Qué es el Islam ? ()

 

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 Qué es el Islam


 Prefacio

En el nombre de Allah (Dios), el Clemente, el Misericordioso. Todas las alabanzas pertenecen a Allah; a Él alabamos; en Él buscamos ayuda; a Él le pedimos perdón y en Él buscamos orientación. Le pedimos a Allah que nos proteja del mal de nuestros egos y las consecuencias de nuestras malas acciones. Todo aquel a quien Allah guía, nada ni nadie lo podrá extraviar. Y todo aquel a quien Allah lo extravíe, nada ni nadie lo podrá guiar. Atestiguo que no existe nada ni nadie digno de alabanza excepto Allah, quien no tiene compañeros; y atestiguo que Muhámmad es Su siervo y Mensajero.

Quiero expresar todo mi agradecimiento a Allah por darme esta oportunidad de escribir una obra de esta naturaleza. Que Allah perdone mis faltas a la hora de presentar Su religión.

Me gustaría también expresar mis sinceros agradecimientos al señor Muhámmad al-Turki del Ministerio de Asuntos Islámicos por su apoyo. También me gustaría agradecer a Ahmad Ba-Rashid por sus continuos esfuerzos.

Hay muchas personas a quienes me gustaría agradecer por su ayuda en esta obra en particular. Primero, quiero agradecer a mi amada esposa quien es siempre una fuente de ayuda y colaboración. También agradezco al Dr. Abdulkarim al-Said, Br. Nahar al-Rashid, Dr. Mohammad al-Osimi, Dr. Ahmad al-Teraiqi y Br. Jalaal Abdullah. Sólo puedo rezar para que Allah los recompense y los bendiga tanto en esta vida como en el Más Allá.

Le ruego a Allah que acepte esta obra que escribo solamente en Su honor. Como sucede con toda obra similar, la responsabilidad de los errores es del autor. Le pido perdón a Allah por mis falencias y que me guíe por el Camino Correcto.

 Introducción

 El objetivo y la motivación al escribir este libro

Es un momento muy importante para publicar material claro y conciso sobre el Islam. Hoy día, el Islam es mostrado de una manera poco agradable en muchas partes del mundo, no muy diferente de lo que era en un pasado no muy lejano. Un autor occidental que escribe sobre la vida de Muhámmad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) escribió lo siguiente:

“Cuando se declaró la guerra entre el Islam y el Cristianismo, que duró muchos años, la animosidad entre ambos bandos se agravó; cada lado malentendía al otro. Sin embargo, hay que admitir que el malentendido básico era más del lado de los occidentales que de los orientales. De hecho, inmediatamente después de esas violentas disputas intelectuales, en las que los participantes le achacaban al Islam fallas, degradación y difamación sin tomarse el trabajo de estudiarlo, los escritores y poetas mercenarios se encargaban de atacar a los árabes, pero su ataque era una mera acusación falsa y contradictoria”.[1]

Lamentablemente, dado que muchas de estas masas no están familiarizadas con el Islam más allá de lo que ven en los medios masivos de comunicación, los cuales desde luego han sido plagados recientemente de comentarios de tinte terrorista, no ha de sorprender que tales errores de representación del Islam resuenen en el público en su totalidad.[2] La cura más fácil y posiblemente la más productiva para esta situación es llegar a esas personas y contarles de qué se trata en realidad el Islam. Uno debe ir más allá de lo que dicen las noticias de moda y describir las verdaderas enseñanzas de la religión. Lamentablemente, también es triste el hecho de que hay que ir más allá de la imagen que los musulmanes mismos les dan sobre el Islam a los no musulmanes. Aunque, en general, si bien el Cristianismo y el Judaísmo no son culpados por las malas acciones de los cristianos o los judíos, el Islam es culpado a menudo por las malas acciones de los musulmanes, incluso cuando las prácticas de esos musulmanes violan claramente los principios del Islam.[3]

Desafortunadamente, las opiniones negativas y las malas representaciones del Islam no son simplemente un tema de creencias religiosas personales. Las ramificaciones van mucho más allá y tocan la seguridad y la política mundial como un todo. Aún más peligroso es el hecho de que el Islam es malentendido y representado continuamente como el “otro” y como una fuente de mal, y muchas personas son alejadas de su belleza y sus invaluables verdades que tiene para ofrecer a la humanidad. En realidad, en estos tiempos problemáticos, hay una gran necesidad de acudir a la orientación de Dios, que es justamente de lo que se trata el Islam.

El objetivo de este libro no es tratar con la desinformación que se disemina acerca del Islam. El objetivo aquí es simplemente presentar lo que el Islam realmente es, basado en las fuentes reconocidas original y universalmente del Islam: El Corán, en otras palabras, el libro revelado de Allah al Profeta Muhámmad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y también las palabras y la guía del Profeta mismo.[4]

 El público al que está dirigido este libro

La persona a la que se dirige este libro es cualquiera que esté interesado en una introducción básica a las creencias y prácticas fundamentales de la fe islámica. Se ha intentado hacerlo lo más conciso posible, pero con la esperanza de que el lector se vea alentado a estudiar el Islam con más profundidad. Para ello, se recomiendan muchos otros importantes libros en las notas al pie.

Cabe también destacar que esté libro está escrito por un converso “occidental” al Islam y se da por sentado que, al estar traducido al castellano, un buen número de sus lectores serán occidentales o tendrán cercanía con Occidente. Por lo tanto, muchas de las referencias estarán relacionadas con temas familiares para las personas de Occidente y también para el autor.[5]

 El lugar de este libro entre otros libros de introducción

Existe un sinfín de libros que introducen el Islam a los no musulmanes. Especialmente desde el atentado a las Torres Gemelas, uno puede entrar prácticamente en cualquier librería y encontrar numerosos textos de introducción al Islam. Desde luego, algunos de ellos son bastante decentes[6]. Muchos de ellos están escritos por no musulmanes, algunos sin duda son muy sinceros en su deseo de presentar fielmente la religión de los musulmanes. Como musulmán, puedo afirmar que, en su mayoría, estos autores tienen una tendencia a dejar de lado el verdadero espíritu del Islam y de qué se trata el Islam en realidad. Esos libros tienen una tendencia a concentrarse en aspectos secundarios, desarrollos históricos de los musulmanes en sí o desviaciones del Islam original, dejando al lector ignorante del verdadero espíritu y las enseñanzas del Islam.[7]

Por otro lado, muchos escritores musulmanes que escriben para el público occidental adoptan un enfoque modernista o justificaciones del por qué de determinadas actitudes del Islam y los musulmanes. No se puede escribir un libro presentando el Islam a la vez que se distorsiona o altera el significado real del Islam tal como lo creen millones de personas, en contraposición a la versión individual del autor de dicho libro. De igual manera, no se puede escribir un libro de introducción al Islam intentando a la vez presentar una “versión” nueva del Islam. La responsabilidad de quien intenta presentar el Islam es hacerlo con honestidad y sinceridad, sin intentar ocultar ni cambiar nada. Los musulmanes creen ciertamente que esta es la religión de Allah. Por lo tanto, se debe presentar la religión de Allah como una religión revelada y difundida por el Profeta Muhámmad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). La presentación debe ser honesta y franca, dejando que el lector decida por sí mismo, basado en conocimiento veraz, si desea continuar con esta religión o no.

 Fuentes y metodología de este libro

Todo libro confiable sobre el Islam debe estar basado en el Corán[8] y en las afirmaciones y orientaciones del Profeta Muhámmad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Si bien están disponibles los textos originales en árabe del Corán y los dichos del Profeta, hay que recurrir a las modestas traducciones que transmiten sus significados a los que no hablan árabe. Con respeto al Corán, se recomienda la traducción al idioma español realizada por International Islamic Publishing House (IIPH). Se recomienda esta traducción debido a que se basa en una comprensión del Corán según se puede remontar al Profeta mismo y a sus Compañeros más cercanos.

En cuanto a las colecciones de dichos y acciones del Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), hay dos importantes colecciones disponibles en español. Son conocidas como Sahih al-Bujari[9] y Sahih Muslim.[10]

Existe también un gran número de obras secundarias extremadamente útiles para entender la religión del Islam.[11] Algunas de ellas, que también son fuentes para el presente libro, son:

Commentary on the Creed of at-Tahawi by ibn Abi al-Izz.[12] Se trata de una importante obra clásica que describe los detalles de la fe islámica.

La serie “La creencia islámica” de Umar al-Ashqar, que incluye La creencia en Allah a la luz del Corán y la Sunnah y Los profetas y sus mensajes.[13]

The Fundamentals of Tawheed (Islamic Monotheism)[14], de Bilal Philips.

The Spirit of Islam: Doctrine & Teachings.[15], de Afif A. Tabbarah.

En cuanto a la “metodología” que el autor ha seguido aquí, lo que se presenta está basado, dentro de las aptitudes del autor, en las enseñanzas de ahl al-Sunnah wa al-Yamaah, es decir, la comunidad de musulmanes que puede remontar sus creencias y enseñanzas directamente al Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) mismo. No se ha intentado “reinterpretar” aquí lo que ha sido aceptado como verdad por los musulmanes durante siglos y que continúa siendo la opinión dominante del Islam hoy en día.

Antes de continuar, se debe notar el uso de las palabras Allah y Dios. Allah es el “nombre propio” de Dios, tal como Yahvé (interpretado luego como Jehová). Por lo tanto, Allah y Dios pueden ser usados indistintamente.


 La creencia en Dios (Allah)

En realidad, creer en Allah es la piedra fundamental de toda la fe del Islam. Todas las otras creencias y prácticas islámicas giran en torno a la creencia en Dios propiamente dicha. Por esta razón, quizás más que en cualquier otra comunidad religiosa del mundo, la creencia en Dios en el Islam ha sido estudiada con gran detalle. De hecho, un famoso erudito musulmán, ibn Abi al-Izz al-Hanafi, dijo una vez que se puede concluir que todos los versos del Corán, de una u otra forma, tocan la creencia en Dios.[16]

Por lo tanto, toda discusión sincera de la religión del Islam debe comenzar con el concepto de la creencia en Dios. De hecho, debe ser una discusión detallada de este tema, pues, todo lo que hay en el Islam se halla fuertemente arraigado en esta creencia fundamental. En realidad, según las enseñanzas islámicas, es la creencia solamente en Dios, sin compañeros, lo que enseñaron todos los profetas y que fue el tema central de todos sus mensajes.[17] Este es el primer paso, el más importante en el proceso de entender nuestra propia realidad.

 ¿Cómo podemos saber acerca de Dios?

Antes de presentar la posición islámica a esta pregunta, se ofrecerá una historia de algunos paradigmas actuales.

Al comienzo de la primera mitad del siglo XVII del Cristianismo, a medida que crecía la brecha entre el “hecho científico” y las “verdades bíblicas”, los filósofos Edward Herbert, Voltaire y otros escritores americanos como Thomas Paine, se sumaron a la filosofía conocida como deísmo. Estos filósofos creían en Dios, el Creador y en la moralidad. Ellos creían en lo que llamaban “religión natural” que podía descubrirse mediante el uso de la razón. Por lo tanto, menoscababan la función de la revelación y las enseñanzas de la iglesia.

Un número de factores llevó al desarrollo de esta filosofía. Uno de los factores clave de este hecho fue que, como se discutirá más adelante, estos estudiosos no podían negar las pruebas racionales detrás de la existencia del Creador. Por ende, tenían que comenzar con esa premisa. Sin embargo, debido a su decepción con lo que se enseñaba en la Iglesia, fueron llevados a la conclusión de que las verdades de este mundo son conocidas mediante el razonamiento humano y no necesitan ningún tipo de revelación de Dios. Ciertamente, no había necesidad de que Dios enviase ninguna otra información más allá de lo que pudiera ser interpretado por los seres humanos. Más allá de eso, también sostenían que Dios no tenía ningún otro rol en esta creación. Por lo tanto, veían a Dios como un relojero que, después de haber creado el reloj y haberlo puesto a funcionar, se relajaba y dejaba que el reloj funcionara por sí solo sin ninguna interferencia del creador.

En resumen, según esta visión, la humanidad fue dejada a su suerte por el Creador; a su suerte para encontrar su propia manera de comportarse y vivir en esta gran creación. Quizás sin referencia a sus raíces filosóficas, esta se ha convertido en la manera de vida de muchos de los habitantes de este mundo de hoy. No ven ninguna necesidad de acudir a Dios para saber cómo deben vivir sus vidas en este mundo. De hecho, como filosofía política – conocida como secularismo – es la filosofía dominante hoy en el mundo.[18] Como veremos más adelante, esta opinión en realidad contradice uno de los atributos de Dios: que Dios es piadoso y compasivo con Sus siervos, que la humanidad no debe pensar que han sido dejados a su suerte sin orientación y que no existe un fin directamente relacionado con Dios en su creación.

La religión islámica no niega que los seres humanos han sido dotados de un gran poder de raciocinio e instintos naturales. Muchos científicos, incluyendo aquellos filósofos mencionados antes, no pudieron negar los muchos signos que señalan la existencia del Creador. Por lo tanto, aceptaron con todo sentimiento la noción de la existencia de Dios. En la historia de la humanidad, esta noción ha sido un tema problemático. De hecho, el Corán trata el tema de esta manera, citando las palabras de mensajeros anteriores: “¿Acaso tenéis duda acerca de Allah, creador de los cielos y la Tierra?” (14:10). Su problema se halla en su falta de conocimiento apropiado de Dios y en no tener acceso a una verdadera revelación conservada de Dios. Esto destaca la importancia de reconocer la manera correcta de conocer más sobre Dios.

El Islam reconoce que Dios ha creado al ser humano con una habilidad innata para reconocer y entender la verdad de que él tiene un Creador y un Dios. De hecho, el Profeta Muhámmad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: “Todo niño nace en la fitrah (la inclinación natural a creer en un solo Dios). [19] En otras palabras, todo niño nace con la inclinación y la tendencia a la verdad y la capacidad de reconocer la realidad de la existencia de Dios.

El concepto básico de Dios, por lo tanto, es conocido por todos: filósofos, pensadores, y hombres de a pie por igual. Al mismo tiempo, ningún ser humano intelectualmente maduro debería ignorar por completo y darle la espalda a la verdadera base de su creación. Entonces, debería existir un deseo dentro del alma de toda persona de conocer a su Señor y Creador, el único que lo ha bendecido con su existencia. Debe ser un sentimiento innato y automático dentro del alma de todo ser humano.

Sin embargo, existe otro punto importante sobre Dios, el Creador, que hay que tratar. Dios, obviamente, es un ser distinto y separado de Su creación. Por lo tanto, Dios no es lago dentro del ámbito de la experiencia humana, el pensamiento humano o las pruebas humanas. De hecho, la manera de conocer sobre Dios no es filosofando silenciosamente en una sala o rincón alejado del mundo, eso puede llevarnos al irrefutable hecho de Su existencia y grandeza. Para conocer los detalles de Dios y, en particular, para conocer cómo debería ser nuestra relación con Dios, uno debe acudir a Dios Mismo y a Su revelación. No existe otra manera.

La revelación de Dios mismo tal como se encuentra en el Corán y en las palabras inspiradas del Profeta Muhámmad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) han ofrecido una presentación clara e inequívoca sobre Dios. La misma elimina todas las dudas sobre Su existencia, Su omnipotencia y Su omnisciencia. También responde las preguntas que rodean a la manera en que debemos comportarnos frente al Todopoderoso. Además de ello, por medio de la piedad de Dios, Él nos ha brindado mucha información sobre Sí Mismo, a través de Sus nombres y atributos, de tal manera que se convierta en el objeto de la adoración y en la principal inspiración de nuestra vida.

En las siguientes páginas, usted encontrará un resumen de las magníficas enseñanzas de Dios tal como se encuentran en el Islam. Se puede decir que este libro no es más que la punta del témpano comparado con la gran cantidad de información transmitida por Dios en el Corán y la Sunnah.

 Creer que Dios es el Único Creador y Sustentador de toda la Creación

Existe una cosa que definitivamente se destaca cuando uno lee el Corán: Allah le ordena a la humanidad reflexionar sobre la creación con todas sus sutilezas y magnificencia. En ningún momento las enseñanzas del Corán se alejan de la reflexión y el pensamiento racional. De hecho, estas bases de conocimiento han sido invocadas una y otra vez en el Corán como un camino que llevará a una sola conclusión: que no hay manera de que esta creación tal como la vemos y apreciamos hoy pueda existir sin la intención y propósito de un creador grandioso, divino y todopoderoso.[20]

De hecho, en un verso, Allah ha brindado un poderoso argumento que convenció a la humanidad durante cientos de años: “¿Acaso surgieron de la nada [sin Creador] o son ellos sus propios creadores? ¿O crearon los cielos y la Tierra? Ciertamente no tienen fe [para darse cuenta de la verdad].” (52:35-36). Esto ha sido claro para muchas, muchas personas: Obviamente las personas no llegaron aquí por medio de la nada ni se crearon solas o a si mismas. Por lo tanto, son resultado del acto de un Creador, un Creador que es autosuficiente y no es un ser creado.

Si bien esta creencia es innata y clara, los seres humanos constantemente reciben dudas y errores de concepto de distintas fuentes.[21] En distintas eras, la gente tenía distintas formas de confusión. Hoy en día muchas personas se confunden con la cuestión del creacionismo frente a la evolución. De hecho, algunos incluso sostienen que el “creacionismo” no es científico mientras que la “evolución” sí.

Actualmente, una explicación común de la existencia del cosmos es la teoría del Big Bang. De hecho, la enciclopedia Microsoft Encarta se refiere al mismo como “la explicación actualmente aceptada del comienzo del universo”[22]. Es muy bueno de su parte referirse a ella de esa manera porque la “ciencia” continúa cambiando sus “hechos” y explicaciones. Es exactamente lo que Allah ha descrito en el verso citado anteriormente, “Ciertamente no tienen fe [para darse cuenta de la verdad].” (52:36). Aquellos que se han alejado de Dios tienen que admitir que no saben con certeza lo que creen y mañana su creencia será totalmente distinta de la que hoy tienen porque, en realidad, no se construye sobre algo firme.

Pareciera como si la disputa entre la teoría del Big Bang y el creacionismo estuviera más en boga que su sustancia. La teoría del Big Bang, como explica la enciclopedia Encarta: “propone que el universo fue en algún momento extremadamente compacto, denso y caliente. Algún suceso original, una explosión cósmica llamada Big Bang, ocurrió de 10 mil a 20 mil millones de años atrás, y el universo se ha expandido y enfriado desde entonces”[23]. Pero esta afirmación nos lleva a la pregunta de quién creó la materia que participó de ese Big Bang.[24] Si la materia aún requiere de un creador, ¿existe alguna prueba de que el mismo creador no creó nuevos tipos de criaturas más tarde en el cosmos?

Desde luego, existe un problema mucho mayor en relación a la teoría del Big Bang. ¿Cómo puede una explosión aleatoria tener la consistencia, la excelencia y la belleza que uno ve en el universo? ¿Cuáles fueron, por ejemplo, la belleza y el cosmos organizado que generaron las explosiones de Nagasaki e Hiroshima?

Sorprendentemente, los ateos y materialistas siguen negando lo que es obvio para sus almas y hacen declaraciones bastante absurdas, por decirlo de algún modo. Por ejemplo, el famoso ateo Huxley dijo una vez: “Si seis monos se sentaran frente a máquinas de escribir y golpearan las teclas durante miles de millones de años, no es improbable que en las últimas páginas que hayan escrito podamos encontrar uno de los sonetos de Shakespeare. Ese es el caso del universo que existe hoy. El mismo vino como resultado de fuerzas aleatorias que jugaron con la materia durante miles de millones de años”[25] Wahid Uddin Khan, utilizando el tipo de razonamiento “materialista” respondió bastante bien a tal afirmación: “La matemática, que nos ha dado el concepto de probabilidad, sostiene que es matemáticamente imposible que el universo haya comenzado a existir por accidente”.[26]

Además de la realización de que esta existencia debió haber tenido un creador, también se advierte el equilibrio que existe en todo el universo. El orden es tan preciso que a veces se refiere a él como “el delicado equilibrio de la naturaleza”. Es realmente asombroso ver cómo todo funciona en conjunción, incluso dentro de nuestro cuerpo. Sin dicha cooperación entre los distintos órganos del cuerpo, por ejemplo, no habría posibilidad de una vida continua. La observación de este fenómeno lleva a un número de otras importantes conclusiones.

Primero, el orden y la cooperación entre los distintos elementos inanimados del universo, que no han recibido enseñanza ni formación, son un indicador de que siguen bajo el control y la regulación del creador. Los distintos objetos de esta creación no tienen poder, capacidad ni meta propia, de lo contrario irían contra las leyes y el orden universales. Solo tienen lo que el Creador les ha dado de entre todos los componentes del universo. Su nivel de funcionamiento y cooperación es tal que apunta a estar bajo la autoridad de un único Ser, que tiene tanto el conocimiento como el poder completos para sustentarlos y guiarlos. Si no fuera así, solo se podría esperar racionalmente el caos, especialmente dado el gran número de átomos y otras partículas que componen todo lo que existe en el universo.

Segundo, existe una clara señal de que el Creador y Amo del Universo es uno solo; no puede haber más de un Creador de este cosmos equilibrado y unificado. Si hubiera más de un creador, cada uno con su propia voluntad y su propio poder, entonces no se podría esperar que el cosmos tuviese unidad, equilibrio y balance, lo que sí tiene actualmente. Esto se conoce como “el argumento de la exclusión” y es un tema que ya ha sido discutido en detalle por los filósofos en el pasado. Por ejemplo, en The Commentary on the Creed of at-Tahawi, uno puede encontrar que el argumento [de la exclusión] dice algo más o menos así: Si hubiera dos creadores que no estuviesen de acuerdo en algo, por ejemplo, que uno quisiera mover el elemento X y el otro no quisiera que lo muevan, o uno quisiera que el elemento Y fuera un ser vivo y el otro prefiere que sea inanimado, entonces, hablando lógicamente, hay sólo tres posibilidades. Primera, se llevan a cabo las voluntades de ambos; segunda, sólo se lleva a cabo la voluntad de uno de ellos; tercera, no se lleva a cabo ninguna de las voluntades. El primer caso no es posible porque exige la existencia de contrarios. La tercera posibilidad también queda anulada porque implicaría que un objeto se mueve y no se mueve a la vez y eso es imposible. Esto implicaría también que ambos son incapaces de llevar a cabo sus voluntades, lo que los descalificaría como Dioses. Finalmente, si se lleva a cabo la voluntad de uno y no la del otro, solo el primero merece ser llamado Dios y es él el único cuya voluntad se lleva a cabo y el otro no puede considerarse Dios.[27]

Por lo tanto, la premisa de que existe un sólo Creador original y único, Proveedor y todopoderoso sobre este universo es algo innato en los seres humanos y que se intuye de forma fácil y lógica. De hecho, se puede decir que los eruditos musulmanes están tan convencidos de la verdad obvia de este punto que, según el conocido sabio musulmán Muhámmad ibn Salih Al-Uzaimin, toda la humanidad excepto los arrogantes y altaneros acepta y reconoce este aspecto del monoteísmo, es decir, que no existe Señor y Creador excepto el Único Señor y Creador.[28] Esto es así porque esta creencia está arraigada en la naturaleza humana. La humanidad reconoce y acepta que la creación debe haber tenido un Creador. La humanidad también reconoce que este Creador debe haber sido solo Uno.[29]

Si bien en pasajes anteriores hubo cierta digresión en otros temas que son de interés hoy día, se puede resumir la postura islámica acerca de que Allah es el único Creador y Sustentador de la creación dejando que el Islam hable por sí mismo y exprese sus verdades esenciales:

“Ciertamente Allah tiene poder sobre todas las cosas.” (2:20).

“Originador de los cielos y de la Tierra. ¿Cómo podría tener un hijo si no tiene compañera y Él es Quien ha creado todo? Él tiene conocimiento de todas las cosas. ¡Ése es Allah, vuestro Señor! No hay más divinidad que Él, Creador de todas las cosas. Adoradle, pues. Él es el protector de todas las cosas. No puede ser visto [en esta vida], pero Él sí puede ver [a Sus siervos]; y Él es Sutil y está informado de cuánto hacéis.” (6:101-103).

“¿Acaso desean una religión diferente a la de Allah, siendo que quienes están en los cielos y en la Tierra se someten a Él voluntariamente o por la fuerza? Y ante Él comparecerán.” (3:83).

“Y ante Allah se prosternan quienes están en los cielos y la Tierra voluntariamente o por la fuerza, y también lo hacen las sombras, por la mañana y por la tarde.” (13:15).

Una vez que se concluye que Allah es el único Creador y Sustentador del universo, se generan muchos corolarios. Además, quizás la pregunta más importante que se puede hacer una persona es: ¿Cuál debe ser la relación de una persona con ese único creador? Esto lleva directamente al próximo tema, que dice que Allah es el único digno de alabanza y adoración.

 La creencia de que sólo Allah debe ser adorado

Es de suma importancia advertir que reconocer los hechos sobre la existencia de un solo Creador y Sustentador no es lo único que hay cuando se trata del concepto islámico de “creer en Dios”. En realidad, reconocerlo es algo que está más allá de todo cuestionamiento y debe quedarnos claro a todos, pues, es innato a todas las almas humanas. Es mucho más importante lo que uno hace con la creencia en ese único Creador y Sustentador. En realidad, una vez que se entienden y aceptan los atributos y cualidades de Allah, tal como se habló en la sección anterior, queda clara la relación que uno debe tener con el Creador y Sustentador. En otras palabras, la conclusión debe fluir de la premisa incuestionable.

Quizás un par de ejemplos aclaren más este punto. Como se dijo antes, en realidad, Allah es el único ser perfecto que existe. Él es la fuente de toda bondad y auxilio, pues solo Él tiene poder sobre todas las cosas. Él es activo en Su creación y no deja que nada siga su curso sin Sus eternos actos de creación y sustento.

Aún más, Allah es perfecto muy por encima de la comprensión y la imaginación humana. En general, ¿cuál es la actitud de una persona con aquello que encuentran perfecto y maravilloso? Generalmente, es una actitud de asombro, respeto y honor. Aún más, ¿se puede tratar a otro ser igual a nosotros o incluso compararlo con el Creador? En este punto, Dios dice: “¿Acaso adoran a quienes no pueden crear nada, sino por el contrario, son ellos los creados?” (7:191). Dios también dice: “¿Se puede equiparar Quien crea con quien no puede crear nada? ¿Es que no recapacitáis?” (16:17).

Además, Allah es la fuente de todos los dones y bendiciones. Ciertamente, Él es la fuente de nuestra vida y de todo lo que ha sido preparado en esta creación para él. Por lo tanto, dice Allah en el Corán: “Sabed que si intentarais contar las gracias de Allah no podríais enumerarlas.” (14:34). ¿Pueden los seres humanos obtener todos estos dones sin la ayuda de Allah? Allah da otro ejemplo cuando dice: “Diles: ¿Si Allah os privara de la facultad de oír y de ver, y sellara vuestros corazones, qué otra divinidad en vez de Allah os lo podría devolver? Observa cómo les evidenciamos los signos, y aun así los rechazan.” (6:46).[30] Incluso el bien más preciado de la vida, el agua de lluvia, no puede ser producida a menos que Allah creara las nubes con las características apropiadas para producir lluvia. En un bello pasaje del Corán, Allah les recomienda a los hombres de este importante don y de muchos otros cuando dice:

“Di [¡Oh, Muhámmad!]: ¡Alabado sea Allah! La paz sea sobre Sus siervos elegidos. ¿Quién es mejor: Allah o lo que Le asocian? ¿Acaso Quien creó los cielos y la Tierra e hizo descender para vosotros agua del cielo, con lo cual hace surgir jardines espléndidos cuyos árboles no hubierais podido hacer brotar vosotros, [puede equipararse a quien no es capaz de crear nada de eso]? ¿Acaso puede haber otra divinidad junto con Allah? Realmente son desviados. ¿Acaso Quien hizo de la Tierra un lugar firme, dispuso en ella los ríos, fijó las montañas y puso entre los dos mares una barrera [puede equipararse a quien no es capaz de crear nada de eso]? ¿Acaso puede haber otra divinidad junto con Allah? Realmente que la mayoría no saben lo que hacen. ¿Acaso Quien responde al afligido cuando Le invoca, alivia los pesares y hace que vosotros os sucedáis unos a otros en la Tierra [puede equipararse a quien no es capaz de hacer nada de eso]? ¿Acaso puede haber otra divinidad junto con Allah? Realmente son pocos los que reflexionan. ¿Acaso Quien os guía en la oscuridad [de la noche] por la tierra y el mar, y envía los vientos que traen las lluvias como una misericordia [puede compararse a quien no es capaz de hacer nada de eso]? ¿Acaso puede haber otra divinidad junto con Allah? Allah está por encima de lo que Le asocian. ¿Acaso Quien origina la creación y luego la reproduce, y Quién os sustenta [con las gracias] del cielo y de la tierra [puede equipararse a quien no es capaz de hacer nada de eso]? ¿Acaso puede haber otra divinidad junto con Allah? Di: Presentad vuestra prueba, si es verdad lo que decís.” (27:59-64).

¿Es lógicamente aceptable que la persona tenga una actitud de falta de respeto, negligencia y arrogancia hacia el Único Dios? Ciertamente, ¿puede ser la actitud hacia el Único ser maravilloso que nos dio dichos dones otra que no sea humildad, gratitud, amor y devoción?

Estos dos ejemplos, del poder inigualable y la capacidad de Allah y de los atributos únicos de Allah, deben ser suficientes para demostrar el hecho de que sólo Allah tiene el derecho a ser amado, honrado y adorado devocionalmente. Es un hecho que Allah destaca muchas veces en el Corán de diversas formas, dirigiéndose a aquellos que reconocen que solo puede haber un creador pero que al mismo tiempo Lo ignoran y adoran falsos dioses y objetos de adoración. Entones, por ejemplo, Allah dice: “Pregúntales: ¿A quién pertenece la Tierra y todo lo que existe sobre ella, si lo sabéis? Sin duda dirán: A Allah. Diles: ¿Cómo entonces no recapacitáis?” (23:84-85). Nuevamente, Allah dice: “Pregúntales: ¿Quién tiene en Sus manos la soberanía de todas las cosas, y puede amparar a quien Él quiere y nadie puede protegerse de Su castigo [si así lo decreta], si lo sabéis? Sin duda que dirán: Allah. Diles: ¿Cómo entonces desvariáis [y os apartáis de la Verdad]?” (23:88-89).

De hecho, solamente Allah puede guiar. Los falsos objetos de adoración no pueden hacerlo en lo más mínimo. Por ello, Allah dice: “Di: ¿Acaso existe entre vuestros ídolos quienes guíen hacia la verdad? Di: Allah es Quien guía hacia la verdad. ¿Acaso no es más correcto seguir a Quien guía hacia la verdad, en vez de seguir a quienes no pueden guiar a nadie y necesitan ser guiados? ¿Cómo actuáis de esta forma? Pero la mayoría de ellos no siguen sino suposiciones. Por cierto que las suposiciones no son un argumento válido frente a la Verdad. Allah sabe bien lo que hacen.” (10:35-36).

De lo expuesto, y también de diversos argumentos y pruebas que se hallan en todo el Corán, se puede concluir que no existe nada digno de alabanza excepto Allah. En consecuencia, si no existe nada digno de alabanza excepto Allah, es racional que la persona adore solamente a Allah. Ese es el mensaje clave del Islam y el mensaje que predicaron todos los profetas. Es lo que se captura en la primera parte del testimonio islámico de fe: “Atestiguo que no existe nada ni nadie digno de ser adorado excepto Allah”.

En este punto, es importante aclarar el significado del término “adorar” desde una perspectiva islámica. La palabra “adorar” es una traducción del término coránico y árabe ibaadah. Este término tiene connotaciones del vocablo “adorar” en español.

El diccionario de la Real Academia Española define al verbo adorar como: “Reverenciar con sumo honor o respeto a un ser, considerándolo como cosa divina”. También se podría definir como: “Tener veneración por algo o alguien”. Pero como advierte Bilal Philips:

“Sin embargo, en el idioma de la revelación final, el árabe, la adoración es llamada ibaadah, que deriva del sustantivo abd, que significa “siervo”. Un siervo es la persona que hace todo lo que su amo le ordene. En consecuencia, adorar, según la revelación final, significa ‘sometimiento obediente a la voluntad de Dios’. Esa era la esencia del mensaje de todos los profetas enviados por Dios a la humanidad. Por ejemplo, el entendimiento de la adoración fue expresado enfáticamente por el Profeta Jesús en el Evangelio según Mateo, 7:21: “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos”.”[31]

Por lo tanto, este aspecto del monoteísmo, creer en Allah como el único objeto de adoración, va más allá del concepto de adoración según lo entienden muchos en Occidente particularmente. Este aspecto del monoteísmo ha sido definido por el sabio al-Saadi con los siguientes términos:

“Es saber y reconocer con conocimiento y certeza que Allah es el único Dios y el único que verdaderamente es digno de ser adorado. [También es para verificar que] los atributos Divinos y el significado de la Divinidad no se encuentran en ninguna de las criaturas creadas [por Allah]. Nadie merece entonces ser adorado excepto Allah. Si la persona reconoce esto correctamente, reservará todos sus actos externos e internos de servidumbre y adoración sólo para Allah. Cumplir con los actos externos del Islam, como la oración, el ayuno, hacer cosas en Su nombre, ordenar el bien y erradicar el mal, ser respetuoso con los padres, mantener lazos con los parientes, cumplir con los derechos de Allah y los derechos de las personas y los seres creados... No tener más meta en la vida que complacer a Su Señor y obtener Sus recompensas. En los asuntos de la vida cotidiana, seguir al Mensajero de Allah (la paz sea con él). Las  creencias serán lo que esté probado en el Corán y la Sunnah. Los actos y acciones serán lo que Allah y Su Mensajero hayan legislado. El carácter y modales serán una emulación de Su profeta, en su guía, comportamiento, y en todos los asuntos.”[32]

Este aspecto del monoteísmo islámico comprende tanto los sentimientos del corazón como las acciones del cuerpo. Los sentimientos del corazón incluyen poner toda la confianza solamente en Él, teniendo un temor devocional por Él, esperanza solamente en Él, ser feliz con Él como Dios y Creador, y así sucesivamente.

De hecho, existen dos aspectos en particular que deben combinarse en la adoración de Allah. Al-Saadi agregó:

“El espíritu y la realidad de la adoración se dan a través de la realidad del amor y el sometimiento a Allah. El amor pleno y el sometimiento total a Allah son la realidad de la adoración. Si el acto de adoración carece de uno o ambos componentes, entonces no es un verdadero acto de adoración. Pues la realidad de la adoración se halla en el sometimiento a Allah. Y eso solo sucederá si existe un amor pleno [por Allah] que domine todas las otras expresiones de amor.”[33]

De lo expuesto, queda claro que creer en Allah como el único objeto de adoración tiene en realidad una variedad de corolarios correspondientes que debemos respetar. En particular, existen varios aspectos de la vida que deben ser “dedicados” solamente a Allah. Si no se entiende ese hecho, no se habrá comprendido la realidad de la frase que dice “No existe nadie digno de adoración excepto Allah”. Una breve explicación de estos aspectos aclarará más este concepto.

Primero, todos los actos rituales de adoración deben realizarse solamente con la intención de complacer a Allah y como actos de adoración dirigidos solamente hacia Él. Por ejemplo, si alguien le reza a alguien que no sea Allah, está violando los principios de no adorar a nadie que no sea Allah. De hecho, el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: “La súplica es la esencia de la adoración”.[34]

Segundo, toda autoridad final se encuentra con Allah. En otras palabras, uno debe someterse solo a los mandamientos y a la revelación proveniente de Allah. Él es el Creador y Él tiene el derecho de establecer las leyes para guiar a la humanidad. “El dominio de las reglas y los juicios es exclusivo de Allah. Él ha ordenado que Lo adoremos solamente a Él, esa es la [verdadera] religión correcta”. Ignorar intencionalmente o violar con arrogancia las leyes de Dios significa que uno no se está sometiendo verdaderamente a Dios y, por lo tanto, no Lo está tomando como el único objeto de adoración y sometimiento. De hecho, Allah deja claro que algunas de sus comunidades anteriores se equivocaron en lo que respecta a este tema. Dice Allah: “Tomaron a sus rabinos y a sus monjes por legisladores en lugar de Allah [y llegaron a idolatrarlos], y al Mesías hijo de María [los cristianos le adoraron también]. Y sólo se les había ordenado [en la Tora y el Evangelio] adorar a Allah, la única divinidad. No existe nada ni nadie con derecho a ser adorado salvo Él. ¡Glorificado sea! ¡Cómo pueden atribuirle copartícipes!” (9:31).

Tercero, los amores, lealtades, preferencias y rechazos de la persona deben estar de acuerdo con lo que Allah ha revelado. Este aspecto surge del corazón cuando éste está verdaderamente lleno de fe, amor, y adoración por Allah solamente. Es un concepto simple pero con implicaciones de largo alcance. La totalidad de la fe exige que Allah sea el ser más amado en nuestro corazón, Él es el único amado devocionalmente. Cuando este hecho se extiende por todo el ser, éste comienza a amar lo que su Señor ama y a rechazar lo que su Señor rechaza. Si bien esto es algo común con respecto a las relaciones entre los seres humanos, este fenómeno es aún más intenso y completo cuando se trata de la relación entre un hombre y su Señor. Por lo tanto, si Allah ama algo, su siervo devoto también lo ama. De igual forma, si Allah detesta algo, por más que Él lo haya creado y puesto en este mundo como prueba para los seres humanos, su siervo devoto también lo detestará. Desde luego, la clave para todo esto está en la revelación de Dios mismo. Si Dios dice que ama la pureza, la sinceridad, la bondad y la caridad, por ejemplo, entonces el musulmán también amará todo eso. Si Dios demuestra o afirma que no le agrada la idolatría, el adulterio, la homosexualidad, el consumo de embriagantes y demás, entonces el creyente devoto desarrolla inmediatamente un rechazo por todos esos actos. Todo esto es parte de creer en Allah como el único digno de adoración.

Si bien aceptar a Allah como el único objeto de adoración es el aspecto esencial del verdadero monoteísmo, es un concepto que no siempre es entendido en su totalidad ni aplicado de forma correcta. Es una verdadera necesidad para los seres humanos porque es este aspecto del monoteísmo el que constituye la clave para una “verdadera vida”, una vida firme y correcta. Ibn Taimiah escribió:

“Usted debe saber que la necesidad que un ser humano tiene de Allah, de adorarlo solo a Él y no asociarle ningún compañero, es una necesidad respecto a la cual no hay comparación o analogía que se pueda trazar. En algunos asuntos, se asemeja a la necesidad que el cuerpo tiene de alimento y bebida. Sin embargo, hay muchas diferencias entre ambas.

La realidad de un ser humano está en su corazón y su alma. Ellos no pueden ser prósperos excepto a través de su relación con Allah. [Por ejemplo], no hay tranquilidad en este mundo excepto a través de Su recuerdo. Ciertamente, el hombre se dirige hacia su Señor y con Él se encontrará. Definitivamente, se encontrará con Él. No existe verdadera bondad para el hombre excepto en el encuentro con Él.[35] Si el ser humano experimenta algún placer o felicidad con otro que no sea Allah, esa felicidad no será duradera. Pasará a ser otro sentimiento o irá de una persona a otra. La persona la disfrutará de a momentos o sólo una vez. De hecho, a veces lo que disfruta o le da placer no le da felicidad. A veces incluso lo lastima, y es mayor el daño que el disfrute. Pero su Dios definitivamente está siempre con él en toda circunstancia y en todo momento. Dondequiera que esté, Él estará allí [a través de Su conocimiento y ayuda]

Si alguien adora a otro que no sea Allah, aún si es algo que ame y le dé algo de placer en este mundo, esa falsa adoración destruirá a la persona de una forma mucho mayor que el daño que le provoca a la persona que tomó veneno…”[36]

Nuevamente, nunca será suficiente destacar que creer en un solo Creador y Sustentador del cosmos no es lo único que implicar tener una fe correcta en Dios. A lo largo de la historia, siempre se ha dado el caso de que algunas personas se detenían en esa premisa y consideraban que era lo único que implicaba creer en Dios. No hay nada más alejado de la realidad. Esa fe es necesaria pero no es suficiente. Esa fe debe complementarse con relaciones apropiadas, emociones del corazón y actos de respeto hacia Allah. Son estos actos los que hacen que uno considere al Creador como su único “Dios”, es decir, su único objeto de amor devocional, adoración y sumisión. Al hacerlo, la persona niega a todo otro que no sea Allah y que pueda merecer ser adorado de algún modo. Entonces, y solo entonces, cumplirá con lo que verdaderamente significa creer en Dios.

En definitiva, basado en los anteriores datos: (1) el ser humano debe desear adorar a Allah debido a Su grandeza y perfección y el hecho de que Él es el único Creador y Sustentador; (2) solamente Allah tiene estos atributos descriptos y por lo tanto solo Él merece ser adorado; y (3) el ser humano debe abstenerse de adorar cualquiera sea la forma a otro que no sea Allah.

Hay un último punto importante que merece ser añadido al final de estas dos secciones: puesto que las señales de la verdadera fe en Dios son tan fuertes (en la naturaleza humana, en el entorno físico, en los mensajes enseñados por los profetas a lo largo de las épocas), es totalmente inaceptable racional y religiosamente adorar a otro que no sea Dios. Por lo tanto, ese tipo de asociaciones con Dios[37] o la negativa a adorar a Dios es un pecado cuya enormidad y arrogancia es tan grande que si uno muere en ese estado, Allah no lo perdonará. Allah ha dicho claramente en el Sagrado Corán: “Allah no perdona que se Le asocie nada; pero fuera de ello perdona a quien Le place. Quien asocie algo a Allah comete un gravísimo pecado.” (4:48, también 4:116).

 Creer en los Nombres y Atributos de Allah

Para estar verdaderamente dedicado a Allah y amarlo por sobre todo se debe tener un conocimiento de Allah que vaya más allá de los aspectos básicos, como que Él es el único Creador y Sustentador. Ciertamente, un creyente anhela saber más y más de Allah.[38] Desde luego, Allah está más allá del reino de la experiencia humana y por lo tanto no se puede conocer con precisión los detalles de Dios a menos que Él los revele. A través de Su revelación y por medio de Su gracia y misericordia, Allah ha revelado una gran cantidad de información sobre Sí Mismo, de tal forma que cualquier persona que busque la verdad pueda conocer y adorar a su Señor con conocimiento exacto.

