomando con sus manos la puerta, la extrajo violentamente y la utilizó como escudo; no cesando junto a los musulmanes en su accionar, hasta que el enemigo cayó derrotado.-

Dijo luego Abu Rafi’ (Allah se complazca con él):

- Ali era la garantía de nuestro batallón, por cierto que intenté junto con siete hombres, mover esa puerta de su lugar y no lo logramos.

 SU generosidad

Ali (Allah se complazca con él) un día perdió su preciada armadura, luego la encontró en manos de un dhimmi (no musulmán) quien intentaba venderla en un mercado de Kufa.

Al reconocerla dijo: - Esa es mi armadura, se cayó de mi camello durante la noche. Respondió el dhimmi: - Ella es mía ¡Emir de los creyentes! Dijo Ali: - Es mi armadura, no la he vendido ni obsequiado a nadie, ¿cómo ha llegado a ti?

Dijo el hombre: interpongamos al juez de Medina para que juzgue entre nosotros, Ali afirmó: Es lo más justo -.

Se dirigieron a Shureih, juez de Medina, a quien Ali relató:

Encontré mi armadura en manos de este hombre, ella se cayó en la noche, en tal lugar.

Interrogó el juez al dhimmi: Y tú qué alegas, el hombre respondió:

La armadura esta en mi poder, por lo tanto me pertenece.

Se dirigió el juez a Ali diciendo: - No tengo duda alguna de que eres sincero ¡Emir de los creyentes! Pero necesitas dos testigos que corroboren tu declaración.

Dijo Ali: - Traeré a mi sirviente Qunbur y mi hijo Al-Hasan, quienes atestiguarán a mi favor - Dijo el juez: - El testimonio del hijo en favor del padre no es válido ¡Emir de los creyentes!

Ante esto, Ali le dijo al dhimmi: - Quédatela, pues no tengo otro testigo – Este exclamó: - Yo doy testimonio que la armadura es tuya!-. Y agregó: - ¡Allah! El Emir de los creyentes es juzgado por su juez y éste falla en su contra !Atestiguo que la religión que ordena tal justicia es la verdad! !Y atestiguo que no hay otra divinidad salvo Allah y que Muhammad es su Siervo y Mensajero! -

Contestó Ali: - Por haber abrazado el Islam te la regalo, y te obsequio además mi cabalgadura -.

 El Califato de Ali

Luego del asesinato de ‘Uzmán Ibn Affan (Allah se complazca con él) todos se reunieron para jurar fidelidad a Ali (Allah se complazca con él) pero éste, se negó a aceptar dicho cargo y dijo:

- Seré un ministro, es mejor para vosotros a que sea Califa, y a quien elijan me complaceré con él -. Insistieron los musulmanes, amedrentándolo con los casos de sedición, hasta lograr convencerlo, jurándole fidelidad.

Asumió Alí (Allah se complazca con él) el Califato, y tras su proclama memorable, donde exhortaba a los musulmanes hacer el bien y apartarse del mal, recordándoles de la responsabilidad ante Allah Todopoderoso, y del respeto mutuo.-

Comenzaron días de sediciones y luchas internas sangrientas, a la vez, de conspiraciones de los enemigos del Islam: hipócritas que intentaban dividir a los musulmanes.

Pero a pesar de las sediciones e inconvenientes que rodearon los días de su Califato, Ali (Allah se complazca con él) fue estricto con la verdad, y un fervoroso combatiente por la causa de Allah, estableciendo la justicia, esforzándose en aconsejar a su nación, e intentando unirla a través del Islam. Vivió desapegado de la vida mundana, hasta que Allah le concedió morir por Su causa.

Que Allah tenga misericordia de Ali Ibn Abi Talib

 ‘Abdurrahmán Ibn 'Auf

(Allah se complazca con él)

“Que Allah bendiga cuanto das y bendiga cuanto guardas” Hadiz

Este hadiz hace referencia a uno de los primeros musulmanes y uno de los diez albriciados con el Paraíso; uno de los seis que formaron el consejo para elegir al Califa después de Omar Ibn Al-Jattab y uno de los que podían emitir veredictos legales (Fatwas) en Medina, en vida del propio Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él).

Antes del Islam, se llamaba Abd Amr (Siervo de Amr), ya musulmán, el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) lo llamó: Abdurrahmán, siervo del Misericordioso.

Abdurrahmán Ibn Auf abrazó el Islam antes de comenzar el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) las reuniones en Dar ul Arqam (La casa de Al-Arqam); dos días después de convertirse al Islam Abu Bakr As-Siddik. Por la causa de Allah, fue perseguido, como todos los musulmanes al principio; pero Abdurrahmán perseveró, al igual que los demás, y se mantuvo firme y fiel a su Señor. Después de un tiempo emigró a Abisinia (Etiopía) con otros musulmanes para poder profesar su religión en paz y libremente.

Cuando Allah permitió que los musulmanes emigrasen a Medina, Abdurrahmán fue de los primeros en dejar su tierra por Allah y Su Mensajero.

Una vez que llegaron los emigrantes a Medina, el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) comenzó a hermanarlos con los Ansar. De esta manera, hermanó a Abdurrahmán Ibn Auf y Sa'd Ibn Al-Rabi' Al-Ansarí.[1]

Sa'd dijo a su nuevo hermano: “Soy de los más ricos de Medina; tengo dos huertos, dime cuál de los dos te gusta y te daré sus frutos...”

Abdurrahmán respondió a su hermano: ¡Que Allah bendiga tu propiedad y tu familia! Es mejor que me guíes hasta el mercado.

Y así lo hizo Sa'd. Abdurrahmán comenzó a comerciar; compraba y vendía, ganaba y ahorraba.

Hasta juntar suficiente dinero para casarse. Así llegó al Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él); perfumado y con aires festivos.

Este dijo: “Me he casado”

El Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) respondió: ¿Qué le diste a tu esposa como dote?

Dijo: Le di unos pocos gramos de oro.

El Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) añadió: Festéjalo... Que Allah bendiga tus bienes.

Desde ese momento, comentó Abdurrahmán, se abrieron todas las puertas con tanta facilidad hasta llegué a pensar que si levantaba una piedra ¡Encontraría debajo oro o plata!

En la célebre batalla de Badr, Abdurrahmán combatió con todas sus fuerzas y mató a Umair Ibn Uzmán, uno de los enemigos del Islam.

Luego de la derrota de Uhud. Abdurrahmán se mantuvo firme cuando flaquearon los demás; resistió valientemente mientras la gente huía despavorida. Esta batalla dejó en su cuerpo más de veinte heridas.

No se destacó en los combates, como se destacó en la caridad y en el esfuerzo económico por la causa de Allah. En una ocasión, el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) se aprestaba a enviar una expedición militar; frente a los Sahaba dijo:

“Tendréis que donar algo, para esta expedición.”

Abdurrahmán fue rápidamente a su casa y volvió con la misma rapidez. Luego dijo al Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él): ¡Oh Mensajero de Allah! De estos bienes, serán la mitad para este ejército y la otra mitad para mi familia.

El Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) le dijo: “Que Allah bendiga cuanto das y bendiga cuanto guardas...”. Cuando el Profeta de Allah decidió lanzar un ataque sobre la ciudad de Tabuk[2], su última expedición, necesitó mucho dinero y soldados. Enfrentaría al famoso ejército bizantino, un ejército mucho más numeroso y mejor equipado que el de los musulmanes.

Complicó esta situación una terrible sequía ese año en Medina. Ese viaje sería duro y largo; contaban con pocas provisiones y el principal problema era la falta de caballos y camellos para transportar a los soldados. Un grupo de creyentes pidió al Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) que les permita marchar con el ejército, a pesar de su voluntad tuvo que rechazarlos, pues no tenía en que transportarlos.

El ejército fue llamado “El ejército de las dificultades”.

Ante esta situación, el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) pidió a los Sahaba que donasen algo de sus bienes por la causa de Allah, recordándoles que la recompensa del Todopoderoso sería magnífica. Los musulmanes se apresuraron a presentar sus donaciones; entre los primeros encontramos a Abdurrahmán Ibn Auf. Donó 200 piezas de oro.

Al ver esto, Omar Ibn Al-Jattab dijo al Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él): Pienso que Abdurrahmán está cometiendo un pecado, pues no está dejando nada para su familia...

El Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo entonces a Abdurrahmán: ¿Habrás dejado algo para sostener a tu familia?

Este respondió: Si, les he dejado algo mucho mayor y más valioso que lo que he donado.

¿Cuánto? Preguntó el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él).

Abdurrahmán respondió: Las recompensas y bendiciones que Allah y Su Mensajero nos han prometido.

El ejército avanzó hasta Tabuk y fue precisamente allí que Allah distinguió a Abdurrahmán con algo que ningún musulmán había gozado.

La hora del salat había llegado, el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) estaba ausente. Abdurrahmán fue elegido imam para dirigir la oración comunitaria. Cuándo estaban por completar la primera rak'a, el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) se presentó y ¡se unió a la oración dirigida por Abdurrahmán!

¿Habrá una distinción mayor y un honor más grande que el haber sido imam del más noble entre las criaturas?

Después del fallecimiento del Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), Abdurrahmán Ibn Auf se encargó de asistir a las madres de los creyentes (las viudas del Profeta). Traía cuanto necesitaban, las acompañaba en la peregrinación y se encargaba de preparar el transporte que las llevarían.

Esto significaba un honor para Abdurrahmán y era algo muy loable de su parte. Además de la confianza dispensada por las madres de los creyentes era para él, suficiente motivo de orgullo y alegría.

Era tanto el cariño que Abdurrahmán sentía por las madres de los creyentes, que al vender una parcela de tierra por 40.000 dinares, el dinero obtenido lo distribuyó entre la tribu de Bani Zuhra, los pobres, los emigrantes y las viudas del Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Cuando Aisha, madre de los creyentes, recibió su parte del dinero dijo: ¿Quién lo envía?

Le informaron: Abdurrahmán.

Contestó ella: El Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) nos dijo: “Sólo los pacientes y perseverantes os tratarán con bondad después de mi muerte”

La plegaria del Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) a favor de Abdurrahmán lo acompañó durante toda su vida y la bendición de Allah lo cobijó siempre. Llegó a convertirse en el más rico de los Sahaba con sus bienes y propiedades, sus caravanas entraban y salían constantemente de Medina portando trigo, granos, vestidos, harina, utensilios, perfumes y muchas otras cosas. A la vez, estas caravanas sacaban la producción excedente de Medina y la vendían en otras regiones. En una ocasión, a la entrada de Medina, una caravana de Abdurrahmán compuesta por setecientos animales cargados de productos, hicieron estremecer la ciudad. Se escuchaba un tremendo bullicio por el ruido producido por los animales y sus cargas. Aisha preguntó: ¿Qué es todo esto?

Le respondieron: Es la caravana de Abdurrahmán... setecientos camellos cargando trigo y otros tipos de alimentos para la gente de Medina.

Aisha (Alá se complazca con ella) dijo entonces: “Que Allah bendiga todo lo que dio en esta vida y, ciertamente, la recompensa en la otra vida será mayor. Yo oí al Mensajero de Allah decir: “Abdurrahmán entrará en el paraíso”.

Rápidamente, quién escuchó las palabras de Aisha, las transmitió a Abdurrahmán y felicitó por las noticias del paraíso.

Se presentó con toda prisa a ver a Aisha y le preguntó: ¿En verdad oíste eso del Mensajero de Allah?

Ella respondió: Así es. Sé testigo ¡Oh madre de los Creyentes! Toda esta caravana, con su carga, sus equipos. ¡Todo lo donaré por la causa de Allah!

Desde aquel día feliz, en que Abdurrahmán supo que entraría en el Paraíso, aumentó sus esfuerzos por ganar dinero y donarlo a los necesitados.

Empezó a dar en público y en secreto. Donó 40.000 dírham de plata; luego los acompañó con 40.000 dinares de oro. En otra ocasión donó 200 piezas de oro por la causa de Allah.

Donó también quinientas monturas equipadas para transportar a quinientos muyahidines en la causa de Allah. Luego donó mil quinientas monturas equipadas para la causa de Allah. Y cuando estuvo en su lecho de muerte, mandó liberar a decenas de esclavos.

En su testamento, encomendó que se repartiera de su fortuna, cuatrocientos gramos de oro a cada uno de los que lucharon en la batalla de Badr. Eran cien, y todos recibieron su parte.

Encomendó también cuantiosas sumas de dinero para las madres de los creyentes. Aisha acostumbraba a suplicar mucho por él; decía: Que Allah le haga beber de la fuente de Salsabil[3].

Dejó una cuantiosa fortuna a sus herederos; dejó mil camellos, cien caballos y tres mil ovejas. Tuvo cuatro esposas; a quienes les correspondió a cada una de ellas, según la ley Islámica (¼ de la octava parte de sus bienes) que llegó a los ochenta mil monedas de plata.

Todo esto se debe a la plegaria del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) para que Allah bendiga a Abdurrahmán en su fortuna.

Esta fortuna no sedujo a Abdurrahmán ni alteró su forma de ser.

En una ocasión, en que estaba ayunando, presentaron ante el un plato con deliciosos manjares y exclamó:

“Por cierto que Mus'ab Ibn Umair fue mejor que yo. Al morir sólo tenía como propiedad una mortaja tan corta que no alcanzaba para cubrir su cabeza y sus piernas a la vez. Después, Allah nos dio de Su gracia con bastante generosidad y temo que nuestra recompensa nos haya sido adelantada en esta vida (Y que en la otra, no tengamos nada)...”

Luego, lloró...

¡Bienaventurado seas Abdurrahmán Ibn Auf, por ser uno de los albriciados con el Paraíso!

Su cuerpo inerte fue cargado por el tío del Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), Sa'd Ibn Abi Uaqqás, dirigiendo la oración fúnebre el propio Califa Uzmán Ibn Affán. Murió a la edad de 75 años Ali Ibn Abi Tálib, Emir de los Creyentes, dijo en su honor: “Alcanzaste lo mejor”.

¡Allah se complaza de Abdurrahmán Ibn Auf!

 Sa'd Ibn Abi Uaqqás

(Allah se complazca con él)

“¡Lanza Sa'd lanza!... ¡Ofrendaría, mi padre y mi madre por ti! (Hadiz)

“En el Nombre de Allah, Clemente y Misericordioso. Y recomendamos al hombre benevolencia para con sus padres. Su madre le concibe, pena tras pena, y deja de amamantarlo a los dos años. Y le dijimos: “Agradéceme a mí y a tus padres, porque el retorno será a mí. Pero si te obligaran a que me asocies algo, que tú ignoras, no les obedezcas; compórtate con ellos con benevolencia en este mundo, y sigue el camino de quien se vuelve a mí en todo. Luego vuestro retorno será a mí y entonces os haré saber cuanto hacíais”. (31:14,15)

Estas aleyas encierran una historia única y asombrosa; en ella, un joven guarda en su interior, un sin número de sentimientos opuestos. Triunfando finalmente el bien sobre el mal y la fe sobre la incredulidad.

El joven del cual hablamos era uno de los más nobles de La Meca, de origen ilustre. Llamado Sa'd Ibn Abi Uaqqás (que Allah se complazca de él).

Sa'd Ibn Abi Uaqqás era aún joven cuando la luz del Islam iluminó La Meca. Era cariñoso con sus padres, y apegado a ellos, en especial a su madre.

A pesar de haber cumplido los diecisiete años, Sa'd tenía el juicio y la sabiduría de muchos ancianos.

A diferencia de los jóvenes de su edad, Sa'd no se sentía atraído por las diferentes diversiones y placeres que gustaban los de su edad. Su atención se centraba en la fabricación y reparación de arcos y flechas y la práctica de la arquería.

Tampoco se sentía cómodo con las creencias y costumbres que tenía su gente. A veces parecía estar esperando que algo o alguien extendiera una mano fuerte y firme que lo sacase de esa miserable situación.

Y sucedió que Allah, había decidido honrar a la humanidad con esta mano firme y fuerte. Nos referimos al Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), portando esa luz divina: El Sagrado Corán, el Libro de Allah.

Sa'd se apresuró a responder a este llamado hacia la Guía y la Verdad. Fue uno de los primeros musulmanes.

El propio Sa'd solía enorgullecerse de ello diciendo: “Pasaron siete días en los que yo representaba a un tercio de los musulmanes”.

El Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) se alegró mucho cuando Sa'd abrazó el Islam, pues ya demostraba indicios de tener un futuro brillante y una valentía sin igual.

Sa'd era noble, de origen ilustre y apreciado. Influiría sobre muchos de los jóvenes de La Meca para seguir su senda y su religión.

Además, Sa'd pertenecía a la tribu de la madre del Profeta: los Bani Zuhra. Esto hacía que el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) se enorgulleciera de este parentesco. En cierta ocasión, estaba el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) sentado con algunos Sahaba y divisaron a Sa'd venir hacia ellos; el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) exclamó: “¡Este es mi tío! ¡Muéstreme alguien así!”

Pero la islamización de Sa'd Ibn Abi Uaqqás no fue algo sencillo y simple. Al contrario; fue expuesto a duras, difíciles y violentas pruebas. Fue tal, que Allah reveló en el Sagrado Corán aleyas al respecto.

Dijo Sa'd: “Tuve un sueño tres días antes de abrazar el Islam. En él, yo estaba inmerso en una oscuridad total. Mientras me debatía entre las profundidades de esta oscuridad, vi una luna llena y brillante que me iluminaba. La seguí, hasta ver un grupo de personas que estaban delante siguiendo la luna. Divisé a Zaid Ibn Háriza, a Alí Ibn Abi Tálib y a Abu Bakr As Siddiq. Les dije: ¿Desde cuándo estáis aquí? Me dijeron: ¡Recién llegamos!”

“Poco después, me contaron que el Mensajero de Allah invitaba a la gente hacia el Islam en secreto, supe entonces que Allah quería algo bueno para mí, me extraería de las tinieblas a la luz, por medio de el.”

“Me dirigí al Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) rápidamente, lo encontré haciendo la oración del 'Asr (La tarde), abracé luego el Islam; haciéndolo antes, solo las tres personas que vi en el sueño.”

Sa'd prosigue con su relato diciendo: “Al enterarse mi madre de mi islamización, se enfureció e intentó aprovecharse sabiendo como la quería. Me dijo: ¡Sa'd! ¿Qué religión es esta que te ha alejado de las creencias de tu padre y tu madre? ¡Por Allah! ¡Dejarás tu nueva religión o yo dejaré de comer y beber hasta que muera! Entonces se partirá tu corazón de pena por mí y la gente te lo reprochará para siempre.”

“Le dije: No lo hagas. No abandonaré mi religión por nada.”

“Sin embargo cumplió con su amenaza. Dejó de comer y de beber por días, hasta que se debilitó.”

“Le pedí continuamente que comiese o bebiese. Siempre me rechazaba y juraba que no comería ni bebería hasta que muera o yo dejara mi religión.”

“Al ver su actitud, le dije: ¡Madre! Te quiero mucho, pero mucho más a Allah y a Su mensajero. ¡Por Allah! Aunque tuvieses mil almas y las viera salir de tu cuerpo una por una ¡no abandonaré esta religión por nada! “

“Cuando mi madre observó la firmeza en mi posición, cedió. Comió y bebió.

Fue entonces, que Allah reveló en el Sagrado Corán:

“Pero si te obligaran a que me asocies, algo que tú ignoras, no les obedezcas; compórtate con ellos con benevolencia en este mundo”. (Sura 31:15)

El día de la islamización de Sa'd Ibn Abi Uaqqás, se cuentan entre los más bienaventurados para el Islam y los musulmanes.

En la batalla de Badr, se presentó Sa'd con su pequeño hermano Umeir, quién era aún adolescente. Cuando el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) comenzó a pasar revista a los soldados musulmanes antes de la batalla, Umeir se escondió para que no lo reconociese y lo devolviese, impidiéndole combatir por su corta edad. Pero el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) al verlo lo rechazó. Umeir comenzó a llorar; hasta que del Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) se enterneció y le permitió estar entre los soldados.

Al ver esto. Sa'd se alegró muchísimo. Se acercó orgulloso a su hermano y le anudó el cinto que cargaba su espada, de forma apropiada por su corta edad y tamaño, así partieron ambos a entregar su máximo esfuerzo por la causa de Allah.

Cuando terminó la batalla, Sa'd retornó solo a Medina. Umeir había caído como mártir en los campos de Badr. Allah sería Quién le recompensase por la pérdida de su hermano.

En la batalla de Uhud, cuando las piernas temblaban de miedo, cuando los soldados musulmanes se vieron separados del Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y en retirada, un pequeño grupo de guerreros, se mantuvo alrededor del Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) defendiéndole de los incrédulos. Apenas sumarían diez, entre ellos Sa'd Ibn Abi Uaqqás. Firme y valiente, defendiendo la vida del Profeta con su arco y flechas, haciendo caer mortalmente herido a los incrédulos con cada flecha que él lanzada.

Al verlo a Sa'd comenzó a animarlo diciéndole: “¡Lanza Sa'd...lanza!... ¡Ofrendaría mi padre y mi madre por ti! [4]

Sa 'd se enorgullecía siempre por estas palabras del Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y solía decir: “El Mensajero nunca llegó a ofrendar a sus padres por nadie, sino por mí”.

Sin embargo, la gloria de Sa'd llegó a la cima, cuando el Califa Omar Ibn Al-Jattab decidió enfrentar a los persas, en una guerra para acabar con su poderío, derrumbar su imperio, y erradicar el politeísmo de esas tierras.

El Califa Omar envió misivas a sus representantes en las distintas provincias. Debían enviarse a la capital todos los hombres con armas, monturas y cuánto pudiesen aportar a la victoria, ya sea con su participación, con buenas sugerencias o con poesías y discursos que animen a los combatientes.

Los contingentes comenzaron a llegar a la capital (Medina). Llegaban de todos los rincones de la nación islámica con la esperanza de ofrendar su máximo esfuerzo por la causa de Allah. Cuando el ejército se completó, Omar consultó a la gente de experiencia y de buen criterio ¿Quien debería ser el Comandante del ejército principal y líder de la campaña?

Todos los consultados respondieron al unísono: ¡Sa'd Ibn Abi Uaqqás! ¡El León Combatiente!

Fue así, que Omar llamó a Sa'd y le asignó el comando del ejército, haciéndole entrega del estandarte.

Cuando el grueso del ejército, se disponía a salir de Medina, Omar se acercó para despedirlos, pues, a pesar de sus obligaciones, ardía de deseos de estar marchando con ellos y se consolaba acompañándolos hasta las afueras de la ciudad.

Finalmente aconsejó así al Comandante: “¡Sa'd! No hay ningún parentesco que valga ante Allah excepto la obediencia. Los nobles son iguales que los humildes ante Allah. Allah es el Señor de los humanos y todos son Sus siervos. La gente se distingue sólo por el temor a Allah y obtienen Su recompensa a través de la obediencia a Él. Haz, pues, como lo haría el Profeta; y ten por seguro que esto es lo correcto”.

Este ejército de Sa'd esta conformado por noventa y nueve soldados que asistieron a la batalla de Badr, más de trescientos de los que juraron fidelidad al Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) en “Bai'at ur Riduán”[5], trescientos de los que acompañaron al Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) durante la conquista de La Meca y también marchaban con ellos setecientos hijos de los Sahaba.

Sa'd avanzó con sus tropas hasta un lugar llamado “Al Qadisía”[6] y allí enfrentó al poderoso ejército persa durante varios días. El último día de batalla, mostró un ejército musulmán decidido a definirla. Rodearon al enemigo y luego penetraron entre sus líneas desde todas las direcciones. Exclamando: “No hay más dios que Allah”, “Allah es el más grande”.

Fue este, un combate violento y desesperado, al matar a Rustum, el general persa, mostraron su cabeza en alto con una lanza. En ese momento los persas se dispersaron; el terror y la confusión se apoderó de sus corazones mientras que los musulmanes iban sometiéndolos con facilidad.

El botín de guerra fue abundante. Los persas caídos fueron más de treinta mil hombres, muchos de ellos ahogados al querer huir por el río.

Sa'd vivió mucho tiempo y Allah le concedió una gran fortuna. Sin embargo, antes de su muerte, pidió un simple abrigo de lana rústica y dijo:

“Deseo que se me amortaje con esta ropa. Con ella enfrenté a los incrédulos el día de Badr y con ella deseo encontrarme con Allah, el Todopoderoso”.

Sa'd Ibn Abi Uaqqás, murió en su casa, en Al 'Aqiq y fue sepultado en Medina el año 55 de la Hégira. Tenía entonces sesenta y cuatro años. La oración fúnebre por él fue dirigida por el gobernador Maruán Ibn Al Hákam.

¡Que Allah, se complazca de él!

 Abu Huraira Ad-Dausi

(Allah se complazca con él)

“Abu Huraira memorizó y conservó más de mil seiscientos Hadices del Mensajero de Allah”

En la época pre-islámica, Abu Huraira era llamado “Abd al- Shams” (Siervo del sol). Cuando Allah agració a Abu Huraira con el Islam, el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) le dijo: ¿Cuál es tu nombre?

Abu Huraira (Allah se complazca con él) respondió: Abd al-Shams.

El Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) contestó: Te llamaremos Abdurrahmán (Siervo del Allah)

Abrazó el Islam a través de At Tufail Ibn Amru Ad-Dausi. Permaneció en las tierras de su pueblo hasta pasados seis años de la Hégira que fue la emigración del Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) desde La Meca a Medina. En ese momento, llegó a la capital del Islam (Medina) con una delegación de “Daus”, su pueblo; con el objeto de visitar al Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él).

El joven Abu Huraira se dedicó de lleno al servicio y compañía del Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Mientras vivió el Mensajero, se instaló en la mezquita, pues no tenía esposa e hijos que atender, tomando al Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) como maestro y guía.

Abu Huraira (Allah se complazca con él) solo tenía a su madre, muy anciana, la que se había mantenido en la idolatría. Constantemente la invitaba al Islam; pero la anciana se mantenía rechazando y rehuyendo el mensaje de la Verdad.

Cierto día, Abu Huraira (Allah se complazca con él) trató, una vez más, de convencer a su madre de aceptar el Islam como forma de vida; sin embargo, la anciana lo rechazó, incluso injurió al Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Esto causó mucha pena a Abu Huraira.

Fue así que el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) lo encontró llorando.

¿Qué te hace llorar Abu Huraira?

 Respondió: Siempre invito a mi madre para que adopte el Islam como religión; pero hoy, además te ha injuriado ¡Oh Mensajero de Allah! ¡Ruega a Allah que acerque el corazón de mi madre al Islam!

El Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) rogó a Allah por la madre de Abu Huraira.

Luego de esto, el mismo Abu Huraira relataba: “Fui a mi casa y encontré la puerta cerrada. A través de ella, escuché el murmullo del agua corriendo, cuando intenté entrar, mi madre dijo: Aguarda Abu Huraira.”

“Al entrar, mi madre me recibió diciéndome: Atestiguo que no hay más Allah que Allah y que Muhammad es Su siervo y Mensajero.”

“Volví ante el Mensajero de Allah, llorando de alegría, le dije: ¡Buenas nuevas Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él)! ¡Allah ha escuchado tu ruego y ha guiado a mi madre hacia el Islam!

Abu Huraira (Allah se complazca con él) amaba al Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), constantemente lo observaba y decía: “Nunca vi un ser humano más radiante que el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). A veces, parece que el mismo sol brillare en su rostro.”

Constantemente agradecía y alababa a Allah, el Todopoderoso, por permitirle acompañar a Su Profeta y seguir su religión.

Solía decir: ¡Alabado sea Allah, Quien guió a Abu Huraira al Islam! ¡Alabado sea Allah, Quien enseñó a Abu Huraira el Corán! ¡Alabado sea Allah, Quien agració a Abu Huraira con la compañía de Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él)!

Así como brillaba el rostro del Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), Abu Huraira también brilló en las ciencias islámicas y se destacó por su sabiduría. El saber era lo que él más deseaba.

Zaid Ibn Zábit dijo: “Estábamos junto a Abu Huraira rogando y alabando a Allah en la Mezquita, con un amigo, apareció de pronto el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él); se dirigió a nosotros y nos dijo: Volved a lo que hacíais.”

“Comenzamos con mi compañero a rogar a Allah antes que Abu Huraira lo haga. El Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) exclamaba 'Amén' al final de cada ruego. Cuando le llegó el turno a Abu Huraira, hizo el siguiente ruego:

¡Oh Allah! ¡Te pido lo mismo que te pidieron mis dos hermanos! ¡! Y también te pido me concedas un conocimiento que no se olvide. El Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: Amén. Nosotros dijimos: ¡Nosotros también pedimos a Allah un conocimiento que no se olvide! Sin embargo, el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: Se os adelantó el joven de Daus”.

Con la misma fuerza que Abu Huraira (Allah se complazca con él) deseaba tener conocimiento, también lo deseaba para los demás.

Esto lo demuestra la siguiente anécdota: Abu Huraira pasaba cierto día por el mercado de Medina y se molestó al ver cuánto se preocupaba la gente por las cosas mundanales. ¡Con qué dedicación se entregaban a la compraventa y a tomar o entregar las mercaderías! Se detuvo y les dijo: ¡Qué inútiles sois, gente de Medina!

La gente preguntó: ¿Qué te hace pensar eso, Abu Huraira?

Les dijo: ¡La herencia del Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) se está repartiendo y Uds. están aquí en el mercado! ¿No van a ir a recibir su parte?

Ellos preguntaron: ¿Y dónde está lo que dices, Abu Huraira?

Les dijo: En la Mezquita.

Se dirigieron a toda prisa hacia la mezquita del Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Abu Huraira los aguardó en el mercado. Cuando volvieron y lo vieron allí, dijeron: ¡Oh Abu Huraira! ¡Fuimos a la mezquita y no vimos que allí se esté repartiendo nada!

Les dijo: ¿Es que no vieron a nadie en la mezquita?

Respondieron: Si, claro que sí. Vimos algunas personas orando, a otros recitando el Sagrado Corán y vimos a otros estudiando lo que Allah permitió y lo que Allah prohibió.

Les dijo: ¡Ay de ustedes! ¡Ésa es la herencia del Profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él)!

Abu Huraira (Allah se complazca con él) padeció como nadie, por su entrega al estudio, a la ciencia y al aprendizaje de las palabras del Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) en todo momento.

El mismo relataba: “A veces tenía tanta hambre que preguntaba a los Sahaba por alguna aleya del Corán, aún sabiéndola, sólo para ser invitado a sus casas a comer.”

“En una ocasión estaba tan hambriento, que tuve que amarrarme una piedra al estómago y me senté en el camino de los Sahaba. Abu Bakr pasó por allí y le pregunté por una aleya del Corán, lo hice premeditadamente, para ser invitado, pero no lo hizo.

Luego pasó Omar e hice lo mismo; pero él tampoco me invitó.”

“Finalmente pasó el Mensajero de Allah y me vio. Supo del hambre que tenía y dijo: ¡Ven Abu Huraira!”

“Lo seguí hasta su casa, entré con él, encontró un vasija con leche, entonces preguntó a su familia: ¿De dónde conseguisteis esto? Su familia respondió: Lo mandó alguien para ti.

El Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: “Dirígete Abu Huraira, hasta la gente del patio[7] y convídales”. Me apené por ello, luego pensé: ¿Cuánto los saciará este pequeño pote de leche? Me tenté de beber un poco primero, para ganar fuerzas, y luego ir a llamarlos.

Sin embargo, fui a la gente del patio y los invité.

Cuando llegaron, el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: “Toma Abu Huraira, dales de beber. Les fui dando de beber hasta que, milagrosamente, bebieron todos. Luego acerqué la vasija hacia el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Él levantó su rostro y me dijo sonriente: Quedamos tú y yo.”

“Respondí: Es verdad Mensajero de Allah.”

“Me dijo: ¡Bebe! Y yo bebí un sorbo. Luego me dijo nuevamente: ¡Bebe! Bebí otro sorbo. Siguió así hasta que no pude más y dije: ¡Por Quién te envió con la verdad! No puedo beber más. Luego tomó el recipiente y bebió del resto.”

No pasó mucho tiempo desde aquello hasta que las riquezas de la tierra empezaron a llegar a Medina y los musulmanes empezaron a gozar de los resultados de sus victorias. Abu Huraira pasó a tener fortuna, casa y bienes. También se casó y tuvo hijos. Sin embargo; todo esto no cambió su alma buena y generosa, para nada. Tampoco olvidó sus días de necesidad, constantemente solía decir:

“Me crié huérfano, emigré pobre y trabajaba como jornalero con Busra bint Ghazuán por comida. Solía servir a la gente cuando acampaban; y solía guiar a sus animales cuando montaban. Y Allah me agració con Busra, a la cual yo servía.”

Abu Huraira fue varias veces Gobernador de Medina[8] nombrado por Mu'auia Ibn Abi Sufián. Este cargo tan alto no cambió en nada la bondad ni la tolerancia de Abu Huraira (Allah se complazca con él).

Reunía muchas virtudes era sabio y tolerante; temeroso de Allah y piadoso. Solía ayunar durante el día y pasar un tercio de la noche orando; despertaba a su esposa para pasar el segundo tercio de la noche en oración y ella, despertaba a su hija para que pasase el último tercio de la noche orando. Así lograban que la adoración y la alabanza a Allah, permaneciera toda la noche en su hogar.

Abu Huraira tenía una esclava negra; una vez ésta, lo trató en forma irrespetuosa, haciéndolo también con su familia. Esto lo irritó, al límite de querer azotarla, pero se detuvo y dijo:

“Si no fuese por el ajuste de cuentas el Día del Juicio te haría retorcer de dolor. Será mejor que te venda a quien me pagará lo que vales, pues lo necesito de verdad. Sí, vete; eres libre por Allah el Todopoderoso”.

Cierta vez, Maruán Ibn Al Hakam envió cien dinares de oro a Abu Huraira, al día siguiente de habérselos entregado, le comunicó: “El mensajero se equivocó al entregarte cien dinares; yo no los enviaba para ti, sino para otra persona”. Abu Huraira se entristeció y se hizo evidente en su rostro; luego dijo: “los he donado en la causa de Allah y no duraron ni un día conmigo. Cuando me envíen mi salario, puedes tomarlos de él”.

En realidad, Maruán había hecho aquello para probar a su subordinado Abu Huraira y comprobó que lo dicho por él era correcto.

Abu Huraira pasó toda su vida dando buen trato y cariño a su madre. Cada vez que salía de la casa, se detenía junto a su puerta y decía: “La paz sea contigo madre, junto con la gracia y las bendiciones de Allah”

Su madre respondía: “Que la paz, la gracia y las bendiciones de Allah, también sean contigo”.

El respondía: “Que Allah tenga piedad de ti, así como me criaste de pequeño”.

Su madre le decía luego: “Y que Allah se apiade de ti también, por el buen trato que me diste de grande”.

Esto lo repetía, al volver a su casa.

Cuando Abu Huraira (Allah se complazca con él) enfermó gravemente, a punto de ser inevitable su muerte, lloró desconsoladamente; le dijeron: ¿Qué es lo que te hace llorar Abu Huraira?

Dijo: “No creáis que lloro por este mundo que dejo. Lloro por lo largo del viaje y lo poco de las provisiones. Estoy al final de un camino que me llevará al Infierno o al Paraíso”

Maruán Ibn Al-Hakam lo visitó y le oyó decir: “¡Oh Allah! Ciertamente me complace encontrarme contigo. Espero que a ti también te complazca encontrarme. Señor, apresura el encuentro”.

Abu Huraira (Allah se complazca con él) falleció el año 58 de la Hégira, en la ciudad de Medina

¡Que Allah bendiga a Abu Huraira!

 Asmá bint Abi Bakr

(Allah se complazca de ella)

Asmá vivió hasta los cien años, con plena lucidez

La biografía de esta Compañera del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), es la de una mujer perteneciente a una de las familias más importantes del Islam. Su padre, su abuelo, su hermana, su esposo, y su hijo, eran Sahaba. Esto sería suficiente para conferirle honor a cualquiera.

Su padre era Abu Bakr As-Siddiq (Allah se complazca con él), amigo del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y su sucesor (Califa), como líder de la comunidad, tras su muerte. Su abuelo fue Abu ‘Atiq, el padre de Abu Bakr, su hermana fue Aisha (Allah se complazca con ella), la Madre de los Creyentes, su esposo Az-Zubeir (Allah se complazca con él), discípulo del Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), y su hijo fue Abdullah Ibn Az-Zubeir, que Allah se complazca de todos ellos.

Esta era la familia de Asmá bint Abi Bakr (Allah se complazca con ella), una de las primeras mujeres en abrazar el Islam. Solo diecisiete hombres y mujeres abrazaron el Islam antes que ella.

La apodaron “La de las dos cintos”, por lo sucedido el día en que el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y su padre, Abu Bakr (Allah se complazca con él), emigraron de La Meca a Medina (hégira). Asmá (Allah se complazca con ella) preparó un saco de comida para el viaje, y un vasija conteniendo agua, pero al no encontrar con que atar las bolsas para que fuesen fáciles de transportar, se quitó su cinto, y lo cortó en dos; con una parte ató el saco de comida y con la otra la vasija con agua. El Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) rogó a Allah que la recompensara con dos cintos en el Paraíso.

Desde ese momento se la apodó Dhat al-Nitakain, “La de los dos cintos”.

Se casó con Az-Zubeir Ibn Al-‘Awam, un joven de escasos recursos, que no tenía empleados que lo ayudasen con la casa, ni plata para llevar una vida más cómoda. Su única posesión era una yegua. Asmá (Allah se complazca con ella) era una esposa virtuosa y confiable, se ocupaba de las tareas de la casa, incluso ella misma sacaba a pastar el animal y recolectaba y preparaba el forraje. Hasta que, Allah cambió la situación de Az-Zubeir, y se convirtió en uno de los Compañeros más ricos.

Cuando Asmá tuvo la oportunidad de emigrar de La Meca a Medina y de practicar su religión en libertad bajo la guía del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), estaba embarazada y en fecha de parto. Esto no la detuvo de emprender ese penoso y largo camino. Tan pronto llegó a Qubá (una aldea en los alrededores de Medina) dio a luz a un niño, llamado Abdullah Ibn Az-Zubeir. Los musulmanes se alegraron y festejaron, ya que éste era el primer niño nacido de entre los musulmanes emigrados a Medina.