De hecho, el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: “Allah tiene noventa y nueve nombres”. Por lo tanto, uno encuentra los nombres y atributos de Allah en todo el Corán. Por ejemplo, Allah dice: “Él es Allah, no hay otra divinidad salvo Él, Soberano, Santísimo, Pacificador, Dispensador de seguridad, Celador, Poderoso, Compulsor y Soberbio. ¡Glorificado sea Allah! Él está por encima de lo que Le atribuyen. Él es Allah, Creador, Iniciador y Formador. Suyos son los nombres [y atributos] más sublimes. Todo cuanto existe en los cielos y en la Tierra Le glorifica. Él es Poderoso, Sabio.” (59:23-24). En otro verso, mencionado por el Profeta mismo como el más grandioso de los versos del Corán, Allah es descrito de una forma maravillosa: “¡Allah! No existe nada ni nadie con derecho a ser adorado excepto Él, Viviente, se basta a Sí mismo y se ocupa de toda la creación. No Lo toma somnolencia ni sueño. Suyo es cuanto hay en los cielos y la Tierra. ¿Quién podrá interceder ante Él sino con Su anuencia? Conoce el pasado y el futuro; y nadie abarca de Su conocimiento salvo lo que Él quiere. Su Trono se extiende en los cielos y en la Tierra, y la custodia de ambos no Le agobia. Y Él es Sublime, Grandioso.” (2:255).

Del Corán y de las declaraciones del Profeta Muhámmad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) uno puede aprender lo siguiente sobre Allah: Allah es el Clemente, el Siempre Misericordioso[39], el Que Siempre Perdona, el Que Siempre acepta el arrepentimiento, el Siempre Paciente, Que Perdona y Ama.[40] Él es el Generoso, el Magnánimo, el Que Otorga y es Clemente. Él responde a quienes lo invocan y Él es el Que Rescata de las dificultades. Él es el Glorioso, el Supremo, el merecedor de todas las alabanzas, Señor de toda la creación, Amo del Día del Juicio y Juez del Juicio Final. Él es el Que Todo lo Oye, Todo lo Ve, el Omnisciente y Sabio. Él es el Más Fuerte, el Más Capaz, el Todopoderoso. Él es el Autosuficiente, libre de toda necesidad de provisión y sustento. Él es el Exaltado y el Altísimo. Él es el Observador de todos los asuntos y el Protector. Él administra los asuntos de Su creación, ordena, prohíbe, se complace, se enfada, recompensa, castiga, da, quita, honra, rebaja. Él hace lo que desea. A Él se le atribuyen todos los atributos de perfección y está libre de cualquier defecto o imperfección. Exaltado y perfecto es Él por sobre todo lo que se le pueda asociar. Ni siquiera un átomo se mueve a menos que sea por Su voluntad y permiso.

Esta maravillosa información sobre Allah es una gran bendición para la humanidad. No hay necesidad de que los seres humanos intenten describir la naturaleza de Dios pues, como se dijo antes, Dios está por encima de toda comprensión. En lugar de plantear teorías fantasiosas sobre Dios, Dios Mismo ha revelado suficiente información para que la humanidad ni se extravíe ni se confunda. Aún más, Él ha provisto la información de tal forma que todos puedan entenderla, aunque uno puede imaginar que no es más que la punta del iceberg de las profundidades de la grandeza del Señor y Creador.

En este punto, sin embargo, existe algo muy claro en el Corán: no hay absolutamente ninguna forma de antropomorfismo sobre Dios en las creencias islámicas. Este es un punto en el que muchos pueblos de la antigüedad se extraviaron. La famosa, pero cierta, frase humorística pronunciada por muchos en Occidente: “Dios creó al hombre a Su imagen y semejanza y el hombre le devolvió rápidamente el favor” no tiene cabida en la fe islámica. El Creador y el ser creado son distintos y separados. Los atributos de Allah son atributos perfectos acordes a Su santidad y grandeza. Incluso cuando existe algún “concepto común” entre un atributo de Allah y un atributo humano, no existe similitud entre la realidad de ambos. Así, Allah dice lo siguiente en el Corán: “No hay nada ni nadie semejante a Allah, y Él es Omnioyente, Omnividente.” (42:11). Aquí, hay una negativa total del antropomorfismo a la vez que se afirma que Allah ve y oye. Los musulmanes siempre están atentos a la perfección de Allah, y nunca lo rebajan describiéndolo de forma inapropiada. Dios no tiene atributos humanos ni los humanos tienen atributos divinos. Toda violación de este principio es una clara falta de fe y un acto de idolatría.[41]

Los pueblos anteriores a la llegada del Profeta Muhámmad (la paz sea con él) aceptaban la idea de que Allah es el único Creador del Universo. Sin embargo, le asociaban compañeros a Allah en las distintas formas de adoración. Por lo tanto, el Islam llegó para purificar este concepto de que Allah es el Señor y le dio su entendimiento correcto. Así, el punto de partida es tener el conocimiento y el entendimiento correcto de los nombres y atributos de Allah. Si se tiene el conocimiento y el entendimiento correcto de los nombres y atributos de Allah, el hombre nunca recurrirá a nadie más a la hora de adorar devotamente.

Aún más, el conocimiento y entendimiento de estos nombres y atributos debe jugar un profundo papel en el desarrollo y la purificación del alma. En realidad, el conocimiento de cada uno de los nombres de Allah hace que la persona tenga un amor mayor por Allah y también un mayor temor de Él, acompañado de un intento por acercarse más a Él debido a Sus maravillosos atributos de perfección y grandeza.

Además, un conocimiento detallado de Dios tendrá un mayor efecto sobre el individuo que un conocimiento general y superficial de Dios. Muchos de los grandes estudiosos del Islam hacen hincapié en este punto. Por ejemplo, Ibn Taimiah dijo: “Quien conozca los nombres de Allah y sus significados, y crea en ellos, tendrá una fe más completa que la de la persona que no los conoce sino que cree en ellos en general”.[42] Ibn Saadi también dijo: “Cada vez que aumenta el conocimiento que una persona tiene de los bellos nombres y atributos de Allah, también aumenta su fe y su certeza se fortalece”.[43]

Existe también una importante y vital relación entre este concepto de los nombres y atributos de Allah y los dos conceptos previos (la creencia de que Dios es el Único Creador y Sustentador de toda la Creación y la creencia de que Allah debe ser el único objeto de adoración). Uno puede afirmar que las desviaciones respecto al monoteísmo se encuentran en el fracaso en entender y apreciar el carácter único de los nombres y atributos de Allah. Si se reconocen y entienden con sinceridad los nombres y atributos de Allah, nunca se tendrá deseo de adorar a otro que no sea Allah mismo.

De la historia de la humanidad[44], se puede decir que es innata en los seres humanos la inclinación a adorar. Quieren tener un dios que puedan adorar. Saben que debe haber algo especial y grandioso en aquello ante lo cual se pueden postrar. Sin embargo, muchos de ellos depositan sus esperanzas, confianza, sueños y aspiraciones en cosas que no las merecen, ya sean fuerzas de la naturaleza, objetos inanimados, otros seres humanos, materialismo, nacionalismos, raza, lo que fuere. Se obligan a creer que esos falsos objetos de adoración les pueden conceder lo que anhelan y sueñan. En otras palabras, comienzan a darle a esos objetos de adoración atributos divinos. En lugar de acudir a Dios y reconocer Sus atributos, entendiendo que Él es el que verdaderamente están buscando, acuden a otros objetos para adorar y amar. Debido a esto, se alejan mucho del camino correcto y de su verdadero Dios.

En diversos sitios del sagrado Corán, Allah habla de esos graves errores. Al analizar con más detenimiento, se puede advertir que la fuente de dichos errores es la incorrecta fe en los atributos de aquellos a quienes acuden ignorando los atributos de Allah. Por ejemplo, Allah dice: “Di: ¿Acaso adoraréis en lugar de Allah a lo que no puede perjudicaros ni beneficiaros? Allah es Omnioyente, Omnisciente.” (5:76). Allah también dice: “¿Existe alguien más extraviado que aquellos que invocan en lugar de Allah a quienes jamás les responderán sus súplicas [los ídolos], pues no pueden oír sus invocaciones? Cuando todos los hombres sean congregados [el Día del Juicio, los ídolos] serán para ellos sus enemigos, y se desentenderán de sus invocaciones.” (46:5-6). Allah también dice: “En lugar de adorar a Allah adoran lo que no posee las provisiones del cielo y de la Tierra, ni puede proveérselas.” (16:73). Nuevamente: “¿Se puede equiparar Quien crea con quien no puede crear nada? ¿Es que no recapacitáis?” (16:17). Y como ejemplo final: “¡Oh, hombres! Se os expone un ejemplo, prestad atención: Por cierto que aquellos [ídolos] que invocáis en vez de Allah no podrán crear jamás ni una mosca, aunque todos se reúnan para ello; y sabed que si una mosca les quitare algo [a los ídolos], éstos no podrían impedirlo. Ciertamente ambos son débiles. No valoran ni enaltecen a Allah como Se merece. Ciertamente Allah es Fuerte, Poderoso.” (22:73-74).

En realidad, es Allah quien oye, responde las suplicas, quien da, controla, juzga, crea, sostiene, concede, recrea y así sucesivamente. En resumen, si se conocen verdaderamente los nombres y atributos de Allah, no hay necesidad de adorar a nada ni nadie que no sea Él. Ninguno de esos falsos objetos de adoración merece ser adorados. Al adorarlos y buscarlos, los seres humanos no hacen más que rebajarse a sí mismos. Lo peor de todo, están ignorando a Allah, asignándole compañeros, ganándose Su ira y preparándose para un mal final.

 Resumen

La verdadera fe en Allah es la esencia y la piedra fundamental de la fe islámica. Es la clave para la vida correcta, para entender la realidad, para alcanzar la paz y la felicidad. Cuando la persona conoce realmente a Allah, reconoce que no tiene sentido adorar a otro que no sea Él. Se dará cuenta de que esto es para lo que su alma fue creada y lo que ha estado buscando. Una vez que experimente la belleza de adorar solamente a Allah, nunca deseará adorar a nadie que no sea Él. Su alma estará en paz y su corazón alcanzará la tranquilidad.


 El Cosmos

 La creación del Cosmos y cómo éste indica la existencia de Allah

El cosmos o universo completo e integrado está compuesto de diversas partes. Existen galaxias y sistemas solares que están más allá de la Tierra. Sobre nuestro planeta, existen objetos inanimados como las montañas, los océanos y el suelo. También está el reino animal con toda su variedad. Existen aspectos de la creación que los seres humanos aún estamos descubriendo el día de hoy. Todos ellos son en realidad parte del trabajo creativo de Dios.

En el Corán, está claro que fue Allah Quien creó los cielos y la tierra. Por ejemplo, dice Allah: “Creó los cielos y la Tierra con un fin justo y verdadero. Él está por encima de cuanto Le asocian.” (16:3). “Creó los cielos y la Tierra con un fin justo y verdadero, hizo que la noche y el día se sucedan ininterrumpidamente, y sometió el sol y la luna haciendo que cada uno recorra [su órbita] por un plazo prefijado [hasta que llegue el Día del Juicio]. ¿Acaso Él no es Poderoso, Absolvedor?” (39:5). En resumen, Allah dice: “Allah es el Creador de todas las cosas, y Él es su Amparador.” (39:62).

El poder de Allah para crear va más allá de toda comprensión. Simplemente es cuestión de que Él dé la orden y el objeto es creado. Dice Allah: “Originador de los cielos y la Tierra, cuando decide una cosa dice: ¡Sé!, y es.” (2:117, ver también 36:82 y 40:68). El es quien ha creado, dado forma, determinado el sustento y guiado a toda la diversidad existente en la creación. Allah dijo: “Glorifica a tu Señor, el Altísimo, quien creó todas las cosas a la perfección, y decretó para cada ser su función.” (87:1-3).

Allah también ha dicho que creó los cielos y la tierra en seis etapas. “Allah es Quien creó los cielos, la Tierra y todo lo que existe entre ellos en seis días[45], luego se estableció sobre el Trono. No tenéis fuera de Él protector alguno, y nadie podrá interceder por vosotros [el Día del juicio]. ¿Es que no recapacitáis?” (32:4; ver también 7:54; 10:3; 11:7; 25:59).

En la sección titulada “La creencia en que Dios es el Único creador y sustentador de toda la creación”, hay un pasaje bastante extenso sobre cómo la creación evidencia claramente el hecho de que existe un sólo Creador y Sustentador. No hay necesidad de repetir aquí dicha discusión. Sin embargo, se pueden concluir otros puntos importantes al analizar esa creación con mayor profundidad.

En distintos versos del Corán, Allah señala diferentes aspectos de la creación y los describe como señales para aquellas personas que reflexionan[46]. Por ejemplo, dice Allah: “Él fue quien extendió la tierra, dispuso en ella firmes montañas y ríos, a cada variedad de frutos los creó de a pares, y hace que la noche suceda al día. Ciertamente en esto hay señales para quienes recapacitan.” (13:3). “Él es Quien hace descender agua del cielo para que vosotros bebáis de ella y brote la vegetación de la que pastorean vuestros rebaños. Con ella hace crecer los cereales, los olivos, las palmeras, las vides y toda variedad de frutos. En ello hay signos para quienes reflexionan. Y ha creado para vuestro beneficio la noche, el día, el sol, la luna, y las estrellas; todos están sometidos a Su voluntad. En esto hay signos para quienes razonan. Y también creó diversas especies de animales y vegetales. En esto hay signos para quienes recapacitan.” (16:10-13). Como ejemplo final, Allah dice: “Ciertamente en la creación de los cielos y Tierra, la sucesión de la noche y el día, el navío que surca el mar para beneficio de los hombres, el agua que Allah hace descender del cielo y revive con ella la tierra árida en la que diseminó toda clase de criaturas, y en la rotación de los vientos y de las nubes que están entre el cielo y la tierra hay señales para quienes razonan.” (2:164).

En el torbellino del mundo presente, muchas personas prácticamente no encuentran tiempo para reflexionar sobre la creación, en su propia presencia en esta creación y en el propósito que existe detrás de la misma. Sin embargo, es importante que las personas busquen tiempo para reflexionar y pensar. Al hacerlo, encontrarán señales y lecciones que las devolverán a Dios, un paso muy importante en sus vidas. Las señales en realidad existen por doquier, sólo es cuestión de pensar en ellas. Por eso Dios dice: “Les haremos ver Nuestros signos en los horizontes, y en ellos mismos, hasta que se les evidencie [a través de ellos] la Verdad. ¿Acaso no es suficiente tu Señor como Testigo de todo?” (41:53).

Al reflexionar en lo complejo y ordenado de la creación, caemos en la cuenta de que debe haber un propósito detrás de la misma. Es inimaginable que cualquier ser haga algo con tanta precisión y perfección y que a la vez no haya armonía o razón para toda la creación.[47] Este es un punto que Allah destaca en diversos pasajes del Corán. Por ejemplo, Allah dice: “No creamos el cielo y la Tierra y todo cuanto existe entre ellos sólo por pasatiempo” (21:16). Allah también dice: “En la creación de los cielos y la Tierra y en la sucesión de la noche y el día hay signos para los dotados de intelecto. Aquellos que invocan a Allah estando de pie, sentados o recostados, meditan en la creación de los cielos y la Tierra y dicen: ¡Señor nuestro! No has creado todo esto en vano ¡Glorificado seas! Presérvanos del castigo del Fuego.” (3:190-191). También dijo: “¿Acaso no reflexionan en su propia existencia [cómo Allah los ha creado]? Allah ha creado los cielos, la Tierra y lo que hay en ellos con un fin justo y verdadero, y con un plazo determinado [hasta el Día del Juicio], pero muchos de los hombres no creen que habrán de comparecer ante su Señor.” (30:8). También dijo: “¿Acaso creíais que os creamos sin ningún fin, y que no ibais a comparecer ante Nosotros?” (23:115).

El argumento Coránico es que no es lógicamente posible llegar a ninguna otra conclusión. De hecho, si una persona cree en Dios como Creador, por definición es incorrecto pensar que dicho ser, noble y grandioso, haya creado todo este orden y belleza sin tener un fin detrás de esa creación. Una persona que cree en un creador pero que a la vez cree que este no tenía ningún fin detrás de esa creación es una persona infantil y poco inteligente. Es difícil creer que un creador como ese pudiera producir algo como lo que vemos todos los días. No, ciertamente, la creación señala ciertos atributos del Creador y apunta a que existe un fin muy importante y superior detrás de su obra. La naturaleza de la existencia en su totalidad señala que el Creador es un ser muy especial que no podría hacer nada de este carácter por puro deporte. Ese Creador sólo pudo ser Allah con Sus perfectos y sublimes atributos, es decir, esta creación necesita a Allah y no pudo surgir salvo con el control de Allah, tal como Allah es. Así, dice Allah en el Corán: “Si hubiese habido en los cielos y en la Tierra otras divinidades aparte de Allah, éstos se habrían destruido. ¡Glorificado sea Allah, Señor del Trono! Él está por encima de lo que Le atribuyen.” (21:22).

Una segunda conclusión importante que se puede derivar al reflexionar sobre la creación es que el ser que creó todo de la nada puede volver a crearlo con facilidad. Si Él tiene la capacidad de volver a crear las cosas aún después de su desaparición, esto también significa que tiene la capacidad de resucitarlos y ponerlos todos delante de sí. Esta idea obviamente tiene repercusiones muy ominosas para los seres humanos y su comportamiento en este mundo. Así, Allah señala este hecho y les recuerda a los seres humanos su significado a lo largo de todo el Corán.

Por ejemplo, Allah dice: “¿Acaso no ven que Allah, Quien ha creado los cielos y la Tierra, tiene el poder de crearlos nuevamente? Les ha establecido un plazo determinado para su resurrección, pero los inicuos lo niegan con incredulidad.” (17:99). Otros versos afirman: “Y [este incrédulo] nos propone ejemplos olvidando cómo ha sido creado y dice: ¿Quién dará vida a los huesos cuando estén ya carcomidos? Dile [¡Oh, Muhámmad!]: Les dará vida Quien los creó por primera vez; pues Él tiene conocimiento de todo. Él es Quien hace que podáis encender fuego del árbol verde [y también puede resucitaros fácilmente]. ¿Acaso Quien creó los cielos y la Tierra no podrá crearlos nuevamente? ¡Sí! [pues tiene poder para ello] Y Él es el Creador, Omnisciente. Ciertamente cuando decide decretar algo dice: ¡Sé!, y es. Glorificado sea, pues, Aquel en Cuya mano está la soberanía de todas las cosas, y ante Él compareceréis.” (36:78-83).

En otro fragmento, Allah dice: “Observa pues, la misericordia de Allah, y cómo [Allah] vivifica la tierra después de haber sufrido una terrible sequía. Ciertamente Él es Quien resucitará a los muertos, porque Él tiene poder sobre todas las cosas.” (30:50). Pero nuevamente dice Allah: “Y entre Sus signos está la creación de los cielos, de la Tierra y de todas las criaturas que diseminó en ella. Y Él tiene poder para congregarlos a todos cuando lo decida.” (42:29). Otro verso dice: “Él es Quien origina la creación y luego la reproduce, y ello Le es aún más fácil [que crear por primera vez]. A Él pertenecen los más sublimes atributos en los cielos y en la Tierra, y Él es Poderoso, Sabio.” (30:27). Y como ejemplo final, dice Allah: “¿Acaso no ven que Allah, Quien creó los cielos y la Tierra sin agotarse en nada, tiene poder para resucitar a los muertos? Ciertamente Él tiene poder sobre todas las cosas.” (46:33).

Por lo tanto, esta creación es una clara señal de la Resurrección, cuando se le añade el hecho de que debe existir un propósito detrás de la creación. El concepto de la Resurrección no es algo que viole la naturaleza sino que va totalmente de la mano de la naturaleza. Allah lo indica en el siguiente fragmento que no sólo señala la arrogancia de quienes se niegan a ver la verdad sino que también apunta al resultado de sus propias acciones:

“¡Oh, hombres! Si tenéis dudas de que tenemos poder para resucitaros, sabed que Nosotros hemos creado [a Adán] de barro, luego [a toda su descendencia] de un cigoto que luego se transforma en un embrión, luego en una masa de tejidos, algunos ya formados y otros por formarse; ello es una evidencia [de Nuestro poder y sabiduría]; y preservamos en los úteros maternos a aquellos que decretamos que completen su gestación. Os hacemos nacer, y luego de la infancia llegáis a la madurez; de vosotros hay quienes mueren [antes de esta etapa] y quienes alcanzan la senectud, y ya no recuerdan nada del conocimiento que adquirieron. Y podéis observar también a la tierra árida, que cuando hacemos que llueva sobre ella, ésta se remueve, se hincha y hace brotar toda clase de plantas bellas. Esto es porque Allah es el único Creador [y es Quien merece ser adorado], y ciertamente Él resucitará a los muertos, pues tiene poder sobre todas las cosas. Y el Día del Juicio se aproxima, no hay duda acerca de él, y Allah resucitará a quienes están en los sepulcros. Entre los hombres hay quienes discuten acerca de Allah sin conocimiento, ni guía alguna, ni Libro luminoso. Con arrogancia pretenden apartar a los hombres del sendero de Allah. Éstos serán humillados en esta vida, y el Día de la Resurrección les haremos sufrir el tormento del Infierno. Esto [merecerán] por lo que cometieron, y sabed que Allah no oprime a Sus siervos.” (22:5-10).

La persona que niega la resurrección espera que Allah trate a los malhechores tal como trata a los que hacen el bien. Eso es algo que no se puede pretender de Allah. Allah deja bien claro que jamás será así, destacando que dichas ideas solo pueden venir de quienes no creen en Dios. Dice Allah: “Y no hemos creado el cielo, la Tierra, y todo cuanto hay entre ellos en vano. Esto es lo que creen los incrédulos; pero ¡ay de los incrédulos! por [el castigo que les aguarda en] el Infierno. ¿Acaso consideraríamos a los creyentes que obran rectamente igual que a los corruptores en la Tierra; o consideraríamos a los que temen a Allah igual que a los inmorales?” (38:27-28).

Después de tantas señales en la creación y de tantos recordatorios y lecciones en la revelación, debemos preguntarnos: ¿Cuál será la excusa del hombre si no responde de manera apropiada a la evidencia que lo rodea? ¿No se espera que tenga una excusa válida? ¿No sería justo entonces que Allah lo tratase como alguien que rechazó obstinada y arrogantemente tantas señales que no merece ningún tipo de misericordia al final?

 La sabiduría detrás de la creación del cosmos

Luego de los temas tratados anteriormente, podemos discernir parte de la sabiduría que se encuentra detrás de la creación del cosmos. Estas pueden delinearse en los siguientes puntos:

1.         La existencia de la creación y la naturaleza de esta creación señala la existencia de un Creador, tal como se dijo en el capítulo anterior.

2.         La magnitud, perfección y detalle de este universo señalan un propósito detrás de esta creación. No es digno de un Sabio Creador crear algo de esta sublime naturaleza sin tener una razón o propósito detrás.

3.         La creación inicial también indica la capacidad que Allah tiene para volver a crear. El Que creó todo de la nada puede fácilmente volver a crear lo que ya ha creado. Esto es una advertencia y una señal de existencia de la Resurrección.

Los tres puntos recién enumerados fueron discutidos ya sea en capítulos anteriores. Pero existen otros puntos importantes detrás de la creación del cosmos.

La creación del cosmos trae consigo o manifiesta muchos de los atributos de Allah. Esto es en sí algo bello, maravilloso y deseable. Por ejemplo, Allah siempre tuvo la habilidad de crear pero hasta que no creó, este atributo no se había manifestado de forma concreta. Desde luego, la forma en que Él crea señala muchos de sus otros atributos. Ellos demuestran Su total capacidad, Su poder, Su sabiduría y conocimiento, tal como se refleja en el equilibrio de la creación. Sin la creación del cosmos, estos maravillosos atributos habrían existido pero no se habrían exhibido ni apreciado. Esto demuestra que fue algo grandioso y maravilloso por parte de Allah el haber creado este cosmos.

En realidad, todo lo que hay en la creación se somete a la voluntad y el mandamiento de Allah, destacando Su naturaleza y los atributos de grandeza y dominio. La creación conoce la realidad de Allah y no se niega a inclinarse y someterse ante Él, excepto algunas personas, como explicaremos en breve. Dice Allah: “Ante Allah se prosternan los Ángeles y toda criatura existente en los cielos y en la Tierra, y no se ensoberbecen.” (16:49).

Existe otro gran propósito detrás de la creación del cosmos. Los distintos aspectos de esta creación tienen como fin estar al servicio de una de las criaturas: la humanidad. Hay una bendición específica de Allah para esta criatura. Dice Allah en el Corán: “¿Acaso no veis que Allah os sometió todo cuanto hay en los cielos y en la Tierra, y os colmó de Sus gracias, las cuales podéis apreciar algunas y otras no? Pero, a pesar de esto, entre los hombres hay quienes discuten acerca de Allah sin tener ningún tipo de conocimiento, guía o libro revelado.” (31:20). También dijo: “Y os sometió cuanto hay en los cielos y la Tierra por Su gracia. Ciertamente en esto hay signos para quienes reflexionan.” (45:13).[48]

Es una gran bendición y una gran responsabilidad. Estos versos no implican de ninguna manera que el hombre es libre de manejar los recursos a su antojo. El Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con Él) dijo: “El mundo es dulce y verde (atractivo) y Allah te pondrá a cargo de él para ver cómo te comportas. Por lo tanto, ten cuidado con los recursos terrenales...”. Podemos ver que este gran don llega con una gran responsabilidad. En otras palabras, existe un fin o propósito para el cual la creación ha sido creada. Entonces, la pregunta es: ¿Por qué razón o fin puso Allah todos estos recursos a disposición de la humanidad? Antes de responder esta pregunta, es apropiado tratar brevemente la relación entre los seres humanos y el resto de la creación.


 Los seres humanos y la Creación[49]

El análisis anterior demuestra que existe algo distinto y especial sobre esta creación que se conoce como humanidad. Sin embargo, la creación original y física del primer ser humano no difería mucho de la creación de otras criaturas de este mundo. La creación física del primer ser humano, Adán, se realizó con arcilla y agua, dos sustancias ya creadas en el cosmos. Este hecho consta en diversos pasajes del Corán. Por ejemplo, Allah dice: “Y Él es Quien creó al hombre a partir de un cigoto, y dispuso para él un parentesco de sangre innato, y luego [al casarse] otro por matrimonio. Ciertamente tú Señor tiene poder sobre todas las cosas.” (25:54). Allah también dice: “Hemos creado al hombre de arcilla, de barro maleable.” (15:26).

Es en la siguiente etapa de la creación del primer ser humano cuando ocurre la verdadera distinción. En este punto, los seres humanos se convierten en criaturas únicas, combinando un aspecto físico con un aspecto espiritual que Dios les concedió. De hecho, esto es lo que los hace diferentes de las otras criaturas vivientes de este planeta. Esta etapa se describe en el verso coránico que dice: “Le dio forma e insufló en él [Adán] el espíritu. Él os ha dotado de oído, vista e intelecto, pero poco es lo que le agradecéis.” (32:9).

Incluso antes de que Allah hiciera esta creación, les informó a los ángeles de que esta creación tenía un propósito especial en el mundo, y que sucedería a las creaciones anteriores. Dijo Allah: “Y cuando tu Señor le dijo a los Ángeles: He de establecer una generación tras otra [de hombres] en la Tierra…” (2:30). Luego de que Allah le soplara un espíritu a la creación y de haberle dado conocimiento, los ángeles, la noble creación de Allah, fueron ordenados a postrarse ante la nueva creación. Dijo Allah: “Cuando lo haya plasmado e insuflado en él su espíritu, haced una reverencia [en honor a mi] ante él.” (15:29).

Allah le informa a la humanidad sobre otra diferencia entre los seres humanos y el resto de la creación. Allah dice que los seres humanos por sí mismos optaron por aceptar la responsabilidad del libre albedrío y la responsabilidad moral. A otras creaciones se les ofreció también esta gran responsabilidad pero todos se negaron a aceptarla. Sólo los seres humanos aceptaron esta tarea. Allah describe ese hecho en el siguiente verso Coránico. Dice Allah: “Ciertamente propusimos concederle el Mensaje a los cielos, la Tierra y las montañas, y rehusaron cargar con él, y sintieron temor de ello. Pero el hombre cargó con él; en verdad el hombre es injusto consigo mismo e ignorante.” (33:72). Es por esto que vemos que todo el cosmos se somete y reverencia a Allah, con voluntad y sumisión, excepto algunos humanos y genios. Estos deben someterse a las leyes cósmicas de Allah ya sea que lo deseen o no, pero tienen libre albedrío con el que pueden decidir si se someten o no a las leyes morales de Allah. Así, dice Allah: “¿Acaso no ves que se prosternan ante Allah quienes están en los cielos y la Tierra, y el sol, la luna, las estrellas, las montañas, los árboles, las bestias, y muchos de los hombres? Pero también muchos [de los hombres y genios] merecen el castigo. Y a quien Allah humilla no habrá quien pueda dignificarlo; ciertamente Allah hace lo que Le place.” (22:18).

Si bien la humanidad aceptó una gran responsabilidad, Allah ayudó a los seres humanos de muchas formas a cumplir con ella, porque Allah es el Clemente, el Misericordioso. Allah recompensará a la humanidad de una forma especial cuando cumplan con esta responsabilidad, porque Allah es generoso y aprecia las buenas intenciones. Es decir, junto con esta gran responsabilidad que la humanidad cargó sobre sus espaldas, también llegaron algunas características distintivas que separan a esta creación de los animales y otras criaturas de la creación. Algunas de las características que distinguen a los seres humanos son las siguientes:

(1) Una disposición natural y firme, capaz de dirigirse hacia la fe solamente en Allah como objeto de adoración;

(2) Una capacidad de comprender y entender los asuntos por vía de la inteligencia y la mente que Allah les ha otorgado a los seres humanos[50];

(3) Un libre albedrío para decidir entre el camino del bien o el camino del mal, como también un libre albedrío para poner en práctica esa elección;

(4) Una responsabilidad por las elecciones que ha hecho, lo cual es un resultado necesario de recibir libre albedrío y voluntad[51];

(5) Todos estos se añaden al hecho mencionado antes de que todos los recursos de la creación se someten a su necesidad.

Dadas estas características especiales, el ser humano debe comprender que tiene un propósito especial y noble y una meta en esta vida. Al igual que los argumentos sobre la sabiduría detrás de la creación del cosmos, la creación de los seres humanos y las características especiales que tienen los seres humanos hacen que cada ser humano se percate de que el Creador es Sabio y Sublime como para haberlo creado sin causa ni objetivo. “¿Acaso creíais que os creamos sin ningún fin, y que no ibais a comparecer ante Nosotros?” (23:115).

De hecho, aún más, el Creador que creó todo el cosmos y los seres humanos, el Que satisfizo hasta las necesidades más minúsculas de la milagrosa anatomía humana y que es Compasivo y Misericordioso con él, no dejaría a los seres humanos a la deriva y sin ordenarles qué hacer o qué no hacer. Por eso Allah dice retóricamente: “¿Acaso cree el hombre que se lo dejará actuar a su antojo, sin que le sean impuestos límites ni sea cuestionado por ello?” (75:36).

Por lo tanto, el ser humano debe percatarse de que sus acciones en esta vida tienen una implicancia real en su destino. En este sentido, nada de lo que haga es insignificante o carece de consecuencias. Su vida tiene un propósito y el Creador está siempre al tanto de toda acción, pensamiento, intención y movimiento que haga.

Es de suma importancia que el ser humano se percate de este punto, de que tiene un propósito en esta vida. Ciertamente, este hecho puede ser el primer paso a lo largo de un cambio de vida que se incline más hacia el Supremo y Maravilloso Creador, para así someterse a Él voluntariamente. Sin percatarse de este hecho, puede que no haya necesidad, significado ni propósito de comportarse de una manera específica. Si nada importa realmente y si nada es malo o bueno moralmente, puesto que no existe Dios ni un propósito real de existencia, es esperable que las personas se comporten a su antojo. Cuando los ojos de una persona están abiertos a la realidad de esta creación, su propósito y su función en él, teóricamente hablando, debería haber un efecto muy profundo en su vida.

Aún más, como dijo Karzoon:

“Cuando una persona se vuelve desidiosa por su meta para la que fue creada y el rol que se le ha dado, se ocupa de otras metas… Esto cambia a las personas de su naturaleza humana esencial y de la posición con la que Allah los ha honrado. Debido a esto, se da una contradicción y una confusión en la constitución humana. El ser humano es arrastrado en dos direcciones distintas: la dirección del espíritu (ruh) o la dirección del cuerpo.”[52]

Karzoon sostiene luego que la única manera en que ambos aspectos sean compatibles es a través de las enseñanzas del Islam. Son solamente estas enseñanzas las que pueden satisfacer correcta y equilibradamente las necesidades del cuerpo y del espíritu. Ignorar ese propósito y ese camino es lo que hace que una sociedad sea como la que tenemos hoy día, donde el principal objetivo es satisfacer los deseos a la vez que se ignoran cada vez más los temas y necesidades más éticos y morales.[53]

En este punto, merece la pena discutir otras opiniones sobre los seres humanos y la naturaleza humana, opiniones que clara e inequívocamente contradicen la visión islámica de la humanidad.

La primera de ellas es que los seres humanos son simplemente un ser material accidental, sin ningún propósito, que aparecieron de la nada sin un Creador.[54] Los existencialistas más destacados como Sartre y Camus enseñaron el carácter absurdo o insignificante de la vida en toda acción. Otros también expresaron este enfoque de la vida. Jacques Monod, Premio Nobel de Medicina, que murió en 1976, dijo lo siguiente:

“El hombre sabe que está solo en la indiferente inmensidad del universo en el que surgió por casualidad. Sabe ahora que, al igual que un gitano, es marginal al universo en el que vive: un universo que hace oídos sordos a su música y es indiferente de sus anhelos, su sufrimiento y sus crímenes.”[55]

Steven Weinberg, también ganador de un Premio Nobel, afirmó: “Cuanto más conocemos el universo, más nos parece extraño y sin objetivo.”[56]

La discusión anterior demuestra cuán diferente es esta postura respecto a la perspectiva islámica. Al mismo tiempo, sin embargo, sería bueno advertir qué tipo de influencia puede tener esta visión de la humanidad en la psiquis y el comportamiento humanos.

Víctor Hugo, el escritor francés, obviamente no era musulmán. No obstante, no hace falta ser musulmán para caer en la cuenta de los efectos malignos de esta visión materialista de la vida, en la que no existe propósito, no existe el Más Allá, ni tampoco un eventual encuentro con el Señor. Víctor Hugo pudo así describir los efectos de esta doctrina materialista y sin objetivo. Él escribió lo siguiente:

“La inclinación de las personas a limitar todas las consideraciones a la vida actual es catastrófica. De hecho, al convencer al hombre de que la vida material que tiene en la tierra es el fin más noble de la existencia, y de que no existe otro fin real después de la muerte; al hacer esto, los problemas de la vida parecen ser mayores y su costo, más alto. En consecuencia, el concepto de la vida después de la muerte se vuelve imposible; y el dolor, una ley divina que lleva a la perfección, se convierte en una ley de desgracia que lleva al Infierno. Lo mismo se aplica al resto de los asuntos sociales... Lo que hace que la carga de la vida sea más liviana, y que la persona sea fuerte, tolerante, razonable, paciente, valiente, y al mismo tiempo modesta, grande y digna de libertad, es lo que siempre parece ser una vida perfecta y eterna, la luz que brilla en la oscuridad de la vida actual… La responsabilidad de todos nosotros es mirar al cielo, y a todas las almas del Más Allá donde se establece la verdadera justicia y donde cada persona es juzgada según sus actos.”[57]

Tuve una experiencia personal trabajando en cárceles en los Estados Unidos. Al preguntarles a distintos reclusos por qué cometieron los crímenes, la respuesta invariablemente era: “¿Y por qué no?”. Lo único que tenían en cuenta era si podían salirse con la suya o ser atrapados. No se cuestionaban ningún tipo de responsabilidad hacia un Creador ni había ningún sentido de propósito en esta vida. De hecho, no se puede discutir mucho contra su forma de pensar si nosotros mismos somos tan ingenuos como para creer que esta existencia no tiene propósito y se dio por pura casualidad.

En resumen, se puede decir que la creencia de que los seres humanos no tienen un fin y son el resultado de meros encuentros materiales aleatorios es ilógica y potencialmente muy dañina, especialmente a largo plazo (después de la muerte) para el ser humano.

Una segunda idea que puede tener efectos tan devastadores como los descritos, y que puede ser considerada una subclase dentro de la anterior, es la idea de que los seres humanos simplemente descienden de los animales en un sentido evolutivo. En esta ideología los seres humanos son tanto un proceso de meros elementos materialistas, como también descienden directamente de los animales, siendo los simios los parientes más cercanos. La idea coránica respecto a la creación del primer ser humano ya fue mencionada antes. La misma muestra claramente que los seres humanos son criaturas distintas que Dios creó y no son el resultado de ningún tipo de evolución o metamorfosis de animales ya existentes.

Este enfoque es mejor conocido como Darwinismo.[58] ¿Qué significa que un ser humano se considere un mero animal, una especie de forma superior de simio? ¿Se puede utilizar esto para justificar el comportamiento animal por parte de los seres humanos? ¿La vida se convierte en una simple supervivencia de los más aptos, pura procreación y dominación? Existe en realidad un campo de la psicología conocido como psicología darwiniana o psicología evolutiva en que los actos humanos son interpretados exactamente de esa forma. Incluso los actos violentos de violación son vistos como resultado de una compulsión genética a producir bebés.[59]

Umar al-Ashqar escribió lo siguiente sobre el Darwinismo: “El principio de la supervivencia de los más aptos de Darwin ha destruido la vida humana porque le ha dado una justificación a todo el que oprime, ya sea un individuo o un gobierno. Cuando el opresor oprime, confisca, declara la guerra o complota, no piensa que está haciendo nada malo, por el contrario, sigue una ley natural, según las palabras de Darwin, la ley de la supervivencia de los más aptos. Esta afirmación llevó a que se cometan los horribles excesos del colonialismo”.[60]

En realidad, lo que al-Ashqar describió no es más que una reflexión que se dio como resultado de las teorías darwinistas. Las personas que propusieron originalmente las teorías creían en dichas conclusiones. Vea el siguiente fragmento de Mamdani:

Herbert Spencer escribió en Social Statics (1850) lo siguiente: “Las fuerzas que llevan a cabo el gran esquema de la felicidad perfecta, sin tener en cuenta el sufrimiento incidental, exterminan dichas secciones de la humanidad cuando se interponen en su camino”. Es una línea de pensamiento que Charles Lyell siguió veinte años antes en Principles of Geology: “si las especies más significativas y diminutas... han matado a miles de sus pares, ¿por qué no nosotros, los reyes de la creación, podemos hacer lo mismo?”. Su alumno, Charles Darwin, confirmó en The Descent of Man (1871) que “en algún punto de un futuro no muy lejano, medido en siglos, las razas civilizadas del hombre exterminarán con toda certeza y reemplazarán en todo el mundo a las razas salvajes”. “Después de Darwin”, comenta Sven Lindqvist en su investigación sobre el pensamiento europeo sobre el genocidio, “se instauró la idea de aceptar el genocidio. Si a uno le molestaba, era señal de falta de educación”.[61]

Ignorar el hecho de que existen muchos “eslabones perdidos” y dudas científicas contra la teoría de la evolución[62], ¿podría ser posiblemente de lo que se trata este grandioso cosmos?

¿Podrían los seres humanos, quienes han recibido capacidades que están por encima de las de los animales, ser nada más que animales sin ningún propósito noble o Creador a quien rendirle cuentas? Nuevamente, como se dijo antes sobre la visión materialista y accidental, de la cual esta es solo una subclase, se puede decir que esta visión parece ser totalmente ilógica y potencialmente muy dañina.

Además de las opiniones respecto a la naturaleza de los seres humanos, existen algunos que creen en el Creador pero tienen esta idea de que los seres humanos son inherentemente malvados. A primera vista esta Creencia ya parece algo extraña en la medida en que Dios ha provisto tanto para la humanidad y el resto del cosmos que parece inconsistente para luego concluir que esta creación bendita haya sido creada como algo maligno. No obstante, es una creencia que mantienen muchos judíos y cristianos en particular.

Respecto a la creencia judía, Karzoon afirmó que el Talmud enseña que el alma es inherentemente maligna. Los rabinos judíos consideraban el logro de la virtud como algo muy difícil puesto que va contra la naturaleza de la raza humana. Ellos sostienen que el plan de Dios fue hacer que los seres humanos fueran inherentemente malignos para a la vez obligarlos a seguir una ley que estaría por encima de sus capacidades. Por lo tanto, el ser humano está perdido entre seguir sus inclinaciones naturales y malignas o seguir la ley de Dios. Por esa razón, dicen, David no pecó cuando mandó asesinar y cometió adulterio porque la verdadera causa de sus actos fue Dios mismo.[63] Obviamente, si esta es la percepción que una persona tiene del alma humana, se hace muy fácil dejar que el alma se denigre y humille por completo. Si la rectitud está más allá de nuestro alcance, ¿qué motivo hay siguiera para intentar alcanzarla? De hecho, es de esperar que se cometan pecados y estar enfadados con Dios por hacer una religión que está más allá de las capacidades de los seres humanos.

La visión islámica del alma humana es muy diferente, y totalmente consistente con lo que uno concluiría al reflexionar en la grandeza de la creación del cosmos. En un Hadiz citado anteriormente, el Profeta Muhámmad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: “Todo niño nace en la fitrah (estado natural, la religión del Islam). Son sus padres quienes lo hacen judío, cristiano o pagano”.[64] Es decir, lejos de que el niño nazca con maldad, o con un pecado original, todo niño nace con inclinación innata a la verdadera religión. Es después cuando la influencia de la familia, la sociedad y el entorno influyen al niño y lo llevan por malos caminos. Además, la ley de Dios revelada a la humanidad es algo que está dentro de su alcance. Dice Allah en el Corán: “Allah no exige a nadie por encima de sus posibilidades” (2:286), y aún más, “Allah no exige a nadie por encima de sus posibilidades. Y ciertamente luego de toda dificultad Allah os enviará un alivio.” (65:7). Por lo tanto, ambos aspectos de la fe judía son considerados erróneos desde una perspectiva islámica. No caben dudas de que la fe judía aquí tratada parece claramente falsa y potencialmente dañina para el bienestar de los seres humanos.