Asmá se apresuró en llevar al pequeño al Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). El Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) lo tomó en sus brazos, frotó la boca del niño con un bocado de dátil que él había masticado antes y luego pidió a Allah que bendiga al pequeño. Es de destacar que lo primero en entrar en la boca de este niño, fue ese jugo de dátil de la boca del Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él).

Pocas personas tenían la calidad de carácter que distinguía a Asmá (Allah se complazca con ella), ya que ella era virtuosa y generosa.

Su generosidad era proverbial, y se relata que su hijo, Abdullah, dijo de ella:

“Nunca vi mujeres más generosas que mi tía Aisha y su hermana Asmá, mi madre. Sin embargo, la forma en que expresaban su generosidad difería. Mi tía ahorraba, hasta tener suficiente para repartir entre los pobres. En cambio, mi madre, nunca ahorraba nada, ni siquiera para el día siguiente.

Asmá era una mujer, que aún en las situaciones más difíciles sabía desenvolverse. Cuando su padre, Abu Bakr, dejó La Meca, en compañía del Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) para emprender el trayecto de La Meca a Medina, llevó consigo todo su dinero. Sumaba 6000 dírham, sin dejar nada en su casa. Su abuelo, Abu Quhafah, permanecía incrédulo por aquel entonces. Al enterarse que su hijo había abandonado La Meca, fue a su casa y dijo a su nieta Asmá:

“Puedo jurar que no solo te ha afligido al abandonarte, sino que también lo ha hecho al llevarse su riqueza.”

“No abuelo –respondió Asmá- nos ha dejado mucho.”

Y llenó con piedras el recipiente donde Abu Bakr (Allah se complazca con él) acostumbraba ocultar su dinero y lo cubrió con una tela. Luego, condujo a su ciego abuelo de la mano y le dijo: “Toca abuelo, cuanta plata nos ha dejado.”

Él tocó con su mano y dijo: “Veo que no hay de que preocuparse. Si ha dejado tanto, entonces está bien.”

Asmá hizo esto para darle seguridad al anciano, para que él no sintiese la obligación de darles nada. Ella odiaba deberle favores a un incrédulo, aunque fuese su abuelo.

Aún así, si fuese olvidado todo lo que se conoció de Asmá (Allah se complazca con ella), por la historia, su último encuentro con su hijo Abdullah, fue inolvidable, debido al coraje, decisión y a la inmutable fe, que demostró en tal situación.

La historia es la siguiente:

Luego de la muerte del Califa Iazid Ibn Mu’awiah (Allah se complazca con él), todo el Hiyaz, (zona comprendida entre La Meca y Medina), Egipto, Jurasan y la mayoría de Siria, habían jurado lealtad a su hijo Abdullah Ibn Az-Zubeir (Allah se complazca con él), como nuevo Califa. Pero el clan de los Banu Umayya (Omeyas), había formado un ejército enorme bajo el mando de Al Hayyay Ibn Yusuf Az-Zaqafi para hacer frente a Abdullah. Sucediéndose entre los dos grupos graves enfrentamientos. Abdullah Ibn Az-Zubeir (Allah se complazca con él) había demostrado su valor y dignidad como líder en el campo de batalla, pero sus seguidores lo fueron abandonando gradualmente, a medida que la guerra continuaba. Los que permanecieron con él, se refugiaron en La Meca, bajo la protección de la Ka’aba y su mezquita.

Horas antes de su muerte, Abdullah (Allah se complazca con él) dejó la batalla, para visitar a su madre, centenaria, ciega y débil.

Al verla le dijo: “La paz, la misericordia y las bendiciones de Allah sean contigo, madre.”

“Y contigo sea la paz, Abdullah. ¿Qué te trae aquí en éste momento, en que las piedras de las catapultas de Al-Hayyay están cayendo sobre tus soldados en la zona de la mezquita sagrada y sacudiendo todas las casas de La Meca?”

“Vengo a solicitar tu consejo”, respondió.

“¡Mi consejo!, ¿sobre qué asunto?”

“Todos me han retirado su apoyo por temor a Al-Hayyay o con la esperanza de compartir con él su poder y su riqueza. Hasta mis propios parientes e hijos me han abandonado. Sólo unos pocos hombres permanecen conmigo, pero no importa que tan decididos estén, sólo podrán mantenerse en la lucha por una o dos horas más. Los mensajeros de Bani Umayya están prometiendo darme lo que les pida, si yo depongo las armas y juro lealtad a ‘Abdul Malik Ibn Marwan como nuevo Califa.

¿Qué opinas de ello?”

Su voz tomó fuerza, y dijo: “Esto es asunto tuyo, Abdullah (Allah se complazca con él), y eres tú quién mejor debe saber qué hacer. Si estás seguro de obrar correctamente, y que invitas hacia la verdad, sé perseverante y valiente, igual que los que te apoyaban y murieron por tu causa. Pero si solo persigues una gloria terrenal, acabarás con tus hombres y contigo mismo”

“Pero voy a morir hoy, de cualquier modo”, dijo.

“Es mejor morir de ésta forma, que entregarte voluntariamente a Al-Hayyay para ser decapitado. Tu cabeza terminará rodando frente a los esclavos de Bani Umayya.”

“No tengo miedo a morir, pero la idea de ser mutilado me horroriza,” dijo Abdullah (Allah se complazca con él).

“Una vez muerto –respondió su madre- no tendrá importancia. Una oveja, una vez sacrificada, no siente el dolor de ser despellejada.”

Abdullah (Allah se complazca con él) parecía fortalecido por sus palabras, sonrió diciendo:

“Que bendita eres, ¡Oh Madre! Tienes tantas bendiciones, virtudes y cualidades. En realidad solo vine, porque necesitaba escuchar esto de ti. Allah bien sabe, nunca perdí el coraje ni la fuerza, y Él es mi testigo de que no he hecho esto persiguiendo poder o riquezas materiales. Sino, como un celoso protector de todo lo que Allah hizo sagrado. Me dirigiré a un destino que tú has consentido, así cuando muera, no te afligirás por mí. Deja que Allah te compense por lo que puedas perder.”

“Me afligiría por ti, sólo si murieses por vanidad”, respondió ella.

“Debes encontrar tranquilidad en el hecho de que tu hijo nunca cometió a sabiendas, un acto inmoral o de libertinaje, nunca ha desobedecido las leyes de Allah, nunca traicionó la confianza, nunca oprimió a un musulmán ni a nadie que no lo fuera, y siempre ha elegido lo que más le complaciese a Allah. No digo esto para alabarme, ya que Allah sabe de mis actos, y que lo digo para consolarte.”

“Alabado sea Allah, quien te ha hecho complaciente para Él y para mí. Acércate a mí, hijo mío, para que pueda tocarte y olerte por una última vez”, dijo.

Abdullah (Allah se complazca con él) se inclinó sobre ella, besando sus manos y los pies, mientras ella, buscó su cabeza con sus manos, oliendo su pelo, besándolo y acariciándolo, le dijo:

“¿Qué es lo que tienes puesto, Abdullah?”

“Mi armadura”, respondió.

“Esta no es la vestimenta adecuada, para quién desea caer por la causa de Allah”, objetó.

“Solo me la puse para darte seguridad, para que no te preocupes por mi”, explicó.

“Quítatela –dijo Asmá (Allah se complazca con ella)- eso te hará más valiente y más digno. Mejor, viste pantalones largos, pues si caes abatido, no permanecerás en el suelo, mostrando tu partes pudendas.”

Abdullah satisfizo el pedio de su madre, quitándose la armadura y ajustándose los pantalones con firmeza. Luego se dirigió a la zona de la Ka’aba para finalizar la batalla, diciendo: “No dejes de orar por mí, madre.”

Ella elevó sus manos al cielo diciendo: ¡Oh Allah! Ten misericordia por quien pasaba las noches alabándote, con sus ojos colmados de lágrimas, cuando todos los demás dormían. Ten misericordia de quien, soportó hambre y sed, bajo el calor de La Meca y Medina, cuando ayunaba. Y ten misericordia de él por su consideración para con su padre y su madre. ¡Oh Allah! Te lo entrego a ti, y estoy complacida con lo que decretes. Concédeme la recompensa de los que son pacientes.”

Para el anochecer, Abdullah Ibn Az-Zubeir (Allah se complazca con él) había encontrado su muerte. Antes de los veinte días, su madre Asmá bint Abi Bakr se reuniría con él. Ella tenía cien años, tenía total lucidez cuando murió.

¡Allah bendiga a Asmá bint Abi Bakr!

 Ya'far Ibn Abi Tálib

(Allah se complazca con él)

Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) le dijo: “Eres como yo en conducta e imagen”

Apodado por el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) “Padre de los menesterosos” y “El de las dos alas”. Ya'far Ibn Abi Tálib (Allah se complazca con él) era uno de los excelsos hombres de la primera generación islámica, los que lucharon.

Llegó ante el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) ya islamizado, y de este modo, tomó su elevada posición entre los primeros Creyentes. Su esposa, Asmá hija de Umáis, abrazó el Islam el mismo día que él. Ambos soportaron con coraje y valentía la opresión y la tortura. Cuando el Mensajero eligió Abisinia para que sus Compañeros emigraran y estuvieran a salvo, Ya'far (Allah se complazca con él) partió con su esposa hacia allí.

En Abisinia, Ya'far Ibn Abi Tálib (Allah se complazca con él) fue el portavoz de los musulmanes. Allah le había dado entre muchas otras cosas, inteligencia, lucidez y elocuencia. El día de Mu-ta[9] fue el más glorioso, magno e inolvidable de su vida. Pero el día de su diálogo frente al Negus de Abisinia no fue menos glorioso. Fue, sin lugar a dudas, un día especial y una escena sin igual.

La furia de Qureish contra los musulmanes no se calmó, con la emigración de los fieles hacia Abisinia. Al contrario, los qureishíes temieron que allí la fuerza de los musulmanes aumentara y su número creciera, o que, por lo menos, el prestigio de Qureish se viese disminuido porque los musulmanes habían escapado. Es así que decidieron mandar dos mensajeros a la corte del Negus de Abisinia para convencerlo, por medio de costosos regalos, de expulsar a los musulmanes refugiados en sus tierras. Estos dos embajadores eran: Abdallah Ibn Abi Rabi'a y Amru Ibn Al 'As, quienes aún no eran musulmanes.

El Negus, soberano de Abisinia, era un hombre de fe clara, profesaba un cristianismo puro y original, alejado de todo extremismo y fanatismo. Tenía fama de justo y esa fama se divulgó por todas partes. Por esta razón el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) eligió su tierra para que los musulmanes se refugien en ella. Y por este motivo, los qureishíes temían de ello.

Los embajadores enviaron muchos regalos a los obispos y los sacerdotes de Abisinia, a fin de persuadirlos de apoyar la petición qureishí ante el Negus. Comenzaron a impregnar el corazón de los religiosos de rencor y odio contra los musulmanes emigrados; luego, les pidieron su apoyo para que el Negus los expulsara. Fijaron una reunión con él y con la presencia de los musulmanes perseguidos.

Este en su trono, fue escoltado por los obispos y su corte, los musulmanes se ubicaron frente a él en una sala amplia. Se les notaba tranquilos pues los cobijaba la clemencia divina. Los qureishíes plantearon al Negus las mismas acusaciones que le habían presentado en una reunión anterior que tuvieron a solas con él. “¡Oh rey!”, le dijeron, “han llegado a tu país jóvenes insolentes; dejaron la religión de su gente, y no abrazaron la tuya. Han inventado una religión que ni tú ni nosotros conocemos. Por eso los notables de su pueblo, incluyendo sus familias, nos han enviado para que tú los devuelvas.”

El Negus volvió la cara hacia los musulmanes y les preguntó: “¿Qué religión os ha hecho abandonar las creencias de vuestra gente y os satisfizo en lugar de nuestra religión?”

Ya'far (Allah se complazca con él), se adelantó para cumplir con la misión que los emigrantes acordaron encargarle antes de llegar a la reunión. Se puso de pie con respeto y calma y con una mirada amable hacia el rey que los había protegido de buena manera, dijo:

“¡Oh rey! Éramos ignorantes, adorábamos ídolos, practicábamos obscenidades, cortábamos los lazos familiares, éramos malos vecinos, el poderoso de entre nosotros devoraba al débil... así estábamos hasta que Allah nos mandó un Mensajero de entre nosotros mismos. Conocíamos a su familia, su sinceridad, su fidelidad y su virtud.

Nos invitó a adorar al Allah Único, y a dejar lo que adoraban nuestros padres de piedras e imágenes, nos ordenó ser sinceros al hablar, nos ordenó la lealtad, no cortar los lazos sanguíneos, la bondad con los vecinos, abstenernos de lo ilícito y de la venganza, nos prohibió la obscenidad, el perjurio, la malversación del patrimonio de los huérfanos, confiamos en él, le creímos y le seguimos para que nos enseñe lo que Allah le reveló.

Entonces hemos adorado a Allah Único, y no hemos asociado con Él otra divinidad; obedeciendo Sus órdenes, hemos declarado prohibido lo que el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) nos ha comunicado que es ilícito y viceversa. Nuestro pueblo, por su parte, nos ha atacado, nos ha torturado queriendo alejarnos de nuestra religión y hacernos regresar a la idolatría. Cuando nos hicieron sufrir injustamente, cuando nos hicieron la vida imposible, deseando separarnos de nuestro nuevo credo, emigramos hacia vuestro país, esperando vuestra protección, deseando que la injusticia no nos alcance a vuestro lado.”

Las claras palabras de Ya'far llegaron al corazón del Negus, dejándole maravillado y llenándole de emoción. Se dirigió a Ya'far (Allah se complazca con él) diciéndole: “¿Tienes algo de lo que ha sido revelado a tu Mensajero?”

“Sí” dijo Ya'far (Allah se complazca con él).

“Recítamelo” dijo el Negus.

Ya'far comenzó a recitar aleyas de la sura de María, de un modo dulce y con mucho respeto que conmovieron al Negus y a sus obispos. Al mirar a los enviados de Qureish les dijo: “Por cierto que esto y lo revelado a Jesús procede del mismo origen. ¡Retírense! ¡Por Allah que no se los entregaré!”

Ese fue un día victorioso para los musulmanes, pero Amru Ibn Al-'As era un hombre astuto, no aceptaba la derrota ni se resignaba ante la misma. Apenas llegó a su residencia, meditó un tiempo y luego dijo a sus amigos: “Por Allah, mañana regresaré junto al Negus y le contaré de ellos, algo que le hará expulsarlos inmediatamente. Le diré que ellos creen que Jesús es uno de los siervos de Allah como cualquier otro.”

De este modo, Amru pondría a los musulmanes entre la espada y la pared, ya que si ellos decían que Jesús es uno de los siervos de Allah, el rey y sus obispos se enfadarían con ellos, y si negaban el carácter humano de Jesús, iría en contra de sus creencias.

Amru fue a entrevistarse con el rey al día siguiente, le dijo: “¡Oh rey! Ellos dicen cosas terrible sobre Jesús”. Los obispos se agitaron y se conmovieron bastante por lo dicho. Nuevamente llamaron a los musulmanes para que respondan. Los musulmanes, al saber de la nueva trampa, acordaron decir la verdad oída de su Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), y se encomendaron a Allah.

El Negus empezó preguntando a Ya'far (Allah se complazca con él): “¿Qué dicen de Jesús?”

Ya'far (Allah se complazca con él) se incorporó confiado y dijo: “Decimos lo que nuestro Profeta nos ha enseñado:...es Siervo y Mensajero de Allah, y su verbo, con el cual agració a María, y un espíritu que emana de Él...”

El Negus, con agrado, creyó y declaró ciertas las palabras de Ya'far (Allah se complazca con él), expresando que esto era lo que el Mesías decía de sí mismo. Sin embargo, los obispos no aprobaron lo que oían. El Negus, un creyente iluminado, se dirigió a los musulmanes diciendo: “Podéis iros. Estáis protegidos en esta tierra. Quienquiera que os insulte u os haga daño, deberá pagar por ello”. Luego dijo a sus guardias, indicando a los qureishíes: “Devolvedles sus regalos, pues no los necesito. ¡Por Allah que me ha agraciado bastante! No soy de los que aceptan sobornos...” Los embajadores qureishíes salieron derrotados y retornaron a La Meca.

Los musulmanes, liderados por Ya'far (Allah se complazca con él), aseguraron su vida en Abisinia, hasta que Allah les permitió volver con su Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), sus familias y sus hogares.

El Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) estaba celebrando la victoria de Jaibar cuando vio a Ya'far Ibn Abi Tálib (Allah se complazca con él) llegar de Abisinia junto con los demás emigrantes. El corazón del Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) se llenó de júbilo, le abrazó y le dijo: “No sé porque causa alegrarme más: por la llegada de Ya'far o por la victoria de Jaibar...”[10]

El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) fue luego a La Meca, a realizar la Umra (Visita ritual), para retornar todos a Medina. Ya'far (Allah se complazca con él) quedó maravillado al escuchar las noticias de sus hermanos Creyentes quienes, junto al Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), lucharon en las batallas de Badr, Uhud y muchas más. Sus ojos lloraron por aquellos que fueron sinceros en su promesa a Allah y perdieron la vida como mártires honorables. Su corazón se llenó de una dulce nostalgia por entrar al Paraíso y esperó el momento y la oportunidad para dar su vida por la causa de Allah.

La batalla de Mu-ta, estaba a punto de empezar. Las banderas ondeaban en el horizonte, los ánimos estaban tensos por empezar la batalla. Ya'far (Allah se complazca con él) vio en esta batalla la oportunidad de su vida; ya sea por lograr una gran victoria para la religión de Allah o por ganar una gloriosa muerte en la causa de Allah. Se había presentado al Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) pidiéndole fervientemente un lugar en la batalla. Ya'far (Allah se complazca con él) sabía que no sería un paseo ni una pequeña escaramuza, sino que era un combate en gran escala de los que el Islam no había enfrentado jamás.

Se encontrarían con el ejército de un imperio próspero y grande que poseía armas, soldados, experiencia y el dinero que ni los musulmanes ni los árabes podían tener. Pese a la gravedad de la situación, Ya'far (Allah se complazca con él) tenía todas las ganas de participar, por ello fue nombrado uno de los Emires del ejército. Las desiguales fuerzas se encontraron en un día terrible, Ya'far (Allah se complazca con él) al ver al ejército bizantino, se sorprendió y no sin razón.

Era la primera vez que los musulmanes estaban frente a un ejército tan numeroso (algunas fuentes expresaban que llegaban a doscientos mil guerreros), muy bien equipados, profesionales y ordenados.

Ya'far (Allah se complazca con él) estaba feliz de todos modos, sintió placer porque percibió que, con la dignidad del creyente sincero y la confianza en Allah, los combatiría de igual a igual.

Antes de caer la bandera de la mano inerte del primer Emir, Zaid Ibn Hariza (Allah se complazca con él), Ya'far (Allah se complazca con él) la tomó en su diestra y comenzó a luchar con increíble valentía. Tenía la audacia de los que no sólo buscan la victoria sino que también desean la muerte como mártires. Pronto se vio rodeado por los guerreros bizantinos. Al sentir que los movimientos de su caballo se obstruían, bajó de él y empezó a golpear a los enemigos con una furia sin igual.

Después de matar a su propio caballo, pues un bizantino lo estaba montando, se lanzó en medio de las compactas filas bizantinas, para combatir contra ellas. Sabía que era la victoria o la muerte. Los enemigos lo rodearon nuevamente, en la férrea lucha, cortaron su brazo derecho, donde llevaba la bandera. Antes que el estandarte cayese, lo sujetó con el izquierdo, el cual no tardó en ser cortado. Entonces abrazó la bandera con sus muñones. En ese instante, su preocupación se centró en no dejar caer este precioso estandarte del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) mientras tuviese vida. Cuando cayó inerte, sus brazos aún sujetaban fuertemente la bandera. Abdullah Ibn Rauuaha (Allah se complazca con él) la vio ondear y, con rapidez, se dirigió hasta ella para elevarla y llevarla con firmeza hacia su glorioso destino.

De esta manera, Ya'far (Allah se complazca con él) escogió para sí una de las más gloriosas muertes que un hombre pudiera elegir, al encontrarse con su Señor, por su propia audacia y valentía. Allah el Sapientísimo comunicó el destino de la batalla y de Ya'far (Allah se complazca con él) a Su Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), quien, a su vez, se resignó a la voluntad de Allah y lloró la partida de su primo y Compañero.

Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) se dirigió a la casa de Ya'far (Allah se complazca con él), llamó a sus hijos, los miró tiernamente y los besó mientras lloraba.

Los humildes lloraron la muerte de Ya’far (Allah se complazca con él), ya que era conocido como el “Padre de los pobres”. Abu Huraira (Allah se complazca con él) dijo: “Ya'far Ibn Abi Tálib era lo mejor para los pobres” fue el más generoso con sus posesiones en vida, y cuando le llegó la hora, fue el más generoso con su sacrificio.

Abdullah Ibn Omar (Allah se complazca con él) dijo penosamente: “Estaba junto a Ya'far en la batalla de Mu-ta, encontramos en su cuerpo más de noventa heridas de estocadas y flechas.”

¡Más de noventa golpes de espada y lanza! Pero ¿Acaso los que le mataron pudieron saciar su sed? ¿Pudieron, acaso, ganar algo de su espíritu y su glorioso destino? No. Sus espadas y lanzas fueron un puente por el cual el gran mártir cruzó para estar junto a Allah, El Clemente, El Supremo, en un lugar elevado.

Allí estaba, en los eternos jardines del Paraíso, llevando orgulloso las marcas y heridas de batalla.

El Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: “Yo le he visto en el Paraíso, tenía dos alas, impregnadas de sangre y la parte delantera de su cuerpo, teñida también”.

¡Allah bendiga a Ya'far Ibn Abi Talib!

 Abdullah Ibn Mas'ud

(Allah se complazca con él)

“El primer recitador del Corán en público”

Dijo el Profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él): Quien desee recitar el Corán tal como fue revelado, que lo haga como Ibn Umm Abd[11] (Abdullah Ibn Mas’ud)

Abdullah Ibn Mas'ud (Allah se complazca con él), es considerado la sexta personalidad en seguir al Profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) hacia el Islam. Es así que este grandioso hombre fue uno de los primeros musulmanes.

 En su primer encuentro con el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo:

“Siendo niño, era pastor de las ovejas de Uqba Ibn Abi Mu'it cuando se presentó el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) con Abu Bakr (Allah se complazca con él) y me dijeron: Oye, niño, ¿Tienes leche para darnos de beber? Les dije: El dueño ha confiado en mí, por eso no les daré de beber. El Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo:

¿Tienes alguna oveja que no se haya apareado nunca con un cordero?

 Sí, les contesté y se las traje. El Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) la sostuvo, pasó sus manos por sus ubres implorando a Allah y las ubres se llenaron de leche. Abu Bakr trajo una piedra de forma cavada y el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) ordeñó la oveja allí. Abu Bakr y yo bebimos. El Profeta, mirando hacia las ubres, dijo: “Basta” y las ubres se secaron. Luego fui hacia él y le dije: 'Enséñame eso'. Me dijo: “Tú eres un niño sabio.”

Ibn Mas'ud (Allah se complazca con él) se asombró de aquello; no sabía que estaba presenciando el más común y sencillo de los milagros y que, pronto, vería del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) milagros que sacudirían al mundo y lo llenarían de luz.

Tampoco sabía que ese niño pobre, débil y pastor de los rebaños de Uqba Ibn Abi Mu'it sería uno de esos milagros. El día en que el Islam hiciera de él un hombre creyente, con su fe, vencería la vanidad de Qureish y la tiranía de sus señores.

Él, que no se atrevía a pasar cerca de los señores de La Meca sin bajar su cabeza, no sabía que, después de su conversión al Islam, iría a la junta de los nobles de Qureish en la Ka’aba y recitaría ante ellos, el Sagrado Corán:

“En el nombre de Allah, Clemente, Misericordioso. El Clemente, Quien enseñó el Corán, Creó al ser humano, y le enseñó la elocuencia. El sol y la luna discurren por órbitas establecidas, y las hierbas y los árboles se prosternan [ante Él]”. (55:1-6)

La recitación continuó y los líderes de Qureish quedaron atónitos, no creían en lo que sus ojos veían y sus oídos oían. No podían imaginarse que este hombre, que desafiaba su poder y posición, fuese el pastor de ovejas de uno de ellos.

Az-Zubeir (Allah se complazca con él) nos describe la escena de la siguiente forma:

“El primero en recitar el Sagrado Corán en público después del Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) fue Abdullah Ibn Mas'ud (Allah se complazca con él). Un día se juntaron los Sahaba del Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y dijeron: 'Por Allah que Qureish nunca ha escuchado el Corán en voz alta. ¿Quién puede hacerles oír?' 'Yo' Dijo Abdullah Ibn Mas'ud. “Tememos por ti, queremos un hombre cuya familia pueda defenderle si le quieren hacer daño”, dijeron. “Déjenme. Allah será mi defensor” dijo.

“Ibn Mas'ud se presentó a media mañana en el foro de los nobles de Qureish. Allí recitó en voz alta:

“En el nombre de Allah, Clemente, Misericordioso. El Clemente. Enseñó el Corán...” y les enfrentó recitando estos versículos

“Le miraron diciendo: ¿Qué dice Ibn Ummi Abd? ¡Está recitando algo de lo que Muhammad trajo! Y se levantaron contra él, lo golpearon mientras él seguía recitando, haciéndole mucho daño.”

“Cuando Ibn Mas'ud volvió hacia sus compañeros, traía muy maltrecho el rostro y el resto de su cuerpo; le dijeron: '¡Esto es lo que temíamos por ti!'“

 “¡Los enemigos de Allah nunca fueron tan suaves como hoy! Y les dijo: si ustedes quieren mañana iré nuevamente', dijeron: 'Basta, tu les hiciste escuchar lo que odiaban”

Así era Ibn Mas'ud (Allah se complazca con él), desde el día en que vio las ubres secas llenarse de leche; Ibn Mas'ud no se percató que, desde ese día, él y la gente sencilla y pobre, serían uno de los grandes milagros del Mensajero. El día había llegado. Ya había llegado la hora en que este joven sirviente pobre, sea uno de esos milagros.

Ibn Mas'ud no llamaba la atención de nadie, ya que no tenía lugar entre aquellos de riqueza, ni entre los de superioridad física, ni entre los de prestigio. No tenía dinero, su cuerpo era débil y delgado.

Pero el Islam le dio una voluntad férrea, le hizo partícipe del cambio histórico que el Islam aportó. Y, sobre todo le dio sabiduría, honor y perpetuidad, pues Abdullah Ibn Mas'ud precedió a la brillante cadena de sabios y doctos que adorna a la civilización islámica.

Ibn Mas'ud solía decir de sí mismo:

“Recibí de boca del Profeta de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) setenta suras (Capítulos) del Corán...”

Esto fue como una recompensa de Allah, cuando puso su vida en peligro al recitar el Corán en público y divulgarlo en toda La Meca durante los años de tortura y persecución. Le concedió, Glorificado sea, una recitación excelente, y un entendimiento correcto de sus significados.

El Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) aconsejaba a sus Compañeros tomar el ejemplo de Ibn Mas'ud. Les decía: “Aferraos a los días de Ibn Mas'ud”.

También les recomendaba imitar su recitación del Sagrado Corán y que la aprendieran.

El Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) decía: “Quien quiera escuchar el Corán, en su esencia, como ha sido revelado, que lo escuche de Ibn Ummi Abd”

Al Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) le gustaba escuchar el Corán recitado por Ibn Mas'ud (Allah se complazca con él). Un día, el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) lo llamó y le dijo: “Recita para mí, Abdullah”

“¿Quieres que te lo recite siendo que a ti ha sido revelado, Oh Mensajero de Allah?”, dijo Abdullah.

“Me gustaría escucharlo de otros”, dijo el Mensajero.

Ibn Mas'ud recitó, hasta llegar a los siguientes versículos:

“¿Qué será de ellos cuando presentemos un testigo de cada nación y te designemos ¡Oh Profeta! testigo contra ellos? En ese día los incrédulos, que desobedecieron al Profeta, desearán que se los trague la tierra; cuando no puedan ocultar nada a Allah”

Se llenaron los ojos de lágrimas del Mensajero de Allah, e indicó a Ibn Mas'ud detenerse. Ibn Mas'ud reconocía el favor que Allah le había concedido; y decía: “¡Por Allah! De todo lo que ha sido revelado, yo sé el motivo de su revelación, nadie sabe mejor que yo sobre el Libro de Allah. Si supiera de alguien que conozca el Libro de Allah mejor que yo y tuviese que montar para llegar a él, tengan por seguro que lo haría. Y aún así no soy el mejor entre vosotros.”

Los Sahaba también reconocían este favor de Allah con Ibn Mas'ud. El Emir de los Creyentes, Omar (Allah se complazca con él) dijo: “Está lleno de conocimiento sobre la religión”.

Abu Musa Al Ash'arí dijo de Ibn Mas'ud (Allah se complazca con él): “No me preguntéis nada mientras viva entre vosotros este sabio.”

Un día, un grupo de Sahaba se reunió con Alí Ibn Abi Tálib (Allah se complazca con él) y le dijeron: “¡Oh Emir de los Creyentes! No hemos conocido un hombre igual a Ibn Mas'ud. Tenía la mejor conducta, el más sutil modo de educar, era el mejor compañero y tenía una profunda fe.”

Alí (Allah se complazca con él) dijo: “¿Me juraríais por Allah que esto surgió de vuestros corazones?”

“Sí”, le contestaron.

 Dijo: “¡Allah mío! Que seas mi testigo. Por Allah que yo opino lo mismo, o mejor sobre él. Él recitaba el Corán, aclaraba lo que era lícito y lo que era ilícito. Era un conocedor de la religión (Alfaquí) y un sabio en la Sunna.”

Ibn Mas'ud era muy querido por el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y frecuentaba bastante su casa. El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) lo apreciaba y se quedaba mucho tiempo conversando a solas con él, le confiaba muchos secretos; por eso le apodaban “El guardián del secreto”.

Ibn Mas'ud, a su vez, quería mucho al Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Le respetaba tanto que temía cometer el más mínimo error al transmitir su mensaje. Después de su fallecimiento, raramente solía mencionarlo; pocas veces se lo oía decir: “Escuché al Mensajero de Allah decir.” Se estremecía severamente, se veía asustado, perplejo, temiendo olvidar o cambiar una letra por otra.

Este hombre fue, Compañero del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él); percibió su sabiduría y su grandeza. Esto lo vemos en su tremendo respeto hacia él, en vida y después de muerto.

No se separaba del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), ni en Medina ni durante sus viajes; asistió a todas las campañas y a todas las batallas.

Era tanto su mérito entre los Sahaba, que el Emir de los Creyentes, Omar (Allah se complazca con él), le confirió el mando del Departamento del Tesoro (Baitul mal) en Al-Kufa, al enviarlo, les mandó un mensaje que decía: “Juro por Allah, no hay más divinidad que Él, que con este nombramiento os he preferido a ustedes sobre mí mismo, (quería Omar retenerlo consigo). ¡Beneficiaros de él!”

Los habitantes de Al-Kufa llegaron a quererlo como nunca quisieron a autoridad alguna. Y esto era casi milagroso, ya que era gente de rebelión y conspiración, no se conformaban con nada ni soportaban la paz y la tranquilidad.

Lo querían tanto, que lo rodearon cuando el Califa Uzmán (Allah se complazca con él) quiso reemplazarlo, y le dijeron: “Vive entre nosotros.”

Ibn Mas'ud (Allah se complazca con él) les respondió con palabras que expresaban cabalmente su grandeza y lo profundo de su fe: “Tengo que obedecerle, sucederán problemas y sublevaciones. Yo no quiero ser el primero en abrir sus puertas.”

Esto trajo, una posterior hostilidad que desencadenó en la prohibición de que se le pagase a Ibn Mas’ud su sustento y su sueldo de la tesorería. Pese a todo esto, Ibn Mas'ud no pronunció ninguna palabra en contra de Uzmán; al contrario, se convirtió en su defensor al ver el murmullo que se convertía en revolución. Al llegar a sus oídos la noticia del intento de asesinato de Uzmán dijo: “Si lo matan, jamás encontrarán a una persona igual.”

Allah le dio prudencia y una fe sincera. Tenía la capacidad de ver más allá que los demás, y solía expresarlo con elegancia. Resumió la vida de Omar, por ejemplo, con una precisión extraordinaria. Decía: “Su conversión al Islam fue un comienzo, su emigración fue una victoria y su mandato fue una clemencia”

Hablaba de lo que hoy llamamos “Relatividad del tiempo”. Dijo: “Vuestro Allah no tiene noche ni día, la luz de los cielos y de la tierra surge de la luz de su faz.”

Hablando del trabajo y su importancia para elevar el nivel de quien lo realiza, decía: “A mi no me gusta la persona ociosa, que no hace nada, ni para esta vida ni para la otra.”

Entre sus enseñanzas morales tenemos: “La mejor riqueza es la del alma, el mejor alimento es la fe, la peor ceguera es la del corazón, el pecado máximo es la mentira, la peor ganancia es la usura, la peor malversación es con el patrimonio del huérfano. A quien indulta, Allah lo indulta; y a quien perdona, Allah lo perdona.”

La grandeza de Ibn Mas'ud era totalmente contraria a su pobre apariencia física. Un día subió a un árbol para obtener Arak[12] para el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Los Sahaba vieron sus piernas tan cortas y flacas que se rieron. Entonces el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: “Os reís de las piernas de Ibn Mas'ud, el día de la Resurrección pesarán más que el monte Uhud”.

Al tomar la guía y la misericordia de Allah, Ibn Mas'ud (Allah se complazca con él) alcanzó el grado de ser uno de los primeros diez Sahaba del Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), aquellos que fueron albriciados con el Paraíso y la misericordia divina, mientras aún vivían en la tierra. Ibn Mas'ud acompañó al Profeta de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) en todas sus batallas y acompañó a sus dos sucesores después de su muerte. Vio como los dos imperios más fuertes de la época abrían sus puertas sumisos ante las victoriosas banderas del Islam. Vio las ciudades conquistadas por los musulmanes y la abundante fortuna que corrió por sus manos. Sin embargo, nada lo cautivó, nada lo sedujo, ni lo alejó del compromiso hecho ante Allah y Su Profeta. Nada pudo sacarlo de su modestia, sumisión y simple modo de vivir.

Este gran hombre murió en Medina en el trigésimo segundo año después de la Hégira. Dirigió las plegarias por su alma Az-Zubair Ibn Al-'Auuam (Allah se complazca con él), y fue enterrado en el cementerio Al-Baqui'. Contaba con más de sesenta años al fallecer.

Tuvo un solo deseo en este mundo y, con nostalgia, lo repetía constantemente pues anhelaba mucho alcanzarlo. Solía decir: “Me desperté en plena noche, mientras acompañaba al Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) en la batalla de Tabuk. Vi una antorcha en un extremo del campamento. Miré con atención y vi al Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), a Abu Bakr (Allah se complazca con él) y a Omar (Allah se complazca con él) que cargaban el cadáver de Abdullah Al Muzani. Le habían cavado una fosa y el Profeta dentro de ella decía: “Alcanzadme a vuestro hermano”, mientras Abu Bakr y Omar (Allah se complazca con él) lo sostenían bajándolo.

Cuando ya estaba el cadáver preparado para ponerlo en su nicho, el Profeta de Allah dijo: “¡Allah mío! Yo estoy complacido con él, que Tú también estés complacido de él”. ¡Ojalá - decía Ibn Mas'ud - hubiera sido yo a quien introducían en esa fosa!

Ese fue el único anhelo de su vida. Nada relacionado con lo que la gente acostumbra desear en este mundo: gloria, riqueza, cargos altos o prestigio. Era, pues, el deseo de un hombre de gran corazón, alma magnífica y fe certera. Un hombre para quien Allah era su guía, el Mensajero su educador y el Corán su conductor.

¡Que Allah, esté complacido de Abdullah Ibn Mas’ud!

 Bilal Ibn Rabah

(Allah se complazca con él)

El Califa Omar (Allah se complazca con él) solía decir: “Abu Bakr es un señor; y liberó a otro señor”.

El Califa (Allah se complazca con él), se refería a Bilal Ibn Rabah; el esclavo etíope; alto, delgado y moreno.

Cuando oía a la gente dedicarle los más elevados elogios decía: “Soy un negro etíope. Ayer era un esclavo”

¿Quién es este Bilal Ibn Rabah? ¿Ayer un esclavo y hoy un señor?

 Era esclavo de la tribu de Bani Yumah en La Meca. Su madre fue una esclava también. La vida del esclavo era terrible; todos los días parecían iguales; no podía controlar su presente ni tenía esperanzas para su futuro.

En esos días ya se empezaba a oír de Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y de la religión que predicaba. Bilal (Allah se complazca con él) oía mucho a sus amos hablar de él (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), lo mencionaban con odio y furia; en especial Umaia Ibn Jalaf. Solían decir: “Muhammad nunca fue mentiroso, ni hechicero, ni loco, sin embargo, tenemos que acusarlo de algo, para que la gente no siga su religión.”

Oía mencionar acerca de la fidelidad de Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), su hombría y buenas costumbres, su pureza y su buen juicio. También los oía comentar las causas de la oposición que le hacían; primeramente estaba la ciega confianza en la religión de los ancestros; luego estaba el temor de que, con la nueva religión universal e igualitaria, Qureish y La Meca perdieran su prestigio como centro religioso y comercial de Arabia. También había quien lo rechazara, al no agradarle que un profeta surgiese del clan de Bani Hashim[13] y no de su clan.

Pasaron los días y Bilal (Allah se complazca con él) vio finalmente la luz de Allah. Sintió un llamado en lo profundo de su ser y se dirigió hacia el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) para islamizarse. La noticia se propagó entre los Bani Yumuh rápidamente. Los amos de Bilal se sentían avergonzados y furiosos porque uno de sus esclavos hubiese seguido a Muhammad. Umaia dijo: “No hay problema. El sol de hoy se ocultará llevándose el Islam de este esclavo rebelde”. Decidieron torturarlo hasta que renegase de su fe islámica.