Los cristianos creen en el concepto del “pecado original”. Se trata de la creencia de que el pecado de Adán, el primer hombre, se traslada a su progenie. Así, carga sobre las espaldas de todo ser humano, incluso un recién nacido. La única manera de que puede eliminarse, dicen los cristianos, es a través de Dios que envía a su hijo como sacrificio para eliminar ese pecado. Esta creencia, especialmente la última parte, es obviamente inconsistente con el monoteísmo islámico. Dios no tiene un hijo. No tiene iguales ni nadie que se le parezca o esté “emparentado” con Él.

La creencia islámica es que Adán y Eva juntos cometieron un pecado, dejándose engañar por Satán. Sin embargo, ambos se arrepintieron ante Dios y Dios aceptó su arrepentimiento. Ese fue el final de su pecado. Ese pecado no se trasladó a sus descendientes. Porque sería el colmo de la injusticia por parte de Allah hacer responsables a inocentes por los pecados de otros. Así, Allah dice: “Cualquier pecado que alguien cometa es en detrimento propio, y nadie cargará con los pecados de otro.” (6:164). Allah también dijo: “Nadie cargará con culpas ajenas; y si [un pecador] pide que le ayuden con su carga [de pecados], nadie podrá ayudarle en nada, aunque fuera su pariente.” (35:18, 17:15 y 39:7).

Por lo tanto, el concepto de pecado original parece claramente falso y es potencialmente dañino[65]. Da una muy mala impresión de Dios y Su justicia. También mancha al ser humano con la creencia de que es inherentemente maligno.

No es por “pura casualidad” que todas las perspectivas descritas parecen claramente falsas y potencialmente dañinas. Tal como los seres humanos no estamos aquí por “pura casualidad”, existe sólo un sistema de creencias sobre la humanidad que es verdadero, consistente con el cosmos, lógico y beneficioso. Se trata, según mi opinión, de la visión basada en las enseñanzas de Dios tal como se encuentran en la religión del Islam y como se explican a lo largo de estas páginas.


 El Ser Humano

Mucho se ha dicho ya sobre el ser humano pero aún quedan algunos aspectos importantes que merecen ser tratados en un capítulo propio.

  La Nobleza del Ser Humano

Los seres humanos son una creación de Dios. Los seres humanos no son divinos de ninguna manera. No comparten ninguna cualidad divina con Dios. Esto es así para la humanidad como un todo y también para cada ser humano en particular. Ningún ser humano es hijo o hija de Dios literalmente hablando. De hecho, los seres humanos deben saber que no son lo más grande o magnífico que Allah ha creado. Allah dice: “Por cierto que la creación de los cielos y la Tierra es más grandiosa que la creación de los hombres; pero la mayoría de ellos lo ignoran.” (40:57). Los seres humanos deben tener la humildad de reflexionar en lo insignificante que son ante la gran creación de Dios.

Al mismo tiempo, sin embargo, Allah ha bendecido a la humanidad de muchas maneras y les ha dado virtudes que van más allá del resto de la creación de Allah. Así, uno lee en el Corán: “Por cierto que hemos honrado a los hijos de Adán, y les hemos facilitado los medios para transitar por la tierra y por el mar; les hemos proveído de cosas buenas y los hemos preferido por encima de muchas otras criaturas.” (17:70).

En realidad, todo ser humano tiene dos potenciales posibles que les esperan. Así ha sido desde la creación del primer ser humano. Cuando Adán fue creado, se les ordenó a los ángeles que hicieran una reverencia ante él. Estos ángeles son fuerzas espirituales que están siempre listos para estar del lado de los seres humanos cuando quieren hacer buenas acciones. Al mismo tiempo, estaba Satán[66] que abogaba para ser el enemigo de la humanidad y desorientar a cuantos humanos fuera posible. Así, se establecieron dos potenciales.

Los seres humanos son libres de ascender a lo más alto de las alturas o descender a lo más bajo de las profundidades. Estas dos opciones para la humanidad se describen en diversos pasajes del Corán. Dice Allah: “Que ciertamente creamos al hombre con la más bella conformación. Pero luego reduciremos a los incrédulos al más bajo de los rangos [castigándoles en el Infierno]. En cambio, a los creyentes que obran rectamente les tenemos reservada una recompensa ininterrumpida.” (95:4-6). Allah también dice: “Por cierto que quienes no creyeron de entre la Gente del Libro y los idólatras serán castigados eternamente en el fuego del Infierno; y éstas son las peores criaturas. En cambio, los creyentes que obran rectamente son las mejores criaturas.” (98:6-7).

De estos dos versos quedan claras dos palabras clave: Fe y acciones. Son la fe y las acciones correctas las que satisfacen el propósito del hombre en esta vida y cumplen con su mayor potencial. Allah describe el propósito de esta creación en el verso que dice: “Por cierto que he creado a los genios y a los hombres para que Me adoren.” (51:56).

De hecho, el objetivo de la vida es adorar y complacer a Allah. Algunas personas parecen no verse atraídas por este objetivo. Parecen pensar que existe algo más que pueden forjar para sí mismas. Sin embargo, eso está muy lejos de la verdad. De hecho, Allah ha descrito a la más noble de la creación como Sus siervos, demostrando que no existe forma de vida o ser vivo que sea más noble y elevado que el ser un verdadero siervo de Allah. Esa es la principal alabanza que Allah le ha otorgado a cualquiera de los miembros de su creación. Por ejemplo, Allah ha dicho lo siguiente sobre los ángeles: “A Él pertenece cuanto existe en los cielos y la Tierra; y quienes están junto a Él [los Ángeles] no se ensoberbecen de Su adoración, y no se cansan de hacerlo. Le glorifican noche y día, ininterrumpidamente, y no se agotan por ello.” (21:19-20).

Ese es el caso, junto con los ángeles, de los más nobles de la humanidad. Dice Dios: “El Mesías no menosprecia ser un siervo de Allah, como tampoco los Ángeles allegados. Quien desdeñe adorarle y se ensoberbezca, sepa que todos juntos serán resucitados y congregados ante Él.” (4:172). Ciertamente, solo las personas más ignorantes podrían negarse a someterse y ser siervos del Supremo, Glorioso y Magnífico Creador.

El Profeta Muhámmad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: “No me exalten como los cristianos exaltaban al hijo de María. Yo soy Su siervo y mensajero, por lo tanto, digan “Siervo y Mensajero de Allah”.[67]

Ser un verdadero siervo de Dios es el objetivo final de la humanidad. No puede haber un objetivo mayor. De hecho, es el único objetivo que puede traer tranquilidad al alma del ser humano porque es la meta reconocida en lo más profundo del alma. Como se dijo anteriormente, este deseo de conocer y adorar al Señor es algo profundo dentro de la composición natural del individuo. Sin encontrar esta realidad, el hombre nunca encontrará la verdadera felicidad.

Aún más, lo más exaltado, noble y honrado que puede ser un hombre se alcanza a través de la adoración a Allah. No existe nada más noble o grande que eso. Ese es el potencial máximo. Es algo que debe quedarle claro a todo ser humano. Cuanto más avance el hombre hacia esa meta, más feliz será y más honor sentirá al someterse al único Dios y Señor. Cuando el hombre se percate de este hecho, sus intentos se maximizarán para lograr este potencial.

En realidad, cuando una persona cae en la cuenta de que tiene una sola meta clara, los efectos sobre su alma se profundizan. No necesita ir tras un sinfín de metas, sin poder satisfacer ni lograr ninguna de ellas en su totalidad. De hecho, muchas veces las metas de las personas son contradictorias y nunca podría lograrlas todas. Sus energías no se deben agotar tratando de cumplir una gran cantidad de metas. Cuando se tiene una única meta, fácilmente puede medir si está avanzando o no hacia ella. Puede poner todas sus energías en trabajar para lograr esa meta única. Puede tener la certeza de que su meta y su camino son claros. Así, no tiene razón alguna para llenarse de dudas o confusión. A medida que avanza más y más hacia esa única meta, puede vivir la verdadera felicidad y alegría. Allah ha descrito el estado de la persona que reconoce la verdadera adoración del único Dios en contraposición a quien va tras muchas metas y dioses: “Allah ejemplifica [la idolatría] con un hombre que tiene muchos amos asociados que discrepan entre sí, y [al monoteísmo] con un hombre sometido a un solo amo [que solo tiene un objetivo]. ¿Acaso se asemejan? ¡Glorificado sea Allah! [No se equiparan]; pero la mayoría de los hombres lo ignoran.” (39:29).

Cabe destacar que si bien esta es la meta final de la humanidad, Allah no necesita en realidad la adoración de los seres humanos. Allah ha dicho: “quien niegue lo que Allah ha prescripto, sepa que Allah prescinde de todas las criaturas.” (3:97). Otro verso dice: “Dijo Moisés: Si vosotros y todos los que habitan en la Tierra no creéis, sabed que Allah es Opulento [y prescinde de todas las criaturas], Loable.” (14:8).

Si ese es el caso, ¿quién se beneficia en realidad de la adoración de Allah? Es el ser humano que escoge adorar quien se beneficia del acto de adoración. Ya se ha beneficiado al purificar su alma, al traerle tranquilidad a su corazón y, más importante aún, al tener una relación correcta con Dios. Allah le recuerda a la humanidad sobre este punto en diversos pasajes del Corán. Por ejemplo, Allah dice: “Quien luche [contra sus pasiones] será en beneficio propio. Ciertamente Allah prescinde de las criaturas.” (29:6). Otro ejemplo es el verso que dice: “quien agradece lo hace en beneficio propio. Y que el ingrato sepa que Allah es Opulento [y prescinde de todas Sus criaturas], Loable.” (31:12). Un último ejemplo son las palabras que dicen: “Quien siga la guía será en beneficio propio, y quien se descarríe sólo se perjudicará a sí mismo. Nadie cargará con los pecados ajenos. No hemos castigado a ningún pueblo sin antes haberles enviado un Mensajero.” (17:15).

 La sabiduría detrás de la creación de los seres humanos

Si el propósito final de la humanidad es adorar solamente a Allah y aún así Allah no se beneficia de dicha adoración, uno se podría preguntar: ¿Cuál es exactamente la sabiduría detrás de la creación de los seres humanos?[68] Definitivamente existe una sabiduría detrás de la creación de los seres humanos pues, como se dijo antes, Allah ha dejado bien claro que Él no creó nada ni nadie sin un propósito o finalidad. Por lo tanto, existe sabiduría en todo lo que Él crea, porque Él es el Sabio, el Omnisciente. Cuando los ángeles le preguntaron a Allah por qué ponía una criatura nueva sobre la tierra, la respuesta de Allah fue que Él tenía el conocimiento y ellos no.[69]

Sin embargo, como fue el caso con la reflexión sobre la creación de los cielos y la tierra, se pueden obtener algunas conclusiones que podrían ser respuestas parciales a dicha pregunta.

Primero, podemos ver que los seres humanos son seres únicos, especialmente dada su capacidad de adorar a Allah, ejercer el libre albedrío y su capacidad intelectual. Allah ha creado un ser que puede, según se dijo antes, subir a los niveles más altos de la creación o caer al abismo más bajo. Esta creación señala no solo la existencia de un creador, ya que como creación de esta naturaleza no podría haber surgido por casualidad ni tampoco podrían otras criaturas haber evolucionado a este estado, sino también la grandeza y el asombroso conocimiento del Creador. Este es en sí mismo un aspecto muy importante y los seres humanos deben reflexionar sobre el mismo pues, una vez más, los seres humanos no pueden escapar al hecho de que tienen un Creador y Señor.

Segundo, la existencia de los seres humanos que tienen la capacidad de hacer el bien o el mal se manifiesta en los muchos atributos de Allah que no se manifiestan simplemente a través de la creación de los cielos y la tierra. Sí, incluso la existencia de un “mal relativo” es algo positivo.[70] Mediante la existencia de dicho “mal”, se manifiestan los atributos de Allah del perdón, la piedad, la paciencia y el aprecio por las acciones. Además, Sus atributos de ser justo, de poder castigar y tener poder por sobre todas las criaturas también se manifiestan mediante las acciones que los seres humanos sufren y se pregunta por qué o cómo pudo Dios dejar que sucedan. No existe nada que no tenga un propósito o una sabiduría y en el largo plazo la persona se percatará de cuál fue la buena acción que generó tal beneficio.

Tercero, la eterna recompensa de Allah para aquellos que creen y hacen el bien demuestra cuán compasivo y cariñoso es Él. Él tendrá a sus devotos, que reconocieron, aceptaron y cumplieron con su propósito en la vida, en un estado de perpetua felicidad, manifestando la grandeza de Allah con dones y recompensas. Por otro lado, el destino de quienes voluntariamente eligen ignorar todos los signos que los rodean y se niegan a adorar y someterse a Dios demostrará el poder de Allah y Su capacidad de juzgar con una justicia plena y total.

 La igualdad esencial de todos los seres humanos en el Islam

Las enseñanzas del Islam hacen hincapié en un punto que las sociedades modernas aún intentan capturar. Se trata de la igualdad esencial de todos los seres humanos. Todos los seres humanos son criaturas de Allah y todos tienen la capacidad de subir a lo más alto del ser humano adorando y sometiéndose a Allah. Como tal, no existe distinción entre ellos como seres humanos, son solamente las acciones que los seres humanos hacen las que los distinguirán ante Allah, la Ley y los miembros de la comunidad. Por el contrario, la raza, el color o la nacionalidad no juegan papel alguno en este aspecto.

Allah dice: “¡Oh, humanos! Os hemos creado a partir de un hombre [Adán] y una mujer [Eva], y [de su descendencia] os congregamos en pueblos y tribus para que os conozcáis unos a otros. En verdad, el más honrado de vosotros ante Allah es el más piadoso. Ciertamente Allah es Omnisciente y está bien informado de lo que hacéis.” (49:13). El Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) hizo más explícita esa enseñanza coránica cuando dijo frente a una de las mayores congregaciones que tuvo: “Oh pueblo, ciertamente su Señor es Uno y su padre [original] es uno solo. Ciertamente, no existe superioridad de árabe sobre un no árabe o de un no árabe sobre un árabe. De igual forma, no existe superioridad de una persona de piel clara por sobre una de piel oscura o de una de piel oscura por sobre una de piel clara. Es solamente la piedad. ¿Les quedó bien claro el mensaje?”.[71]

La discriminación y el racismo que aún se encuentran en los tiempos modernos existían mucho antes de los tiempos del Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y él los erradicó por completo. Una vez dijo: “Allah ha eliminado las suciedades de los días del paganismo pre-islámico y de vanagloriarse por el linaje. De hecho, no existe nadie excepto que sea un creyente o un malhechor. Todos los seres humanos descienden de Adán y Adán fue creado de arcilla”.[72]

Adán fue creado de arcilla y todos descienden de esa criatura. La estupidez del racismo que existe se puede ver en el hecho de que las diferencias en los colores de la humanidad se le pueden atribuir al origen de Adán. El Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: “Allah creó a Adán con un puñado de tierra que Él mismo recogió. Así, los descendientes de Allah varían según varía la tierra: Algunos son rojos, otros blancos, algunos son negros, y también hay colores intermedios, algunos son de buen carácter, otros son difíciles, algunos son malos y otros son buenos”.[73]

En lugar de ser causas de división entre la humanidad, la diversidad de los pueblos tiene como finalidad dar señales de la grandeza del Creador. Dice Allah: “Y entre Sus signos está la creación de los cielos y de la Tierra, la diversidad de vuestras lenguas y razas. Por cierto que en esto hay signos para quienes los comprenden.” (30:22).

Así, la puerta para ser un verdadero creyente en Allah está siempre abierta para todos, más allá de la raza, la nacionalidad y otras diferencias. De hecho, solamente a través de la adoración a Allah uno merece el honor y la dignidad y alcanza la virtud. Es un pilar del Islam que se ha practicado a lo largo de toda su historia.[74]

Sobre este punto, el afamado historiador Arnold Toynbee escribió: “La extinción de la conciencia racial entre los musulmanes es uno de los más destacados logros del Islam, y en el mundo contemporáneo existe una gran necesidad de propagar esta virtud islámica...”.[75]

La igualdad esencial de los seres humanos cubre tanto a hombres como mujeres, sin importar qué tipo de propaganda se oiga sobre el Islam.[76] Como ser espiritual y digno de adorar a Allah, no existe diferencia alguna entre un hombre y una mujer.[77] Ambos son iguales ante Dios.

Allah dice: “Al creyente que obre rectamente, sea varón o mujer, le concederemos una vida buena y le multiplicaremos la recompensa de sus obras.” (16:97). Allah también dice: “Los creyentes y las creyentes son aliados unos de otros, ordenan el bien y prohíben el mal, cumplen con la oración prescrita, pagan el Zakat y obedecen a Allah y a Su Mensajero. Allah tendrá misericordia de ellos; y Él es Allah, Poderoso, Sabio.” (9:71). Como ejemplo final, Dios dice: “Allah les tiene reservado Su perdón y una gran recompensa a los musulmanes y las musulmanas, a los creyentes y las creyentes, a los piadosos y las piadosas, a los justos y las justas, a los pacientes y las pacientes, a los humildes y las humildes, a aquellos y aquellas que hacen caridades, a los ayunadores y las ayunadoras, a los pudorosos y las pudorosas, y a aquellos y aquellas que recuerdan frecuentemente a Allah.” (33:35).

Es bien sabido que el Islam les dio a las mujeres muchos derechos que las mujeres no obtuvieron en Occidente sino hasta hace poco tiempo, como el derecho a la propiedad o a manejar sus propios negocios.[78] Sin embargo, hay temas mucho más importantes en realidad. Toda ideología, religión o cultura valora algunos asuntos por encima de otros. Como queda claro en esta sección, la cualidad más importante del Islam es la piedad y el respeto hacia Allah. Quizás la segunda cualidad más importante del Islam sea el conocimiento de la religión. En ambos temas, las mujeres son totalmente iguales a los hombres. A lo largo de la historia del Islam, las mujeres han sido conocidas y respetadas por su piedad y su conocimiento. Por otro lado, el Islam no dice que el valor de una persona se mide por la belleza de su rostro, por lo sensual de su cuerpo, por cuán rápido puede correr en algún deporte, o por lo bien que cante, baile o actúe. Esos son criterios ridículos del valor de una persona desde una perspectiva islámica, aunque parece ser lo único que le importara a la “civilización moderna”. En resumen, según las cosas que tienen el mayor valor en esta vida, piedad y conocimiento religioso, las mujeres son exactamente iguales a los hombres y es una importante declaración de igualdad según los criterios islámicos.

 Los Derechos Humanos y la Ley Islámica

En relación a la dignidad de los seres humanos está la cuestión de los “derechos humanos”. No es infrecuente leer a escritores occidentales diciendo que el concepto de los derechos humanos es un invento de occidente. Por ejemplo, Ann Mayer escribe lo siguiente: “Los conceptos de los derechos humanos son sólo una parte de un conjunto de instituciones trasplantadas de Occidente desde el siglo XIX”.[79] Igualmente, J. Donnelly escribió:

“La mayoría de las tradiciones culturales y políticas no occidentales carecen no sólo de la práctica de los derechos humanos sino del concepto mismo. En realidad y como dato histórico, el concepto de derechos humanos es una creación de la civilización moderna occidental.”[80]

En realidad, todos los códigos legales les han dado derechos necesarios a los seres humanos. De hecho, se puede afirmar que eso es cierto para el Islam, que garantizó numerosos derechos a toda la humanidad. El Islam es una religión de justicia, derechos y del imperio de la ley y salvaguardó estos derechos humanos hace catorce siglos.

Por esta razón, cuando los estudiosos musulmanes estudiaron la Declaración Universal de los Derechos Humanos (DUDH)[81], descubrieron que la mayor parte de la declaración ya había sido afirmada y puesta en práctica por la religión islámica hacía muchísimos siglos. Así, si uno observa algunos de los derechos humanos enumerados en la DUDH, se puede ver fácilmente que dichos derechos ya son afirmados y garantizados por el Islam. Para tomar algunos artículos al azar, el artículo 3 dice: “Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona” y el artículo 7 dice: “Todos son iguales ante la ley y tienen, sin distinción, derecho a igual protección de la ley. Todos tienen derecho a igual protección contra toda discriminación que infrinja esta Declaración y contra toda provocación a tal discriminación”. Se puede decir que dichos derechos no solo están protegidos por la Ley Islámica sino que también forman parte de los objetivos de la Ley misma para proteger derechos de esta naturaleza.

En la actualidad, existe una disputa sobre qué deben considerarse derechos humanos fundamentales. Desde luego, hay una pregunta muy importante que los defensores de los derechos humanos seculares han tenido dificultades históricas para responder: ¿Sobre qué base se puede afirmar que algo es un derecho humano fundamental? ¿Tienen los seres humanos el verdadero conocimiento y la capacidad para determinar qué son derechos humanos fundamentales? ¿No debería estar la determinación de dichos derechos humanos fundamentales relacionada con el conocimiento de la esencia misma de las almas de los seres humanos a la vez que se admita que los seres humanos han tenido poco éxito en penetrar los vastos misterios del alma humana?

La respuesta islámica a ese tipo de preguntas es muy simple: es el Creador quien tiene el conocimiento y la autoridad para determinar qué es un derecho humano fundamental y nadie más. Solo Dios puede determinar de manera imparcial y consistente con la naturaleza humana, como también las necesidades individuales y sociales, qué debe considerarse un derecho humano fundamental. Dejar librado un asunto tan delicado solamente al razonamiento humano, el cual ha diferido en lo que respecta a los derechos y ha cambiado de opinión a lo largo de los tiempos sobre cuáles deben ser esos derechos[82], y distanciado de la revelación de Dios es algo que ronda el peligro. Por eso Dios dice en el Corán: “Si la Verdad estuviera acorde a las pasiones de los incrédulos, los cielos, la Tierra y todo lo que hay en ellos se habría corrompido. Pero les ennoblecimos con el Corán y a pesar de ello lo rechazaron.” (23:71).

Incidentalmente, existe otra importante diferencia entre la visión islámica de los derechos humanos y cualquier otra postura secular respecto a ellos. Los musulmanes ven a los derechos humanos sancionados por el Islam como derechos otorgados por Dios que no se pueden violar de forma alguna. No son armas políticas que se defienden cuando es conveniente o de lo contrario se ignoran. En obediencia a Dios, un musulmán debe respetar los derechos de los demás según lo determina la religión del Islam. Esto ha sido manifestado en el comportamiento de los musulmanes a lo largo de su historia. Incluso cuando tenían que recurrir a la guerra, los musulmanes tenían pautas muy estrictas a seguir y eran conocidos por cumplirlas. No existen ejemplos de ejércitos musulmanes que perpetuasen el tipo de violencia y matanza que propinaron los Cruzadas cuando entraron a Jerusalén. De igual forma, puedo afirmar que los musulmanes nunca cometieron el tipo de atrocidades que se cometieron recientemente en la cárcel de Abu Ghraib en Iraq, aunque las mismas fueron cometidas, y a veces incluso defendidas, por un pueblo que dice creer en los derechos humanos, la libertad y la democracia.

En definitiva, cuando los seres humanos discuten y determinan los derechos humanos, el alcance es muy limitado. Sólo pueden tratar los aspectos terrenales. De esta forma, están dejando de lado el derecho más importante de una persona, un derecho que sólo puede ser otorgado por Allah. Para conocer este derecho, se debe acudir a la revelación y a los profetas. El Profeta Muhámmad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) explicó este derecho cuando le hablaba a uno de sus compañeros diciendo: “¿Sabes cuál es el derecho de Allah sobre Sus siervos?”. El compañero respondió: “Allah y Su Mensajero saben mejor”. El Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: “El derecho de Allah sobre Sus siervos es que sea adorado exclusivamente sin asignarle compañeros”. Luego de un momento, le preguntó a su compañero: “¿Sabes cuál es el derecho de los siervos sobre Allah si cumplen con él?”. El hombre respondió: “Allah y Su Mensajero saben mejor”. El Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) le dijo: “El derecho de los siervos sobre Allah es que Él no los castigará”.[83]


 La religión

Ahora que ya hemos discutido en detalle la creación y los seres humanos, es tiempo de discutir la religión en sí misma. Además, discutiremos también la base sobre la cual se acepta una religión.

 La necesidad humana de tener una religión

El mundo ha entrado en una etapa muy materialista. Pareciera que la ciencia hubiera conquistado a la naturaleza y que no hubiera necesidad alguna de religión, mitos y supersticiones que sí había en la antigüedad. Así, Nietzche tuvo la audacia de proclamar: “Dios está muerto”.

Sin embargo, la religión no ha desaparecido. Esto ha llevado a los científicos a intentar determinar por qué la religión y la fe en Dios simplemente no desaparecen. De hecho, se publicó recientemente un libro con el título Why God Won’t Go Away: Brain Science & the Biology of Belief.[84]

No sólo no ha desaparecido la religión sino que por el contrario en los últimos tiempos ha habido un resurgimiento de la religión en todo el mundo. No solo ha habido un resurgimiento en la religión misma, sino del fundamentalismo, un dato que ha preocupado a más de un secularista.

De los textos del Corán y la Sunnah, queda claro que la “religión” es algo natural e innato en los seres humanos. Allah creó a los seres humanos con una disposición natural para anhelar a Dios y adorarlo. Allah dice: “Conságrate al monoteísmo, que ello es la inclinación natural con la que Allah creó a los hombres. La religión de Allah es inalterable y ésta es la forma de adoración verdadera, pero la mayoría de los hombres lo ignoran.” (30:30). Allah también describe un hecho que tuvo lugar en la vida de todo ser humano, pero su “vida” antes de convertirse en un ser en este mundo físico y que debe existir en algún lugar de lo más profundo de la conciencia. Dice Allah: “Y tu Señor creó a partir de Adán su descendencia e hizo que todos ellos atestiguaran [diciéndoles]: ¿Acaso no soy Yo vuestro Señor? Respondieron: Sí, lo atestiguamos. Esto es para que el Día de la Resurrección no digáis: No sabíamos [que Allah era nuestro Señor].” (7:172).

El Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) también dijo: “Presten atención, mi Señor me ha ordenado que les enseñe lo que no saben y que Él me ha enseñado hoy… [Dios ha dicho] ‘Yo creé a mis siervos con una inclinación natural a Adorarme. Pero luego los demonios vinieron a ellos y los desviaron de la verdadera religión. Declarándoles ilícito lo que les había hecho licito, y ordenándoles cometer idolatría asociándome compañeros en la adoración…’”[85]

Esta cita aclara que existen fuerzas malignas que pueden intentar ocultar, disfrazar o distorsionar esta inclinación natural de los seres humanos pero nunca podrán matar del todo algo que está tan profundamente arraigado en el alma de una persona.[86] Aún más, si pueden matar esta tendencia natural en algunos seres humanos, no podrán hacerlo en todas las personas. Así, al menos algunas personas, si no la mayoría, siempre reconocerán a Dios y que con Dios viene una religión; una serie de creencias y prácticas relacionadas con Dios. Por lo tanto, no es por coincidencia que casi todas las personas tengan algún tipo de religión y alguna creencia concreta en el Ser Supremo o Dios.

Lo que nunca podrán negar los materialistas de este mundo es que los seres humanos están hechos de un componente físico y un componente no físico, llamado alma o lado espiritual.[87] Los materialistas y las comodidades materiales sólo pueden tocar el lado físico de una persona. No pueden hacer nada para ayudar al innegable aspecto espiritual de las personas, lo que deja un gran vacío en la mente humana. Cuando las personas experimentan este vacío, caen en la cuenta de que algo está mal. Buscan algo para llenar ese vacío. Si bien pueden acudir a cosas materiales o distintos tipos de placeres materiales (alcoholismo, drogas), son cosas que jamás llenarán el vacío que hay en sus vidas.

Si pueden superar toda la propaganda materialista que los rodea actualmente, se percatan de que es Dios y la religión lo que está ausente de sus vidas y de sus corazones. Lamentablemente, pueden engañarse nuevamente y caer en las mismas falsas religiones que existen hoy, buscando eso que el alma anhela todo el tiempo. Pero muchos son guiados por el camino correcto de Dios y sus almas encuentran lo que buscan desde el nacimiento. Muchos se percatan de esto y actúan en consecuencia, cambiando para siempre sus vidas.

El afamado erudito islámico Ibn Taimiah escribió en una ocasión:

“El corazón solo puede afianzarse, alcanzar el éxito, obtener placer, satisfacerse, experimentar el goce, complacerse, lograr la serenidad y la calma mediante la adoración de su Señor, teniendo amor por Él y acudiendo a Él (arrepentido). Incluso si se pudiera obtener algún tipo de placer en los seres creados, el mismo no brindará serenidad ni tranquilidad. Esto es así porque el corazón posee una necesidad intrínseca de su Señor, puesto que Él es su deidad, el amor y la búsqueda y con Allah el corazón logra la felicidad, el placer, el goce, la serenidad y la tranquilidad.”[88]

La afirmación de Ibn Taimiah se afianza aún más con los versos del Corán. Por ejemplo, Allah dice: “Aquellos que creen, sus corazones se sosiegan con el recuerdo de Allah. ¿Acaso no es con el recuerdo de Allah que se sosiegan los corazones?” (13:28). Allah también dice: “¡Oh, creyentes! Obedeced a Allah y al Mensajero cuando os exhortan a practicar aquello que os da vida” (8:24). Es la vida real, la vida más digna de ser vivida, a la que Allah y Su Mensajero convocan a todas las personas. Es la vida real y la salvación del corazón pues lo libera de la esclavitud de los deseos, las dudas y las lujurias. Es la vida real para la mente y la rescata de la ignorancia, la duda y la confusión. Es la vida real para la persona misma pues la libera de la servidumbre y la esclavitud a otras personas e ideologías. Libera al hombre para adorar a Allah solamente, la meta final que su propio ser reconoce y anhela. Es la fuente de su honra y dignidad, el propósito para el cual fue creado. Al final, es la vida real de la felicidad eterna, en el Paraíso, de estar complacido y de complacer al Señor.

Lo que se destaca aquí es la necesidad que el individuo tiene de conocer a Allah y a Su religión. Al discutir la necesidad de tener profetas, se discutirá la necesidad de una religión desde una perspectiva social.

 Los parámetros de la Verdadera Religión

Una simple reflexión en la historia de la humanidad demuestra que las personas tienen deseo de tener religión. Pero las religiones son muchas y cada una se presenta como la “verdadera religión” que traerá paz al individuo. Por lo tanto, en esta sección intentaré presentar, los que considero, son los cuatro parámetros a través de los cuales podemos distinguir la verdadera religión.

El primer parámetro es que la religión debe tener a Dios como su fuente original. Nadie puede conocer los detalles de Dios excepto Dios. Él está más allá y por encima de la experiencia humana. Más importante aún, nadie sabe cómo debe ser adorado excepto Él. Si bien los seres humanos pueden llegar a muchas conclusiones sensatas sobre Dios, ninguna persona puede afirmar lógicamente que ha descubierto, independientemente de la revelación de Dios, la manera en que Dios debe ser adorado y la forma de complacer a Dios. Así, si la meta principal del corazón verdaderamente es adorar a Dios como debe ser adorado, entonces no existe otra alternativa que acudir a Él en búsqueda de orientación y guía. Es más, nadie puede conocer los detalles del alma humana excepto su Creador.

Así, según este primer parámetro, ninguna religión creada por el hombre es una alternativa lógica. No importa cuánto lo intenten los seres humanos, no podrán hablar con autoridad sobre cómo debe adorarse a Dios.

Como corolario o explicación adicional a este parámetro, las creencias y enseñanzas de la religión deben originarse en Dios. Este parámetro no significa que una vez Dios cumplió un papel en la formación de la religión. No, este parámetro significa que la totalidad de las enseñanzas religiosas provienen de Dios. Existen algunas religiones que pueden haberse originado en Dios, pero que luego sus seguidores se sienten libres de confiar en el razonamiento humano para ajustar, modificar o alterar la religión. En ese proceso, lo que hacen es crear una religión nueva, distinta de la que Dios ha revelado. Esto, una vez más, derrota completamente el propósito original. Lo que Dios reveló no necesita ningún tipo de mejora o cambio por parte de la humanidad. Todo cambio o alteración significa una desviación de lo que Dios ha revelado. Así, todo cambio o alteración solo alejará a la humanidad del verdadero camino correcto de adorar a Dios. Aún más, Dios es capaz de revelar una revelación perfecta para cualquier momento o circunstancia. Si hubiera necesidad de alterar o cambiar cualquiera de las leyes de Dios, la autoridad para hacerlo se encontraría solamente en Dios. En otras palabras, Dios es libre de cambiar algunas de Sus leyes debido a Su sabiduría y conocimiento, por ejemplo, por misericordia o como forma de castigo para Sus siervos. Puede hacerlo enviando una nueva revelación o incluso un nuevo profeta. Con ello, no existe problema lógico alguno. Pero sí hay un problema grave cuando las personas intentar “arreglar” la revelación de Dios por sí mismas.

La violación de este primer parámetro ha sido una práctica común. Pareciera que las personas quieren asumir tener la autoridad máxima. Sin embargo, hay que entender que esto contradice la esencia misma del sometimiento y la adoración a Dios. Uno ya no se somete y obedece a Dios solamente. Uno se somete a Dios, a los líderes humanos y quizás a las opiniones propias también. Es la antítesis de la adoración pura y devota a Dios.

Por lo tanto, el primer parámetro dice que la religión se origina con Dios. Sin embargo, no basta con esto. El segundo parámetro dice que las enseñanzas de Dios deben conservarse en su forma original. La lógica detrás de este punto debe ser obvia. Si la revelación original llegó de Dios pero luego fue alterada y distorsionada por las personas, se tiene entonces una mezcla de la religión de Dios y la interpolación humana. Ya no se trata de la religión pura de Dios. Si bien puede parecer algo obvio, es asombroso ver cuánta gente que no tiene en cuenta este punto sigue ciegamente escrituras o enseñanzas que no pueden autenticarse históricamente.

El tercer parámetro es que la religión no es reemplazada o sustituida por una forma posterior de la religión. En otras palabras, Dios puede enviar más de una revelación o enviar más de un profeta, siendo el último el que reemplaza al anterior. En dichas circunstancias, si uno se somete verdaderamente a Dios, no hay derecho a escoger seguir una enseñanza sustituida e ignorar la enseñanza que Dios exige que sigamos. Nuevamente, esto violaría el principio de sometimiento a Dios y le asignaría al individuo el derecho a escoger lo que él desea seguir en lugar de lo que Allah ha designado.

Los tres parámetros anteriores son muy claros y directos. En mi opinión, sin embargo, existe un cuarto parámetro. El cuarto parámetro es que las creencias básicas de la religión tienen que ser comprensibles por los seres humanos y no ir en contra de la naturaleza humana. Es inconcebible que el mismo Dios que creó dicho orden y le dio a las personas la capacidad de entender y extraer enseñanzas de lo que los rodea les pediría que crean en cosas que son totalmente incomprensibles e inconsistentes con lo que el alma puede aceptar como la verdad.

 El estado de las religiones anteriores

En esta sección, quiero discutir el estado del Judaísmo, el Cristianismo y el Islam en el marco de los cuatro parámetros anteriores.[89]

Nuevamente, el primer parámetro es que la religión debe tener su fuente original en Dios. Esto significa que las creencias y enseñanzas de la religión deben originarse en Dios, sin ningún tipo de autoría por parte de las personas ni derecho a cambiarlas o alterarlas en absoluto.

En el Corán, Allah condena la práctica de los judíos y los cristianos que permitían a sus rabinos y sacerdotes establecer nuevas enseñanzas o leyes que contravenían la revelación de Dios. Dice Allah: “Tomaron a sus rabinos y a sus monjes por legisladores en lugar de Allah [y llegaron a idolatrarlos], y al Mesías hijo de María [los cristianos le adoraron también]. Y sólo se les había ordenado [en la Tora y el Evangelio] adorar a Allah, la única divinidad. No existe nada ni nadie con derecho a ser adorado salvo Él. ¡Glorificado sea! ¡Cómo pueden atribuirle copartícipes!” (9:31).

La forma más extendida del Judaísmo hoy en día es conocida como Judaísmo Rabínico. Esto se debe al papel que tienen los rabinos, seres humanos, en formar leyes y ser la autoridad de la religión. Gran parte de la religión está basada en el Talmud[90], una obra recopilada a partir de escrituras judías muchos siglos después del Éxodo pero que supuestamente se basan en la tradición oral transmitida desde el tiempo de Moisés. Para el Judaísmo tradicional, es obligatorio creer en el Talmud. El Rabino Aaron Parry explica el lugar del Talmud en el siguiente fragmento:

“Para los judíos, creer en la tradición oral que constituye el Talmud es una piedra fundamental esencial de la fe… Los judíos creen que prácticamente nada de la Tora puede ser entendida correctamente sin el Talmud, un punto que queda claro en el siguiente relato del Talmud: 

Un posible converso acude primero ante el gran sabio Shammai y le pregunta al venerable líder cuántas “Toras” tienen los judíos. Él responde dos, la Ley Escrita y la Ley Oral. El hombre declara que desea convertirse aún cuando no cree en el Código Oral. Shammai, indignado por esas condiciones, procede a echar al hombre y le pide que se retire.

… Negar los orígenes de la Tora oral constituye negar los orígenes del texto escrito también... Cuando se trata del Talmud, es importante entender que para Moisés, quien escuchó las revelaciones de Dios, no había “dudas”. Por lo tanto, la práctica judía tradicional también sostiene que el Talmud representa la voluntad y las instrucciones de Dios. Confiamos en el poder de los sabios de cada generación, y en sus seguidores, para transmitirlas con precisión.”[91]

Según El diccionario de la Biblia: “El Talmud es considerado, al menos por los judíos ortodoxos, la máxima autoridad en todo lo relacionado a la fe... Por lo tanto, difícilmente sea una exageración afirmar que el Talmud tiene la misma autoridad que la Escritura en el Judaísmo ortodoxo”.[92] Esta igualdad entre la Escritura y algo que obviamente es la obra de los seres humanos, como demuestra el relato anterior del Rabino Shammai que forma parte del Talmud, es ilógica.

De hecho, según Karzoon, en el Talmud dice que hubo una disputa entre Dios y los estudiosos judíos. Luego de un extenso debate sin resolución, decidieron referir el asunto a uno de los rabinos. Luego de la decisión, Dios se vio forzado a admitir que estaba equivocado.[93] Así, Dios ni siquiera es perfecto en relación a Su conocimiento. Si los judíos creen esto, no ha de sorprender que los judíos se alejen de la revelación de Dios buscando quizás “mejores fuentes de conocimiento”. Así, si bien la revelación a Moisés vino originalmente de Dios, la fe judía se vio modificada por personas, que tergiversaron la revelación original.

La historia del Cristianismo es aún más dramática. Muchos llaman al Cristianismo de hoy “Cristianismo Paulino”. Esto se debe a la influencia que Pablo tuvo a la hora de formar las creencias de la Iglesia Cristiana. Cabe destacar que no existe evidencia de que Pablo haya sido mensajero de Dios. Ni siquiera era uno de los apóstoles de Jesús. Era un hombre que perseguía a los cristianos hasta que tuvo una visión que lo llevó a su conversión al Cristianismo. Cuando Pablo comenzó a diseminar su nueva versión del Cristianismo, los líderes de la Iglesia en Jerusalén, incluyendo a Jaime, el propio hermano de Jesús, se opusieron a él.[94] Frederick Grant comentó lo siguiente: “Al día de hoy sigue estando claro que tanto Pablo, el griego, y Mateo, el misionero judío, tenían sus propias perspectivas independientes que diferían totalmente entre sí respecto a las acciones y enseñanzas de Jesús”.[95] Incluso con esos hechos, pudo establecer una nueva interpretación de las enseñanzas de Jesús, una interpretación que no se le puede atribuir a Jesús ni tampoco a Dios.[96] La más atroz de dichas creencias que entró a la religión era la creencia de que la verdadera salvación está relacionada con la crucifixión y el derramamiento de la sangre de Jesús.

Así, el vínculo entre las enseñanzas de la religión y Dios como su fuente se rompió muy temprano en la historia del Cristianismo. Más tarde, la Iglesia comandada por el Papa se apropió del derecho de establecer nuevas enseñanzas y declarar las verdades de la religión. En la actualidad, las iglesias contemporáneas siguen este esquema. Así, se pueden encontrar iglesias que aceptan totalmente la homosexualidad aún cuando las enseñanzas de la Biblia sobre este tema, al menos desde una perspectiva externa, parecen ser bastante claras.

No obstante, en el Islam encontramos un panorama muy diferente. No existen sacerdotes en el Islam.[97] Todo estudioso, sin importar su grado, no es más que un ser humano propenso al error. Por lo tanto, todo dictamen efectuado por alguien debe ser juzgado a la luz del Corán y la Sunnah del Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él).[98] El Corán y la Sunnah permanecen como la autoridad máxima, sin que nadie tenga derecho a violarlos. Se trata de un principio acordado en el Islam. De hecho, los estudiosos más respetados no estaban a favor de que sus propias opiniones sean transmitidas y eran vehementes a la hora de descartar todo aquello que afirmaran y que contradijera el Corán o la Sunnah.[99] Estos estudiosos entendían que la religión es la religión de Dios y que la función de las personas es transmitirla fielmente e intentar entenderla, pero nunca alterarla o distorsionarla. Además, aprendieron de los ejemplos, tal como describe el Corán, de pueblos anteriores que distorsionaron sus religiones.

La segunda premisa discutida antes tiene que ver con la conservación histórica de la revelación de Dios. Es esencial para verificar que se está aceptando la verdad.