Pero contrariamente a lo dicho por Umaia, los que se ocultaron fueron los ídolos de Qureish.

La firmeza de Bilal ante las crueles torturas recibidas fue una muestra de orgullo, no sólo para el Islam, su religión, sino para toda la humanidad.

Bilal, un esclavo negro, dio a la humanidad, por gracia del Islam, una lección sobre la fuerza de la identidad y la fe ante las más terribles presiones. Demostró que la raza o la condición social no son ningún obstáculo ante una fe firme y la confianza en Allah. También demostró a las generaciones venideras que la libertad no se vende.

Los amos de Bilal solían exponerlo diariamente bajo el calor del mediodía en el desierto, el cual se convertía en un infierno mortal en ese momento. Sacaban sus ropas y lo apoyaban sobre piedras calientes; luego, ponían sobre él una gran piedra ardiendo. La tortura era tan cruel que los propios verdugos cedieron en su posición.

Ofrecieron a Bilal que detendrían el castigo si el decía una sola palabra en favor de los ídolos.

Pero Bilal (Allah se complazca con él) se mantuvo firme, le bastaba decir una palabra para que la tortura cesara. Le pedían que alabe a Al-lat y Al'uzza; él en cambio, repetía sin cesar: “Allah es Único. Es Único.”.

Le decían: “Solo repite lo que decimos” Y el decía burlonamente: “Mi lengua no puede hacerlo”. Al atardecer lo llevaban atado por las calles de La Meca y lo acosaban para que vuelva a la adoración de los ídolos. Así pasaron los días... Bilal solo repetía decididamente: “Allah es Único. Es Único.” ante sus torturadores.

Era tanta su perseverancia y su firmeza que sus amos perdieron la esperanza de cualquier éxito contra su elección. En una ocasión se presentó Abu Bakr (Allah se complazca con él) en el lugar donde lo torturaban y dirigiéndose a sus torturadores, les dijo: “¿Castigáis acaso a un hombre sólo porque dice que su Señor es Allah?”

Luego gritó a Umaia: “Toma más de lo que vale y déjalo libre”

Umaia sintió el alivio de alguien que está ahogándose y es salvado. Se alegró mucho, tomó el dinero, entregó el esclavo a Abu Bakr (Allah se complazca con él) y le dijo: “Aunque hubieses ofrecido una sola pieza de plata, te lo venderíamos de todas maneras”. Abu Bakr (Allah se complazca con él) sintió en esas palabras la decepción y frustración que agobiaba a Umaia, pero no resistió la tentación de aclararle su generosidad con las siguientes palabras:

“¡Por Allah! ¡Aunque me pidieses cien piezas igualmente lo compraría!”

Abu Bakr (Allah se complazca con él) liberó después a Bilal (Allah se complazca con él). Una vez libre emigró a Medina por Allah y Su Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él).

Fue allí, donde el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) eligió a Bilal para que llame a los musulmanes a la oración cinco veces al día en la mezquita. Esa misma voz que, trece años atrás, exclamaba “Allah es Único,” ahora entonaría el Adhán[14] y llenaría de fe los corazones de los Creyentes.

Pasaron los meses, hasta llegar el momento decisivo para el Islam; por primera vez se enfrentarían en combate cerca de Medina, los musulmanes y los incrédulos de La Meca. El Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) eligió las palabras de Bilal, “Allah es Único”, como grito de guerra. Ambos ejércitos se encontraban frente a frente y el destino tenía preparado algo especial para Bilal.

Umaia Ibn Jalaf acostumbraba quedarse detrás cuando los Mecanos salían a combatir; y esta vez planeaba hacer lo mismo. Pero 'Uqbah Ibn Abi Mu'it, su amigo, quien siempre lo apoyó en el momento de torturar a los creyentes, fue a su casa y lo acusó de cobarde y por esconderse como las mujeres. Umaia no tuvo más remedio que prepararse para marchar con el ejército de La Meca. No sabían, lo que el destino les tenía preparado.

Es sabido que el destino gusta burlarse de los que se ufanan y abusan de los débiles. 'Uqbah, el que animaba a Umaia para torturar a los Creyentes sería el mismo que llevaría a Umaia hacia su muerte ¡Y a la de él mismo!

¿Y, a manos de quién?

¡A manos de Bilal!

Cuando se enfrentaron los ejércitos, Umaia al oír de los musulmanes: “¡Allah es Único!”, sintió una extraña sensación en el pecho ¿Cómo podían las palabras de un esclavo negro convertirse tan rápidamente en lema de una religión y de una nueva nación? En ese momento, presintió que se enfrentaban a algo fuera de este mundo.

En lo más encarnizado de la batalla, Bilal (Allah se complazca con él) vio a Umaia Ibn Jalaf y exclamó “¡Es uno de los cabecillas de la incredulidad! ¡Si él se salva de esta yo no me salvaré!” y se lanzó sobre él, con los recuerdos y cicatrices que las torturas de Umaia habían causado sobre él y otros creyentes. Clamó en voz alta las mismas palabras de siempre: ¡Allah es Único!, y un grupo de musulmanes se abalanzó sobre Umaia y su hijo antes que estos, salieran del campo de batalla. ¡Él, que había causado tanto dolor y sufrimiento a los Creyentes con su odio y vanidad, no podía escapar sin saldar sus cuentas!

Cuando acabaron con ellos, Bilal (Allah se complazca con él) comenzó a gritar “¡Allah es Único!”

Pasaron los años, los musulmanes fueron fortaleciéndose más y más; hasta preparar un ejército de diez mil hombres para entrar en La Meca y tomar posesión de esta ciudad Sagrada para el Islam. Entraron a ella, vencida sin tomar represalias contra su gente, la misma que años antes los había acosado, torturado y expulsado de sus hogares, separándolos de sus familias.

El momento más emotivo fue cuando el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) ingresó con Bilal (Allah se complazca con él) en la Ka’aba, el edificio sagrado que los idólatras habían llenado con sus deidades de piedra, barro y otros materiales. Comenzó el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), a destruir estos ídolos uno por uno, luego ordenó a Bilal que subiese a lo alto y entonase el Adhán. Fue un momento de gloria para los silenciosos guerreros musulmanes ¡Por fin se escuchaba el llamado a la adoración exclusiva de Allah desde su casa sagrada! ¡Tantos años de lucha para estar aquí en la casa de Allah, oyendo el llamado de Bilal a la oración!

Los incrédulos, ocultos en sus casas, oían el Adhán y se preguntaban temerosos:

¿Es este Muhammad y sus miserables que antes habíamos expulsado de La Meca?

¿Será realmente él, con su ejército de diez mil creyentes?

¿Es realmente él a quien perseguimos, combatimos y a quien le asesinamos sus seres queridos?

¿Será el mismo que ahora, con nuestras vidas en sus manos, nos dice: “Podéis iros, sois libres”?

Nunca olvidarían las elocuentes palabras del Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él):

“¡Qureishíes! Ciertamente que Allah os quitó la soberbia y la veneración ciega de los antepasados ¡La humanidad viene de Adán. Y Adán fue creado de tierra!”

Bilal (Allah se complazca con él) vivió cerca del Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), participaba en todas las batallas, llamaba a los creyentes a la oración en la mezquita, constantemente practicaba y defendía los ritos del Islam, la religión que lo llevó de la oscuridad a la luz, de la esclavitud a la libertad.

El Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) lo apreciaba inmensamente. Constantemente lo describía como: “Un hombre de la gente del Paraíso”. Y sin embargo Bilal (Allah se complazca con él) siempre conservó la simpleza y la humildad que lo caracterizaban. Cierto día concurrió junto a su hermano a pedir la mano de dos musulmanas para casarse. Dijo a los padres:

“Yo soy Bilal y este es mi hermano, dos esclavos de Etiopía. Estábamos perdidos y Allah nos guió, éramos esclavos y Allah nos liberó. Si permitís casarnos, alabado sea Allah. Si lo prohibís, ¡Allah es el más grande!”

Cuando el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) murió, su sucesor, el Califa Abu Bakr (Allah se complazca con él), recibió a Bilal (Allah se complazca con él), quién le dijo: “¡Oh Califa del Mensajero de Allah!”

“Oí al Profeta decir: “La mejor obra de un creyente es combatir por la causa de Allah.”

Abu Bakr (Allah se complazca con él) dijo: “¿Y qué deseas entonces, Bilal?”.

Bilal dijo: “Deseo partir hacia la frontera y luchar por la causa de Allah hasta morir”.

Abu Bakr (Allah se complazca con él) respondió: “¿Y quién llamará a la oración entonces?”.

Contestó Bilal (Allah se complazca con él) con los ojos llenos de lágrimas: “No seré el muaddhin[15] de nadie, después de haberlo sido en vida del Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él)”.

Abu Bakr (Allah se complazca con él) dijo: “Al contrario, tu serás nuestro muaddhin”.

Bilal expresó: “Si es que me liberaste para que te sirva, pues que así sea, si es tu deseo. Y si es que me liberaste por Allah, pues déjame partir hacia aquello para lo cual me liberaste”.

Abu Bakr (Allah se complazca con él) respondió: “Te liberé por Allah, Oh Bilal”

No se sabe con exactitud quien cedió a los ruegos de quien.

Bilal (Allah se complazca con él) se presentó nuevamente ante Omar (Allah se complazca con él), sucesor de Abu Bakr y pidió nuevamente ser enviado al frente de guerra en Siria.

Bilal (Allah se complazca con él) dedicó el resto de su vida a defender la causa de Allah en las fronteras del Califato Islámico.

Nunca más se oyó su voz pronunciando el llamado a la oración; pues al decir: “Doy testimonio que Muhammad es el mensajero de Allah” se agolpaban los recuerdos en su mente, perdía la voz e irrumpía en sollozos.

El último llamado que se le escuchó fue durante la visita del Califa Omar (Allah se complazca con él) a Siria. En esa ocasión, el Califa pidió fervorosamente a Bilal (Allah se complazca con él) que realizara el llamado a la oración. Así lo hizo y todos los Sahaba lloraron al recordar los tiempos del Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y de Bilal (Allah se complazca con él) como muhaddin.

Bilal murió en Siria, sirviendo en la causa de Allah, en el año 20 después de la Hégira.

En Damasco yacen los restos de este hombre que fue un ejemplo de firmeza en la defensa de la fe y los principios que siempre defendió.

¡Que Allah, bendiga a Bilal!

 Hamza Ibn Abdel Muttalib

(Allah se complazca de él)

León de Allah y Señor de los Mártires

Después de un día lleno de actividad, duro trabajo, oración y diversión, la ciudad de La Meca reposaba en un profundo sueño.

Los qureishíes dormían profundamente en sus lechos salvo una persona, que en ese momento abandonaba el suyo, pues se acostaba temprano para luego levantarse con entusiasmo y acudir a su cita con Allah. Dedicaba parte de su tiempo en invocar a Allah y suplicarle continuamente. Su esposa despertaba y le rogaba tener piedad consigo mismo y tomarse un merecido descanso. El Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) respondía con lágrimas que anticipaban sus palabras:

¡Se ha terminado el tiempo de descanso, Jadiya!

Aún no había atraído la atención de su tribu, pese a que algunos ya estaban al tanto de su secreta prédica.

Hasta entonces, eran muy pocos los que habían aceptado el mensaje del Profeta. Entre los que aún no habían creído en él, había quienes le tenían cariño y respeto. Deseaban de todo corazón poder creerle y unirse a su prédica. Solamente se los prohibían las circunstancias, lo heredado, las presiones de las tradiciones ancestrales y esa indecisión entre el llamado del ocaso y el de un nuevo amanecer.

Uno de esos indecisos era Hamza Ibn Abdel Muttalib (Allah se complazca con él), tío del Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y su hermano de leche.

Hamza conocía la grandeza y magnitud de su sobrino, por ello, estaba consciente de la veracidad de su mensaje y de todas sus características.

Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) no era sólo su sobrino, era también un hermano y amigo. Ambos eran casi de la misma edad, jugaron, se criaron juntos y siguieron juntos paso a paso durante sus vidas.

Pero poco a poco tomaron rumbos distintos: Hamza empezó a competir con los jóvenes de su edad por gozar de la buena vida y por ganarse un puesto entre los nobles y señores de La Meca. Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), en cambio, se retrajo a la luz de su alma, la que lo iluminó hacia el camino de Allah; el llamado de su corazón lo llevó lejos del bullicio de la vida diaria, hacia una profunda contemplación y preparación para el encuentro con la verdad.

A pesar de tomar rumbos distintos, las virtudes de Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) nunca escaparon a la atención de su tío y merecieron todo su respeto y el de los demás qureishíes.

Hamza salió aquella mañana y, como de costumbre, se encontró con los nobles de Qureish ante la Ka’aba.Estos hablaban de Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Y por primera vez, Hamza (Allah se complazca con él) notó preocupación en los nobles a causa del mensaje de su sobrino.

En sus rostros se notaba enojo, envidia y amargura cuando lo mencionaban. Antes no se preocupaban por él. ¿O sería que lo ocultaban? Ahora se veía en sus caras intensa preocupación e impaciencia.

Hamza (Allah se complazca con él) se burló de sus temores, les acusó de exagerar y de evaluar mal la situación. Abu Yahl aseguró que Hamza sabía la magnitud del peligro que significaba su sobrino y el mensaje que predicaba, pero que intentaba suavizar la situación y dar tiempo al triunfo del Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Prosiguieron así, con gran alboroto y amenazas. Hamza (Allah se complazca con él) sonreía a veces pero lo hacía con cierta amargura. Y cuando se alejaron, quedó solo con las nuevas ideas y conceptos que había oído, y comenzó a meditar profundamente el asunto de su sobrino.

Con el pasar de los días, el murmullo de Qureish seguía en aumento, hasta pasar a ser una clara provocación. De lejos Hamza vigilaba la situación.

La firmeza de su sobrino lo impresionaba y su sacrificio por la fe y el Mensaje era algo novedoso para Qureish, a pesar de que la tribu sabía lo que era sacrificio y firmeza.

Pero la duda no podría engañar a Hamza (Allah se complazca con él). Él era quien mejor conocía a Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), desde niño, hasta su honesta y sobria vida adulta. Llegaron casi juntos a este mundo, se habían criado juntos y juntos habían alcanzado la madurez. La vida del Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) era pura y transparente como los rayos del sol. Hamza no recordaba ningún episodio oscuro respecto a Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él); tampoco recordaba haberle visto furioso, desesperado, siendo injusto, o perdido sin rumbo.

Hamza (Allah se complazca con él) no solo era fuerte físicamente, sino que gozaba de equilibrio mental y aguda razón. “Sería natural seguir a un hombre conocido por su honestidad y su sinceridad,” pensaba Hamza. Pronto se revelaría la verdad.

Y llegó el día.

Hamza salió con su arco al desierto para practicar el deporte que tanto amaba y dominaba, la cacería.

Pasó el día cazando; al regresar fue, como de costumbre, hacia la Ka’aba para girar alrededor de ella y luego ir a su hogar.

Cerca de la Ka’aba, alguien le dijo: “¡Oh, padre de Umara! Si supieras lo que tu sobrino ha recibido de Al Hakam Ibn Hisham. Lo encontró sentado y lo atacó, lo insultó y lo dañó en todas las formas imaginables”.

Hamza (Allah se complazca con él) escuchó atentamente, luego aseguró su arco y se dirigió con pasos firmes a la Ka’aba para encontrar a Abu Yahl. Estaba decidido a darle su merecido. Lo encontró conversando con otros noble qureishíes. Se acercó y fríamente le acertó un fuerte golpe con el arco en la cabeza, hasta hacerla sangrar profusamente. Y antes que nadie pudiese reaccionar gritó:

¿Insultas a Muhammad siendo que soy de su religión y digo lo que él dice? Si puedes, responde a lo que te acabo de hacer.

 Todos olvidaron el golpe asestado a Abu Yahl, las palabras emitidas por Hamza (Allah se complazca con él) fueron como un relámpago, les anunciaba que pertenecía a la religión de Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él).

¿Hamza se convirtió al Islam? ¿El más digno de los jóvenes de Qureish? ¿El indómito?

La islamización de Hamza era una desgracia insoportable para Qureish. Tentaría a muchos otros nobles, y Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) encontraría quien le apoye y refuerce su posición. ¡Un día Qureish despertaría por los golpes de quienes destruyen sus ídolos y dioses!

Era la verdad: Hamza (Allah se complazca con él) había abrazado el Islam; declaró públicamente lo que escondía en su pecho, dejando a los presentes asombrados. Hamza aseguró su arco sobre su hombro y, tal como llegó, se marchó hacia su casa.

Este valeroso guerrero tenía un razonamiento agudo y una mente muy sagaz. Una vez en su hogar, pensó en lo sucedido: ¿Cómo y cuando había declarado su Islam?

Lo había declarado en un lapso de vehemencia, nerviosismo y furia. Había sentido pena por su sobrino, quien era oprimido por los qureishíes sin tener ningún apoyo. Hamza (Allah se complazca con él) se enfureció y quiso defender el honor de Bani Hashim, su clan; por eso había herido a Abu Yahl en la cabeza y había exclamado a todos su islamización. Pero, ¿Acaso era este el mejor camino para abandonar la religión de sus padres y ancestros, la religión de siglos y siglos? ¿Para adoptar un nuevo credo que aún no probaba sus mandatos, del cual conocía muy poco?

En verdad, Hamza (Allah se complazca con él) no dudaba un instante de la sinceridad de su sobrino ni de la nobleza de sus intenciones. Pero, ¿Podía recibir una religión con todas sus obligaciones y responsabilidades en un momento de ira como lo había hecho?

Respetaba de todo corazón la religión de su sobrino. Pero, si el destino le tenía preparado ser uno de los seguidores del Islam y su defensor, ¿Cuándo sería la ocasión adecuada para adoptarlo? ¿En un momento de ira y vehemencia o después de un lapso de meditación y estudio?

La rectitud y agudeza de su conciencia, obligaron a Hamza a someter todo el asunto a un nuevo estudio y una revisión detallada y minuciosa.

Meditaba el asunto. Pasaron los días y su mente no conocía el sosiego y pasaron noches enteras sin poder conciliar el sueño.

Cuando anhelamos conocer la verdad por medio del razonamiento, la duda se convierte en un medio para lograrlo. Hamza empezó a usar la razón y la mente para analizar al Islam y establecer una comparación entre la nueva religión y la antigua. En su mente afloraron dudas motivadas por la nostalgia y el apego a la religión de sus padres y ese miedo natural a todo lo nuevo.

Sus recuerdos se concentraban en la Ka’aba, sus dioses e ídolos y las glorias que esos dioses labrados habían traído a Qureish y a La Meca.

Apartarse de esta tradición y esta religión de noble antigüedad parecía un abismo difícil de salvar.

Hamza (Allah se complazca con él) se asombró de la facilidad con la cual había abandonado la religión de sus ancestros, se lamentó de lo hecho, pero continuó su análisis. Llegó a la conclusión de que la mente no era suficiente y se refugió en lo oculto con sinceridad y esperanza. Ante la Ka’aba, dirigió sus plegarias devotamente para alcanzar la guía hacia el sendero recto.

Hamza relataría esto, después, con sus propias palabras: “Fui a la Ka’aba y rogué a Allah que me guíe hacia la verdad y aleje toda duda de mí. Allah me escuchó y llenó mi corazón con certeza.”

“Fui al Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y le comenté el asunto. Él invocó a Allah para darle a mi corazón firmeza en el Islam. ” Así acepto Hamza el Islam con total convicción.

Allah fortaleció al Islam a través de Hamza (Allah se complazca con él). Este se erigió como un gigante en defensa del Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y los musulmanes oprimidos.

Abu Yahl, al ver a Hamza entre las filas de musulmanes, dedujo que se había declarado la guerra y comenzó a incitar a los qureishíes para atacar al Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y a sus seguidores. Al mismo tiempo inició la preparación de una guerra civil a fin de satisfacer su ira y envidia.

Aunque Hamza no podía evitar todo daño contra los musulmanes, su conversión fue como una coraza para los creyentes; y fue, a la vez, aliento para mucha gente que entraba en el Islam. Él y Omar Ibn Al-Jattab (Allah se complazca con él) hicieron que muchas tribus entraran en el Islam con su conversión. Por la fuerza y dedicación sincera que Hamza puso en su fe, el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) lo llamó: “El león de Allah y de Su Profeta”.

Hamza fue el Emir de los musulmanes en la primera batalla que enfrentaron los creyentes contra los idólatras. Recibió el primer estandarte que el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) entregó a sus generales. Y allí estuvo el León de Allah y de Su Profeta, en Badr, devastando las filas de los idólatras.

Los restos del derrotado ejército qureishí retornaron de Badr a La Meca en un estado lamentable. Abu Sufián retornó con el corazón derrotado. Habían dejado el campo de batalla plagado de cadáveres qureishíes. La gente más noble y poderosa había caído: Abu Yahl, Utba Ibn Rabi'a, Shaiba Ibn Rabi'a, Umaia Ibn Jalaf y muchos otros de lo mejor de la aristocracia de Qureish yacían en Badr.

Qureish no iba a dejar la situación así. Comenzaron a preparar la venganza; reunían fuerzas y recordaban la derrota para darse valor en la venganza de su honor y sus muertos.

Qureish insistía en la guerra. Y así llegó la batalla de Uhud.

Todo Qureish y sus aliados árabes salieron a combatir en esa batalla bajo el mando de Abu Sufián. Los idólatras tenían como objetivo eliminar a dos hombres: Al Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y a Hamza (Allah se complazca con él).

Los qureishíes tenían un plan para eliminar a Hamza; antes de salir eligieron al hombre encargado de hacerlo. Era un esclavo abisinio de una habilidad sobrenatural con la lanza. Su misión sería seguir a Hamza durante la batalla, no quitar de él la vista. Pasare lo que pasare, debía matar a Hamza. Le prometieron un magnífico premio si lo hacía, lo harían libre. Su nombre era “Uahshi”, el salvaje.

Lo enviaron con Hind bint ‘Utba, la esposa del jefe de Qureish, para animarlo más e inducirlo hacia su macabra misión. Hind había perdido a su padre, su tío, su hermano y su hijo en la batalla de Badr. Se le había dicho que Hamza (Allah se complazca con él) fue el culpable. Por ello, entre todos los qureishíes, Hind era la que más deseaba acabar con Hamza y vengarse de él. Pagaría cualquier precio por la cabeza del guerrero.

Hind pasó días alimentando el odio y la codicia de Uahshi para no fallar en su misión; llegó a ofrecerle todas sus joyas si asesinaba a Hamza. ¡Todas las joyas de Hind, la esposa del jefe de Qureish! Esperaba impaciente la batalla que lo haría libre por fin y, además, inmensamente rico. Así era la conspiración rodeaba y cercaba al noble guerrero, Hamza, “León de Allah”

Al comenzar la batalla, ambos ejércitos se enfrentaron en las afueras de Medina con violencia. Hamza se encontraba entre ellos. Llevaba puesta su armadura completa y adornaba su pecho con la blanca pluma de un avestruz, como era su costumbre en las batallas.

Su habilidad natural para el combate le hacía causar estragos entre los idólatras.

Los musulmanes estuvieron a punto de ganar la batalla, los qureishíes ya se retiraban con estupor; sin embargo, algo falló, los arqueros apostados en la montaña para proteger la retaguardia del ejército musulmán bajaron en tropel para recoger el casi asegurado botín, desobedeciendo así la orden del Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), de cuidar esa retaguardia hasta el final.

La ocasión fue aprovechada por los osados jinetes de Qureish para lanzar un ataque sobre los musulmanes por detrás y abrir una gran brecha en sus filas. Los musulmanes empezaron a reagruparse, pero ya era tarde; algunos hasta habían dejado sus armas en el suelo al ver la batalla ganada. Y la sorpresa fue dura y violenta.

Hamza (Allah se complazca con él), al ver tal desastre, duplicó sus esfuerzos y empezó a golpear a diestra y siniestra con su espada. Mientras tanto, Uahshi lo seguía paso a paso, esperando el momento adecuado para eliminarlo.

Pero dejemos que el propio Uahshi nos describa lo sucedido: “Soy de Abisinia y arrojo la lanza al modo de los de Abisinia, raramente fallo. Al enfrentarse los ejércitos, salí a vigilar a Hamza de cerca. Lo vi entre los guerreros, derribaba violentamente a los hombres con su espada, nada se ponía en su camino. Por Allah que estaba listo para tirarle y matarle; me oculté detrás de un árbol esperando una oportunidad, pero Sibau Ibn Abdel ‘Uzza se me adelantó y Hamza se encargó de acabarlo de una estocada...”

“Entonces balanceé mi lanza, al encontrar el ángulo correcto la arrojé, le acerté en su vientre y lo atravesé con ella. Se levantó hacia mí pero no pudo avanzar y cayó muerto.”

“Me acerqué a él y tomé mi jabalina. Luego volví al campamento, no tenía más que hacer, lo había matado para obtener mi libertad.”

“Cuando volvimos a La Meca me liberaron y allí me quedé hasta que el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) entró triunfante y la liberó. Ese día huí hacia la cercana Taif.”

“Cuando la gente de Taif se dirigió al Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) para entregarse no supe que hacer. Ir a Siria o al Yemen era mi dilema. Por Allah, estando yo en esta encrucijada, un hombre se me acercó y dijo: ¡Qué te sucede! El Profeta de Allah no mata a nadie que entra en su religión.”

“Así fue que llegué a Medina, y me presenté ante el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y declaré el testimonio de la verdad. Al verme, dijo:

¿Tú eres Uahshi?

Respondí: Si, Profeta de Allah.

Me dijo: Cuéntame cómo mataste a Hamza. Y así lo hice; al terminar mi relato me dijo: ¡Ay de ti! ¡Aléjate de mi vista!

Desde entonces hice lo posible por no cruzarme en su camino, para que no me viese hasta el día de su muerte.”

“Cuando los musulmanes salieron a enfrentar a Musailama Al-Kaddhab de Al Iamama (un falso profeta), salí con ellos. Llevé la jabalina con la que había matado a Hamza. Al enfrentarse los ejércitos vi a Musailama Al Kaddhab ubicarse blandiendo su espada; me preparé para lanzar, balanceando mi jabalina, al ver el ángulo adecuado la arrojé y le acerté de pleno.”

Luego pensé: “Si maté con esta jabalina a la mejor persona, que era Hamza, ruego a Allah que me perdone al matar con la misma a la peor persona: Musailama el mentiroso.”

Esta es la historia de la muerte del León de Allah y de Su Profeta, un mártir glorioso.

Su vida impresionó e impactó a su generación, también lo hizo su muerte. A sus enemigos no les bastó con asesinarlo, después de alistar todos aquellos guerreros para acabar con él y con el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él)!

Hind bint ‘Utba mandó a Uahshi extirparle el hígado a Hamza y traérselo. Uahshi no demoró mucho en satisfacer su demencial deseo. Mientras le alcanzaba el hígado con la diestra, recibía las joyas de Hind, su recompensa, con la izquierda.

Hind, hija de ‘Utba, aquel que murió en manos de los musulmanes en Badr, y esposa de Abu Sufián, jefe de los paganos e idólatras árabes, mordió el hígado de Hamza y lo masticó, como forma de saciar su venganza.

Cuando acabó la batalla, los idólatras volvieron a La Meca. El Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) bajó junto a sus compañeros hasta el campo de batalla para ver a los mártires.

Allí estaba, al fondo del valle, viendo los rostros de sus Compañeros, que habían caído por la causa de Allah, los que habían hecho un pacto con Allah y recibirían una gran recompensa. De pronto, se detuvo, miró, calló y apretó los dientes, cerrando sus párpados ante el horror.

Nunca pensó que la crueldad natural del ser humano llegaría a esta brutalidad horrible, descuartizando el cadáver de un hombre caído en batalla, como lo hecho con su tío Hamza Ibn Abdel Muttalib (Allah se complazca con él), el León de Allah y el Señor de los Mártires.

El Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) abrió sus ojos brillantes y los dirigió nuevamente hacia el cadáver de su tío horriblemente despedazado y dijo: “Jamás me ocurrirá una desgracia igual, nunca estuve ante una situación que me enfurezca tanto como esta.”

Miró a sus Sahaba y dijo: “Si no se apenase Safía - hermana de Hamza- y no llegase a ser tomada como una tradición después de mí, lo dejaría para que quede en los vientres de las fieras y los buitres... Cuando Allah me de la victoria sobre Qureish, donde sea, ¡Me cobraré la vida dé treinta de sus hombres!”

Los Compañeros del Profeta gritaban, a su vez: “¡Por Allah! Si por su ayuda logramos vencerlos, aunque sea una vez en la vida ¡Nos cobraremos de un modo que jamás lo hizo árabe alguno!”

Pero Allah no solo agració a Hamza (Allah se complazca con él) con hacerlo mártir, también hizo de él una oportunidad para enseñar al mundo que la justicia debe prevalecer y que la misericordia es un deber y una obligación en cualquier castigo o talión.

Ni bien terminó su amenaza, el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) recibió la siguiente revelación en el mismo campo de batalla, ante el destrozado cadáver de su tío.

Allah dijo en el Corán:

“Convoca al sendero de tu Señor con sabiduría y bellas palabras. Arguméntales de la mejor manera. Tu Señor sabe bien quién se extravía de Su camino y quién sigue la guía. Si os agraden, responded del mismo modo que se os ha agredido [y no os excedáis]. Pero si sois pacientes [y perdonáis] será lo mejor para vosotros. Se paciente y sabe que la paciencia es una virtud que Allah concede a quien Le place. No te apenes [por la incredulidad de tu pueblo] ni te angusties por lo que traman. Por cierto que Allah está con los piadosos y con los benefactores.” (16:125-128)

La revelación de estos versículos, en ocasión de su martirio, fue el mejor homenaje que Hamza obtuvo de Allah como recompensa.

El Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), decidió que en esos momentos, la mejor despedida para Hamza era orar por el descanso de su alma tantas veces como mártires hubo en la batalla.

De este modo, el cadáver del guerrero fue llevado hasta el lugar donde se realizaba la oración por los mártires caídos. Allí, en ese campo de batalla, que fue testigo de su heroísmo y le vio caer ensangrentado, oró el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y sus Compañeros, por Hamza. Luego, trajeron otro mártir y el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) oró por los dos, luego se lo llevaron, dejando a Hamza (Allah se complazca con él) en su mismo lugar. Trajeron a un tercero, lo pusieron también al lado de Hamza (Allah se complazca con él) y el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) rezó por ambos. Y así se hizo con todos los mártires. El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) rezó setenta veces por su tío en ese día.

Cuando los soldados volvían a Medina vieron a las mujeres llorar por sus mártires. El Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), con tristeza, dijo: ¡Nadie llore por Hamza (Allah se complazca con él)!

Sa'id Ibn Mu'adh, con intención de satisfacer al Profeta, dijo a unas mujeres que lloren por Hamza y ellas lo hicieron. El Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), apenas escuchó sus llantos y lamentos, salió y les dijo: “No era esa mi intención. Volveos y que Allah se apiade de vosotras. Desde hoy, no habrá más llanto.”

Muchos de los Sahaba dedicaron a Hamza (Allah se complazca con él) elogios; sin embargo, el mejor elogio fueron las palabras del Profeta ante su cadáver quién dijo: “Que la misericordia de Allah te alcance, ya que tú fuiste - según sé - bueno y generoso con los parientes y un gran benefactor...”

La pena que el Profeta sentía por la partida de su tío era muy grande... consolarlo en ese momento era algo muy difícil. Sin embargo, el destino guardaba para el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) el mejor consuelo...

Al regresar a su casa después de la batalla, el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) pasó frente a una mujer cuyo padre, esposo e hijo habían caído en dicha batalla. Al ver a los soldados musulmanes retornar, fue a preguntarles sobre sus familiares. Le comunicaron la noticia de la muerte de su padre, de su esposo y su hijo. Ella, sin embargo, preguntó ansiosamente: “¿Y cómo está el Mensajero de Allah?” Le dijeron: “Bien, como es tu deseo, gracias a Allah” Dijo: “Muéstrenmelo para verlo.”

Los hombres se quedaron junto a ella hasta que el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) se acercó. Al verlo, le dijo: “Cualquier pérdida, aparte de ti, es algo fácil”

Esa escena fue un verdadero consuelo. El Mensajero sonrió levemente ante tanta generosidad, obediencia y absoluto apoyo.

Las palabras de esta pobre mujer que, después de oír semejante noticia, que derrumbaría montañas, preguntó por el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), fueron el mejor consuelo que el destino pudo dar al Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) por la pérdida del León de Allah y el Señor de los Mártires.

¡Que Allah bendiga a Hamza!

 Ramlah bint Abi Sufián

(Allah se complazca con ella)

Llamada Umm Habibah, fue una creyente que amó a Allah y a Su Mensajero más que a nadie en el mundo

Abu Sufián Ibn Harb, nunca pensó que alguien de la tribu de Qureish iba a negar su autoridad, o a actuar en contra de sus deseos en algún tema importante. Él era el jefe indiscutido de La Meca, y todos lo reconocían como el líder.

Pero su hija Ramlah (Allah se complazca con ella), disipó sus ilusiones sobre su autoridad cuando repudió a los dioses de su padre, y aceptó junto a su esposo, Ubaidullah Ibn Yahsh, creer sólo en Allah sin asociarlo y en la misión de Su Profeta, Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él).

Abu Sufián, trató de usar todo su poder para forzar a su hija y a su yerno en volver a su culto ancestral. Fracasó en sus esfuerzos, ya que la convicción de fe estaba demasiado arraigada en el corazón de Ramlah (Allah se complazca con ella), como para ser eliminado por el torrente de Abu Sufián, y era ella, demasiado fuerte para vacilar frente a la ira de su padre.

Abu Sufián cayó en un estado de depresión, al ver a su hija abrazar el Islam. No sabía como comandar a Qureish, después de no haber podido lograr que su hija se sometiera a su voluntad, ni de evitar que ella siguiera la religión de Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él).

Cuando los habitantes de Qureish se enteraron que Abu Sufián estaba encolerizado con su hija y su yerno por tamaña acción, se volcaron contra ellos, persiguiéndolos hasta hacerles imposible su vida en La Meca.

Cuando el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) anunció su decisión de permitir que algunos musulmanes emigraran a Abisinia, Ramlah (Allah se complazca con él), su hija Habibah, y su esposo Ubaidullah, fueron los primeros que abandonaron todas sus pertenencias, con el objeto de ser libres, para adorar a Allah, buscando la protección del rey Negus de Abisinia, llevando con ellos solamente su fe.

Abu Sufián y sus jefes de Qureish no podían aceptar el hecho de que algunos musulmanes hubieran escapado de su tiranía y que estuvieran disfrutando de la seguridad en Abisinia. Por ello, Abu Sufián y sus seguidores mandaron mensajeros al rey, a fin de que se opusiese a los musulmanes, y los devolviera a La Meca. Los mensajeros dijeron al Negus, que los musulmanes que él estaba protegiendo enseñaban desagradables e insultantes ideas sobre Jesús y su madre María.

El rey, mandó llamar a los musulmanes, y les preguntó sobre Jesús y su madre María. Les pidió que recitaran parte del Corán que había sido revelado al Profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Cuando le informaron de las enseñanzas del Islam, y le recitaron algunos versículos del Corán, fue tal su conmoción que dijo: “Esto que ha sido revelado a vuestro Profeta Muhammad, y lo que le fue revelado a Jesús, hijo de María, son luces que provienen de una misma y única fuente”.

Luego declaró su fe en Allah, sin asociados, y su creencia en la misión del Profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). También declaró su protección formal a cualquier musulmán que eligiese emigrar a su reino, a pesar de la oposición de sus obispos en aceptar el Islam.

Luego de su larga y tediosa lucha, Umm Habibah (Ramlah) (Allah se complazca con ella) pensó que estos nuevos acontecimientos facilitarían su vida. Pensó que había alcanzado un final feliz, luego de un camino difícil, sin saber que los problemas comenzarían a sucederse inmediatamente.

Allah, con su profundo entendimiento y sabiduría, había dispuesto que Umm Habibah (Allah se complazca con ella) tendría que soportar una prueba que privaría hasta a los hombres más sabios de su salud mental. Sólo Él sabía que ella saldría de esta prueba con una victoria sin igual.

Una noche al dormirse, en su sueño vio a su esposo, Ubaidullah, nadando desesperadamente en un mar tormentoso, que estaba ensombrecido por pesadas y oscuras nubes, estando en peligro de muerte. Despertó sobresaltada, aterrorizada, pero no quiso decir a nadie sobre su sueño, que tanto la había asustado.

El significado de este sueño se manifestó a la mañana siguiente, cuando Ubaidullah declaró su rechazo al Islam. Comenzó a frecuentar los negocios de bebidas, a beber en forma alarmante y desmedida. Finalmente, se presentó frente su esposa, manifestándole sus deseos que también ella cambiara su religión, caso contrario la divorciaría.

Umm Habibah (Allah se complazca con ella), vio que estaba frente a tres opciones, ninguna de ellas era fácil. Podía acceder al pedido de su marido, quien persistía permanentemente, como una apóstata, ella traería sobre sí vergüenza en este mundo y castigo en el más allá. No podría hacer esto, ni aunque le fuese arrancada su piel.

Otra opción era volver a la casa de su padre en La Meca, donde viviría degradada, debido a sus creencias religiosas.

La otra posibilidad, era quedarse en Abisinia sola, sin familia, casa ni protector.

Finalmente, eligió la opción más agradable a los ojos de Allah, Todopoderoso, y la que ella realmente prefería. Eligió quedarse en Abisinia hasta que el mismo Allah le ofreciera una manera de salir de esa situación.

Umm Habibah (Allah se complazca con ella) no tuvo que esperar mucho, ya que su buena fortuna llegó pronto, al concluir su ‘iddah, después de divorciarse de su esposo, (quien no vivió mucho tiempo más). Sorpresivamente, alguien llamó a su puerta en la brillante luz de la mañana, Umm Habibah (Allah se complazca con ella) al abrirla, se encontró con Abrahah, una de las servidoras de la corte del Negus, emperador de Abisinia, saludándola con cortesía, le dijo: “El rey te envía sus saludos y este mensaje:

Muhammad, el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), pide tu mano en matrimonio. El ha enviado una carta al rey, solicitándole que actúe como su representante en la boda, así que tu debes elegir a alguien que te represente.”