Sobre este punto, es muy difícil para los judíos afirmar que tienen la Tora original revelada a Moisés. Lamentablemente, el espacio no permite una discusión detallada de este tema. Por lo tanto, se presentarán las conclusiones de un autor que trató este tema en detalle. Luego de una extensa discusión sobre la historia de la Tora, Dirks concluye lo siguiente:

“La Tora no es un único documento. Es una recopilación copiada… con agregados adicionales… Si bien Moisés, la persona que recibió la revelación original, que se supone que representa la Tora, vivió no más tarde del siglo XIII A.C., y probablemente vivió en el siglo XV A.C., la Tora actual data de una época muy posterior. El último substrato identificable de la Tora recibida, es decir, J, data de no antes del siglo X A.C… Aún más, estos distintos substratos no fueron combinados en una Tora recibida hasta aproximadamente el año 400 A.C., lo que sería aproximadamente 1000 años después de la vida de Moisés. Incluso, la Tora recibida nunca fue estandarizada en su totalidad, y tiene al menos cuatro textos diferentes que existen en el siglo I D.C, lo que fue aproximadamente 1500 años después de la vida de Moisés. Además de ello, si se adopta el texto masorético como el texto más “oficial” de la Tora, entonces el manuscrito más antiguo existente data de alrededor del año 895 D.C., lo que sería unos 2300 años después de la vida de Moisés. En resumen, si bien la Tora recibida puede contener algunas porciones de la Tora original, la procedencia de la Tora recibida es desconocida, incierta, y de ninguna manera se puede remontar hasta Moisés.[100]

Si bien Jesús vino muchos siglos después que Moisés, la revelación que él recibió no tuvo un destino mucho mejor. Un grupo de estudiosos cristianos conocidos como Hermanos del Seminario de Jesús intentaron determinar cuáles de las palabras atribuidas a Jesús pueden realmente considerarse auténticas. Dijeron lo siguiente: “Un 82 por ciento de las palabras atribuidas a Jesús en los evangelios en realidad no fueron pronunciadas por él”.[101] Al describir la historia de los evangelios, escribieron lo siguiente: “La verdad es que la historia de los evangelios griegos, desde su creación en el siglo I hasta el descubrimiento de los primeros ejemplares al comienzo del siglo III, sigue siendo en gran parte desconocida y por lo tanto es un territorio que ignoramos”.[102] El libro de Bart Ehrman, The Orthodox Corruption of Scripture, ha identificado cómo la escritura fue cambiada a lo largo del tiempo. En su tesis, él dice lo siguiente, demostrando con detalles: “Mi tesis puede definirse simplemente: los escribas ocasionalmente alteraban las palabras de sus textos sagrados para hacerlas más ortodoxas y evitar el mal uso por parte de los cristianos que sostenían posturas aberrantes”.[103] Es como poner el carro delante del caballo: las creencias deberían basarse en los textos transmitidos y no que los textos se alteren para adecuarse a las creencias.

Cabe destacar que estos dos primeros postulados respecto a la religión están estrechamente relacionados entre sí. El hecho de que sus textos no han sido conservados exactamente es algo generalmente aceptado por muchos cristianos. Esto implica que hubo interpolación y distorsión humana. Dado que el texto ha sido distorsionado de alguna manera, los lleva a creer que tienen el texto “correcto”. Así, se otorgan a sí mismos la autoridad máxima de decidir cómo debe ser la religión. De esa forma, en octubre de 2005, los obispos de Inglaterra pudieron redactar un informe que afirmaba que hay muchos aspectos de la Biblia que no se deberían considerar como ciertos. Si los textos originales fueron conservados tal como deberían, no habría necesidad de corrección ni de que una nueva autoridad diga lo que es aceptable y lo que se ha de rechazar.

Una vez más, la historia del Islam presenta un escenario diferente al de las revelaciones anteriores. El Profeta Muhámmad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) vivió hace apenas 1400 años. Él es definitivamente el más “histórico” de los diversos profetas.

Tanto el Corán como las declaraciones del Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) fueron conservados con un meticuloso cuidado. El Corán, que no es un libro voluminoso, fue conservado de memoria y también por escrito desde los tiempos del Profeta Muhámmad mismo. Muchos de los Compañeros del Profeta habían memorizado el Corán en su totalidad y, por miedo a lo que les había sucedido a otras comunidades religiosas anteriores[104], tomaron los recaudos necesarios para protegerlo de toda forma de adulteración. Poco después de la muerte del Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), el Corán fue recopilado y más tarde fueron enviados ejemplares oficiales a las tierras distantes para asegurar que el texto fuera único. Al día de hoy, se puede viajar a cualquier lugar del mundo, tomar un ejemplar del Corán y descubrir que se trata del mismo en cualquier sitio.[105]

Más allá del Corán, las declaraciones del Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) también fueron conservadas con gran diligencia. Fueron registradas, estudiadas y transmitidas cuidadosamente desde los primeros años del Islam.[106] Incluso se conservaron el idioma del Corán y del Profeta.[107] Eso no se puede decir de los profetas anteriores como Moisés o Jesús, cuyas lenguas hebrea y aramea ya no existen.

Así, la revelación de Dios tal como fue recibida por el Profeta Muhámmad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) ha sido conservada intacta y está disponible para quien desee buscar la verdad en la actualidad.

El tercer parámetro estaba relacionado con que la revelación no puede ser sustituida o superada. Tanto judíos como cristianos entienden que debía haber un Mesías después de Moisés que tendría la autoridad religiosa máxima. Los cristianos sostienen que fue Jesús, mientras que los judíos afirman que aún está por venir. El punto es que si se puede demostrar que Dios exige hoy que se siga un nuevo mensaje, entonces, si uno es creyente en Dios, no hay otra opción que seguir el nuevo mensaje. Este punto se discutirá con mayor detalle a la hora de tratar el tema del carácter profético.

El último parámetro ofrecido tiene que ver con si la creencia puede ser comprensible. Antes hicimos unos breves comentarios para los materialistas y darwinistas. Sus afirmaciones son simplemente insostenibles. De igual manera, la creencia cristiana sobre la Trinidad es algo por lo que los cristianos lucharon durante años, y realizaron concilio tras concilio para tratar de determinar qué significa exactamente. Algunos simplemente la declararon un “misterio”. No pareciera que la verdad tal como fue revelada por el Dios Sabio y Misericordioso, que ha dado tantas señales maravillosas en la creación, llevara a que alguien dijera lo que digo el Padre Tertuliano en el siglo II: credo quia absurdum est; “creo porque es absurdo”. La religión no debe estar basada solamente en la fe, una fe ciega, como tal. En realidad, debe estar basada en el conocimiento, de tal manera que tanto el corazón como la mente puedan encontrar la paz y someterse a ella con una firme resolución.


 El carácter profético

Los judíos y cristianos están familiarizados con el concepto de profeta. De hecho, el Islam sostiene que el Profeta Muhámmad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) es el último en una larga línea de profetas que incluyeron, entre otros, a Abraham, Moisés y Jesús.

 La realidad del carácter profético

Los mensajeros y profetas son individuos específicos a quien Allah ha escogido para transmitir Su mensaje a la humanidad. Él les revela ese mensaje y ellos a su vez lo transmiten a la humanidad. El mensajero debe transmitir el mensaje fielmente y no tiene derecho a cambiarlo ni distorsionarlo de manera alguna.[108] Al mismo tiempo, después de transmitir, los destinatarios del mensaje deben obedecer a estos profetas. Allah dice: “No hemos enviado a ningún Mensajero sino para que sea obedecido con el permiso de Allah” (4:64).

Allah escoge a quien Él desee para que sea mensajero. No es algo que una persona pueda lograr por sus propios méritos. Así, Allah dice: “Él envía a los ángeles con la revelación de sus órdenes a quien Le place de Sus siervos para que advierta que no hay otra divinidad salvo Él. Temedle, pues.” (16:9). Ciertamente, como es en el caso del Profeta Muhámmad, el carácter profético puede ser algo de lo que no estuvieran al tanto al principio o algo que no buscaban. Así, Allah dice: “Te hemos revelado la esencia [el Corán] por Nuestro designio; tú no conocías los Libros [revelados anteriormente] ni la fe [en los preceptos divinos], pero hicimos que él fuera una luz con la que guiamos a quienes queremos de entre Nuestros siervos, y tú [¡Oh, Muhámmad!] en verdad, guías al sendero recto” (42:52). Allah también dijo: “Tú no esperabas recibir ninguna revelación, pero por misericordia, tu Señor te reveló el Corán; no escuches, pues, a los incrédulos.” (28:86).

Esta elección de mensajeros ciertamente no es algo aleatorio. Por el contrario: “Allah sabe mejor que nadie en quién confiar Su Mensaje” (6:124). Por lo tanto, Allah escogió entre los hombres a algunos de un carácter específico.

Allah también dice: “No enviamos antes de ti sino hombres a quienes les transmitíamos Nuestra revelación. Preguntadle a la gente de conocimiento [de entre la Gente del Libro] si no lo sabéis.” (16:43). Este verso y otros dejan claro que los mensajeros eran seres humanos. No eran semidioses en absoluto.

Allah escogió específicamente a seres humanos para que sean Sus mensajeros. El propósito de los mensajeros es expandir la verdad de Dios. Ellos dejan bien clara esta verdad y no les permiten a las personas tener excusas para no seguirla. Así, los mensajeros son seres humanos y no, por ejemplo, ángeles. Si se enviaran ángeles, se vendría abajo el propósito de transmitir la verdad y dejar la decisión final a la conciencia de las personas de transmitir esa verdad.[109] Así, Allah dice: “Y [los incrédulos] dijeron: ¿Por qué no se envía un ángel con él [el Mensajero]? Pero si hubiésemos enviado a un ángel se habría decretado acabar con ellos y no hubieran sido tolerados.” (6:8).[110] En otras palabras, nadie tendría otra opción que someterse y aceptar lo que el ángel trajo. Ese no era el punto. El punto era presentar la realidad de forma clara e incuestionable. De esta manera, quienes estén dispuestos a aceptar la verdad la aceptarán mientras que quienes no deseen aceptar la verdad la rechazarán. Esto cumple con el propósito de distinguir entre quienes merecen el amor y la misericordia de Allah y los que merecen el castigo y la ira de Allah.

Así, los mensajeros vinieron con una orientación clara, buenas nuevas y severas advertencias. Si Allah no hubiese enviado dichos mensajeros a transmitir la verdad, los seres humanos podrían haber dicho que hubieran seguido al mensajero que les enviaran. Allah, que sabe lo que sucedió, lo que sucederá y lo que podría suceder, ha dicho: “Si hubiéramos decretado destruirles con un castigo antes de la llegada de Nuestro Mensajero, hubieran dicho: ¡Oh, Señor nuestro! Si nos hubieras enviado un Mensajero habríamos seguido Tu Mensaje antes de ser humillados [con el castigo] y desdichados para siempre.” (20:134). Una vez que los mensajeros fueron enviados con las señales claras, ya no hay excusa para la humanidad: “A estos Mensajeros enviamos como albriciadores y amonestadores, para que los hombres no tuvieran argumento alguno ante Allah luego de que se les presentasen. Allah es Poderoso, Sabio.” (4:165). Para quienes reflexionan, este verso es ciertamente una severa advertencia.[111]

Como discutiremos más adelante, el envío de mensajeros es una de las mayores bendiciones que Allah le ha concedido a la humanidad.

 La señal del carácter profético

A partir de un estudio de los profetas del pasado, podemos deducir ciertas señales “indirectas” del carácter profético. Primero, la persona escogida por Dios debe haber sido una persona de carácter bueno y respetable antes de que Allah le revele algo. Sería inconcebible, por ejemplo, que alguien que nunca mintió sobre asuntos terrenales de repente comenzara a mentir sobre Dios y decir que recibió una revelación. Segundo, hay excelencia y virtud en lo que predica. De igual forma, la esencia de su mensaje es consistente con los individuos anteriores que fueron reconocidos como profetas. El mensaje básico de Dios respecto a la realidad del universo y la vida no va a cambiar de un profeta a otro. Además, la persona no busca ningún beneficio personal ni pago por transmitir este mensaje. Su objetivo no es un objetivo terrenal. Transmite el mensaje solo para obedecer y complacer a Dios. Por último, descubrimos que el profeta siempre goza de una victoria espiritual, incluso si no obtiene una victoria política. Es decir, está siempre complacido con su misión, no abandona nunca su propósito y demuestra su resolución hasta el día de su muerte. No se conoce a nadie que haya sido un verdadero profeta de Dios y que haya abandonado su mensaje y sus creencias.

Además de todo eso, Allah les concede a Sus mensajeros señales especiales, algo fuera de lo común para demostrar que el individuo realmente está siendo enviado por el Señor. Esto se debe todo a la completa justicia de Allah, a su misericordia y bondad. Él escoge y envía a los mensajeros de tal manera que sólo los tercos se negarán a aceptar la verdad del mensaje. Así, no sólo está el contenido del mensaje totalmente de acuerdo con la naturaleza humana, sino que los mensajeros que traen el mensaje son enviados de tal manera que no hay excusa para que las personas no los acepten como mensajeros de Dios. Como dice Allah: “Por cierto que enviamos a nuestros Mensajeros con las pruebas evidentes” (57:25).

Estas señales especiales que Dios les concede a los mensajeros son conocidas como “milagros”. Desde luego, en esta era de “ciencia”, las personas tienden a ser escépticas acerca de los milagros registrados en el pasado. Sin embargo, no existe nada inherentemente ilógico sobre los mismos. Comenzando con la premisa de que Dios ha creado el universo, una premisa muy defendible (como se trató anteriormente), también se puede entender que Dios tiene total control sobre el funcionamiento del universo y puede alterarlo cuando lo desee y para quien desee. Al día de hoy, seguimos escuchando de milagros médicos o recuperaciones milagrosas de enfermedades, cosas que no pueden “explicarse racionalmente”. Nadie puede negar estos sucesos “inexplicables”.[112]

En el pasado, hubo hechos como la división de las aguas del Mar Rojo por Moisés y la sanación de los enfermos y ciegos por Jesús. Todas esas fueron señales que apoyaban aún más las declaraciones de esos profetas que a su vez estaban siendo apoyados y guiados por Dios. Sin embargo, eran señales que solamente podían apreciar totalmente los que estuvieron presentes. Así, a lo largo del tiempo, las personas comenzaron a dudar de esas historias y los efectos de dichos milagros comenzaron a desvanecerse. No obstante, mientras hubiera otros profetas que viniesen a revivir el mensaje, no era un problema mayor.

Así, cuando Allah envió a Su último profeta para toda la humanidad hasta el Día del Juicio, lo envió con un milagro muy diferente, pero un milagro que demostraba claramente que tenía sus orígenes en Allah y un atractivo eterno. El Profeta Muhámmad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: “Todos los Profetas recibieron milagros por los cuales la gente creyó, pero lo que yo he recibido es la Revelación Divina que Allah me ha revelado. Por ello espero que mis seguidores sean más que los de cualquier otro Profeta el Día de la Resurrección”.[113] En otras palabras, la gran señal y milagro del Profeta Muhámmad fue el Sagrado Corán.

Así, la señal más grande que recibió el Profeta Muhámmad sigue siendo vivida y experimentad hoy día.[114] El Corán ha planteado un desafío eterno para que cualquiera produzca algo que se le asemeje. Por ejemplo, dice Allah: “Si dudáis de lo que le hemos revelado a Nuestro siervo [Muhámmad] traed una sura similar, y recurrid para ello a quienes tomáis por socorredores en lugar de Allah, si es que decís la verdad.” (2:23).

El Corán es milagroso de muchas maneras. Por ejemplo, los árabes de los tiempos del Profeta eran excelentes en el lenguaje. Sin embargo, aunque se opusieron fuertemente al Profeta durante muchos años, cayeron en la cuenta de que no podrían igualar la elocuencia literaria del Corán.[115] Pero el Corán es mucho más que un “milagro literario”. Es milagroso también respecto a las profecías cumplidas de hechos futuros, su precisión científica, su exactitud histórica, su precisa conservación, sus magníficas y sabias leyes, su efecto que tuvo y sigue teniendo en reformar y cambiar la vida de las personas y demás.

El Profeta Muhámmad no sabía leer ni escribir. Pero aún así Allah lo escogió para que fuera Su mensajero, pues su analfabetismo no era una deficiencia en su caso. Era una evidencia aún más fuerte de que este árabe analfabeto que vivió seis siglos después de Jesús no pudo haber producido este libro. Por ejemplo, Allah le reveló al Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) las historias de los profetas anteriores. El Profeta no vivía en un entorno en el que pudo haber tenido acceso a las enseñanzas de los judíos o los cristianos. No obstante, las historias de los profetas anteriores son plasmadas con una precisión asombrosa. En realidad, el caso es aún más sorprendente. Hoy día, muchas personas reconocen que la Biblia actual contiene afirmaciones que son históricamente imposibles o que son anacronismos. El Corán, por otro lado, está libre de tal material problemático, otra señal de que no es el producto de un simple mortal.[116] En una extensa obra, Fatuhi y al-Dargazelli brindan muchos ejemplos de errores bíblicos de naturaleza histórica que no se encuentran en el Corán, si bien se tocan las mismas historias e incidentes. Por ejemplo, ésta es una de las muchas conclusiones a las que arriban:

“Si el Sagrado Corán derivara de la Biblia [como muchos dicen falsamente, entonces] esos tantos errores bíblicos habrían pasado al Corán. ¿Por qué, por ejemplo, describiría el Sagrado Corán a los israelitas como un pequeño pueblo cuando la Biblia dice que eran entre 2 y 3 millones, un número inflado enormemente que ningún estudioso aceptaría?... ¿Por qué el Sagrado Corán no sigue la creencia bíblica, y ciertamente lógica, de que el Faraón fue tragado por el mar y dice en su lugar que el “cuerpo” del Faraón fue rescatado? ¿Y por qué el Sagrado Corán dice esto sobre el Faraón en particular pero no sobre otras personas que también fueron destruidas por Allah?...[117]

 La necesidad que los seres humanos tienen de Dios

El envío de mensajeros a la humanidad es una de las grandes bendiciones de Allah. Al describir el envío del Profeta Muhámmad, Allah dice: “Te hemos enviado [¡Oh, Muhámmad!] como misericordia para todo el universo.” (21:107).

Los seres humanos tienen una gran necesidad de esta bendición de Allah. Tienen necesidad de un ejemplo práctico que muestre cómo deben vivir la vida para complacer a Allah, por eso necesitan desesperadamente el conocimiento que trajeron estos mensajeros.

Si Allah lo hubiese querido, podría haber simplemente revelado Su mensaje de forma escrita en las laderas de las montañas, por ejemplo. Sin embargo, hay una gran bendición y sabiduría en haber enviado el mensaje a los seres humanos. El beneficio de estos mensajeros es doble: (1) al enviar mensajeros humanos en lugar de comunicar el mensaje directamente o por escrito, Allah ha transformado Su mensaje de lo abstracto en algo práctico. La implementación del mensaje por parte del mensajero les da a las personas una implementación práctica de la guía. La guía no es algo vago, principios generales que cualquiera puede entender de distintas formas. No, el mensaje ha sido transmitido en un formato práctico y concreto con ejemplos detallados para que sigan las personas.[118] (2) Si bien los mensajeros eran personas de excelente carácter, seguían siendo seres humanos. De hecho, eran seres humanos que intentaban ser un ejemplo para los demás. Así, a través de su implementación de las enseñanzas divinas, demuestra que estas enseñanzas son practicables y que están al alcance de las personas. Nadie debe pensar en la rectitud como algo que está más allá de la capacidad humana. Está dentro de la capacidad humana y las acciones de los profetas así lo demuestran.

Como se dijo antes, las personas necesitan desesperadamente el conocimiento que transmiten los mensajeros. Este conocimiento se puede dividir en dos tipos, siendo ambos esenciales para las personas.[119]

El primer tipo de conocimiento es de lo sobrenatural, o lo que los textos islámicos llaman “el oculto”. Nuevamente, estos son temas que están más allá de la experiencia humana. Los seres humanos pueden conocer sobre estos temas solo a través de la revelación de Allah. Este ámbito incluye un conocimiento detallado de Allah y Sus atributos, el propósito de la creación, cómo distinguir el bien del mal, lo que le sucede a la humanidad después de la muerte y en el más allá y otros. Este conocimiento se halla en el corazón de la religión y la humanidad no puede vivir apropiadamente sin basar su vida en estos artículos de fe.

Sin embargo, la guía de Allah no trata solamente de estos temas. La guía de Allah que le reveló a sus mensajeros también guía a las personas en asuntos terrenales o mundanos. Excepto por los temas tecnológicos que Allah puso fácilmente al alcance de las personas, los seres humanos tienen igual necesidad de que Allah los guíe en estos temas. Es Allah, el Creador, el Que da Forma, el único que sabe lo que es mejor para los seres humanos. Allah ha dicho: “¿Acaso no lo va a saber Quien todo lo creó? Él es Sutil, y está bien informado de cuánto hacéis.” (67:14). Este punto necesita ser tratado con mayor detalle ya que toca la base del secularismo, el cual domina el pensamiento del mundo actual.

Las personas han intentado construir sus propios sistemas económicos, sistemas políticos, leyes internacionales y demás. Al hacerlo, no obstante, tienen que admitir que intentan hacer algo que está más allá de sus medios. Así, los perjuicios que producen muchas veces son mayores que los beneficios, incluso cuando se tienen las mejores intenciones.

En el campo de la economía, lo primero que viene a la mente es el colapso de las teorías del comunismo. Sin embargo, debemos observar también más detenidamente al capitalismo y lo lejos que está su realidad de lo que debería ser. Los primeros teóricos capitalistas soñaban una teoría que llevaría a tener “el mejor de todos los mundos posibles”. Pero sus teorías se basaban en suposiciones que nunca se cumplieron ni se cumplirán. Suponían una competencia perfecta, un conocimiento perfecto, libre mercado y demás. Una vez que se violan esas suposiciones, lo que sucede inevitablemente, dejan de lograr “el mejor de todos los mundos posibles”. En su lugar, logran un mundo de explotación, donde los ricos son más ricos y los pobres son cada vez más pobres. Si bien algunos gobiernos han reconocido los fracasos e intentan tomar medidas para remediar la situación, mientras sea el “libre mercado” la fuerza dominante, las ganancias sean el objetivo final y la demanda impulse lo que se produce, el mundo seguirá estando lejos del “mejor de los mundos posibles”.[120] Es desolador pensar que miles de niños mueren a diario en países subdesarrollados debido a la “herramienta” del capitalismo moderno: El interés. Algunos gobiernos africanos se ven obligados a gastar más en pagar las deudas que en invertir en salud o educación.[121] Desde luego, este interés mortal está y estará siempre prohibido en el Islam.

En general, las leyes creadas por el hombre, a diferencia de las reveladas por Dios, son susceptibles a cuatro problemas bien diferenciados. Primero, las personas se dejan influir una y otra vez por sus deseos. En el Corán, la verdad es puesta junto a los deseos propios. Uno puede seguir lo que es verdadero y correcto, que se conoce a través de la revelación o seguir los deseos, incluyendo lo que los seres humanos dicen que es “bueno”. En un verso, por ejemplo, Allah dice: “Juzga, pues, entre ellos conforme a lo que Allah ha revelado y no sigas sus pasiones apartándote de la Verdad que has recibido. A cada nación de vosotros le hemos dado una legislación propia y una guía.” (5:48). Así, se encuentra un énfasis en las “libertades” y “derechos” en las leyes creadas por el hombre en lugar de una consideración general de lo que es mejor para la sociedad o el mundo en su totalidad. Quizás la libertad sexual y el consumo de alcohol sean dos buenos ejemplos de este tipo. ¿Cuánto daño y cuántos costos le provoca a la sociedad la legalidad del alcohol? ¿Cuántos hogares son destruidos debido al alcohol, cuántas mujeres son golpeadas debido al alcohol y cuántas personas no pueden funcionar en la sociedad debido al alcohol? Pero nadie se atreve a cuestionar el “derecho”, en realidad el deseo, de beber. Lo mismo se aplica a las libertades sexuales. El SIDA, que se transmite primero y principal por el contacto sexual, por ejemplo, está provocando un gran daño en el mundo en términos de vidas y costos económicos. En realidad, el Profeta Muhámmad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) lo predijo cuando afirmó: “Cuando las relaciones sexuales ilícitas se propagan en un pueblo al punto que se vuelven algo público, se propagan epidemias y enfermedades entre las personas que nunca antes se habían conocido”.[122]

Incluso si las personas pudieran superar toda pasión y deseo de su parte, tienen que percatarse que existe una gran diferencia entre las ciencias naturales y las ciencias sociales. Los científicos sociales saben que están en una caída en picada. No tienen laboratorios ni salas de prueba donde puedan probar esas teorías. La interacción entre los diversos componentes de la vida humana es muy grande como para que cualquier persona o grupo de personas pueda estudiarla completamente. Incluso si no estuviesen sesgadas, muchos factores, entre ellos el entorno, pueden distorsionar sus opiniones. Algunos incluso dudan de si realmente se pueden determinar verdades reales mediante dichas ciencias.[123] En el Corán, Allah habla de dicha capacidad limitada por parte de la humanidad: “Sólo conocen [lo aparente de] la vida mundanal, y descuidan la otra vida.” (30:7). Si se admite como tal, demuestra que las personas necesitan la guía y el conocimiento de su Creador, quien lleno de gracia envió esa guía a través de sus profetas.[124] De hecho, según los eruditos de la legislación Islámica, la satisfacción de las necesidades principales de la vida humana es el propósito básico y la meta de la ley enseñada por los profetas.

Por último, las leyes seculares no pueden inspirar a las personas como puede hacerlo una revelación divina. No existe influencia moral efectiva en dichas leyes.[125] En otras palabras, excepto por el uso de la fuerza, no hay nada en las leyes creadas por el hombre que impulse a una persona a cumplirlas. Sin embargo, el cumplimiento de las leyes promulgadas por los profetas está impulsado por un deseo de complacer a Dios y de evitar Su ira. Cuando este sentimiento penetra el corazón, nada puede evitar que la persona siga las leyes de Dios, sin tentaciones, sobornos, dinero, ni nada por el estilo.

Ninguna de las críticas anteriores que hice es nueva ni ha de sorprendernos. Se puede afirmar que todas son obvias y lógicas. La pregunta entonces es: ¿Por qué la humanidad no acude a la guía de Dios y las enseñanzas de los mensajeros si es lógicamente lo mejor para la humanidad? El paradigma dominante hoy es el que se construye sobre la civilización occidental. La civilización occidental, debido a sus propias circunstancias históricas, consideró sensato descartar la revelación en asuntos “públicos”. Se podría decir, quizás, que fue algo comprensible debido a que Occidente no tenía acceso a la revelación conservada de Dios. Sin embargo, una vez que el pueblo se percata de que la revelación de Dios está disponible y conservada con exactitud en el Corán, se espera que más y más personas se vuelquen a ella y guíen así sus vidas.

En resumen, no existe escapatoria al hecho de que los seres humanos necesitan tremendamente el conocimiento concedido a través de los profetas y también del ejemplo que los profetas establecieron.

 Los principios del mensaje de los Profetas

Fue narrado que el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo que Allah había enviado 124.000 profetas[126]. Allah dijo que envió un mensajero a cada pueblo (Corán 16:36). Algunos de ellos son mencionados en el Corán mientras que otros no lo son.[127]

Si bien fueron enviados muchos profetas y mensajeros, todos estaban en el mismo camino. Como los describió el profeta, pertenecen todos a una gran familia de hermanos. Dijo el Profeta Muhámmad: “Nosotros, los profetas, somos hermanos que descendemos del mismo padre, tenemos diferentes madres, pero compartimos la misma religión”.[128]

Allah le dice al Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) que Él guía al Profeta por la misma religión que sus predecesores. Dice Allah: “Dispusimos para vosotros la misma religión [monoteísta] que le habíamos encomendado a Noé, y que te revelamos a ti [en el Corán] y que le encomendamos a Abraham, Moisés y Jesús, para que seáis firmes en la práctica de la religión, y no os dividáis en ella.…” (42:13). En otro verso, refiriéndose a los profetas en su totalidad, Allah dice: “Por cierto que todos vosotros transmitís un mismo Mensaje [¡Oh, Profetas!], y Yo soy vuestro Señor. ¡Adoradme sólo a Mí!” (21:92).

Por eso, el musulmán cree en todos los profetas y mensajeros, y con respecto a creer en ellos y honrarlos, no hace diferencias entre ninguno de ellos. Dios los envió a todos. Todos creían en las mismas verdades esenciales y llamaban a caminar por el mismo camino. Así, nadie tiene derecho a decir que creerá y respetará a algunos, y que rechazará o les faltará al respeto a otros. En primer lugar, esto sería una falta de respeto a Dios, quien envió a todos y cada uno de ellos. También sería ilógico pues todos llegaron con el mismo mensaje y fueron, como los describió el Profeta, hermanos.

Así, se debe creer en todos ellos y darles el respecto que se merecen. Dijo Allah: “Decid: Creemos en Allah y en lo que nos fue revelado, en lo que reveló a Abraham, a Ismael, Isaac, Jacob y las doce tribus [descendientes de los hijos de Jacob], y lo que reveló a Moisés, Jesús y a los Profetas. No discriminamos entre ellos, y nos sometemos a Él.” (2:136; también 3:84). En resumen, dado que todos fueron enviados por el único Dios y dado que la verdad de esta existencia es una sola y no cambia, sus mensajes fueron esencialmente uno solo.

Al estudiar el Corán, vemos los principios básicos del mensaje de todos los profetas. Su mensaje giraba en torno a los siguientes tres puntos:

(1) Convocar a la gente a Dios, explicando con pruebas claras que no existe nadie digno de alabanza excepto Él e invitando a las personas a someterse solo a Él y a renunciar a todos los falsos dioses: Esa es la esencia de la verdadera religión y así ha sido desde los tiempos de Adán. Todos los diferentes pueblos de la tierra recibieron este mensaje. Dice Allah: “Por cierto que enviamos a cada nación un Mensajero [para que les exhortase a] adorar a Allah y a evitar al Seductor.” (16:36). Allah también dice: “Y por cierto que a todos los Mensajeros que envié antes de ti [¡Oh, Muhámmad!] les revelé que no existe más divinidad que Yo, [y les ordené:] ¡Adoradme sólo a Mí!” (21:25). En el Corán, Allah cita las siguientes palabras de muchos otros mensajeros: “Y enviamos a Noé a su pueblo, y les dijo: ¡Oh, pueblo mío! Adorad solamente a Allah, pues no existe otra divinidad salvo Él. Por cierto que temo que [si no creéis en Él] os azote un castigo terrible.” (7:59, 65, 73, 85 y otros).

(2) Mostrar que existe una forma de conducta específica que lleva a complacer a Dios y purificar el alma, que toda persona debe cumplir: Además de creer correctamente en Dios, también se deben realizar actos correctos de adoración y practicar dichas creencias. Así, los mensajeros no se limitaban a decirles a las personas que adorasen a Dios. También recibían revelaciones respecto a cómo se debe adorar a Dios y cuál es la forma de vida que se supone que debemos seguir en esta existencia terrenal. El camino incluye ritos de adoración como también leyes terrenales y orientación moral. Todo pueblo fue guiado por ese camino correcto. Dice Allah: “A cada nación de vosotros le hemos dado una legislación propia y una guía.” (5:48). Sin embargo, todos los profetas trajeron el mismo camino básico que contiene las mismas leyes generales, como el mandamiento de orar, la prohibición del politeísmo, la prohibición del adulterio, la prohibición del homicidio y demás. Esto no significa que no hubiera diferencias en absoluto respecto a sus prácticas particulares. En general, sus prácticas eran similares pero Dios envió a muchos profetas a distintos pueblos con leyes específicas para su tiempo y lugar. Esto es parte de la misericordia y la sabiduría de Allah. La variación en algunas de estas prácticas no implica ninguna contradicción en el mensaje básico, ni siquiera en la naturaleza básica de sus caminos. De hecho, incluso para un mismo profeta, algunas de sus prácticas específicas pueden cambiar con el tiempo. Por ejemplo, el Profeta Muhámmad y sus seguidores solían orientarse a Jerusalén para orar. Esta práctica fue reemplazada por la revelación que instruye a los musulmanes a orientarse hacia La Meca. El Profeta y sus seguidores seguían transitando el mismo camino de adoración a Allah, pero esta ley en particular había cambiado porque así lo decretó Allah.

(3) Explicar los destinos de las personas cuando deciden aceptar y adorar a Allah y cuando deciden negarse a someterse o adorar a Allah: Sobre este punto, los mensajeros le enseñaron a la humanidad sobre la vida después de la muerte, la resurrección, el juicio final y la recompensa o castigo de Allah. Los detalles de estos asuntos sólo se pueden conocer de parte de Allah y Allah nunca castigó a un pueblo hasta que el mensajero les haya dejado bien claro estos puntos. Así, todos los mensajeros en realidad vinieron con buenas nuevas y albricias para quienes deseen aceptar la fe y con severas advertencias de un fin ominoso para quienes la rechazaban. Allah dice: “Y no hemos enviado a los Mensajeros sino para que albricien y adviertan a los hombres. Quienes crean y se enmienden no temerán ni se entristecerán [el Día del Juicio]. Y a quienes desmientan Nuestros signos les alcanzará el castigo por haberse desviado.” (6:48-49).

Esos son los tres puntos básicos en torno a los cuales giran todos los mensajes. Son las claves para vivir apropiadamente en esta vida y también en el Más Allá. Las historias de los profetas en el Corán demuestran que esos eran los principales temas de preocupación. Los profetas lucharon por transmitir sus mensajes, cumplieron con lo encomendado y transmitieron los mensajes con claridad. Una vez que son proclamados los puntos anteriores, ya no existe cabida para el debate o las excusas. El profeta ha cumplido su misión y ahora el tema queda en manos del individuo.


 La predicción del Profeta Muhámmad en las Antiguas Escrituras

La sección anterior mostraba cómo el mensaje básico de todos los profetas era el mismo. Además, la función de algunos, sino todos, los profetas anteriores fue predecir la venida del Profeta Muhámmad. Dice Allah en el Corán: “Aquellos que siguen al Mensajero y Profeta iletrado [Muhámmad], quien se encontraba mencionado en la Tora y el Evangelio…” (7:157). Allah también dice: “Y cuando Jesús, hijo de María, dijo: ¡Oh, hijos de Israel! Yo soy el Mensajero de Allah, enviado a vosotros para corroborar la Tora y anunciar a un Mensajero que vendrá después de mí llamado Ahmad [Éste era uno de los nombres del Profeta Muhámmad]. Pero cuando se les presentó con las evidencias, dijeron: ¡Esto es pura magia!” (61:6).

Basados, en estos y otros versos del Corán, los eruditos musulmanes se percataron de que debe existir alguna evidencia de la llegada del Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) en lo que queda de las escrituras originales de los judíos y los cristianos. De hecho, se encontraron muchos versículos que señalan directamente al Profeta Muhámmad. (En realidad, se han escrito numerosos libros sobre este tema[129]). Sin embargo, como suele ser el caso con la interpretación bíblica, la comprensión de un verso en particular puede no ser clara y otras personas pueden leer el mismo verso que los musulmanes señalan de una forma muy diferente. Dicho esto, no obstante, siguen quedando algunos versos en los que la única interpretación posible parece ser el Profeta Muhámmad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él).

Por motivos de brevedad, se discutirán aquí solo algunos ejemplos. El primero de estos pasajes viene del Antiguo Testamento. Moisés habla y dice:

“Y Jehová me dijo: Bien han dicho. Profeta les suscitaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mandare. Mas será, que cualquiera que no oyere mis palabras que él hablare en mi nombre, yo le residenciaré”. (Deuteronomio 18:17-19, Reina Valera).

Quizás la primera pregunta que precisa ser respondida es quiénes son los hermanos de los israelitas. Según el Hebrew Dictionary of the Bible, la palabra hermanos se refiere a “una personificación de un grupo de tribus que eran considerados consanguíneos cercanos de los israelitas”.[130] Un grupo cuya descripción se ajusta muy bien fueron los descendientes de Ismael, hijo de Abraham y medio hermano de Isaac. Los árabes, y Muhámmad en particular, descienden de Ismael.

Segundo, el profeta que llegaría es descrito como “como tú”, es decir, similar a Moisés. Hoy hay cristianos que sostienen que este pasaje se refiere a Jesús. Dado que los cristianos no consideran a Jesús un simple profeta, eso es muy poco probable. No obstante, Yamal Badawi ha elaborado una tabla que demuestra la similitud entre Moisés y Muhámmad (y las diferencias de éstos con Jesús). A continuación podrá ver dicha tabla:[131]

Área de comparación

Moisés

Muhámmad

Jesús

Nacimiento

Normal

Normal

Inusual

Vida familiar

Casado, hijos

Casado, hijos

No se casó ni tuvo hijos

Muerte

Normal

Normal

Inusual

Carrera

Profeta/Jefe de estado

Profeta/Jefe de estado

Profeta

Emigración forzada

A Madián

A Medina

Ninguna


Encuentro con enemigos

Alta persecución

Alta persecución, batallas

Sin encuentros similares

Resultados del encuentro

Victoria física/moral

Victoria física/moral

Victoria moral

Tipo de enseñanzas

Espiritual/legal

Espiritual/legal

Espiritual

Aceptación del liderazgo por parte de su pueblo

Rechazado pero luego aceptado

Rechazado pero luego aceptado

Rechazado (por la mayor parte de los israelitas)

Los versos anteriores continúan diciendo “pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mandare”. Esa es una descripción absolutamente precisa del Profeta Muhámmad en relación al Corán. Las palabras fueron puestas en su boca a través de la revelación directa de Gabriel, en la que Muhámmad repitió al pie de la letra lo que le fue revelado y ordenó toda la revelación allí contenida.

En el Nuevo Testamento[132], podemos encontrar los siguientes fragmentos en el Evangelio de Juan: “Si me amáis, guardad mis mandamientos; y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: (Juan 14:15-16). En todas las demás partes dice: “Empero yo os digo la verdad: Os es necesario que yo vaya: porque si yo no fuese, el Consolador no vendría á vosotros; mas si yo fuere, os le enviaré. Y cuando Él viniere redargüirá al mundo de pecado, y de justicia, y de juicio” (Juan 16:7-8). También dice: “Aun tengo muchas cosas que deciros, mas ahora no las podéis llevar. Pero cuando viniere aquel Espíritu de verdad, Él os guiará á toda verdad; porque no hablará de sí mismo, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que han de venir.” (Juan 16:12-13).

¿Quién es este que vendrá después de Cristo y que no puede venir cuando Cristo aún está presente? Los cristianos interpretan estos pasajes como una referencia al Espíritu Santo. Pero la teología cristiana sostiene que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son todos partes de la trinidad, en un solo ser. Si ese es el caso, ¿cómo es que uno está presente y el otro no? Eso es incompatible con la teología cristiana. Aún más, la porción del último segmento que dice: “Él os guiará á toda verdad; porque no hablará de sí mismo, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que han de venir” no es más que otra bella descripción del Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y de cómo recibió y transmitió la revelación de Dios.

Existe un último grupo de versos que creo que no requieren prácticamente ningún comentario aparte de decir que se espera la llegada de un gran profeta: “éste es el testimonio de Juan, cuando los Judíos enviaron de Jerusalén sacerdotes y Levitas, que le preguntasen: ¿Tú, quién eres? Y confesó, y no negó; mas declaró: No soy yo el Cristo. Y le preguntaron: ¿Qué pues? ¿Eres tú Elías? Dijo: No soy. ¿Eres tú el profeta? Y respondió: No.” (Juan 1:19-21, Reina Valera). ¿Quién era ese Profeta que Juan y los judíos esperaban?

Estos breves ejemplos serán suficientes para el lector interesado que desee consultar obras más detalladas. Sin embargo, si estas señales no apuntan al Profeta Muhámmad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) como dicen los musulmanes, entonces, en sinceridad con el Profeta que hizo originalmente la declaración, se debe seguir el profeta al que apuntaba originalmente.

 El Mensaje Final

Allah envió numerosos profetas a lo largo de los siglos. Sin embargo, había determinado que enviaría un último mensajero con un mensaje final. Este mensajero final sería el mensajero para toda la humanidad desde sus tiempos hasta el Día del Juicio Final. No habría ninguna otra revelación y ningún otro profeta traería cambios a esta revelación. Así, este tendría que diferir de los anteriores de alguna manera.

Primero, dado que nadie podría venir luego para corregir errores o distorsiones, la revelación recibida por el último Profeta debía ser preservada en su pureza original.

Segundo, la naturaleza de la “señal” del último profeta también sería diferente. Esto es así porque esta señal afectaría no solo a las personas que lo vieran con vida sino a todas las que vendrían más tarde.

Tercero, este último profeta no podía ser enviado simplemente para una comunidad entre toda la humanidad, donde cada una tenía su propio profeta final que diferían entre sí. Este profeta final debía ser enviado para toda la humanidad, poniéndole fin a una sucesión de profetas y siendo apto para el mundo en su totalidad.

Cuarto, las leyes y enseñanzas de este mensaje debían ser fijas en aquellos asuntos que necesitan ser fijos para toda la humanidad hasta el Día del Juicio y poder guiar y ser flexibles en aquellos asuntos que necesitan estar abiertos al cambio debido a las circunstancias cambiantes de la humanidad.

En todos estos puntos, vemos que el mensaje del Profeta Muhámmad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) se ajusta a todos esos criterios. La conservación exacta del Corán y la Sunnah ya fue discutida antes. De igual forma, la naturaleza de su “señal”, el Corán, el milagro final que aún podemos vivir, también fue discutida.

En cuanto al tercer punto, el Profeta Muhámmad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) fue el único profeta en afirmar que no fue enviado para un cierto pueblo sino que fue enviado para todos los distintos pueblos del mundo. Los judíos, por ejemplo, se consideran una raza elegida y que su mensaje está dirigido exclusivamente a ellos. Así, muchos judíos ortodoxos no creen en la propagación e su fe. El Nuevo Testamento también deja claro que la misión de Jesús era para las Tribus de Israel. Mateo 10:5-6 dice: “á estos doce envió Jesús, á los cuales dio mandamiento, diciendo: Por el camino de los Gentiles no iréis, y en ciudad de Samaritanos no entréis; mas id antes á las ovejas perdidas de la casa de Israel.” Se registra que Jesús a una mujer cananea cuando esta le pidió ayuda: “No soy enviado sino á las ovejas perdidas de la casa de Israel” (Mateo 15:24).[133] Esta misión limitada de Jesús también es afirmada en el Corán (61:6).

En el caso del Profeta Muhámmad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), sin embargo, Allah dice: “Di: ¡Oh, hombres! Ciertamente soy el Mensajero de Allah para todos vosotros” (7:158). Otro verso dice: “Y no te enviamos [¡Oh, Muhámmad!] sino como albriciador y amonestador para todos los hombres. Pero la mayoría lo ignora.” (34:28). Existen otros versos que dan el mismo panorama. El Profeta Muhámmad también sostenía que él se distinguía de los profetas anteriores en cinco puntos. El último que mencionó fue: “Los profetas fueron enviados a su pueblo mientras que yo fui enviado para toda la humanidad”.[134]

Por último, cuando se estudia la ley promulgada por el Profeta Muhámmad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), descubrimos que tiene los elementos de flexibilidad necesarios que le permiten ser tan practicable hoy como lo fue durante los tiempos del Profeta[135]. Lo que necesita ser fijo para siempre es fijo en la ley islámica. Lo que necesita ser flexible queda flexible. Por ejemplo, en las transacciones comerciales, el cobro de interés está prohibido para siempre. Además, se dan las pautas generales para ello. Sin embargo, la guía es tal que cuando se desarrollan nuevas formas de transacciones comerciales, como en los tiempos modernos, se puede determinar cuáles son aceptables según las pautas islámicas y cuáles no. Así, la Ley Islámica ha demostrado ser practicable por más de 1400 años y, según las creencias islámicas, continuará siéndolo hasta el Día del Juicio Final.