Umm Habibah (Allah se complazca con ella) emocionada, exclamó: ¡Quiera Allah, que algún día te de tan buenas noticias como esta! Al no tener dinero para darle a Abrahah en agradecimiento por esta buena nueva, se quitó sus joyas, primero sus pulseras, luego agregó sus anillos y aros y se los obsequió a Abrahah. De haber poseído en ese momento, todos los tesoros de la tierra, se los hubiera obsequiado a la jovencita. Finalmente le dijo:

Nombro como mi representante a Jalid Ibn Sa’id Ibn Al-‘As (Allah se complazca con él), ya que es el más cercano a mí”.

El matrimonio se llevó a cabo en el palacio del Negus (An-Nayashi). En dicho palacio, ubicado sobre una colina, con vista a las tierras de Abisinia, se encontraban los más destacados Compañeros, quienes residían ahora en el país. Liderando esta delegación estaba Ya’far Ibn Abi Talib, quien conjuntamente con Jalid Ibn Sa’id y Abdullah Ibn Hudhafah As-Sahmi (Allah se complazca con él) testificaban dicho matrimonio. Se encontraron con el rey en uno de sus amplios pasillos, decorado con brillantes mosaicos, iluminado con lámparas de bronce, y sus pisos cubiertos por espléndidas alfombras. En el medio de esta noble asamblea, el Negus dio un paso al frente y pronunció las siguientes palabras: “Las alabanzas sean para Allah, el Todopoderoso, el Único quien da seguridad, el Omnipotente. Yo atestiguo que no hay otra divinidad excepto Allah, y que Muhammad es Su Siervo y Mensajero, y que su llegada a este mundo fue anunciada en la profecía de Jesús, hijo de María.

El Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) me ha pedido que realice el contrato de matrimonio entre Umm Habibah bint Abi Sufián y él; por lo que, estoy accediendo a su pedido, y en su nombre, ofrezco a ella una dote de 400 dinares de oro. Celebro esta ceremonia de casamiento de acuerdo a la ley de Allah y Su Mensajero”.

Luego depositó las monedas de oro frente a Jalid Ibn Sa’id (Allah se complazca con él); este se puso de pie y dijo: “Las alabanzas sean para Allah, a Quien agradezco y de Quien pido perdón, y a Quien me dirijo arrepentido. Yo atestiguo que Muhammad es Su Siervo y Mensajero, enviado como guía para esta religión de la verdad, aunque sus enemigos deseen lo contrario.

Estoy accediendo al pedido del Mensajero de Allah, en darle a mi representada, Umm Habibah bint Abi Sufián (Allah se complazca con ella). Que Allah bendiga a la esposa del Mensajero, y que le de alegría y fortuna.”

Luego tomó la dote y la entregó a ella, en el momento en que sus Compañero se alistaron para retirarse, pero el rey les dijo: Tomen asiento, ya que la práctica enseñada por los Profetas en ocasión de un casamiento, es la de invitar a todos a comer y ordenó que trajesen la comida.

Luego, fue Umm Habibah (Allah se complazca con ella), quién dijo: “Cuando me entregaron la dote, envié cincuenta medidas de la misma a Abrahah, con un mensaje diciéndole que le había dado un regalo tan modesto cuando me trajo la noticia de la proposición del Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) solo porque no tenía dinero. Al poco tiempo, Abrahah vino a visitarme, y me devolvió el oro. Sacó una pequeña caja que contenía las joyas que le había obsequiado, al devolverlas, me dijo:

El rey no quiere que acepte ninguna recompensa de tu parte. También ha ordenado a todas las mujeres de su casa que te envíen sus perfumes, ya que debes arreglarte apropiadamente, como novia.”

Al día siguiente me visitó otra vez, trayendo consigo azafrán, madera de sándalo y ámbar, y dijo: “Te pediré algo”, luego me dijo: “He aceptado el Islam, y ahora sigo la religión de Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), y es mi deseo enviar mis saludos al Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), y que le digas que creo en Allah y en Su Mensajero”. No debes olvidarte.

Luego, fui llevada ante el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) en Medina, cuando le comuniqué del compromiso, y de lo que había sucedido entre Abrahah y yo, el Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) encantado dijo: “Que la paz, la misericordia y las bendiciones de Allah sean con ella también.”

¡Allah este complacido de Umm Habibah!

 Abdullah Ibn Rauuaha

(Allah se complazca con él)

“Alma mía, igual morirás...sea en la guerra o fuera de ella”

En una ocasión el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) se reunió a escondidas de los incrédulos de Qureish, a la entrada de La Meca, con los jefes de los Ansar (Musulmanes de Medina) a fin de acordar con ellos un pacto llamado: “Primer pacto de Al- 'Aqaba”

 En esos días, Abdullah Ibn Rauuaha ya era uno de los líderes portadores del Islam a Medina. Este pacto fue el punto de partida para la Hégira, que, a su vez, fue un gran paso para la propagación del Islam.

Cuando el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) se encontró con el grupo de setenta y tres personas que vinieron de Medina un año después, Ibn Rauuaha (Allah se complazca con él) también estaba presente para cerrar el segundo pacto de Al 'Aqaba.

Tras la Hégira del Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y sus Compañeros a Medina, Ibn Rauuaha se convirtió en uno de los ansaríes que más trabajaba por el Islam y su afianzamiento en Medina. Era el que estaba más alerta contra las intrigas de Abdullah Ibn Ubai. Este personaje estaba a punto de ser coronado rey de Medina antes de la llegada del Profeta Muhammad a la ciudad. Ibn Ubai se amargó mucho por la oportunidad perdida y empezó a crear intrigas contra el Islam. Ibn Rauuaha (Allah se complazca con él) seguía de cerca tales intrigas para hacerlas fracasar. Tuvo tal éxito que hizo fracasar todas las artimañas de Ibn Ubai.

Ibn Rauuaha (Allah se complazca con él) se dedicaba a las letras en un ambiente que poco conocía sobre ellas. Era poeta, entonaba dulces y enérgicos poemas. Desde su islamización volcó toda su inspiración poética al servicio del Islam. El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) amaba su poesía y siempre le pedía recitar más. En una ocasión, el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) se encontraba con sus Sahaba y Abdullah Ibn Rauuaha (Allah se complazca con él) se presentó ante ellos. El Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) le preguntó: “¿Cómo logras improvisar poesías cuando lo deseas?”.

Contestó: “Simplemente miro algo y luego digo”. Y empezó a improvisar:

“¡Oh buen Háshim! Ciertamente que Allah ha favorecido a tu familia sobre toda la humanidad.”

“He visto el bien en ti; pero esta visión no es la de los tuyos.”

“Si pides apoyo a alguno de ellos, en uno de sus asuntos, no responderán.”

“¡Que Allah te dé firmeza en el bien, como a Moisés y a aquellos que se les ha escrito la victoria!”

El Profeta, se alegró con los versos y exclamó: “¡Que Allah te dé firmeza!”

Cuando el Enviado (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) circunvalaba en torno a la Ka’aba en 'Umratul Qadhá, Ibn Rauuaha lo acompañaba y, a la vez, recitaba lo siguiente: “¡Allah! Si no fuera por Ti, no nos hubiésemos guiado, tampoco habríamos dado limosna ni habríamos orado.”

“Que Tu clemencia se derrame sobre nosotros, ¡Y consolídanos en los combates!”

“Si aquellos que nos han atacado desean tentarnos ¡Resistiremos!”

Los musulmanes, al oírlos, comenzaron a repetir estos bellos versos.

El magno poeta se puso triste cuando se reveló la siguiente aleya del Sagrado Corán:

Y sólo los descarriados siguen a los poetas [que recitan poemas paganos]. ¿Acaso no ves [¡Oh, Muhammad!] cómo ellos [los poetas] en sus lugares de reunión divagan, y dicen lo que no hacen?

Sin embargo, recuperó el ánimo cuando Allah reveló otra aleya, que dice:

Excepto los creyentes de entre ellos que obran correctamente, mencionan mucho a Allah [en sus poesías], y responden con ellas a los agravios [de los poetas incrédulos].

Cuando los musulmanes se vieron obligados a luchar, Ibn Rauuaha no tuvo reparos en hacerlo. Participó de las batallas de Badr, Uhud, Al Jandaq, Al Hudaibía y Jaibar. Su lema eran estos versos: “¡Alma mía! Igualmente morirás, sea en combate o no.”

Llegó la batalla de Mu-ta. Abdullah era el tercer Emir al mando de las tropas musulmanas, después de Zaid y Ya'far (Allah se complazca con él).

Cuando los guerreros se preparaban para abandonar Medina, Ibn Rauuaha empezó a recitar: “Pido a Allah Su perdón, y un fuerte golpe que me acabe.”

“O un flechazo de manos de un valiente, que penetre mis entrañas.”

“Para que se diga, al pasar por mi cadáver: Ha sido un guerrero guiado por Allah'.”

Así es, sólo deseaba el golpe de una espada, o una flecha arrojada, que lo lleve al mundo de los caídos en la causa de Allah.

El ejército marchó hacia Mu-ta. Los musulmanes se encontraron con que el ejército enemigo superaba los doscientos mil guerreros. Divisaban filas interminables de soldados en grandes números. Al constatar la gran ventaja numérica de los bizantinos, algunos musulmanes opinaron: “Enviaremos alguien al Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) comunicándole el número de las tropas enemigas, y que él decida en mandar o no refuerzos.”

Ibn Rauuaha se levantó y dijo a las tropas, con voz clara y enérgica: “¡Oh gente! ¡Por Allah! No luchamos contra el enemigo con los números, la fuerza o la cantidad. ¡Luchamos junto a esta religión con la que Allah nos favoreció! ¡Luchad! Pues ganaremos una de las dos bondades: la victoria o la muerte en la causa de Allah”. Los musulmanes, en inferioridad numérica pero con mucha fe, clamaron: “¡Por Allah que Ibn Rauuaha ha dicho la verdad!”.

El ejército emprendió, entonces, su camino hacia la muralla formada por las decenas de miles de soldados bizantinos. Ambos bandos se enfrentaron en feroz combate. Zaid, el primer Emir, cayó mártir en la causa de Allah; tras él, Ya'far Ibn Abi Tálib (Allah se complazca con él), el segundo al mando, alcanzó el martirio con júbilo y arrojo. Ibn Rauuaha (Allah se complazca con él), el tercero al mando, tomó el estandarte de los brazos de Ya'far. Mientras tanto, alrededor, la batalla ardía, y los pocos guerreros musulmanes parecían perderse entre el conjunto de soldados del ejército de Heraclio, Emperador de Bizancio. Mientras actuó como soldado, Abdullah Ibn Rauuaha (Allah se complazca con él) luchó sin que temiese la muerte. Pero, en su nuevo estado de Emir del ejército islámico, empezó a moverse con cautela ante el duro embate bizantino.

Cuando se dio cuenta del cambio en su actitud, gritó con todas sus fuerzas: “Juro ¡Alma mía! Que lucharé con todo, ¿Por qué te veo desdeñar el Paraíso?”

“Alma mía, de todas maneras morirás, ante ti está asechando la muerte”

“Todo lo que deseabas te ha sido concedido, y si haces como Zaid y Ya'far (Allah se complazca con él), realmente estarás obrando bien”

Ibn Rauuaha (Allah se complazca con él) se lanzó con todas sus fuerzas contra las compactas líneas bizantinas. Y si no fuese que su hora había llegado, habría continuado combatiéndoles hasta acabar con ellos. Pero la hora de la partida llegó. Allah lo llamaba. Lo vimos caer como un mártir. Su cuerpo cayó, pero su alma ascendió, pura y decidida, hacia su Señor, el Altísimo.

El más inalcanzable de sus deseos se había hecho realidad: “Para que se diga al pasar por mi cadáver: Ha sido un guerrero guiado por Allah”

Y en verdad fue así.

Mientras la batalla ardía en las tierras de Siria, el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) hablaba a sus Sahaba en Medina. De repente, cuando hablaba pausadamente, el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) cerró sus párpados, para luego abrir sus ojos con un triste y amargo brillo. Miró calladamente a sus Sahaba y dijo: “El estandarte estaba en manos de Zaid (Allah se complazca con él) hasta caer como mártir. Luego lo cargó Ya'far (Allah se complazca con él), y a él también le tocó la misma suerte.”

Calló por un instante, y luego dijo: “Finalmente lo tomó Ibn Rauuaha (Allah se complazca con él), luchó con él hasta que cayó también como mártir.”

El Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) permaneció callado por un momento, sus ojos brillaban mostrando nostalgia y tranquilidad. Finalmente dijo: “Les he visto en el paraíso.”

¡Que hermoso viaje emprendieron al Paraíso! ¡Como si hubiesen hecho un acuerdo entre sí! Salieron juntos a la guerra y se elevaron también juntos al Paraíso.

La mejor evocación de estos mártires, para su eterna memoria, son las palabras del Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él): “Allah me los mostró en el Paraíso.”

¡Que Allah bendiga a Abdullah Ibn Rauuaha!

 Jadiiyah bint Jualid

(Allah se complazca con ella)

Allah dice en el Sagrado Corán:

“Por cierto que aquellos que anhelan el encuentro con Allah y la recompensa el Día del Juicio tienen en ellos [Abraham y los creyentes que le siguieron] un bello ejemplo. Y quien desobedezca a Allah sepa que Él es Opulento, Loable”. (60:6)

Un ejemplo de esa clase de siervos piadosos es la Madre de los Creyentes Jadiyah (Allah se complazca con ella), una esposa luchadora, una compañera paciente, caritativa y generosa, que reunió los mejores modales y cualidades y alcanzó la cima de la fe con total convicción convirtiéndose así en un ejemplo para todas las mujeres de esta Tierra.

Ella vivió en una época en la cual la injusticia se había extendido por todos lados, incluso había irrumpido en la tranquilidad de los hogares y afectado la mente de las personas. Así es como muchas personas se encontraban enceguecidas y habían perdido toda cordura, pues creaban sus propias divinidades con pasta de dátiles y las adoraban hasta que debido a la hambruna se veían obligados a comérselas. ¡Qué absurdo! Una divinidad comestible. Una época en la cual se mataban entre hermanos y entre padres e hijos. Las hijas mujeres eran despreciadas y asesinadas por temor a la pobreza. Se vivía en un clima colmado de corrupción y falsedad, donde la violencia desmedida y la ignorancia regían la vida de las personas. En ese entonces surgió un grupo de personas con intelecto que se aferraron a los buenos modales y se alejaron de la ignorancia; éstos censuraron a su pueblo y les intentaron educar. Entre ellas se encontraba la Madre de los Creyentes Jadiyah, una mujer inteligente, fuerte y pura.

Los libros de historia registraron muchas de sus cualidades aunque debido a su cantidad no pudieron enumerarlas a todas, así es como ella se convirtió en el referente de toda virtud.

La Madre de los Creyentes Jadiyah (Allah se complazca con ella) era una mujer de negocios, adinerada y gran comerciante y buscaba en la sociedad un hombre distinto a los demás, honesto y leal a quien pudiera encargar sus negocios. Ella conocía perfectamente a Muhammad Ibn ‘Abdullah, pues la tía paterna de éste Safiaah Bint ‘Abd Al Muttalib era la esposa de su hermano Al ‘Auâm Ibn Juailid.

Llegaron a sus oídos las mejores referencias de Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), pues era conocido por todos como Muhammad “el leal”, y decidió convocarlo y contratarlo para que fuera encargado de sus negocios a Sham (Siria) junto con un empleado de ella llamado Maisarah, y le pagó más de lo que acostumbraba pagar a los otros. Así fue cómo Mumammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) emprendió el viaje junto a Maisarah y retornó con enormes ganancias. Cuando su empleado Maisarah le contó la honestidad de Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), su educación, sus virtudes y su buen comportamiento, se conmovió de forma tal que vio en él el esposo que siempre deseó. Esta idea permaneció siempre en su corazón hasta que su amiga Nafisah Bint Munabbih se presentó ante el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y le preguntó: ¡Muhammah! ¿Qué te impide casarte? Y respondió: “No tengo dinero para hacerlo”. Y entonces le mujer le preguntó: ¿Y si el dinero no fuese necesario porque la mujer con la que te deseas casar es adinerada, bella y distinguida, que dirías? Y el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) preguntó: “¿De quién estás hablando?” Y ella respondió: De Jadiyah Bint Juailid. Entonces el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: “Si ella está de acuerdo yo la desposo.

Luego el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) expresó su deseo de desposar a Jadiyah a sus tíos, y Abu Talib, Hamzah y los otros se presentaron ante el tío de ésta ‘Amr Ibn Asad y concretaron el compromiso de ambos luego de entregarle la dote correspondiente. Así fue cómo se concretó el casamiento más bendecido de todos.

Jadiyah (Allah se complazca con ella) se alegró muchísimo con este casamiento como no podría ser de otra manera, pues se había casado con “el leal” y “el compasivo.

Aquí podemos detenernos a reflexionar en el hecho de que Allah le facilita los asuntos a quienes desean con el casamiento preservar su dignidad. Sería imposible de imaginar para quienes viven en un mundo lleno de frivolidades que una mujer tan adinerada como Jadiyah pudiera casarse con un hombre tan pobre como Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Aunque claro está que para Jadiyah (Allah se complazca con ella) pesó más en la balanza la integridad y moral de Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) que cualquier otra condición.

Aquellos que tienen mujeres a su cargo que se apresuren a casarlas cuando encuentren para ellas un candidato religioso y virtuoso, y del mismo modo a sus hijos varones. Que los jóvenes se apresuren también a completar su religión con el matrimonio, pues Allah preserva a través del matrimonio la religión, la dignidad y el honor.

La vida matrimonial de Jadiyah (Allah se complazca con ella) y de Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) transcurrió felizmente, llena de amor, compresión, misericordia y condescendencia. En una oportunidad, cuando ambos se encontraban sentados, un empleado de Jadiyah les anunció que Halimah As Sa‘diiah estaba en la puerta y pedía entrar. Cuando el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) escuchó esto, su corazón se llenó de alegría y emoción; muchos recuerdos de su nodriza vinieron a su mente; recordó la tribu de Sa‘d y la dedicación que ella le brindó con tanta ternura. Al oír tantos elogios de boca del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) se puso de pie y se dirigió a la puerta para recibirla y hacerla entrar. Cuando los ojos del Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) la vieron se llenaron de lágrimas y casi no podía hablar de la emoción; sólo pudo proferir dos palabras que expresaban todo lo que sentía por ella: “¡Madre! ¡Madre!

En ese cálido encuentro él le preguntó cómo se encontraba y ella se lamentó de la terrible sequía que estaba azotando el desierto donde vivía junto con los de su tribu, y que estaban atravesando días muy duros de terrible pobreza. Él se conmovió por su situación y la aprovisionó con generosidad, luego habló con su esposa, quien sintió mucha compasión y también la ayudó dadivosamente. Así fue cómo volvió a su tribu con cuarenta cabezas de ganado, entre ovejas y camellos, llevando agua y provisiones a su gente.