 El Sello de los Profetas

Después de tantos profetas enviados por Allah, Allah envió al Profeta Muhámmad. Muhámmad nació unos 570 años después del nacimiento de Jesucristo. Nació en La Meca, en la Península Arábiga. El pueblo de La Meca era un pueblo idólatra. Allí, había una construcción erigida por los profetas Abraham e Ismael. Esta estructura, conocida como la Ka’bah, fue dedicada a la adoración de Allah, el único Dios verdadero. Los politeístas árabes, sin embargo, la llenaron de sus ídolos. Muhámmad vivió entre ellos pero nunca participó de actos idólatras. Era conocido por su honestidad y tenía el sobrenombre de “el confiable”.

A la edad de cuarenta años, Muhámmad recibió su primera revelación. Si bien al principio fue algo desconcertante, luego entendió la misión que tenía de Dios. Los árabes politeístas rechazaron rápidamente el mensaje de que nadie debía ser adorado excepto Dios. Si bien era conocido como “el confiable”, lo menoscabaron y comenzaron una masiva campaña para perseguir a quienes creían en Muhámmad. Algunos de sus seguidores fueron obligados a escapar a Abisinia. Luego de trece años de predicar en La Meca, el Profeta mismo se vio obligado a huir a Medina, donde ya estaban algunos de sus seguidores. Lo convirtieron en líder de la ciudad. Los incrédulos de La Meca no se quedaron tranquilos e intentaron aniquilar militarmente a la nueva fe. Sin embargo, lo que originalmente era un pequeño grupo de musulmanes creció en número y pudieron tolerar la embestida de los incrédulos. En diez años, el Profeta mismo llevó un ejército a La Meca y la conquistó con una victoria sin derramar una gota de sangre. Así, el Islam se consagró victorioso en Arabia y comenzó a expandir su mensaje por todo el mundo.[136]

Allah decretó que este Profeta debía ser Su último mensajero. Dice Allah: “Muhámmad no es el padre de ninguno de vuestros hombres, sino el Mensajero de Allah y el sello de los Profetas; y Allah es todo lo sabe.” (33:40). El Profeta Muhámmad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: “Fui enviado a toda la creación, y soy el sello de los profetas”.[137] De nuevo, dijo: “Los hijos de Israel fueron guiados por los profetas; cada vez que moría un profeta, otro profeta lo sucedía. No habrá profeta después de mí”.[138]

Así, finalmente llegó el Profeta que declaró explícitamente que él es el último profeta. Ningún profeta vendrá después de él. La verdad de su mensaje y su propia honestidad están bien establecidas. Si alguien llega a la conclusión de que él es verídico y así mismo el Corán, entonces también se ha de creer en este punto.

Entonces, nadie tiene derecho a aceptar a los otros profetas y rechazar al Profeta Muhámmad. Nadie tiene derecho a decir que Muhámmad era veraz pero “Prefiero seguir a Jesús o Moisés”. Hablando lógicamente, no se debe esperar que esto sea algo aceptable para Allah. Allah envió a Su último mensajero para que creamos en él y lo sigamos, cancelando lo que quede de las enseñanzas de los profetas anteriores. En el Corán, Allah describe dicha actitud: “Y cuando se les dice: Creed en lo que Allah ha revelado, responden: Creemos en lo que Allah nos reveló pero no en lo que vino después, a pesar de ser la Verdad que corrobora lo que tienen. Di: ¿Por qué, si erais creyentes, asesinasteis a los Profetas de Allah?” (2:91). Allah declaró a dichas personas incrédulas. Dijo Allah: “Por cierto que quienes no creen en Allah ni en Sus Mensajeros y pretenden hacer distinción entre [la fe en] Allah y Sus Mensajeros diciendo: Creemos en algunos y en otros no, intentando tomar un camino intermedio, son los verdaderos incrédulos. Y a los incrédulos les tenemos reservado un castigo denigrante. Pero quienes crean en Allah y en Sus Mensajeros sin hacer distingos [de fe] entre ellos, Él les concederá su recompensa. Allah es Absolvedor, Misericordioso.” (4:150-152).

El Profeta dijo: [Juro] por [Dios], Aquel en cuya mano está mi alma, que nadie de las personas a las que me dirijo, sean judíos o cristianos, sabrá de mí y morirá sin creer en lo que he enviado excepto que sea de los habitantes del Fuego del Infierno”[139]. El Profeta incluso le dijo a uno de sus compañeros: “Si mi hermano Moisés estuviera vivo hoy, no tendría otra opción más que seguirme”.[140]

En resumen, las señales que apuntan de antemano al Profeta están allí. La propia honestidad del Profeta es incuestionable. La conservación de sus escrituras está establecida. Todos los indicadores señalan su carácter profético. Como profeta, se debe creer en su palabra. Él se declaró el último profeta y dijo que toda la humanidad debe escoger el camino de seguirlo a él. Esa es la elección que todos enfrentamos en la humanidad y ojalá todos tomen la decisión correcta y lógica.


 El Islam

 La definición de “Islam”

Lingüísticamente, la palabra islam es el infinitivo del verbo que significa “Renunciar o someterse a uno mismo”.[141] Así, Islam es la forma o el acto de someterse y renunciar. “Musulmán” es el participio activo del verbo y significa “someterse”. Entonces, un “musulmán” es aquel que se somete.

De lo antedicho, notamos que la palabra Islam no significa “paz”, aunque eso se dice muy seguido últimamente. Es verdad que la palabra Islam y la palabra árabe paz (salam) vienen de la misma raíz. De hecho, hay una estrecha relación entre ambas. El Islam es la fuente de la verdadera paz. Desde luego, lo que se implica aquí con la palabra paz no es simplemente “la ausencia de un estado de guerra”. La paz significa mucho más que eso. Uno puede no tener guerra pero aún así sufrir de ansiedad, desesperación y ausencia de paz. Aquí, se refiere a una sensación total de paz. El Islam trae una tranquilidad y una paz mental total que es resultado de darse cuenta que se cree y actúa según la guía del Creador. Esta paz interior se extiende a la familia, la comunidad, la sociedad y el mundo en su totalidad.[142] Es una forma especial de tranquilidad que solo puede ser producida por una fe correcta en Dios. Así, Allah dice: “Os ha llegado de Allah una luz y un Libro claro [el Corán], con el cual Allah guía a quienes buscan Su complacencia hacia los caminos de la salvación, les extrae con Su voluntad de las tinieblas hacia la luz, y les dirige por el sendero recto.” (5:16). Para quienes siguen este camino, su recompensa final será una morada de paz: “ellos tendrán una morada donde reinará la paz [el Paraíso] junto a su Señor, Quien es su Protector, como recompensa por sus obras.” (6:127). En resumen, no es correcto decir “Islam significa paz”, sino que ciertamente la verdadera paz llega solamente a través del Islam.

Como término técnico, la palabra Islam tiene tres usos distintos: (1) es un término utilizado para describir la verdadera religión de Dios desde los tiempos de la creación de los seres humanos; (2) es un término utilizado hoy día para la religión traída por el último profeta, el Profeta Muhámmad; y (3) se refiere al acto externo de someterse a Allah en contraposición a los actos interiores de fe. Las dos primeras definiciones serán discutidas en mayor detalle aquí y la última en una sección más adelante.


 El Islam: La religión de todos los Profetas

Como se dijo anteriormente, lingüísticamente, Islam significa someterse y renunciar. En sentido religioso, el término es utilizado con el significado de “el verdadero sometimiento y obediencia solo a Dios”. De esa forma, Nomani sostiene:

Literalmente, el Islam denota un sometimiento o entrega de uno mismo a alguien, y aceptar su señorío en el sentido más amplio del término. La religión enviada por Dios y traída al mundo por Sus Profetas ha sido llamada Islam por la sencilla razón de que, en ella, el siervo se somete plenamente al poder y control del Señor y hace que la obediencia sincera a Él sea el principio cardinal de su vida. Esa es la esencia y sustancia del credo islámico...[143]

En este sentido, entonces, fue la religión de todos los verdaderos profetas de Dios. De hecho, también fue la religión de todos sus seguidores. En otras palabras, todo verdadero creyente desde los tiempos de Adán hasta el último creyente de este mundo practica el Islam y es musulmán. Aún más, es la única religión que Allah le ordenó seguir a la humanidad. Por lo tanto, el Islam es la única religión que ha sido aceptable para Allah. Dice Allah: “Ciertamente para Allah la religión es el Islam [el sometimiento a Él].” (3:19). Allah también dice: “Quien siga una religión diferente al Islam [el sometimiento a Allah] no se le aceptará, y en la otra vida se contará entre los perdedores.” (3:85).

A lo largo del Corán, Allah deja claro que la religión y la práctica de todos los profetas fue la religión del Islam. Por ejemplo, Allah cita a Noé diciendo, después de explicarle la fe a las personas: “Pero si no creéis [en la Verdad que os he traído] sabed que yo no pretendo ninguna retribución, sólo espero la recompensa de Allah, y me ha sido ordenado que me cuente entre quienes se someten a Él.” (10:72).

El siguiente pasaje trata de Abraham y es bastante instructivo, y merece ser citado en detalle:

“Y cuando Abraham e Ismael levantaron los cimientos de La Casa dijeron: ¡Oh, Señor! Acepta nuestra obra, Tú todo lo oyes, todo lo conoces. ¡Señor nuestro! Aumenta nuestro sometimiento a Ti, y haz que nuestra descendencia sea una comunidad también sometida a Ti. Enséñanos nuestros ritos para la peregrinación, y acepta nuestro arrepentimiento; ciertamente Tú eres Indulgente, Misericordioso. ¡Señor nuestro! Haz surgir de entre ellos [nuestra descendencia] un Mensajero que les recite Tus preceptos y les enseñe el Libro y la sabiduría, y los purifique. En verdad, Tú eres Poderoso, Sabio. ¿Y quién reniega de la religión de Abraham sino el de espíritu necio? Le elegimos en este mundo, y en el otro se contará entre los justos. Y cuando le dijo su Señor: Entrégate [a Mí con total sinceridad], exclamó: Me entrego al Señor del Universo. Y recomendó Abraham lo mismo a sus hijos y Jacob a los suyos diciendo: ¡Oh, hijos míos! Allah os ha elegido esta religión y no muráis sino sometidos a Él. Es que fuisteis testigos de cuando le llegó a Jacob la muerte y dijo a sus hijos: ¿Qué adoraréis después de mí? Dijeron: Adoraremos lo que tú y tus padres: Abraham, Ismael e Isaac adoraban, la Única divinidad y a Él nos someteremos. Aquella nación pereció y recibió lo que había merecido, y vosotros recibiréis lo que merezcáis, y no se os preguntará por lo que ellos hicieron. Dijeron [la Gente del Libro]: Sed judíos o cristianos, que así os encaminaréis. Diles: ¡No! Seguimos la religión de Abraham, el monoteísta, quien no se contaba entre quienes atribuían copartícipes a Allah. Decid: Creemos en Allah y en lo que nos fue revelado, en lo que reveló a Abraham, a Ismael, Isaac, Jacob y las doce tribus [descendientes de los hijos de Jacob], y lo que reveló a Moisés, Jesús y a los Profetas. No discriminamos entre ellos, y nos sometemos a Él. Así pues, si creen en lo mismo que vosotros habrán seguido la buena guía; y si vuelven sus espaldas, por cierto que estarán en una gran discrepancia. Allah bastará contra ellos. Él todo lo oye, todo lo sabe. Nuestra religión es la de Allah. ¿Y qué mejor religión que la de Allah? Y nosotros Le adoramos. Di: ¿Acaso discutís con nosotros acerca de Allah, siendo que Él es nuestro Señor y el vuestro? Nosotros responderemos por nuestras obras y vosotros por las vuestras, y Le adoramos con sinceridad. ¿O diréis que Abraham, Ismael, Isaac, Jacob y las doce tribus fueron judíos o cristianos? Di: ¿Acaso vosotros sabéis más que Allah? ¿Existe alguien más inicuo que quien oculta la Verdad procedente de Allah? Allah no está desatento de lo que hacéis. Aquella nación pereció y recibió lo que había merecido, y vosotros recibiréis lo que merezcáis, y no se os preguntará por lo que ellos hicieron.” (2:127-141).

Hay varios puntos clarificadores que surgen de este pasaje. Primero, sin embargo, cabe destacar que Abraham es a menudo llamado en Occidente “el padre del monoteísmo”. Sin duda alguna, Abraham fue un monoteísta puro y sólo se sometía a Dios (es decir, un verdadero musulmán). Sin embargo, bajo ningún punto de vista fue el creador del monoteísmo. El monoteísmo fue la religión de Adán y fue la religión de todos los verdaderos creyentes, como Noé, que estuvo entre Adán y Abraham. La fe en Allah como Dios y el sometimiento a Él siempre ha sido el pilar de la verdadera religión de Dios.

Este pasaje demuestra, además, que Abraham no era judío ni cristiano. Abraham no practicaba ni se sometía a la Tora, la cual le fue revelada a Moisés mucho tiempo después de la muerte de Abraham.[144] Tampoco era Abraham uno de los descendientes de Judá. Obviamente, Abraham tampoco tenía relación con las creencias cristianas en la Trinidad. Dicho simplemente, era un musulmán que se sometía totalmente a la guía de Allah y sólo de Allah. Por lo tanto, su relación más cercana con cualquier persona es con aquellas personas que siguen el mismo camino, que sería el camino del Profeta Muhámmad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y sus seguidores. Por eso, Allah dice: “Los más allegados a Abraham son quienes le han seguido, así como el Profeta y los creyentes. Allah es el Protector de los creyentes.” (3:68).

Moisés también era musulmán, recibía la revelación de Allah, se sometía plenamente a Él y le ordenaba a su pueblo hacer lo mismo. Dice Allah: “Moisés dijo: ¡Oh, pueblo mío! Si verdaderamente creéis y os sometéis a Allah encomendaos a Él.” (10:84). El Islam también era la religión de todos los profetas de las Tribus de Israel. Dice Allah en referencia a ellos: “Hemos revelado la Tora. En ella hay guía y luz. De acuerdo a ella, los Profetas que se sometieron a Allah emitían los juicios entre los judíos, [también lo hacían] los rabinos y juristas según lo que se les confió del Libro de Allah y del cual eran testigos” (5:44).

Moisés, por ejemplo, jamás habría rechazado el carácter profético de uno de sus profetas hermanos, Jesús, como hicieron los judíos. Tampoco habría dicho Moisés el tipo de afirmaciones irrespetuosas que dijeron los judíos del profeta Jesús.[145]

Jesús fue otro profeta de Dios que seguía la religión del Islam o se sometía solamente a Allah. Él les enseñó a sus discípulos esta religión. Dice Allah: “Y cuando Jesús advirtió la incredulidad de su pueblo, dijo: ¿Quiénes me ayudarán en mi misión de transmitir el Mensaje de Allah? Dijeron sus seguidores: Nosotros te ayudaremos. Creemos en Allah. Atestigua [¡Oh, Jesús!] que a Él nos sometemos.” (3:52).

Jesús era un ser humano, como todos los otros profetas, y nunca dijo ser divino o semi-divino. Incluso al leer el Nuevo Testamento, llegamos a creer que Jesús nunca tuvo nada que ver con el concepto de la Trinidad y con todas las otras creencias que desarrollaron más tarde los cristianos. De hecho, Allah deja claro que Jesús nunca le pidió a nadie que lo adorase:

“Y cuando dijo Allah: ¡Oh, Jesús hijo de María! ¿Eres tú quien ha dicho a los hombres: Tomadnos a mí y a mi madre como divinidades en vez de Allah? Dijo: ¡Glorificado seas! No me corresponde decir algo sobre lo que no tengo derecho. Si lo hubiera dicho Tú lo sabrías. Tú conoces lo que encierra mi alma, mientras que yo ignoro lo que encierra la Tuya. Tú eres Quien conoce lo oculto. No les he dicho sino lo que Tú me has ordenado: Adorad a Allah, mi Señor y el vuestro. Mientras permanecí con ellos velé por ellos, pero después de que me llevaste contigo fuiste Tú Quien les vigiló. Tú eres testigo de todas las cosas. Si les castigas tienes derecho, pues ellos son Tus siervos, y si les perdonas, Tú eres Poderoso, Sabio.” (5:116-118).

Así, la hermandad del Islam y el lazo de la fe verdadera van desde Adán hasta el fin de los tiempos, abarcando todos los lugares y pueblos. Los verdaderos creyentes se aman unos a otros y se apoyan entre sí. Es una hermandad verdaderamente bendecida y única.

En particular, los verdaderos musulmanes a lo largo de las épocas creen en todos los profetas. Los apoyan a todos y defienden su honor. El papel de defender el honor de los profetas recae totalmente en las espaldas de los seguidores del Profeta Muhámmad hoy día. Los pueblos de otros credos parecen no tener tapujos a la hora de hablar mal o incluso ridiculizar a sus propios profetas, ni hablar de los profetas que rechazan. Pareciera que solamente los seguidores de Muhámmad están dispuestos a defender el honor de aquellos nobles profetas y creyentes. Jamás escucharíamos a un musulmán correcto hablar mal de Abraham, Isaac, Moisés o Jesús, o ninguno de los profetas. En su lugar, el musulmán respeta, honra y ama a todos los profetas de la forma que se merecen.

 El Islam: La religión del Profeta Muhámmad

Ya se ha demostrado que el Islam, o el sometimiento puro y la adoración a Allah únicamente, era la religión de todos los verdaderos profetas y creyentes desde los tiempos de Adán. Sin embargo, después de la venida del Profeta Muhámmad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), cabe realizar una distinción adicional.

Antes de los tiempos del Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), se podía decir que había muchos “Islam”. Es decir, cada pueblo tenía sus profetas, seguían sus enseñanzas y estaban en el camino del Islam. Al mismo tiempo, si un nuevo profeta en la misma línea de profetas venía a ellos, no tenían otra opción más que seguir a ese nuevo profeta. Como se dijo anteriormente, aquel que rechaza al último profeta de Allah no se está sometiendo sinceramente a Dios. Si no se somete a Allah, entonces no es “musulmán”.

Por lo tanto, después de los tiempos del Profeta Muhámmad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) existe una sola forma aceptable de adorar y someterse a Dios: El camino del Profeta Muhámmad. Ese es el único camino que se puede llamar verdaderamente “someterse a la voluntad de Allah”. Toda persona que a sabiendas rechace al Profeta Muhámmad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), sin importar en cuántos otros profetas crea, ya no se está sometiendo a Allah y deja de ser musulmán.

Es interesante notar que la única religión que mantuvo el nombre “sometimiento a Allah” o Islam es la del último Profeta, Muhámmad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Las otras religiones conocidas reciben su nombre de individuos, pueblos o lugares. Según Microsoft Encarta, el término Judaísmo ni siquiera existía en el idioma hebreo pre-moderno. El mismo se refiere a Judá. El Cristianismo, desde luego, recibe su nombre de Cristo, al igual que el Budismo se llama así por Buda. El Hinduismo tiene que ver con el lugar, Indostán. Pero, por la sabiduría y misericordia de Allah, el nombre de la única verdadera religión de sometimiento a Allah, la religión de todos los profetas, ha sido conservado y mantenido solo en referencia al último profeta enviado para toda la humanidad.[146]

En resumen, hoy día, la única opción que queda en el camino del Islam y seguir el camino de los profetas anteriores es seguir al Profeta Muhámmad. Las propias palabras del Profeta respecto a Moisés se citan a continuación: “Si mi hermano Moisés estuviese vivo hoy, no tendría más opción que seguirme”.[147]

La invitación está abierta para todo el que quiera seguir el camino del Profeta Muhámmad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). En una bella declaración, el Profeta explicó con una parábola la naturaleza de su llamado a toda la humanidad. El Profeta explicó que unos ángeles vinieron a él mientras dormía. Algunos de los ángeles dijeron: “Está durmiendo [por lo tanto, déjenlo]. Los otros respondieron: “Sus ojos duermen pero su corazón está alerta”. Dijeron: “Tu compañero es así” y propusieron un ejemplo. Dijeron: “Su ejemplo es como una persona que construye una casa, sirve una mesa llena de alimentos y llama a otros a comer. Los que responden a su llamado entran a la casa y comen de la mesa. Los que no responden a su llamado no entran a la casa ni tampoco comen”. Algunos de los ángeles dijeron: “Denle su interpretación”. Otros respondieron: “Está durmiendo”. Otros ángeles dijeron: “Sus ojos duermen pero su corazón está alerta”. Entonces le explicaron la parábola diciendo: “La casa es el Paraíso y el que invita es Muhámmad (la paz sea con él). Quien obedece a Muhámmad (la paz sea con él) ciertamente ha obedecido a Allah. Quien desobedece a Muhámmad (la paz sea con él) ciertamente ha desobedecido a Allah. Y Muhámmad (la paz sea con él) distingue entre los seres humanos”[148].

En otra declaración, el Profeta dijo: “Todo mi pueblo a quien me dirijo [con mi mensaje] entrará al Paraíso excepto aquellos que se nieguen”. Sus compañeros preguntaron: “¿Quiénes se negarían?”. Él respondió: “Quien me obedezca entrará al Paraíso; quien me desobedezca se habrá negado (a entrar al Paraíso)[149]. Es así de simple: Están los que simplemente se rehúsan a seguir al Profeta y, lamentablemente para ellos, tendrán que enfrentar las consecuencias de su elección.

Pero, nuevamente, esta invitación está abierta para todos. Es la invitación a llegar a una afirmación: No existe nadie digno de alabanza excepto Dios. Si otros se niegan, entonces deben ser testigos de que los musulmanes han decidido someterse solamente a Dios. Así, Allah dice: “Di: ¡Oh, Gente del Libro! Convengamos en una creencia común a nosotros y vosotros: No adoraremos sino a Allah, no Le asociaremos nada y no tomaremos a nadie de entre nosotros como divinidad fuera de Allah. Y si no aceptan decid: Sed testigos de nuestro sometimiento a Allah.” (3:64).

 El Islam y la “Religión”

Antes de concluir la discusión respecto a la definición de la palabra Islam, cabe agregar una nota respecto a la palabra y concepto de “religión”. La palabra “religión” tiene que contrastarse con la palabra árabe din, ya que el Islam es descrito a lo largo del Corán como un din.

Muchas veces se utiliza la palabra “religión” en un sentido bastante restrictivo. Tiene que ver, por ejemplo, con lo que uno cree sobre Dios. Normalmente cubre algunos ritos de adoración que alguien practica. También puede reflejar algunos valores éticos y una cantidad limitada de conducta moral. Para muchos, sin embargo, gran parte de sus vidas queda fuera del ámbito de la religión. En otras palabras, para ellos la religión no es una “forma completa de vida”, en la que todos los aspectos de su vida han de ser guiados por los principios o enseñanzas de la religión.

 A continuación ofrecemos algunas definiciones de diccionario de la palabra “religión”:

1.         Acción o conducta que indica una creencia, reverencia y deseo de complacer a un poder superior divino, el ejercicio o práctica de los ritos que impliquen esta acción. (Oxford English Dictionary).

2.     Reconocimiento por parte del hombre de un poder superior invisible que tiene control sobre su destino, y que merece obediencia, reverencia y adoración, la actitud mental y moral general que resulta de esta creencia, en referencia a su efecto sobre el individuo o la comunidad, la aceptación personal o general de este sentimiento como un estándar de vida espiritual y práctica. (Oxford English Dictionary).

3.     Creencias y adoración: Las creencias y opiniones de las personas respecto a la existencia, la naturaleza y la adoración de una deidad o deidades y la participación divina en el universo y la vida humana. (Enciclopedia Microsoft Encarta).

4.     Sistema particular: Un sistema particular institucionalizado o personal de creencias y prácticas relacionadas con lo divino. (Microsoft Encarta).

5.     Creencias o valores personales: Un conjunto de creencias, valores y actitudes fuertemente arraigados a través de los cuales vive una persona. (Microsoft Encarta).

Si bien algunas se acercan bastante, ninguna de estas definiciones da un panorama completo de lo que es un din. En otras palabras, Islam es algo más que la impresión que uno obtiene al leer estas definiciones de la palabra “religión”. Temo que cuando el lector piensa en el Islam como una “religión”, puede asignarle una de esas definiciones y por lo tanto no apreciar el significado completo de la palabra Islam. Por lo tanto, se requiere una discusión más detallada.

La palabra din en realidad tiene muchos componentes en su significado original.[150] Mawdudi ha intentado resumirlos todos en el siguiente texto:

[Desde el significado semántico, significa] una forma completa de vida en la cual una persona se somete y obedece a alguien a quien considera la máxima autoridad, moldea su conducta según los límites, leyes y reglas prescritos por ese ser, lo reconoce, honra y recompensa por un servicio leal, y teme la desgracia o castigo que puede acaecerle si así no lo hace. Quizás no exista palabra ni término en ningún país o pueblo, aparte de los musulmanes, que englobe tan plenamente todos esos factores[151].”

Note que ninguna de las definiciones de religión citadas anteriormente afirma explícitamente que la religión engloba todo momento y aspecto de la vida, lo cual sí es capturado en el concepto de din. Si, por ejemplo, se ajustara la última definición, sería casi correcta: “Un conjunto de creencias, valores y actitudes fuertemente arraigados a través de los cuales vive una persona en todos los aspectos de la vida”. Así, comprende todos los aspectos de la interacción social y por lo tanto va más allá de las “creencias, valores y actitudes” mencionados en la quinta definición.

Segundo, algunas de esta definición carecen de información respecto a los conceptos de obediencia y servicio, conceptos esenciales del término din[152]. La segunda definición captura parte de esto: “Reconocimiento por parte del hombre de un poder superior invisible que tiene control sobre su destino, y que merece obediencia, reverencia y adoración” Esta definición debería mejorarse cambiando “obediencia” por “obediencia absoluta”.

Tercero, algo muy importante sobre la palabra din es la aceptación de la autoridad divina y por lo tanto la voluntad y comprensión de que el sometimiento a Él es correcto y apropiado. En otras palabras, la persona reconoce que esta relación es correcta y por lo tanto quiere cumplir su parte de la relación. La primera definición casi logra capturar este concepto: “conducta que indica una creencia, reverencia y deseo de complacer a un poder superior divino.”[153]

Si bien estos puntos pueden encontrarse en las distintas definiciones de religión ofrecidas anteriormente, todos se encuentran en la definición única de la palabra árabe din. En otras palabras, tienen que estar presentes en el entendimiento del Islam como una “religión”.

En resumen, din, en su sentido religioso, significa entregarse voluntariamente a la autoridad absoluta de Dios como un servidor completo, devoto y obediente en todos los ámbitos de la vida, abarcando todas las leyes que vienen de Dios, reconociendo que es el derecho de Dios y que es un noble propósito. Esto es lo que significa “religión” o din desde una perspectiva islámica y es lo que se espera de un musulmán.

 Los fundamentos y las fuentes del Islam

Existen dos fuentes absolutas del Islam: el Corán y la Sunnah del Profeta Muhámmad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Se trata de las dos fuentes absolutas del Islam porque constituyen la revelación recibida por el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) de Dios. Allah inspiró al Profeta con el Corán y la Sunnah. Por lo tanto, todas las prácticas y creencias deben derivar de estas bases: si algo es consistente con ellas, puede ser aceptado; si algo las contradice, debe ser rechazado.

La milagrosa naturaleza al igual que la conservación del Corán fueron tratadas mucho antes. Pero podemos decir mucho más sobre el Corán en sí.

El Corán es distinto a la Biblia. El Corán no consiste en relatos de personas sobre los distintos profetas, que de vez en cuando citan. El Corán es la verdadera palabra de Dios. Fue revelado por Dios, a través del ángel Gabriel, directamente al Profeta Muhámmad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). El Profeta recibió la palabra y de la misma manera la transmitió a sus seguidores. Esta revelación, con sus palabras textuales, fue memorizada, registrada y transmitida tal cual es. Es por ello que Dios es Quien habla en el Corán. No hay comentarios, pasajes ni citas de personas en el Corán.

El estilo de Corán, por lo tanto, es único. Son las palabras de Allah directo al corazón, la mente y el alma de las personas. Pasa de un tema al otro de una forma fascinante. Incluso cambia entre la primera, segunda y tercera persona, poniendo en ocasiones palabras en boca del lector. Avanza cómodamente con descripciones de Dios, para seguir con las leyes de herencia, alimentos y demás, siempre recordando al final que la meta máxima es ser respetuoso con Allah. En su idioma original, el árabe, es una obra muy bella y conmovedora. Al día de hoy, el “significado” del Corán ha sido traducido a muchos idiomas. Sin embargo, ninguna de esas traducciones es considerada el Corán.[154] El Corán es solamente el original en árabe. Por lo tanto, en las oraciones y rituales solo se utiliza el Corán árabe original.

El Corán no le fue revelado en su totalidad al Profeta de una sola vez. En su lugar, fue revelado poco a poco a lo largo de veintitrés años[155]. El mismo guió a la primera comunidad musulmana a lo largo de cada paso que daba. Así transformó completamente a esa comunidad en una generación de excelencia. Mientras tanto, marcó ejemplos para todas las comunidades musulmanas posteriores que enfrentarán las mismas circunstancias. Transformó a un pueblo árabe que estaba relegado del mundo civilizado en ese entonces en los líderes de una gran civilización, cuya influencia continúa aún hoy. Al leerlo, entenderlo y aplicarlo correctamente hoy, también transformará a las personas o sociedades y las elevará a nuevas alturas de rectitud y cercanía con Dios.

Además del Corán, están los dichos y ejemplos del Profeta Muhámmad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Como se dijo antes, la autoridad de la Sunnah del Mensajero de Allah no se debe a que sea una especie de semidiós. Él era un ser humano, al igual que los otros profetas. La autoridad del profeta está relacionada con el sometimiento a Dios: es Allah en el Corán quien establece la autoridad del Profeta. Así, seguir el camino del Profeta no es más que actuar en obediencia y sometimiento a Allah, Quien así lo estableció cuando dijo: “Quien obedezca al Mensajero obedece a Allah. Y quien le dé la espalda sepa que no te hemos enviado como un custodio de sus obras.” (4:80).

En el Corán, Allah deja claro que si alguien ama a Allah y desea que Allah lo ame también, la clave es seguir el camino del Profeta Muhámmad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Dice Allah: “Di: Si verdaderamente amáis a Allah ¡Seguidme! Y Allah os amará y os perdonará los pecados. Allah es Absolvedor, Misericordioso.” (3:31).

Dice el Corán sobre el Profeta: “Hay un bello ejemplo en el Mensajero de Allah [de valor y firmeza en la fe] para quienes tienen esperanza en Allah, [anhelan ser recompensados] en el Día del Juicio y recuerdan frecuentemente a Allah.” (33:21). El Profeta fue, de cierta forma, un “Corán vivo”. Cuando le preguntaron a Aishah, la esposa del Profeta, sobre su carácter y comportamiento, ella respondió: “Su carácter era el Corán”.[156]

Hay una relación muy importante entre el Corán y la Sunnah. La Sunnah demuestra cómo debe implementarse el Corán. Es la explicación práctica de lo que enseña el Corán. Define la moral, el comportamiento y las leyes del Corán de tal forma que queda bien claro su significado. Como se mencionó anteriormente, esta personificación completa de las enseñanzas del Corán es una gran bendición y misericordia para los musulmanes. Hace que la guía de Dios sea más completa y accesible para todos.

Así, el Corán y la Sunnah forman una sola unidad que ofrece todos los principios de guía que la humanidad necesitará hasta el Día del Juicio Final.

 Los niveles de la Fe

En un conocido Hadiz, el Ángel Gabriel, con la intención de enseñarle la fe a su comunidad, le hizo unas preguntas al Profeta Muhámmad (la paz y bendiciones sean con él). Una parte de dicho Hadiz dice lo siguiente:

[El Ángel Gabriel] dijo: “Oh Muhámmad, infórmame sobre el Islam”. El Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: “El Islam es atestiguar que no existe nadie digno de alabanza excepto Allah y que Muhámmad es el Mensajero de Allah, establecer las oraciones, pagar el Zakat, ayunar [el mes de] Ramadán, y hacer la peregrinación a la Casa si tienes los medios para hacerlo”. Dijo él: “Has hablado con la verdad”. Él dijo: “Infórmame sobre la fe (Imaan). El Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) respondió: “Es creer en Allah, Sus ángeles, Sus libros, Sus mensajeros, el Último Día y creer en la predestinación divina, tanto en lo agradable como lo desagradable. Dijo él: “Infórmame sobre la excelencia (al-Ihsaan)...”.[157]

Este Hadiz resalta el tercer uso de la palabra Islam: el acto exterior de someterse a Allah en comparación con los actos interiores de fe. Basados en este Hadiz, se pude ver que existen tres niveles de “fe” o “religiosidad”: “Islam”, “fe” y “excelencia”. Cada uno merece ser tratado por separado.

 Primer nivel: “El Islam”

Cuando se yuxtapone con la “fe”, la palabra Islam alude a los actos exteriores de sumisión o, en otras palabras, las acciones reales que uno hace.

Al responder la pregunta del Ángel Gabriel, el Profeta enumeró algunos actos de sumisión. Obviamente, no son los únicos actos de sumisión. De hecho, toda buena acción que se realiza con la intención de complacer a Dios y que está de acuerdo con su revelación es un acto de sumisión. Sin embargo, los actos específicos mencionados por el Profeta en este Hadiz tienen una función especial. Normalmente son conocidos como “los cinco pilares del Islam”. De hecho, en otro Hadiz, el Profeta Muhámmad dijo: “El Islam se construye sobre cinco [pilares]: atestiguar que no existe nadie digno de alabanza excepto Allah y que Muhámmad es el Mensajero de Allah, establecer las oraciones, dar el Zakat, hacer la peregrinación a la Casa Sagrada y ayunar el mes de Ramadán”.[158]

Escribí en otro libro de mi autoría:

“Aquí, el Mensajero de Allah (la paz sea con él) ha dado una parábola en la que brinda una imagen del Islam comparado con una casa. Los cimientos o pilares de la casa son cinco. Si a la casa le faltan esos cinco, entonces no existe en realidad. Los otros actos del Islam son como partes complementarias de la casa que terminan de completarla. Si falta alguna de las partes complementarias, la casa sigue en pie pero tiene un defecto; no es completa ni perfecta. Sin embargo, si le falta alguno de los pilares, la casa no se mantendrá en pie o directamente no existirá. En particular, si le falta el pilar principal[159], la casa no se puede mantener a si misma[160].”

En esta sección, se brinda una breve descripción de los cinco pilares pero más adelante se discutirán los beneficios a largo plazo de dichos actos.

El primer pilar es el testimonio de fe. El primer pilar demuestra que la sumisión no es algo que uno tenga en el corazón sin afirmarlo públicamente. La sumisión a Dios no debe ser algo privado. Es una sumisión pública, pues es la fuerza motora de las acciones exteriores que realizamos. Así, con plena convicción, fe, sinceridad y honestidad, uno proclama: no existe nadie digno de alabanza excepto Allah y Muhámmad es el Mensajero de Allah.

En realidad, sin este pilar, los actos restantes se vuelven insignificantes. Los otros actos deben construirse sobre ellos teniendo fe. No se puede actuar para complacer a Dios apropiadamente sin creer primero en Dios y en Su Mensajero. Esta fe impulsa los actos que son consecuencia de la misma. El primer acto al que nos debe llevar esta fe es proclamar y declarar esa fe. Es decir que ese es el punto de partida para todas las otras bases.

El segundo pilar es “establecer las oraciones”. Este pilar no significa simplemente orar en cualquier lugar y momento que uno desee orar. Existen oraciones formales y rituales que todo musulmán debe realizar como señal básica de su voluntad de someterse a Dios.[161] Dichas oraciones son cinco, repartidas en horarios fijos a lo largo del día. La hora de la primera de ellas es entre el alba y el amanecer. La segunda oración comienza justo después del mediodía. La tercera comienza a media tarde. La cuarta, justo después del atardecer. Y la quinta es al caer la noche. Así, a medida que el musulmán transcurre su día, no hay ningún período de tiempo en el que esté alejado de una oración formal. Estas oraciones repetidas le recuerdan continuamente a la persona su relación con el Señor y su verdadero propósito en la vida.

En general, se supone que estas oraciones se realicen en congregación en una mezquita. En tierras musulmanas hay numerosas mezquitas en todas partes. Los creyentes son llamados por una persona que recita frases específicas, entre ellas: “Vengan a orar, vengan al éxito”. En la mezquita, los creyentes forman filas detrás del líder de la oración (Imám). Todos orientados en la misma dirección, hacia La Meca. La oración se pronuncia en idioma árabe y contiene lecturas del Corán. La oración también consiste en reverencias y prosternaciones. Si alguien viaja por el mundo, verá que los musulmanes oran de la misma forma y con los mismos términos y expresiones árabes. Así, un musulmán entra a una mezquita en cualquier lugar del mundo e inmediatamente se siente en casa y entre hermanos y hermanas de la fe. No hay necesidad de buscar una “mezquita vietnamita-estadounidense”[162] o una “mezquita alemana”, ni nada por el estilo. Todos saben cómo se realiza la oración, todos entienden lo que sucede y todos oran juntos sin importar cuál sea su entorno, su posición social, su raza y demás. En realidad, todos van a orar de la misma manera que lo hacía el Profeta Muhámmad. Como se sabe que esta es la manera en que oraba el Profeta, podemos estar seguros de que es la manera que complace a Allah.

Las oraciones son una forma de purificación para el ser humano. La persona acude a Su Señor y se encuentra con Él cinco veces al día. Como se dijo anteriormente, la repetición de las oraciones delante de Allah mantienen a la persona alejada del pecado a lo largo del día. Aún más, debe ser también un momento de arrepentimiento, de tal manera que la persona le pida sinceramente a Allah que perdone los pecados que ha cometido. Además, la oración en sí misma es una buena acción que purifica algunas de las malas acciones que haya realizado. Estos puntos quedan claros en el siguiente Hadiz del Profeta (la paz sea con él): “Si una persona tuviese un arroyo junto a su casa y se bañara en él cinco veces al día, ¿creen que le quedaría algo de suciedad?”. La gente dijo: “No, no le quedaría suciedad en absoluto”. El Profeta (la paz sea con él) dijo: “Ese es el ejemplo de las cinco oraciones: Allah purifica los pecados a través de ellas”.[163]

Para muchos eruditos islámicos, las oraciones rituales son el acto de adoración mínimo que se espera de un musulmán.[164] Si alguien ni siquiera está dispuesto a realizar esas oraciones diarias, no se puede decir que tiene una verdadera voluntad de someterse a Allah. Por lo tanto, no se puede considerar un verdadero musulmán.

El tercer pilar del Islam es el pago de Zakat, o “contribución social obligatoria”. Lingüísticamente, la raíz de la palabra Zakat implica purificación, bendición y crecimiento. Otra palabra que se utiliza en el Corán y el Hadiz para el Zakat es Sadaqa. Esta palabra deriva de Sidq (honestidad). Siddiqi explica el significado de ambos términos según su uso aquí:

“Ambas palabras tienen una alta significación. El uso de la riqueza en nombre de Allah para purificar el corazón del amor por la riqueza material. El hombre que gasta su riqueza la ofrece como un humilde regalo ante el Señor y por lo tanto afirma la verdad de que nada es más preciado para él en la vida que el amor de Allah y que está totalmente preparado para entregar todo en Su nombre.”[165]

En la Legislación Islámica, el significado técnico de Zakat se refiere a una porción específica de la riqueza de una persona que debe darse anualmente a un grupo específico de destinatarios, como son los pobres y necesitados.

En el Islam, la rectitud no se limita a los sentimientos interiores de una persona ni a la adoración personal. La rectitud también debe extenderse a los otros miembros de la comunidad e incluso al mundo en su totalidad. El Zakat hace que el individuo se dé cuenta de que no es una isla en sí mismo. Por el contrario, cada individuo debe ser un miembro de la sociedad, en particular un miembro de la hermandad islámica. Los distintos miembros de esta sociedad tienen derechos y responsabilidades entre sí. La interacción apropiada con otras personas en la sociedad es parte de la adoración que le dedicamos a Dios.

El Zakat también le recuerda a la persona que la riqueza que posee es en realidad un regalo de Allah. Cuando se trata de la distribución de la riqueza en el mundo actual, gran parte de ella depende de lo que la persona llama “suerte”, es decir nacer en la familia correcta, vivir en el momento y lugar correcto y toparse con oportunidades excelentes. Eso no es “suerte” sino que son distintos aspectos que Allah ha decretado para cada persona. Por lo tanto, hay que agradecer a Allah y estar dispuestos a dar parte de la riqueza que Allah nos ha dado a nosotros.

El cuarto pilar del Islam es el ayuno del noveno mes del calendario islámico, Ramadán. Esto significa abstenerse de comer, beber y mantener relaciones sexuales durante el día, desde el alba hasta el anochecer, durante las horas diurnas de este mes.[166]

El ayuno es una fuente de auto-control, piedad y conciencia de Dios. Fue establecido por Allah para los profetas antes del Profeta Muhámmad (la paz sea con él). En los versos que indican la obligación del ayuno del mes de Ramadán, Allah ha señalado su objetivo o propósito: “¡Oh, creyentes! Se os prescribió el ayuno al igual que a quienes os precedieron para que alcancéis la piedad.” (2:183).