Jadiyah (Allah se complazca con ella) era conocida por su dadivosidad antes del Islam, y luego de hacerse musulmana esa cualidad se incrementó llegando a la cima de la generosidad y la beneficencia. Ayudaba a los necesitados con la sincera intención de complacer a Allah. Siempre hizo todo lo que pudo para dejar contento a su esposo, por lo que cuarenta cabezas de ganado no eran nada en comparación con la alegría del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) frente al gesto que su esposa había tenido con su nodriza. Es por ello que al ver cuánto se había encariñado el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) con Zaid Ibn Harizah, quien en ese entonces era esclavo de Jadiyah, se lo cedió.

Jadiyah tuvo seis hijos con el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), cuatro mujeres; Zainab, Ruqaiiah, Umm Kulzum y Fátimah, y dos varones; Al Qasim y Abdullah.

Al Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) le gustaba retirarse y aislarse en una cueva conocida con el nombre de Hira ' por treinta días todos los años. Así lo hizo hasta que Allah decidió enviarle al ángel Gabriel con el mensaje divino. Esto ocurrió durante el mes de Ramadán. Cuando vio al ángel Gabriel por primera vez y recibió la revelación, regresó atemorizado a su casa, y cuando ingresó dijo muy asustado: “¡Cobijadme! ¡Cobijadme!” Al ver su estado, Jadiyah le preguntó acerca de lo ocurrido, y él le respondió: “¡Jadiyah! Temí por mi vida”. Entonces, en lugar de incrementar su temor y miedo profirió sus conocidas palabras: ¡No temas! Allah no te humillará jamás ni te desamparará, pues tú tratas con respeto a los parientes, hablas con veracidad, asistes a los más débiles, ayudas a los pobres, honras a los huéspedes y luchas por la verdad. Fue entonces cuando, al oír estas bellas palabras, el corazón del Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) se sosegó.

Luego de ello, Jadiyah (Allah se complazca con ella) lo llevó a la casa de su primo Uaraqah Ibn Naufal quien se había cristianizado y le informó lo acontecido. Al oír la historia éste exclamó: ¡Era el ángel de la revelación Gabriel, el mismo que Allah envió a Moisés!

Fue entonces que Jadiyah (Allah se complazca con ella) no vaciló ni un segundo ni se retrasó en creer en la revelación y profecía de Muhammad, contándose así en la primera persona en aceptar el Islam.

Cuando comenzó la difusión del Islam y los idólatras de La Meca comenzaron a perseguir a los musulmanes y someterlos a terribles torturas y tormentos, Jadiyah (Allah se complazca con ella) se contó entre los pacientes que soportaron y vencieron todas las hostilidades. En particular, cuando los primeros musulmanes emigraron a Abisinia, pues tuvo que despedir a su amada hija Ruqaiiah quien emigró junto a su marido ‘Uzman y un grupo de musulmanes, y contuvo sus lágrimas con fortaleza y paciencia. Aunque para ella hasta eso era fácil frente a la complacencia de Allah. Es por esto que alcanzó un rango que pocas mujeres alcanzaron.

Al Bujari y Muslim registraron que Abu Hurairah dijo: “El ángel Gabriel se presentó ante el Mensajero de Allah y le dijo: “¡Muhammad! Jadiyah te traerá un recipiente con comida y bebida. Cuando lo haga, salúdala con el saludo de paz que proviene de su Señor y también de mí”. Al oír el saludo Jadiyah respondió: “Él es la paz y de Él proviene la paz, y que la paz sea sobre Gabriel.

¿Acaso habéis oído de otra mujer que camine sobre esta Tierra y que sea de los moradores del Paraíso? Ella es Jadiyah la veraz. En otra oportunidad el ángel Gabriel se presentó ante el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y le dijo: “¡Albricia a que tendrá una morada en el Paraíso de brocado, donde vivirá sin ruidos ni molestias”.

Allah se complació de ella y la recompensó por sus acciones. Ninguna otra mujer hubiera podido crearle al Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) el clima propicio para la meditación y sacrificarse por él y brindarle todo su apoyo cuando recibió la revelación.

Ninguna otra mujer hubiera aceptado la noticia de la revelación en la cueva con tanta dulzura y fe, sin dudar de su marido y con tanta convicción de que Allah no lo desampararía.

Ninguna otra mujer con tanta riqueza hubiera dejado la comodidad y el bienestar para pararse junto a su marido en lo momentos más difíciles de su misión y ayudarle aun sabiendo que sería sometida a todo tipo de torturas y castigos.

Ella es la única afortunada que fue agraciada con la posibilidad de colmar la vida del Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) con felicidad y armonía.

Entre los acontecimientos importantes que presenció la Madre de los Creyentes Jadiyah (Allah se complazca con ella) fue el boicot que llevó a cabo Quraish para aislar a los musulmanes política y económicamente. La orden con el boicot fue escrita y publicada en el interior de la Ka‘bah. Así fue cómo los musulmanes fueron aislados en el territorio de la tribu de Abu Talib, y Jadiyah ingresó con el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) a ese territorio sometiéndose a ese aislamiento terrible que duró tres años, durante los cuales padecieron toda clase de necesidad.

Luego de que Allah dispuso que el aislamiento fuese levantado, no paso mucho tiempo hasta que la salud de Jadiyah (Allah se complazca con ella) comenzó a deteriorarse. Así fue debilitándose cada día más hasta que llegó su día decretado para la partida y lo aceptó complacida. Esto ocurrió tres años antes de la hégira. Luego fue enterrada en lo alto de una montaña en La Meca junto a sus familiares y fue el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) quien la introdujo en la tumba con sus propias manos.

Jadiyah (Allah se complazca con ella) vivió con el Mensajero de Allah los años más duros de su misión, pero aun así fue muy feliz a su lado y no se separó de él en ningún momento, tanto en tiempos de adversidad como de fortuna.

Al Bujari y Muslim registraron que el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) solía decir: “Mariam Bint ‘Imran fue la mejor mujer de su época y Jadiyah Bint Juailid fue la mejor de la suya”.

Ibn ‘Abbas narró que el Mensajero de Allah trazó cuatro líneas en la tierra y preguntó: “¿Sabéis que significa esto?” Y los que estaban presente respondieron: Allah y Su Mensajero saben más. Y el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: Son las cuatro mejores mujeres de la humanidad: Mariam Bint ‘Imran, Asiah Bint Muzahim esposa del Faraón, Jadiyah Bint Juailid y Fatimah Bint Muhammad”.

Muslim registró que ‘A'ishah narró que el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) solía decir cada vez que sacrificaba un animal: “Llevadle carne a las personas allegadas a Jadiyah”. Y agregó: “Pues yo he sido bendecido con este sentimiento de amor que tengo hacia ella”.

Ahmad registró que ‘A'ishah narró que el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) siempre que se mencionaba el nombre de Jadiyah en su presencia la recordaba con muy buenas palabras. Entonces un día le dijo: ¡Qué mucho la recuerdas! Por cierto que Allah te ha puesto en su lugar a quien es mejor que ella. Y él respondió: Ella es irremplazable; ciertamente tuvo fe en lo que traje y abandonó las creencias de su pueblo, creyó en mí cuando todos me desmentían, me asistió con sus bienes cuando los demás me cerraron las puertas y Allah me agració con ella al darme los hijos varones que no tuve con las demás”.

Sigamos el ejemplo de Jadiyah (Allah se complazca con ella) que se mantuvo firme en la fe, fue paciente, desapegada de los bienes materiales a pesar de poseer grandes riquezas, apoyó y socorrió al Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) en todo momento en su lucha por la causa de Allah, lo trató siempre con amor y educó a sus hijos con dedicación y esmero.

¡Que Allah se complazca de Jadiyah!

 Umm Sulaim

(Allah se complazca de ella)

Aceptó a Allah como Dios, al Islam como credo y a Muhammad como Profeta y Mensajero. Por ello, ha ganado en la vida mundana y en la vida del más Allá. Me refiero a Umm Sulaim Al Rumaisa hija de Milja. Al leer los libros de hadices podemos encontrar en cada página a esta virtuosa mujer, de igual manera al leer los libros de biografías de musulmanas. En los libros de la historia del Islam, la vamos a encontrar como una heroína valiente y siempre presente. ¿Cómo entonces la mujer musulmana está marginada como pretenden hacernos creer los que no saben? Umm Sulaim (Allah se complazca con ella) es una estrella que brilla en la historia del Islam. Ha dado un ejemplo como una creyente perseverante y recibió con agrado el destino de Allah.

Transmitió Muslim en su libro “Sahih” que Anas contó que Abu Talha (esposo de Ummu Sulaim) perdió un hijo. Umm Sulaim dijo a sus familiares que no le comunicaran a Abu Talha la noticia hasta que ella misma le comunique. Llegó Abu Talha a su casa, Umm Sulaim le sirvió la cena y comió hasta quedarse satisfecho. Umm Sulaim se maquilló para que su esposo la viera con la mejor imagen y tuvieron relaciones maritales. Ella entonces, satisfizo las necesidades de su marido. Luego le dijo: “Abu Talha, ¿qué dices si alguien te prestara algo y con el correr de los días pide que lo devuelvas, acaso lo vas a devolver o no?” “Por supuesto que sí”, respondió. Ella dijo: “Tu hijo murió”. Abu Talha le reprochó enfurecido por haberlo dejado disfrutar sin saber la terrible noticia, entonces fue de inmediato a ver al Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) para contarle lo sucedido. El Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) le dijo que Allah los iba a bendecir con un embarazo de esa relación y como resultado daría a luz un hijo virtuoso.

Era la costumbre del Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) que llegaba de algún viaje y regresaba a Medina, no entraba de noche sino se quedaba en sus adyacencias. Abu Talha siempre lo acompañaba, pero una noche su esposa Umm Sulaim (Allah se complazca con ella) fue sorprendida por el parto y él se quedó con ella a cuidarla y a asistirla en el alumbramiento. Abu Talha suplicó entonces a Allah para que ella no tuviera ningún dolor y así fue. Entonces ella le dijo a su marido que quería llevar a su hijo a ver al Profeta antes que nadie lo amamantara. Al día siguiente lo llevó a verlo y él venía cargando algo en sus manos. Cuando vio al niño, dejó lo que llevaba en el suelo y lo sentó en su falda y le dio un dátil en la boca. El niño lo comió y el Profeta dijo entonces: “Vean como le gustan los dátiles a los ánsares”. Le acarició su cabeza y le puso de nombre Abdullah. ¿Qué mujer, sea de oriente u occidente, puede hacer lo que hizo Umm Sulaim? Cosechando de esta forma la gloria con su paciencia y perseverancia al perder su hijo que era joven, bello, y era muy querido por sus padres.

Sufian, uno de los que transmitió los hadices del Profeta, dijo que después Abu Talha y Umm Sulaim tuvieron nueve hijos y todos aprendieron el Corán. El relator del hadiz elogiaba a Umm Sulaim por la paciencia que tuvo y su juicio y su fuerza de voluntad que era gran ejemplo de confianza matrimonial. Cierto día Abu Talha le dijo a Umm Sulaim que había advertido debilidad en la voz de Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), tal vez por hambre y le preguntó si tenía algo para darle de comer. Contestó que sí y trajo a la mesa unas tortillitas de cebada las envolvió con un paño y se lo entregó a Anas, luego le dijo que fuera con eso y se lo diera al Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Anas dijo: “Me encontré al Mensajero de Allah sentado en la mezquita con la gente y me preguntó si me había mandado mi padre y le dije que sí. Entonces el Profeta llamó a todos y dijo vamos a la casa de Abu Talha a comer”. Cuando llegaron no tenían comida para todos. Umm Sulaim dijo que no debían preocuparse porque el Mensajero de Allah y Allah sabían más que ellos. El Profeta le pidió a Umm Sulaim que le trajera lo que había preparado para comer. Ella trajo el pan que tenía y el Profeta lo cortó en pedazos pequeños, luego lo mezcló con el caldo y la carne y pidió a Allah que bendijera esa comida. Luego el Profeta llamó a diez personas para que coman con ellos y todos comieron y quedaron satisfechos. Y así invitó varias veces a grupos de diez personas por vez para comer, hasta que llegaron a comer entre 70 y 80 personas”.

Umm Sulaim (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) fue la esposa y la educadora que había comprendido bien el deber de la madre y había también comprendido el lugar que ocupaba su hijo Anas en la casa del Profeta (Allah se complazca con ella), pues Anas era su sirviente y estuvo a su servicio aproximadamente diez años. Anas dijo que una vez estaba jugando con su compañero y el Profeta lo mandó a cumplir un mandato y volvió tarde a su casa. Cuando regresó y la madre le preguntó por qué la tardanza, él le dijo que el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) lo había mandado a hacer algo que no le podía contar porque era un secreto. Entonces su madre le dijo que estaba muy bien, que no contara a nadie el secreto del Profeta. La educación que Umm Sulaim (Allah se complazca con ella) le dio a su hijo era ejemplar. Cuando el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) entró a su casa una vez, estaba con su hermana y su hijo. Umm Sulaim le pidió al Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) que bendijera a Anas (quien servía en su casa), le pidió que le suplique a Allah por él. El Profeta rogó para que Allah le acreciente su fortuna y sus hijos, Anas dijo después: “Juro por Allah que mi fortuna es grande y mis hijos y mis nietos suman cerca de cien personas”. En otro relato Anas dijo: “El Profeta pasó y rogó a Allah por mi tres súplicas, coseché dos de ellas en este mundo y la tercera espero que sea en la otra vida”.

Umm Sulaim (Allah se complazca con ella) fue ejemplar en su educación, en su sabiduría y su misericordia, fue de juicio sano, predicadora del Islam y su dote al casarse con Abu Talha fue lo más valioso que existe en el mundo. Cuando falleció su primer marido, Malik Bin Annadir ella dijo: “Tuve paciencia y perseverancia y me quedé cuidando a mi hijo Anas” y dijo que no se volvería a casar hasta que su hijo fuese grande y se lo permitiera. En esto, Abu Talha se presentó a su casa y pidió su mano para casarse con ella y ella lo rechazó porque era idólatra y le dijo que él era idólatra y ella era musulmana y este matrimonio era imposible, si él se convirtiera al Islam entonces su conversión sería su dote y así podría ser su esposo lícitamente. También le dijo: “¿Acaso no es tu dios un palito sacado de una rama de árbol tallada como por un carpintero de Etiopía?” Abu Talha respondió que eso era verdad, y ella dijo que no le hablaría hasta que abrace el Islam y si así lo hiciera sería su esposa incondicional. Abu Talha le dijo que lo iba a pensar y luego le contestaría. Una vez que tomó su testimonio, ella le preguntó a su hijo Anas si lo aceptaba.

Taabit dijo que no había escuchado y visto a la vez una mejor dote que la de Umm Sulaim (Allah se complazca con ella) en su casamiento. Umm Sulaim también a pesar de su sano juicio, su sabiduría e inteligencia, era una mujer valiente, fuerte y rigurosa. Transmitió Muslim en su Sahih que Umm Sulaim (Allah se complazca con ella) acompañaba a los hombres a la guerra y una vez en la batalla de Hunain, Umm Sulaim tomó una daga y la guardó entre su ropa, cuando Abu Talha la vio, se lo contó al Profeta y él le preguntó para qué llevaba esa arma y ella dijo que era para matar a cualquier idólatra que se acercara a ella clavándoselo en su vientre. También Umm Sulaim (Allah se complazca con ella) se interesaba mucho por aprender su religión para enseñarle a las demás mujeres y era exigente con sus preguntas para entender bien su religión y poder enseñar bien. Una vez le preguntó al Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) si la mujer debe purificarse cuando sueña y siente el goce del sexo en sueños, el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) contestó que únicamente debía hacerlo si sentía humedad y advirtiera agua en su ropa interior entonces deberá hacer la purificación. Otra vez le preguntó ¿acaso la mujer sueña igual que el hombre? Y el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) le dijo que sí, pues cómo entonces el hijo se parezca a la madre.

Anas relató una vez que cierto día estaba en la casa de Umm Sulaim una niña huérfana y entró el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y le dijo a la niña: “¿Para qué estás aquí? Ya eres grande, si sigues jugando no crecerás nunca”. La niña comenzó a llorar y Umm Sulaim le preguntó qué había pasado. Ella dijo que el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) la había maldecido y que no llegaría a ser grande. Entonces Umm Sulaim corrió tras el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) para preguntarle qué había sucedido. Él se rió y dijo: “¿No sabes acaso que tengo condición para con mi Señor, pues soy humano ciertamente estoy enojado y otro momento estoy complacido como todos los humanos, cualquiera que yo haya hecho, dicho o deseado mal y no lo merecía, espero que Allah lo convierta en bendiciones el Día del Juicio Final”.

El Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) no permitía que ninguna mujer fuera de sus esposas entrara en su casa, excepto por Umm Sulaim (Allah se complazca con ella) que siempre lo frecuentaba y visitaba. Cuando los compañeros le preguntaban el motivo, respondió que por clemencia para con ella, pues su hermano había muerto en una batalla con él y era una mujer que Allah la había dignificado.

El Corán dice:

“Luego se endurecieron vuestros corazones como piedras, o más duros aún, porque de algunas piedras brotan ríos, otras se parten y surge de ella agua, y otras se derrumban por temor a Allah; y Allah no está desatento de cuánto hacéis”. (2:74)



[1] Al-Ansar: Los Socorredores, son los musulmanes habitantes de Medina, que auxiliaron y dieron refugio al Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y a sus seguidores de la cruenta persecución que sufrían por parte de los idólatras de La Meca.

[2] Tabuk: Ciudad al Noroeste de la península arábiga, cerca de Jordania. En esa época, estaba en poder de los bizantinos.

[3] Salsabil: Una fuente que emana en el Paraíso.

[4] Llegaría a ofrendar en rescate por ti a mi padre y a mi madre. Esta expresión árabe indica el sumo aprecio que se tiene por una persona.

[5] Bai'at ur-Riduan: Esto fue un juramento, tras impedir a los musulmanes visitar La Meca y difundirse erróneamente el asesinato de Uzman Ibn Affan.

[6] Al-Qadisía: Lugar al sur de Irak, cerca de Kufa, donde se desarrolló la batalla homónima. Esta batalla, marcó la victoria final de los musulmanes sobre el imperio Persa.

[7] La gente del patio eran musulmanes pobres sin familias. Solían estar sentados en el patio de la mezquita del Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) de allí el nombre.

[8] El Califa Mu'auia nombró a Abu Huraira gobernador de Medina.

[9] Mu-ta, fue la batalla contra los bizantinos donde Ya'far cayó como mártir.

[10] Jaibar, victoria contra los judíos que habitaban en la ciudad del mismo nombre. Fue después del año seis de la Hégira.

[11] Ibn Umm Abd: este era un sobrenombre de Ibn Mas’ud, significa: “hijo de la madre de Abd”

[12] Arak: Son las ramas de cierto árbol con las que se hacen cepillos para higienizar los dientes.

[13] Bani Háshim; el clan del Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Uno de los clanes más nobles de la tribu de Qureish en La Meca.

[14] Adhán; palabras que se emplea mediante una entonación para llamar a la oración

[15] Muaddin: Es la palabra árabe que designa a quien se encarga de llamar a los creyentes para la oración en la mezquita.