Cabe destacar que el ayuno es mucho más que abstenerse de comer, beber y mantener relaciones sexuales. Se supone que debe ser un tiempo para aumentar la consciencia de Dios a un nivel más alto. Este nivel de conciencia de Dios se debe reflejar en todo lo que la persona hace al ayunar. El Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) mencionó este hecho cuando dijo: “Quizás la persona que ayuna no obtenga nada de su ayuno excepto hambre. Y quizás la persona que ora por la noche[167] no obtenga nada de su oración excepto desvelarse”[168]. El Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) también dijo: “El ayuno es [no solo abstenerse] de comer y beber sino que ayunar es abstenerse de las palabras vanas y lascivas. Si alguien te menoscaba o actúa de forma incorrecta contigo, debes decir ‘Estoy ayunando, estoy ayunando’”[169]. Por último, el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) también dijo: “Si alguien no deja de lado las palabras falsas y de actuar en consecuencia, Allah no necesita que deje de comer y beber”.[170]

El siguiente pilar del Islam mencionado en esta narración de este Hadiz es realizar la peregrinación (Hayy) a la Casa de Allah, o la Kaaba. En la Legislación Islámica, significa viajar a La Meca el último mes del calendario islámico con el objetivo de adorar solamente a Allah. La peregrinación debe hacerse al menos una vez en la vida de cada musulmán si tiene los medios físicos y financieros para hacerlo.

Parte de la peregrinación tiene que ver con el recuerdo de los actos de Abraham, de su esposa Hagar y de su hijo Ismael en el valle de La Meca. Lo que se hace es caminar literalmente por sus pasos. Se los recuerda cuando se sacrificaron por Allah y Allah, en devolución, los bendijo de muchas maneras.

La peregrinación es una experiencia realmente conmovedora. Millones de musulmanes llegan de todos los rincones del mundo a La Meca. Todos expresan reiteradamente su voluntad de estar al servicio del Señor. Las distinciones terrenales entre los peregrinos desaparecen cuando se paran frente al Señor durante estos días benditos. Siddiqi describe el significado de la peregrinación de la siguiente manera:

“Es correcto decir que [la peregrinación] es la perfección de la fe puesto que combina en sí mismo todas las cualidades distintivas de los otros actos obligatorios. Representa la cualidad de la oración dado que un peregrino ofrece oraciones en la Ka’ba, la Casa del Señor. Fomenta que el peregrino gaste su riqueza material en nombre del Señor, la característica principal del Zakat. Cuando un peregrino parte hacia la peregrinación, se disocia de su corazón y de su hogar, de sus seres queridos y allegados para complacer al Señor. Sufre de privación y se somete a la dureza del viaje, lecciones que aprendemos del ayuno y del retiro espiritual (itikaf)[171]. En la peregrinación uno aprende a olvidar totalmente las comodidades y lujos materiales de la vida terrenal. Se aprende a dormir en cualquier suelo rocoso[172], a circunvalar la Ka’ba, a correr entre los montes de Safa y Marwa[173] y a pasar la noche y el día vistiendo solo dos trozos de tela sin coser. Se le exige que evite el uso de aceites o perfumes. Tampoco puede cortarse el cabello ni recortarse la barba. En pocas palabras, se le ordena que abandone todo en nombre de Allah y se someta ante su Señor, el objetivo máximo en al vida de un musulmán. De hecho, la peregrinación física es un preludio de la peregrinación espiritual a Dios, cuando el hombre le dirá adiós a todo lo de este mundo y se presentará ante Él como Su humilde siervo diciendo: “Aquí estoy ante Ti, mi Señor, como tu siervo”[174].

Como se dijo anteriormente, estos actos forman la base de la vida completa de sumisión a Allah. Al construir sobre lo que uno aprende de estos actos rituales, la persona se vuelve un siervo completo de Allah en todos los ámbitos de la vida.

 Segundo nivel: La Fe (“Imaan”)

Además de la sumisión exterior, también se debe tener fe en el corazón. Sobre este tema, hay dos puntos muy importantes. El primero tiene que ver con lo que se supone que uno tiene que creer o, en otras palabras, los artículos de la fe. El segundo está relacionado con qué transformaciones deberían suceder cuando esta fe en el corazón sea la verdadera fuerza que impulsa la vida de la persona.

El Ángel Gabriel le dijo al Profeta: “Infórmame sobre la fe (Imaan). El Mensajero de Allah (la paz sea con él) respondió: “Es creer en Allah, Sus ángeles, Sus libros, Sus mensajeros, el Último Día y creer en el divino decreto, tanto lo agradable como lo desagradable”. Así, en este Hadiz, el Profeta menciona los artículos primarios de la fe. Estos artículos son seis y se enumeran a continuación:

(1) Creer en Allah: La creencia en Dios es la piedra fundamental de la fe islámica. Este artículo de la fe ha sido explicado a lo largo de esta obra y no necesita mayor desarrollo.

(2) Creer en los ángeles: Los ángeles son un tipo de creación de Allah que, en general, no son vistos por el hombre. Fueron creados a partir de la luz pero tienen forma y cuerpo. Son siervos de Allah y no hay ningún aspecto divino en ellos. Se someten a Su totalmente mandamiento y nunca se alejan de Sus órdenes. El hecho de que haya tipos de seres que están más allá del ámbito de la experiencia humana no debe sorprendernos. Como dijo Tabbarah: “La ciencia descubre a diario criaturas vivientes de las que no teníamos conocimiento hasta ese entonces. Eso nos lleva a preguntarnos: ¿Estas criaturas no existían antes de su descubrimiento y comenzaron a existir en el momento en que el hombre las descubrió?”[175].

(3) Creer en los Libros revelados por Allah: Creer en los libros de Allah se refiere a las revelaciones que Allah envió a Sus mensajeros como misericordia y para guiar a la humanidad al éxito en esta vida y la felicidad en el Más Allá. El Corán se refiere a un número de ciertos libros: los rollos de Abraham, la Tora de Moisés, los Salmos de David y el Evangelio de Jesús. Cabe destacar que las revelaciones originales que estos profetas recibieron no son las mismas cuyos nombres llevan los libros en la actualidad, ya que no fueron conservadas correctamente. Creer en los libros también incluye creer en el Corán como la revelación final. Es muy importante darnos cuenta que es el máximo de la arrogancia y una forma de incredulidad que una persona se declare con derecho a creer en partes de lo que Allah ha revelado y rechazar otras partes de ello. Por eso Allah dice: “¿Acaso tomáis una parte del Libro y otra no? ¿Cuál es la consecuencia de quienes obren así sino la humillación en la vida mundanal y el más severo castigo el Día de la Resurrección? Allah no está desatento de cuánto hacéis.” (2:85).

(4) Creer en los Mensajeros: Este concepto ya ha sido discutido antes detalladamente y no precisa mayor desarrollo.

(5) Creer en el Último Día y la Resurrección: “El Último Día” es llamado así porque no habrá un nuevo día después de ese, pues la gente del Paraíso estará en su morada al igual que los moradores del Infierno. También recibe el nombre de “El Día de la Resurrección”, “La Realidad”, “El Suceso”, “El Día del Juicio”, y “El día abrumador”. Ese será el día más importante por el que pasará la humanidad. Ciertamente, será el día más grave y temido. La nueva vida de todas las personas se decidirá ese día. Marcará un nuevo comienzo para cada alma. Este nuevo paso llevará a una felicidad eterna o un sufrimiento eterno. Creer en el Último Día implica creer en todo lo que el Corán o el Profeta (la paz sea con él) ha dicho sobre los sucesos de ese Día y el más allá. Hay algunos aspectos generales (resurrección, juicio y recompensa, Paraíso e Infierno) y otros aspectos más detallados que el Corán o el Mensajero de Allah (la paz sea con él) mencionaron. Cuanto más conocimiento tengamos sobre ese Día y los hechos que lo rodean, mayor será el afecto que tendremos por esta creencia. Así, el Corán y la Sunnah ofrecen muchos detalles sobre los sucesos de ese Día.

Es importante entender que nadie puede decir con certeza si irá al Paraíso o al Infierno[176]. Nadie sabe lo que le sucederá a ninguna persona. Una persona correcta hoy puede cambiar y volverse mala mañana, haciendo que vaya al Infierno. El mayor enemigo del Islam e incrédulo puede arrepentirse en el futuro y volverse una de las personas más ejemplares que existe, ganándose así el camino al Paraíso. De hecho, existen algunos que quizás nunca oigan hablar del Islam o que sólo tengan una visión distorsionada del Islam. Solo Dios sabe lo que le sucederá a dichas personas en el Más Allá. Sin embargo, hay cosas que sí son seguras: solo Dios será el juez el Día del Juicio, Dios nunca le hará daño a ninguna alma en lo más mínimo y si una persona es un verdadero musulmán y creyente, Allah estará complacido con él.

(6) Creer en la Predestinación Divina (al-Qadar): Esto se refiere a creer en que nada puede suceder en esta creación excepto por la voluntad y permiso de Allah. No existe poder que pueda ir contra Su voluntad. Él tiene control sobre todas las cosas. Esto no significa, sin embargo, que el Islam es fatalista. Los seres humanos tienen libre albedrío. No obstante, Allah, con Su perfecto conocimiento, tiene un conocimiento previo de lo que harán las personas. Él tiene conocimiento de lo que harán y Él lo desea y decreta, pero Él no les impone las decisiones que ellos toman en sus vidas. Yaafar Sheik Idris trató este tema de forma correcta, un tema que suele ser fuente de confusión en este punto. Él escribió lo siguiente:

“Si nuestras acciones son voluntad de Dios”, alguien diría: “entonces en realidad son Sus acciones”. Esta objeción se basa en una confusión. Dios desea lo que nosotros deseamos en el sentido de darnos la voluntad de escoger y permitirnos ejecutar esa voluntad, es decir, Él crea todo lo que hace posible que lo hagamos. Él no lo desea en el sentido de hacerlo, de lo contrario sería correcto decir que, cuando comemos, bebemos o dormimos, por ejemplo, es Dios el que realizó esas acciones. Dios las crea, Dios no las hace ni lleva a cabo. Otra objeción, basada en otra confusión, es que si Dios nos permite hacer el mal, entonces Él lo aprueba y es de Su agrado. Pero desear algo en el sentido de permitirle a una persona hacer algo es una cosa; y aprobar esa acción y felicitarla es otra muy distinta...”[177]

Estos son los seis artículos de la fe en la religión musulmana. Hay un segundo tema importante relacionado con la “fe”: ¿Qué significa imaan o “fe” para una persona y cuáles son sus implicaciones? Primero, la fe, en el sentido de una creencia verdadera y definitiva en algo, debe llevar a una correspondiente sumisión a aquello en lo que se cree. De lo contrario, es simplemente la aceptación de un hecho pero no en el concepto islámico de “fe” (imaan). En ese marco, Ibn Uzaimin escribió:

“La fe (Imaan) es la afirmación que requiere la aceptación y la sumisión. Si una persona cree en algo sin aceptación ni sumisión, entonces no es imaan. La evidencia de ello es que los politeístas [árabes] creían en la existencia de Allah y creían en Allah como Creador, Sustentador, Creador de Vida, Ocasionador de la Muerte y Controlador de todos los asuntos del Universo. Aún más, uno de ellos incluso aceptó el carácter de mensajero del Profeta Muhámmad (la paz sea con él) pero no era un creyente. Esa persona fue Abu Talib, el tío del Profeta (la paz sea con él). Pero esa [creencia en el Profeta (la paz sea con él)] no lo avalaba en absoluto porque no aceptaba ni se sometía al mensaje del Profeta (la paz sea con él)[178].

Las creencias de una persona son el aspecto más importante de su ser. En general, son las fuerzas que impulsan su forma de vida y sus elecciones personales. Las verdaderas y efectivas creencias nunca se quedan en lo abstracto sino que su influencia se manifiesta en el día a día. En otras palabras, no existe una verdadera “fe” o imaan que no tenga una influencia fuerte en los actos de una persona. Una persona no puede decir “tengo fe en el corazón” y al mismo tiempo sea alguien que nunca realiza un acto de adoración. Las acciones de la persona delatan su “fe en el corazón”.

Así, la verdadera fe tiene que influir en las acciones de la persona. Para tomar un ejemplo simple, la cuestión sobre engañar y robar está directamente relacionada con el sistema general de creencias de esa persona. Si una persona cree que estos actos son moralmente malos y que existe un Dios justo y omnisciente que lo hará rendir cuentas por sus acciones, es muy probable que se abstenga de cometer dichos actos. Pero si una persona no cree en ninguna ramificación eterna, en el día del juicio o si su corazón no se ve afectado por dichos sentimientos, su factor de decisión será solamente la posibilidad que tenga de ser atrapado y la severidad del castigo por dichos actos.

Cuando el corazón se llena de Imaan, un concepto que también incluye el amor por Allah, el temor devocional por Allah, la esperanza de Allah, llevará al cuerpo a realizar actos de obediencia y alejarse de los actos prohibidos. Así, en realidad, no existe un Imaan verdadero o fuerte en el corazón y que no sea vea reflejado en las acciones de la persona.

Pero este sentimiento en el corazón no es estático ni fijo. No existe algo como “acepté la fe tal día y ahora soy creyente completo y para siempre”. En realidad, el nivel de la fe, tal como se refleja en los efectos reales de dicha fe, está en constante aumento o disminución. Muchos factores influyen en la “fe” o imaan. Quizás todos lo han vivido alguna vez. En ocasiones, una persona está muy consciente de Dios y de su temor y amor por Él. Este fuerte sentimiento en el corazón de la persona trae tranquilidad y entusiasmo a la persona y también evita que cometa pecados. Sin embargo, en otras ocasiones, quizás cuando los asuntos de este mundo lo agobian, su recuerdo y apego a Allah no es tan grande y profundo. No siente ese gran sentimiento en el corazón. Su comportamiento y sus acciones no son de la misma calidad que tenían en otras ocasiones. Cuando se encuentra en esta etapa, su alma se cansa demasiado o no quiere sacrificarse. Eso no es más que una fluctuación en el Imaan del corazón de la persona. Está claro que dichas fluctuaciones a su vez afectan las acciones que lleva a cabo la persona.

Por lo tanto, en ocasiones una persona puede seguir siendo musulmana, en el sentido general de alguien que se somete solamente a Dios y no reconoce ningún otro dios, pero la influencia de su fe sobre él es muy débil. No merece ser llamado “un verdadero creyente” aunque no haya perdido del todo la fe. En estos estados es cuando se cometen pecados, a veces pecados graves. Por eso el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: “Un fornicador mientras mantiene relaciones sexuales ilícitas no es un [verdadero] creyente. Un ladrón mientras roba no es un [verdadero] creyente. Un bebedor mientras bebe alcohol no es un [verdadero] creyente”.[179] Cuando la persona se percata de que le ha sucedido esto a su fe, debe arrepentirse ante Dios, renovar y reconstruir su fe y luchar por ser un mejor devoto.

Todos deben tener en mente que esta fe aumenta y disminuye. Por eso el creyente debe estar siempre atento a toda señal de disminución de la fe. De hecho, debe dar pasos positivos para aumentar su fe. Esto incluye cosas como leer el Corán, recordar a Allah, reflexionar sobre la creación y demás, todas acciones que ayudarán a la persona a revivir y aumentar su fe. De hecho, aumentar el conocimiento de Allah, el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y del Islam es uno de los mejores medios para aumentar la fe.

Es muy importante que los nuevos musulmanes tomen conciencia de que la fe aumenta y disminuye. Cuando una persona adopta el Islam por primera vez, ha dado un paso para someterse ante Allah. Sin embargo, al mismo tiempo puede no tener el conocimiento necesario para llenar su corazón de convicción o puede no tener el tipo de amor por Allah que pone a Allah por sobre todo lo demás en la vida. Puede que aún tenga algunos resabios en su corazón y su mente que en realidad contradicen al Islam. Sin embargo, a medida que crece en el Islam, su imaan también crecerá, Allah mediante. Se volverá más conocedor de la verdad del Islam, más dedicado a Allah y, eventualmente, su imaan será la fuerza que más lo impulse en esta vida.

Existe un nivel más que va más allá de ser “creyente” y es el muhsin, el que está caracterizado por el ihsaan (excelencia en la adoración de Allah). Todo muhsin debe cumplir con las condiciones del musulmán y el creyente. En consecuencia todo muhsin es musulmán y creyente. Sin embargo, no todo creyente es un muhsin. Ser muhsin es una etapa superior a ser mumin (creyente) o muslim (musulmán).

 Tercer nivel: La excelencia (Ihsaan)

El Ángel Gabriel le dijo al Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) “Infórmame sobre la excelencia (al-Ihsaan). El Profeta respondió: “Es adorar a Allah como si Lo vieras. Y a pesar de que no le ves, sabes que Él si te observa a Ti”.

El significado lingüístico de ihsaan implica hacer el bien, irradiar bondad, comportarse con los demás de buena manera. Es lo opuesto a provocarle daño a otra persona. En dicho caso, la forma de la palabra es seguida de una preposición. Sin embargo, la palabra también implica perfeccionar algo o hacer algo de la mejor manera. Esto es, quizás, más cercano al significado de la palabra ihsaan en este Hadiz en particular. Sin embargo, los dos conceptos no son inseparables. Una persona se comportará con otra de la mejor manera posible si lo está haciendo realmente para complacer a Allah. Así, da lo mejor de sí en su relación con Allah, o los ritos de adoración, y también en su relación con las criaturas de Allah, debido a que sabe que Allah lo está observando.

Por lo tanto, ihsaan es un término muy completo. Incluye todos los tipos de bondad hacia los demás. Su significado alude a una persona que propaga el bien en lugar de hacer daño a los demás. Usa su riqueza, conocimiento, posición y cuerpo para hacer el bien a los demás. Da parte de su riqueza en Zakat y caridad, eso es ihsaan. Comparte su conocimiento y nunca deja pasar la oportunidad de orientar a los demás, eso es ihsaan respecto a su conocimiento. Usa su posición para influir y ayudar a quienes merecen y necesitan ayuda. Eso también es ihsaan. Ayudar a una persona a entrar a su auto o a llevar algo es un ejemplo de ihsaan.

En este Hadiz, el Mensajero de Allah (la paz sea con él) no dio una definición de ihsaan al estilo de un diccionario. En su lugar, explicó el principal factor de motivación detrás del ihsaan o la bondad y la excelencia. Eso es porque Allah observa todas nuestras acciones. Si el corazón es consciente de ese hecho, la persona anhelará complacer a su Señor y sentirá temor de disgustarlo. Esto traerá pureza a su corazón. Cuando dicha pureza está presente en el corazón, hará lo que pueda para complacer a Allah. Esto también significa que intentará hacer todo de la mejor manera posible. Se preocupará por la calidad de sus acciones y no simplemente por su cantidad o por su mera ejecución.[180]

El Ihsaan no implica ver realmente a Allah sino un sentimiento muy fuerte en el corazón. Es aquí cuando la realización de la presencia de Allah, mediante Su conocimiento y misericordia, es tan grande que la persona prácticamente siente que Allah está delante de él. El pensamiento y la mente de la persona se ponen a tono con el acto de adoración o acción que realice. Esta es la implicancia de la primera oración que dice “Es adorar a Allah como si Lo vieras”. No hay dudas de que si uno pudiera ver a Allah, esto tendría un profundo efecto en su adoración y obediencia a Allah.

El efecto de sentir que se ve a Allah en la persona es que hará todo acto de obediencia de la mejor forma posible. Prácticamente ve a Allah delante de sí para conocer plenamente, más allá de una creencia meramente teórica, que Allah está observando todo lo que hace. Se vuelve extremadamente avergonzado de hacer todo de una forma menos que perfecta. También se llena de temor, asombro y admiración por Allah. Hará todo esfuerzo por complacer a Allah a quien “ve” delante de él. Se esforzará por realizar su acto de adoración de la mejor manera posible, sin ninguna deficiencia.

Este tipo de relación con Allah es la que todos deberían intentar tener. Si una persona entiende lo que significa creer en Allah, el único digno de ser adorado, llenará su corazón con un gran amor por Él y un deseo de complacerlo de la mejor manera posible. “Sentirá” y “experimentará” a Allah a su alrededor todo el tiempo. Para hacer una analogía terrenal, se comportará como si su compañero más querido estuviera junto a él y temiera hacer algo que hiriese sus sentimientos o le provocara algún daño. Así, toda acción se mide y considera de antemano. Si hubiera alguna falencia en su acción, se arrepentirá y pedirá perdón. Merecerá el amor y la complacencia de Allah pues ha demostrado que ama a Allah y solo desea complacerlo a Él.

 Qué obtienen las personas del Islam

En realidad, todos los beneficios del Islam son para el ser humano. Es por su propio beneficio que Allah le ha ofrecido Su guía a la humanidad. Allah no necesita la adoración de los hombres. Él es libre de toda necesidad pero en Su Misericordia Él le ha mostrado a la humanidad el modo correcto de comportarse para obtener Su aprobación. Por eso, Él dice: “Quien siga la guía será en beneficio propio, y quien se descarríe sólo se perjudicará a sí mismo. Nadie cargará con los pecados ajenos. No hemos castigado a ningún pueblo sin antes haberles enviado un Mensajero.” (17:15). Además, es importante destacar que quienes rechazan al Islam se están perjudicando a sí mismos. Dice Allah: “Por cierto que Allah no oprime a los hombres, sino que son los hombres los injustos consigo mismos.” (10:44).

Sería imposible enumerar todos los beneficios que obtienen los seres humanos del Islam. Pero ofrecemos a continuación una breve mención de los más importantes.

Primero y definitivamente más importante que todo, al seguir el Islam, la persona sigue la única forma de vida que complace a su Creador y Señor. Esta motivación debe ser tan grande que no hace falta aclarar nada más. Dice Allah: “Quien siga una religión diferente al Islam [el sometimiento a Allah] no se le aceptará, y en la otra vida se contará entre los perdedores.” (3:85).

El Islam es la única manera de vida que es realmente consistente con la propia naturaleza humana, al haber sido revelada por Aquel que también creó a los seres humanos. Po eso, es la única fuente de verdadera complacencia y paz. El Islam, como lo describió Allah, es una cura para todas las enfermedades que aquejan al corazón y el alma de las personas. Quienes se nieguen a someterse a Dios pasan sus vidas enteras persiguiendo otras cosas, muchas veces cosas materiales, que nunca les traerán una verdadera felicidad.

Este punto no está relacionado simplemente con lo que ocurre en el Más Allá. Esto también es cierto cuando la persona vive en esta vida terrenal. Dice Allah: “Quien obre rectamente, sea varón o mujer y creyente le concederemos una buena vida y le multiplicaremos la recompensa de sus buenas obras.” (16:97). Allah también dice: “Pero quien se aleje de Mi recuerdo [Mi religión] llevará una vida mísera, y el Día del Juicio le resucitaremos ciego.” (20:124).

Ibn al-Qayyim escribió:

“No consideren que las palabras de Allah “Por cierto que los piadosos gozarán de las delicias, y los pecadores, en cambio, sufrirán el tormento” (82: 13-14) se refieren solamente a los placeres y al infierno del Más Allá. En realidad, se aplican a las tres etapas de la vida de todas las personas, es decir, la vida en este mundo, la vida en la tumba después de la muerte y la vida en la morada permanente después de la resurrección. Los que se someten a Dios alcanzarán el placer mientras que los otros vivirán en un infierno. ¿No es el placer completo el placer el corazón y el castigo más terrible el castigo del corazón? ¿Qué puede ser más duro que el miedo, la preocupación, la ansiedad y la intranquilidad que enfrentan quienes se niegan a someterse a Dios? ¿Qué puede ser más duro que el alma se aleje de Allah y de la morada del Más Allá, que se aferre a algo que no sea Allah y a estar desconectada de Allah?”[181]

Ibn Taimiah, un reconocido erudito de la historia del Islam, intentó expresar la alegría que se siente al tener fe en Allah. Dijo una vez: “En este mundo existe un Paraíso que quien que no entre en él no entrará al Paraíso del Más Allá”. También dijo: “¿Qué pueden hacerme mis enemigos? Ciertamente, mi paraíso y mi jardín están dentro de mi corazón”.[182]

Ibn al-Qayyim, el alumno más querido de ibn Taimiah quien a menudo lo visitaba, dijo:

“Allah sabe que nunca he visto a alguien que tenga una mejor vida que él. Aunque estuviese apremiado por las circunstancias y no viviera entre lujos y comodidades. Al contrario, estaba en el extremo opuesto. Aunque estuviese encarcelado, torturado y amenazado, seguía teniendo una de las vidas más placenteras, con los sentimientos más relajados, fortaleza en el corazón y la mayor felicidad. La experiencia de la felicidad se puede ver en su rostro. Siempre que tuvimos miedo, que teníamos malas expectativas o sentíamos que la tierra se abría bajo nuestros pies, acudíamos a él y bastaba con escuchar sus palabras para que todas esas emociones nos abandonaran. En su lugar, nos llenábamos de paz, fortaleza, certeza y tranquilidad. Alabado sea El Que le permite a Su siervo presenciar Su Paraíso antes de encontrarse con Él.”[183]

Desde luego, un sentimiento tan bello por la fe no era exclusivo de ibn Taimiah. Ibn al-Qayyim cita a otro devoto musulmán diciendo: “Si los reyes y los hijos de los reyes supieran la felicidad que tenemos, intentarían quitárnosla luchando con sus espadas”. Otro dijo: “Los habitantes de este mundo son desdichados. Se van de este mundo sin probar el aspecto más maravilloso que contiene”. Cuando le preguntaron cuál era, respondió: “El amor por Allah, conocerlo y recordarlo”. Ibn al-Qayyim también citó a otro que dijo: “Hay momentos en que digo: “Si el pueblo del Paraíso vive en este estado, entonces tienen una vida muy placentera”.”[184]

Finalmente, la persona podrá experimentar la vida más sincera y duradera en el Más Allá. Dice Allah: “Esta vida mundanal transitoria no es más que distracción y diversión, y la verdadera vida [y eterna] está en el Paraíso. ¡Si supieran!” (29:64).

No solo el individuo se beneficia del Islam. La sociedad en su totalidad se beneficia, es más, toda la humanidad se beneficia de las enseñanzas del Islam. Nuevamente, dice Allah sobre el Profeta Muhámmad: “Y no te enviamos [¡Oh, Muhámmad!] sino como misericordia para los mundos.” (21:107). Las enseñanzas del Islam traen verdad y justicia para toda la comunidad, permitiéndoles a sus integrantes vivir en una comunidad de amor, armonía y compasión.[185]


 Los ritos de adoración en el Islam

 Objetivo, meta y alcance de la adoración

Como se dijo anteriormente, el término islámico que significa adoración implica “servidumbre” al Señor. Como también se dijo antes, adorar a Dios es en realidad la única meta para la cual fue creado el ser humano. De hecho, lo más noble y grande que puede hacer una persona es ser un verdadero siervo y devoto de Dios.

Al-Migrizi destaca que la forma correcta de adoración incluye cuatro aspectos:

1.       Determinar lo que Allah y Su Mensajero (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) aman y se complacen;

2.       La realización de dichos aspectos en nuestro propio corazón;

3.       Realizar dichos aspectos con nuestras propias palabras;

4.       Realizar dichos aspectos con nuestras acciones.[186]

Cada uno de estos aspectos es necesario si una persona desea alcanzar su objetivo de ser un verdadero devoto y siervo de Allah. El individuo reconoce primero que la manera de adorar a Allah no se basa en sus inclinaciones individuales, su lógica personal o sus caprichos. En lugar de ello, debe basarse en lo que proviene de Allah Mismo. Allah es el único que puede determinar cómo Él ha de ser adorado. Así, el primer paso es determinar lo que Allah quiere de la persona y lo que Lo complace. Esto se lograr obteniendo conocimiento del Corán y la Sunnah. Este conocimiento debe luego transformarse en una aceptación y un amor por aquellas cosas en el corazón. Luego debemos reconocer aquellas cosas como las que son beneficiosas para nosotros y, en consecuencia, desarrollar un sentimiento de amor por esas cosas en el corazón. Cuando se logra esto, la proclamación de la aceptación y la creencia como también la aplicación de esta aceptación por medio de las acciones es acompañada automáticamente.

En general, estos cuatro aspectos se resumen normalmente en dos puntos importantes. Para que la adoración de una persona sea correcta, (1) debe realizarse sincera y puramente por Allah y deben estar (2) de acuerdo con lo que Allah ha revelado en el Corán y la Sunnah.

Otro aspecto muy importante a tener en cuenta es que la “adoración” no se limita a los ritos de adoración o actos que se puedan considerar “religiosos” o “espirituales”. Como se dijo anteriormente, la meta es convertirse en siervo de Allah tanto cuanto sea posible. El concepto correcto de servidumbre es muy integral. “Adoración” o ibaadah es, según lo dijo ibn Taimiah en su conocida y ampliamente aceptada definición del término:

“Un sustantivo que comprende toda acción o palabra, interna o manifiesta, que Allah ama y aprueba. Esto incluye la oración, el Zakat, el ayuno, la peregrinación, decir la verdad, hacer el bien a los padres y familiares, mantener las promesas, fomentar el bien, prohibir el mal, defenderse de los incrédulos y los hipócritas, el buen comportamiento con los vecinos, los huérfanos, los pobres, los viajeros y los animales; la oración y la súplica, recordar a Dios y leer el Corán, y así sucesivamente; de igual forma, incluye amar a Allah y a Su Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), temerle y acudir a Él arrepentido, ser pacientes en la adversidad y agradecidos en la prosperidad, resignarse a lo que Allah decreta, depositar en Él nuestra confianza para buscar ayuda, anhelar Su misericordia y temer Su castigo. Todo esto forma parte de la ibaadah (adoración y servicio) a Dios.[187]

Así, la adoración se extiende a todas las acciones de una persona. Toca sus características internas como también las externas.

 En resumen, la adoración incluye:

(a)     La relación con el Señor,

(b)     La relación con uno mismo,

(c)     La relación con la sociedad en su totalidad,

(d)     La relación con los familiares, cónyuge, hijos y otros que tengan derechos especiales sobre la persona,

(e)     La relación con los animales que Allah ha puesto en esta creación,

(f)      La relación con el medio ambiente y todos los recursos que Allah ha creado y que se supone deben ser utilizados de forma ética.

No obstante, Allah no dejó a las personas a la deriva en lo que respecta a cómo deben crecer, perseverar y continuar con estos actos de adoración. En su lugar, Allah ordenó para los seres humanos ritos de adoración específicos. Estas acciones son actos de adoración en sí pero también son actos que ayudan a la persona a continuar por el camino de la adoración a Allah. Los más importantes de estos actos son conocidos como los “cinco pilares del Islam”. Como se mencionó anteriormente, el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: “El Islam fue construido sobre cinco [pilares]: Atestiguar que no existe nadie digno de alabanza excepto Allah y que Muhámmad es el Mensajero de Allah, establecer las oraciones, dar el Zakat, hacer la peregrinación a la Casa y ayunar el mes de Ramadán”.[188]

A continuación ofrecemos una breve discusión de los cuatro pilares rituales y también del importante concepto de la súplica.

 Las súplicas y las palabras de recuerdo

Un importante acto que fortalece el vínculo entre la persona y Allah es el acto de suplicar u orar[189] a Allah. Estas súplicas se pueden realizar en cualquier momento y bajo cualquier circunstancia. Se deben realizar directamente entre la persona y Allah, sin intermediarios entre ambos.

Suplicar, en sí, es un acto de adoración a Allah. Cuando una persona ora o suplica a otra, está mostrando su confianza en ella. Está demostrando su necesidad de la persona a la que le suplica. Está demostrando su confianza en la habilidad de esa otra persona o ser de conocer, entender y satisfacer su necesidad. Este tipo de sentimiento devocional en el corazón que se refleja en la súplica debe ser dirigido solamente hacia Allah. Al suplicar, la persona acude a Allah y, al hacerlo, está admitiendo sus propias debilidades a la vez que afirma la capacidad de Allah de responder a Su llamado y la de satisfacer Su propia voluntad. De hecho, el Profeta dijo: “La súplica es la esencia de la adoración”.[190] De hecho, suplicar es algo muy querido por Allah. El Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: “Quien no le pida a Allah, Él estará enojado con él”.[191]

Así, sólo cosas buenas se esperan de la súplica a Allah. El Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: “Cuando un musulmán invoque a Allah con una súplica, que no contenga algo pecaminoso o que pida que se rompan los lazos familiares, Allah le dará una de tres opciones: Le dará pronto lo que pide, lo pospondrá para el Más Allá o alejará de él un mal similar”.[192]

De hecho, el verdadero devoto desea tener la guía de Allah en todo momento, sin tener que confiar en sí mismo nunca. Así, un musulmán siempre está en una interacción directa y constante con Allah, su amado Señor.

 Las oraciones

La importancia de las oraciones se halla en el hecho de que no importa qué acciones se realicen en la vida, el aspecto más importante es la relación de la persona con Allah, es decir, la fe, la conciencia de Dios, la sinceridad y la adoración de Allah. Esta relación con Allah queda demostrada y se pone en práctica, como también es mejorada y aumentada, por medio de la oración. Por lo tanto, si las oraciones son sólidas y correctas, el resto de las acciones serán sólidas y correctas; y si las oraciones no son sólidas ni correctas, entonces el resto de las acciones no serán sólidas ni correctas, como el Profeta (la paz sea con él) enfatizó.

En realidad, si la oración se realiza correctamente, con un verdadero recuerdo de Allah y acudiendo a Él arrepentido por los pecados y las faltas, tendrá un efecto duradero en la persona. Después de terminar la oración, su corazón estará lleno del recuerdo de Allah. También tendrá temor y esperanzas en Allah. Después de esa experiencia, no querrá bajar de esa posición elevada al lugar donde desobedece a Allah. Allah a mencionado este aspecto de la oración cuando dijo: “Ciertamente la oración preserva de cometer actos inmorales y reprobables” (29:45). Nadwi describió este efecto de una forma muy elocuente:

“Su objetivo es generar dentro del ámbito subliminal del hombre un poder espiritual, una luz de fe y conciencia de Dios de tal magnitud que pueda permitirle luchar exitosamente contra todo tipo de mal y tentación, y mantenerse firme en los momentos de dificultad y adversidad y protegerse de las debilidades de la carne y las picardías de los apetitos desmedidos.”[193]

La oración es fuente de fuerza para los devotos, al acudir al único que es la verdadera fuente de fuerza en toda la creación. La oración, entonces, purifica el alma de muchas enfermedades, como la desesperación y la cobardía. Este efecto poderoso de la oración es mencionado en los versos Coránicos que dicen: “Socorreos con la paciencia y la oración. Por cierto que la práctica de la oración es difícil, excepto para los piadosos; aquellos que tienen certeza del encuentro con su Señor y de la comparecencia ante Él.” (2:45-46).

Además de ser fuente de fortaleza, la oración también es una ocasión de felicidad y una oportunidad para que el alma descanse mientras viaja en este mundo. Es un momento para que el alma y la mente se concentre completa y absolutamente en el único asunto que es de extrema importancia: su relación y adoración correctas con Allah. El alma se percata de que en el acto de adoración (cuando se realiza correctamente), la persona no hace otra cosa que acercarse más a Allah y cumplir parcialmente con el único propósito para el que fue creado. Por eso el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) le decía a Bilal: “Oh Bilal, haz el llamado a la oración y danos paz a través de ella”.[194]

Cuando la persona se descarría y comete actos sucios y pecaminosos, la oración también puede purificar el alma de esos pecados. En otras palabras, tiene un efecto purificador en el alma. Todos podemos cometer errores y pecados. Pero esos pecados no deben permanecer para siempre en el alma causando daño. Por el contrario, existen medios para eliminarlos. Uno de los medios más importantes es la realización de buenas acciones, en particular, las oraciones.

Estos son solo algunos de los asuntos que indican la grandeza e importancia de la oración. En realidad, no son más que la punta del iceberg. La persona que ora sentirá muchos otros beneficios emocionales que no se pueden describir adecuadamente con palabras.[195]

 El Zakat

El concepto de estar obligado a entregar parte de la riqueza en nombre de Dios como acto de adoración de Dios es algo que se encuentra en el mensaje de todos los profetas.[196] Su importante lugar en la purificación del alma es mencionado por Sulaiman Nadwi quien escribió:

“La principal causa de las enfermedades espirituales de los seres humanos es la ausencia de esperanza y temor en Allah y la falta de amor y apego a Él. La cura para estas enfermedades es la oración. También hay otra causa para estos males, el apego a las posesiones materiales, las riquezas, en lugar del apego a Allah. El Zakat es el remedio para esta segunda causa de enfermedad.[197]

El Zakat también es un fuerte recordatorio de que la riqueza es una bendición de Allah. Una persona rica ve a su alrededor y en todo el mundo el tipo de miseria y pobreza que, si Allah lo quisiera, él también podría vivir. Esto debería desarrollar un sentimiento muy fuerte de humildad y gratitud hacia Allah.

De hecho, la persona creyente debe buscar activamente medios para agradecer a Allah por los regalos que le ha concedido. Este sentimiento debe empujar a la persona a realizar más y más buenas acciones. La bella paradoja de esto es que si el Zakat tiene ese efecto en la persona y se vuelve más agradecida de Allah, Allah a su vez le dará más bendiciones en esta vida y en el Más Allá. Dice Allah: “Vuestro Señor os hace saber que si Le agradecéis, Él incrementará vuestro sustento; y sabed que si sois desagradecidos Su castigo será severo.” (14:7).

Este acto de adoración destaca un hecho ya tratado anteriormente respecto al alcance de la adoración. La adoración no se trata simplemente de la interacción de la persona con su Señor (si es que de alguna forma se puede aislarla y separarla de todas las otras interacciones) sino que también trata de la interacción con los otros creyentes en particular y con el resto de la humanidad en general. A través del Zakat, uno satisface directamente las necesidades de los demás. Se interactúa con otras personas pero no desde una postura secular o filosófica de los derechos humanos. En su lugar, se interactúa con el prójimo basado en algo mucho más fuerte y conmovedor: sobre la base de cómo Allah le ha instruido a la persona interactuar con los demás. De esta forma, la interacción en realidad se convierte en una forma de adoración, complaciendo a Allah y ayudando a la purificación del alma.

El Zakat desarrolla en el alma un deseo de auto-sacrificio y ayudar a los demás en nombre de Allah. El verdadero devoto cultiva en su corazón la alegría de dar en nombre de Allah, reconociendo cuánto se complace Allah con dicha acción. No es simplemente cuestión de eliminar el mal del egoísmo, la vil acumulación de riqueza y los perjuicios del egoísmo del corazón. Es mucho más que eso. Es reemplazar todos esos posibles sentimientos dañinos con el sentimiento de que un creyente debe sacrificarse y trabajar por otros como medio de acercarse a Allah. Este sentimiento positivo debe ser tan fuerte que incluso la persona que tiene poco o nada querrá sacrificarse y dar para acercarse a Allah. Allah describe a dichas personas cuando Dijo: “Les prefieren a sí mismos aunque estén en extrema necesidad. Quienes hayan sido preservados de la avaricia serán los triunfadores.” (59:9). Así, el sentimiento de no pensar en uno mismo solamente sino de hacer el bien por los demás como acto de adoración está imbuido en el corazón y en el alma de un verdadero creyente.

El Zakat tiene obviamente un papel muy importante para la sociedad en su totalidad. Existen algunos factores obvios que podemos mencionar. Por ejemplo, el Zakat ayuda a los pobres de la sociedad ya que reciben bienes de los cuales están en necesidad. Esto debe ayudar a fortalecer los lazos de hermandad dentro de la sociedad musulmana, pues los pobres saben que los ricos vendrán en su ayuda mediante el Zakat y otros medios de caridad. Incluso para quienes no son muy ricos, les hace percatarse de que pueden dar en nombre de Allah. Pueden darse cuenta de que no morirán de hambre si dan parte de su riqueza en nombre de Allah. Además, puede hacer que quienes poseen la riqueza se den cuenta de que dicha riqueza es en realidad una bendición de Allah. Por lo tanto, la persona debe utilizarla de una manera que complazca a Allah.

 El ayuno

El ayuno es el único acto de adoración en el que el creyente deja de lado sus necesidades más básicas durante un período extendido de tiempo como forma de adoración a Allah. En este sentido, es algo definitivamente único y los efectos de esta práctica han sido vinculados directamente con el aumento de la conciencia de Dios y el temor devocional de Allah.

Una importante conclusión que obtenemos de la institución del ayuno es que las inclinaciones naturales del hombre, la necesidad de comer, beber y mantener relaciones sexuales, por ejemplo, no son malas en sí. Como se dijo anteriormente, las enseñanzas del Islam son totalmente consistentes con la naturaleza que Allah Mismo le ha dado al ser humano. Por eso, estos deseos naturales no se frustran ni niegan totalmente. Eso no sería práctico ni factible dada la naturaleza del ser humano (y los clérigos a lo largo de la historia, con sus numerosas aberraciones, han demostrado ese hecho). Al mismo tiempo, sin embargo, estos deseos naturales tampoco se pueden dejar libres, pues las personas estarían satisfaciendo sus deseos sin importar las consecuencias negativas para ellos mismos y para los demás (como podemos ver hoy en día en el mundo con la expansión de la promiscuidad, las enfermedades de transmisión sexual, el abuso del alcohol y las drogas). Estos deseos naturales deben ser controlados de tal forma que surjan resultados positivos para el alma y la sociedad en su conjunto.

La paciencia o perseverancia es una de las cualidades más importantes y saludables que una persona puede poseer y es una cualidad importante que se halla en el alma purificada. Existe una relación definida y clara entre el ayuno y la paciencia. Ayunar no solo fortalece la paciencia, sino que también toca todas las ramas de la paciencia. Existen tres tipos de paciencia: perseverar respecto a la realización continua de actos de adoración, perseverar respecto a la abstención de lo que Allah ha prohibido y mantenerse en control durante épocas de dificultad y adversidad. Estos tres tipos se ponen a prueba además de que se fortalecen mediante la práctica del ayuno. Al ayunar, uno se apega a lo que Allah ha obligado, se abstiene de comer y beber, ya que Él lo ha prohibido, y también se mantiene paciente frente al hambre y la sed que se experimenta.[198]

El ayuno es una experiencia en la que la persona deja de lado sus deseos y anhelos poniendo por delante lo que Allah quiere. Esto le recuerda su verdadera meta y propósito en la vida. Esta experiencia le permite observar los asuntos desde la perspectiva correcta respecto a lo que quiere de esta vida y lo que es importante para él.

El Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo una vez: “Mira a quienes están más bajo que tú [que tienen menos que tú] y no mires a quienes están por encima [que tienen más que tú] pues de lo contrario los regalos que Allah te ha dado te parecerán insignificantes”[199]. En este Hadiz, el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) ha dado una instrucción que ayudará a la persona a apreciar las numerosas bendiciones que ha recibido de Allah. La institución del ayuno puede llevar a la persona más allá. Al ayunar, la persona no solo ve las dificultades de los demás, sino que también puede sentir en carne propia esas dificultades. Así, los ricos pueden reflexionar en lo que han recibido y dar gracias de verdad. Especialmente en estos tiempos que corren y en algunos países avanzados en lo material, uno se acostumbra muy fácilmente a tener un fácil acceso a los alimentos, bebidas, agua pura, electricidad y demás. Al estar disponibles con facilidad, la persona comienza a darlos por sentado y no cae en la cuenta de que son una gran bendición y de cuántas personas en el mundo carecen de dichas necesidades básicas.

Al final de un tercer verso sucesivo sobre el ayuno, Allah dice: “y así seréis agradecidos” (2:185). La gratitud hacia Allah es una característica esencial de los verdaderos creyentes.[200] Las personas pueden hablar de este tema en términos teóricos pero no hay reemplazo para el verdadero sentimiento de sed, hambre y agotamiento que tienen que atravesar otros a diario. El Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) fue el más generoso de los hombres y era aún más generoso durante el mes de ayuno de Ramadán.

 La peregrinación a La Meca (el Hayy)

Otro de los pilares y prácticas obligatorias esenciales del Islam es la peregrinación o Hayy a la Casa de Allah (la Kabah) en La Meca. Es un rito muy completo y potencialmente conmovedor.

Un aspecto práctico que ocurre en la peregrinación y que cualquiera que lo haya vivido puede atestiguar es que durante la peregrinación uno puede ver la voluntad de las personas a sacrificar su comodidad en nombre de Allah. Al circunvalar la Kabah, uno ve personas sin piernas o inválidas arrastrándose alrededor de la Kabah. Se puede sentir la pobreza de algunos hermanos peregrinos y caer en la cuenta de cuánto y por cuánto tiempo se han sacrificado para poder hacer esa peregrinación por la causa de Allah. Esto definitivamente conmueve a la persona y la hace reflexionar en sus propios sacrificios en nombre de Allah. Lo hace ponderar si él mismo está dispuesto a hacer tales sacrificios por Allah de ser necesario.

La peregrinación requiere un gran sacrificio por parte del musulmán, tanto en tiempo, dinero como en esfuerzo físico. Todo creyente se percata de esta relación entre fe y sacrificio. El sacrificio es un aspecto esencial de esta religión. Un verdadero creyente debe estar dispuesto a sacrificar su tiempo, su riqueza y su comodidad por la causa de Allah. Además, el verdadero creyente debe sacrificar todos los deseos y placeres que no sean consistentes con el Corán y la Sunnah. De hecho, un verdadero creyente debe sacrificar todo lo que se interponga entre él y la verdadera adoración de Allah.

El egoísmo, la arrogancia, la altanería y la avaricia son algunas de las enfermedades más peligrosas que manchan el alma. Se debe trabajar arduamente para eliminar todo resto de dichas enfermedades. La peregrinación es un paso muy útil en ese proceso. Esto se logra por varios medios:

Primero, en muchos casos, la peregrinación requiere un gran gasto financiero (viaje, estadía, alimentos, etc.). Todo eso se gasta con mucha alegría en nombre de Allah. Eso ayuda a purificar el alma de la avaricia y el egoísmo. Le permite al alma experimentar la felicidad de gastar parte de su riqueza directamente en nombre de Allah.

Segundo, como todos los peregrinos se reúnen en un solo sitio, con una misma vestimenta, sometiéndose y llamando todos a un único Señor pidiendo perdón por la multitud de pecados que las personas cometen en este mundo, el sentimiento de hermandad y amor debe llenar el corazón del peregrino. Debe percatarse de que él y todos los musulmanes tienen un sólo propósito en la vida, todos marchan hacia un mismo fin y todos son siervos de Allah y sólo de Allah. No hay lugar para el orgullo y la arrogancia. La realidad es que los únicos aspectos en que difieren estos musulmanes son en su sinceridad a Allah y sus buenas acciones. De lo contrario, no hay preferencia ni distinción para nadie por nacionalidad, etnia, riqueza o posición social.

Todo lo que uno realiza en la peregrinación y el significado histórico y espiritual del lugar en que se realiza, el lugar donde Adán puso la piedra fundamental de la primera casa para la adoración de Dios, el lugar donde Abraham reconstruyó la casa, dejando sola a su familia allí y el lugar donde el Profeta Muhámmad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y sus Compañeros vivieron la primera historia del Islam, debe tener un efecto muy profundo en la persona. Debe ver su propia vida a la luz de las vidas de los profetas. Debe reconocer sus propias falencias y la insignificancia de los otros aspectos de este mundo a los que les da preferencia. Eso debe impulsar a la persona a arrepentirse y pedirle perdón a su Señor. Ciertamente, los sentimientos que bullen en su corazón en un lugar así pueden ser los que hacen que sus súplicas sean tan sinceras que Allah no rechazará sus pedidos.


 Los milagros científicos en el Corán y la Sunnah

Como se mencionó anteriormente, el “milagro” del último Profeta es único. Dado que ningún profeta vino después de él, su milagro debe tener un efecto duradero hasta el Día del Juicio. Ese es el caso del Corán. El Corán es milagroso de muchas formas. Sin embargo, en el último siglo, muchos han notado que es también milagroso en la forma en que es perfectamente consistente con los hechos científicos. De hecho, a medida que se hacen nuevos descubrimientos, las personas se percatan de que algunos de esos descubrimientos ya fueron mencionados en el Corán o la Sunnah. A continuación siguen algunos de dichos ejemplos:

 Milagros respecto al ser humano

Al leer el Corán, un aspecto que capta la atención de muchos lectores es la discusión sobre la creación del ser humano dentro del vientre de su madre. De hecho, los detalles y el análisis son tan grandiosos que Keith Moore, Profesor Emérito de Anatomía y Biología Celular de la Universidad de Toronto, los ha incluido en una edición especial de su libro The Developing Human: Clinically Oriented Embryology.[201] Al comentar sobre la milagrosa consistencia entre las palabras del Corán y el desarrollo embrionario el Dr. Moore dijo lo siguiente en 1981: “Ha sido un gran placer para mí ayudar a aclarar frases del Corán que versan sobre el desarrollo humano. Me queda claro que dichas frases tienen que haberle llegado a Muhámmad desde Dios, porque prácticamente todo ese conocimiento no fue descubierto sino hasta muchos siglos después. Esto me demuestra que Muhámmad tiene que haber sido un mensajero de Dios”.[202]

Sin embargo, por razones de espacio, sólo podremos discutir detalladamente aquí uno de los versos.[203] Dice Allah en el Corán: “He aquí que creamos al hombre [Adán] de barro. Luego hicimos que se reprodujese por medio de la fecundación, y preservamos el óvulo fecundado [nutfah] dentro de una cavidad segura [el útero]. Transformamos el óvulo fecundado en un embrión [alaqah], luego en una masa de tejidos [mudgah], luego de esa masa de tejidos creamos sus huesos a los que revestimos de carne, finalmente soplamos en el feto su espíritu. ¡Bendito sea Allah, el mejor de los creadores!” (23:12-14).

Este breve pasaje se destaca por su precisa descripción del proceso real como también por carecer totalmente de todas las teorías y posturas incorrectas que prevalecían en los tiempos de Muhámmad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Como consta en la traducción, la palabra árabe alaqah puede significar sanguijuela, cosa suspendida o coágulo de sangre. En realidad, todos estos términos describen al embrión. De hecho, en su primera etapa, el embrión no sólo luce como una sanguijuela[204] sino que “obtiene sus nutrientes de la sangre de la madre, de forma similar a la sanguijuela, que se alimenta de la sangre de otros”.[205] Alaqah, como dijimos, también puede significar “cosa suspendida”, lo cual también es cierto del embrión durante esta etapa pues se encuentra suspendido de la matriz de su madre.[206] Por último, alaqah también puede significar coágulo de sangre. Nuevamente, la relación con el proceso físico real es milagrosa. Ibrahim escribe lo siguiente:

“Descubrimos que la apariencia externa del embrión y sus sacos durante la etapa de alaqah es similar a la de un coágulo de sangre. Esto se debe a la presencia de cantidades relativamente grandes de sangre en el embrión durante esta etapa… También, durante esta etapa, la sangre del embrión no circula sino hasta finales de la tercera semana. Por eso, el embrión en esta etapa es como un coágulo de sangre.”[207]

El verso sostiene que la próxima etapa de mudgah o “sustancia similar a algo masticado”. Esta también es una descripción sorprendentemente acertada de la próxima etapa embrionaria. En esta etapa, el embrión desarrolla somitas en su espalda y estas “se asemejan de cierto modo a las marcas de dientes en una sustancia masticada”[208].

Dicho tipo de información solo ha sido “descubierta” y vista por los seres humanos desde el desarrollo de los poderosos microscopios. Ibrahim sostiene que Hamm y Leeuwenhoek fueron los primeros en observar las células de esperma humano, en 1677 gracias a la ayuda de un microscopio mejorado.[209] Esto tuvo lugar unos 1000 años después de la muerte del Profeta Muhámmad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Como concluyó Moore, parece algo inconcebible que el Profeta Muhámmad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) haya conocido dichos detalles a menos que fuera por la revelación de Dios.

 Milagros respecto a los animales

El Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: “Si una mosca cae en tu vaso, debes sumergirla toda [en el líquido] y luego botarla, pues un ala tiene la enfermedad y la otra tiene la cura”.[210] Hay que recordar que el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) hablaba en una época en la que no se tenía conocimiento de virus, vacunas, antídotos ni nada similar. Sin embargo, él realizó dicha afirmación como parte de lo que Dios le había revelado. En los últimos años, la exactitud y corrección de dicha frase ha sido verificada en distintas pruebas empíricas. En uno de esos experimentos, cuando un ala de la mosca era sumergida en agua, se descubrió que el agua se contaminaba pero cuando se sumergía la otra ala, el contaminante desaparecía.[211]

La discusión coránica sobre la fuente de los elementos constitutivos de la leche animal también es muy asombrosa. La misma se trata en el capítulo 16, verso 66. Los primeros traductores, basando sus traducciones en los significados aparentes de algunas de las palabras del verso, tendían a dejar pasar el significado exacto del verso. Bucaille, al estudiar en detalle dichas palabras, concluye que el verso debe traducirse de la siguiente manera: “Ciertamente, en el ganado hay una lección para ustedes. Les damos de beber lo que está dentro de sus cuerpos, que proviene de una conjunción entre los contenidos del intestino y de la sangre, una leche pura y placentera para quienes la beben”.[212] Luego de discutir el proceso mediante el cual se forma la leche en el cuerpo del animal, Bucaille afirma:

“Aquí el proceso inicial que pone todo en movimiento es la unión de los contenidos del intestino y la sangre a nivel de la pared intestinal misma. Este concepto tan preciso es el resultado de los descubrimientos hechos en la química y la fisiología del sistema digestivo. Era totalmente desconocido en los tiempos del Profeta Muhámmad y no fue comprendido sino hasta tiempos recientes. El descubrimiento de la circulación de la sangre fue hecho por Harvey aproximadamente diez siglos después de la Revelación Coránica.

Considero que la existencia en el Corán del verso que se refiere a dichos conceptos no puede tener explicación humana sobre la base del período en el que fueron formulados.”[213]


 Milagros respecto al origen del universo

Las investigaciones contemporáneas han demostrado que el universo fue, en algún momento, no más que una nube de “humo”, la cual se define como “una composición opaca, gaseosa, caliente y de alta densidad”[214]. Al día de hoy se siguen formando nuevas estrellas a partir de los restos de esa nube cósmica. Dice Allah en el Corán: “Luego se estableció sobre el cielo, el cual era humo [en un principio] (41:11). Bucaille explica el significado de este verso, demostrando cómo es totalmente consistente con el “humo” al que se refieren los científicos contemporáneos:

La afirmación de la existencia de una masa gaseosa con finas partículas, pues esa es la interpretación que debe hacerse de la palabra ‘humo’ (duhán en árabe). El humo está compuesto generalmente por un sustrato gaseoso más partículas finas, en una suspensión más o menos estable, que pueden pertenecer a los estados sólido o líquido de la materia a temperaturas altas o bajas[215].

Pero dado que la galaxia se formó a partir de este “humo”, la ciencia contemporánea dice que los cielos y la tierra en realidad eran una sola entidad conectada y que a partir de esa entidad, o “humo”, se separaron y crearon los cielos y la tierra. Una vez más, esto también es lo que uno encuentra en el Corán. Dice Allah: “¿Acaso los incrédulos no reparan que los cielos y la Tierra formaban una masa homogénea y la disgregamos, y que creamos del agua a todo ser vivo?” (21:30). Nuevamente, es de interés destacar las palabras árabes exactas utilizadas en este fragmento. Bucaille agrega además:

La referencia al proceso de separación (fatq) de una masa única primaria cuyos elementos estaban inicialmente fusionados (ratq). Debe destacarse que en árabe, 'fatq' es la acción de romper, difuminar, separar, y que 'ratq' es la acción de fundir o unir elementos para hacer un todo homogéneo.[216]

El Dr. Alfred Kroner, Profesor de Geología y Jefe del Departamento de Geología del Instituto de Geociencias, Johannes Gutenberg University, Mainz, Alemania, llegó a la siguiente conclusión respecto a lo que dice el Corán sobre los orígenes del universo:

“Teniendo en cuenta de dónde venía Muhámmad … Creo que es casi imposible que hubiese podido conocer cosas como el origen común del universo, porque los científicos no lo han sabido sino hasta hace unos pocos años, con métodos tecnológicos muy avanzados y complejos, y ese es el caso.”[217]

 Milagros respecto a las montañas

Dice Allah en el Corán: “Por cierto que dispusimos la Tierra como un lecho, a las montañas como estacas” (78:6-7). Allah también dice al llamar a la humanidad a reflexionar en los diversos fenómenos de la creación: [Reflexionen] En las montañas, cómo han sido afirmadas. Y en la Tierra, cómo ha sido extendida.” (88:19-20).

A la luz de la ciencia moderna, estos versos son muy reveladores. Ha sido demostrado que las montañas tienen “raíces” profundas. Estas raíces se internan bien profundo en el suelo y tienen forma de estacas.[218] Es decir, en otras palabras, la misma descripción que hizo Allah de las montañas se puede traducir como estacas.

Allah también dice: [Dios] Fijó las montañas” (79:32). En otro verso dice: “Afirmó las montañas en la tierra para que no temblara, dispuso ríos y caminos para que viajéis por ellos.” (16:15). Los descubrimientos recientes han demostrado que las montañas ayudan a estabilizar la corteza terrestre. Este conocimiento, desde luego, es resultado de la teoría moderna de las placas tectónicas, la cual se desarrolló recién a finales de la década de 1960.[219]

Podríamos brindar muchos más ejemplos de este tenor, pero considero que son suficientes para demostrar el “milagro científico” del Corán que le fue revelado al Profeta Muhámmad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) que no sabía leer ni escribir hace más de 1400 años.


 Afirmaciones de observadores imparciales en Oriente y Occidente

A lo largo de la historia, muchos observadores imparciales del Islam han escrito testimonios sobre las bellezas o la excelencia del Islam, el Corán y el Profeta Muhámmad.[220] En la actualidad, muchos que escriben sobre el Islam son muy positivos en su apreciación de esta noble religión. Algunos no musulmanes contemporáneos son bastante activos a la hora de refutar las falsas acusaciones que se oyen en los medios sobre el Islam.

En realidad, algunos de los mayores pensadores e historiadores de Oriente y Occidente eran extremadamente halagadores en su discusión general de la religión del Islam.[221]

El autor de A History of the Intellectual Development of Europe, John Draper, escribió: “Cuatro años después de la muerte de Justiniano, en 569 D.C., nació en La Meca, en Arabia, el hombre que, de todos los hombres, ha ejercido la mayor influencia sobre la raza humana”[222]. Más recientemente, el libro The 100: A Ranking of the Most Influential Persons in History, de Michael H. Hart, sitúa al Profeta Muhámmad en el número uno de los líderes más influyentes del mundo.

El escritor estadounidense Washington Irving escribió un libro sobre el Profeta Muhámmad titulado Mahomet and His Successors. En dicha publicación, él da una descripción brillante y halagadora del Profeta. Por ejemplo, escribe:

“Sus cualidades intelectuales eran sin duda alguna algo extraordinario... No ostentaba ni se vanagloriaba de su atuendo... En sus asuntos privados era justo. Trataba a los amigos y extraños, pobres y ricos, poderosos y débiles, con equidad, y era amado por la gente común… Sus triunfos militares no le provocaban orgullo ni vanagloria, como lo habrían hecho si se hubiesen llevado a cabo con fines egoístas…”[223]

Lamartine, el intelectual francés, escribió:

“Si la grandeza del propósito, la escases de medios y los asombrosos resultados son los tres criterios del genio humano, ¿quién se atrevería a comparar a cualquier gran hombre de la historia moderna con Muhámmad? Los hombres más famosos crearon sólo armas, leyes e imperios. Ellos fundaron, si es que hicieron algo, no más que poderes materiales que a menudo se desmoronaban ante sus ojos. Este hombre no sólo movió ejércitos, leyes, imperios, pueblos y dinastías, sino millones de hombres en un tercio de lo que entonces era el mundo habitado; y aún más, sacudió los altares, los dioses, las religiones, las ideas, las creencias y las almas. Sobre la base de un Libro, cada letra del cual se convirtió en ley, él creó una nacionalidad espiritual que unió a pueblos de todos los idiomas y de todas las razas...”[224]

El Profesor Nathaniel Schmidt escribió:

“La sinceridad esencial de la naturaleza de Muhámmad no se puede cuestionar; y en una crítica histórica que no deja pasar ningún hecho, que no deja nada a la credulidad, que analiza todos los testimonios, que no tiene interés de parte, y que busca solo la verdad, debe reconocer que él pertenece a ese orden de profetas…”[225]

Se pueden encontrar afirmaciones brillantes de historiadores e intelectuales destacados como Edward Gibbon, Arnold Toynbee, H. G. Wells, George Bernard Shaw, Will Durant, Marshall Hodgson y otros.[226]

Además de historiadores y pensadores, incluso dignatarios de otros credos han expresado su respeto y admiración por el Profeta Muhámmad. El Reverendo Montgomery Watt afirmó honestamente:

“Suponer que Muhámmad era una impostor plantea más problemas de los que resuelve. Además, ninguna de las grandes figuras de la historia está tan pobremente aceptada en Occidente como Muhámmad”[227].

Dijo sobre el Profeta el líder hindú Mahatma Gandhi:

“Quise conocer lo mejor de la vida de quien indiscutiblemente rige hoy los corazones de millones de personas… Me convencí aún más de que no fue la espada la que ganó un lugar para el Islam en aquellos días en el esquema de la vida. Fue la rígida simplicidad, el desprendimiento del Profeta, la escrupulosa consideración por los pedidos, su intensa devoción por sus amigos y seguidores, su intrepidez, su valentía, su absoluta confianza en Dios y en su propia misión. Fueron todos esos factores y no la espada los que superaron todos los obstáculos... Cuando cerré el segundo volumen [de la biografía del Profeta], me lamenté de que no hubiese más para leer de esa grandiosa persona.”[228]

En décadas recientes, muchos científicos en particular se han maravillado de la milagrosa naturaleza del Corán y han llegado a la conclusión de que es inconcebible que dicha obra haya sido producida por una persona hace 1400 años.[229] Por ejemplo, el doctor en medicina francés Maurice Baucaille, al final de un completo estudio sobre la Biblia, el Corán y la ciencia, escribió:

“En vista del nivel de conocimiento existente en los tiempos de Muhámmad, es inconcebible que muchas de las afirmaciones del Corán que están conectadas con la ciencia hayan sido obra de un hombre. Además, es perfectamente legítimo, no solo en relación al Corán como expresión de una revelación, sino también para otorgarle un lugar especial, respecto a la garantía de autenticidad que ofrece y la presencia en él de afirmaciones científicas que, al ser estudiadas hoy, aparecen como un desafío a la explicación en términos humanos.”[230]

El Dr. T. V. N. Persaud, especialista en Anatomía, Obstetricia y campos relacionados y Profesor de la Universidad de Manitoba, declaró:

“Tenemos a alguien analfabeto [es decir, el Profeta Muhámmad] haciendo profundos pronunciamientos y declaraciones que son asombrosamente precisos en cuanto a su naturaleza científica. Personalmente, no veo cómo esto puede ser una mera casualidad. Existen también muchas exactitudes y, al igual que el Dr. Moore, no tengo dificultad en mi mente en dilucidar que se trata de una inspiración o revelación divina lo que lo llevó a hacer dichas declaraciones”.[231]

 El Profesor Tejatat Tejasen de la Universidad Chiang Mai de Tailandia afirmó:

“Durante los últimos tres años, me interesé en el Corán… Según mis estudios, creo que todo lo que se ha registrado en el Corán hace mil cuatrocientos años es la verdad, y puede ser demostrada por medios científicos. Dado que el Profeta Muhámmad no sabía leer ni escribir, Muhámmad debe ser un profeta que transmitió esta verdad, la cual le fue revelada como una iluminación por parte de quien es el creador... Por lo tanto, creo que es hora de decir... [en este punto, el Prof. Tejasen realiza su testimonio de fe islámico].[232]

La última personalidad citada declaró su fe y se convirtió en musulmán. En realidad, ese ha sido el destino de millones de personas que estudiaron el Islam tanto en Oriente como en Occidente. Algunos pueden ser famosos, como el músico de rock Cat Stevens o el diplomático alemán Murad Hoffman, pero la gran mayoría son simplemente personas honestas que entienden que hay una verdad detrás de esta realidad y que a través de un estudio imparcial y la contemplación reconocen y aceptan la verdad del Islam.

Desde luego, en este punto puede surgir una pregunta muy importante: ¿Por qué no adoptan el Islam todos los que tienen para decir cosas tan maravillosas del Islam? Cada caso individual puede ser diferente pero muchos tienen sus razones personales para no adoptar el Islam. Por ejemplo, muchas personas que crecieron en Occidente han desarrollado un rechazo por toda forma de “religión organizada” y por lo tanto ven la verdad pero la practican por su cuenta. Otros pueden estar “felices y satisfechos” con lo que tienen y no entienden la necesidad vital de avanzar a una verdad completa a la vista de Dios. Otros simplemente no desean hacer un cambio drástico en sus vidas, aunque ven la verdad en algo. Pero otros pueden tener barreras sociales para aceptar una religión tan diferente según su posición o sociedad en que vivan. Las razones son diversas. En todo caso, sin embargo, el Islam se hace valer por sus propios méritos. La persona no se debe preocupar por lo que otros puedan decir o hacer según sus propios gustos u opiniones sesgadas. Así, se alienta e invita a la persona a hacer su propio estudio imparcial del Islam. Como suele ser el caso, esto lo puede llevar a la verdad del Islam y a un deseo de adoptar la religión de Allah.

 Así, llegamos al tema final: Cómo adoptar el Islam.

 Cómo adoptar el Islam

El proceso mediante en cual uno se convierte en musulmán es simple y directo. Solamente es necesaria la declaración de nuestra creencia. Así, uno debe decir delante de testigos: “Atestiguo que no existe nada digno de alabanza excepto Allah y atestiguo que Muhámmad es el Mensajero de Allah”. Al pronunciar dichas palabras, uno ingresa a la bella hermandad del Islam, una hermandad que se ha extendido desde los tiempos de Adán hasta los últimos días de esta tierra.

Se recomienda lavarse el cuerpo totalmente, una ducha, por ejemplo, antes de hacer esta declaración. Este acto simbólico representa la purificación de los actos previos al entrar en esta nueva etapa de la vida. El Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: “El Islam purifica todos [los pecados] que precedieron”.[233] En otras palabras, ya sea que uno haya desobedecido a Dios o simplemente ignore la fe, todo eso queda atrás. Ahora la persona tiene una nueva vida. Sin embargo, debe darse cuenta que ha dado su primer paso. Hay muchos pasos maravillosos por delante. Debe estar preparado para crecer y florecer como un creyente devoto y siervo de Allah hasta que finalmente se encuentre con Allah el Día del Juicio, complaciéndose con ser siervo de Allah y Allah complaciéndose con Su siervo.

Ya se mencionó anteriormente que el Islam es una forma completa de vida. Al adoptar el Islam, uno debe tener la intención de someterse a Allah. Esto significa que pueden darse muchos cambios en la vida de la persona. De esa manear, es un paso que transforma la vida de muchas formas. Se debe tomar el compromiso con ese conocimiento y con la firme convicción de que complacer a Allah es la meta máxima de esta vida.

Sin embargo, uno nunca ha de estar solo en el camino espiritual.  Desde el momento en que uno adopta el Islam, forma parte de una hermandad que estará allí para que sus miembros se ayuden unos a otros. En cada ciudad importante del mundo hay centros islámicos y mezquitas. Doy fe por mi propia experiencia que dichos centros estarán más que dispuestos a recibir a un recién llegado y ayudarlo a crecer como musulmán.

Por la gracia de Allah, Él ha hecho que Su religión esté abierta a cualquiera. No hay restricciones, sólo hace falta un corazón sincero dispuesto a someterse y adorar solamente a Allah.

Que Allah guié a todos los que buscan la verdad con sinceridad por el maravilloso y bello camino de Su religión, el Islam.


 Conclusión

He intentado ofrecer un poco de luz sobre la religión de Allah, el Islam. Obviamente, se trata de una tarea difícil de realizar en pocas palabras. En ocasiones, es difícil expresar con palabras la belleza que uno siente. No obstante, espero que parte de lo aquí escrito haya tocado el corazón y la mente del lector. El único consejo que queda por dar es alentar a todo lector a acudir a Dios con un corazón sincero y pedirle que lo guíe. Allah mediante, que la oración sincera lleve a la persona directamente a la verdad y a la belleza del Islam. Amén.


 Referencias

Las siguientes son algunas de las referencias utilizadas para este libro. Solamente se reproducen aquí las referencias que cumplen con estos dos criterios: (1) que la referencia esté en inglés y (2) que la referencia sea relevante para un posterior estudio del Islam. Todas las otras referencias han sido relegadas a sus respectivas notas al pie de página.

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[1] Citado de Afif A. Tabbarah, The Spirit of Islam: Doctrine & Teachings Hasan T. Shoucair, trad. (2da edición revisada por Rohi Baalbaki, 1988, no se brinda más información de la publicación), p. 9. Para un estudio en profundidad de un no musulmán sobre cómo se representa al Islam en la literatura occidental, ver Norman Daniel, Islam and the West: The Making of an Image (Oxford, England: Oneworld Publications, 1993), passim. Otra importante obra es Minou Reeves, Muhammad in Europe: A Thousand Years of Western Myth-Making (Washington Square, New York: New York University Press, 2000), passim. Es interesante destacar su explicación de por qué los occidentales intentaron atacar a la persona del Profeta per se. Ella dice: “El problema comenzó con los primeros polémicos cristianos medievales. Ellos escogieron no atacar a la teología islámica, que era muy seductora en su simplicidad y claridad, y que planteaba muchas preguntas difíciles de contestar para el dogma cristiano. Tampoco pudieron establecer dudas sobre la práctica piadosa de los musulmanes comunes y corrientes. En su lugar, anticipando los peores excesos del periodismo amarillista, personalizaron el tema y atacaron al Profeta del Islam, ignorando todo el conocimiento de los hechos e inventando falsedades. Los musulmanes no pudieron responder de igual forma, pues el Corán les dice que deben reverenciar a Jesús como un profeta sagrado.”

[2] Una interesante discusión sobre cómo se trata el Islam en un medio de comunicación occidental es John E. Richardson, (Mis) Representing Islam: The racism and rhetoric of British broadcast newspapers (Amsterdam: John Benjamins Publishing Company, 2004), passim.

[3] Que un musulmán dé un mal ejemplo es un pecado grave. Allah les ha enseñado a los musulmanes a hacer la siguiente súplica: “¡Oh, Señor nuestro! No permitas que los incrédulos nos venzan [y así duden acerca de quién está en el camino verdadero]. Perdónanos ¡Oh, Señor nuestro!, Tú eres Poderoso, Sabio.” (60:5).

[4] El ejemplo y las acciones del Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) son conocidos como su Sunnah mientras que sus declaraciones son conocidas como Hadiz. Al leer más sobre el Islam, encontramos estos términos con frecuencia. Para más familiaridad del lector, se utilizarán en este libro los términos “ejemplo” y “afirmaciones”. Note también que dichos reportes sobre el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) normalmente son referidos mencionando la fuente en que se encontraron. En este libro se sigue dicha manera tradicional de referencia.

[5] En consecuencia habrá pocas referencias a religiones o filosofías orientales.

[6] Algunas de las mejores y mas detalladas obras escritas por musulmanes, por varias razones, no encuentran fácil acceso a las estanterías de las mas conocidas cadenas de librerías. De todas maneras, estas obras pueden ser encontradas en las tiendas virtuales en internet.

[7] Aquí se pueden dar dos ejemplos. Dos de los más importantes “libros de texto” sobre el Islam son: Frederick Denny, An Introduction to Islam (New York: Macmillan Publishing Company 1994) y John Esposito, Islam: The Straight Path (New York: Oxford University Press, 1998). Si bien ninguno de estos dos autores se puede clasificar como antagonista al Islam, ambos siguen sin resaltar ni presentar con veracidad la esencia y la belleza del Islam. La otra de Denny tiene 17 capítulos y casi 400 páginas. De ellos, sólo cinco a seis capítulos (unas 100 páginas) tocan lo que se podría considerar los temas esenciales del Islam. El resto trata de las civilizaciones de Egipto y la Mesopotamia, la historia del Judaísmo y el Cristianismo, los desarrollos posteriores del Sufismo, “los movimientos reformistas modernos”, y demás. Esposito tiene seis capítulos y menos de la mitad de su trabajo toca temas centrales. El resto trata principalmente de desarrollos políticos o históricos. Se pueden leer ambos libros sin conocer mucho sobre el Islam y lo que realmente atrae a millones de personas de todo el mundo a esta religión. Ambos libros acaban de salir en nuevas ediciones pero ninguna cambia el contenido del anterior comentario.

[8] El lector debe notar cómo se hace referencia a los versos del Corán: número de surah o “capítulo” seguido del número de verso, por ejemplo, 2:16 significa el verso dieciséis del segundo capítulo.

[9] Organización Islámica para América Latina, en su versión resumida, Sahih al-Bujari.

[10] Organización Islámica para América Latina, en su versión completa,Sahih Muslim.

[11] Los mencionados en esta introducción son de naturaleza general. A lo largo de este libro se mencionarán obras más especializadas. Cabe destacar que el autor también aprovechó dos de sus trabajos anteriores: He Came to Teach You Your Religion y Purification of the Soul.

[12] Commentary on the Creed of at-Tahawi by ibn Abi al-Izz (Muhammad Abdul-Haqq Ansari, trad., Riyadh: Ministry of Higher Education, 2000).

[13] Estos son parte de una serie de unos ocho libros que tratan los puntos básicos de las creencias islámicas. Son publicados por International Islamic Publishing House, Riyadh, Arabia Saudita.

[14] Bilal Philips, The Fundamentals of Tawheed (Islamic Monotheism). (Birmingham, United Kingdom: Al-Hidaayah Publishing and Distribution, no hay fecha disponible).

[15] Traducido por Hasan Shoucair y revisado por Rohi Baalbaki. Si bien es un excelente texto introductorio sobre el Islam, lamentablemente la edición disponible para este autor no tiene información de publicación.

[16] Él llegó a esta conclusión mostrando que todo el Corán, en esencia: (1) discute los nombres, atributos y acciones de Allah, y que es parte de conocer qué significa creer de Allah; (2) llama a las personas a adorar solamente a Allah, sin asignarle compañeros y dejando todo lo que se pueda adorar aparte de Él, y esto está relacionado con las acciones que surgen de creer en Allah; (3) ordena, prohíbe y exige obediencia a Allah, y esto es parte de los derechos o implicaciones de creer en Dios; (4) determina cómo Allah honra a quienes creen correctamente en Él, cómo Él los trata en este mundo y con qué Él los honra en el Más Allá; todo esto es la recompensa por creer correctamente en Dios; (5) discute sobre aquellos que le han asociado compañeros a Allah y a quienes Él ha castigado en esta vida o que castigará en la que viene, esta es la recompensa justa de quienes abandonan la creencia correcta en Dios y actúan según esa creencia correcta. Ver Ibn Abi al-Izz, Commentary on the Creed of at-Tahawi by ibn Abi al-Izz, p. 13

[17] Este tema se discutirá con mayor detalle más adelante.

[18] Como suele ser el caso, las ideologías o filosofías se han desarrollado en ciertas áreas del mundo debido a circunstancias particulares de esa zona y que luego se desarrollan en ideologías universales. Por ejemplo, la brecha entre el hecho científico y las enseñanzas de la iglesia era algo prevalente en el Cristianismo pero nunca fue un problema, hasta el día de hoy, en el mundo islámico. Así, los argumentos que apoyaban a esos filósofos en su actitud frente a la revelación de Dios estaban totalmente restringidos a la revelación con la que estaban familiarizados, es decir, la Biblia. Sus argumentos se desmoronan una vez que la revelación, como el Corán, es presentada, porque es totalmente consistente con los hechos científicos del mundo físico que rodea al ser humano. Quizás, y desde luego, solo Dios puede saber esto, si estos filósofos hubieran estado expuestos al Corán como revelación de Dios en lugar de la Biblia y las enseñanzas de la Iglesia Cristiana, habrían llegado a conclusiones muy diferentes sobre la revelación de Dios.

[19] Registrado por al-Bujari y Muslim.

[20] El dicho clásico entre los árabes beduinos era: “El estiércol de camello indica la presencia de un camello y las huellas indican que alguien ha caminado”. Se dice que uno de los primeros estudiosos islámicos, Abu Hanifah, dijo que un grupo de personas que habían planteado dudas sobre Dios vinieron ante él para discutir sobre la unicidad del Creador y el Señor. Él les dijo: “Antes de pasar a discutir esta cuestión, díganme lo que piensan de una embarcación que navega por el Éufrates, va a la costa, se carga con alimentos y otras cosas, luego regresa, ancla y descarga todo sin que nadie la navegue ni la controle”. Ellos dijeron: “Eso es imposible, nunca podría suceder”. Él les dijo entonces: “Si eso es imposible respecto a un navío, ¿cómo es posible entonces que este mundo entero se mueva por sí solo en toda su inmensidad?”. Esta historia también fue narrada de otras personas aparte de Abu Hanifah. Cf., Commentary on the Creed of at-Tahawi, p. 9. Umar al-Ashqar ofrece otro ejemplo: “Hace unos años, las arenas en el desierto de Rub' al-Khaali' fueron empujadas por una tormenta de viento y revelaron las ruinas de una ciudad que estaba cubierta por la arena. Los científicos comenzaron a examinar los contenidos de esa ciudad para intentar determinar el período en el que había sido construida. Ninguno de los arqueólogos sugirió que la ciudad haya sido producto de actos naturales como el viento, la lluvia, el calor y el frío, y no por las acciones del hombre. Si alguien hubiera dicho tal cosa, lo habrían considerado un loco y habrían tenido lástima de él”. Umar al-Ashqar, La Creencia en Allah (Riyadh: International Islamic Publishing House, 2003), p. 125.

[21] Sería políticamente incorrecto llamar a éstas fuentes “malignas”, “satánicas” o “impías”. Sin embargo, al final, esta conclusión será inevitable pues dichas fuerzas intentan alejar a los seres humanos de lo que es correcto y llevarlos a otras formas de creencia.

[22] © 1993-2003 Microsoft Corporation. Todos los derechos reservados.

[23] © 1993-2003 Microsoft Corporation. Todos los derechos reservados.

[24] Cabe destacar que existen algunas evidencias acerca de un Big Bang cósmico hace muchos años, el hecho posible de que haya sido un paso dado por Dios en el proceso de formar este cosmos no necesariamente contradice las creencias islámicas. La forma exacta de todos los pasos y detalles por medio de los cuales Dios creó las distintas partes de este cosmos no se conoce y, en el mejor de los casos, solo se pueden establecer teorías.

[25] Citado por al-Ashqar, La creencia en Allah, p. 131.

[26] Citado por al-Ashqar, La creencia en Allah, p. 131.

[27] Commentary on the Creed of at-Tahawi, p. 4.

[28] Muhammad ibn Salih Al-Uzaimin, Sharh Usul al-Imaan (Fairfax, VA: Institute of Islamic and Arabic Sciences in America, 1410 A.H.), p. 19.

[29] Además, los cristianos también distinguen entre Dios Padre – el Creador – y “el Hijo”. Salvo raras excepciones, la mayoría de ellos no diría que “el Hijo” creó el Universo. También sé por parte de muchos ex hindúes que se convirtieron al Islam que la mayoría de los hindúes también tienen un concepto de un único creador por encima de todos los dioses en que creen.

[30] Los mismos procedimientos que actualmente pueden devolverles la vista a algunas personas fallan en otros, incluso cuando todas las otras condiciones parecían similares. De hecho, los médicos siempre hablan de porcentajes de éxito porque en definitiva el resultado se halla en un poder mucho mayor que el simple medio material que Dios ha puesto a su disposición.

[31] Bilal Philips, The Purpose, pp. 41-42.

[32] Abdul Rahman Al-Saadi, Al-Fatawa al-Saadiyah (Riyadh: Manshooraat al-Muassasat al-Saeediyah, n.d), pp. 10-11.

[33] Citado en Muhammad al-Hammad, Tawhid al-Uluhiyah (Dar ibn Khuzaima, 1414 A.H.), p. 26.

[34] Registrado por Abu Dawud, al-Nasai, al-Tirmidhi y otros.

[35] Esto se debe a que el alma, por su carácter inherente, anhela encontrarse con su Creador.

[36] Ahmad Ibn Taimiah, Maymu Fatawaa Shaikh al-Islaam ibn Taimiah (Recopilado por Abdul Rahmaan Qaasim y su hijo Muhammad. No hay información de la publicación), vol. 1, pp. 24-29.

[37] Politeísmo significa unir la adoración de Dios con la adoración de ídolos, árboles, animales, tumbas, cuerpos celestiales, poderes naturales y demás. También significa aceptar a personas o profetas como dioses, o pretender que Dios Todopoderoso tiene hijos e hijas. Ver Tabbarah, p. 47.

[38] Quizás es este anhelo lo que ha llevado a dioses personificados, dioses que las personas puedan tocar, dioses “humanizados”, dioses “hijos” de Dios y otras creencias antropomórficas. Sin embargo, estas falsas creencias sólo traen miseria pues dan como resultado asociarle compañeros a Allah, un pecado grave que es imperdonable si la persona muere cometiéndolo.

[39] Los musulmanes están constantemente conscientes de Allah y de estos dos nombres en particular. Antes de comenzar cualquier acción, un musulmán dice “En el nombre de Allah, el Clemente, el Siempre Misericordioso”.

[40] Sobre este punto cabe destacar que hay quienes intentan atacar al Islam diciendo que el Islam no cree en un Dios personalizado o que ama. Los cristianos, por ejemplo, citan su Biblia, I Juan 4:8: “El que no ama, no conoce á Dios; porque Dios es amor.” (Reina Valera). El Comentario del Nuevo Testamento de James Coffman dice: “Nadie en todo el mundo sabía que Dios es amor hasta que fue revelado desde el cielo y escrito en el Nuevo Testamento. ‘Está aquí, y en ningún otro sitio; no se encuentra en la literatura de la humanidad’”. Este pasaje, desde luego, es problemático. Incluso si yo fuera cristiano, no podría encontrar una respuesta satisfactoria para decir qué significa la expresión “Dios es amor”. El amor no es más que un concepto abstracto. ¿Cómo puede Dios ser amor? Por ejemplo, si dos personas se enamoran, ¿significa que Dios queda disminuido de alguna forma? Si dos personas tienen un amor prohibido, ¿sigue siendo Dios o Su presencia? Nunca he podido ofrecer respuestas razonables para estas y otras preguntas similares. Por otro lado, decir que Dios “ama” o que Él es la fuente de amor positivo perfectamente tiene sentido. Esto significa que es uno de Sus atributos. Dice el Corán que Allah es al-Wadud (85:14), lo que significa “El que ama, el afectuoso.” Aún más, el Corán hace hincapié en repetidas ocasiones de que Allah es al-Rahmaan y al-Rahim (el Clemente, el Siempre Misericordioso), conceptos que van más allá del simple concepto de amor.

[41] Lamentablemente, los libros de los judíos y los cristianos están plagados de pasajes antropomórficos. Por ejemplo, en Génesis 32:24-28 consta el relato y descripción literal de Jacobo luchando y venciendo a Dios. En el verso 28 dice: “No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel: porque has peleado con Dios y con los hombres, y has vencido.” En otras palabras, el creador del universo a quien la humanidad se supone que debe adorar y someterse fue derrotado por un simple mortal en una pelea. En muchos sitios la imagen de Dios en el Antiguo Testamento no es la de un ser grande y perfecto. De hecho, el Antiguo Testamento muestra a Dios como alguien que quiso hacer el mal pero se arrepintió. En Éxodo 32:14 dice: “Entonces Jehová se arrepintió del mal que dijo que había de hacer a su pueblo” (Reina Valera. El concepto cristiano de Dios y de un Dios que tiene un hijo es, desde luego, totalmente blasfemo desde la perspectiva islámica. Para más detalles sobre este punto, ver Purification of the Soul: Concept, Process and Means, pp. 20-29, de este autor.

[42] Ahmad ibn Taimiah, Maymu Fatawaa Shaikh al-Islaam ibn Taimiah, vol. 7, p. 234.

[43] Citado en Fauz bint Abdul Latif al-Kurdi, Tahqiq al-Ubudiyyah bi-Marifah al-Asmaa wa al-Sifaat (Riyadh: Daar Taibah, 1421 A.H.), p. 164.

[44] Mucho más aún de las pruebas del Corán y la Sunnah.

[45] La palabra árabe aiaam traducida aquí como “días” no necesariamente se refiere a los períodos de veinticuatro horas. Se refiere a seis períodos de tiempo. En todos los otros pasajes, por ejemplo, Allah dice: “Y si te desafían a que les adelantes el castigo, sabe que Allah no quebrantará Su promesa y que un día para Tu Señor es como mil años de los vuestros.” (22:47). Ver también 32:5. En otro verso, dice Allah: “Ascenderán hacia Él los ángeles y las almas un día que durará cincuenta mil años” (70:4). El tema de la creación será tratado con más detalle en la sección de milagros científicos existentes en el Corán y la Sunnah.

[46] Cabe destacar que esta es una clara señal de que la religión de la verdad no le teme a la ciencia de ninguna manera. En Occidente, la fe a menudo es puesta en contraposición a la ciencia. Sin embargo, esa falsa competencia se debe a la naturaleza de la religión que la mayoría de las personas siguen en Occidente. No tiene que ver necesariamente con la religión como un todo y ciertamente no con la verdadera religión que viene del mismo Creador que creó los cielos y la tierra.

[47] Desde luego, esto es lo que afirman los materialistas. Ellos sostienen que todo es resultado de algo aleatorio y de la interacción de las moléculas. Así, no habría ningún propósito detrás de esta maravillosa creación. Sus opiniones serán discutidas más adelante.

[48] Ver también 14:32-33; 16:12; y 22:65.

[49] Parte del material de esta sección está tomado de Purification of the Soul, pp. 23-25 y 107-113, de este mismo autor.

[50] Se puede discutir que un aspecto que distingue a los humanos de otras criaturas vivas es la mente, y este es un aspecto que las teorías del materialismo o la evolución posiblemente no puedan explicar. Cf., T. H. Janabi, Clinging to a Myth: The Story Behind Evolution (Burr Ridge, IL: American Trust Publications, 2001), pp. 82-84.

[51] Cf., Anas Karzoon, Manhay al-Islaam fi Tazkiyah al-Nafs (Jeddah: Daar Nur al-Maktabaat, 1997), vol. 1, pp. 20-21.

[52] Karzoon, vol. 1, p. 24.

[53] Karzoon, vol. 1, p. 25.

[54] O a través de un Creador que no tiene interés en lo que hace el ser humano.

[55] Citado en Abdessalam Yassine, Winning the Modern World for Islam (Iowa City, IA: Justice and Spirituality Publishing, Inc., 2000), p. 74.

[56] Citado en Yassine, p. 75.

[57] Citado en Yassine, p. 75.

[58] Es mejor evitar una discusión extensa y detallada del Darwinismo desde una perspectiva islámica. Ciertos autores musulmanes han escrito sobre este tema y el lector a quien le interese puede consultar: al-Ashqar, pp.138-156; Janabi, passim; Ruqaiyyah Waris Maqsud, Thinking About God (Plainfield, IN: American Trust Publications, 1994), pp. 71-89.

[59] Una crítica de dicha psicología darwiniana es Anne Innis Dagg, “Love of Shopping” Is not a Gene: Problems with Darwinian Psychology (Montreal: Black Rose Books, 2005). La crítica es útil pero las propias conclusiones de Dagg sobre la vida son inconsistentes con las enseñanzas islámicas, por así decirlo.

[60] Al-Ashqar, Belief in Allah, p. 144.

[61] Mahmud Mamdani, Good Muslim, Bad Muslim: America, the Cold War, and the Roots of Terror (New York: Pantheon Books, 2004), p. 262.

[62] Es realmente asombroso cómo se extiende el debate en Estados Unidos acerca de la cuestión del diseño inteligente, el creacionismo y la evolución. Todo aquel que no crea en alguna forma fuerte de evolución pareciera ser dogmático, anacrónico y opuesto a lo científico. La teoría es presentada a los alumnos como si estuviera por encima de la crítica o como si la crítica ni siquiera existiese. Así, C. P. Martin escribió en American Scientist: “No es que sean conscientes de las dificultades… y que las consideren de poco peso o poca importancia; nunca las han oído y se sorprenden ante la mera posibilidad de que se critique la teoría aceptada” (Citado en Maqsud, p. 71). El hecho es que ningún científico honesto llama a la evolución simplemente “la teoría de la evolución”; es una teoría que muchos sostienen pero que definitivamente no es un hecho científico. La teoría en sí tiene muchos huecos como lo han discutido al-Ashqar, Janabi y Maqsud en las referencias citadas anteriormente.

[63] Karzoon, vol. 1, pp. 99-100. Ver también las respectivas referencias a las que él se refiere en dicha obra.

[64] Registrado por al-Bujari y Muslim.

[65] Pareciera ser una falsa creencia incluso desde una perspectiva islámica. Dios no hace culpables a las personas por los pecados de otros, incluso si fuera su propio padre. Así, Ezequiel 18:20 dice: “El alma que pecare, esa morirá: el hijo no llevará por el pecado del padre, ni el padre llevará por el pecado del hijo: la justicia del justo será sobre él, y la impiedad el impío será sobre él.” (Reina Valera). Cabe destacar que si la idea del Pecado Original se desmorona, entonces prácticamente toda la teología cristiana, que se centra en el hecho de que Jesús murió en la cruz y en el significado de ese sacrificio, también se desmorona.

[66] Satán, según la creencia islámica, no era un “ángel caído”. Los ángeles nunca “caen” ni se convierten en nada similar a un demonio. Eso a contra el propio carácter de los ángeles. Satán es de otra clase de criaturas conocidas como genios.

[67] Registrado por al-Bujari.

[68] En lo que respecta a lo que conozco, no hay ningún texto claro en el Corán o la Sunnah que responda explícitamente a esta pregunta, en contraposición a la pregunta del propósito de la humanidad. Se sabe que Allah actúa sobre la base del conocimiento, pero, obviamente, no es necesario que dicha sabiduría siempre sea evidente a los seres humanos. De hecho, ibn Abi al-Izz escribió: “Es difícil o imposible que el hombre comprenda en su totalidad la sabiduría que se halla detrás de la creación de Allah o de Sus mandamientos”. (op cit., p. 41). Más adelante, también marca el siguiente punto: “Si la sabiduría de Allah queda oculta de nosotros y no la conocemos, eso no significa que no haya un propósito o razón detrás de la creación o la acción. ¿Acaso no ven la sabiduría detrás de la creación que Allah hizo de las serpientes, los escorpiones, los ratones y los insectos que no conocemos? Lo único que sabemos de estas criaturas es que son dañinas. Pero eso no significa que Allah no las haya creado o que no haya un propósito detrás de su creación, pues la ignorancia de un tema no es prueba de su inexistencia”. (p. 209) Así, la anterior respuesta es la que he considerado como posible respuesta a esta pregunta.

[69] “Y cuando tu Señor le dijo a los Ángeles: He de establecer una generación tras otra [de hombres] en la Tierra, dijeron: ¿Pondrás en ella quien la corrompa [desbastándola] y derrame sangre siendo que nosotros te alabamos y santificamos? Dijo: En verdad Yo sé lo que vosotros ignoráis.” (Corán 2:30).

[70] “Y cuando tu Señor le dijo a los Ángeles: He de establecer una generación tras otra [de hombres] en la Tierra, dijeron: ¿Pondrás en ella quien la corrompa [desbastándola] y derrame sangre siendo que nosotros te alabamos y santificamos? Dijo: En verdad Yo sé lo que vosotros ignoráis.” (Corán 2:30).

[71] Registrado por Ahmad.

[72] Registrado por al-Tirmidhi. Autenticado por al-Albaani. Ver Muhammad Naasir al-Deen al-Albaani, Sahih al-Yaami al-Saghir (Beirut: al-Maktab al-Islaami, 1988), vol. 2, p. 963.

[73] Registrado por Ahmad, Abu Dawud, al-Tirmidhi y otros. Autenticado por al-Albaani. Ver Sahih al-Yaami al-Saghir, vol. 1, p. 362.

[74] Esto no es negar que pueda haber racismo entre los musulmanes, aunque nunca ha llegado al grado que existe en el “Occidente moderno y civilizado”. Ese racismo es el resultado de la ignorancia o la falta de rectitud. Nunca se ha dado el caso de que alguna forma de racismo haya sido establecida por la religión misma, como es el caso de otras religiones.

[75] Citado en Islam—The First & Final Religion (Karachi, Pakistan: Begum Aisha Bawany Waqf, 1978), p. 73.

[76] Mucho de lo que podemos escuchar sobre las mujeres en el Islam es totalmente falso o se refiere a temas culturales que nada tienen que ver con las enseñanzas islámicas. En cuanto a lo segundo, muchos estudiosos islámicos han intentado remediar la situación.

[77] De hecho, en la fe islámica, Adán y Eva cometieron juntos el pecado original, y ambos se arrepintieron ante Allah y fueron perdonados por Allah.

[78] Annie Besant escribió alrededor de 1932: “A menudo pienso que las mujeres son más libres en el Islam que en el Cristianismo… En el Corán, la ley sobre la mujer es más justa y liberal. No fue sino en los últimos veinte años que la Inglaterra cristiana reconoció el derecho a las mujeres a tener su propiedad privada, mientras que el Islam ha permitido este derecho desde siempre…” Citado en Islam—The First and Final Religion, pp. 91-92. Ver el resto de las citas sobre este tema, pp. 91-93.

[79] Ann Elizabeth Mayer, Islam and Human Rights (Boulder, CO: Westview Press, 1999), p. 9.

[80] J. Donnelly, “Human Rights and Dignity: An Analytic Critique of Non-Western Human Rights Conceptions” American Political Science Review (1982, 76), p. 303.

[81] En realidad, este documento de las Naciones Unidas nunca fue legalmente vinculante. Por lo tanto, se propusieron y adoptaron nuevas convenciones, como la Convención sobre los Derechos Civiles y Políticos.

[82] En Pekín, durante la conferencia de la mujer, algunos grupos pujaban por establecer ciertas libertades sexuales, como el lesbianismo, como un derecho humano fundamental. Dicha sugerencia hubiese sido impensable solo cincuenta años atrás.

[83] Registrado por al-Bujari y Muslim.

[84] Andrew Newberg, Eugene D’Aquili y Vince Rause, Why God Won’t Go Away: Brain Science & the Biology of Belief (New York: Ballantine Books, 2001).

[85] Registrado por Muslim.

[86] De hecho, si bien pueden intentar negar la fe y la responsabilidad ante Dios, de vez en cuando sale a relucir la verdad que está en el alma y el reconocimiento de que sólo existe un Dios y Creador. Esto es aún más evidente cuando el ser humano se enfrenta con los desastres y sabe que tiene que acudir a la fuente de toda la creación. Lamentablemente, una vez que Dios alivia al hombre de esta aflicción, éste vuelve a su antiguo camino y se olvida nuevamente de Dios. Este fenómeno es mencionado en diversos pasajes del Corán. Por ejemplo, Allah dice: “Él es Quien hizo posible que transitaseis por la tierra y por el mar. Y cuando os encontráis en los barcos y navegáis con buenos vientos os contentáis por ello. Mas si os sacude una fuerte tormenta golpeándoos las olas por todos lados y pensáis que no tenéis salvación, entonces invocáis a Allah con toda sinceridad diciendo: Si nos salvas de ésta nos contaremos entre los agradecidos.” (10:22).

[87] Si bien muchos pueden no negar la existencia del alma, pareciera que se salen del camino para evitar usar o referirse al término. El psiquiatra y médico M. Scott Peck muestra que es mucho más que una coincidencia que la palabra “alma” esté ausente del vocabulario de muchos investigadores en la actualidad. En Denial of the Soul, escribió lo siguiente: “La palabra 'alma' quizás está en el vocabulario de todo niño de siete años... ¿Por qué entonces no está en el vocabulario profesional de los psiquiatras, otros trabajadores de la salud mental, los que estudian la mente, y los médicos en general? Hay dos razones. Una es que el concepto de Dios es inherente al concepto de alma, y 'hablar de Dios' es algo que está prácticamente fuera de los límites de estas profesiones relativamente seculares. Por más religiosos que puedan ser estos profesionales individualmente, no querrán ofender a sus colegas seculares. Por esa razón, tampoco querrían perder sus trabajos. El hecho es que hablar de Dios o del alma en las reuniones profesionales sería políticamente incorrecto. La otra razón es que estos profesionales tienen una prueba de rigor intelectual, y el alma es algo que no puede definirse totalmente… Pero esta imposibilidad de definir adecuadamente al alma no es el principal obstáculo. Los psiquiatras no tienen dificultad alguna en hablar de ‘luz’, ‘amor’, y ‘conciencia’ en su léxico profesional. El principal problema con la palabra ‘alma’ es su contundente conexión con Dios.” M. Scott Peck, Denial of the Soul: Spiritual and Medical Perspectives on Euthanasia and Morality (New York: Harmony Books, 1997), pp. 129-130.

[88] [Ahmad ibn Taimiah,] Ibn Taimiah’s Essay on Servitude (Birmingham, United Kingdom: al-Hidaayah Publishing and Distribution, 1999), p. 121.

[89] Nuevamente, se hace aquí hincapié en estas tres religiones pero se puede llevar a cabo un estudio similar para todas las religiones del mundo.

[90] El Talmud es: “El Talmud es una obra que recoge las discusiones rabínicas sobre leyes judías, tradiciones, costumbres, leyendas e historias”. (Edinburgh: Larousse, 1995), p. 513.

[91] Rabbi Aaron Parry, The Complete Idiot's Guide to the Talmud (New York, NY: Alpha Books, 2004), pp. 9-10.

[92] Citado en M. M. Al-Azami, The History of the Quranic Text from Revelation to Compilation: A Comparative Study with the Old and New Testaments (Leicester, United Kingdom: UK Islamic Academy, 2003), p. 250.

[93] Cf., Karzoon, vol. 1, p. 97.

[94] Según las enseñanzas del Nuevo Testamento, Jaime era el hermano de Jesús.

[95] Citado en Dialogue Between Islam and Christianity: Discussion of Religious Dogma Between Intellectuals from the Two Religions (Fairfax, VA: Institute of Islamic and Arabic Sciences in America, 1999), p. 38. En realidad, Pablo prácticamente se jacta del hecho de que sus enseñanzas no pueden remontarse a los maestros de la religión y que todo le llegó mediante la visión que recibió: “Mas os hago saber, hermanos, que el evangelio que ha sido anunciado por mí, no es según hombre… Mas cuando plugo a Dios, que me apartó desde el vientre de mi madre, y me llamó por su gracia, revelar a su Hijo en mí, para que le predicase entre los Gentiles, luego no conferí con carne y sangre; ni fui a Jerusalén a los que eran apóstoles antes que yo; sino que me fui a la Arabia, y volví de nuevo a Damasco. Después, pasados tres años, fui a Jerusalén a ver a Pedro, y estuve con Él quince días. Mas a ningún otro de los apóstoles vi, sino a Jacobo el hermano del Señor.” (Gálatas 1:11 y 1:15-19).

[96] Esta historia única del Cristianismo ha llevado a que diversas personas escribieran libros con títulos como Follow Jesus or Follow Paul? de Roshan Enam y The Mythmaker: Paul and the Invention of Christianity de Hyam Maccoby. Quizás el tema más importante respecto a Pablo no sea el hecho de que él nunca conoció a Jesús o que sus enseñanzas llevaron a generar disputas con los discípulos directos de Jesús, sino que el tema más importante respecto a Pablo es si estaba dispuesto a mentir para intentar promover sus creencias y su religión. Esta duda respecto a Pablo se basa en las propias palabras de Pablo en Romanos 3:7: “Empero si la verdad de Dios por mi mentira creció á gloria suya, ¿por qué aun así yo soy juzgado como pecador?”. Ciertamente, uno puede incluso cuestionarse si Pablo estaría dispuesto a seguir a Dios si ello fuera contra sus nociones concebidas de la verdad. Pablo mismo dice: “Mas aun si nosotros ó un ángel del cielo os anunciare otro evangelio del que os hemos anunciado, sea maldito.” (Gálatas 1:8, Reina Valera).

[97] Una secta del Islam conocida como Islam chiíta ha desarrollado un verdadero sacerdocio. Esto los ha llevado a contradecir esta primera premisa

[98] Es cierto que los musulmanes también siguen la Sunnah del Profeta además de la Palabra de Dios tal como está contenida en el Corán. Sin embargo, el cumplimiento de la Sunnah se basa en mandamientos directos de la Palabra de Dios que dicen que se ha de seguir la Sunnah. De hecho, el lugar y la autoridad de la Sunnah están afirmados en más de cuarenta puntos del Corán. Para más información sobre este punto, ver The Authority and Importance of the Sunnah (Denver, CO: Al-Basheer Company for Publications and Translations, 2000), de este mismo autor.

[99] Otros ejemplos de dichas declaraciones se pueden encontrar en Zarabozo, The Authority and Importance of the Sunnah, pp. 82-101.

[100] Jerald F. Dirks, The Cross & the Crescent (Beltsville, MD: Amana Publications, 2001), p. 53. Otras discusiones importantes sobre la autenticidad del Antiguo Testamento también se pueden encontrar en la obra de Maurice Bucaille, The Bible, the Quran and Science (Indianapolis, IN: American Trust Publications, 1978), pp. 1-43; M. M. Al-Azami, pp. 211-263.

[101] Robert W. Funk, Roy W. Hoover and the Jesus Seminar, The Five Gospels: What did Jesus Really Say? (New York: MacMillan Publishing Company, 1993), p. 5.

[102] Funk, et al., p. 9.

[103] Bart D. Ehrman, The Orthodox Corruption of Scripture: The Effect of Early Christological Controversies on the Text of the New Testament (New York: Oxford University Press, 1993), p. xi.

[104] El Corán mismo se refiere a la distorsión de los primeros libros por parte de los pueblos anteriores como también de sus intentos por ocultar parte de la revelación. Ver, por ejemplo, Corán 5:14-15 y 4:46.

[105] Una historia detallada del Corán y su conservación se puede encontrar en al-Azami, pp. 1-208. Para más citas de escritores no musulmanes que afirman la autenticidad del Corán, ver Dialogue Between Islam and Christianity, p. 295.

[106] No existe en lengua inglesa una obra completa sobre la historia de la conservación del hadiz. Estoy trabajando en un libro titulado, The Preservation of the Hadith: From the Early Years. Que Allah permita su pronta publicación.

[107] Las diferencias entre el árabe clásico (el idioma del Corán) y el árabe moderno son sutiles y no tienen grandes consecuencias. Una persona que desconozca totalmente el idioma árabe puede hojear el siguiente libro que señala dichas diferencias, cuando éstas ocurren: Elsaid Badawi, M. G. Carter and Adrian Gully, Modern Written Arabic: A Comprehensive Grammar (London: Routledge, 2004).

[108] Ver, por ejemplo, Corán 10:15 y 5:67.

[109] Durante la época del Profeta Muhammad, algunos incrédulos objetaban el hecho de seguir a un simple hombre. Algunos incluso exigieron que Dios enviase un ángel como mensajero. Así, Allah reveló: “Cuando los Mensajeros se presentaron ante sus pueblos, la mayoría no les creyeron y argumentaron: ¿Acaso es posible que Allah envíe a un ser humano como Mensajero? Diles: Si hubiera habido en la Tierra ángeles que la habitaran, entonces sí les habríamos enviado del cielo un ángel como Mensajero.” (17:94-95).

[110] El verso que sigue a las palabras citadas anteriormente dice que incluso si se hubiese enviado un ángel, habría sido enviado en forma humana, confundiendo aún más a los incrédulos.

[111] Si bien la verdad del monoteísmo está arraigada en la naturaleza humana, por la misericordia de Allah, Él nunca castiga hasta haber enviado un mensajero y que el mensaje quede claro: “Quien siga la guía será en beneficio propio, y quien se descarríe sólo se perjudicará a sí mismo. Nadie cargará con los pecados ajenos. No hemos castigado a ningún pueblo sin antes haberles enviado un Mensajero.” (17:15).

[112] Aquellos que niegan los milagros dirán que de alguna manera todo se puede explicar científicamente. Pero en realidad, en el mejor de los casos, las explicaciones científicas no hacen más que describir los procesos que tuvieron lugar. Nunca pueden tocar el tema de por qué o cómo tuvo lugar un incidente en particular en un momento en particular o en manos de una persona en particular.

[113] Registrado por al-Bujari and Muslim.

[114] Como se demostrará más adelante, constantemente se descubren nuevos aspectos de su naturaleza milagrosa.

[115] La mejor discusión en inglés sobre este aspecto de la naturaleza milagrosa del Corán es el de Muhammad Abdullah Draz, The Quran: An Eternal Challenge (Leicester, United Kingdom: The Islamic Foundation, 2001), pp. 65-179.

[116] Una obra recomendada que refuta las afirmaciones de que el Corán no es una revelación de Dios es: Hamza Mustafa Njozi, El origen del Corán (Riyadh, Saudi Arabia: Inteernational Islamic Publishing House, 2003).

[117] Louay Fatoohi and Shetha al-Dargazelli, History Testifies to the Infallibility of the Quran: Early History of the Children of Israel (Delhi, India: Adam Publishers & Distributors, 1999), pp. 247-248.

[118] Una diferencia importante entre el Judaísmo, el Cristianismo y el Islam es que los ejemplos detallados de las vidas de los profetas se han perdido en el caso del Judaísmo y el Cristianismo. Bajo muchas circunstancias, incluso el proceso de la oración misma, los judíos y cristianos no tienen un ejemplo definido al que acudir. Así, terminan dubitativos, confundidos, divididos y separados. Los musulmanes, por el contrario, pueden reunirse todos en torno al ejemplo detallado del Profeta Muhámmad que ha sido conservado para la posteridad. Así, por ejemplo, se puede entrar a mezquitas de todo el mundo y ver que los musulmanes oran de la misma manera, todos basados en la guía divina tal como la estableció el Profeta Muhámmad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él).

[119] En realidad, ambos tipos de conocimiento están relacionados a un solo tema: La manera correcta de adorar y someterse a Allah. En el Islam, los ritos de adoración como también las actividades “mundanas” entran dentro del ámbito de la religión y deben realizarse según la revelación de Allah. Ambos tipos se distinguen más arriba para enfatizar que los “asuntos mundanos” definitivamente deben someterse a la guía de Allah.

[120] Un ejemplo clásico de razonamiento humano se relaciona con un concepto desarrollado en el mundo occidental y conocido como “ley natural”, la ley que se supone es justa, inherente y reconocible por todos en todo el mundo. En particular, dado que los occidentales confiaban menos en las escrituras, recurrieron más y más a conceptos como la ley natural y otras ramas del secularismo. A medida que España avanzaba en el nuevo mundo, Francesco Victoria fue consultado sobre si los cristianos podían utilizar la fuerza militar para convertir a los indios al Cristianismo. Su respuesta fue negativa. Sin embargo, él declaró más tarde que los españoles, por ley natural, tenían el “derecho” de predicar el Cristianismo y también el derecho de pasar por tierras indias. Si los indios se negaban a ambas cosas, lo cual debían saber en virtud del hecho de que se trataba de la ley natural, los españoles tendrían entonces el derecho de usar la fuerza militar contra ellos. Como escribió James Turner Johnson: “Los derechos de los que hablaba Victoria fueron concebidos por él como universales, como ‘naturales’; pero los indios no los conocían. En realidad, estaban derivados históricamente de las prácticas y costumbres de las sociedades europeas. En el nombre de la ley natural, Victoria justificaba el imperialismo cultural”. James Turner Johnson, “Historical Roots and Sources of the Just War Tradition in Western Culture,” en John Kelsay and James Turner Johnson, Historical and Theoretical Perspectives On War And Peace In Western And Islamic Traditions (New York: Greenwood Press, 1991), p. 26. Ver también p. 17 de la misma obra. Bainton también destaca el razonamiento de Victoria y luego agrega: “Más tarde, el gran teólogo Sepúlveda adaptó la teoría de la guerra justa a la nueva situación recurriendo a su fórmula más antigua declarada por Aristóteles, quien había dicho que una guerra justa es la que se libra para esclavizar a los que por naturaleza están destinados a ser esclavos y se resisten a su destino”. Roland H. Bainton, Christian Attitudes Toward War & Peace: A Historical Survey and Critical Re-Evaluation (Nashville, TN: Abingdon Press, 1990), p. 166.

[121] Cf., Noreena Hertz. The Debt Threat (New York: HarperBusiness, 2004), p. 3.

[122] Registrado por ibn Maayah y al-Haakim. Autenticado por al-Albaani. Ver al-Albaani, Sahih al-Yaami, vol. 2, p. 1321.

[123] Un buen resumen de las diferentes dificultades que enfrentan se encuentra en el siguiente pasaje: [Las diversas ciencias sociales] funcionan con diferentes métodos, diferentes formas de conocimiento, y diferentes criterios por medio de los cuales se juzga el conocimiento. Más importante aún, el mundo social mismo es complejo, e implica un número de diferentes objetos que no se ajustan fácilmente a la definición de ninguna ciencia social; la economía, historia, sociología, psicología social y psicología estudian las interacciones entre los seres humanos, desde distintas perspectivas y con distintos fines. Los seres humanos también son objetos de la biología y de otras ciencias naturales que producen su propio conocimiento del mundo social.” Ted Benton and Ian Craib, Philosophy of Social Science: The Philosophical Foundations of Social Thought (New York: Palgrave, 2001), p. 174.

[124] Desde luego, otro problema que se ve en muchas sociedades en la actualidad es el del “poder”. En general, la riqueza genera poder. El poder, a su vez, influye en la legislación, muchas veces en contra de los intereses de la sociedad.

[125] Es interesante ver cómo este papel queda a veces relegado a la religión en sociedades que de otro modo serían no religiosas. En esencia, el individuo no es obligado a creer en ninguna de las leyes de la religión sino que debe creer en que hay que actuar moralmente. Sin embargo, si las leyes de la religión son falsas o no merece la pena su aplicación, ¿por qué ha de considerarse la aplicación de las recomendaciones morales de la religión?

[126] Registrado por Ahmad. La narración también menciona que entre ellos, 315 también fueron mensajeros. Los mensajeros difieren levemente de los profetas. La diferencia no es importante aquí.

[127] Allah dice: “Por cierto que enviamos otros Mensajeros antes de ti; de algunos de ellos te hemos relatado [su historia] y de otros no.” (40:78).

[128] Registrado por al-Bujari y Muslim.

[129] Una de las obras más confiables y detalladas es Muhámmad in the Bible de Abdul-Ahad Dawud. Dawud fue un sacerdote y tiene un análisis exhaustivo del lenguaje en muchos versos bíblicos.

[130] Citado en Jamal Badawi, Muhámmad in the Bible (Halifax, Canada: Islamic Information Foundation, n.d.), p. 40.

[131] Badawi, p. 41.

[132] Para más profecías en el Nuevo Testamento, ver  Misha’al ibn Abdullah, What Did Jesus REALLY Say? (Ann Arbor, MI: Islamic Assembly of North America, 2001), pp. 358-463. En The Oxford Companion to the Bible, dice lo siguiente: “Jesús ciertamente se consideraba un profeta (Marcos 6:4; Lucas 13.33) pero había una cualidad final sobre su mensaje y su obra que nos da pie a concluir que él se consideraba el último y definitivo emisario de Dios a Israel.” (Citado en Al-Azami, p. 273.) Esto era especialmente cierto – él fue el último profeta de las tribus de Israel. Sin embargo, como muestran los pasajes anteriores, queda claro que Jesús también sabía que no era el último de todos los profetas.

[133] En el mismo contexto, Jesús es citado en Mateo 15:26 diciendo lo siguiente acerca de ayudar a la mujer de Canaán: “No es bien tomar el pan de los hijos, y echarlo á los perrillos” Nuevamente, solo Dios sabe qué partes de los Evangelios atribuidas a Jesús fueron en realidad pronunciadas por él.

[134] Registrado por al-Bujari y Muslim.

[135] Una de las descripciones del Profeta ofrecidas en el Corán es la que dice: “Aquellos que siguen al Mensajero y Profeta iletrado [Muhámmad], quien se encontraba mencionado en la Tora y el Evangelio, que les ordena el bien y les prohíbe el mal, les permite todo lo beneficioso y les prohíbe lo perjudicial, y les abroga los preceptos difíciles que pesaban sobre ellos [la Gente del Libro]; y quienes crean en él, lo secunden, defiendan y sigan la luz que le ha sido revelada [el Corán] serán quienes tengan éxito.” (7:157).

[136] Una interesante obra que refuta la posibilidad de que Muhámmad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) sea un falso profeta es Abdul Radhi Muhámmad Abdul Mohsen, Muhammad’s Prophethood: Reality or Hoax (Riyadh, Saudi Arabia: International Islamic Publishing House, 1999).

[137] Registrado por Muslim.

[138]Registrado por al-Bujari y Muslim.

[139] Registrado por Muslim.

[140] Registrado por Ahmad y al-Daarimi.

[141] E. W. Lane, Arabic-English Lexicon (Cambridge, England: The Islamic Texts Society, 1984), vol.1, p. 1413.

[142] Sobre este punto, se puede consultar Sayyed Qutb, Islam and Universal Peace (Indianapolis, IN: American Trust Publications, 1977), passim.

[143] Mohammad Manzoor Nomani, Meaning and Message of the Traditions (Lucknow, India: Academy of Islamic Research and Publications, 1975), vol. 1, p. 54.

[144] Dice Allah: “¡Oh, Gente del Libro! ¿Por qué discutís sobre Abraham, siendo que la Tora y el Evangelio fueron revelados después de él? ¿Es que no razonáis?” (3:65).

[145] Shahak escribe lo siguiente: “Según el Talmud, Jesús fue ejecutado por una corte rabínica  por idolatría, incitar a otros judíos a la idolatría y menospreciar la autoridad rabínica. Todas las fuentes judías clásicas que mencionan su ejecución están bastante conformes con responsabilizarse de ello: en el relato del Talmud, los romanos ni siquiera son mencionados”. Israel Shahak, Jewish History, Jewish Religion: The Weight of Three Thousand Years (London: Pluto Press, 1997), pp. 97-98. También escribió (pp. 20-21) sobre el destino de Jesús: “el Talmud sostiene que su castigo en el infierno será ser sumergido en excremento hirviente.”

[146] En el siglo XIX y principio del siglo XX, era común que los misioneros y orientalistas se refirieran al Islam como Mahometanismo y a los musulmanes como mahometanos. Le estaban dando un nombre a la religión de la misma forma que les habían dado nombre a sus propias religiones. Pero eso no es aceptable para el Islam y el uso de estos términos, en su mayor parte, ha sido eliminado exitosamente. En realidad, dichos términos son una verdadera afronta para la religión pues los musulmanes no adoran a Muhámmad de forma alguna.

[147] Registrado por Ahmad y al-Daarimi.

[148] Registrado por al-Bujari.

[149] Registrado por al-Bujari.

[150] Según Izutsu: “Debemos comenzar a admitir que es uno de los términos claves del Corán más difíciles de manejar semánticamente.” Toshihiko Izutsu, God and Man in the Quran: Semantics of the Quranic Weltanshauung (Kuala Lumpur, Malaysia: Islamic Book Trust, 2002), p. 240.

[151]  Abul Ala Mawdudi, Four Basic Quranic Terms (Lahore, Pakistan: Islamic Publications, Ltd., 2000), pp. 99-100.

[152] Cf., Izutsu, p. 240.

[153] Cabe notar que la primera definición reduce el asunto a la práctica de los rituales, lo cual es insuficiente.

[154] Muhámmad Marmaduke Pickthall fue el primer musulmán occidental en traducir el Corán al inglés. En su introducción, escribió: “Si bien he buscado presentar una representación casi literal y apropiada digna del original árabe, no puedo reproducir su inimitable sinfonía, los propios sonidos que llevan a las lágrimas y al éxtasis a las personas. Este ejemplar representa solo un intento de presentar el significado y parte del encanto del Corán en inglés. Nunca se podrá reemplazar al Corán original en árabe, ni tampoco pretendo hacerlo.” Muhámmad Marmaduke Pickthall, trad., The Glorious Quran (New York: Muslim World League, n.d.), p. iii.

[155] Uno de los aspectos milagrosos del Corán es su consistencia interna. Si bien fue revelado a lo largo de veintitrés años, no contiene contradicciones ni discrepancias. De hecho, Allah incluso dice: “¿Acaso no reflexionan en el Corán y sus significados? Si no procediera de Alá habrían encontrado en él numerosas contradicciones.” (4:82).

[156] Registrado por Muslim.

[157] Registrado por Muslim.

[158] Registrado por al-Bujari y Muslim.

[159] El principal pilar es el testimonio de fe.

[160] Jamaal Zarabozo, Commentary on the Forty Hadith of al-Nawawi (Boulder, CO: al-Basheer Company for Publications and Translations, 1998), vol. 1, p. 335.

[161] Obviamente, se puede orar o suplicar en todo momento y realizar oraciones voluntarias por cuenta propia. Sin embargo, el pilar fundacional no se refiere a eso.

[162] Se pueden encontrar iglesias de este tipo a lo largo de todos los Estados Unidos.

[163] Registrado por al-Bujari y Muslim.

[164] De hecho, el Profeta mismo decía: “Entre una persona y la idolatría y la incredulidad se encuentra el abandono de la oración.” (Registrado por Muslim.)

[165] Siddiqi, vol. 2, p. 465.

[166] Cabe destacar que el calendario islámico es un calendario lunar. Por lo tanto, con los años, el mes de Ramadán pasa por las distintas estaciones. En un año cualquiera, las personas del Hemisferio Norte pueden ayunar en el verano (con días relativamente largos) mientras que quienes viven en el Hemisferio Sur ayunan en invierno (con días relativamente cortos). Sin embargo, en unos años, esta situación se revierte.

[167] Además de ayunar durante el día, hay también oraciones especiales que los musulmanes realizan durante la noche en el mes de Ramadán.

[168] Registrado por ibn Mayah. Autenticado por al‑Albani. Ver al‑Albani, Sahih al‑Yami al‑Saghir, vol. 1, p. 656, hadiz nº 3488.

[169]  Registrado por al‑Hakim y al‑Baihaqi. Autenticado por al‑Albani. Ver al‑Albani, Sahih al‑Yami al‑Saghir, vol. 2, p. 948, hadiz nº 5376.

[170] Registrado por al‑Bujari.

[171] Retiro espiritual o Itikaf es donde uno se recluye en la mezquita para adoración y devoción personal. Lo más común es que esto se realice al final del mes de Ramadán.

[172] Esto no es obligatorio pero es la manera en que muchos peregrinos pasan la noche. No obstante, muchas personas actualmente pernoctan en hoteles o carpas.

[173] Se trata de dos montes por las que Hagar iba y venía buscando agua para su hijo Ismael. El ángel eventualmente destapó una vertiente para ella, conocido como la vertiente de Zamzam. Al día de hoy, esa vertiente sigue dando agua a los millones de peregrinos que llegan cada año a La Meca.

[174] Siddiqi, vol. 2, p. 577. Las últimas palabras que dijo son muy similares a lo que los peregrinos cantan durante la peregrinación.

[175] Tabbarah, p. 87.

[176] A menos, desde luego, que esté especificado explícitamente en el Corán o la Sunnah.

[177] Yaafar Sheij Idris, The Pillars of Faith (Riyadh: 1984), pp. 26-27.

[178] Muhámmad ibn Uzaimin, Sharh Hadiz Yibril Alaihi al-Salaam (Dar al-Zuraya, 1415 A.H.), pp. 4-5.

[179] Registrado por al-Bujari y Muslim.

[180] Cf., Salaam, p. 183.

[181] Muhámmad ibn al-Qayyim, Al-Yawaab al-Kaafi liman Sa`ala an al-Dawaa al-Shaafi (Beirut: Dar al-Kutub al-Ilmiyyah, 1983), p. 88-89.

[182] Citado en Ibn al-Qayyim, al-Waabil al-Sayyib, p. 73.

[183] Ibn al-Qayyim, al-Waabil al-Sayyib, p. 73.

[184] Ver ibn al-Qayyim, al-Waabil al-Sayyib, pp. 73.

[185] Está más allá del alcance de esta obra discutir en detalle la influencia del Islam en el mundo. El lector interesado en el tema puede consultar Abul Hasan Ali Nadwi, Islam and the World (International Islamic Federation of Student Organizations, 1983).

[186] Citado de Al-Maqrizi, Tayrid al-Tauhid al-Mufid de Ahmad ibn Taimiah, Ibn Taimiah’s Essay on Servitude (Birmingham, United Kingdom: al-Hidaayah Publishing and Distribution, 1999), p. 29, fn. 54.

[187] Ibn Taimiah, Maymu, vol. 10, p. 449.

[188] Registrado por al-Bujari y Muslim.

[189] Esto se conoce como du’aa y es diferente de las oraciones rituales que forman uno de los pilares del Islam.

[190] Registrado por Ahmad, al-Nasaa`i, Abu Dawud, at-Tirmidhi y otros. Según al-Albaani, es un relato auténtico. Ver al-Albaani, Sahih al-Yaami, vol. 1, p. 641. A partir de ello, podemos ver cómo los musulmanes consideran al suplicarle a cualquier otro que no sea Allah una forma de asociarle compañeros a Allah, lo cual está totalmente prohibido. Esto incluye orarles a los profetas, sin mencionar a los “santos” que las personas establecen para sí mismas.

[191] Registrado por at-Tirmidhi. Según al-Albaani, es hasan. Cf., al-Albaani, Sahih Sunan at-Tirmidhi, vol. 3, p. 138.

[192] Registrado por Ahmad, Abu Yala, al-Haakim y otros.

[193] Abul Hasan Ali Nadwi, The Four Pillars of Islam (Lucknow, India: Academy of Islamic Research and Publications, 1976), p. 24.

[194] Registrado por Ahmad y Abu Dawud. Según al-Albaani, es auténtico. Ver al-Albaani, Sahih al-Yaami, vol. 2, p. 1307.

[195] Para más detalles, ver Purification of the Soul, pp. 214-223 de mi autoría. Gran parte de este capítulo deriva de dicha obra. Más detalles de los restantes pilares del Islam se pueden encontrar en las pp. 223-266.

[196] Para más detalles, ver Sulaiman Nadwi, Worship in Islam (Karachi: Darul Ishaat, 1994), pp. 153-155. Para una comparación detallada de lo que los judíos consideran como la Ley de Moisés y el zakat del Islam, ver Sulaiman Nadwi, pp. 162-173.

[197] Sulaiman Nadwi, p. 179.

[198] Cf., Abdul Rahmaan ibn Rayab, Lataaif al-Maarif fima al-Miwaasim al-Aam min al-Wadhaaif (Damascus: Daar ibn Kazir, 1996), p. 284.

[199] Registrado por Muslim.

[200] De hecho, los verdaderos creyentes no solamente son agradecidos con Allah sino que también son agradecidos con quienes les hacen el bien en este mundo. El Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: “Todo aquel que no muestre gratitud a las personas no está mostrando gratitud a Allah.” Registrado por Ahmad y at-Tirmidhi.

[201] Ver Keith L. Moore [además de Abdul-Mayid Azzindani], The Developing Human: Clinically Oriented Embryology [with Islamic Additions: Correlation Studies with Quran and Hadith] Jeddah, Saudi Arabia: Dar al-Qiblah por Islamic Literature, 1983, en asociación con la W. B. Saunders Company. Se trata de una obra muy interesante que comprende el texto completo de Moore con inserciones que describen el mismo tema desde el punto de vista del Corán y el Hadiz. La consistencia entre ambos es obvia y, dado el desarrollo histórico de la ciencia, es asombrosa debido a que el Corán fue revelado hace más de 1400 años.

[202] Citado en I. A. Ibrahim, Una breve guía para comprender el Islam (Houston: Darussalam, 1997), p. 10. Esta obra, en su totalidad, está disponible en www.islam-guide.com. Ibrahim analiza y resume las conclusiones de Moore y de otros autores.

[203] Para más detalles sobre las distintas etapas del desarrollo humano, el lector interesado puede consultar Keith L. Moore, Abdul-Mayid A. Zindani y Mustafa A. Ahmed, Quran and Modern Science: Correlation Studies (Bridgeview, IL: Islamic Academy for Scientific Research, 1990), pp. 15-47.

[204] Ver I. A. Ibrahim, p. 7, Figura 1.

[205] I. A. Ibrahim, p. 6.

[206] Ver I. A. Ibrahim, p. 7, Figura 2.

[207] Ibrahim, p. 8.

[208] Citado por Ibrahim, p. 8, tomado de Moore y Persaud, The Developing Human, 5th ed., p. 8. AVer también las figuras de Ibrahim en la página 9.

[209] Ibrahim, pp. 8-10.

[210] Registrado por al-Bujari.

[211] Para más detalles sobre dichos experimentos, ver Saalih ibn Ahmad Ridhaa, Al-Iyaaz al-Ilmi fi al-Sunnah al-Nabawiyyah (Riyadh, Saudi Arabia: Maktabah al-Ubaikaan, 2001) vol. 1, pp. 552-555 o Yusuf al-Haay Ahmad, Mausuah al-Iyaaz al-Ilmi fi al-Quraan al-Karim wa al-Sunnah al-Mutahharah (Damascus, Siria: Maktabah ibn Hayar, 2003), pp. 297-298.

[212] Él sostiene que esta traducción es bastante fiel a la ofrecida en el Muntajab, 1973, editada por el Consejo Supremo para Asuntos Islámicos.

[213] Bucaille, p. 197.

[214] Ibrahim, p. 14.

[215] Bucaille, p. 139.

[216] Bucaille, p. 139.

[217] Bucaille, p. 139.

[218] Ver Ibrahim, p. 11.

[219] Ibrahim, p. 13. Ver también Bucaille, pp. 180-182.

[220] Entre los no musulmanes, se pueden encontrar aquellos que atacan con vehemencia al Islam y otros que muestran algún tipo de aprecio y respeto por la religión. Si bien este no es el sitio para entrar en una discusión profunda de este tema, se puede demostrar que muchos, quizás la mayoría, de los que atacan al Islam basan sus ataques en ideas o conceptos falsos sobre el Islam. No obstante, hay otros que atacan al Islam simplemente porque la forma de vida en la que creen es totalmente opuesta al Islam y, por lo tanto, tienen una opinión negativa y sesgada del Islam.

[221] Para ver muchas más citas de diversos intelectuales no musulmanes, ver Islam—The First & Final Religion (Karachi, Pakistan: Begum Aisha Bawany Waqf, 1978), pp. 37-93.

[222] Citado en Islam—The First and Final Religion, p. 39.

[223] Citado en Islam—The First and Final Religion, p. 46.

[224] Citado en Islam—The First and Final Religion, p. 47.

[225] Citado en Islam—The First and Final Religion, p. 52.

[226] Ver, por ejemplo: Islam—The First and Final Religion, pp. 44-45, 57-58, 66-67, 73-76 y 93.

[227] Citado en Islam—The First and Final Religion, p. 53.

[228] Citado en Islam—The First and Final Religion, p. 44,

[229] Se pueden encontrar varias citas de científicos líderes de la actualidad en diversos campos de la ciencia en Ibrahim, pp. 27-31.

[230] Maurice Bucaille, The Bible, the Quran and Science (Indianapolis, IN: American Trust Publications, 1978), pp. 251-252.

[231] Citado en Ibrahim, p. 27.

[232] Citado en Ibrahim, p. 31.

[233] Registrado por Ahmad.